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Novia fea, novio despiadado: la pareja más poderosa

Novia fea, novio despiadado: la pareja más poderosa

Autor: : Caden Brooks
Género: Moderno
Catalina se casó con Shawn, un hombre del que se rumoreaba que era tanto violento como terminalmente enfermo, solo para recuperar las pertenencias de su difunta madre. Su unión fue el chisme del momento: todos se burlaban de la "mujer poco agraciada" y del "moribundo loco", convencidos de que el matrimonio estaba condenado desde el principio. Pero después de su boda, Catalina sorprendió a la élite: era una arquitecta brillante, una curandera legendaria e incluso tenía conexiones secretas con el bajo mundo. Mientras el mundo observaba, la imagen brutal de Shawn se suavizaba. Durante una boda transmitida en directo para todo el mundo, él se arrodilló y declaró: "¡Catalina, tú eres la luz de mi vida!".

Capítulo 1 Salvó a un hombre

"Quédate donde estás si quieres salir con vida".

Una daga se apoyó con frialdad y firmeza contra la piel de Catalina Blanco, quien levantó la vista y se encontró con la mirada del desconocido empapado en sangre que acababa de irrumpir en su auto y ahora la apuntaba con un cuchillo.

Ambos se quedaron paralizados, con la tensión vibrando entre ellos, cuando unos gritos resonaron justo fuera de la ventanilla.

"¿A dónde fue ese bastardo? ¿Quién vio hacia dónde corrió?".

"¡Se está desangrando! No hay forma de que haya llegado lejos. ¡Revisen todos los autos de este estacionamiento!".

Catalina notó que el desconocido vacilaba un instante, con los nudillos blanqueados alrededor del cuchillo. En ese momento, lo agarró de la muñeca y giró su cuerpo sobre su regazo.

La mirada de Shawn Herrera se volvió más fría mientras presionaba la daga con más fuerza contra su garganta. "¿Quieres morir?".

Una fina línea apareció en la piel de Catalina, de la que manaba sangre. Sin miedo, desvió los ojos hacia la sangre que se filtraba a través de la camisa del hombre. "Tal vez. O tal vez tú no estás en condiciones de amenazarme. ¿Quién está realmente a punto de morir aquí?".

Shawn presionó la daga aún con más fuerza, con un brillo amenazante en sus ojos. "Pruébame. A ver qué pasa".

A medida que las voces y los pasos del exterior se acercaban, ella se quitó la chaqueta y se abrió la camisa, haciendo volar los botones por los asientos.

Con la camisa medio bajada y la piel al descubierto, se sentó a horcajadas sobre el regazo del hombre y lo miró de frente.

Él aflojó bruscamente el agarre de la daga, con el rostro marcado por la confusión. ¿Qué demonios intentaba hacer?

Antes de que pudiera reaccionar, Catalina acortó la distancia, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó en la boca.

Esta mujer imprudente tuvo las agallas de hacer eso... La rabia brilló en los ojos de Shawn, y estuvo a punto de empujarla fuera de su regazo hasta que un susurro en su oído lo hizo detenerse.

"Si quieres salir de esta de una pieza, solo sígueme la corriente".

Que una desconocida lo obligara a besarla hizo que él estuviera a punto de estallar. A pesar de sus heridas, el impulso de matarla ardía en su pecho.

Catalina se agachó y rozó su nuez de Adán con los dientes. Le desabrochó los botones del cuello y, cuando sus dedos recorrieron su piel, un temblor recorrió a Shawn. Una sonrisa socarrona y satisfecha se dibujó en los labios de la joven.

"¡Ugh!". Él soltó un suspiro agudo, atrapado entre el dolor y algo mucho menos racional, con el pecho agitado.

De repente, la puerta trasera se abrió de golpe.

"¡Ah!". Catalina reaccionó al instante, agarrando el cuello de Shawn y girándose con pánico en los ojos. "¿Qué hacen? ¿Quiénes son ustedes?".

