Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Novia Fugitiva
Novia Fugitiva

Novia Fugitiva

Autor: : Katherine Petrova
Género: Romance
Ella se aclara la garganta para llamar su atención. Cuando sus ojos se encuentran, todo parece cobrar sentido -¿Me conoces de algún otro lugar? Sebastián asiente con tristeza. -Sí, supongo que aún te debo ese desayuno. Una risa triste escapa de los labios de Karen. -¿Lo supiste todo este tiempo? Él asiente con tristeza. -Desde el momento en que te vi en la casa de tu familia. Hubo un silencio incómodo entre ambos. -No entiendo porque no quisiste decir nada. Ahora sonara peor lo que quiero decirte- comento pasando su mano incómodamente por su cabello -Bien, Sebastián Nash, tengo que informarte que estoy embarazada y el bebé es tuyo-suelta Karen sin ninguna premura. El aire entre ellos se espesaba, cargado de anticipación y preguntas sin respuesta. -¿Qué? - respondió completamente conmocionado. -Yo... -comienza de nuevo, pero esta vez sus palabras están cargadas de una intensidad que la deja sin aliento- Haré lo que sea necesario para estar a tu lado o sin ti, para cuidarte a mi y a nuestro hijo. -¿Qué estás diciéndome? -Quiero que nos casemos.

Capítulo 1 ¿Embarazada

Tenía el test de embarazo entre sus manos temblorosas, dejándolo caer al suelo con un sonido estruendoso en el silencio del baño. Estaba aterrada al ver cómo se marcaban las dos barritas en el dispositivo y confirmaba con la caja cuál era el resultado. No podía ser el resultado correcto. Era simplemente imposible. No podía ser cierto. Estaba embarazada.

-¿Ya vas a salir? Llevas como mil años en el baño- gritó molesta su compañera de apartamento y hermana mayor, mientras golpeaba la puerta.

Se levantó y abrió la puerta antes de que pudiera volver a tocar. Tenía una expresión pálida y enferma que hizo que su hermana mayor se preocupara; daba la impresión de que estaba a punto de vomitar en cualquier momento.

-¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan pálida? -Alexandra la sujetó de los brazos con fuerza tratando de sostenerla en caso de que tratara de desmayarse, con una expresión muy preocupada en su rostro, luego miró por encima de su hombro y vio el test de embarazo tirado en el suelo, cientos de ideas le pasaron por la cabeza, entonces se animó a preguntarle- ¿Estás embarazada?

Asintió tímidamente, sin siquiera creerlo para sí misma.

-Creo que fue esa noche-confesó.

Hacía seis meses, habían asistido a la despedida de soltera de su hermana mayor. Estaba devastada porque su novio de más de ocho años la había dejado por una fulana que conoció en su trabajo. Era una chica más joven y se casó con ella apenas unos meses después. La borrachera que tuvo el día de la fiesta la llevó a terminar en un hotel con un extraño y una habitación de hotel completamente destrozada, algo que jamás haría en su sano juicio.

-Pero dijiste que usaron protección-anunció Alexandra.

-Creía que sí, pensaba que así era-pasó una mano por su cabello, se apoyó en el marco de la puerta sintiéndose frustrada- Pero sabes que no recuerdo nada de esa noche; al otro día estaba sola en la habitación de hotel con una nota que decía...

-Iré por el desayuno-terminó su hermana mayor la frase.

Se sentó en el suelo, sintiéndose como una completa idiota.

-¿Ahora qué debo hacer, hermana? -preguntó entre lágrimas que caían por sus ojos.

-Primero, confirmar que estás embarazada. Tenemos que ir al médico.

Una pequeña lágrima bajó por su mejilla.

-¿Y después? Nunca pensé que sería mamá.

-Tranquilízate. Primero tenemos que confirmar que estás embarazada y después, si lo estás, ¡Vamos a encontrar al papá del bebé! Eso es seguro -afirmó completamente segura Alexandra.

-Tengo una cita para mañana.

-Bien, eso es el primer paso.

-Me preocuparé por el segundo paso ahora.

