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No Nace Amor En Jaula

No Nace Amor En Jaula

Autor: : Hui Hui Xiao Gu Liang
Género: Romance
Las pesadillas me ahogaban cada noche, un eco de un pasado doloroso que creía haber superado. Pero esta vez, el terror no terminó al despertar. Desperté encadenada en una celda de lujo, mi torturador era él: Alejandro, mi primer amor, que ahora me miraba con ojos de depredador. "Porque eres mía, Sofía", susurró, y el infierno comenzó. Meses de cautiverio me destrozaron, una danza macabra entre su enfermiza ternura matutina y la brutalidad nocturna. Mi cuerpo, cubierto de moratones, incluso una pierna rota. Cuando mis antiguos agresores, Mateo, Javier y Ricardo, aparecieron como sus "amigos", mi mundo se deshizo por completo. No podía entenderlo. ¿Qué culpa tenía yo? Él me había abandonado años atrás, el día que fui agredida. Ahora, su propia madre me revelaba su "verdad": Alejandro creía que yo lo había traicionado y dañado su audición con mensajes crueles. ¡Pero esta "verdad" justificaba acaso el secuestro, las violaciones, mi pierna rota? ¿El miedo que me consumía? Aunque la revelación de su madre destapó una red de engaños, nada justificaba el horror vivido. Rechacé cualquier perdón y huí a Madrid, buscando una nueva vida. Pero cuando Alejandro, el antes depredador, ahora destrozado y arrepentido tras su cruenta venganza contra los verdaderos traidores, apareció en mi nueva puerta, supe que era el momento de mi propia y definitiva liberación.

Introducción

Las pesadillas me ahogaban cada noche, un eco de un pasado doloroso que creía haber superado. Pero esta vez, el terror no terminó al despertar. Desperté encadenada en una celda de lujo, mi torturador era él: Alejandro, mi primer amor, que ahora me miraba con ojos de depredador. "Porque eres mía, Sofía", susurró, y el infierno comenzó.

Meses de cautiverio me destrozaron, una danza macabra entre su enfermiza ternura matutina y la brutalidad nocturna. Mi cuerpo, cubierto de moratones, incluso una pierna rota. Cuando mis antiguos agresores, Mateo, Javier y Ricardo, aparecieron como sus "amigos", mi mundo se deshizo por completo.

No podía entenderlo. ¿Qué culpa tenía yo? Él me había abandonado años atrás, el día que fui agredida. Ahora, su propia madre me revelaba su "verdad": Alejandro creía que yo lo había traicionado y dañado su audición con mensajes crueles. ¡Pero esta "verdad" justificaba acaso el secuestro, las violaciones, mi pierna rota? ¿El miedo que me consumía?

Aunque la revelación de su madre destapó una red de engaños, nada justificaba el horror vivido. Rechacé cualquier perdón y huí a Madrid, buscando una nueva vida. Pero cuando Alejandro, el antes depredador, ahora destrozado y arrepentido tras su cruenta venganza contra los verdaderos traidores, apareció en mi nueva puerta, supe que era el momento de mi propia y definitiva liberación.

Capítulo 1

La pesadilla me ahogaba otra vez, siempre la misma.

El olor a aguardiente barato, las risas brutales, el dolor desgarrándome.

Desperté gritando, bañada en un sudor frío.

Las marcas en mis muñecas, ya cicatrices pálidas, ardían como si fueran recientes.

No estaba en mi pequeño apartamento en Bogotá.

Una cadena fría y pesada me ataba el tobillo a la pata de una cama desconocida.

La habitación era lujosa, pero olía a encierro.

Ventanas con barrotes.

¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado aquí?

La puerta se abrió y entró él. Alejandro.

Mi casi novio de la adolescencia, el origen de mis pesadillas.

Me sonrió con una ternura que me heló la sangre.

"Sofía, mi amor, despertaste."

Llevaba una bandeja con café y arepas.

Como si fuera un desayuno romántico.

Pero sus ojos... sus ojos no eran tiernos. Eran los de un depredador.

"¿Qué hago aquí, Alejandro? ¿Por qué me tienes encadenada?"

Dejó la bandeja en la mesita de noche.

Se acercó, su sombra cubriéndome.

