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Novio Falso Amor Verdadero

Novio Falso Amor Verdadero

Autor: : Day M
Género: Romance
Jessenia Smith es la hermanastra de Marianne, y le ha robado el novio para casarse con él. Cuando la invitan a su boda Marianne decide darles una lección y hacerles creer que consiguió un nuevo novio, Amanda la ayuda. Pero ¿en que lio la habrá metido?

Capítulo 1 1

-Oh Dios-- esto no podía estar pasando, mi madre no podía hacerme esto de nuevo

-Si mama, estaré ahí lo antes posible- intente no sonar aburrida

-Jessenia quiere que estés presente... ya sé que fue lo que paso pero Marianne, no es necesario...

-Madre, ya dije que lo entendí, lo que no es necesario es que hables de ello-

-Y dime Marianne, ¿ya conseguiste novio?- Esa pregunta broto abruptamente de sus labios yo me quede de piedra, al parecer la imagen que mi madre tenía de mi era la de una superficial chica que conseguía novio tan fácilmente como se tronaban los dedos - Te estás haciendo vieja Marianne, te vas a quedar sin nada sin siquiera haberlo probado

Vaya... tener 25 años no era estar vieja, ¿que se creía mi madre?

-¡Madre!

-En fin - zanjó ella, al parecer creía que hablaba con una retrasada - Tu hermana se casa y espera ansiosa que asistas, Michael también así lo quiere... -

Maldita hermanastra mía, siempre tratando de hacerme mal, ella sabía perfectamente que estaba en planes de casarse con el hombre que yo amaba y con el que, hasta hace tres meses, creía que me iba a casar, tenían la caradura de invitarme a la boda y mi madre como si nada... ah Cielos era la copa que colmaba la piscina de mi vida. Yo sabía que ella, Jessenia, me odiaba como yo a ella, pues bien... si quería humillarme por qué se iba a casar con Michael yo no la tendría de cabeza, me conseguiría uno más atractivo que Michael y le haría ver a ese demonio de lo que era capaz.

No pude creer la rapidez con la que esa idea broto en mi mente y con mi madre aun al otro lado del auricular.

- Si madre... - afirmé cansinamente - Dile a Jess que ahí estaré

Corté la llamada antes de darme a mi madre más tiempo de decirme algo, respire hondo y me direccioné hacia el espejo de cuerpo entero que había en un lado de mi habitación.

No es que fuera más hermosa que Jessenia, lo cual me llevo a preguntarme si sería capaz de conseguir a un hombre que siquiera me determinara estando ella presente.

Ella no era mi verdadera hermana. Mi madre, Julianne había estado casada con Joseph Smith, un vago que la dejo apenas supo que esperaba a su primer hija, luego dos años después mi madre conoció a Charles Cooper... mi papá... para cuando yo nací él le pidió a ella que se casaran, pero ella no accedió, lo cual convirtió lo que iba a ser boda en un arreglo entre mi madre y mi padre, algo que llamaban comúnmente -unión libre- y vivían en una casa en

Australia, con Jessenia. Yo era independiente algo que para Jessenia era casi un reto imposible de cumplir.

Adoraba a mis primas y primos, con ellos tenía una relación de hermanos, mucho más de la que tenía con Jessenia. Amanda y Rosalía eran mis más cercanas amigas.

Seguí mirándome al espejo intentando ver algo más que el pedazo de mierda que me sentía, jamás podría hacer que alguien me quisiera estando Jess cerca, ni siquiera Michael pudo resistirse y eso que siempre decía que me amaba, ahora se casaba con mi hermana y yo no quería mas que morirme, o al menos poder enterrarme por unos días bajo tierra sin nadie que me perturbara... imposible...

Maldije mi suerte, era tan simple como estúpida, mi piel era demasiado blanca mis ojos café, más del color del chocolate, y mi pelo castaño con pintas rojas, nada fuera de lo común, a diferencia de Jessenia, que era rubia de ojos grises y piel trigo, las más querida, la más tonta, la mas estúpida cabeza hueca... pero esas eran las características de las que solo yo me daba cuenta, para todos Jessenia estaba en un pedestal, menos para Charles quien la odiaba incluso más que yo, porque sabía cómo era el comportamiento de Jess conmigo, me pregunte que pensaría en estos momentos mi querido padre.

