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Novia abandonada por él CEO

Novia abandonada por él CEO

Autor: : Gi Dominguez
Género: Romance
Sofía, había sido Abandonada en el altar, sin ninguna explicación. Un año después, decide continuar con su vida. Consigue trabajo en una empresa, como secretaria. Un día encuentra una puerta oculta, en su oficina. Ruidos extraños abundan.Cansada de esos ruidos molestos, ingresa. ¡Encontrándose con un fantasma!

Capítulo 1 1

Sofía, esperaba con ansias en el altar. Por más que miró hacia los costados, no aparecía el novio. Estaba sola, sus pies se sentían incluso fríos como al igual que sus manos.

Pudo percatarse, y al mirar hacia adelante no venía nadie

-Amiga ,creo que es tiempo de irnos -murmuró Melisa sosteniendola del brazo.

-El tiene que llegar -comentó después de esperar más de media hora.

-Sofi, no vendrá, hay que marcharnos -dijo tomando su mano e intentando que pudiera salir.

-No me iré sin él, él nunca me abandonaría -comentó con los ojos llorosos.

Después de esperar una hora de pie, con los invitados cabizbajos. Los murmullos iban y venían, finalmente ella decidió caminar.

Nunca pensó, hacerlo sola, sin que nadie pudiera llegar a tirarle arroz, sin la felicitaciones correspondientes.

Caminó, con el corazón en el pecho, sin saber porque su amado no se había aparecido.

***

Un año después de ese dramático suceso, Sofía estaba buscando trabajo en una empresa.

Sus pies se movían de un lado al otro, su corazón latía con prisa. Eran muchos seleccionadas, unas 20 chicas junto con ella; esperando para el puesto de secretaria del Ceo.

Sofía, ni siquiera podía llegar a entender, cómo la habían llevado en ese lugar tan importante.

Incluso le daba pena pisar el suelo, temiendo estropear el suelo.

Podía verse reflejado en él, se acomoda un poco los rizos rebeldes que tenía, solamente miro hacia adelante.

Cuando faltaba tan solo tres chicas. Sofía quiso dar la vuelta y huir.

"¿Qué hago aquí? -pensó - seguramente ellas tienen más experiencias. Yo ni siquiera la tengo. Solo me recibí de la universidad, y no tengo experiencia".

-Alba -comentó una mujer con gafas.

Sofía, supo que le tocaba a ella. Caminó con torpeza, procurando no caerse.

-Permiso -dijo ella con bastante miedo.

Al llegar a la enorme habitación, sus zapatos hicieron eco en el lugar. Trago saliva, y se acercó poco a poco.

La silla estaba dado vuelta, solamente se podía apreciar la parte trasera.

De pronto, quien fuera que estaba se giró.

Sofía, vió esos ojos azules. Sentía que lo conocía de algún sitio, sin embargo no se le ocurrió de dónde.

-Señorita, bienvenida -comentó el hombre, estirando su mano indicándole sentarse.

Sofía, lo hizo. Estaba bastante cohibida, y su corazón no entendía por qué se sentía así.

-Gracias -comentó para finalmente dejarse caer, con delicadeza sobre el asiento.

-Bueno he hablado mucho de ti, tenías un currículum excelente en tu universidad. Me alegra mucho tenerte con nosotros -comentó el hombre sorprendiendo a Sofía.

Tenía las mejores calificaciones, pero al instante que quiso encontrar trabajo, había sido difícil.

-Gracias, es la primera vez que me dicen eso -murmuró cabizbaja.

-Me interesa, te pondré a prueba tres meses ¿te parece?

-¿Así tan rápido? -preguntó Sofía levantando la cabeza.

-¿Te parece demasiado rápido? ¿quieres que cambie de opinión? -dijo en un tono seco, sorprendiendo a Sofía.

-No, la verdad estoy más que agradecida señor .

-Puedes decirme Julián -dijo y ella asistió.

-Gracias señor -comentó para después ponerse de pie .

-Empiezas mañana a las 8 de la mañana, te quiero ver aquí 15 minutos antes, me interesa que mi oficina esté ordenada. Odio los lápices que no están de medio a mano.

Sofía, de pronto recordó que su marido, o futuro marido le gustaba tener todo en orden.

-¿Me escuchaste? -le volvió a repetir.

-Sí... lo escuché.

Sofía salió a la oficina con un semblante feliz, sus esperanzas poco crecían.

Capítulo 2 2

***

-¿De verdad te dieron el puesto? -pregunta Melissa, mientras bebía una taza de café.

Estaban, en la casa de Sofía.

-Sí, la verdad es que está muy feliz de haber conseguido el puesto.

-Me alegra que lo vayas conseguido.

-¿Qué harás con Ana? -le preguntó de pronto a Sofía a Melisa.