Los hombres de fuera echaron un vistazo a Shawn, quien tenía el rostro en el pecho de Catalina, y a ella, con la ropa desordenada y temblando. Rodaron los ojos y cerraron la puerta de un portazo.

"¡Olvídenlo! Solo son una pareja divirtiéndose. ¡Sigan buscando!".

Mientras sus voces se desvanecían en la distancia, Shawn no perdió tiempo en empujar a Catalina fuera de su regazo. "Aléjate de mí".

En ese momento, la puerta del conductor se abrió y alguien se deslizó dentro. Shawn se tensó, con el cuchillo levantado y listo.

"¡Catalina!", exclamó Leland, que acababa de saltar al auto, se detuvo en seco ante la escena que tenía delante. "¿Qué demonios está pasando aquí?".

La otra se deslizó fuera del regazo de Shawn, le lanzó una mirada de reojo mientras él se agarraba la herida y esbozó una sonrisa torcida. "No es nada. Solo arranca".

Sin perder tiempo, el carro salió del estacionamiento. Shawn metió la mano en su chaqueta, sacó una tarjeta de presentación salpicada de sangre y se la tendió a Catalina. "Me sacaste de un apuro. ¿Qué quieres a cambio?".

Arrugando la nariz, ella le arrebató la tarjeta de la mano. Sacó una píldora carmesí de un frasco de cristal y se la puso en la palma de la mano. "Toma esto. Ahora".

Tras un momento de vacilación, Shawn se tragó la píldora, con los ojos aún fijos en Catalina.

Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de ella. "¿Ni siquiera lo pensaste dos veces? ¿Y si te hubiera dado veneno?".

Él no se molestó en responder; simplemente se dejó caer en su asiento. Catalina miró a Leland, que agarraba el volante. "Déjalo en algún lugar cerca de un hospital. Hazlo rápido".

"Enseguida".

Una vez que dejaron a Shawn en la clínica más cercana, Leland captó la mirada de Catalina en el espejo mientras empezaba a maquillarse. "¿Estás segura de que ese tipo no nos traerá problemas? Recuerda que solo estás en Aleginia para recoger las cosas de tu madre y cortar lazos con la familia Blanco. No te busques más líos".

Estudiando su propio reflejo, la otra parecía satisfecha. "No te preocupes. Nadie me reconocerá ahora".

La impresionante mujer de antes había desaparecido, sustituida por alguien casi invisible gracias al hábil maquillaje de Catalina.

Una amplia mancha de nacimiento marrón cubría la mayor parte de su mejilla derecha, con puntos de pigmento esparcidos por su piel. Unos gruesos lentes negros completaban la transformación, haciéndola pasar desapercibida como una cara más entre la multitud.

Sintiéndose un poco triunfante, Catalina llevó la mano a su cuello por costumbre, pero se detuvo, sus dedos buscando algo que no estaba allí.

Su sonrisa se desvaneció al darse cuenta de que su collar había desaparecido.

Cuando recordó al hombre que casi la estranguló, su expresión se volvió fría. "Le salvo el pellejo y me lo agradece robándome el collar... ¡Increíble!".

Leland la miró y preguntó, con preocupación en la voz: "¿Qué pasó, Catalina?".

La aludida se pasó los dedos por el cuello vacío y negó con la cabeza. "No es nada. Llévame de vuelta a la residencia de la familia Blanco".

Pronto, una criada condujo a Catalina hasta el umbral del salón, donde los gritos resonaban por los pasillos.

Un jarrón de porcelana se hizo añicos contra el suelo cuando su hermanastra, Emma Blanco, estalló en cólera. Su voz resonó por encima del caos. "¡No me casaré con él! ¡Papá, prefiero desaparecer que casarme con ese Herrera en silla de ruedas!".

Aydan Blanco, el padre de Catalina, exclamó con una mirada fría: "¡Basta! La familia Herrera es la que manda en Aleginia, y Shawn, aunque esté en silla de ruedas, ¡sigue siendo el soltero más codiciado para la mitad de esta ciudad!".

Las palabras de Emma salieron entre sollozos. "¡Pero apenas se mantiene con vida! ¿Por qué tengo que cuidar a alguien que no va a durar?".

