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No me dejes, mi querida mentirosa

No me dejes, mi querida mentirosa

Autor: : Long Tail
Género: Moderno
Ethan siempre consideró a Nyla una mentirosa, mientras que ella lo veía a él distante e insensible. Nyla había acariciado la idea de que Ethan la quería, pero se sintió fríamente rechazada cuando se dio cuenta de que su lugar en el corazón de él era insignificante. Como ya no podía soportar su frialdad, dio un paso atrás, solo para que él cambiara inesperadamente de actitud. Ella le desafió: "Si confías tan poco en mí, ¿por qué me tienes cerca?". Ethan, que antes se había comportado con orgullo, ahora estaba ante ella y le suplicó desesperado: "Nyla, he cometido errores. Por favor, no te alejes de mí".

Capítulo 1 Quiero ser la señora Brooks

Los inviernos en Ulares eran gélidos, pero dentro de la Mansión Cloudscape, el aire estaba cargado de calidez y pasión.

"Ethan... no seas tan duro...", la voz de Nyla Green vaciló mientras se aferraba a las esquinas de la almohada.

El tenue resplandor de la lámpara de noche teñía de un tono suave sus mejillas sonrojadas, concediéndole una intimidad lúdica al momento íntimo.

"¿Ya has olvidado cómo debes dirigirte a mí?", replicó Ethan Brooks en un murmullo burlón mientras se inclinaba, con sus dientes rozando la oreja de la chica. Su cálido aliento le provocó escalofríos por todo el cuerpo.

"Tío Ethan... Por favor...", jadeó ella con una voz entrecortada mientras se acurrucaba en su abrazo.

Los labios del hombre se curvaron en una sonrisa que reflejaba lo satisfecho que estaba tras escucharla pronunciar esas palabras; su obediencia siempre lo excitaba, y sus súplicas ahogadas solo intensificaban sus instintos pasionales.

Era una dinámica que él realmente disfrutaba; le encantaba cuando la chica lo llamaba así, tanto dentro como fuera del dormitorio. Servía como recordatorio y también como una forma de volver más interesante sus momentos íntimos. Aunque hacía que Nyla se sintiera avergonzada y molesta, siempre se encontraba sin otra opción más que dirigirse al hombre de esa manera.

Las dos semanas que estuvieron separados solo aumentaron la necesidad que Ethan tenía de ella; su viaje de negocios se sintió demasiado largo y extrañaba su cuerpo.

A pesar de que ya habían tenido sexo muchas veces antes, el cuerpo de esta chica le seguía pareciendo irresistible y muy atractivo; era de esperarse que no se conformara con una sola ronda.

Percibiendo su deseo, Nyla se movió contra él, balanceando ágilmente su cuerpo con el objetivo de satisfacer sus necesidades.

"Parece que esta noche estás muy ansiosa, ¿no crees?", murmuró Ethan con un tono teñido de diversión.

"¿No te gusta cuando me pongo así?", susurró Nyla con una voz tímida pero teñida de audacia. "Tío Ethan... ha pasado tiempo desde la última vez que probamos algo nuevo".

Él levantó una ceja y apretó su agarre en la cintura de la chica mientras cambiaba de posición con facilidad. El deseo carnal en sus ojos era innegable.

"De acuerdo, probaremos algo distinto, pero más vale que no me decepciones", dijo Ethan con una voz cargada de autoridad.

Nyla tragó saliva con fuerza y giró la cara mientras se preparaba, decidida a complacerlo; tenía un favor que pedir esa noche, y sabía que este hombre no era del tipo que concedía peticiones fácilmente.

Cuando finalmente terminaron su apasionado intercambio, ya eran las primeras horas de la mañana. Nyla yacía entre las sábanas, con leves marcas en la piel que eran un vestigio de su intimidad compartida, mientras sentía cómo el aire fresco la recorría las piernas al estar estas expuestas.

Ella se incorporó poco después, cuando vio a Ethan saliendo del baño, cuya delgada figura fue iluminada por la luz tenue; gotas de agua se aferraban a su pecho y se deslizaban por sus marcados abdominales, dejando poco a la imaginación.

Él encendió un cigarrillo y se sentó en el sillón junto a la ventana; parecía que estaba de mucho mejor humor que de costumbre. "¿Qué es lo que quieres?", le preguntó sin rodeos y con un tono casual pero cortante, exhalando una bocanada de humo.

