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No me llamo fea

No me llamo fea

Autor: : Marian.C.T
Género: Adulto Joven
Rachel Bundy, cualquiera que escuche ese apellido creería que es pariente de aquel asesino serial de los años 70 pero no hay ni una pizca de parentesco, Rachel es una adolescente normal de 18 años a punto de entrar a la universidad, pero pasa algo que le carcome la cabeza a la chica, su vida social es nula a raíz de su apariencia física, viste constantemente con ropa ancha, zapatos que no son de su talla y unos grandes lentes de pasta. Rachel deberá superar muchos obstáculos que se presentaran a medida que va pasando el año, Un enamoramiento inevitable surge, pero lo que no sabe la chica es que fue usada con un simple propósito. Dalton Pierre, guapo, rico, deportista, asquerosamente millonario y narcisista, tiene un objetivo y es ser el número uno en todo. Hará todo lo posible por superar dos materias que lo detienen, eso llegara a implicar enamorar a la chica fea.

Capítulo 1 1- camino hacaia la adultez

Estaba nerviosa por todo lo que iba a suceder a continuación, podía ver a mis padres sonriendo desde sus asientos y con una cámara apuntando al podio en donde estoy a punto de dar el discurso de grado, acomodo mis gafas al sentir que se me resbalan por el sudor, todos miraban en mi dirección esperando que saliera cualquier cosa de mi boca, pero nada salía de ella. Había practicado tanto el discurso y ahora estoy congelada y muerta de miedo.

Tomo todo el aire que puedo y me suelto, las palabras salían con fluidez encantando a todos los presentes. Había sido la elegida para dar el discurso de grado en la escuela, al principio me había negado, pero según el director yo era la correcta para decir las últimas palabras para la promoción 2019. El auditorio estalla en aplausos cuando doy por terminado el discurso, sonrió con timidez y bajo del podio para volver a mi lugar.

Ya doy por cerrada esta etapa de mi vida para comenzar una nueva la cual anhelaba desde muy pequeña, mi sueño siempre había sido la literatura, escribir y leer siempre han sido mi refugio desde que hace años. Mis padres esperaban que estudiara medicina o me fuera por las ramas de la ley, pero siempre fui clara en mi decisión y la literatura fue la ganadora.

Dentro de dos meses deberé partir rumbo a la universidad en la cual fui poseedora de una beca completa, mis padres no podían permitirse pagar una universidad tan cara así que al ganar aquella beca pude quitar una gran carga de sus hombros.

- ¡Felicitaciones hija! - mi madre se acerca a mí con una sonrisa en sus labios. Ya se había dado por acabado la ceremonia y ahora estaban todos en sesiones fotográficas con sus familias y amigos.

- Gracias mama.

- Esas palabras que dijiste fueron magnificas, podía ver a todos embelesados a medida que avanzabas, tengo un video te lo mostrare cuando lleguemos a casa.

- Estoy muy orgulloso de ti hija, yo sabía que ibas hacer cosas grandes en la vida y ahora mírate, recién graduada de la escuela y pronto iras a una de las universidades más prestigiosas del país.

- No es para tanto papa, de todas maneras, iba a pasar por esto- digo mientras acomodo mis gafas las cuales constantemente se resbalan.

- ¡Rachel! - conocía esa voz a la perfección, era mi mejor amigo Joey, los dos nos conocimos desde jardín, desde ese momento nos volvimos inseparables, incluso mis padres llegaron a creer que nos casaríamos en un futuro, pero ninguno de los dos está interesado por el otro.

Así que la amistad entre un hombre y una mujer si existe.

Lamentablemente nos tendríamos que separar, el iría a la punta del mundo porque a su padre lo trasladaron a china, me dolió cuando supe que se iría, pero al igual que yo él es inteligente y podrá sobrellevar su estadía en el país nipón.

- No quiero que te vayas- lo abrazo cuando llega a mi lado, lo iba a extrañar como a mas nadie en el mundo. Él fue la única persona que quiso ser mi amigo y más nunca se separó de mi a pesar de las críticas de las personas.

Él es alto, de tez trigueña y con unos hermosos ojos color miel, sus facciones parecen talladas por el mismo miguel angeló, no miento.

- Te vamos a extrañar joven Joey- mi padre siempre lo llamo así y tal parece que a mi amigo no le molesta.

- Karl tiene razón Jojo- en cambio mi madre lo quería como el hijo barón que nunca tuvo.

- Yo también los extrañare mami Esme y papa Karl, siempre los llevare en mi corazón y si necesitan cualquier cosa china yo me encargo de mandárselas.

- Hola familia Bundy- los padres de Joey se unen a nosotros con una gran sonrisa. - queríamos invitarlos a una cena por conmemoración para nuestros hijos.

- Claro que estaremos presentes- les responde mi padre.

- Qué tal si posan para tomarles una foto- dice la madre de Joey emocionado.

Digamos que no soy muy buena posando ante cámaras, siempre que me piden que sonría lo único que sales es una mueca que da miedo y estoy tan segura de cómo me llamo Rachel de que mi madre me pedirá que sonría para la foto.

- Sonríe Rachel- dicho y hecho. Intento sonreír, pero estoy segura de que aquella mueca fue espantosa.

- ¡Quedo hermosa! - la euforia de la madre de mi amigo nos extraña. Ambos curiosos nos acercamos a ella para ver la foto, y aunque me cueste admitirlo si quedo hermosa la foto. Tal parece que mi mueca está teniendo cambios y convirtiéndose más a una sonrisa de persona normal.

Dos días después Joey Gregory partió del país dejándome completamente sola y sin compañía. Aquel día en la noche llore como una maría magdalena, aunque prometimos llamarnos todos los días, pero la diferencia de horarios nos jodería todo, o él se desvelaba para llamarme o yo lo hacía, pero las emociones no iban a ser las mismas como las que solemos tener cuando estamos cara a cara.

Por fortuna un conocido de mi padre estaba buscando a alguien para ser cajera en una ferretería y durante todo el verano me dedique sin parar ahorrar y tener dinero durante los primeros meses de haberme ido a la universidad. Mis padres insistieron varias veces para que cambiara de opinión y me quedara en la ciudad, pero yo estaba decida a buscar nuevas experiencias sin tener que explicarle nada a nadie, amo a mis padres, pero a veces es mejor dejar volar a los hijos.

