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No nos separaremos nunca más

No nos separaremos nunca más

Autor: : Chase Kruegler
Género: Moderno
En su vida anterior, Maeve amaba incondicionalmente a un hombre indigno, pero desafortunadamente tuvo un final trágico al ahogarse en el mar. Accidentalmente, obtuvo la segunda oportunidad. Decidió vivir una vida completamente diferente, alegre y libre de todo compromiso. Resulta que la vil mujer que fue su rival amorosa en su vida anterior lanzó una canción con la esperanza de convertirse en una estrella del pop. Desafortunadamente para ella, su deseo nunca se hará realidad. Tan pronto como Maeve lanzó su primera canción, rápidamente ganó popularidad y encabezó regularmente las listas. Cada vez que la vil mujer parecía lastimera y fingía ser la víctima, Maeve le seguía el juego antes de abofetearla con una bofetada punzante. En definitiva, las habilidades y talentos de Maeve son incomparables. Aprendiendo de los errores cometidos en su vida anterior, poco a poco fue ascendiendo a la cima. Decidida y despiadada, reservó su ternura y su dulzura para el hombre que amaba... "¡Cariño, estoy lista! ¡Ven y únete conmigo!". Era seductora y atractiva. El hombre, incapaz de resistirse a su encanto, le susurró: "¡Será mejor que pidas permiso mañana, porque no podrás levantarte de la cama!".

Capítulo 1 La amarga verdad

"¡Vete al carajo, Grace!", gritó Maeve Wright, con las venas de la frente palpitándole de rabia.

Deseaba estrangular a la mujer que tenía delante y arrojarla a la condenación. Sin embargo, sus esfuerzos fueron inútiles, pues dos hombres fornidos ya la habían atado y la mantenían firmemente sujeta.

Grace Wright se echó el cabello hacia atrás con arrogancia y se cruzó de brazos. Con expresión desdeñosa, espetó: "Grita todo lo que quieras, zorra. Nadie vendrá a rescatarte. ¿Por qué? Porque la única persona que te quería está muerta, ¡y todo por tu culpa!".

Estas palabras atravesaron el corazón de Maeve, que sintió la punzada como si le hubieran clavado mil cuchillos en el pecho.

Tiempo atrás, había sido obligada a casarse con Dominic Mason por el bien de su familia. Ya que no lo amaba, no podía soportar la idea de que la tocara o estuviera cerca de ella, por lo que hizo todo lo posible para hacerle daño.

Cuando él murió intentando salvarla de una casa en llamas, ella creyó que se merecía su destino.

Pero, todo cambió en aquel momento. Ahora, Maeve por fin se daba cuenta de que Dominic, quien siempre parecía frío y despiadado, había estado enamorado de ella.

El arrepentimiento la consumía por dentro. Lamentó las terribles acciones que había tomado y su incapacidad para ver la bondad de Dominic.

"¡Imposible! ¡No puede estar muerto!", respondió Maeve aferrándose a la esperanza, a pesar de haber visto cómo él se lanzaba al fuego con sus propios ojos.

Estaba convencida de que había escapado de forma milagrosa y que llegaría a tiempo para salvarla una vez más.

"¿Dominic es tu Superman? ¿De verdad piensas que sobrevivió después de meterse en semejante incendio?".

Los ojos de Grace se entrecerraron y una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro. "Bueno, odio decírtelo, pero él logró sobrevivir al incendio. Cuando lo sacaron de la casa, tenía todo el cuerpo quemado y su vida colgaba de un hilo. Quizás te interese saber que aún en ese estado, estaba preocupado por ti. Es una pena que el hombre más guapo de Morhurst se rebajara por una mujer que nunca lo amó".

Los ojos de Maeve se abrieron de par en par, horrorizados. En su mente, vio las llamas devorando a Dominic, desfigurando su hermoso rostro y quemándole la piel. ¿Y todo para qué? ¡Solo para salvarla!

Sintió un dolor en el corazón como nunca antes.

De poder volver atrás en el tiempo, se disculparía con él. Ni siquiera le importaría que él fuera uno de los mejores criminales del mundo.