-Bueno, genio, ¿Cómo crees que lo haremos? En seis meses no pudimos hacerlo- contestó con rabia Karen.

-Error, no hicimos muchas preguntas porque estabas avergonzada, pero... ahora necesitamos la ayuda de todas, llamaré a las chicas. No creo que puedan recordar mucho, pero quizás alguna tiene una foto o video de esa noche -concluyó Alexandra.

-¿Y si no aparece ahí?

-Karen Kellington, somos parte de la familia Kellington, lo único imposible que tenemos es gastarnos la fortuna de nuestro padre.

Alexandra Kellington pensó en que, si no podían encontrarlo con facilidad, tendría que recurrir a sus padres por ayuda. No podía dejar que el primer sobrino que tenía pasara por la incógnita toda su vida, sobre quién es su padre. Todo niño necesita conocer de dónde viene.

Sebastián Nash se encontraba en su oficina, en el rascacielos más alto y exclusivo de la ciudad. Como el abogado más renombrado en la ciudad de Nueva York, estaba acostumbrado a largas jornadas de trabajo, pero esa noche, el peso de sus pensamientos lo mantenía atrapado en un estado de inquietud. Era como si simplemente no pudiera concentrarse lo suficiente. Por su mente se deslizaban las imágenes de unas largas piernas jugando en unas sábanas blancas, acompañadas de una sonrisa picarona.

-¿Cuándo vas a largarte de aquí? -la voz de su mejor amigo, Jeremy, irrumpió desde la puerta.

-No seas idiota -respondió Sebastián, sin apartar la mirada de los papeles sobre su escritorio.

-¿Aún estás pensando en aquella chica? -preguntó Jeremy, con una pizca de burla en su tono. Conocía a Sebastián por muchos años para saber que era de las pocas veces que estaba interesado en una mujer por más de un mes.

Y tenía razón. No podía sacarse de la cabeza a esa joven de piel porcelana, menuda y con ojos azules tan vibrantes como el cielo en un día despejado. Ella parecía carecer de inhibiciones, lista para desafiar cualquier estándar, con su espontaneidad. Su personalidad había desmantelado cualquier ideal de mujer que Sebastián pudiera haber tenido. Parecía una mujer libre.

-El investigador no ha podido encontrarla-dijo, finalmente, en un tono sombrío.

-¿Y si simplemente no quiere ser encontrada? - sugirió Jeremy, con una sonrisa burlona.

La ceja de Sebastián se alzó en respuesta a la provocación de su amigo. Aunque la idea de que ella no quisiera ser encontrada le resultaba frustrante, una parte de él sabía que podría ser cierta. Después de todo, ¿por qué otra razón habría desaparecido sin dejar rastro? Cuando volvió aquella mañana con las bolsas de las compras del desayuno, se encontró con la habitación completamente vacía; ni siquiera había podido dejarle una sencilla nota, explicando por qué se iba.

Sebastián dejó escapar un suspiro y cerró los archivos frente a él. No podía seguir permitiendo que su mente divagara por ese camino. Tenía casos que atender, clientes que necesitaban su ayuda, y no podía permitir que su obsesión personal afectara su trabajo, pero las imágenes de aquella noche se colaban en su mente, haciendo que casi pudiera fantasear despierto.

-Tal vez deberías dejar de buscarla -sugirió Jeremy, esta vez con un tono más serio- Tal vez sea hora de seguir adelante, amigo.

Sebastián asintió, aunque en su interior sabía que no podría dejar de pensar en ella tan fácilmente. Había algo en ella que lo había cautivado de una manera que no podía explicar, algo que lo mantenía anhelando más.

-Quizás tengas razón- aceptó amargamente.

-Bueno, ¿Y cómo vas con el caso de Caroline Kellington? -preguntó Jeremy.

-Apenas lo tomé; tendré que ir a visitarla mañana a su casa.

-No vayas a arruinarlo. Es un trato de nueve cifras y la comisión te dará para pagar otro apartamento en Park Avenue.

-Cállate, idiota. Ahora lárgate de mi oficina.