Por mi cabeza solo pasaban escenarios en donde la pasaría bien, tendría muchos amigos y que saldríamos casi que todos los días, en la universidad los jóvenes son más maduros, se toman las cosas con seriedad y responsabilidad. Con cada cosa que pensaba una corriente agradable invadía todo mi cuerpo, no hallaba la hora de llegar a mi destino y empezar esta nueva etapa de mi vida llamada la adultez.

- Prométeme que nos llamaras todos los días- la voz de mi madre me saca de aquella ensoñación, la miro con dulzura al ver que sus ojos se llenan de lágrimas.

- Sin falta llamare todos los días para contarte como me fue en mi día y como van mis clases, pero ahora, limpiemos estas lagrimas porque me harás llorar también. – mi hermosa madre se limpia las lágrimas con un pañuelo que tenía en sus manos.

- Te deseo lo mejor hija- Karl Bundy suele ser un hombre duro, pero cuando su lado dulce sale a flote se me hincha el corazón de alegría.

- Gracias papa, sé que no era la carrera que querías que estudiara tu hija, pero también te doy las gracias por seguir apoyándome.

- Siempre lo hare hija.

Nos fundimos en un abrazo para luego separarnos por la llamada de mi vuelo, tomo mis maletas y comienzo a caminar lejos del nido, un par de lágrimas rodaron por mis mejillas al dejar a mis padres solos.

Ocupo el lugar que se me fue asignado y espero por la partida del avión, algunos a mi alrededor hablan con sus acompañantes, otros simplemente tienen audífonos puestos escuchando música, mientras yo estaba nerviosa por mi primer viaje sola. Pronto el piloto comenzó a dar las indicaciones, abrocho mi cinturón de seguridad y espero a que se proceda a despegar el avión.

Cierro los ojos al sentir como me hundo en asiento por la subida del avión hacia el cielo, al estar completamente nivelado abro mis ojos y miro por la ventana, podía verse toda la ciudad ya que las nubes no la tapaban. Me coloco mis audífonos y reproduzco algo de música para seguir observando el hermoso panorama que me estaba despachando, eran 12 horas de vuelo en las cuales debía distraerme con algo.

El mundo era tan hermoso que no sabemos apreciarlo, el ser humano esta tan empeñado en destruirlo que no vemos el valor que tiene para nuestra supervivencia en el mundo. Esta más que claro que no vivimos, sino que sobrevivimos ya que constantemente estamos expuestos a guerras militares, enfermedades mortales y el más inminente de todos, el cambio climático, el efecto invernadero nos está jodiendo tanto que mejor lo ignoramos. Ya podía sentir la brisa otoñal por el cambio de estación, las hojas estaban empezando a caer con ese característico color caoba que tanto me ha gustado.

A través de la ventana del taxi podía ver los grandes rascacielos que adornaban la hermosa ciudad de Nueva York. La jungla de concreto era aún más imponente en persona con sus grandes empresarios posesionados en la cima de su edificio. Las personas caminaban de un lado para el otro abrigado del frio que podía calar hasta los huesos.

El taxista me deja en frente del edificio en donde iba a instalarme, pago por el viaje el cual no fue nada barato y entro al lugar con mis maletas. Digamos que la facha del edificio no era la mejor de todas, pero según las imágenes que vi en internet los departamentos son muy bonitos y baratos.

- Bienvenidos al luxury ¿en qué podemos ayudar...la?- en el rostro de la mujer puede ver la sorpresa, su mirada se pasea por todo mi cuerpo con una mueca que no puedo descifrar.- discúlpeme señorita, pero los refugios están más al sur.

- Creo que está equivocada- respondo mientras acomodo mis gafas en su lugar. - yo aparte un departamento, soy Rachel Bundy.

- ¿Cómo el asesino?

- Si- respondo- como el asesino serial, pero cabe recalcar que no tenemos ningún parentesco.

- Está bien- la mujer deja de mirarme para teclear en su computador. – pues ya cancelaste tu primer mes- se levanta de donde estaba sentada y se acerca a un gran muro en donde se encuentran varia llaves- aquí está tu llave, si la pierdes debe pagar para que te den una de repuesto, tu piso es el número 6.

Asiento y me acerco al ascensor, por suerte del destino este se encontraba en primera planta y no tendrá que esperar a que baje por todos los pisos. Solo podía ver como los números cambiaban hasta llegar al número 6, como puedo saco mis maletas y busco el número de departamento, el cual según la llave es el 603. Suspiro al tenerla en frente.

- Este es el nuevo comienzo que tanto has esperado Rachel. - me digo en voz alta.

Introduzco la llave en la ranura y giro para luego abrir la puerta por completo, miro todo el lugar con una mueca, no era como lo habían pintado en su página de Facebook, podía sentirse el olor a humedad, pero no era tan nauseabundo, los muebles eran un poco pasados de época y eso que solamente lo estoy viendo desde afuera, lo único que me faltaría es que la cama se guarda dentro de una pared. Resignada y sin pedir el dinero de vuelta porque así lo dictaminaba el contrato de arriendo que había firmado hace dos semanas entro al lugar.

A veces creo que soy bruja, como lo había predicho con antelación la cama se guardaba en la pared y no parecía para nada cómoda. Maldigo por lo bajo y me pongo manos a la obra, desempaco toda mi ropa y la comienzo a guardar en un closet empotrado en la pared.

Pronto el jet lag hace su efecto, mi cuerpo se comienza a sentir cansado y el sueño comienza a invadirme por completo, bajo la cama de la pared y sin importar almohadas me recuesto para esperar a Morfeo.

Es hora de embarcarse en una nueva aventura...

Capítulo 2 2- Miradas sobre mi

Por la misma causa del jet lag vi el amanecer en la ciudad Nueva York, el panorama era increíblemente indescriptible y parecía sacado de una película. Lastimosamente pronto debía partir hacia la universidad, en mi horario enviado por correo electrónico aparecía que mi primera clase era a las 7:00am.

A falta de no tener comida en mi refrigerador de antaño salí más temprano de lo inusual para desayunar por el camino, traté lo más posible de conseguir un departamento cerca de la universidad, pero los arriendos eran carísimos y no podía permitirme despilfarrar dinero, este quedaba a 20 minutos en metro.