"¿Me darás cualquier cosa que te pida?", preguntó Nyla con un tono suave y vacilante, fijando una mirada esperanzada en el atractivo rostro cincelado del hombre.

"Depende de lo que me pidas", respondió él con calma.

"Quiero ser la señora Brooks".

La calidez en la expresión de Ethan desapareció y fue reemplazada por una mirada gélida que le provocó un escalofrío en la columna.

El corazón de Nyla se hundió mientras el hombre soltaba una risa burlona; luego este aplastó el cigarrillo en el cenicero con una fuerza deliberada, como si quisiera apagar la audacia de la chica.

"Creo que he sido demasiado blando contigo", dijo Ethan con frialdad. "¿De verdad piensas que tienes derecho a pedir algo así?".

Nyla se mordió el labio; sus manos temblaban incontrolablemente mientras se aferraba a las sábanas. "Callie ya volvió, ¿verdad? Planeas casarte con ella, ¿o me equivoco?".

Callie Higgins: ese nombre en sí mismo era suficiente para revolver el estómago de Nyla. Ella fue el primer amor de Ethan, la mujer que una vez le salvó la vida al rescatarlo de unos secuestradores cuando tenía dieciocho años. Después de ese incidente, sus familias acordaron que ambos se comprometerían cuando llegara el momento adecuado.

La expresión del hombre vaciló por un momento, pero fue suficiente para que Nyla supiera que había tocado una fibra sensible; gracias a los dos años que llevaban juntos, ya lo conocía bastante bien.

"Solo necesito el estatus que concede ese título. Sabes lo difícil que es para mí formar parte de la familia Brooks. Si no tuviera protección, yo...".

"¿Protección?", la interrumpió Ethan con un tono cortante.

En un instante, se acercó a ella, agarrándole la barbilla con firmeza; sus ojos oscuros se clavaron en los de ella, feroces e inquebrantables.

"¿Crees que no sé tu intención? ¿De verdad piensas que eres digna de ser la señora Brooks?".

Capítulo 2 Dejando todo atrás para comenzar de nuevo

"Ethan Brooks, no has cambiado nada. Sigues siendo tan insensible como siempre", espetó Nyla.

La cálida atmósfera de momentos atrás cambió drásticamente y ahora era tan gélida como el hielo.

La chica mantuvo una expresión tranquila, pero sus intenciones todavía no estaban del todo claras. Con lágrimas brillando en sus ojos desafiantes, ella continuó: "Si no estás dispuesto a darme lo que quiero, entonces lo nuestro se acabó. A partir de hoy, dejaremos de hacer esto. Te veré solo como mi tío político y nada más".

Ethan formó una mueca desdeñosa y respondió con una voz que cortó la tensión como una espada: "Fuiste tú la que me buscó primero y se metió en mi cama, ¿y ahora quieres marcharte como si nada hubiera pasado? ¿De verdad crees que puedes hacer lo que quieras conmigo?".

Ya había pasado tiempo desde el repentino colapso de la familia Green. De la noche a la mañana, el mundo de Nyla se derrumbó; su padre, Lorenzo Green, se suicidó la vida para demostrar su inocencia y su hermano fue encarcelado.

Su madre, desesperada por sobrevivir, se convirtió en la amante del hermano mayor de Ethan, Ryland Brooks; cuando la esposa de Ryland falleció, la madre de Nyla se casó con él después de quedar embarazada.

Los Brooks nunca ocultaron el desdén que albergaban hacia ellas y su familia.

Nyla siempre fue consciente de su lugar, por lo que procuraba mantenerse alejada de ellos; aun así, no dejaban de acecharla y atormentarla. Al quedarse sin opciones, tuvo que acudir a Ethan; como el actual líder de la familia Brooks y uno de los hombres más poderosos de Ulares, era el único que podía ofrecerle protección.

Ahora, la chica lo estaba mirando de frente, con su hombro desnudo expuesto mientras la fina sábana se deslizaba hacia abajo; su suave piel brillaba en la tenue luz, una imagen de tentación y encanto.

"Entonces... ¿qué es esta relación nuestra?". Su voz era baja, casi burlona. "¿Compañeros de cama? ¿Amantes? ¿O simplemente somos amigos con derechos?".

La mirada de Ethan se detuvo en el rostro de Nyla: peligrosamente hermoso, de esos que traían caos a donde quiera que iban. El deseo reprimido del hombre se reavivó y sus ojos parpadeaban varias veces.