"De todos modos, ahora se ha ido. ¿Pero sabes qué? No fueron solamente las quemaduras de cuarto grado las que mataron a Dominic, ¡fuiste tú!".

"¡No puede ser! ¡Es imposible!". Maeve sacudió la cabeza repetidas veces. "Dominic no puede estar muerto. ¡Sigue vivo! ¡Tiene que estarlo!".

Grace se echó a reír y señaló a Maeve como si fuera la mayor idiota que hubiera visto hasta entonces.

"Dominic tiene un tipo de sangre muy raro con el rasgo Rh negativo. Vació su propio banco de sangre para salvarte".

"¿No me crees? Piénsalo. ¿Cómo consideras que pudiste sobrevivir a ese accidente?".

En efecto, la verdad era amarga.

Maeve se quedó atónita ante tal revelación. Ella también tenía el rasgo sanguíneo Rh negativo.

Recordó haber necesitado sangre con urgencia tras un reciente accidente automovilístico. El doctor se había quejado de que en el almacén no había sangre compatible con la suya. No obstante, extrañamente, poco tiempo después recibió una transfusión.

Hasta ese momento Maeve no se percató de lo que había sucedido: Dominic le dio acceso al médico a su propio banco de sangre.

"Así que, como ves, Dominic está muerto", continuó burlándose Grace, haciendo que la otra casi enloqueciera. Sus rodillas se debilitaron, y se habría caído si no fuera por los hombres que la sujetaban.

"¡Y ahora te toca a ti! Cuando te vayas, heredaré todo lo que le pertenece a Dominic y me convertiré en la persona más respetada de Morhurst. La gente se inclinará ante mí, ¡y solo ante mí!". Maeve se encontraba tan herida y desesperada que no prestó atención a las palabras de Grace.

Los recuerdos de todo lo que Dominic hizo por ella inundaron su mente. A pesar de ser frío por naturaleza y tener dificultades para expresarse, le había demostrado su cariño a través de incontables acciones llenas de amabilidad. Por desgracia, ella estaba demasiado enamorada de otra persona como para darse cuenta. Había estado tan ciega que pagó su gentileza con hostilidad.

Ahora se daba cuenta de lo tonta que había sido. La única persona que la amaba de verdad estuvo a su lado todo el tiempo, pero ella se dedicó a perseguir a un desgraciado igual que Grace.

Maeve estaba destrozada. Se arrepentía de todo. De ser posible, renunciaría a su propia vida con tal de traer de vuelta a Dominic. ¡No merecía morir!

Capítulo 2 Un renacimiento

"¡Ya es hora!", exclamó Grace, echando un vistazo a su reloj, antes de hacer una señal a los dos fornidos hombres. "¡Desháganse de ella!".

"¡Sí, señorita Wright!". Los dos hombres agarraron a Maeve por los brazos y la arrastraron a la fuerza hacia la orilla del mar.

"¡Un momento!", gritó Grace de pronto, justo cuando estaban a punto de arrojar a Maeve al mar. Se acercó con una sonrisa maliciosa. "Hay algo que debes saber, ya que vas a morir de todos modos. Ese accidente no fue casualidad. Fue un plan diseñado cuidadosamente para deshacernos de Dominic de una vez por todas".

"¡Perra! ¡¿Cómo pudiste?!".

La chica finalmente perdió el control, pataleando y luchando por alcanzar a Grace.

Le quedó claro que Dominic había sido asesinado por ellos. Sabían del profundo amor que Dominic sentía por Maeve, de modo que provocaron el accidente para que agotara las reservas de su banco de sangre al salvarla. Su intención desde el principio fue dejarlo sin nada para sobrevivir.

Inmediatamente después de la impactante revelación, Maeve fue arrojada al mar. El agua fría le atravesó el cuerpo como si fuera hielo, haciendo que se le estrechara la garganta y le ardieran los ojos. Sin embargo, no hizo ningún esfuerzo por luchar o resistirse.

En su corazón, juró ser buena con Dominic en su próxima vida. Le devolvería todo lo que hizo por ella en esta...

"¡Maeve, abre los ojos! ¿Otra vez te haces la muerta?".

No sabía cuánto tiempo tomaba, pero de repente, una voz familiar resonó en sus oídos. La joven abrió los ojos con lentitud, y lo primero que vio fue un atractivo rostro.

