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No Soy Tu Telenovela

No Soy Tu Telenovela

Autor: : Dong Lier
Género: Xuanhuan
Mi vida en Las Lomas de Chapultepec era la envidia de muchos, un santuario de lujo y paz. Hasta que Máximo, el hijo de nuestro chófer, irrumpió en mi vestíbulo, no solo con una arrogancia desmedida, sino acompañado de una chica desconocida, Luciana. Pero lo más impactante no fue su audacia: fueron las líneas de texto dorado que de pronto flotaron ante mis ojos, revelando un oscuro secreto. Era una "villana" destinada a un final miserable; ellos, los "héroes" renacidos, que usarían a mi familia y su fortuna para escalar, mientras los Castillo se hundían en la bancarrota. Observé cómo el hijo del chófer exigía mi suite para esa mujer y un papel estelar a mi padre, como si todo le perteneciera, "perdonándome la vida" si cooperaba. ¿Cómo iba a ser yo la villana si mi propia vida y legado estaban siendo robados por dos parasitos que se creían por encima de todo? La confusión se transformó en una furia helada. Este guion manipulado no era el mío. Y con una bofetada resonante, decidí que esta vez, la historia iba a tener una escritora y un final muy diferente.

Introducción

Mi vida en Las Lomas de Chapultepec era la envidia de muchos, un santuario de lujo y paz.

Hasta que Máximo, el hijo de nuestro chófer, irrumpió en mi vestíbulo, no solo con una arrogancia desmedida, sino acompañado de una chica desconocida, Luciana.

Pero lo más impactante no fue su audacia: fueron las líneas de texto dorado que de pronto flotaron ante mis ojos, revelando un oscuro secreto.

Era una "villana" destinada a un final miserable; ellos, los "héroes" renacidos, que usarían a mi familia y su fortuna para escalar, mientras los Castillo se hundían en la bancarrota.

Observé cómo el hijo del chófer exigía mi suite para esa mujer y un papel estelar a mi padre, como si todo le perteneciera, "perdonándome la vida" si cooperaba.

¿Cómo iba a ser yo la villana si mi propia vida y legado estaban siendo robados por dos parasitos que se creían por encima de todo?

La confusión se transformó en una furia helada. Este guion manipulado no era el mío.

Y con una bofetada resonante, decidí que esta vez, la historia iba a tener una escritora y un final muy diferente.

Capítulo 1

"Scarlett, ¿qué haces ahí parada? ¡Muévete! ¿No ves que Luciana necesita sentarse? Consíguele un vaso de agua, rápido."

La voz de Máximo Lawrence, el hijo de nuestro chófer, resonó en el vestíbulo de mi propia casa.

Me quedé inmóvil, no por su orden, sino por las extrañas líneas de texto dorado que de repente flotaban ante mis ojos.

Miré a Máximo, que estaba de pie con una arrogancia que no le correspondía, con el brazo posesivamente alrededor de una chica que nunca había visto antes. La chica, Luciana, me miraba con una mezcla de desprecio y triunfo, como si ya fuera la dueña de esta mansión en Las Lomas de Chapultepec.

Mi mente daba vueltas. ¿Protagonista masculino? ¿Villana? ¿Vida pasada?

De repente, los comentarios dorados se arremolinaron, proyectando una escena rápida en mi visión. Vi a una versión de mí misma, loca de celos, usando la influencia de mi padre para convertir a Máximo en una estrella de telenovela, solo para que él me traicionara. Lo vi a él y a Luciana, sonriendo mientras nuestra familia, los Castillo, se declaraba en bancarrota, nuestra reputación destruida.

Mi corazón se heló.

Así que eso era. Vivo en una telenovela. Y yo soy la villana destinada a un final miserable.

Y estos dos, el "héroe" y la "heroína", han renacido. Han vuelto para asegurarse de que su historia de amor triunfe, utilizando mi estupidez y los recursos de mi familia como el primer peldaño de su escalera al éxito.

Máximo chasqueó los dedos, impaciente.

"¿Estás sorda? Te dije que trajeras agua. Y dile a las sirvientas que preparen tu suite. Luciana se quedará allí. Será tu nueva asistente personal."

Luciana sonrió con aire de suficiencia.

"Máximo, no seas tan duro con ella. Quizás todavía no entiende la situación."

Su voz era falsamente dulce, pero sus ojos brillaban con malicia.

Máximo se rio, un sonido desagradable y condescendiente.

"Tiene que entenderlo. Scarlett, escúchame bien. Esta vez, las cosas serán diferentes. Voy a ser la estrella más grande de México, y Luciana será mi reina. Si cooperas, si nos das todo lo que te pedimos, tal vez, y solo tal vez, te perdonemos la vida al final."