Me abrigo bien antes de salir y tener mi primera aventura en la jungla de concreto, me coloco mis audífonos y le doy reproducción a mis playlist el cual solo descargue para pasear por las hermosas calles neoyorquinas. La melodiosa voz de Frank Sinatra inunda mi conducto auditivo, la canción New York me hacía sentir dentro de la película de mi pobre angelito. Evitaba bailar como en una obra de broadway, así que muevo mis manos al ritmo de la canción

Por fortuna un Starbucks se encontraba abierto y un poco vacío, retiró mis audífonos para poder pedir mi orden.

- Buenos días, bienvenida a Starbucks ¿Qué desea? – un chico de por lo menos 20 años me atiende.

- Claro, me das un Croissant Jamón y Queso y un frappuccino mediano por favor. - el chico asiente y toma un vaso mediano junto con un marcador.

- Nombre- mira directamente a mis ojos. Aquella acción hace que baje la mirada y acomode mis lentes. Nunca había coqueteado con nadie, él no lo está haciendo, pero es inevitable no sentirme atraída por él, aquel chico era guapo. - ¿le sucede algo? - salgo de aquella ensoñación y le sonrió como disculpa.

- Lo siento, mi nombre es Rachel.

El chico asiente y yo me dirijo a unos de los asientos que dan hacia el ventanal en el cual puedo ver la calle y las personas caminar. Todos los que pasaban por allí iban vestidos de forma extravagante, todo lucía como en las pasarelas de la semana de la moda. Diría que mi estilo es parecido al de ellos, me coloque una falda que llegaba hasta mis talones y una camisa abotonada hasta el cuello, encima llevaba mi abrigo que al igual que mi falda llegaba hasta los talones, lo único desarreglado era la maraña que tengo por cabello.

- ¡Rachel! - me levanto emocionada por tener mi primer desayuno en esta hermosa ciudad.

Lo tomó y le agradezco por su servicio, vuelvo a mi lugar a disfrutar del manjar mientras sigo viendo a todos pasar, vuelvo a colocarme los audífonos para alejarme del bullicio matutino. El desayuno estaba para chuparse los dedos, quería pedir otro, pero ya era momento de partir hasta el subterráneo, hago todo el trámite para obtener mi tarjeta para los pasajes y lo recargo para todo el mes.

La estación estaba tan llena que no le cabía ni un alma, siempre he detestado la hora pico, en la cual todos salen a trabajar, todos querían subirse al metro para llegar a tiempo, pero algunos casi quedaban sin nariz cuando les cerraban las puertas en la cara, para mi fortunio el que yo debía tomar no había llegado, cada metro que llegaba más personas subían dejando la estación un poco más vacía.

Me emocioné cuando vi llegar el metro que me correspondía Don't Stop Believin de Journey comenzó a reproducirse, el día de hoy nadie me iba a parar y créanme, lo tengo por seguro. Me siento en el primer asiento que veo desocupado y espero a que se ponga en marcha el gran gusano de hierro. Cuando comenzó a moverse fue inevitable sonreír, iba rumbo a mi nueva aventura y aquello me emocionaba. Desde muy pequeña mi sueño era mudarme a esta gran ciudad y vivir todas aquellas escenas de Gossip Girl, sintiéndome como toda una Blair Waldorf, o encontrarme con un hombre rico como en mujer bonita, claro, sin dejar de lado mis estudios, aquello era completamente importante para mi vida.

El vehículo se detiene en la estación que me corresponde, salgo antes de que las puertas se cierren y me lleven a otro lugar, subo las escaleras de la estación corriendo para ver la luz del día, justo a mi diagonal se encontraba la universidad, tan imponente como ella misma, desde donde estoy se puede ver el hermoso campus que posee, con grandes espacios verdes, algunos estudiantes se encontraban en el suelo juntos con sus otros amigos. Emocionada camino hasta el lugar y de inmediato siento miradas sobre mí.

Como mecanismo de defensa bajo mi mirada hasta entrar en el hermoso edificio, dentro también tuvieron la misma reacción, algunos murmuraban cosas que no alcanza a captar, pero sabía que eran de burla, toda mi vida he pasado por este tipo de situaciones, yo no me molesto en responderle, eso sería rebajarme a su nivel, así que lo dejó pasar. Busco con mi mirada el bloque B, era el edificio de mi facultad y la mayoría de mis clases las daba en ese lugar. Tenía miedo de preguntar y qué hice conmigo la primiparada. Los más antiguos suelen darles direcciones incorrectas y yo no quería eso.

Pude visualizar a lo lejos el bloque, sonrió como una tonta, está a punto de seguir mi camino, pero alguien choca conmigo enviándome directo al piso.

- Mira por donde veas cuatro ojos- era un chico el que había chocado conmigo, aun no le veía con claridad gracias a que mis gafas se habían caído, tanteo el piso con mis manos y solo rezo porque no estén partidas.

- Lo siento no me fije- murmuró mientras sigo tanteando para encontrar mis gafas.

- Pues fíjate que no te perdono, acabas de tirar en mi suéter de mil dólares un maldito late.- ¿escuche bien? Vaya, ahora soy ciega y sorda. Mil dólares por un suéter era una exageración abismal. Logró encontrar mis gafas y las llevo a mis ojos.

Vaya, había un chico viéndome desde arriba con enojo, pero eso no era lo único, aquel chico tenía una belleza exótica, su tez era blanca con unos ojos color azul hipnóticos y la boca rosadita, sus facciones lucían duras, su mandíbula era marcada y ni hablar de su cuerpo, el chico tenía unos músculos de muerte, lo sabía porque el suéter quedaba apretado en sus brazos.

- Deberías buscar un balde para la baba que te está cayendo- en el corredor las risas no tardaron en surgir, llevo mi mano derecha a mi boca para comprobar si lo que decía él era verdad y tenía razón, había abierto mi bocata mientras lo admiraba.

- ¿quién es? - una chica se posa a su lado, ella es castaña con ojos color miel, su cabellera bajaba por todos sus hombros hasta por debajo de sus pechos y su atuendo era igual a los que usaba Blair, lucía tan delicada que me producía ternura. - ¿acaso es sorda?

- Choco conmigo y creo que el mismo golpe la dejó en shock.

- Pues que se levante, causa espanto con esos harapos que lleva puestos.

- Por un momento creí que era un indigente- la pareja se ríe del comentario- mejor vamos a clase que llegaremos tarde.