Ella, siempre se había encargado de cuidar a su sobrina postiza, ahora que trabajaría eso, cambiaría.

Miró con un poco de pena a su mejor amiga, sin embargo intentó pensar alguna idea.

-Lo lamento -dijo y Melisa negó.

-No te preocupes además la semana que viene ya empiezan las clases. Así que podré trabajar tranquila.

-Está bien.

-Tú has hecho demasiado por mí Sofía, así que no te preocupes de verdad.

Asintió , miró a su mejor amiga con una sonrisa y ambas se miraron un segundo. En el transcurso del día. Todo estaba igual, el cielo se encontraba estrellado, y la luna tenía un aspecto verdoso.

Le daba curiosidad.

Se inclinó sobre sus codos en el balcón, preguntándose cómo le iría mañana.

Al día siguiente amaneció muy temprano; llevaba puesto una camisa blanca, una falda tubo, le llegaba hasta las rodillas.

Dus pasos fueron decididos, mientras acomodaba todo con bastante cuidado.

Algo en eso le recordó a Emmanuel, su antiguo amor . Quien había amado durante tanto tiempo, y ahora ya no estaba.

Nunca más pudo encontrarlo. Por más que lo buscó y llamó a la policía.

Algo se lo había tragado, había desaparecido.

Habían estado juntos por cuatro años, Sofía siempre pensó que él le había pasado algo.

Suspiró, y Melisa tenía razón y se había ido con otra mujer. Cuando terminó de acomodar el escritorio, ingresó a su pequeña oficina, quedaba abriendo la puerta de al lado.

Su jefe, ingresó con un café en la mano, y a ella se le hizo agua en la boca tenía hambre, no había desayunado y sus tripas protestaron.

-Si quieres puedes ir a la cafetería a beber un café, pero apresúrate -ordenó su jefe, y ella asintió completamente avergonzada.

-Lo lamento -dijo y huyó.

No pudo salir de la oficina, sus blazer se había quedado atorado la manija de la puerta.

Casi se cayó, pero se puso de pie.

-L-lo lamento -dijo para después huir despavorida.

En la cafetería, nadie la observaba, estaban todos concentrados en su pequeño mundo y eso ella lo agradecía.

Siempre había causado un poco de curiosidad, con su cabello rubio y con bucles rebeldes.

Se había acomodado de tal manera de tener un rodete. Cuando llegó a la oficina, lo hizo con más energía.

-Señorita, ahora que la tengo frente a mí, quiero que lleve estos documentos, al departamento del frente .

-¿Cómo... cómo llego? -preguntó un poco confundida .

-Tiene que preguntarle al portero. Después de llegar a la planta baja, tiene que caminar y está al frente -dijo como si fuera lo más obvio.

-Lo lamento -dijo y se escabulló.

-Tienes que dejar de decir lo lamento -la regañó y ella asintió.

En cuanto salió hacia afuera, el viento le desparramó el cabello.

Hizo una mueca al sentirse un poco cohibida entre el sol el verano poco a poco se estaba alejando, pero eso que no quería decir, que el sol se marcharía.

Habían días de mucho calor, y ese no era la excepción.

Al llegar al enorme edificio, pudo encontrarse con caminos interminables, pasillos tan largos, no parecían tener fin.

Cuando llegó a la ubicación indicada por el jefe, observó con cuidado al hombre.

-Bienvenida; soy Hernán, gerente y vicepresidente .

-Mucho gusto .

-Soy el hermano de Julián mejor dicho ¿A qué debo tan agradable presencia?

-Mi jefe me envió estos documentos para usted -Dijo y se los alcanzó.

-Muchas gracias, después ¿quieres almorzar conmigo?

-No, tengo cosas que hacer pero muy amable -dijo ella.

Capítulo 3 3

En cuanto llegó, a la oficina, se encerró en la suya. Tenía que atravesar el despacho de su jefe; para poder llegar, no había nadie.

Se preguntaba, porque no tenía una puerta en el lado de afuera.

En cuanto la cerró, pudo ver que era bastante espaciosa. Caminó, sosteniendo cada objeto en sus manos, algunos estantes estaban estratégicamente puestos en la parte de atrás, cuando de pronto... Había algo irregular.

Detrás de el metal, vió madera.

-¿Hay una puerta secreta? -preguntó en voz alta, sorprendiéndose.

La curiosidad siempre podía con ella, así que sin dudarlo demasiado, comenzó a quitar cada cosa del estante, habían cajas, algunos floreros muy antiguos.

-Señorita Sofía ¿puede venir? -ordenó una voz, y ella dejó todo para poder marcharse.

-Ahora voy señor -dijo mientras sus pasos se aceleraban en dirección a la puerta.

Al sostener la manija, pudo girarla para salir.

-¿Qué necesita señor? -preguntó con un tono educado .