¡¿Dominic?!

"¿Es... esto es un sueño?".

Cerró los ojos y los volvió a abrir, creyendo que la ilusión desaparecería; pero el hombre continuaba mirándola. Incrédula, abrió la boca a la vez que alzaba las cejas.

Era un rostro de rasgos incomparables, en particular aquellos hermosos ojos azules... Existía una sola persona que los tuviera. ¿Este era realmente Dominic?

Su mente se quedó en blanco. Un segundo después, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

¡Parecía como si su último deseo se hubiera cumplido! Había renacido y ahora estaba de vuelta en su noche de bodas con Dominic. ¡¿Qué demonios?!

"¿Un sueño?". Dominic no pudo evitar resoplar con frialdad ante su actitud aturdida. "¿Intentas decir que estar conmigo es como una pesadilla?".

"¡No, ni mucho menos!". Maeve volvió enseguida a la realidad. Sintiendo tanto el dolor como la ira enmascarados en sus palabras, agitó la mano suavemente y explicó: "Tuve una pesadilla, así que cuando me desperté y te vi, me sentí aliviada de que hubiera terminado".

Frunciendo el ceño, la miró con desconfianza. Era consciente de que ella se había casado con él exclusivamente por el bienestar de su familia y para salvar la carrera fracasada del otro hombre.

"¡Basta de tonterías! No tienes que intentar complacerme, ¿de acuerdo?".

Dominic se levantó y se puso el abrigo para buscar otro lugar donde desahogarse.

El fuego bullía en su interior, de modo que temía perder el control y asustar aún más a su nueva esposa. Se preguntó si tanto el miedo como el odio de ella hacia él se multiplicarían al instante.

"¡No te vayas!". De pronto, Maeve rodeó la cintura de él por detrás, sorprendiéndose a sí misma cuando la mano le rozó los abdominales.

Una vez más, se arrepintió. ¿Cómo pudo ser tan ciega para elegir a aquel desgraciado en vez de a alguien tan perfecto como Dominic? ¿Acaso usó una poción de amor con ella?

En cuanto el hombre sintió la calidez y suavidad del pecho de la chica contra su espalda, su corazón se estremeció. Por un momento, consideró que podía ser sincera. No obstante, enseguida dedujo que ella lo hacía solo por miedo a que él desatara su ira contra otra persona.

"¿No escuchaste lo que acabo de decir? ¡No tienes que complacerme!". Dominic trató de retirarle las manos, pero ella se aferró con más fuerza y presionó aún más el pecho contra su espalda. El joven tragó con fuerza mientras su corazón se aceleraba.

"Estás jugando con fuego, lo sabes, ¿verdad?".

En un instante, Dominic se dio la vuelta, con los ojos llenos de deseo. Su nuez de Adán se balanceó cuando Maeve levantó la cabeza, encontrándose con su ardiente mirada.

A la chica el corazón también le dio un vuelco y empezó a latirle con fuerza en el pecho. Ella sentía que le subía la temperatura debido al fuego de aquellos ojos, que revelaban su creciente deseo. No pudo evitar empezar a imaginar lo que ocurriría a continuación.

En el pasado, esa mirada por sí sola la aterrorizaría y hubiera hecho todo lo posible por escapar. Esta vez, en cambio, estaba llena de ilusión.

Los labios sonrosados de Maeve temblaron mientras hablaba en voz baja:

"Tómame, Dominic. Soy toda tuya".

Capítulo 3 No te dejes engañar por ella

Los ojos de Dominic se abrieron de par en par y luego sus pupilas se contrajeron mientras miraba a Maeve con incredulidad. ¿Acaso no lo odiaba? ¿Por qué se ofrecía a él entonces? ¿Habían cambiado sus sentimientos por él? No, ¡eso no podía suceder de la nada!

Dominic recordó cómo ella solía mirarlo con asco, diciéndole innumerables palabras hirientes.

En un instante, sintió como si le hubieran echado un balde de agua fría sobre la cabeza.

"¡Suéltame!", exclamó, apretando con más fuerza la mano de Maeve. El lugar que sujetaba se puso rojo al instante. "¡No pongas a prueba mi paciencia!".