Se dan la vuelta y me dejan allí tirada, con toda la vergüenza que cargo me levanto como puedo e ignoró la mirada de los demás, llegó al bloque con la mirada gacha, solo la levanto para buscar el número del salón, el edificio constaba de cinco pisos y por fortuna mi salón se encontraba en el primero y no tendría que subir por las tortuosas escaleras. Al entrar algunas miradas se posan sobre mí, las ignoró por completo y me voy hasta los últimos asientos del auditorio, más alumnos siguen llegando y tomando asiento en los puestos vacíos. Lo que había pasado hace algunos minutos no me quita la emoción del primer día de clase.

Veo entrar al profesor, lo sé porque trae un maletín en sus manos y va vestido con traje y además luce muy mayor, por lo menos unos 60 años.

- Buenos días primer semestre de literatura, me llamo Orlando Adams- deje de escuchar cuando el profesor dijo su nombre. El sujeto que estaba en frente del podio era nada más y nada menos que mi escritor favorito de ciencia ficción, tenía toda la saga de batalla intergaláctica y las películas habían sido completamente un éxito en taquilla siendo una de las películas más taquilleras del mundo. - no nos vamos a presentar, según la lista que me llego este semestre tiene 45 estudiantes, es un número bastante elevado, así que mejor nos vamos conociendo durante el resto del semestre.

Estaba completamente embelesada con cada palabra que salía de la boca de aquel famoso escritor, para mí era una hermosa melodía que no me cansaría de escuchar.

La clase se ve interrumpida por el chirrido de la puerta abriéndose, la luz de afuera se filtra por el oscuro salón ya que el profesor estaba proyectando diapositivas, no podía ver quien era la persona que estaba de pie por el resplandor aparte de que toda su vestimenta era toda negra.

- ¿enserio? - bufa el profesor. - es la segunda vez que pierde esta materia tan simple, ¿no ha contemplado retirarse?

- Para su mala suerte no señor salomón- salomón era uno de los protagonistas de las historias del profesor Adams- solo me pregunto ¿por qué es profesor de universidad teniendo millones en el banco?

- Para formar escritores con carácter y no uno que falta durante muchos días del semestre y solo viene a sabotear mis ponencias.

- Ya nos estamos entendiendo- el chico pasa cerrando la puerta detrás de él, sube por las escaleras del auditorio hasta llegar a la última fila la cual estaba un poco solitaria, me hago a un lado para que el pase y pueda sentarse en cualquier silla del lugar. Pero no, justo se sienta a mi lado, aquel chico olía existir, no sabía el nombre de aquella loción, pero definitivamente se volvió mi favorito para los hombres.

Ya han pasado alrededor de dos horas de clase, el profesor ha dado por terminado el tema del día de hoy y me encuentro completamente satisfecha, Orlando Adams sabía tanto del tema que no hablaba con aires de superioridad sino con ternura y paciencia. Las luces del lugar se encienden cegándonos a todos los presentes, meto mis dedos entre los lentes para restregar mis ojos ante el impacto de la luz.

- Qué demonios- escucho susurrar al chico de mi lado, volteo a mirarlo y este me mira con el ceño fruncido. - ¿de dónde sacaste esa ropa? ¿de algún albergue? - ignoro sus palabras y me levanto de mi lugar para salir del auditorio como los demás. - es de mala educación ignorar a las personas fea. - puedo sentir sus pasos detrás de mí.

Sé que he visto esta situación antes y no me acuerdo de que pelicula era.

- Yo solo le contesto a personas educadas- respondo lo más serena posible.

- Solo te hice una simple pregunta, más nada, solo para ir y quemar el lugar donde compraste esos trapos. - ríe ante su propio comentario.

- Que gracioso resultaste ser- digo con sarcasmo.

- Lo se suelo dar mucha risa. - volteo a verlo y lo analizo con detenimiento, su piel lucía bronceada ya que sus mejillas lucían rojas, sus ojos eran un zafiro, el azul de sus ojos era más intenso que el del anterior chico con el cual tropecé, sus facciones también eran duras y diría que los dos eran hermanos. - deberías dejar de mirarme de aquella forma, sé que soy muy atractivo, pero tú no eres el tipo de chica que busco

- ¡Oh por Dios! - colocó los ojos en blanco. - Un hombre prepotente es lo que menos necesito en mi vida.

- Tú te pierdes el derecho de tener un amor platónico de un hombre como yo, hasta luego feita- el chico me rebasa y sale del salón dejándome de pie a mitad del auditorio.

Salgo del auditorio sin saber qué hacer, tomo mi teléfono el cual lo guarde dentro del bolso cuando comenzó la clase, busco mi horario para ver qué clase seguía, pero resulta que esa era la única, eran las 9:30 am, y no tenía absolutamente nada que hacer, sin más remedio tomó la ruta que va directamente a la salida de la universidad.

- ¡Cuidado! - escucho detrás de mí, no me dio tiempo de reaccionar cuando fui lanzada por segunda vez en el día al piso.

- Pero qué diablos les pasa a todos en esta universidad- murmuró tocando mi cabeza la cual había golpeado contra el piso.

- Oh Dios mío, lo siento mucho, no era mi intención chocar contigo, solo perdí el control de esta máquina. - era una chica la que había chocado conmigo.

- Tranquila, no eres la única que se ha tomado por gusto lanzarme al suelo- me levanto como puedo para luego extender mi mano y ayudarla a ella, no iba hacer como el sujeto de esta mañana.

- No sé qué me pasa a este maldito cacharro- la chica golpea una de esas patinetas eléctricas. – la chica me mira de arriba abajo y me preparo para su pregunta. - hola, me llamo Aiko Akiyama, soy estudiante de ingeniería mecatrónica ¿tú cómo te llamas? - no falta explicar que la chica era asiática, pero no sé si de Japón, China o las dos coreas.

- Mucho gusto, me llamo Rachel Bundy.

- Vaya, como el asesino serial, yo utilizaría tu apellido para atemorizar a todos.

- Debería hacerlo, así nadie se metería conmigo por miedo a que los asesine a sangre fría.

- Es un negocio muy rentable. - ambas nos reímos del comentario- Rachel yo voy de salida junto con otras amigas, ¿quieres ir con nosotras o tienes otra clase?

- Me encantaría, yo también termine clase.

- Fantástico, vamos, te presentare a las chicas- Aiko se engancha en mi brazo y comienza a hablarme de algunas chicas del grupo. En total son 4 contando con la chica que choco conmigo, Aiko y una chica llamada Millie son las únicas que estudian ingeniería, otra chica llamada Alexandra estudia diseño de modas y por último Eva que estudia derecho.

