Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > No huyas de mi
No huyas de mi

No huyas de mi

Autor: : Rossetica
Género: Romance
Cuando un hombre caprichoso desea algo de una mujer que le vuelve loco, nada puede salir mal. Para Thiago Montelli, ser adicto al sexo no es un problema, el problema es que desea cambiar eso de una vez por todas y por cosas del destino conoce a la psicóloga Sussy Robsters y se vuelve su paciente hasta que consigue ser también su amante. Sin imaginar qué le va a deparar aquel destino, ella no consigue apartarse de él hasta que descubre su gran secreto. Se pierde en los turbios mundos del guapo doctor y entonces comienza el verdadero juego entre ellos. Él la desea, la persigue y la consigue cada vez que quiere y la vuelve a alejar cuando se siente demasiado involucrado. Mientras que para Susy, lidiar con Thiago no es nada fácil en tanto sí, repetidamente exquisito. Cuando te sientes poseída y absorbida del todo por alguien como él, solo puedes aprender a vivir bajo el placer de su dominio.

Capítulo 1 Prólogo

-Dame otra oportunidad -susurra él en mi oído, respirando fuerte queriendo que su aliento descontrolado me haga notar que soy el mayor anhelo de toda su miserable existencia.

Así es como lo define siempre que me trata de esta forma. No puedo más, esta vez no puedo más.

Yo quiero ser más que un anhelo, que un deseo, que una necesidad. Yo quiero que me ame como yo le amo y Thiago Montelli no ama, no sabe hacerlo y no quiere aprender a amarme. Es un hombre que sabe muy bien lo qué quiere, siempre lo ha dejado claro y desgraciadamente no queremos las mismas cosas.

Con solo mirar por los cristales templados de la habitación de su ático, abrazando mi cuerpo por encima de las manos suyas, el azul enternecedor del océano se ve tan grande como se siente mi deseo por volver a rendirme a Thiago. Pero tengo que acallar esas ganas porque me he perdido demasiado y necesito volver a encontrarme, aunque sea sin él. Necesito que sea sin él.

Las lágrimas que se han secado en mis ojos empiezan a formarse en el interior de mis párpados nuevamente porque sabía que lo iba a dejar cuando vine aquí.

Que me iré lejos de su poder y de aquello que él me hace sentir más allá de lo que soy capaz de controlar; pero dejarle es más difícil que plantearme hacerlo.

Él siempre ha confesado su temor a que me vaya un día, a que huya de él; pero en el fondo siempre ha confiado en que no podría. Me ha lastimado demasiado y eso le estaba desgarrando por dentro, lo sé...Le conozco tanto como para saberlo.

Esas certezas apabullantes sobre este hombre que nunca ha amado y aún jura no amarme, en tanto sí necesitarme, son las que me hacen alejarme a pesar de todo lo demás.

A pesar de él y a pesar de mí misma.

Muy pero muy, a pesar de lo nuestro.

-Te he dado muchas -respondo finalmente con un temblor en los labios que me hace ver débil y a él eso le encanta.

Thiago no puede dejar de sentirse mi dueño y mucho menos renunciar a tenerme bajo su control. Así como yo no puedo seguir viviendo bajo el dominio absoluto que él impone en todo lo que hacemos. Ya he tenido suficiente. No es sano y se ha vuelto una situación insostenible y ambos lo sabemos. Aunque solo yo lo reconozca en voz alta.

-Me lastima tu insistencia -confieso girando en sus brazos y encarando al moreno cuyos ojos azules me poseen -. Es tu manera de negar que me amas. Si no eres capaz de dejarme ser libre y solo quieres de mí, aquello que no puedo darte más Thiago, lo confirmas. Esto se acaba aquí...y ahora.

-Si te vas me quitas la vida -murmura viendo como me alejo y me detengo en el mismo gesto.

-Pues supongo que ambos moriremos porque he dejado la mía contigo -recibo otra lágrima en el mar de mis labios -. No me llames nunca más. Y si te mueres por hacerlo...no dudes que yo me muero porque lo hagas, pero te he pedido que me dejes ir...porque ya no puedo seguir bajo el placer que me provoca tu dolor.

Capítulo 2 1

Miro a mi alrededor y la multitud de personas parece que me están asfixiando cuando en realidad no son tantos, es más bien un estado de mi mente que hace que parezca algo que en el fondo no es. Sinceramente no sé que hago aquí, no tengo la menor de las ideas de cómo he dejado que me convenzan para venir a un sitio como este.