"Podría considerar darte cualquier otra cosa", dijo con un tono indiferente mientras la soltaba y encendía otro cigarrillo.

La implicación era clara: no iba a dejarla ir, o por lo menos todavía no.

La amargura subió a la garganta de Nyla. Podía soportar ser su compañera sexual, pero no se permitiría convertirse en su amante; ese era un límite que ella se negaba a cruzar.

"Para ser honesta, ya estoy harta. No sé cómo llamas a lo nuestro... pero se acabó".

Las palabras 'se acabó' sonaron huecas, sobre todo porque Ethan ni siquiera se había detenido a reflexionar sobre la naturaleza de su relación.

Nyla se puso su vestido roto, procediendo con manos temblorosas pero una resolución firme.

La expresión del hombre se tornó sombría mientras exhalaba una columna de humo. "¿Qué intentas con esta rabieta?".

La chica hizo una pausa, reuniendo toda su fuerza de voluntad para mantener la compostura; con una postura erguida, sostuvo su mirada. "Señor Brooks, si no puedes darme lo que quiero, entonces no perdamos más tiempo. Necesito seguir con mi vida".

Sus palabras tocaron una fibra sensible en Ethan, quien rápidamente la agarró del brazo y la sentó en su regazo; cuando sus suaves piernas lo rozaron, encendieron la tensión una vez más.

"¿Seguir con tu vida? ¿Acaso quieres estar con alguien más?", la cuestionó con una voz que destilaba amenaza. "¿De verdad existe alguien que pueda satisfacerte como lo hago yo? No actúes como si todo esto fuera un error. Fuiste tú quien se metió en mi cama. No creas que permitiré que lo olvides".

La compostura de Nyla se quebró cuando la ira estalló en su pecho; lo miró con el ceño fruncido mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. "¿Y qué si fui la primera en buscarte? ¡Ahora me arrepiento! Te vas a casar con Callie, ¿y se supone que yo debo quedarme aquí, esperando a recibir las sobras de tu cariño? Puede que haya actuado de manera desvergonzada, pero no soy tan patética".

El aire entre ellos era sofocante, cargado de verdades no expresadas que traían consigo una tensión insoportable. De repente, un sonido rompió el silencio.

Ethan miró su celular con la frustración escrita en todo su rostro; estaba a punto de ignorar la llamada hasta que vio el nombre en la pantalla.

Era Callie quien llamaba. Él soltó a Nyla y respondió sin dudarlo.

La chica observó en silencio, con su corazón hundiéndose al escucharlo hablar con un tono inusualmente gentil; era el mismo que solo utilizaba cuando estaban en la cama. Nyla sintió cómo la humillación se instalaba en lo más profundo de su pecho.

"Sí, estaré allí pronto". Ethan finalizó la llamada y luego se vistió. Al terminar, se volvió hacia la chica y le advirtió: "Le pediré a Jackson que transfiera el dinero a tu cuenta. Nunca pienses en irte".

La puerta se cerró detrás de él. Nyla permaneció sentada, mirando fijamente el espacio vacío que Ethan dejó atrás; luego, con una risa amarga, se secó las lágrimas.

Si no podía obtener lo que quería, entonces recuperaría lo poco que le quedaba de dignidad; era hora de dejar todo atrás para comenzar de nuevo.

Capítulo 3 ¿Y qué si lo hago

Nyla, que ahora estaba en su último año de universidad, ya había comenzado su pasantía mientras administraba su propio estudio, una empresa que había iniciado durante su tercer año. Se especializaba en diseño de moda y su estudio era su mayor orgullo y fuente de alegría.

Sin embargo, últimamente la presión de la competencia se había vuelto sido implacable; era evidente que alguien quería eliminar su empresa para que desapareciera de Ulares. A pesar de la enorme frustración que sentía, la chica se negó a darse por vencida.

Después de una noche turbulenta, le dolía todo el cuerpo mientras se preparaba para el día. Sin ganas de usar su atuendo profesional habitual, optó por vestirse con un atuendo más casual; aunque la ropa que llevaba puesta era sencilla, su elegancia y carisma llamaban la atención dondequiera que iba.

Cuando entró al estudio, su recepcionista dudó antes de acercarse.

"Señorita Green... su madre está aquí", le informó con un nerviosismo palpable. "Intentamos detenerla, pero... tiene un bebé en brazos y no queríamos correr ningún riesgo".