Viendo la foto de la mujer en sus archivos, pensó que se parecía mucho a la chica con que pasó la noche, aunque no tenía sentido porque se había casado hace unos pocos meses con un magnate de los negocios coreano. Por eso ahora querían unir la compañía familiar con el negocio de él, y ese era el trato en el que estaba trabajando para presentarle mañana.

Capítulo 2 La familia

El aeropuerto estaba lleno de anticipación cuando las hermanas Kellington esperaban ansiosamente en la entrada, rodeadas de varias maletas grandes a sus pies. Alexandra Kellington miró su reloj una vez más, consternada al descubrir que ya habían pasado veinte minutos desde que bajó de su avión y aún no habían venido por ellas. Frunciendo el ceño, se preparó para hacer una llamada, pero Karen sujetó su mano con suavidad para detenerla.

-No te preocupes tanto, seguramente vendrán por nosotras pronto -dijo Karen, tratando de calmar a su hermana con una sonrisa tranquilizadora.

-¿Y qué pasa con eso? El hecho de que nos hayamos mudado para vivir solas no significa que puedan tratarnos así -respondió Alexandra, claramente molesta. Este sería nuestro primer encuentro desde que nos fuimos hace años, ¿cómo pueden comportarse así?

Cerca de cuatro imponentes camionetas negras blindadas llegaron para recogerlas. De una de las camionetas bajó su hermana mayor, Caroline, acompañada por el grupo de seguridad para recoger las maletas.

-¡Caroline! -exclamó Karen emocionada, extendiendo los brazos para abrazar a la primogénita de la familia.

-¡Chicas! -gritó Caroline feliz, abrazándolas a ambas-. Es un verdadero placer tenerlas de vuelta en casa. Ha pasado tanto tiempo.

Todas se apresuraron a montarse en el vehículo, aunque había una leve tensión por la repentina visita. La conversación fluyó sobre cómo habían estado pasando las cosas. Caroline les contó emocionada sobre sus planes de expansión y cómo habían contratado un bufete de abogados de prestigio. Explicó que los abogados de su ciudad no eran suficientes para lo que se venía, pero que había encontrado a un hombre en quien confiaba plenamente: Sebastián Nash.

El nombre de Sebastián resonó en la mente de Karen, aunque no lograba hacer la conexión.

Al llegar a la majestuosa mansión, las hermanas Kellington quedaron impresionadas una vez más por la magnificencia de la estructura. A pesar de haber crecido allí, cada visita les recordaba la grandeza de su hogar de la infancia. La mansión de tres pisos emanaba una elegancia clásica con detalles de arquitectura europea que capturaban la imaginación. Columnas ornamentadas adornaban la entrada principal, mientras que balcones de hierro forjado se asomaban majestuosamente desde el segundo piso. Las ventanas altas y estrechas añadían un toque de misterio al edificio imponente.

Al lado de la entrada principal se extendía un garaje que albergaba más de diez autos de millones de dólares, cada uno brillando con un lustre impecable. Más allá del garaje, se extendían lujosas comodidades: una cancha de tenis meticulosamente cuidada, una cancha de baloncesto iluminada, un campo de golf privado y no menos de cuatro piscinas relucientes, cada una más deslumbrante que la anterior. En un rincón de la propiedad, un helipuerto relucía, listo para recibir aeronaves privadas en cualquier momento.

En la puerta principal, la matriarca de la familia, Sra. Kellington, estaba de pie con una mirada severa pero imponente. A su alrededor, un séquito de empleados de servicio, quienes habían ayudado a criar a las tres hermanas, se alineaba en perfecta formación, listos para atender cualquier necesidad.

Al entrar, las hermanas Kellington se sintieron ligeramente incómodas bajo la mirada crítica de su madre.

-¿Qué estás llevando puesto, Alexandra? -preguntó con desaprobación, escudriñando el atuendo de su hija mayor.

-Es solo algo casual, mamá -respondió Alexandra, intentando mantener la calma.

La mirada de la madre se posó entonces en Karen, quien intentaba no verse afectada.

-¿Estás comiendo lo suficiente, Karen? Pareces más delgada desde la última vez que te vi.

-Estoy bien, mamá. No te preocupes por mí -respondió Karen, tratando de sonar segura.