Aydan golpeó la mesa con el puño. "¡No quiero oír ni una palabra más! ¡Esto está decidido!".

Emma replicó, con la voz temblorosa: "¡Olvídalo! ¡No me ofrezco voluntaria para ser su enfermera! ¡Elige a otra!".

Escuchando a escondidas justo fuera, Catalina se dio cuenta de que una oportunidad perfecta para quedarse en Aleginia había caído en sus manos. Una sonrisa socarrona se dibujó en sus labios.

Entró con determinación en la habitación y levantó la voz para que nadie la ignorara. "Si buscan una novia para un tipo en silla de ruedas, ¡yo me ofrezco!".

Capítulo 2 Volverían a encontrarse

La mirada de Aydan se posó en Catalina, que permanecía en silencio en un rincón del salón. Vestía un pantalón de mezclilla deslavado, cargaba un bolso de tela gastado y tenía el pelo recogido en dos trenzas desparejas. El hombre frunció el ceño, pero no dijo nada.

La voz de Emma resonó, cargada de desdén. "Papá, ¿quién dejó entrar a esta bicho raro?".

"Ya basta", respondió Aydan con tono cortante. "Es tu hermana, te guste o no".

Emma se enderezó de golpe, incrédula. "¿Hablas en serio? ¿Esta es la supuesta hermana que apareció de la nada? Es un desastre total".

Con una sonrisa fría, jugó con sus uñas recién pintadas con desdén y señaló a Catalina. "Es evidente que está arruinada. Tiene un aspecto horrible y solo quiere dinero. Si está tan ansiosa por casarse con ese Herrera moribundo, ¿por qué no se la entregas?".

La expresión de Aydan se endureció. Localizar a Catalina siempre había sido por la herencia de su madre, pero tal vez enviarla a la familia Herrera traería aún más beneficios.

El acuerdo mantendría intacta la sociedad con los Herrera y a Catalina bajo su vigilancia en Aleginia.

Entrecerrando los ojos, él tomó una decisión. "Puedes casarte con ese Herrera, pero todo lo que poseía tu madre se queda con nosotros. ¿Entendido?".

Catalina soltó una carcajada, como si acabara de contarle un gran chiste.

Se adentró en la habitación, se dejó caer en el sofá frente a ellos y bebió un largo trago de un vaso de agua. "Aquí te falta algo. Vinieron arrastrándose hacia mí, así que seré yo quien tome las decisiones".

"¡Basura de pueblo! Deberías estar agradecida de que te demos esta oportunidad. ¿Por qué crees que puedes exigir algo?", replicó Emma.

Catalina sonrió. "Si es una oportunidad tan grande, ¿por qué no la aprovechas tú?".

Su hermanastra frunció los labios con ira y se aferró a la manga de Aydan. "¡Papá! ¿Vas a dejar que diga eso?".

Él soltó una risa áspera y contestó: "La familia Herrera dirige esta ciudad. Ya te estamos dando más de lo que mereces. ¡¿Quién eres tú para negociar con nosotros?!".

Catalina arqueó una ceja y dejó el vaso con un suave tintineo. "¿Así que es un no? Pues, adelante, que Emma se case".

La otra se dio la vuelta y volvió a levantar la voz. "¡Papá, no puedes hacerme esto! ¡No me casaré con él!".

"¡Basta!", espetó Aydan, y su mirada la silenció al instante. Luego miró fijamente a Catalina.

A pesar de su ropa de segunda mano y su aspecto sencillo, esos ojos eran la viva imagen de los de su madre.

Algo en la forma en que lo miró lo transportó al pasado y un escalofrío le recorrió la espalda. Se levantó de un salto.

Catalina se recostó, despreocupada, sosteniendo su mirada sin rastro de miedo.

"Habla", dijo Aydan, sin apartar la vista. "¿Cuáles son tus condiciones?".

"Sencillas". Ella levantó dos dedos. "Primero, quiero todo lo que dejó mi madre. Segundo, quiero el veinte por ciento de las acciones del Grupo Blanco".