Mi madre decía que algún día Jessenia cambiaría, pero desde que mi ex me dejo por ella no tenia nunca pensamientos amables ni positivos.

Seguí en el espejo mirando y pensando en la única manera por la que un hombre estaría a mi lado: pagándole.

Solté una carcajada amarga y abandone el espejo para dejarme caer en la cama, no quería seguir dilapidándome mas, saque el móvil de mis vaqueros y llame a Amanda.

- ¿Marianne?- dijo apenas contesto - Hola... ¿sucede algo malo?

-¿Acaso tiene que suceder algo malo para que recibas una llamada mía?- le respondí mordazmente, aunque sabía que ambas estábamos de broma, Amanda adoraba que yo la llamara.

Hacía poco menos de cinco meses Amanda había tenido una crisis depresiva que la había obligado a entrar a una clínica psiquiátrica de la que había costado mucho salir, cuando encontró a su novio en la cama con otro hombre, Ella siempre decía que mis visitas, cuando le llevaba comida, o me quedaba con ella a leerle y a adornarle el cabello, eran las que le habían salvado de caer en su mundo oscuro.

-No... - dijo pude oír que reía - Sabes que no - Se quedo en silencio por unos segundos y luego dijo - Me entere de que Jessenia se casa con Michael... -

-¿Acaso ya lo sabe toda Australia? - supuse que Jess se había encargado de que fuera así.

-Marianne, ya te dije que lo que pienso de aquellos sacos de putrefacción, tu mereces algo mucho mejor

Capítulo 2 2

Como yo, Amanda había sido testigo de todo mi sufrimiento y me había entendido casi como yo a ella, incluso intento que entablara más que una amistad con su hermano, mi primo Emmanuell, pero él nunca se fijo en mi más que para eso, de la amistad, cayo rendido ante los pies de Roselyn, la hermana de Jason, otro primo segundo, el nuevo novio de Amanda.

No estaba molesta por ello, además porque no me sentía preparada para iniciar una relación, no estando tan reciente lo de Michael, ellos seguían viéndose y al parecer eran novios. Por lo visto Roselyn había encontrado la horma de su zapato.

Empecé a desesperarme y supe que Amanda era la solución a mis problemas, ella siguió hablando.

-Si, claro. Las invitaciones a la boda nos llegaron a Emmanuell y a mí, para asistir con nuestras parejas, ¿puedes creer que no enviaron una para nuestra segunda Roselyn?. Claro Jess la odia, seria la última persona que invitaría, no debe saber que entablo relación con Emmanuell...

En mi invitación ocurría algo parecido, decía -señorita Marianne Cooper y compañía, tenemos el gusto de participarle e invitar a el matrimonio de Jessenia Smith y Michael Grimes que se llevara a cabo el día...- eso había sido obra de Jessenia, evidentemente, y la odie mas, si es que eso era posible

- Amanda, tienes que ayudarme - empecé a suplicar - Sé que odias a Jessenia aun más que yo...

Apenas dije esto casi me pareció ver a Amanda envarándose en donde fuera que se encontrara.

- ¿Que necesitas Marianne?

Era vergonzoso decirlo aun con Amanda a quien confiaba mis más íntimos secretos. Me mordí los labios y lo dije rápidamente para que la vergüenza no me delatara.

-Le dije a mi madre que iría acompañada... no le dije por quien pero sé que asume que es un hombre, no tengo a nadie, tuve que decirles para que me dejara en paz, Amanda ¡tienes que ayudarme!

Al parecer lo entendió todo porque se quedo en silencio y acaso temí por un momento que se hubiera desmayado pero escuche un suspiro suyo así que supe que aun estaba allí. Ese suspiro me dio a pensar que iba a ser imposible ayudarme.

-Yo... Amanda, lo siento, se que te estoy pidiendo demasiado... olvida lo que dije, ya veré que hacer...

-No, Marianne- dijo ella firmemente contra el móvil, le dijo a mi rota confianza que se empezó a pegar de nuevo - según la invitación debemos estar tres días antes de la boda, eso es en tres días, yo conseguiré a tu cita e iré a tu casa para que allí nos vayamos los cuatro al aeropuerto... y luego al hotel

- Amanda...

- Confía en mi, Marianne

-Lo estoy haciendo Amanda, pero... no quiero desagradables sorpresas...

-¡Ah! déjalo en mis manos, casi hermana, te veré en dos días - la línea se cortó.

