La bellísima joven que lucía a la perfección un hermoso vestido de novia blanco hecho especialmente a su medida, estaba de pie junto a la ventana y, con sus ojos totalmente fríos y distantes, miraba con gran asombro todo a su alrededor.
En ese momento, ella justamente acababa de casarse con el joven de la familia Grantham, el presidente más guapo y poderoso de todo el imperio empresarial más multimillonario de la ciudad Bey y, aunque debía estar sumamente feliz por ese acontecimiento; en realidad, su rostro estaba totalmente pálido y con una expresión llena de dolor, incluso, apretaba fuertemente sus delicados labios para reprimir todas sus emociones. A decir verdad, no podía negar que muchas mujeres la envidiaban por haberse casado con él; sin embargo, solo ella sabía perfectamente que ese matrimonio no era más que un simple papel, pues él se encargó de aclararle que no la amaba, es más, le dijo que la odiaba por haber manipulado a su abuelo para que tomara esa decisión.
Incluso, cada una de las palabras que le dijo aquel hombre, resonaba con total claridad en sus oídos: "No eres más que una novia por contrato; así que, no esperes absolutamente nada de mí. Solo quédate y actúa como una buena esposa durante estos dos años; pero luego, desaparecerás de mi vida inmediatamente".
Después de pensar en las indiferentes palabras de aquel hombre, la mujer quedó totalmente estupefacta y mirando fijamente a su alrededor; mientras recordaba cómo fue que empezó todo.
"Su condición está empeorando y necesita urgentemente un trasplante de corazón; de lo contrario, no podrá sobrevivir por más tiempo", dijo el médico frente a ella.
A decir verdad, escuchar esas duras palabras del médico, no solo le causó un gran dolor en su corazón; sino que también, la dejó como si hubiera visto un verdadero fantasma, totalmente pálida. Incluso, sus manos empezaron a temblar incontrolablemente y, aunque quería preguntarle muchas cosas, sintió que no le salía la voz.
Por su parte, al verla tan afectada con la noticia y, sin la intención de decirle algo, con la mirada fija en la mujer frente a él, el médico le preguntó delicadamente: "¿Solicitó el corazón que necesitamos?".
Mientras que, tras su pregunta, Zara no pudo responder ni una sola palabra, y solo asintió débilmente en señal de respuesta; a decir verdad, ella había solicitado el trasplante de corazón hace un año atrás, pero la lista era tan grande que, el número de su hermano era después de casi cien personas.
En realidad, Zara estaba totalmente destrozada y con lágrimas en los ojos, pues, no solo no tenía idea de cuánto tiempo tomaría obtener el corazón para su hermano; sino que también sabía que, aunque ese momento llegara, ella tampoco tendría el dinero suficiente para pagar la costosa cirugía. Es decir, no veía ninguna otra salida para salvar la vida de su querido hermano.
Después de pensar en ello, Zara trató de respirar hondo para tranquilizarse, levantó ligeramente la barbilla y, mirando fijamente al médico, se armó de valor y preguntó: "¿No hay otro tratamiento más que un trasplante?".
Luego de escucharla, y también con la mirada fija en ella, el médico le respondió: "Zara, sabes que Brian nació con una enfermedad cardíaca congénita, ya es un milagro que haya sobrevivido todos estos 19 años sin el trasplante; pero ahora, su corazón se debilita día a día y no puede bombear la sangre suficiente que su cuerpo necesita, así que, no cabe duda que tu hermano necesita el trasplante lo más pronto posible. Es más, déjame decirte que yo conozco a alguien que puede conseguir el trasplante inmediatamente y, si quieres, puedo comunicarme con él; pero, debo decirte que si es un poco costoso".
Tras oír ello, Zara se mordió ligeramente el labio, miró sus temblorosas manos sobre su regazo y, solo trató de procesar claramente las palabras del médico; mientras que, al ver su rostro bastante preocupado, el hombre suspiró profundamente y volvió a decir: "No te preocupes; de todos modos, no te estoy obligando a hacer eso. Por mi parte, haré todo lo posible para mantener su condición estable hasta que reciba el corazón; pero, te lo digo de nuevo, no puede esperar mucho tiempo".