-Quiero que busques, todo esto, sé que eres inteligente, y no tengo demasiado tiempo. Tengo que ir a una conferencia a una ciudad cercana, estos son cálculos, y datos de la empresa, necesito que los analices, y que puedas observar si hay alguna anomalía.

-Enseguida señor... Es un placer para mí.

-Dudo que sea un placer para ti, te vas a quedar bastantes horas pero te las pagaré.

Ella asintió, sosteniendo todos los papeles entre sus manos, al ingresar el silencio le invadió.

Dejó el sobre la mesa.

Su corazón latía con fuerza, mirando de rojo aquella puerta escondida.

"¿Qué hay detrás? -pensó confusa -¿Acaso mi jefe oculta algo?"

En cuanto se acercó, sostuvo entre sus manos, el último objeto que faltaba quitar.

Luego, movió con bastante dificultad el estante.

-Esto pesa -protestó, e incluso había sentido que comenzaba a sudar.

Sus mangas las arremangó para tener un poco más de fresco, a pesar de tener el aire acondicionado encendido.

Con un último esfuerzo, pudo quitar el estante.

Una gran puerta, junto con una manija redondas, la esperaba.

Aquello llamó más la curiosidad de ella, puesto que Sofía era una persona curiosa.

Se acercó con aire decidido y sostuvo la perilla, al girarla , poco a poco la puerta se abrió. Sofía ingresó, mirando con cuidado.

Un cuarto oscuro, junto con algunas gotas de humedad la esperaron.

No había nada, solamente algunas cajas que están un poco verdosas, y un olor insoportable.

Se preguntaba que había en ese sitio, Y por qué estaba oculto de esa manera.

Se preguntaba si acaso tenía algún propósito.

Hizo una mueca, pero decidió avanzar.

Poco a poco sus pasos fueron amortiguados, por el eco del agua. Se dio una vuelta sobre sus talones, verificando que no había nada.

Cuando estuvo a punto de salir, escuchó algo extraño. Como una voz.

-Sofía -al girarse asustada, no vio nada.

Alumbró con su teléfono, y el miedo, la invadió.

Salió a toda prisa de aquel sitio. Miró con algo de nostalgia aquel estante, lo tendría que mover, con bastante esfuerzo lo puso en su lugar.

Le pudo coloco cada objeto donde estaba. Se sacudió las manos y se dirigió a su pequeño baño. Después de lavarse y refrescarse un poco, pensó en aquello que había escuchado. Giró la cabeza contrariada como eso no podía ser posible.

Se sentó en el escritorio para estar varias horas trabajando.

-¿Señorita? -preguntó una voz, y ella asustada, se puso de pie .

-¿Qué ocurre? -preguntó asustada.

-Se ha quedado dormida ¿Acaso no está incómoda? -preguntó aquel joven que había visto en el día de ayer.

Hernán, la observaba con curiosidad y con una sonrisa.

-A usted no le interesa lo que hago o deje de hacer... lo lamento -dijo después de escuchar sus propias palabras .

-No. Para nada al parecer me agrada que sepa defenderse. Vamos, la invito a un café no sea tímida.

Sofía, no muy convencida, miró sorprendida el reloj.

Las 7 de la mañana, y ya se había quedado dormida al parecer en la oficina.

Apenada, lo siguió a un metro de distancia, el jefe de la otra planta.

"Sofía ¿cómo le has hablado así a un jefe? -pensó -creo que que si no me hecha, sería un milagro"

-Gracias -dijo en cuanto sostuvo su taza de café, y Hernán se sentaba a su lado.

-De nada, la verdad es que raro que me llame la atención una mujer .

-¿A-a qué te refieres?

-Siempre tengo muchas mujeres a mi disposición, pero tú eres diferente.

-No sé a qué te refieres... Pero supongo que está bien -dijo se encogió de hombros.

-Ves, eres diferente.

Una hora más tarde, Sofía ya se encontraba ordenando el escritorio. Los lápices, de mayor a menor, quitando la suciedad de la alfombra con una aspiradora, y dejando todo impecable.

Al terminar, guardó todos los objetos de limpieza, se introduzco dentro de su oficina.

-Aeñorita cómo ha dejado todo muy bien, aquí están las demás tareas del día ¿Se siente bien?, veo que tiene ojeras.

-Estoy bien -dijo y después añadió:

-Muchas gracias por las tareas.

-No tienes que agradecerme, es trabajo y a mí me frustra.

-¿Qué tal estuvo la conferencia? -preguntó.

-Aburrida, la mayoría siempre quieren hablar contigo para caerles bien. Yo tengo que fingir una sonrisa pero bien .

-Me parece más interesante que lo que yo hice -dijo divertida.

-Sí, tienes razón aunque no sé si tanto.

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