Emma se puso de pie de golpe. "¡¿El veinte por ciento?! ¡¿Te has vuelto loca?!".

Los ojos de Aydan permanecieron fijos en Catalina mientras lo pensaba. "Lo mejor que puedo hacer es el diez por ciento. Esa es mi oferta final".

Catalina se rio, inclinando la cabeza hacia él. "¿De verdad vas a discutir por el veinte por ciento? Por mí está bien. Tienes otra hija dispuesta a hacer de novia. Yo paso".

Aydan apretó la mandíbula, frustrado. "De acuerdo. Te daré el veinte por ciento. Haré que te lo transfieran hoy mismo".

Entrecerró los ojos y añadió: "Pero ni se te ocurra pensar en las cosas de tu madre. Esas se quedan con nosotros".

La sonrisa de Catalina se desvaneció, sustituida por una dura mirada que se clavó en Aydan.

Era evidente que no recuperaría las pertenencias de su madre, al menos no por ahora.

Él probablemente pretendía retenerlas para asegurarse de que ella se mantuviera a raya.

Si ese era el caso, ¡entonces haría que la familia Blanco descubriera por las malas lo que significaba intentar ponerle una correa a alguien que estaba decidida a ajustar viejas cuentas!

Una leve sonrisa apareció en sus labios. "Como quieras. Pongámoslo todo por escrito".

Con los papeles firmados y el certificado de acciones en la mano, Catalina se levantó y agitó el documento con un deje de arrogancia. "Parece que ya terminé aquí".

Aydan la interrumpió. "Espera. La familia Herrera no tolera los juegos. Yo mismo te llevaré".

Dentro del auto, le pasó una carpeta. "Ahí está todo lo que necesitas saber sobre la familia Herrera. Apréndetelo y no nos traigas problemas a casa".

Ella hojeó la carpeta, deteniéndose solo cuando vio una fotografía de Shawn en la sección dedicada a él.

Así que el destino había decidido que volverían a encontrarse, esta vez en términos muy diferentes.

Capítulo 3 Una pareja perfecta para Shawn

Dentro de la carpeta, Catalina reconstruyó el árbol genealógico de la familia Herrera. El abuelo de Shawn, Harold Herrera, se había casado dos veces.

Su primera esposa murió joven, poco después de dar a luz a dos hijos. Ese mismo año, Harold volvió a casarse y más tarde tuvo un tercer hijo y una hija con su segunda esposa.

La tragedia ocurrió quince años atrás, cuando el hijo mayor del primer matrimonio murió durante un peligroso viaje de negocios al extranjero. Ese hijo mayor era el padre de Shawn. A partir de entonces, este dejó de ser el centro de atención. Era enfermizo y discapacitado. La gente susurraba que no llegaría a los veintiocho años. Dentro de la familia, lo daban por perdido.

La batalla por la herencia solo se había vuelto más encarnizada a medida que cada miembro ambicioso intentaba reclamar el primer puesto. Según los informes, todos los nietos menores de Harold parecían contendientes más fuertes que Shawn.

Sin embargo, la emboscada de la mañana a las afueras de Aleginia demostró que Shawn era mucho más duro de lo que nadie creía. Se había defendido, lejos de ser el inválido indefenso que se describía en el expediente.

"Señorita Blanco". El asistente de Aydan, Liam Davis, rompió el silencio. "Garrett Herrera, el tercer nieto de Harold, ha apoyado al Grupo Blanco durante años. Esperamos que coopere con él una vez que forme parte de la familia Herrera".

Catalina cerró el expediente de golpe. "¿Todos se están apresurando a formar alianzas? Papá, tal vez deberías elegir tu bando con un poco más de cuidado, o te quedarás sin nada".

Aydan espetó: "Cuida tu boca. Te lo advierto, métete con Garrett y estarás acabada".

La sonrisa burlona de Catalina le reveló lo poco que le importaba esa amenaza.

Aydan empezó a decir algo más, pero algo en la mirada firme de la joven lo hizo detenerse.