"¿Cuánto?", preguntó Zara repentinamente y con la voz entrecortada; aunque, a decir verdad, estaba haciendo todo el esfuerzo posible para no derrumbarse más frente al médico.
A decir verdad, la pregunta de la mujer dejó un poco aturdido al médico, pues no esperaba que ella preguntara eso; no obstante, después de unos segundos, el hombre respondió: "Bueno, normalmente se necesitan unos cientos de miles para un trasplante; pero, si él lo hiciera, te cobraría aproximadamente un millón".
"¿Un millón?", repitió muy sorprendida la mujer, mientras levantaba rápidamente la cabeza para mirar a los ojos al médico frente a ella; incluso, estaba tan aturdida que, parecía que su mandíbula estaba a punto de caer al suelo.
"Sé perfectamente que esto es muy costoso para ti; pero, si puedes conseguirlo, él sobrevivirá esta enfermedad", dijo sutilmente el médico.
A decir verdad, Zara se sintió un poco mareada y como si estuviera a punto de derrumbarse; de hecho, para ella ya era difícil conseguir unos cientos de miles, así que, un millón era una verdadera cifra astronómica. Es más, ni siquiera sabía de donde podría sacar tanto dinero.
Después de escuchar esas malas noticias, Zara quedó bastante aturdida y preocupada por la situación; incluso, sin saber exactamente cómo lo logró, pudo salir lentamente del consultorio. Sin embargo, como en ese momento no quería enfrentarse a la triste mirada de su hermano y su madre, ella salió del hospital y se fue al parque más cercano; luego, estando ahí, se sentó en una banca, se tapó la cara con la palma de sus manos y empezó a llorar inesperadamente.
"Hola, señorita Morris", dijo una voz profunda y nítida muy cerca de ella; así que, Zara dejó de llorar instantáneamente y, tras aparatar ligeramente sus manos, levantó la mirada para ver de quien se trataba.
En ese momento, ella vio claramente a un hombre mayor de pie junto a ella, tenía una expresión indescriptible y su mirada era un poco indiferente; sin embargo, a pesar de todo ello, Zara pudo reconocer perfectamente que era el mayordomo de la familia Grantham.
No obstante, Zara quedó un poco aturdida al verlo de pie frente a ella, pues no entendía porque ese hombre había ido a buscarla; luego, se secó las lágrimas y, justo cuando ella estaba a punto de preguntar, el hombre le señaló hacia un lado y le dijo: "El señor quiere hablar contigo. Te está esperando en el auto".
Después de escuchar ello, Zara giró la cabeza para mirar en la dirección que el hombre le señalaba, y fue ahí donde vio una elegante limusina frente al parque; sin embargo, al pensar en el por qué el maestro Grantham quería verla, ella quedó aún más perpleja.
Luego, respiró hondo unas cuantas veces para recomponerse y, tras ponerse de pie, le respondió: "Bueno, está bien. Vamos".
Tras ello, Zara empezó a seguir al mayordomo delante de ella y, justo cuando llegaron al lado de la limusina, el hombre le abrió cordialmente la puerta para que entrara. A decir verdad, dentro del auto, estaba un anciano de casi ochenta años, vestía un elegante traje gris a la medida y su cabello estaba peinado cuidadosamente hacia atrás; incluso, sosteniendo su bastón con cabeza de león y la postura que tenía, lo hacía ver como un absoluto rey.
Además, a pesar de tener unas gafas oscuras, Zara aún podía ver sus ojos azul claro que la miraban nítida y firmemente; incluso, no podía negar que aquel hombre emitía un aura dominante y poderosa.
Sin embargo, a pesar de ello, Zara reunió el valor suficiente para mostrarle una ligera sonrisa y decirle amablemente: "Buenos días, señor. ¿En qué puedo ayudarte?".
"Ven y siéntate aquí", ordenó el hombre, mientras palmeaba ligeramente el asiento a su lado; pero, a notar ello, el corazón de Zara empezó a palpitar más fuerte de lo esperado.
En realidad, no era que Zara no estuviera familiarizada con el hombre frente a ella, pues lo había conocido desde la infancia, cuando su padre trabajó para él como guardaespaldas; de hecho, no solo lo vio muchas veces con su padre, sino que ese hombre también la quería mucho y le regalaba algunos chocolates cada vez que la veía.