La arrogancia en su voz era asfixiante. Actuaba como si ya fuera la superestrella que fue en su "vida anterior", olvidando que en esta realidad, no era más que el hijo del chófer.

Pero yo ya no era la misma Scarlett obsesionada de esa historia.

La confusión en mi rostro se desvaneció, reemplazada por una calma gélida.

Lo miré directamente a los ojos, luego a la chica que se aferraba a él.

"¿Asistente personal? ¿Mi suite?"

Repetí sus palabras lentamente, como si estuviera procesando una idea increíblemente estúpida.

Máximo sonrió, creyendo que me estaba rindiendo.

"Exacto. Y también hablarás con tu padre. Necesito el papel principal en su nueva producción, 'Corazón de Agave'. Dile que es mi condición para... seguir considerándote mi amiga."

El descaro era monumental.

Respiré hondo, y luego, con toda la fuerza que pude reunir, mi mano se estrelló contra su mejilla.

¡PLAS!

El sonido de la bofetada resonó en el silencioso vestíbulo.

Máximo se quedó atónito, con la mano en la mejilla enrojecida. Luciana ahogó un grito.

"¿Quién te crees que eres para entrar en mi casa y darme órdenes?", mi voz era baja y peligrosa.

"¿Perdonarme la vida? ¿Tú? ¿Un don nadie que vive gracias a la generosidad de mi padre?"

Me di la vuelta y grité.

"¡Seguridad!"

Dos guardias corpulentos aparecieron al instante.

"Saquen a esta basura de mi casa. Y asegúrense de que ni él ni esta mujer vuelvan a poner un pie en esta propiedad."

"¡Scarlett, te atreves!", gritó Máximo, su rostro contorsionado por la furia y la humillación. "¡Te arrepentirás de esto! ¡Cuando sea famoso, te destruiré!"

Me reí en su cara.

"Inténtalo. Pero para ser famoso, primero necesitas salir del paro, ¿no crees?"

Los guardias lo agarraron por los brazos. Luciana empezó a chillar, tratando de liberarlo.

"¡Suéltenlo! ¿No saben quién es él? ¡Es el futuro Rey de Televisa!"

Los guardias los arrastraron sin piedad hacia la puerta, ignorando sus protestas. Antes de que los echaran, me incliné hacia Máximo, que me miraba con puro odio.

"Un consejo, Máximo", susurré. "Cuando planees tu gran venganza, asegúrate de tener al menos para pagar el taxi de vuelta. No querrás tener que caminar."

Cerré la puerta de golpe, cortando sus gritos. El silencio volvió a la mansión. Los comentarios dorados parpadeaban frenéticamente, llenos de confusión y rabia.

Me apoyé contra la puerta, mi corazón latiendo con fuerza. No por miedo, sino por una extraña y liberadora euforia.

El guion había cambiado.

Y esta vez, yo era la que escribía el final.

Capítulo 2

Unos días después, el teléfono de la casa sonó. Era el gerente de "Au Pied de Cochon", uno de los restaurantes más exclusivos y caros de Polanco, abierto las 24 horas.

Mi padre, el gran productor Arturo Castillo, contestó. Su expresión pasó de la curiosidad a la incredulidad, y luego a una furia helada.

"¿Qué dice usted? ¿Una cuenta de ochenta mil pesos a nombre de mi familia? ¿Quién autorizó eso?"

Escuché en silencio desde el sofá, fingiendo leer una revista de moda. Sabía exactamente de qué se trataba.

Mi padre colgó el teléfono, con la mandíbula apretada.

"Scarlett, ¿sabes algo de esto? Un tal Máximo Lawrence está en el restaurante con una chica, diciendo que es mi 'hijo adoptivo' y tu futuro prometido. Han estado pidiendo botellas de tequila de reserva y platillos carísimos."

Levanté la vista de mi revista, con una expresión de perfecta inocencia.

"¿Máximo? ¿El hijo del chófer? Papá, ¿por qué iba yo a comprometerme con él? Lo despedí de la casa hace unos días por ser un insolente."

La cara de mi padre se ensombreció aún más.

"Ese miserable..."

"No te preocupes, papá", dije, poniéndome de pie y cogiendo mi bolso. "Yo me encargo. No podemos permitir que unos aprovechados manchen nuestro apellido."

Mi padre asintió, una chispa de orgullo en sus ojos.

"Así se habla, mi niña. Dales una lección."