- ¡Por fin apareció la reina de roma! - sabía sus nombres, pero no las identificaba por rostros. - y viene con un forastero.

- No sean mal educadas chicas, sus papis no les enseñaron esos modales- le responde Aiko. - ella es Rachel... adivinen su apellido, es de alguien muy conocido en los años 70.

- De niro- Aiko niega con su cabeza.

- Streep- vuelve a negra.

- Stallone- niega.

- Travolta

- Ninguna se acercó, les hace falta cultura general- Aiko pasa sus brazos por encima de mis hombros, no había notado que éramos de la misma estatura- es Bundy, como el famoso asesino serial.

- Hubieras especificado que le gustaba violar mujeres y asesinarlas.

- Ya no importa, chicas les vuelvo a presentar a Rachel Bundy, Rachel las chicas.

- Hola Rachel me llamo Eva Méndez- Eva extiende su mano y yo la tomo con una sonrisa.

- Yo soy Millie Miller, alias M&M- rio ante su comentario.

- Y yo soy Alexandra Maverick.

- Le dije a Rachel que podía venir con nosotras al lugar.

- No hay ningún problema- responde Eva.

Y así lo hicimos, resulta que Millie tenía un auto, y no era un simple auto, era un hermoso Bentley blanco, en el estacionamiento había autos de todas las marcas, pero el que más me gustó fue el de la chica. Durante todo el viaje colocaron un millar de canciones, fue inevitable no cantarlas durante todo el camino. No sabía en donde estábamos, me preocupe cuando nos detuvimos en un edificio viejo, tenía muy mala pinta y sacada de una película de terror.

- Quita esa expresión Rachel, te encantará cuando lo veas por dentro. - dice Aiko a mi lado.

Salimos del auto y caminamos hasta el edificio.

- Mi padre compró este edificio hace cinco años, sé que luce como una bodega en donde venden drogas, pero es nuestro cuartel de reuniones, aquí venimos y pasamos el tiempo cuando estamos aburridas, o chismosear como siempre- me cuenta Millie, tal parece que ella es la millonaria del grupo. Nos desviamos y entramos por un callejón, la chica abre la puerta del lugar dejándonos pasar.

- Wow- es lo único que sale de mis labios, el lugar era completamente increíble, las paredes estaban pintadas de varios colores, había muebles de todos los tamaños y varios puff que siempre he querido tener, había un proyector que daba hacia un gran telón blanco y ni hablar de la mini cocina.

- Te lo dije, nunca juzgues a un libro por su portada.

Aquella tarde la había sido la mejor de mi vida, por fin conocía a más personas y era lo que más quería, no solamente quería contarle mis preocupaciones a Joey, también necesitaba un punto de vista femenino, sin contar el de mi madre, ella siempre lo haría como de madre e hija y no como de amiga a amiga.

Llego a mi departamento dando las 6:00pm y había olvidado por completo hacer el mercado del mes, y debía hacerlo porque no iba ir a comer todos los días en Starbucks, así que deje mi mochila en el departamento y solo lleve conmigo la cartera y el teléfono. Salgo nuevamente a las calles, la noche estaba fría y era imposible no encogerse de hombros al sentir el frío, justo en frente de mi edificio se encontraba aún tiendecilla, cruzó la calle y entró en el local. Saludo al tendero con una sonrisa y este me la devuelve, al lado del cajero había canasta en donde puedes colocar las cosas para no tener todo en las manos.

Tomo lo que es esencial para mí, cereal y un bidón de leche, luego me fui por los cárnicos y luego por los granos para terminar con frutas y verduras, para mi higiene no pudieron faltar las toallas sanitarias, pasta de dientes y jabones corporales. Al tener todo listo me acerco a la caja y dejó que el señor pase todo. Pago cuando ya todo está empacado y salgo del lugar directo a rellenar la nevera.

Mi teléfono comienza a sonar de inmediato se quién es porque tiene un ritmo personalizado.

- ¡Por fin te acuerdas de mí! - digo cuando respondo la video llamada.

- Es temprano por la mañana querida Rachel, en unas horas tendré clases de mandarín.

- ¿has avanzado? - ubico el teléfono de una forma en la cual pueda verme mientras guardo todo en la nevera.

- Lo más básico, lo más probable es que para el otro año comience a estudiar en la universidad.

- Esas son buenas noticias, yo también tengo que contarte algo.

- ¡Uh! Ya quiero saber cómo te fue hoy.

- Conocí a un grupo de chicas que estoy segura de que te gustaría conocerlas, son todas una cerebritos y millonarias.

- Buena elección de amigas Rachel, solo espero que te hayan tratado bien y no con burlas.

- Te aseguro que me trataron bien.

- ¿algún chico? -

- Claro que no, aparte de que es el primer día de clase, no voy a estar buscando novio de inmediato, ¿por quién me tomas Gregory?

- No sé, de pronto te flechaste a primera vista y él también y se hicieron novios para vivir el resto de sus vidas felices.

- Estas equivocado querido amigo- no iba a contarle lo que había pasado con aquellos dos chicos con los cuales me tope, será para que Joey tome un vuelo de china a Nueva York y patearles el trasero.

Seguimos hablando durante hasta que llegó la hora de las clases de mandarín. El Jet lag comienza hacer efecto en mí, pensaba que mi cuerpo había superado aquello, pero veo que no, antes de irme a dormir tomó una ducha para dormir más relajada y así fue, al momento de colocar mi cabeza en la almohada no tardé en caer dormida.

Capítulo 3 3 - ¿Pierre

- Hola mama lamento no haberte llamado antes- estaba tan emocionada con todo este nuevo comienzo que me había olvidado por completo d marcarle a mi madre, obviamente al contestarme me regaño por haberla tenido preocupada por un día completo- he estado ocupada con las clases y re acomodar el departamento que me había olvidado por completo de mi teléfono.

- Te perdono solo por esta vez, pero la próxima que me dejes en vela por no recibir una llamada tuya volare hasta Nueva York y te daré un buen jalón de oreja.

- Tranquila mama, no lo olvidaré mas- le respondo- ¿Cómo esta papa?

- Está trabajando, ya sabes, para mandarte un poco de dinero el otro mes.

