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No juegues conmigo

No juegues conmigo

Autor: : Eva Alejandra
Género: Moderno
Una historia de mafia y romance. Una chica que es vendida por su padre, y no es hasta que se hace mayor de edad cuando se da cuenta de su destino, ser la mujer de un narcotraficante.

Capítulo 1 1

Hoy es martes, 01 de noviembre de 2022. Salgo de San Juan de Las Galdonas por primera

vez en muchos años. Llevo en mi corazón la certeza de que llegaré bien a mi destino. Lo

que me inquieta es lo que me espera en Margarita, por más que me diga que todo está

arreglado. Eso fue lo que me dijo el amigo de papá, recibiré un pago y compraré el boleto

para ir a estudiar a Europa. Lo que he soñado desde niña.

Me acerco al muelle con mi bolso lleno de ropa, que pesa tanto como la tristeza que llevo

en mi corazón. Camino despacio, mientras busco con la mirada la embarcación. Solo hay

una lancha lista para zarpar. Me aseguro de ver si es la embarcación correcta. El nombre

«Sirio» en letras azules resalta en la lancha deportiva. Así que me acerco y le doy los

buenos días al simpático marinero. Veo solo un hombre a bordo, con ropa deportiva muy

bonita, quien al verme dice:

-Vamos, ¡Mila, date prisa! -, saludando con gracia.

-¿Sabes mi nombre? ¿Cómo te llamas?

-No te preocupes, estás segura. Ven de una vez, que tenemos que irnos lo más pronto

posible.

Me apresuro a subir con mucho cuidado de no resbalar. Me deshago del equipaje y me

agarro de la madera.

-¡Listo!, soy toda tuya -digo, con la mayor desvergüenza de que fui capaz, sin agregar

nada más.

Demasiado concentrado para hacer cualquier comentario, recorre las amaras para zarpar.

Pasaré fuera del poblado una temporada larga y ya siento que me va a hacer mucha falta.

Mi mirada está fija en el entorno, como si me despidiera de cada uno de mis recuerdos en la

paradisíaca costa. Veo las gaviotas que vuelan cerca de los peñeros y otras especies que

conviven en armonía. Conozco bien el océano y sus riesgos. Mi padre es pescador y crecí

rodeada de redes y peces, a la orilla del mar.

A medida que la lancha avanza, disfruto de la belleza del lugar. Si todo sale bien,

abandonaré muy pronto el país. Mi vida cambiará para siempre al llegar a la madre patria,

España.

El silencio se interrumpe por el ruido del motor y de algunas aves que nos observaban al

pasar. El recuerdo de mi madre me acompaña y me repito cada una de sus palabras.

La corriente impresiona tanto que no me gustaría caer, no podría nadar hasta la orilla. El

agua salada salpica mi rostro en los trayectos rápidos. El lanchero conoce bien el camino.

Sin embargo, uno que otro salto que da la lancha, le hace detenerse a vigilar la carga. Una

suerte de paquetes apilados cerca del camarote ameritan su atención constante. Nada está

quieto aquí, es un vaivén constante. No vi que es lo que lleva allí porque no me ha

permitido bajar. Me ha dejado vigilando que nadie se acerque a la lancha.

Una vez que el silencio empieza a hacerse incómodo, digo:

-Quiero fumar, ¿me acompañas? -Y saco un buen porro-En casa no me dicen nada,

tengo 18. También he traído algo de comida, descansemos.

Ya comenzaron mis mentiras, me prometí crearme una personalidad fachada y he iniciado.

Debo dejar de ser la tonta que siempre fui y aparentar lo que me convenga.

-¿Desde qué edad fumas? ¿No eres muy chica?

Un poco serio, puede ser, pero habló con suavidad. Y me le quedé mirando con coquetería,

sin responder a sus preguntas. Me atrae mucho como hombre.

Mateo ubicó un lugar para anclar y descansar. Bebimos café y merendamos pan con queso,

cuando nos atacó el hambre.