No obstante, desde su padre murió, ella no volvió a verlo, y ya había pasado más de una década que lo vio por última vez, por eso se sentía un poco incomoda estando a su lado; sin embargo, después de respirar hondo, Zara se sentó en el asiento junto a él.
"Te has convertido en una mujer muy hermosa", elogió Solomon Grantham, mientras esbozaba una sonrisa en su rostro; por su parte, sonrojándose por su cumplido, Zara miró sus manos en su regazo y le respondió: "Muchas gracias".
A decir verdad, el anciano no podía dejar de mirar a la mujer frente a él, pues ahora le parecía mucho más hermosa que en la foto que había visto; así que, con la mirada fija en Zara, le dijo: "Sé que tienes problemas para conseguir el dinero para la cirugía de tu hermano, y yo puedo ayudarte con eso".
Al escuchar ello, Zara levantó inmediatamente su cabeza y lo miró con toral incredulidad, pues no podía creer lo que había escuchado; incluso, al pensar que todo era un sueño, se tuvo que pellizcar secretamente la palma de su mano para averiguarlo. Sin embargo, al sentir un fuerte dolor, supo inmediatamente que no era un sueño; así que, mirándolo tontamente, se preguntaba por qué ese hombre haría eso.
Al notar su fija concentración sobre él, Solomon se apartó rápidamente de la mirada de Zara y, viendo indiferentemente hacia adelante, añadió: "Puedo pagar todos los gastos médicos, e incluso, organizar la cirugía que tanto necesitaba; pero."
Tras quedarse unos segundos en silencio, ella supo inmediatamente que no era un simple favor y, de hecho, que debía pagar un precio por ello; sin embargo, como no sabía lo que ese hombre le pediría a cambio, Zara se llenó de incertidumbre y su expresión cambió instantáneamente.
"Tienes que casarte con mi nieto Nicholas", dijo repentinamente el hombre junto a ella, haciendo que Zara se quedará en completo estado de shock y sin siquiera saber qué responder; de hecho, solo pudo murmurar suavemente: "¿Qué? Nicholas Grantham".
En realidad, Zara se sintió realmente enferma ni bien escuchó ese nombre, pues todo el mundo sabía que ese hombre era el más mujeriego de todos; de hecho, no solo era famoso por las diferentes conexiones con muchas mujeres, sino también porque cambiaba de mujer como se cambiaba de ropa.
No obstante, ella se sintió realmente furiosa con tal propuesta, pues no entendía que era lo que ese anciano pensaba de ella; a decir verdad, no podía ocultar que necesitaba mucho el dinero que le ofrecía, pero eso no significaba que ella estaría dispuesta a casarse con un playboy como Nicholas Grantham, su nieto. No cabía duda que, para Zara, ellos eran la familia más rica y poderosa de la ciudad; sin embargo, ella también era una mujer digna y no estaba de acuerdo con ese arreglo.
El hombre a su lado notó rápidamente el repentino cambió de expresión de Zara y sabía que ella no era para nada feliz con la noticia; no obstante, él también era un hombre muy persistente, así que, continuó hablando: "Sé lo que estás pensando; pero, antes de responder, por favor, considera mi propuesta. Tú necesitas dinero para tratar a tu hermano, y yo necesito una novia para mi nieto, una que le enseñe sobre la moral y los valores de la familia; así que tú eres perfecta para él".
Luego, mirándola discretamente, Solomon añadió: "Sé que tu padre sacrificó su vida para salvarme y, la verdad es que le debo la vida, por eso quiero ayudarte. No te puedo negar que también sé que podría haberte ayudado sin pedirte nada a cambio; sin embargo, al ver lo hermosa y competente que eres, no podía dejar escapar una oportunidad como esta. Zara, nunca le he pedido nada a alguien en esta vida, pero te lo estoy pidiendo a ti; así que, considera mi propuesta, nos conviene a los dos".
En realidad, Zara solo lo quedó mirando fijamente mientras escuchaba con gran atención sus palabras; de hecho, no podía que la oferta era muy atractiva, pero ella no sabía si podía aceptarla. A decir verdad, Zara siempre soñó en casarse con un hombre que la amara y, de alguna manera, sabía que casarse con Nicholas sería el mayor error de su vida, pues no sería feliz a su lado; sin embargo, al pensar nuevamente en el dolor de su hermano, ella no tenía el valor de negarse. Es más, en ese momento, ella no sabía qué decidir, pues no estaba segura si podía comprometer su felicidad por salvar la vida de su hermano.