- Mama, sé que ustedes no quieren que yo trabaje mientras esté estudiando, pero va a ser necesario que lo haga, puedo conseguir un trabajo de medio tiempo y pode ayudarlo con los gastos.

- Tu padre fue claro Rachel, tu solo encárgate de estudiar y todo estará bien.

- Está bien mama, ya es momento de que cuelgue, estoy llegando a la universidad. - sí, me encontraba en subterráneo con mi teléfono en la mano sin miedo a que me robaran, no iba a ignorar la llamada de mi madre, y como ella lo dijo ahora mismo estaría volando a Nueva York.

- Que Dios te bendiga hija, cuando llegue a tu departamento me llamas para saber cómo llegaste.

- Hasta luego mama- cuelgo la llamada y de inmediato las puertas del vehículo se abren, salgo directo a las escaleras del Subway.

Camino por los pasillos de la universidad buscando el salón que me correspondía, al igual que el día de ayer todos me miraban y murmuraban cosas, hoy me había decido por un atuendo más sobrio, un Jean que era dos tallas más grandes que la mía dejándome la libertad de caminar con comodidad, no podían faltar mis camisas, hoy opte por una blanca que al igual que el pantalón me quedaba ancha, en mis pies llevaba unas converse desgastadas y el mismo abrigo de ayer, hoy mi cabello si estaba desenredado y un poco húmedo porque decidí lavarlo por la mañana. Yo me sentía absolutamente cómoda con mi forma de vestir y mis padres nunca me obligaron a cambiarlo, sé que ellos respetan mis opiniones y mi actuar ya que nunca les he fallado como hija.

Entro en al auditorio y esta vez me siento en unos de los puestos de adelante, el recinto lugar solo tenía tres personas contándome, me coloco los audífonos y espero por la llegada del profesor. Los minutos pasaron y poco a poco el lugar se fue llenando, las mismas caras de ayer entraban mientras le comentaban algo a sus compañeros, mientras yo, era aquella chica solitaria que nunca logro hacer amigos en el curso.

Apenas esta primera clase termino, tuvimos que buscar otro salón en donde ese daría la segunda clase del día, el reloj marcaba las 10:00am, eso quiere decir que después de esta hora estaré completamente libre, y dispuesta a buscar un empleo para ayudar a mis papas con mis gastos. Ellos no deben porque saber que estoy trabajando, igual es algo que me beneficia a mí, porque así no tendré que estar pidiéndoles dinero para cosas que quiero comprar. Mis padres siempre han sabido que soy así, cuando era más pequeña le pedía a mi madre que prepara galletas para yo poder venderlas en la escuela, aquel negocio fue un rotundo éxito, los profesores me pedían galletas para sus hijos, en el recreo los niños me compraban galletas para y me resulto muy rentable hasta que entramos en secundaria, allí mi método fue diferente, aproveche el potencial que tenía para escribir, y comencé a producir ensayos, también hacia todo tipo de tareas pero lo mío siempre fue escribir. Hasta que mis padres se dieron cuenta de lo que hacía y me prohibieron hacer eso y ese fue el fin de mi negocio rentable, estoy segura de que muchos me odiaron después de eso.

- Es la segunda vez que te veo en la semana y tu vestimenta de hoy está un poco más aceptable que la de ayer- era el chico que se había sentado a mi lado ayer, hoy su vestimenta no era para nada gótica, tenía una camisa blanca como la mía y un pantalón junto con unos caquis negros, no lucia para nada mal si les soy sincera. - deja de mírame así feíta y acomoda tus lentes que están a nada de caerse.

Hago lo que él dice, muchas veces he pensado en colocarme lentes de contacto, pero les tengo un pavor, por temor a que se me queden detrás del ojo, también pensé en la cirugía, pero ¿y si quedo ciega? Mejor opto por mis gafas y no me molesta estar acomodándolas constantemente.

- Mi día se acaba de dañar por completo- le digo, el chico rompe en carcajadas ante mi comentario.

- En cambio, yo me alegro de verte, haces mis días más amaneo cuando te veo vestida como un payaso.

- A lo largo de mi vida he aprendido a ignorar a personas como tú, que se creen superiores solo porque tienen un rostro bonito, pero por dentro tienen el alma podrida.

- Lo siento me dormí a la mitad de tu discurso de superación personal. - bosteza como si se hubiera quedado dormido.

- Contigo no se puede hablar- bufo. - por personas como tu es que esta sociedad no progresa.

- No me interesa lo que digas, esa es mi forma de ser y no la cambiare nunca.

- Gracias por dejarlo claro, aunque tampoco me interesaba saberlo.

- ¡Dalton! – ambos subimos la mirada para ver quien lo llamaba. Era aquel chico con el que me choque ayer en los pasillos. - ¡No sabía que ahora te juntabas con vagabundos! - bajo la mirada de inmediato

- Es un programa de caridad que me encuentro haciendo- responde entre risas.

Me alejo de él dejándolo completamente solo.

No sabía porque as personas eran así conmigo, si me conocieran como lo hizo Joey se darían cuenta que soy una gran persona, que soy chistosa, amable, incluso hasta un poco fiestera, pero nadie me da la oportunidad de demostrárselo y debo vivir con esa visión que tienen.

Entro al salón en el que tenía clase, quería salir lo antes posible de este lugar que cada vez me decepciona más. Esta vez me siento en uno de los asientos de adelante para estar más atenta al profesor y no perderme ningún detalle de lo que mostrara en la presentación y de lo que decía.

- Sabes que no era necesario que te enojaras- coloco los ojos en blanco cuando lo escucho, el tal Dalton caminaba con elegancia hasta donde yo me encontraba.

- Si sigues siguiéndome creeré que me estas acosándonos- respondo.

- Ya quisieras tú, pero para tu suerte también estaremos juntos en esta materia- se sienta a mi lado.

- Sabes- me remuevo en la silla para mirarlo frente a frente. - el auditorio es bastante grande en donde te puedes sentar en cualquier lugar.

- Lo sé, y escojo sentarme a tu lado- sonríe- el profesor que dicta esta materia le gusta que sus alumnos trabajen en parejas, tú serás la mía.

- Pues yo no quiero ser tu pareja, hay más de 40 estudiantes de donde escoger.

- y ¿con cuántas hablas? A parte de mi claro.

- Es el segundo día del semestre, todos apenas se están conociendo.

- Te aseguro que desde las inducciones que impartió la universidad los grupos de amigos están formados y tu...pues no te veo con nadie más.