En ese momento, Alexandra detuvo a las demás, atrayendo la atención de todos.

-Antes de que esto se convierta en un circo, tenemos algo importante que decir -anunció con determinación.

El aire se volvió denso mientras todas esperaban la noticia. Entonces, Karen habló en voz baja.

-Estoy embarazada.

El silencio fue ensordecedor. Incluso los empleados se quedaron boquiabiertos. Nunca había sucedido algo así en la familia.

-¿Qué? -exclamó la Sra. Kellington, atónita.

-¿Es cierto? -preguntó Caroline, con una expresión de preocupación.

-Sí, un doctor lo confirmó. Tengo casi seis meses -respondió Karen tímidamente.

Caroline se dio cuenta de las fechas.

-¿Cerca de mi boda?

-Durante tu luna de miel -aclaró Alexandra.

El asombro se reflejaba en cada rostro. Entonces, una figura se acercó desde el fondo del pasillo con una sonrisa cálida.

-¿Por qué las mujeres más importantes de mi vida están aquí en el pasillo? Sería mejor ir a la sala de estar. Todos están esperándonos -dijo el patriarca de la familia.

Compartieron una mirada, aún inciertas sobre cómo proceder.

-Papá, estoy embarazada -confesó Karen.

El hombre parpadeó un par de veces.

-¿Y eso te hace feliz? -fue su tranquila respuesta.

La tensión se disipó, y Alexandra y Karen soltaron el aire que ni siquiera sabían que estaban conteniendo.

-Sí, quiero tener al bebé.

-Eso es lo importante -declaró el hombre, ocultando sus propias sorpresas- Ahora, ¿vamos a comer? No sabrá tan bien si nos quedamos aquí.

Cuando llegaron a la sala, la conversación fluyó entre lo cotidiano y lo extraordinario. El padre quería que sus hijas volvieran a vivir con ellos, pero Alexandra no se dejaba engañar por las apariencias amables de su padre. Sabía que quería controlarlo todo.

-No nos mudaremos aquí, papá -anunció con firmeza.

-Aún no hemos hablado de eso -respondió con una sonrisa-. Desde luego, podrán mudarse en cualquier momento. Esta es su casa.

Caroline seguía en estado de shock ante la rapidez con la que su hermana menor había asumido la responsabilidad.

-¿Quién es el padre? -preguntó abruptamente.

Las mejillas de Karen se encendieron.

-No lo sé. Estaba muy mal después de romper con mi novio, bebí demasiado en la despedida de soltera, no recuerdo nada de esa noche. Pensé que todo había quedado ahí, pero, bueno, ahora sabemos por qué me he sentido tan mal.

-¿Hace cuánto lo sabes? -cuestionó la matriarca.

-Desde hace una semana. He estado enferma, con varios resfriados, y... -no pudo continuar.

-Hemos venido para que nos ayuden a averiguar quién es el padre -agregó Alexandra.

Todas las miradas se dirigieron al patriarca, cuyo rostro se mantuvo impasible.

-Muy bien, me encargaré de eso- anunció con total tranquilidad -Pero tengo un par de condiciones para encargarme.

Alexandra tenía un mal presentimiento.

-¿Qué quieres, papá?

-Lo básico, poder pasar tiempo con ustedes. He entendido que no quieren vivir aquí, no entiendo por qué si es una mansión hermosa, pero me han hecho entender que se trata de independencia. Las ayudaré, a cambio de que me dejen comprarles una mansión en este barrio. Quiero que mi nieto nunca deba preocuparse por tener un techo sobre su cabeza, además podemos cuidarlas si están cerca. Cuidar a nuestro futuro nieto o nieta.

Karen se sintió repentinamente abrumada por la oferta. Sabía que algo así era posible, pero le sorprendía la facilidad con la que su padre le estaba pidiendo que renunciara a su mundo en nombre de su bebé.

-Eso es injusto, papá. Tenemos una vida en la ciudad.

-¿Y? ¿Acaso el bebé no merece lo mejor? - las increpó su madre -Ser madre implica hacer sacrificios, y no es como si les costara algo.