Por su parte, al darse cuenta de su confusión, el señor Grantham volvió a añadir: "No tienes que responderme en este momento. Puedes tomarte tu tiempo y pensarlo con calma".
Luego de ello, escribió su número telefónico en un bloc de notas y, después de romper la hoja y entregárselo, le dijo: "Este es mi número, llámame cuando quieras. Espero que acepte mi propuesta y los dos saldremos beneficiados".
Mientras tanto, Zara quedó mirando muy aturdida el número escrito en el papel; luego, doblándolo cuidadosamente y guardándolo en su bolso, le respondió: "No se preocupe, voy a pensar en ello".
Después de decirle eso, Zara sonrió ligeramente al hombre frente a ella, lo miró amablemente y le dijo: "Gracias por su generosidad. Bueno, ahora, si no tiene nada más que decirme, ¿puedo retirarme?".
Tras escuchar su inquietud, el señor Grantham no dijo ni una palabra más, y solo asintió seriamente en señal de respuesta; mientras tanto, al ver su aprobación, Zara no tardó en bajarse de la limosina.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de abrir la puerta, él hombre la miró discretamente y volvió a decir: "Bueno, espero que no tarde mucho, estaré pendiente a su respuesta".
"No se preocupe, lo llamaré pronto", respondió rápidamente la mujer, con la mirada fija en él y antes de salir por completo del auto.
Nota del Autor: Hola queridos lectores, esta es mi nueva historia en esta plataforma; así que, espero que les guste y sea de su agrado. Sigan leyendo y dejen sus comentarios de este nuevo libro. Gracias.
Después de salir del auto, Zara estaba realmente confundida y perturbada que, mientras pensaba en las palabras del hombre, empezó a caminar lo más cuidadosamente posible por temor a caerse; incluso, estaba tan concentrada en sus pensamientos que, ni siquiera supo cómo llegó al hospital. De hecho, con el fin de salvar a su hermano, ella estaba dispuesta a aceptar la propuesta del sr. Grantham; pero, por otro lado, una voz en su interior le decía que lo rechazara.
"¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Por qué tardaste tanto en venir?", preguntó rápidamente su madre, quien se acercó a Zara en el momento que la vio ingresar a la habitación.
Por su parte, cuando escuchó las palabras de su madre, Zara finalmente salió de su trance, la miró suavemente y, desviando su mirada hacia la cama, vio a su hermano enfermo durmiendo tristemente; de hecho, se veía tan pálido y débil, muy diferente a los muchachos de su edad, que estaban siempre animados y llenos de vigor. Incluso, pensó que, si él estuviera bien de salud, tal vez ya habría comenzado a salir con una hermosa jovencita; sin embargo, gran parte de su vida se la pasó en un hospital, y ahora, se debatía entre la vida y la muerte.
Justo cuando pensó en tal posibilidad, Zara sintió un fuerte dolor en su pecho, las lágrimas fluyeron instantáneamente de sus ojos y, tras limpiarse suavemente su rostro, le preguntó a su madre: "¿Cuánto tiempo lleva durmiendo?".
Tras escuchar su interrogante, Charlotte, su madre, miró tristemente a Brian, suspiró lentamente y respondió: "Casi una hora". Luego, giró la cabeza para mirar a Zara y, con la mirada fija en ella, le preguntó cautelosamente: "Fuiste a ver al médico, ¿qué fue lo que dijo?".
Por su parte, aun con la mirada fija en su hermano, Zara no respondió inmediatamente; de hecho, solo después de unos minutos, ella miró tristemente a su madre y le dijo: "Madre, necesito hablar algo urgente contigo. Sígueme, salgamos de aquí".
Después de decirle ello, Zara salió lenta y silenciosamente de la habitación; mientras que, al sentir que algo no andaba bien, Charlotte se puso muy ansiosa, su corazón empezó a latir con fuerza y, la siguió a toda prisa.
No obstante, ni bien estuvieron afuera de la habitación, la madre miró fijamente los ojos de su hija y, le preguntó con gran inquietud: "¿De qué quieres hablar? Me estás poniendo muy nerviosa".