Llevamos apenas un rato anclado y me pasa los dedos sobre una de mis piernas. Trago

grueso y no me aparto, dando una clara señal de aceptación. Ahora fue él quien encendió el

segundo cigarro, aspiro y me explota en la cabeza. Me mareo y me muevo para sentarme a

su lado.

Apoyando la espalda sobre él me relajo y le cuento.

-Desde los trece años, en mi casa todos lo hacen. Es normal -le hago creer con un tono

bajo de voz, como una confesión. Quiero que se sienta a gusto conmigo.

Una sonrisa pícara le puso calor a la frase y le miré fijamente.

-¡Disculpa! -dijo, Mateo, al no haberme dado fuego-. ¿¡Así que te vas fuera del país!?

Es lo mejor que puedes hacer. Aunque creo que nos harás mucha falta. ¿No lo crees?

-Eso dice Hernán. Él es quien me está ayudando a salir. Mi papá no quiere que me vaya y

a mi mamá ni le pregunto.

-Nadie desea que sus hijos se alejen, pero toca. Muy pronto ni te acordarás de lo pasado,

la vida pasa demasiado rápido como para detenerse.

Lo observo, es aún joven, pero la esperanza ya no forma parte de su mirada. Y ese es el

comienzo de una muerte lenta. En cambio, yo me siento llena de vida. Sé que atravesaré el

mundo y nada podrá detenerme, como me gustaría contra con él.

-No me iré sola. Puede que me enamore y el afortunado se vuele conmigo de este país a

vivir deliciosas aventuras juntos.

Dejamos de hablar y estoy buscando acomodo para cerrar un rato los ojos. Ando

amanecida, anoche, no concilié el sueño por más que lo intenté.

Mateo, atrás, pudo notarlo. Se acomodó entre mis piernas y me acarició con su mano. Me di

cuenta de inmediato y no quise quitarme. Desde que sentí su piel me puse caliente. Creo

que notó que me dejaría porque se acercó un poco más y metió sus dedos en el escote de mi

blusa.

No se dijo más, en ese momento y minutos después. Sin mediar palabras, ni sonido alguno,

desvió el rumbo mirándome con deseo y yo a él. Llegamos a la costa, anclamos en una

playa solitaria entre dos pequeños cerros y me besó.

La sensación fue tan potente que apreté la entrepierna. Me encanta sentir la fuerza de aquel

hombre que me levanta y me pone de una y otra manera. Con tanta pasión que pienso en

decirle que pare y no puedo.

Me dejo acariciar con el propósito de decir que no más adelante. Pero cada cosa que me

hace es más deliciosa y no puedo apartarlo. Estoy borracha con sus besos y la manera como

me recorre entera.

Al cabo de un buen rato, una embarcación que viene en sentido opuesto, levanta una ola

que hace saltar la lancha. El movimiento brusco me despierta y abro los ojos. Observo la

luz del sol y las grandes rocas.

En esta área, la profundidad es menor y vamos despacio. El agua quieta se transforma en

espejo. La vegetación y parte de la embarcación, se reflejan. Puedo ver mi imagen y me

pregunto que hay debajo, en las profundidades. Al menos, tiburones y peces. Y en las

orillas, cangrejos esperando quizás ser atrapados por humanos.

No me hace gracia ese pensamiento y menos al no distinguir arena solo rocas. Quién sabe

por qué tengo que pensar en eso, mi ceño se arruga y permanezco activa el resto del viaje.

Cuando cierto tiempo pasa, pregunto:

-¿Cuánto falta para llegar?

-Mientras sigamos con esta velocidad llegamos en diez minutos. Cuando veas unas casas

muy bonitas en la montaña puedes alegrarte, son los ranchos. Seremos bien recibidos. La

propiedad lujosa, especial para una mujer como tú.