Soy psicóloga y por interés profesional -para acabar una tesis de doctorado en parafilias- he tenido que venir a un club de sexo, ponerme una ropa sexy acorde con el sitio, y un maquillaje que para nada cumple con las normas de estilo que yo uso habitualmente y siendo una rubia con un cuerpo privilegiado, ser objeto de deseo de un montón de hombres e incluso de mujeres que utilizan ciertos patrones de conducta que hoy estudio; pero siento de alguna manera que estoy en peligro aquí, frente a tanto depredador sexual suelto y en su ambiente...el cual a su vez, no es para nada el mío.

-No puedo hacer esto, Cassie -me muerdo el labio asustada mientras reniego con ella-. Cada vez que alguien me mira siento que me están devorando completamente, me produce vértigo. Tengo que salir de aquí. Creo que notan que no pertenezco a este mundo y les atrae más todavía esa situación.

Dejo mi copa en el bar y tomo el bolso mientras sigo hablando con mi amiga y colega por teléfono, no puedo seguir en un sitio que me produce urticaria. Esto no es para mí, en el sexo siempre he sido muy recatada y aunque por mi profesión hice una especialidad en sexología y ahora amplío un poco más mi campo, no es algo aplicable a mi vida íntima. Incluso puedo estar desarrollando alguna fobia al consumo de sexo, justamente para evitar el tipo de afecciones que atiendo por mi trabajo.

-No te vayas tan rápido, Suss -me anima ella desde la comodidad de la casa en la que ahora vive con un novio millonario extravagante y misterioso -, dale una oportunidad al lugar. Toma notas y simplemente piensa que es un bar cualquiera. Relájate.

¡Sí, hombre! ¿ Cómo voy a relajarme aquí? El vestido me queda tan ajustado y corto que me hace sentir una zorra. El escote es incluso peligroso en un lugar así y todos y cada uno de los que me observan dejan en claro que me desean, es un milagro que no se me hayan acercado. Me siento como si estuviera nadando en un estanque lleno de tiburones con una herida sangrante en mi pierna.

-Que no puedo, Cass... me piro ahora mismo de aquí.

Cuelgo el móvil y me doy la vuelta para irme a buscar la salida de este sitio y tropiezo contra un torzo firme, siento unas manos apoyarse en mis caderas de manera un poco atrevida y una voz que me pone a temblar en cuanto dice...

-Cuidado, preciosa -se acerca a mi oído y susurra -, tú belleza es tan extrema que supones un bendito pecado, y me dan muchas ganas de caer en tu tentación.

Mi madre.

Cuando aparta la boca de mi oído deja un beso en el y raspa su fina barba por mi mejilla, por los labios también y se detiene en mi nariz que se pega a la suya mostrando en ese atrevido gesto, los ojos más azules y demoledores que alguna vez he visto.

Es muy alto, muy guapo y muy seductor. Este tío grita "peligro, aléjate de mí", por todos lados.

-Lo siento -me disculpo intentando ignorar todo lo otro y salir del calor de sus brazos.

-No lo hagas -susurra sobre mi boca -. Mejor siente esto...

Muerde mi labio inferior de forma suave y sensual y ambos gemimos, deja escapar la carne entre sus dientes y en ese instante baja una mano a mi trasero y jadeo de la sorpresa, el deseo y su atrevimiento; pero él aprovecha para meter la lengua en mi boca y comerse mis labios en un tórrido beso que es lo más sexual, brutal y exquisito que he sentido en toda mi vida.

No puedo negarme. Deseo besarlo y que me devore con más, con mucho más.

-Exquisita -gruñe y me muerde otra vez hasta que vuelve a tomar mi boca.

Esta vez soy yo quien le devoro a él y de pronto veo como me empuja hasta una banqueta del bar. Es un lugar para disfrutar del sexo y de todo lo que lleva hasta el a plenitud y libertad; pero si no lo fuera, tampoco le impediría a este hombre hacerme lo que quisiera porque es tan salvaje que te posee de todas las maneras posibles

No puedes negarle nada. No consigues razonar cuando te domina.