Tras notar la gran preocupación de su madre, Zara se sentó cuidadosamente en una de las sillas de la sala de espera y, con la cabeza gacha, le comentó: "El médico dijo que Brian necesita un trasplante de corazón y...". Luego de ello, Zara hizo una ligera pausa, levantó la mirada hacia su madre y, añadió: "Cuanto antes, mejor".
Después de escucharla, Charlotte se sentó a su lado, la miró con gran incertidumbre y, le respondió: "Pero. su número todavía está muy lejos. ¿Qué es lo que podríamos hacer? ¿Cómo podemos si quiera adelantar el trasplante?".
Luego de oír eso, Zara agachó la cabeza lentamente, se miró las manos en su regazo y, con voz temblorosa, le dijo: "Recibí una propuesta del señor Grantham".
"¿Grantham?", exclamó Charlotte sumamente desconcertada; luego, como no entendía a qué se refería, le preguntó inmediatamente: "¿Qué propuesta? ¿Qué te dijo?".
Al notar su curiosidad, Zara respiró hondo para poder tranquilizarse y, después de unos segundos, le contó a su madre todo lo que ese hombre le había dicho.
Tras escucharla, una radiante sonrisa apareció en el rostro de Charlotte y, con gran emoción, le dijo: "Es bueno, quiero decir, todo esto es genial. De hecho, el señor Grantham es como nuestro salvador; así que, deberías aceptar inmediatamente su propuesta".
A decir verdad, la madre de Zara no podía ocultar la gran emoción que sentía; sin embargo, al ver a su madre en ese estado, Zara sintió un fuerte dolor en su corazón. De hecho, en ese momento, a ella le pareció que su madre solo se estaba preocupando por el bienestar de Brian, y ni siquiera se había puesto a pensar en ella; así que, mirándola con gran decepción, le preguntó: "¿Enserio? ¿De verdad quieres que acepte su oferta? Mamá, me está pidiendo que me case con Nicholas Grantham, el mujeriego más famoso de la cuidad; es más, ¿quién sabe con cuántas mujeres ha estado? La verdad es que, no quiero casarme con alguien como él".
Cuando escuchó esas palabras, la sonrisa de Charlotte se desvaneció inmediatamente, su expresión se volvió demasiado fría y, mirándola con gran disgusto, le dijo con severidad: "No olvides que tu hermano está acostado en una cama de hospital, morirá si no recibe el trasplante de corazón, ¿acaso quieres eso? No entiendo, como puedes ser tan egoísta, tienes la oportunidad de salvarlo y quieres rechazarla; además, es una gran oportunidad, te convertirás en la nuera de los Grantham. Zara, innumerables señoritas sueñan con eso, y a ti, esta oportunidad se te presentó por sí sola, ¿no te sientes afortunada? Asimismo, creo que el joven Grantham solo hace eso porque está soltero; pero una vez que se case, será leal a su esposa".
Luego de ello, la mujer hizo una pausa por un momento, la miró fijamente y continuó: "Zara, eres una mujer muy hermosa, no cabe duda que puedes ganar su corazón; después de todo, él es un hombre de carne y hueso, no puede resistirse a tu encanto. Bueno, espero que sepas elegir y tomes una sabia decisión".
Tras decirle eso, Charlotte se levantó de la silla para dejarla sola, y entró rápidamente a la habitación de su hijo.
Mientras tanto, Zara permaneció tranquilamente sentada en la silla y, aunque por el exterior parecía calmada; en realidad, estaba aún más confundida con su decisión. A decir verdad, las palabras de su madre resonaban una y otra vez en sus oídos; además, por la situación en la que estaban, sabía que aceptar la oferta del señor Grantham era lo mejor opción, pues también le ayudaría a salvar a Brian.
Sin embargo, Zara no comprendía por qué debía ser Nicholas Grantham; mucho menos, porque se aceleraba su corazón con solo mencionar su nombre.
En realidad, las palabras de su madre la hicieron pensar más en una posible relación con él; de hecho, no sabía si su madre tenía razón, si de verdad cambiaría su actitud con el matrimonio o, si ella podría ganarse su corazón.
Tras ese doloroso recuerdo, Zara por fin salió de su trance, volvió a su realidad y, suspiró profundamente mientras miraba el anillo de diamantes de su dedo; luego, una indiferente sonrisa apareció en su rostro.