Volví hacia el espejo no muy segura de que era lo que acababa de pedir a Amanda pero sabía que ella no me iba a defraudar, me quería demasiado para eso.

*****

AMANDA

-Pero es un viaje gratis, Maxwell, vamos es solo por... - dije suplicando.

-Lo siento Amanda, pero no puedo...

El malnacido corto la llamada.-Maldito impotente, de todas maneras no le hubieras servido a Marianne

Tome al último hombre de mi lista de amigos, había agotado a todos, me hallaba en una encrucijada.

Iba a ayudar a Marianne, no me daría por vencida, mire al directorio y lo bote a un lado, tome la guía publica y marque lo primero que vi, el anuncio más grande y el de las fotos de hombres más guapos.

********

EDGARD

Colgué la llamada que había recibido, esta mujer definitivamente estaba loca, nadie nunca había pagado por mis servicios como esta mujer y sin siquiera probarlos... la historia que había contado era aun más disparatada, quería que actuase de novio para su hermana, para que asistiera a una boda, para que no quedara en ridículo, o algo así, vaya... La señorita Brandon había dicho que el resto de la historia seria contada cuando estuviéramos en persona, y para ser sincero tenía un poco de curiosidad vulgar.

Como dije no estaba solicitando mis servicios como -aquello-, necesitaba de un hombre que se hiciera pasar por novio, sin relaciones, nada.

Mire hacia el screen -Ambrosía- titulaba, ese era el nombre mi negocio, del cual era administrador... y funcionario cuando las damas pagaban la tarifa que yo exigía, lo cual no pasaba a menudo.

Los muchachos eran solo chicos que querían ganarse la vida fácilmente y amaban a las mujeres sin importar su edad, en palabras mas éramos un prostíbulo masculino.

La señorita Brandon había dicho la fecha y había mencionado el viaje y al mirar en la base de datos del screen vi que no había nadie disponible.

Mi negocio era importante para mí, y si debía ir yo mismo por la cantidad de dinero que la señorita Brandon había ofrecido lo haría.

Mi madre, Elizabeth, era hippie, no tenia padre y mi madre se dedicaba a vender sus objetos... nunca supe hasta que crecí el por qué sus amigas me encontraban atractivo. Mi madre murió de neumonía y tuve que salir adelante vendiendo mi cuerpo, pero estaba en una situación deplorable así que no tenía más opción.

Después de años pude crear mi propio capital y esto fue lo que conseguí, un cuasi emporio dedicado a la complacencia femenina, a ellas debía lo que tenia ahora incluso la educación.

Era un hombre de mundo y podía escoger a la mujer con la que me acostaba y ahora conocería a la primera mujer que no me contrataba para eso según la señorita Brandon, no olvidaría su nombre, se llamaba Marianne Cooper.

Capítulo 3 3

MARIANNE

-¡¿Que?- grite, supe que Amanda había apartado el teléfono de su oído cuando grite pero no se que esperaba después de lo que había dicho - ¡Por todos los cielos, Amanda! ¿Que hiciste?

-Marianne, tienes que entender, nadie quiso ayudarme y yo quería ayudarte a ti Marianne, perdóname...

-No se trata de perdón Amanda, ¿Te das cuenta de eso, has contratado a... a... un...?- incluso la palabra me daba pena

-Lo sé Marianne pero piensa en eso... vas a ir a esa boda y no les vas a dar a esos dos sacos de mierda la satisfacción de verte sola...

Amanda tenía razón, maldita sea, cuando pronuncio estas palabras mi estúpida imaginación me llevo a mi llegada a la casa de mi madre, del brazo de un hombre y las caras de ellos...

-¿Marianne?, ¿estas ahí?... Marianne, ¡oh, cielos! creo que la he matado, ¿Marianne?- insistió.

-No, no me has matado Amanda, al menos todavía. Sé que te esforzaste mucho, lo siento... - ella había sido buena no tenia derecho a tratarla mal.

-Aun lo puedo cancelar Marianne, si no quieres... - me dijo ella, lo sentía en verdad.

-No - dije con convicción, estaba segura que algo nuevo debía salir de todo, esto rogaba por que fuera así.

El viernes yo estaba que saltaba de un lado a otro sin estar quieta por todas partes, es que no sabía que pensar, decir, vestir frente a un hombre de - esos -.

¡Dios! todo estaba fuera de control. Yo, claramente, también lo estaba al permitir a Amanda hacer esto.

