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 No Seré la Víctima Esta Vez

No Seré la Víctima Esta Vez

Autor: : Kai Stern
Género: Moderno
Desperté en mi cama, en la idílica finca de los De la Vega en La Rioja. El sol acariciaba mi rostro, pero mi mente estaba lejos de la paz. Era el día, el mismo día en que mi supuesta hermana, Valentina, llegaría para comenzar mi infierno personal. En mi vida anterior, fui manipulada por visiones falsas que me llevaron a cometer errores fatales. Fui incriminada por envenenamiento y acusada de crímenes que no perpetré. Mis propios padres creyeron sus lágrimas antes que a las de su propia hija. Morí sola, desesperada, en una fría celda, abandonada por todos. Hasta mi último aliento, me atormentó la injusticia y el misterio de esas profecías que siempre se volvían en mi contra. ¿Cómo pude ser tan engañada, tan fácilmente manipulable hasta el punto de mi propia destrucción? Pero ahora he renacido, y la memoria de esa vida pasada es una cicatriz ardiente en mi alma, mi mayor arma. Esta vez, no seguiré las 'visiones' que en realidad eran una tecnología diseñada para destruirme. No seré la víctima. La cazadora seré yo, y reescribiré este juego mortal para que mi presa muerda el polvo.

Introducción

Desperté en mi cama, en la idílica finca de los De la Vega en La Rioja.

El sol acariciaba mi rostro, pero mi mente estaba lejos de la paz.

Era el día, el mismo día en que mi supuesta hermana, Valentina, llegaría para comenzar mi infierno personal.

En mi vida anterior, fui manipulada por visiones falsas que me llevaron a cometer errores fatales.

Fui incriminada por envenenamiento y acusada de crímenes que no perpetré.

Mis propios padres creyeron sus lágrimas antes que a las de su propia hija.

Morí sola, desesperada, en una fría celda, abandonada por todos.

Hasta mi último aliento, me atormentó la injusticia y el misterio de esas profecías que siempre se volvían en mi contra.

¿Cómo pude ser tan engañada, tan fácilmente manipulable hasta el punto de mi propia destrucción?

Pero ahora he renacido, y la memoria de esa vida pasada es una cicatriz ardiente en mi alma, mi mayor arma.

Esta vez, no seguiré las 'visiones' que en realidad eran una tecnología diseñada para destruirme.

No seré la víctima.

La cazadora seré yo, y reescribiré este juego mortal para que mi presa muerda el polvo.

Capítulo 1

Morí en una celda fría, acusada de un crimen que no cometí.

El recuerdo final de mi primera vida era el rostro de Valentina, sonriendo con suficiencia mientras los guardias me arrastraban.

"Lo siento, hermanita", me había dicho, con una lágrima falsa en la mejilla. "Nunca quise que acabaras así".

Pero yo sabía que mentía.

Todo empezó con las visiones. Imágenes extrañas y premonitorias que aparecían en mi mente justo cuando Valentina, la supuesta "verdadera heredera" de los De la Vega, llegó a nuestras vidas.

Las visiones me advertían, me guiaban, me decían cómo actuar para evitar la catástrofe.

Pero cada vez que las seguía, el desastre era peor.

Me llevaron a prepararle una mariscada que casi la mata, a intentar salvarla de unos matones que yo misma parecía haber contratado, y finalmente, a ser condenada por envenenamiento.

Morí sola, abandonada por mis padres, Ricardo y Elena, que creyeron en las lágrimas de Valentina antes que en su propia hija.

Ahora, abro los ojos.

No estoy en la celda. Estoy en mi cama, en la finca de los De la Vega, con el sol de La Rioja entrando por la ventana. El aire huele a viñedos y a tierra húmeda.

Miro el calendario. Es el día. El día en que Valentina llegará por primera vez.

He renacido.

El conocimiento de mi vida pasada no es un sueño, es una cicatriz en mi alma.

Esta vez, no seguiré las visiones.

Esta vez, no seré la víctima.

Esta vez, la cazadora seré yo.

Me levanto de la cama. Mi cuerpo se siente ligero, joven, lleno de una fuerza que nace del odio y la determinación.

Bajo a la cocina. Carmen, el ama de llaves, está preparando el desayuno. Me mira con una calidez que ahora sé que es falsa. Ella, mi verdadera madre biológica, me cambió al nacer por su propia hija, Valentina, para darle la vida que ella nunca tuvo. Es la principal cómplice de la conspiración.