En realidad, ella accedió a ese matrimonio pensando que algún día podría ganarse el corazón de Nicholas; además, creía que ella ganaría más que cualquiera, pues, aparte de que Brian recibiría el tratamiento, ella se convertiría en la nuera de los Grantham. Sin embargo, todas sus esperanzas se derrumbaron cuando Nicholas le pidió que firmara un contrato por un matrimonio de solo dos años.
Dos años donde ella tenía que permanecer obedientemente como su legítima esposa; pero, al final de ese plazo, después de recibir unos 50 millones de dólares para que pueda vivir, ella debía desaparecer de su vida inmediatamente.
Además, durante ese tiempo, ella no podía hacerle ningún capricho o pedirle algo, no podía salir de la villa sin su permiso, o salir con alguien a sus espaladas, y muchos otros términos que no recordaba en ese momento.
De hecho, tras ver el contrato que le hizo firmar, Zara pensó rápidamente en rechazar la propuesta y dejar de lado todo ese arreglo; sin embargo, al pensar en su hermano Brian, ella olvidó inmediatamente esa absurda idea. Además, de alguna u otra manera, esa idea no era del todo mala; pues, no solo sería libre después de dos años, sino que también recibiría una cuantiosa cantidad de dinero, con la cual podía empezar una nueva vida.
No obstante, Zara no entendía porque se sentía tan mal cuando pensaba en Nicholas; es más, ni siquiera comprendía porque tenía ese fuerte dolor en el pecho, como si le hubieran clavado una daga en el corazón y que le dificultaba respirar con normalidad.
A decir verdad, Zara se sentía realmente triste con toda esa situación, pues, quien se suponía que debía estar con ella en su noche de bodas, no lo estaba; es más, ella ni siquiera sabía dónde y con quien se encontraba su esposo. Mientras pensaba en ello, unas lágrimas cayeron inesperadamente por sus mejillas; sin embargo, como no estaba dispuesta a llorar por él, se secó rápidamente el rostro, se quitó el maquillaje y el elegante vestido y, se dio un refrescante baño.
De hecho, estaba tan aturdida con todo lo que pasaba que, se olvidó de la noción del tiempo y tardó más de lo habitual en su baño; luego, cuando por fin salió de su trance, salió cuidadosamente del baño, se puso su pijama rosa de dibujos animados y, se acostó inmediatamente en la cama. En realidad, Zara tenía toda la intención de dormir profundamente, pero no lo consiguió; por el contrario, estuvo dando vueltas y vueltas hasta que, quien sabe cuánto tiempo después, recién pudo conciliar el sueño.
...
Como la noche era joven y aún se empezaba a disfrutar del momento, un auto que circulaba a velocidad moderada por una amplia carretera, tenía el volumen de la música al máximo e, una hermosa mujer rubia de copiloto, tarareaba y balanceaba ligeramente sus manos al ritmo de la melodía; mientras que, el hombre que conducía, tenía una ligera sonrisa en el rostro cada vez que la miraba.
Por su parte, al notar que el hombre la estaba mirando secretamente, la mujer le rodeó el cuello con los brazos y lo besó apasionadamente; mientras que, tras devolverle el beso, el hombre se retiró y le dijo: "Estoy conduciendo, nena, ahorita..."
Antes de que pudiera terminar de hablar, el hombre se embistió repentinamente con un enorme camión frente a ellos y, luego de perder el equilibrio y darse varias vueltas de campana; el auto finalmente se estrelló contra el suelo, haciendo que solo se escuchara algunos fuertes zumbidos en el interior.
Aunque el conductor no quedó del todo inconsciente, su dolor de cabeza si era demasiado intenso, e incluso, no podía escuchar nada más que el zumbido que salía del auto; sin embargo, tras girar ligeramente su cabeza, vio que su acompañante realmente parecía muerta y, de hecho, tenía la cabeza colgada sobre el vidrio roto del parabrisas.
A decir verdad, el rostro de la mujer estaba cubierto de sangre; es más, no podía negarse que había sangre por todos lados, haciendo que sea una escena realmente impactante.
"Sasha", gritó ansiosamente el hombre en la habitación, quien se sentó abruptamente en su cama, e incluso, hizo que el silencio se desvaneciera inmediatamente.