Escuché el auto de ella subir por la colina y supe que mi tiempo se había acabado, aquí era donde empezaba mi muerte, si no tenia cuidado. Caminé hacia el espejo que había cerca de la entrada de la casa y repasé mi imagen una vez más. Me había aplicado más bien poco maquillaje ya que no me gustaba mucho, solo un poco de sombra y algo de brillo labial, había intentado de todo pero las pecas que tenia sobre la nariz y parte de las mejillas no se iban con nada ni se ocultaban tampoco, y no tenía sentido ocultarlas si a pesar de todo seguirían allí.

Había recogido mi cabello por el calor que debía hacer en esta época del año en Australia, dejando al descubierto mi jirafal, delgado cuello y los huesos en el. Yo no tendría por qué estar mirándome al espejo esperando que aquel - sujeto - tuviera una buena impresión de mí, yo le estaba pagando ¿No?

Me sentí cruel y estúpida. Como siempre yo y mi blandengue corazón que me obligó a pensar, justo ahora, en ese hombre y la clase de circunstancias que lo habían llevado a dedicarse a esta vida. Respiré más calmada igual no nos íbamos a conocer en absoluto, iba allí a hacer su trabajo como el nuevo hombre con el que estaba saliendo después de que mi novio me botara a la basura por mi hermanastra.

Escuché a Amanda aparcar o tal vez fuera Jason quien viniera conduciendo, el - sujeto - debía venir con ellos.

Me quedé sin aire a la vez que moría de curiosidad, seguramente se trataba de un tipo que nunca se hubiera fijado en alguien como yo, pero ahí estaba, seguro y dispuesto a interpretar su papel por pago y compasión. Más bien por dinero. Sí, eso era. Sinceramente esperaba que no se encontrara con Jessenia y me delatara con su falta de interés en mí.

Sonó el timbre...

-¡ Dios mío ya está aquí! -

Respire hondo tres veces y abrí la puerta. Tuve dos segundos para reaccionar ya que Amanda me lanzó los brazos a cuello y gritó mi nombre.

-¡Marianne, si que te he echado de menos! - Yo le devolví el abrazo con cariño, era casi reconfortante verla de nuevo.

-Sigue, por favor - dije cuando entro delante de Jason, quien menos efusivo que ella me dio un beso en la mejilla.

-Hola Marianne- dijo entrando con todo el cargamento de maletas de Amanda y la suya, pensé que era bastante fuerte.

Cuando me volví hacia la puerta casi me voy de cabeza, seguramente se trataba de un juego de mi imaginación o un sueño que se había apoderado de mi mientras estaba nerviosa por la espera, seguramente ni Amanda ni Jason acababan de cruzar el umbral ni me habían dejado vía libre para admirar al espécimen de hombre que se hallaba frente a mí. Él no podía ser real, ningún hombre era así, o tal vez mi experiencia con ellos me había vedado para admirar a los otros como este que estaba frente a mí y que evidentemente existía. Lo miré de pies a cabeza, zapatos lustrosos, negros, finos, pantalones de lino perfectamente planchados y cortados negros también, tenia piernas musculosas, eso se podía adivinar, la camisa blanca que portaba ceñía, sin hacerlo parecer vulgar, su pecho amplio y sus brazos poderosos, sus manos eran grandes, cuidadas y finas, su cuello y su cara....Su cara era todo un sueño, el mentón era perfecto, tenía la nariz recta, aristocrática, y los ojos de una extraña,mezcla de verde y amarillo, ojos que en ese momento vi me dirigían una mirada evaluadora, no sabía cuál era su veredicto.

-¡ Santa Cachucha! - Este hombre era demasiado atractivo y yo sabía que no iba a ir a la par con él y nadie nos iba a creer.

-Buenos días - Saludó con una voz profunda y viril y sentí que mi cuerpo se estremecía, definitivamente para lo que se dedicaba estaba más que hecho, dudaba mucho que una mujer no quedara satisfecha después de que un hombre así le hiciera el amor.

-Bu... bu... buenos... - tartamudeé. Él sonrió de lado. Estaba segura de que se reía de mi atolondramiento, la blancura de sus dientes iluminó aun más su perfecta cara y yo me quedé mirándole la boca como una estúpida.

-Marianne - Amanda llegó tras de mí - él es Edgard Barrington, es de quien hablamos...

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