Por fin salimos de la zona rocosa y comienza la vegetación. Una montaña verde imponente

contrasta con el azul del mar. Mateo pudo incrementar la velocidad del motor y dejamos de

hablar. Me pongo al frente para disfrutar de la atractiva vista. No recuerdo los detalles de la

propuesta laboral, solo que es una casa muy hermosa donde me recibirán.

Deseo conocer el mundo, vivir una vida diferente y tener hijos, muchos. Lejos del pueblo

de pescadores donde crecí con tantas carencias materiales. Por eso, día y noche llevo en

mente solo una cosa. Casarme y no volver nunca más, mandaré a buscar a la familia cuando

me estabilice económicamente.

-Ya estamos cerca, señorita -dijo Mateo.

-Qué alegría, ya quiero llegar.

Un motivo para pensar en algo diferente. Juego, contando las casas que me parecen

imponentes. Con ansias de avistar el famoso muelle donde desembarcar.

-Por cierto, dijiste que nos darían la bienvenida.

-Sí, claro. Ya falta poco para eso. Te va a gustar mucho, eso me parece. Eres una mujer

muy sensible.

-No sé de qué me hablas porque nadie me conoce por estos lados.

-Ya lo verás, no seas impaciente. Es la primera sorpresa que tengo para ti.

-Ahora sí que me dejas curiosa, eso no se hace ¡Malvado!

-Ja, ja. No lo arruines, por favor. Te garantizo que te hará feliz.

-¿Más que tú? Eso espero. Mira que llevo el corazón arrugado. No es fácil dejar atrás

todo.

Se me vino a la mente el recuerdo de mi madre. Parece algo egoísta ir de viaje, en busca de

la felicidad. A pesar de lo sucedido con ella, en el momento en que más me necesita. Sé que

muchos criticarán la decisión de marcharme.

Me concentro y pienso en ella. Sus ojos y su dulce rostro se proyectaron en mi

pensamiento. En ese momento, veo en el muelle flores de todos colores y unos chicos

moviendo sus manos.

-Sin duda la mejor bienvenida, que bello -comenté llena de dicha.

Lo abracé y comencé a gritar de alegría.

-¡Qué bienvenida tan hermosa, Mateo! Eres muy especial.

-Sabía que te pondrías feliz de verlas, son ramos hechos con flores propias de aquí.

-Hay muchas, pero la más hermosa es el hibisco púrpura. Es una belleza. Gracias por la

sorpresa.

Capítulo 2 2

Me encuentro en la casa donde me alojaré desde hoy. Y por lo visto, son unas excelentes

vacaciones las que me esperan.

Adoro la propiedad al verla. Ubicada en una zona montañosa con abundante vegetación y

llena de flores hermosas hacen que resulte exclusivo. El lugar ideal para hospedarse.

La casa es enorme, de concepto abierto. Y, sin embargo, extraño mi pequeño hogar. De

donde vengo no tenemos baños tan grandes y lujosos. Ahora, a punto de meterme al

jacuzzi, nunca he estado en uno. Comodidades de la vida de ciudad.

Tomo asiento y me uno a la rueda, fumamos hasta quedar chinos. Mientras Yuraima coloca

un cenicero limpio. Los tres conversamos como buenos amigos.

Mi visita tiene un fin en particular, enseñarle español nativo al hijo de ella. A pesar de

nuestra pobreza, en casa me enviaron a la escuela y siempre destaqué entre las mejores

alumnas. Tengo experiencia dando clases a los niños del pueblo. Solo que es la primera vez

fuera y todo se me hace nuevo, para mí también es un aprendizaje.

Mateo no demora en pasar la novedad a Hernán, el amigo de mi padre. Informando que

hemos llegado bien. Y se aparta para conversar sin ser escuchado. Al parecer es un

empleado fiel, a no ser que se trate de faldas. Dudo que lo que pasó entre nosotros se atreva

a contarlo. Y, por cierto, qué rico fue. Me estrené muy bien.