Justamente esto es lo que temía cuando entré aquí. Lo que me extrañaba que no me hubiese pasado cuando caté tantas miradas lasciva y ahora, ahora soy una marioneta repleta de ansiedad en las manos de un experto maestro. Me mueve a su antojo y lo peor es que se encarga sin mucho esfuerzo de que yo, una simple mortal que disfruta de un sexo básico e insípido, sienta placer absoluto y ganas de muchísimo más, con cada cosa que me hace.

-Por favor... -suplico no sé por qué. Y su sonrisa se dibuja en mi boca. Le ha gustado. Maldición, le encanta que suplique.

Siento una de sus manos pellizcandome un pezón sobre el vestido y el gruñido que deja en mi boca me devuelve a la realidad. Va a hacerme suya si le sigo permitiendo besarme de esta manera tan visceral, tan primitiva y salvaje. Tengo que irme y tengo que hacerlo ya.

Le doy un rápido empujón que más que alejarlo por la fuerza lo hace por la sorpresa y salgo corriendo de ese lugar sin detenerme. Cuando llego al parking subo en mi coche, me pongo detrás el volante y me llevo una mano al pecho intentando calmar mi respiración antes de arrancar e irme a casa. No consigo dejar de sentir deseos de entrar y pedirle a ese desconocido que me posea, toda yo y todo cuanto quiera.

(...)

Hace una semana de mi expedición al Club Delito, y sin embargo a veces sueño con aquella boca sobre la mía, su piel respirando en mi piel y sus ojos intentado memorizar la manera en que me provocaba más y más deseos, él sí que fue un tremendo delito que cometí esa noche. El delito de probar algo prohibido para mí, y que ahora no consigo olvidar.

-Tengo tantas cosas que contarte que no sé por dónde empezar -masculla mi sobrina desde el otro lado del teléfono, en Roma exactamente.

-Hace días no me llamabas, estaba empezando a plantearme ir hasta allá -bromeo, no tengo dinero para eso.

-He empezado un romance con un tío que joder, me tiene loca, Suss.

-Me alegro cielo, se te escucha animada con él, ¿cómo se conocieron?

Voy revisando los expedientes de mis mis nuevos pacientes y entre ellos veo el sugerido por Cass y que según me dijo es hermano de su novio. Ambos muy misteriosos pero él tiene un trastorno de mi campo: adicción al sexo en un único encuentro. No le produce placer repetir. Según pone aquí, una vez que posee a una mujer ya no la toca más. Necesita otra.

No quiero ni imaginar cuántas mujeres tendrá en su historial un adicto de su tipo. Y cuánta experiencia debe tener.

-Quiero que vengas aquí a conocerlo, siento que es el definitivo.

-No sabes como me alegra oírte feliz pero sabes que no tengo dinero para eso, lo siento -carraspeo volviendo a la llamada.

Me avisan un segundo después, que está subiendo mi paciente de esta hora. Tengo que finalizar la charla.

-Él va a pagar todo, solo dime una fecha de este mes. Un fin de semana, porfa...

La puerta suena a la llamada de mi paciente y me apresuro a decirle...

-Tengo que dejarte, Sarah, volveremos a hablar de este tema.

-Pero vendrás... -ruge determinante.

La puerta se abre finalmente y un tío altísimo, con un abrigo negro largo hasta la mitad de sus piernas, un traje debajo, de tres piezas azul oscuro, camisa blanca y corbata azul más clara se sonríe para mí y casi me caigo de la silla.

Cuelgo el teléfono en cámara lenta y trato de procesar alguna frase rápida que decirle para sacarle de aquí antes de que mi paciente llegue y me regañen.

-Tienes que irte -me levanto señalando la puerta.

Cruza los brazos, se deja caer contra la madera a su espalda recostando los omóplatos y cruzando los tobillos me observa salir de detrás de mi escritorio barriendo los ojos por todo mi cuerpo.

Llevo un pantalón clásico, beige. Con una camisa blanca metida por dentro y un cinturón ancho que marca mi figura, cosa que por lo visto le encanta y parece estar viendo más de lo que muestro. Es tan descarado. Se me estremece todo cuando le tengo así de interesado en mi anatomía.

-¿Por qué? -se muerde divertido una esquina de la boca y se me cierran los ojos de lujuria. Maldito y sexy loco -.¿Acaso recibes así a todos tus pacientes?

-¿Cómo...?

Se acerca, me toma la mano separandola incluso de mi cuerpo viendo que yo no me muevo y cuando la besa y la sostiene entre las suyas, comenta dejando que su aliento me acaricie el dorso...