- Yo no vine a las inducciones- respondo. Si lo que él dice es real lo más probable es que pase un semestre o el resto de mi carrera universitaria sola.

- Ese fue tu primer error, pero aquí estoy yo para salvarte de la miseria.

- Tú no estás en nuestro semestre, solo eres un repitente de materias.

- Tienes razón, pero este repitente tiene una buena reputación y te puede ayudar a formar un círculo social.

- No te necesito Dalton- no quería volver a repetir lo que sucedió en la escuela, muchas chicas se acercaban a mí con el fin llegar a Joey, era simplemente un objeto del que después desechan como si nada hubiera sucedido.

- Esta bien- levanta sus manos al aire- no insistiré más, pero déjame decirte que mi propuesta seguirá en pie.

El profesor entra con imponencia al auditorio, donde antes había un bullicio todo quedo en silencio al verlo de pie frente del podio en donde miraba todo el lugar como si estuviera escaneando los rostros de cada quien, hasta detenerse en Dalton, el chico levanta una de sus cejas cuando profesor no deja de verlo. Definitivo era un petulante de primera mano.

- Me llamo James Smith y seré su profesor de literatura clásica 1 y en total son 4, eso quiere decir que si llegan a pasar esta materia nos seguiremos viendo 4 semestres más, será normal que les caiga mal, tengo ese efecto en las demás personas y déjenme decirles que me da absolutamente igual.

Segundo día de semestre y ya sé quién es el profesor que se hace tomar fastidio, pero a decir verdad el lucia bastante joven, le colocaba unos 30 años, era alto y diría que medía 1.90, era guapo con un perfil bastante simétrico sin rozar lo perfecto, no alcanzaba a divisar el color de sus ojos, pero parecían ser café y ni hablar del porte de elegancia que maneja el profesor James.

- Estas babeando- escucho como susurran a mi lado- deja de hacerlo o inundadas el auditorio.

Llevo mi mano a la boca para evitar que Dalton me siguiera viendo, pero cuando la coloque sentí algo húmedo, lo que decía el maldito era real, estaba babeando por el profesor James.

- Deja de ver cada error que cometo- Susurro mientras retiro la mano de mi boca.

- Es inevitable, eres un desastre andante.

- No me interesa, solamente déjame en pa...

- Señor Pierre y compañía ¿tienen algo que aportar?

¿Quién era Pierre? y porque el profesor le llamaba la atención, volteo con cautela para ver quién era el sujeto, pero todos miraban en nuestra dirección- también es con usted señorita...

- Bundy- respondo con timidez, aquel hombre emanaba terror.

- Señorita Bundy, ¿tiene algún aporte para la clase?

- No era mi intensión interrumpir su discurso.

- Es que nunca es la intensión de nadie hacer nada, pero aquí estamos hablando de su interrupción.

- Le prometo que no volverá a suceder de nuevo.

- Claro- responde sarcástico- siguiendo con lo que les estaba diciendo antes de la interrupción de la señorita Bundy es que estos son los porcentajes con lo que los evaluare. - Dejo de escuchar al profesor para mirar enojada a Dalton Pierre, por su culpa me habían regañado delante todo el auditorio y ahora el profesor me odiaba con todo su ser.

Puede que exagere, pero es así como se siente.

La clase se da por finalizada, el día de hoy solo se dedicó a darnos una introducción al contenido de las unidades que veremos durante cinco meses.

Salgo disparada como una bala fuera del auditorio, no quería ver a Dalton ni en pintura. Coloco mis audífonos y le doy reproducir a mis canciones, iba rumbo a la salida de las grandes instalaciones cuando tocan mi hombro, me doy la vuelta para encontrarme con Millie.

Ella era una chica baja, de cabellera larga y de tez trigueña, sus ojos eran grandes y mieles que la hacían lucir adorable, pero lo que más llama la atención de ella es su hermoso acento británico, podía escucharla hablar durante horas solo por su acento.

- ¡Hola Rachel! Te estábamos gritando desde lejos hasta que notamos que tenías los audífonos puesto y pues como no teníamos tu numero corrí hasta aquí- habla tan rápido que no alcance a comprender lo que me quiso decir.

- Tranquila Millie, respira que estas un poco agitada.

- Con esta maratón me di cuenta que debo comenzar hacer ejercicio.

Rio ante su comentario, no la conozco muy bien, pero a simple vista ella no necesita hacer ejercicio porque tiene un cuerpo de muerte.

- Las chicas y yo queremos que te nos unas a nosotras para ir a tomar un café ¿Quieres?

Ellas eran las únicas que se me habían acercado a mi sin tener ningún propósito en manos, o eso creo yo.

- Me encantaría- una sonrisa ilumina su rostro ante mi respuesta.

- Entonces vamos, las chicas nos esperan en el estacionamiento- Millie me lleva casi que arrastras por toda la universidad, no muy lejos pude divisar a las chicas hablando acerca de algo.

Aiko nos ve y agita sus manos al aire para saludarme.

- Caminas muy rápido mujer- dice la asiática.

- Lo siento estaba ansiosa por alejarme de uno de mis compañeros de clase.

- ¿Te está acosando? -esta vez habla Eva, ella era la más alta de nosotras, sus piernas largas eran hermosas y eran dignas de una portada de revista, Eva es blanca, muy blanca con ojos color aceituna y una hermosa cabellera ondulada rojiza. Toda una belleza exótica, lucia como la princesa Mérida de Valiente.

- Diría que sí, él no está en nuestro semestre, es repitente de dos materias, pero cada vez que me ve se ríe de mi vestimenta.

- ¿Cómo se llama? - la que pregunta esta vez es Alexandra, ella luce muy... gótica, las dos veces que la he visto su ropa siempre es negra, y de compañía su cabellera igual de negra, su tez también era blanca pero no tanto como la de Eva y sus ojos eran café oscuro.

- Dalton Pierre.

- Claro que debía ser el-Bufa Millie.- Dalton es un abusivo junto con su grupito de mami y papi.

- Es cierto- dice Eva-absolutamente todas hemos recibido críticas de su parte y la de sus amigos de pacotilla.

- Y según ellos nosotras somos el cuartel de las renegadas adineradas. - informa Aiko- Lo peor de todo es que mi padre es socio del padre de Dalton y siempre lo tengo que ver en los eventos sociales.

- No te quejes, la única que se salva de no verlo en los eventos es Rachel ya que es nueva-le dice Alexandra.