Karen se mordió el labio, sintiendo la presión del momento. Sabía que la oferta de su padre venía de un lugar de amor y preocupación, pero también entendía las implicaciones de aceptarla. Por otro lado, Karen, se sentía determinada a defender su autonomía y la de su hermana.

-Papá, mamá, lo que realmente necesitamos en este momento es apoyo y comprensión, no condiciones que nos obliguen a renunciar a nuestra libertad -declaró Karen, buscando palabras que pudieran transmitir su angustia.

La tensión en la habitación era palpable, y ninguno de los presentes parecía dispuesto a ceder. Finalmente, fue Alexandra quien rompió el silencio con una propuesta inesperada.

-¿Qué tal si buscamos una solución intermedia? -sugirió, con tono conciliador-Podrían aceptar tu oferta de comprar una casa para ellas, papá, pero con la condición de que no haya expectativas sobre dónde deban vivir o cómo deban criar a su hijo.

Capítulo 3 Casemonos

La familia Kellington se encontraba inmersa en lo que fácilmente podría calificarse como la peor crisis de relaciones públicas que habían tenido hasta ese momento.

Todo comenzó con la difusión de un video en las redes sociales, donde un misterioso encapuchado destapaba supuestos secretos oscuros relacionados con la empresa. Como era de esperar, la noticia se propagó como pólvora, convirtiéndose en tema de conversación en todos los rincones y siendo objeto de artículos y reportajes por parte de los medios de comunicación. Ahora, la familia se veía constantemente acechada por periodistas ávidos de obtener declaraciones, y las imágenes de todas las herederas se habían vuelto de dominio público, lo que solo aumentaba la presión sobre ellos.

-¿Quién podría estar detrás de esto? -se preguntaba la matriarca de la familia, con una mezcla de indignación y desconcierto en su voz- Es verdaderamente vergonzoso. Nuestros amigos no paran de llamarnos para saber si hay algún atisbo de verdad en todo esto.

El patriarca, por su parte, mantenía una expresión seria y reservada mientras intentaba calmar los ánimos:

-No hay duda de que esto es parte de una estrategia diseñada para dañarnos económicamente. La gente teme los cambios que se avecinan con nuestra nueva fusión, y están intentando atacarnos justo en nuestro punto más vulnerable -explicaba con determinación.

-Tal vez esté relacionado con los recientes despidos -sugería Caroline, mientras jugueteaba con la comida en su plato, visiblemente preocupada.

-Los ajustes de personal son algo habitual en el mundo empresarial -intervenía el esposo de la primogénita, tratando de aportar algo de perspectiva a la situación.

Alexandra y Karen, por su parte, intercambiaban miradas cargadas de incertidumbre. Aunque se sentían alejadas de ese torbellino de problemas, no podían evitar verse afectadas por las repercusiones de la crisis.

-¿Qué vamos a hacer ahora? -preguntaba la hermana menor, reflejando la inquietud que todos compartían.

En ese preciso momento, el asistente irrumpió en la sala anunciando la llegada de los abogados, lo que provocó que la tensión en la mesa se incrementara notablemente. A la cabeza del grupo legal se encontraba Sebastián Nash, cuya sola presencia parecía infundir un nuevo aire de confianza y determinación en la habitación.

-Ah Sebastián! Es un gusto verte- anunció la matriarca de la familia poniéndose de pie para recibirlo.

Después del intercambio de saludos. La mirada de Karen, se cruzó con el desconocido, un escalofrió le recorrió la espalda. Su cabello negro como la noche, con imponentes ojos verdes que parecían esconder un brillo salvaje, con hombros anchos y sonrisa engreída. Parecía tener un aura magnética, porque todas las miradas están puestas en él y era difícil apartar la vista.

El corazón del hombre trajeado se detuvo.

Le vasto un pequeño vistazo para darse cuenta de quien era la mujer. Al principio no había hecho la conexión entre Caroline y la despedida de soltera, pero ahora, lo sabía. Hace 6 meses se había acostado con una Kellington y a juzgar por la falta de reconocimiento en su rostro, ella no parecía tener idea de que había pasado.