-Es un placer concerla doctora Robsters, soy Thiago Montelli, adicto al sexo, su nuevo paciente.

¡Esto no me está pasando!

Capítulo 3 2

Saco mi mano de entre la suya y me doy la vuelta hasta mi mesa, me inclino y revuelvo todos los papeles buscando el expediente del paciente que hace nada tenía en las manos mientras hablaba con Sarah.

¡Joder!¿Dónde está?

Voilà, lo encuentro.

Miro el nombre y coincide, lloriqueo buscando la foto y efectivamente es él maldito que me besó en aquel club y ahora veo que es un jodido enfermo. Un piso demente que de seguro solo quiere más que nunca, echarme un buen polvo y por su historial es de los que no repiten, tengo que tener sumo cuidado con él, me hace sentir cosas peligrosas teniendo en cuenta su afección y mi posición en su vida en este momento.

-¿Convencida? -doy un salto cuando susurra en mi oído.

Me alejo saliendo del acoso de su exquisito cuerpo y veo como se quita el abrigo para sentarse cómodamente en mi chez longue en tanto yo pongo los brazos en jarra, la mar de alterada.

-Lo siento pero no puedo ser tu terapeuta -me sale un chillido y el cierra los ojos, disfrutando.

-No te he follado -reconoce con descaro -. Así que técnicamente no has infringido las normas de tu ética médica.

No abre los ojos y además de ser un sacrilegio negarle al mundo deleitarse en ellos, me parece un gesto desafiante por su parte.

-Pero sí me besaste y me... -me detengo.

Entonces sí, sus ojos se abren mucho, se vuelve a sentar y me toma de los muslos, tira de mí hasta que estoy delante suyo, con mis manos en sus hombros para impedirme a mi misma abrir las piernas y subirme encima de él, es demasiado provocador y te invita a poseerlo o a dejarte poseer por su experiencia. Está claro que es un experto.

-Te hice mojar como nadie en toda tu vida lo ha hecho y los dos sabemos que sí meto mi lengua entre esas preciosas piernas ahora, estaré probando el sabor de tu deseo por mí -se me erizan los pezones como si tuvieran voluntad propia -. ¿Es por esto por lo que no quieres tratarme? ¿Tanto miedo tienes a que te haga mía y no sepas seguir sin que lo vuelva a hacer otra vez? A eso me dedico -no me deja responder ni tampoco alejarme -. Me follo a las mujeres y les regalo el polvo de sus vidas, pero ninguna me hace sentir nada, no vuelvo a querer tenerlas y entonces estoy aquí, para que tú...la única que ha conseguido provocarme algo más que ganas de hundirme en un coño, me ayudes. Nada más...no voy a tomarte porque entonces te dejaría, necesito tu ayuda y eso es todo.

Me suelta y se aleja, dejándome anonadada con su despliegue de seguridad en sí mismo. Con esa forma tan brutal y hasta salvaje, agresiva, violenta...de saber lo que quiere y exigir cómo lo quiere además.

No sé qué hacer.

Fuí a ese club con la intención de reunir información para mi tesis pero me tropecé con él, que sexualmente es el mayor anhelo de toda mi existencia y tengo veintiséis años, que no son pocos pero es que ahora, ese mismo hombre que me seduce a niveles que ni sabía que existían, supone el paciente más importante y el mayor desafío de toda mi carrera además de un candidato impresionante a incluir en mi tesis de postgrado, si decido atenderlo.

Generalmente los adictos al sexo no desean dejar de serlo y se acuestan con todo lo que pueden, incluso se masturban sin parar pero él, él es selectivo...él decide lo que quiere y sabe parar, simplemente desea encontrar con quien sentir y eso, es bastante peculiar. Siento que dejar escapar un caso así, es tomar una mala decisión pero atenderle sé que será peligroso para mí.

-¿Ya dejaste de discutir contigo misma sobre esto?

Ruedo los ojos y me doy la vuelta para encararlo, es muy cañero y que vaya de chulito me mosquea. Es mi consultorio y mi terreno, aquí mando yo.

-Esto que acabas de hacer -señalo al chez longue -, no va a volver a repetirse. Tú no me puedes tocar -se mantiene serio, atento.

-¿Eso es que vas a atenderme? -cuestiona interesado.