No son muchos los que viven en la casa, aunque parece un pequeño hotel. Solo Yuraima, su

esposo y uno de los hijos. El mayor estudia en Australia. Y a todos les entusiasma la

noticia.

Pasaron dos días desde mi llegada y me preparo para las clases. Peino mi largo cabello, ya

estoy vestida con el uniforme de trabajo. La falda de tela cruda, fresca y la camisa manga

corta a juego. Me parece un poco transparente, pero me sienta realmente bien. Me hace

lucir sumamente atractiva y eso me gusta.

Ya todo está listo. La mesa, flores y el refrigerio. Michael se acerca, colocando su bolso del

hombre araña en una de las sillas. Con mucho cuidado saca el cuaderno y la cartuchera para

dejarlo sobre la mesa. De manera ceremonial, extrae el sacapuntas y el lápiz del

compartimiento con cierre. Así como su libro de texto y me mira muy serio.

-¡Comienza la clase! -dije sonriente. Y el niño me muestra su sonrisa y sus bellos ojos

brillantes.

-Mi nombre es Mila, ¿tú?, ¿cómo te llamas?, si se puede saber.

Tomo el puesto en la cabecera de la mesa y él está a mi lado derecho.

-Ese es el lugar de mi papá -me dice.

-¿Crees que se enoje conmigo? Nadie me lo dijo, me levanto para moverme a otro sitio.

Una voz masculina interrumpe la conversación.

-No me molesta Mila, soy Hans. El padre de Michael no te levantes, no es necesario.

Me sonrojo al verle. Es un hombre muy guapo y joven, mucho más interesante que Mateo y

menor que ella. Lo miro de arriba abajo y sonrío, sin dejar de ocultar que me agrada.

Seguro que este lindo señor es el punto débil de ella.

-Encantada de conocerle, gracias por recibirme en su casa.

-¿Cómo te la llevas con Mila?, hijo. Es muy fea, ¿no ves? -dice, picando el ojo.

-Bien, papá. Es muy bonita, más que la otra. No es fea, para nada.

Reímos con las ocurrencias del niño. Me parecen encantadores.

-En un rato haremos una videollamada. Cuando termines con la clase, te cambias y te

pones muy bonita. Te estoy haciendo el contacto con una gente importante en España que

te van a ayudar. Ya Hernán me contó tus planes a futuro.

En este momento llega la esposa y me quedo callada, soy muy prudente en esos casos. Las

mujeres somos celosas. En especial, las mayores. No quiero ser motivo de disgusto entre

ellos. Necesito que comience a confiar en mí desde este momento.

Con humildad, Michael toma cada consejo y se comporta muy bien durante nuestra primera

clase. En silencio, me retiro a mi habitación a ponerme linda. Sin sospechar de qué se trata.

La reunión programada se pospuso por una hora. Pasado este lapso de tiempo, Hans entra a

buscarme y lo sigo a su oficina. Estoy nerviosa, siempre me pasa cuando tengo que hacer

algo nuevo. Una entrevista nunca hice. Lo que más me pone insegura es su cambio de

actitud y la mirada de desprecio cuando entré. Lo primero que me dijo fue que me traerá

ropa nueva y que bote todo lo que tengo. Me hizo sentir humillada, otra estuviera feliz. Yo

no soy poca cosa, no me gusta que me hablen así.

Comienza la reunión, en cámara pude ver a un señor mayor, gordo y de mirada penetrante,

de nombre Roberto. Cada uno habla, mientras yo estoy en silencio. No me mencionan en lo

absoluto. Otra vez, me siento como una desgraciada.

Hasta ahora, lo único bueno que me ha pasado es Mateo.

De pronto, veo que se despiden y cortan la comunicación. Yo vengo de un pueblo y no

entiendo mucho ¿Será eso? Me quedé extrañada.

-¿Qué ha pasado? -le pregunto a Hans.

-Nada, Mila.