"¡No te soltaré! Eres mi esposo". A pesar del dolor, Maeve resistió con valentía. Apoyó la cabeza contra su pecho. "No hago esto para otra persona; te amo de verdad".

"¡Bah!". Dominic se rio entre dientes. "¿Acabas de decir 'amor'? ¿No fuiste tú quien dijo que me odiabas y que deseabas mi muerte hace un rato?".

"Eh... ¡No fui yo! Nunca diría tal cosa", negó Maeve de forma obstinada. "Aunque hubiera ocurrido, esa no era yo. Esta es la verdadera yo. Te amo, Dominic, muchísimo".

Aquellas palabras impactaron en el hombre como un rayo caído del cielo. Su corazón parecía saltarse varios latidos. Durante mucho tiempo, había esperado escuchar esa declaración, pero ahora le parecía tan irreal. Todo era falso. Maeve fingía por el bien de aquel hombre y de la familia Wright. Nada más.

"¡Suéltame! ¡Hablo en serio!".

En cuanto la voz de Dominic se hizo más grave, la chica levantó la vista y notó sus ojos rojos como los de una bestia. Sorprendida, lo soltó sin pensar.

La expresión asustada de su rostro hizo que Dominic sacudiera la cabeza, burlándose de sí mismo. Por un momento casi había caído en la trampa. ¡Qué mujer tan hipócrita!

"Dime, Dominic. ¿Qué puedo hacer para que creas que lo digo en serio?".

"¿Crees que aún tienes alguna posibilidad? ¿Después de todo lo que hiciste? ¡No me hagas reír!". Sin esperar respuesta, él entró en el baño, dejándola con la boca abierta.

Maeve se sentó en silencio en la cama, aturdida, hasta que el sonido del agua del cuarto de baño la devolvió a la realidad.

Su mente empezó a divagar otra vez, pero enseguida desechó los pensamientos y se centró en la situación presente.

Al parecer, se había transportado a la noche de bodas de tres años atrás.

En ese entonces, Maeve no deseaba involucrarse con Dominic. No obstante, terminó dándose cuenta de que casarse con él beneficiaría tanto a la familia Wright como a su amado. Con reticencia, cambió de opinión y aceptó casarse con él.

Para mantener su matrimonio en secreto, ella decidió no celebrar una ceremonia ni hacer ningún anuncio formal. En cambio, se limitaron a ir al Registro Civil para registrar su matrimonio antes de que ella se mudase a la casa de él.

Cuando Maeve reflexionaba sobre lo mal que lo había tratado desde el principio, su corazón se llenaba de arrepentimiento.

A pesar de su temperamento, Dominic siempre le permitió hacer lo que quisiera, tal vez porque la amaba incondicionalmente.

Por desgracia, ella murió sin saber nada de su amor, y mucho menos entenderlo. En esa época, lo único que le importaba era preservar su virginidad y esperar ansiosa el día en que se reuniría con su verdadero amor.

'¡Maeve, Maeve! ¿Cómo pudiste ser tan estúpida? ¿Rechazaste a un caballero para perseguir a un desgraciado? ¡Eres la mayor tonta de la historia!', se reprendía la joven, golpeándose la cabeza con frustración.

Respiró hondo y, mientras miraba las luces que provenían del baño, tomó una decisión al instante.

En ese momento, en el baño, Dominic estaba bajo la ducha, dejando que el agua enfriara su acalorado cuerpo.

Hacía unos instantes, casi había perdido el control y cedido a la petición de Maeve. No podía comprender su repentino cambio de comportamiento. Estaba actuando como una persona diferente. La Maeve que él conocía nunca se le ofrecería de semejante modo. Ni de ningún otro, para ser honesto.

La imagen de sus labios sonrosados moviéndose mientras lo miraba con ojos amorosos le produjo una sensación palpitante en todo el cuerpo, que se extendió hasta su ingle. El corazón se le aceleró de nuevo.

'¡Reacciona! No te dejes engañar por ella', se reprendía Dominic, golpeándose la cabeza con ambas manos.

Respiró profundo, recuperando poco a poco el control de sus emociones.

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