Entonces tenia que tratar de mantener las apariencias, pero a juzgar por todas las fantasías que había tenido con ella. Nada le hacía justicia era mucho mas hermosa en persona, parecía una mujer de la alta sociedad, jamás lo hubiera pensado cuando la conocía como una alocada mujer que decía todo lo que pensaba.

-Espero que puedas ayudarnos con este desastre de relaciones exteriores- comento Caroline, estrechando su mano.

-No se preocupen, hemos diseñado una estrategia para solucionar los inconvenientes.

Han pasado dos semanas desde aquel momento. Las aguas se han calmado, muchas de las supuestas verdades han sido refutadas y el patriarca de la familia ahora está dando entrevistas para limpiar la imagen de la empresa. Sin embargo, el tema de la paternidad del bebé de Karen aún no se ha resuelto, o eso es lo que piensa la familia, hasta que una noche el padre de Karen la llama a su despacho.

Karen llega al edificio donde trabaja Sebastián. En medio de la noche, aparece en el rascacielos con una prueba de ADN en la mano y cientos de preguntas para hacer en voz alta. Sebastián está tan absorto en los archivos que no se da cuenta cuando ella entra en la habitación.

Ella se aclara la garganta para llamar su atención. Cuando sus ojos se encuentran, todo parece cobrar sentido

-¿Me conoces de algún otro lugar?

Sebastián asiente con tristeza.

-Sí, supongo que aún te debo ese desayuno.

Una risa triste escapa de los labios de Karen.

-¿Lo supiste todo este tiempo?

Él asiente con tristeza.

-Desde el momento en que te vi en la casa de tu familia.

Hubo un silencio incómodo entre ambos.

-No entiendo porque no quisiste decir nada. Ahora sonara peor lo que quiero decirte- comento pasando su mano incómodamente por su cabello -Bien, Sebastián Nash, tengo que informarte que estoy embarazada y el bebé es tuyo-suelta Karen sin ninguna premura.

El aire entre ellos se espesaba, cargado de anticipación y preguntas sin respuesta.

-¿Qué? - respondió completamente conmocionado.

Había escuchado rumores antes, pero pensó que eran parte de la mala fama que querían crearle a la familia.

-No sé qué decir--murmura Sebastián, su voz suave como un susurro en la noche.

Ella lo mira fijamente, buscando en sus ojos verdes alguna señal de lo que está pensando. Pero todo lo que encuentra es un profundo abismo de incertidumbre.

-Lo entiendo -responde ella con calma, aunque su corazón late con fuerza en su pecho-. No esperaba que fuera fácil de asimilar, tampoco pensé que querías saltar a la paternidad, pero pensé que era justo que lo supieras.

Sebastián se detiene frente a ella, a centímetros de distancia. Puede sentir su calor, su presencia abrumadora que parece envolverla por completo. Por un instante, el mundo exterior desaparece, dejando solo el eco de sus respiraciones entrecortadas.

-Karen, yo... -comienza Sebastián, pero sus palabras se desvanecen en el aire, perdidas en el vacío entre ellos.

Ella levanta una mano temblorosa para tocar su rostro, sintiendo la suavidad de su piel bajo sus dedos. Hay algo magnético en su contacto, algo que la hace desear más, aunque sabe que no puede permitírselo.

-No estoy tratando de... Oye no importa lo que pase -dice ella con determinación, buscando fuerzas en su interior- Haré lo que sea necesario para proteger a mi hijo.

Sebastián la mira con una mezcla de sorpresa y admiración, como si fuera la primera vez que la ve realmente. Por un momento, el tiempo parece detenerse, suspendido en el espacio entre ellos.

-Karen, yo... -comienza de nuevo, pero esta vez sus palabras están cargadas de una intensidad que la deja sin aliento- Haré lo que sea necesario para estar a tu lado, para cuidarte a ti y a nuestro hijo.

-¿Qué estás diciéndome?

-Quiero que nos casemos.

Ella lo mira con asombro, incapaz de procesar lo que acaba de escuchar. Pero en ese momento, en medio de la oscuridad y la incertidumbre, algo se enciende dentro de ella. Algo que sabe que cambiará sus vidas para siempre.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022