Durante la tarde, todo es alegría y felicidad. Nos bañamos en la piscina y tomamos algo de

sol jugando con la pelota inflable. Mateo comparte, muy serio, como si no pasa nada y me

gusta que sea así. Muero de vergüenza si alguien se entera.

Mi cabeza, no para de pensar, y me viene un pensamiento ¿Le habrá gustado? Soy

inexperta por miedo, no por falta de ganas ¿Se lo hará a todas las que trae? Quisiera saber

qué pasa por su cabeza, sin parecer cursi ni nada.

Ya sé que fue algo imprevisto, un hola y chao. Lo que sucede es que me ha quedado una

espinita pues, como ganas de repetir. Claro, sin enganche.

Nos cruzamos miradas, sonrisas y buenas vibraciones. En realidad, es perfecto. Lo

aprovecho mucho.

Una de las mujeres me molesta con su mala cara. Sin motivo alguno. Algo se mueve dentro

de mí y no es nada bueno, ¿qué será?

Oculto lo que siento, en ese momento donde todo es perfección. No quiero verme como una

verdadera bruja.

No le doy la oportunidad de arruinar esta noche maravillosa.

Capítulo 3 3

Me despierto temprano, no he podido dormir pensando en mamá.

- Hola mamá.

-¿Cómo amaneciste?

-Buenos días, Mila, ¿por qué no me llamaste ayer?, me quedé preocupada.

- Bien, se me fue el tiempo y no me di cuenta hasta ya tarde.

- ¿Todo bien?

-Sí, gracias. Es un hermoso lugar ¿Cómo está papá?

-Debe estar en casa de la mujer esa.

-Suenas terrible ¿Has estado llorando? Tienes que calmarte.

-Pues no, en verdad. Nos quedamos celebrando.

-El sitio es muy lindo, es una isla salvaje. Los paisajes son inigualables.

-Me alegro, hija, te he encomendado tanto a los santos.

-Lo sé, te siento a cada momento.

-¿Y la gente, qué tal?, ¿cómo te tratan?

-¡Uy, muy chéveres son! Ya los conocerás un día de estos.

-Vamos a esperar que aparezca tu papá y te aviso, para que lo llames.

-Dale, dile que estoy bien. No le digas donde estoy.

-Está bien.

-Te llamo cuando pueda. Te amo, mamá.

-Dios te cuide, Mila. No olvides en lo que quedamos.

Estuve a punto de llorar de nostalgia.

-¡Mila!, ven-interrumpió Michael, riendo.

-Hola, no grites que vas a despertar a tu mami.

-¡Quiero nadar! -gritó molesto.

-Pero claro, yo te acompaño, ¿te dan permiso?

Sale corriendo a buscar los inflables y me deja con la palabra en la boca.

-¿Quieres ver cómo me lanzo un clavado?

-¡No!, ¡carajo!

-¡Anda, no seas aburrida! -replicó el niño.

-Cuando venga tu papá, ahora tranquilo.

-¡Qué viva! Allí viene papi.

Noto que Hans viene caminando a toda prisa y se molesta con Michael por no obedecer.

De pronto, me toma de los brazos, me carga y me lanza a la piscina, como si se hubiese

puesto de acuerdo para jugarme una broma pesada.

Grito fuerte mientras voy en el aire a punto de pegarme contra el agua.

Empapada, no me queda más remedio que ponerme a jugar con el pequeño quien se muere

de risa por lo sucedido.

-¡Bellos!, parecen hermanos.

Este bendito hombre tiene unos cambios de conducta extraños. No entiendo por qué a veces

me trata bien y de repente me hace sentir mal. Procuro no darle mucha importancia.

-Esperemos que el señor que hace el mantenimiento venga hoy a revisar los filtros porque

parece que está algo sucia en algunas áreas.

-No te preocupes, se ve limpia.

Me sumerjo a echar un vistazo en el fondo y encuentro un bello anillo. Lo tomo y se lo

entrego al señor.