"Porque eres mía, Sofía. Siempre lo has sido."

Su mano acarició mi mejilla, y yo temblé de asco y miedo.

Luego, sin previo aviso, su otra mano agarró mi cabello con fuerza.

"Y me vas a pagar todo lo que me hiciste."

El dolor me cegó por un instante.

Sus labios se estrellaron contra los míos, un beso brutal, hambriento.

Lo empujé con todas mis fuerzas, pero la cadena tiró de mí hacia atrás.

Caí de espaldas en la cama.

Él se cernió sobre mí.

"No te resistas, mi amor. Solo lo harás peor."

Y entonces comenzó el infierno de nuevo, pero esta vez no era una pesadilla.

Era real.

Cada caricia era una tortura, cada palabra dulce un veneno.

Cuando terminó, se levantó como si nada.

"Descansa, Sofía. Mañana será un nuevo día."

Salió de la habitación, cerrando con llave.

Me quedé allí, rota, temblando, las lágrimas corriendo por mi rostro.

¿Por qué? ¿Por qué me hacía esto?

El último recuerdo antes de la oscuridad era su rostro en la calle, cerca de la consulta de mi psiquiatra.

Un encuentro casual, o eso creí.

Me había sonreído, me había ofrecido llevarme a casa.

Estaba tan cansada ese día, tan medicada.

Acepté.

Qué estúpida.

Me había subido a su auto.

Y luego, nada. Un pañuelo sobre mi boca, un olor dulzón, y la oscuridad.

Ahora estaba aquí. Su prisionera.

Había pasado un mes. Un mes de esta tortura.

De su ternura enfermiza por las mañanas y su violencia brutal por las noches.

Mi cuerpo estaba lleno de moratones. Mi alma, destrozada.

Intenté hablar con él, suplicarle.

"Alejandro, por favor, déjame ir. No diré nada, lo juro. Solo quiero irme."

Capítulo 2

Él solo sonrió, esa sonrisa que ya no engañaba a nadie.

Rompió el cuenco de café que tenía en la mano contra la pared.

Los trozos de cerámica volaron.

"¿Irte? ¿Después de todo lo que me debes? Nunca, Sofía. Eres mía."

Me agarró del brazo, sus dedos clavándose en mi piel.

"Me abandonaste, me humillaste. Ahora pagarás."

Cada palabra era un golpe.

Yo no entendía de qué hablaba. ¿Qué deuda? ¿Qué abandono?

El día que todo se rompió, él nunca llegó a nuestra cita.

Yo lo esperé, y luego... luego ocurrió la agresión.

Y él, según me contaron, desapareció del pueblo.

La puerta se abrió de golpe.

Era una mujer joven, elegante, con una mirada fría y altanera.

Isabel Vargas, su hermana.

"Así que esta es la zorra que volvió loco a mi hermano."

Se acercó y me abofeteó con fuerza.

La cabeza me dio vueltas.

"Eres una basura. Por tu culpa Alejandro sufrió tanto."

Me escupió.

Alejandro no la detuvo. Solo observaba, con una extraña satisfacción en sus ojos.

Isabel siguió insultándome, golpeándome.

Yo era un saco de boxeo para su frustración.

Sentí que me desmayaba.

"Ayuda...", susurré antes de que todo se volviera negro.

Desperté con el olor a desinfectante.

Estaba en una cama diferente, más cómoda. Una vía intravenosa en mi brazo.

Abrí los ojos lentamente.

Alejandro dormía en un sillón junto a mi cama.

Su rostro, en reposo, parecía casi inocente. Cansado.

Una punzada de algo que no supe identificar me recorrió. ¿Lástima? Imposible.

¿Por qué me había traído a una clínica?

¿Qué significaba esa "deuda" de la que tanto hablaba?

Él había sido el que me había dejado plantada. Él había sido el que desapareció.

Sentí un impulso estúpido de tocar su frente, de apartarle un mechón de pelo.

Retiré la mano como si me hubiera quemado. ¿Qué me pasaba?

La puerta de la habitación se abrió.

Mi corazón se encogió.

Eran ellos. Mateo, Javier y Ricardo.

Los tres jóvenes que me habían agredido en aquella fiesta patronal.

Mis agresores.

El pánico me paralizó.

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