La chica le dedicó una sonrisa tranquilizadora; sabía que su madre, Vicki Brooks, era una persona difícil de tratar. "No te preocupes, entiendo. Puedes retomar tu trabajo. Yo me encargo de atender a mi madre".

Aliviada, la recepcionista asintió y regresó a su escritorio.

El estudio de Nyla no era grande, pero cada centímetro reflejaba fielmente su estilo; ella misma eligió las decoraciones, procurando crear un elegante entorno minimalista que irradiaba sofisticación. Cuando llegó al salón de la recepción, vio a su madre con un bebé acunado en sus brazos.

Nolan Brooks, un bebé prematuro, había llegado al mundo cuando Vicki tenía más de cuarenta años; su llegada casi les costó la vida a ambos, así que desde entonces todo el mundo de la mujer giraba en torno a él.

De pie en la puerta, la chica no dijo nada y se limitó a observar a su madre. La expresión de Vicki se suavizó mientras mecía suavemente a Nolan, envuelta en una calidez maternal inconfundible.

Por un momento fugaz, Nyla vio a la mujer que Vicki solía ser cuando la familia Green estaba intacta: una esposa y madre gentil, la cual se mostraba comprensiva con todos a su alrededor.

Tristemente, esa versión de su madre ya había desaparecido para siempre; ahora, su cariño e instintos maternales solo aparecían cuando estaba con Nolan.

Este pensamiento le generó un dolor agudo, pero Nyla decidió suprimirlo mientras caminaba hacia el interior del salón; se sentó frente a Vicki, quien levantó la mirada brevemente antes de volver a centrar toda su atención en Nolan.

El asistente de Nyla les llevó rápidamente una taza de café y se fue sin decir una sola palabra. La chica tomó la taza y removió la bebida lentamente; el tintineo de la cuchara fue lo primero que rompió el silencio.

"¿Qué haces aquí?", preguntó ella con un tono plano.

La mirada de Vicki se posó con desaprobación en el atuendo casual de su hija. "¿Cómo puedes salir vestida así? ¿No te das cuenta de que ahora representas a la familia Brooks? Todo lo que haces repercute en nosotros".

Recostándose en el sofá, Nyla respondió con una voz tranquila y mesurada: "Mi apellido es Green. Nunca he formado parte de la familia Brooks".

Los labios de su madre se apretaron, haciendo evidente su frustración. "Insolente...", la mujer planeaba arremeter, pero se detuvo cuando miró a Nolan, quien comenzó a moverse en sus brazos.

Bajando la voz, continuó: "Ryland ha concertado una cita para ti mañana en el Restaurante Delight. Conocerás al segundo hijo de los Fowler. Ese hombre proviene de una familia respetable y es hora de que empieces a pensar en tu futuro".

La chica levantó una ceja y una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.

El segundo hijo de la familia Fowler acababa de cumplir una condena en prisión; era una muestra de que Ryland realmente tenía un don para elegir a los hombres más distinguidos.

"No tengo tiempo para citas", respondió Nyla con desdén antes de tomar un sorbo de café.

Fue ahí cuando la compostura de Vicki se quebró: "¿No tienes tiempo? Ayer no estuviste en la escuela ni en tu estudio. Tampoco volviste a casa anoche. Me dijeron que te vieron en un bar".

Su madre ya había emprendido su propia investigación. Enterarse de las escapadas nocturnas y las fiestas de su hija la pusieron furiosa, siendo el motivo que la impulsó a buscarla; para ella, este comportamiento era inaceptable.

Si no fuera porque Nolan se quedó dormido en sus brazos, ya habría comenzado a gritar histéricamente.

Entonces, los agudos ojos de Vicki se fijaron en una tenue marca roja en el cuello de la chica, lo que oscureció su expresión.

"¿Qué es eso que tienes en el cuello?", siseó ella en un tono inquisitivo. "Te lo advierto, ¡no toleraré que andes por ahí metiéndote con hombres!".

Nyla hizo una pausa a mitad de un sorbo, dejando su taza deliberadamente; respondió a la mirada de Vicki con una indiferencia apacible.

A pesar de su edad, su madre todavía lucía joven; el dinero realmente hacía maravillas, o al menos eso pensó Nyla.

"¿Y qué si lo hago?", replicó la chica, mientras se reclinaba en su asiento.

"No te has preocupado por mí en años. ¿Para qué la necesidad de fingir a estas alturas? Mejor toma a tu adorado hijo y vete".

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