-Si estoy haciendo esto es por dos cosas -intenta buscar en mi rostro una pista -. Primero porque me pareces un paciente interesante para mi currículo, lo siento -me disculpo por lo que supone lo que he dicho.

-Tranquila, entiendo que te guste lo que ves -se mofa.

-No vayas por ahí mientras estemos en consulta.

-¿Luego de la consulta sí?

-Mira, tío esto no va salir bien. En serio voy a buscar un colega en otro sitio para tí, tengo un amigo que...

De repente le tengo delante, me toma de la barbilla, su mano abierta sobre mi garganta, intimidante y salvaje y yo me derrito ante ese punto bárbaro suyo...¿ Qué rayos me pasa con él?

-Te quiero a tí -susurra mirándome sin pestañar -. Dime que no hay nadie más en tu vida. Otro hombre, quiero decir.

-¿Qué pasa si lo hubiera?

-Tu dime, yo pregunté primero.

-Tú exigiste -matizo y me mira los labios, está tan cerca -. Y no, no hay nadie. No tengo el tiempo para que me rompan el corazón.

Sé que mi frase es un poco amarga pero es lo que la vida me ha enseñado. Dejarme ir con alguien es sufrir y ya no quiero más de eso. Ahora estoy centrada en mi carrera, reunir para la clínica y poco más.

-Buena chica -me suelta finalmente -. Si hubiese alguien me habría alejado como paciente para tomarte como adicto y dejarte ir con él, no puedo resistir tanto.

Es un poco enigmático lo que dice pero me queda claro que se plantea aguantarse el deseo de hacerme caer en su cama porque sabe que solo sería una vez y eso supondría no ser mi paciente, lo que me da la confianza de saber que se mostrará obediente si decido atenderlo.

-¿Cuál es tu segunda condición? -se aleja y toquetea todo lo que tengo en los estantes como decoración. Está examinando mi ambiente.

-Quiero que aceptes formar parte de mi estudio de tesis para incluir tu tipo de parafilia en ella.

-¡Mmmm!¡Vale, acepto! Con mis propias normas.

-¿Por qué haces de todo un juego difícil? -farfullo y me mira.

He vuelto a mi silla y le invito a sentarse en otra frente a mí, mientras negociamos. Obedece y cruza las piernas con clase.

-Te daré algo de información pero quiero algo cambio.

-Ya te doy terapia -espeto.

-Yo pago esta terapia, técnicamente trabajas para mí -tiene razón. Resoplo.

-¿Que quieres? -protesto incómoda -. Y que sepas que no voy a irme a la cama contigo.

-Mentirosa, sabes que te mueres de ganas. Pero tienes razón, no voy a hacerte mía...todavía.

-Di lo que quieres.

-Me gusta que no lo niegues.

-Joder, habla ya o te vas -me exaspera. No avanzamos así.

-Vale vale, cuanta agresividad -se está divirtiendo de lo lindo -. Te llevo al club, respondo tus preguntas, soy un adicto, nadie mejor que yo para tu tesis de postgrado y solo tienes que oírme hablar, en la postura que yo elija para tí.

Es una proposición tramposa. Eso tiene muchas lecturas y aceptar algo así,estaría dando paso a la posibilidad de que acabe con él dentro de mí.

-¿Con ropa? -necesito ciertas cosas que me protejan.

-Linda -usa un apelativo insultante, es tan básico -,hasta con ropa puedo volverte loca, no tengas miedo que ya te he dicho que no pienso follarte, si lo hago tengo que renunciar a ti y me gustas y me intrigas demasiado como para eso.

-Por favor no me hables así.

-Entonces -estira la mano por encima de la mesa -...¿tenemos un trato?

No sé si este arreglo con este hombre tan oscuro y seguro de sí mismo vaya a salir bien pero es que me supone un reto tan grande que no soy capaz de negarme a cumplir su desafío.

-Asi es. Tenemos un trato, pero mejor no me toques.

-¿Ni siquiera la mano?¿Tanto te altero? -ríe sabedor de lo que hace.

-Ahora túmbate, tendremos la primera consulta y si te sales del formato que acordamos se acaba aquí y ahora tu tratamiento conmigo.

Retira la mano y asiente tranquilo, obedece en lo que le digo y tengo que darme a mi misma mis propias normas porque soy yo quien tiene deseos de que su boca se funda otra vez con la mía.

¡Esta locura, no va a salir bien!

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022