- Pues yo ya estoy harta de verlo en clases.

- Creo ya me rasque el odio lo suficiente- las 5 nos asustamos al ver a Dalton.

- ¡¿Eres acaso un maldito ninja?! - pregunta Aiko llevándose las manos a su pecho- perdí 10 años de mi vida en menos de un segundo.

- Pero miren nada mas- a nuestra derecha viene el chico de ayer junto con dos chicos más. -el Cuartel de las renegadas y su nueva integrante.

- ¿No tienen nada mejor que hacer? - les pregunta Millie enojada.

- Para tu suerte y para descansar nuestros ojos de tanta fealdad ya nos vamos.

- La de mora los perjudica hermanito- Abro los ojos sorprendida al escuchar aquella confesión por parte de Millie.

- Tu y yo no somos hermanos, el hecho de que mi padre se haya casado con tu madre no quiere decir que tengo que tolerarte.

- ¿Entonces qué haces aquí? - casi me rio a carcajadas ante aquella derrota, pero tape mi boca a tiempo para no explotar

- Lo dejaste tendido en la lona, ya no lo golpees más, tu eres la ganadora-Eva abraza a su amiga como si eso evitara una pelea.

- No quiero seguir perdiendo mi tiempo, tenemos muchas cosas que hacer para la fiesta de viernes, ahora, si ustedes me dan permiso yo puedo sacar mi auto del estacionamiento. - Dalton se notaba un poco cabreado.

Las cinco nos hacemos a un lado y dejamos que Dalton saque su hermoso auto del estacionamiento, no sabía que marca era, pero lucia bastante lujoso. Sus tres amigos suben al auto dejándonos completamente solas.

- No sabía que él era tu hermano, me tropecé con el ayer y terminé en el suelo mientras él estaba enojado por haberle tirado café en su suéter de mil dólares.

- Justin McGregor es un estirado de la clase alta, y no es mi hermano, es mi hermanastro.

- Mejor dejemos de hablar de ellos y vayamos a Starbucks por café- interviene Eva.

- Eva tiene razón, ahora suban al auto. - nos subimos al auto de Millie y emprendemos el viaje hacia la cafetería.

- Dinos Rachel ¿de qué parte del mundo vienes? Se nota que no eres estadounidense- pregunta Aiko desde el asiento del copiloto.

- Soy de Colombia- trato de vocalizar bien el nombre del país, ya que muchas veces tienden a confundirla con Columbia.

- ¿Por qué lo dijiste de esa manera? - pregunta Eva, la chica tenía en ceño fruncido.

- Muchas veces tienden a confundir Colombia con Columbia.

- Tiene razón, suenan muy parecido y cualquiera puede confundirse- dice Millie mientras gira por una calle.

- ¿Qué opinaron tus padres cuando les dijiste que te vendrías a NY? - ayer cuando vi a Alexandra se notaba muy silenciosa y calculadora, pero ahora estaba muy interesada por platicar.

- Nunca me visione estudiando en mi país, aunque hay universidades buenas, yo sentía que mi destino era estudiar otro país, cuando me gane la beca para estudiar en la universidad fue el día más feliz de mi vida, y cuando le conté a mis padres, al principio dudaron, pero al poco tiempo entendieron que era lo mejor para mí.

- Eso es genial, mis padres solo pagan el semestre y listo, no les interesa como voy o si perdí alguna materia- soltó Aiko, mientras se gira para veme.

- Aun no entiendo porque tus padres pasan todo el tiempo en el trabajo. - habla Eva haciendo movientes en sus manos- si son los multimillonarios más grandes de toda Nueva York- fue inevitable no abrir los ojos como un búho ante aquella confesión.

- Ya sabes cómo son los japoneses, la disciplina es una de sus leyes de vida, si algo sale mal sienten que perdieron todo el trabajado de su vida.

- Aquello no tiene coherencia si tienen para vivir esta vida y la otra- sigue comentando Eva.

- Pues son cuestiones de ellos, yo si gozare mi juventud y no matare mi cabeza en la empresa familiar.

- ¿Cuál es la empresa de tus padres? - la curiosidad mato al gato y realmente quiera saber cuál era la empresa.

- ¿Ubicas el Bitcoin?

- Santa madre de Dios- solo logro murmurar eso, estaba en frente de la hija de uno de los hombres más poderos del mundo y no lo podía creer.

- La misma reacción tuvieron ellas- señala a la chicas- nunca me ha gustado decir quien es mi padre porque siempre se acercan a mi porque creen que tendrán dinero virtual, las chicas se enteraron dos años después.

- Esperen- no tenía ni la más remota idea de cuantos años tenían- ¿Cuántos años tienen?

- Yo tengo 21- responde Millie.

- Yo igual- le sigue Aiko.

- Y nosotras dos- señala a Alexandra y luego a ella- tenemos 20, ¿tu cuantos tienes?

- Dios, soy la menor de todas- solté- tengo 18 pero dentro de tres meses cumplo los 19 años

- Llegamos.

El auto se detiene en frente de un lujoso Starbucks, descendemos del auto y entramos al local, en el lugar solo había gente ejecutiva, con sus trajes impecables sin ninguna arruga o mancha.

- ¡Chicas! – del otro lado del mostrador se encontraba un chico con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.

- Vamos Rachel- había quedado tan embelesada con el lugar que me quedo pegada al suelo, sus pisos se veían tan limpios que me dio miedo ensuciarlo.

- Es hermoso- susurro, mientras camino hasta donde se encontraban las chicas.

- Es uno de los Starbucks más lujosos de Nueva York- me informa Eva, tomando mi brazo para cruzarlo con el de ella- y él es Donovan, nuestro mejor amigo- dice cuando estamos en frente del chico.

- Hola, supongo que tú eres Rachel la nueva integrante del clan- su sonrisa no se había borrado por nada del mundo. - las chicas ya me dijeron que fuiste a la guarida.

- Sí, soy Rachel- respondo con amabilidad, el chico lucia muy tierno y no quería ser fría como un Iceberg

- Hasta ahora me entero de que en Starbucks atienden forasteros- coloco los ojos en blanco al reconocer aquella voz que ya me estaba comenzando a fastidiar, se nota que carece de modales cuando esta con otras personas.

Ni siquiera volteare a ver su estúpida cara porque también ya me estaba cansado de verla a cada lugar al cual voy.

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