-Tremendo hallazgo. Mi mujer te va a amar, lo creía perdido.

-El reflejo me hizo mirar hacia el lugar donde estaba. Menos mal. Muy hermosa joya.

-Se lo regalé cuando comenzamos a salir en plan de novios.

-¿Cuántos años llevan juntos?

-Bueno, alrededor de dieciocho años. Nos conocimos en una fiesta cerca de aquí. Me

impactó al verla, su figura era de reina. Así como tu cuerpo ahora.

-Yuraima es una mujer muy hermosa y se nota que lo ama.

-Yo también la amo. Aunque de vez en cuando, ya sabes. Cosas de hombres, no tiene

nada que ver con el amor.

-¡Sí!, eso supongo. Me recuerda a mi papá, hace poco le descubrimos que tenía otra

familia.

Luego de almorzar, nos tomamos un café. Reposamos la comida y volvimos al agua.

Seguimos allí, jugando pelota inflable hasta que los brazos me comenzaron a doler.

El baño en la piscina me deja muerta y el pequeño sigue corriendo como si nada, esta vez

alrededor de la grama japonesa del jardín.

Ya tengo un mes acá y se acerca el momento de irme a España. La emoción es

incontenible, solo falta que Hernán cumpla con su palabra. Prometió costear el boleto aéreo

a cambio de que compartiera mis conocimientos con el niño. Y no solo he cumplido, sino

que me he ganado su afecto.

En mi casa, no saben nada de mí. Pocas veces llamo a mi madre. No tengo nada nuevo que

decirle y no la quiero preocupar. Hoy, Mateo vino a avisarme que Hernán llega esta noche.

Me dice que no me preocupe. Y es que ya estoy muerta del susto, algo raro sucede, lo

presiento.

Aprovechó que todos dormían la siesta para meterse en mi cama. Este hombre me encanta,

es tan galante y cuidadoso que sigo siendo virgen. Me ha respetado, al menos por esa zona,

solo besos que me hacen delirar.

Me pregunto si me podré alejar tan fácil de este chico o si resultará un obstáculo en mis

planes. No quiero imaginar que arruine mi partida.

Lo beso una y otra vez, necesito que se vaya para poder arreglarme. Me quiero bañar, para

quitarme su olor. Y ponerme rompa limpia. Me haré ondas en el cabello y un maquillaje

sencillo. Quiero que esté orgulloso de mí a la hora de la cena, cuando nos volvamos a ver.

Mateo se resiste y me toma de nuevo, nos caemos de la cama luchando como dos pequeños.

Y en el suelo, nos besamos apasionadamente. Sin querer separarnos.

Me toma de la mano y tomamos una ducha juntos, qué decir de la sensación de sus manos

pasando el jabón por la piel de todo mi cuerpo. Me pega contra la pared y disfrutamos del

maravilloso roce de nuestros cuerpos. Hasta que somos interrumpidos por un sonido seco

del otro lado de la ventana.

-Alguien no está espiando -susurró.

-¿Quién podrá ser?, quizás fue una de las mascotas que están en el jardín.

-No lo creo. Tenemos que tener más cuidado, si se entera Hernán soy hombre muerto. No

me perdonará el haberme metido contigo.

-No, hombre.

-¿Piensas que ha llegado?

-No, para nada. Pero quien estuvo escuchando puede soltar la lengua y allí sí que se arma

tremendo problema.

-Que Dios nos cuide, ese hombre es muy peligroso.

-¿Tú tienes algo con él?

-No, lo conozco desde niña y tenemos mucha confianza, solo eso.

-¿Tú supones?

-¿¡Claro!?, le sobran las mujeres.

-Quien quita, una nena como tú alborota a cualquiera. Yo que tú me andaba con mucho

cuidado. Estoy seguro de que tiene otras intenciones contigo.

Me quedo pensativa y muy preocupada.

Hernán me obliga a pasar la noche con él.

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