Cuando llegué al restaurante, la escena era aún más ridícula de lo que imaginaba. Máximo y Luciana estaban en la mejor mesa, rodeados de platos a medio comer y varias botellas vacías. Máximo hablaba en voz alta, gesticulando con una copa de tequila en la mano, tratando de impresionar a la gente de las mesas cercanas.

"Sí, mi suegro, el señor Castillo, es como un padre para mí. Insiste en que no me preocupe por el dinero. Dice que mi talento es un tesoro que debe ser cuidado."

Luciana reía tontamente, bebiendo directamente de una botella.

"Ay, mi amor, eres tan increíble. Pronto, todos estos lugares serán nuestros."

El gerente se acercó a mí, con cara de alivio.

"Señorita Castillo, gracias a Dios que ha llegado. Estos... señores, se niegan a pagar. Insisten en que todo se cargue a su cuenta."

Caminé directamente hacia su mesa. El ruido de mis tacones sobre el mármol hizo que Máximo se girara. Su rostro se iluminó al verme, una sonrisa triunfante se dibujó en sus labios.

"¡Scarlett, mi amor! ¡Justo a tiempo! Dile a este buen hombre que se relaje. Estábamos celebrando nuestro futuro éxito."

Creía que había venido a pagar la cuenta, a salvarlo de la vergüenza. Qué iluso.

Ignoré los comentarios y me dirigí al gerente.

"Este hombre no tiene ninguna relación con mi familia", declaré, mi voz clara y firme, para que todos en el restaurante pudieran oír. "No lo conozco, y ciertamente no es mi prometido. Mi familia no pagará ni un solo peso de su cuenta."

El silencio cayó sobre el restaurante. Todos los ojos estaban puestos en nosotros. La sonrisa de Máximo se congeló.

"Scarlett, ¿qué estás diciendo? ¡Deja de hacer bromas!", siseó, su voz temblando de pánico.

"No es una broma. Es un fraude", dije, mirándolo con desprecio. "Y si no pagan su cuenta ahora mismo, el gerente tendrá todo el derecho de llamar a la policía."

Luciana se puso pálida.

"¡Máximo, haz algo!", gimió.

Máximo, desesperado, sacó su teléfono.

"¡Voy a llamar a mi padre! ¡Él se lo confirmará! ¡Él le dirá que soy parte de la familia!"

Marcó un número y puso el altavoz. La voz de su padre, nuestro ahora ex-chófer, llenó el aire.

"¿Máximo? ¿Qué pasa, hijo?"

"¡Papá! ¡Dile a esta gente! ¡Dile a Scarlett que soy como un hijo para el señor Castillo! ¡Dile que ella me ama!"

Hubo una pausa. Pude imaginar al chófer, un hombre servil y oportunista, calculando sus opciones. Probablemente todavía creía que yo estaba loca por su hijo, y que apoyarlo le ganaría el favor de mi padre.

"Sí... sí, es verdad", dijo finalmente el chófer. "Mi hijo Máximo es muy querido por la familia Castillo. La señorita Scarlett lo adora. Es... es como de la familia."

Máximo suspiró de alivio, una sonrisa arrogante regresando a su rostro.

Pero yo ya tenía mi teléfono en la mano, marcando el número de mi padre.

"Papá, estoy en el restaurante. El chófer acaba de confirmar la mentira de su hijo por teléfono. Creo que ya no necesitamos sus servicios. Y deberíamos denunciarlos a ambos por fraude."

Hubo un silencio en la línea de mi padre, seguido de una voz fría como el acero.

"Considera hecho. El jefe de seguridad ya va para allá con la policía. Que no se escapen."

Colgué y miré a Máximo.

"¿Escuchaste eso? Tu padre acaba de ser despedido. Y ambos están a punto de ser arrestados por fraude. Espero que la comida haya valido la pena."

El color desapareció por completo del rostro de Máximo. El teléfono se le cayó de la mano. Luciana empezó a sollozar.

Los guardias de seguridad del restaurante se acercaron, bloqueándoles la salida. Unos minutos después, la policía llegó, acompañada por el jefe de seguridad de mi padre.

Mientras se los llevaban esposados, Máximo me miró con una mezcla de odio e incredulidad.

"Esto no ha terminado, Scarlett. ¡No ha terminado!"

Me encogí de hombros, saqué una tarjeta de crédito de mi bolso y se la di al gerente.

"Cóbreme una botella de su mejor champagne. Quiero celebrar."

Me senté en la mesa que ellos habían ocupado, observé cómo se los llevaban y bebí una copa a mi nueva vida. Los comentarios dorados estaban en silencio. Por primera vez, parecían no tener nada que decir.

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