"Buenos días, Sofía. ¿Has dormido bien?", pregunta con su voz suave.

"Perfectamente, Carmen", respondo, mi voz es fría.

Ella nota el cambio, pero no dice nada.

Mis padres bajan poco después. Sus rostros están llenos de ansiedad y culpa. Hoy recibirán el informe de ADN que les dirá que yo no soy su hija. Que una chica pobre de Logroño, Valentina, es su verdadera sangre.

"Sofía, hija...", empieza mi padre, Don Ricardo.

"Tenemos que hablar", completa mi madre, Doña Elena.

Los miro. Los amo, a pesar de todo. Pero su debilidad los convirtió en herramientas de mi destrucción.

"Lo sé todo", digo con calma. "Sé que hoy llegará una chica llamada Valentina. Y sé que creéis que ella es vuestra hija y yo no".

Sus caras se llenan de asombro.

"¿Cómo...?", tartamudea mi madre.

"No importa cómo lo sé", los corto. "Lo que importa es lo que vamos a hacer ahora".

No voy a esperar a que las visiones me manipulen.

No voy a esperar a que Valentina juegue su papel de víctima.

El juego ha cambiado de reglas porque yo ya conozco el final. Y voy a reescribirlo.

Capítulo 2

Valentina llegó a mediodía, tal como lo recordaba.

Se bajó de un taxi viejo, vestida con ropa humilde y gastada. Su expresión era una mezcla perfecta de timidez, miedo y esperanza. Una actuación digna de un premio.

Mis padres corrieron a recibirla, con los brazos abiertos y las lágrimas a punto de brotar.

"Valentina", dijo mi madre con la voz rota. "Bienvenida a casa".

Carmen estaba detrás de ellos, llorando en silencio. La perfecta imagen de una madre sacrificada que recupera a su hija perdida.

Yo me quedé en la puerta, observando la escena. No sentía celos, ni tristeza. Solo un frío análisis de la situación.

Valentina me miró. Sus ojos, que para todos los demás parecían inocentes, me lanzaron un destello de triunfo. Ella sabía que había ganado. O eso creía.

"Hola", dijo en un susurro, como si tuviera miedo de hablar. "Tú debes de ser Sofía".

"Sí", respondí, sin moverme. "Soy Sofía".

La tensión se podía sentir en el aire. Mis padres, incómodos, intentaron suavizarla.

"Vamos dentro, por favor. Hay mucho de qué hablar", dijo mi padre, poniendo un brazo sobre los hombros de Valentina y guiándola hacia el interior de la casa.

Durante la comida, Valentina contó su historia. Una vida de pobreza en un barrio obrero de Logroño, criada por una madre soltera que luchaba por salir adelante. Mis padres la escuchaban con el corazón encogido, la culpa devorándolos por dentro.

Nadie se dio cuenta de que su historia era, en realidad, la mía. La vida que yo debería haber tenido.

Fue entonces cuando ocurrió.

Justo cuando Valentina mencionaba lo mucho que le gustaba el mar, una imagen fugaz y nítida explotó en mi mente.

Una visión.

Era una mariscada. Langostinos, gambas, centollos. Y Valentina, en una camilla, con el rostro hinchado y luchando por respirar. Un shock anafiláctico.

La visión era idéntica a la de mi vida anterior. La que me impulsó a preparar una cena de bienvenida para "ganarme" a mi nueva hermana. La cena que casi la mata y me convirtió en la villana de la historia.

Cerré los ojos un instante. La tecnología de los Soler seguía funcionando. Querían que repitiera el mismo error.

Abrí los ojos y sonreí.

"Qué historia tan conmovedora, Valentina", dije, interrumpiendo el relato. Todos me miraron, sorprendidos por mi tono. "Creo que esto merece una celebración. Para darte la bienvenida como te mereces, esta noche organizaré una cena especial".

Valentina me miró, intentando ocultar su satisfacción.

"Oh, no, no hace falta que te molestes...", dijo con falsa humildad.

"No es ninguna molestia", insistí, mirando directamente a sus ojos. "De hecho, ya sé qué prepararé. Una gran mariscada".

La sonrisa de Valentina fue casi imperceptible, pero yo la vi.

El anzuelo estaba en el agua. Y ella estaba a punto de morder.

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