Por un momento, la hija que había aparecido de la nada tuvo una presencia que lo desconcertó incluso a él.

Mientras tanto, en el tercer piso de la residencia de la familia Herrera...

"Señor Herrera, ya nos ocupamos de todos los que lo vieron antes en el estacionamiento. Nadie va a delatarlo", informó Maverick Price.

Shawn estaba reclinado en su silla de ruedas, vestido de negro, con un aspecto muy alejado de la violencia del día. Jugaba con un collar, un rubí en forma de hexagrama, cortado a la perfección, que había pertenecido a la mujer que lo salvó.

El colgante de rubí tenía forma de estrella de seis puntas. La piedra brillaba con claridad, y su factura era tan perfecta que nunca había visto nada igual.

Además, después de tomar la pastilla que ella le dio, su salud mejoró. El collar y la pastilla hicieron que Shawn se diera cuenta de que la mujer no era ordinaria.

"Todavía hay testigos en Aleginia", dijo en voz baja.

Maverick parpadeó y luego asintió. "Los encontraré a todos, señor. Nadie podrá relacionarlo con la escena".

Shawn colocó el collar en la mano del asistente. "Averigua quién era su dueña".

"Sí, señor". Maverick dudó. "Si la encontramos, ¿quiere que desaparezca? Es un cabo suelto".

Shawn hizo rodar el anillo en su dedo, reviviendo la imagen de la mirada burlona de la mujer, y dijo con voz firme: "Encuéntrala y tráela aquí. Yo me encargaré del resto".

"Entendido". El otro continuó: "La familia Blanco debería llegar con su nueva esposa en cualquier momento. ¿Cuál es el plan?".

Su jefe se encogió de hombros. "Échale un vistazo. Solo asegúrate de que sobreviva a su primer día bajo mi techo".

"Entendido". Maverick asintió y se marchó.

Mientras tanto, fuera de la residencia de la familia Herrera, llegó el auto de la familia Blanco.

Aydan salió y recibió un cálido saludo del mayordomo. "Bienvenido, señor Blanco. Señora, por aquí, por favor".

Dentro, apareció Betsy Herrera, extendiendo una mano en señal de bienvenida. "Señor Blanco, es un placer verlo".

Aydan esbozó una sonrisa al verla. "Señorita Herrera, no tenía por qué recibirnos en la puerta".

Betsy miró a Catalina. ¿Así que esta era la oferta de la familia Blanco? No era lo que esperaban.

Estaba claro que los Blanco habían enviado a una sustituta, pero en la mente de Betsy, alguien como esta mujer poco atractiva era perfecta para su primo Shawn.

Su sonrisa nunca vaciló. "¿Así que esta es Emma? No se parece en nada a las fotografías. Es toda una sorpresa, ¿verdad?".

Aydan empujó a Catalina hacia delante y declaró en voz alta: "¡Esta es mi hija mayor, mi orgullo y mi alegría! Mientras sea una hija Blanco, es suficiente para el matrimonio, ¿verdad?".

Qué descaro. Betsy casi puso los ojos en blanco. Aun así, no tenía intención de exponerlo a la cara. "Por supuesto, señor Blanco. Nos ocuparemos de ella a partir de ahora".

Aydan sonrió aliviado y luego lanzó a Catalina una mirada penetrante, murmurando entre dientes apretados: "No lo arruines. Un error y estás acabada".

Sin inmutarse, esta respondió a su mirada con una expresión de puro aburrimiento antes de enfrentarse a Betsy. "¿Cuál es mi habitación?".

"Llévala a sus aposentos", ordenó Betsy al mayordomo.

Mientras Catalina y el mayordomo subían las escaleras, Nicolás Herrera salió y la vio marcharse. "¿En serio? ¿Esa es la que enviaron los Blanco? Creía que Shawn iba a tener a alguien impresionante".

Betsy curvó los labios divertida. "Oh, Nicolás, no seas grosero. Solo es nueva aquí".

Él se burló: "No puedo esperar a verla hacer el ridículo delante de todos en la cena de mañana".

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