En realidad, después de ese mal sueño, el rostro de Nicholas estaba cubierto de sudor, su respiración era realmente agitada, su cabello estaba despeinado haciendo que algunos mechones caigan sobre su frente; incluso, su espalda parecía estar empapada.
De hecho, no podía negarse que era realmente una pesadilla, un mal sueño que lo persiguió durante el último año; sin embargo, cada vez más parecía que la intensidad del dolor y el miedo eran iguales a ese día. Es más, para Nicholas, ese accidente era como si hubiera sucedido tan solo la noche anterior, y no hace un año, como verdaderamente fue.
A decir verdad, Nicholas estaba tan perturbado con el mal sueño que tuvo que, solo el sonido de la alarma lo sacó de su trance; luego, frotándose nerviosamente la frente y revolviendo abruptamente su cabello, apagó la alarma.
Tras ello, tomó su celular que estaba en la mesita de noche a su lado, lo desbloqueó y, en la pantalla, apareció la foto de una hermosa joven; de hecho, mientras la miraba atentamente, la expresión de Nicholas se volvió mucho más tierna y delicada, acarició con dulzura la foto y, murmuró: "Sasha".
En realidad, Nicholas no sabía nada de esa mujer desde que desapareció de su vida, no conocía su paradero y, mucho menos, sabía cómo se encontraba de salud; incluso, hasta había olvidado la cuenta de cuantas veces había visto esa foto en su vida.
De hecho, Nicholas estaba tan enojado y frustrado consigo mismo, pues, aparte de que no podía encontrarla, su dolor siempre aumentaba cada vez más; sin embargo, el no perdía la esperanza de que un día la encontraría. Después de pensar en ello, el hombre pateó el edredón que lo cubría, salió de la cama y, se dirigió rápidamente al baño.
...
Mientras tanto, en ese mismo momento, en la mansión Grantham, el señor Solomon se encontraba en su estudio, estaba acompañado de su abogado de confianza y discutían abiertamente sobre el testamento que quería redactar.
Pero, al final de la discusión, el abogado no pudo evitar mirarlo con indiferencia y preguntarle: "¿Estás seguro de hacer todo esto? En mi opinión, si al joven no le gusta su esposa, no es bueno que ambos permanezcan en un matrimonio sin amor, eso solo los hará sufrir más".
Ethan Smith, el abogado del señor Solomon Grantham, era una persona mayor, tenía el pelo gris y, unas cuantas arrugas en su rostro; de hecho, por su apariencia, no se podía negar que llevaba muchos años siendo abogado y, sobre todo, con una gran experiencia en su medio
Por su parte, Solomon, quien estaba sentado de mala gana, sostenía su bastón con cabeza de león y, después de respirar hondo por unos segundos, le respondió: "No has conocido a esta chica, por eso dices eso; pero, ella es perfecta para Nicholas. Además, conozco muy bien a ese mocoso, sé que no me negará nada y por eso accedió a este matrimonio; sin embargo, también estoy seguro que él planea divorciarse de ella cuando tenga la más mínima oportunidad. Ethan, Nicholas no dejó de buscar a esa chica, Sasha; así que, no quiero que mi nieta política sufra alguna injusticia, por eso estoy decidido a darle la mitad de mis propiedades si mi nieto se quiere divorciar de ella. Esta es la única forma de detenerlo, no tengo otra opción".
Mientras decía ello, el señor Grantham agarró con mucha más fuerza su bastón; incluso, su mirada se volvió aún más seria y dominante hacia el hombre frente a él.
"Pero, ¿y si es esa chica que quiere el divorcio?", preguntó repentinamente el abogado.
A decir verdad, el abogado se mostraba reacio a estar de acuerdo con el señor Grantham; pues, Amber, la madre fallecida de Nicolás, era una muy buena amiga suya, y nunca quiso ver sufrir a su hijo. De hecho, es por eso que creía que el señor Grantham estaba haciendo mal al obligarlo a permanecer en un matrimonio sin amor; incluso, debido a eso, fue que inconscientemente también comenzó a sentir antipatía por Zara.
"Solomon, la gente puede cambiar de opinión en cualquier momento, ¿por qué estás tan seguro que ella no lo hará? Es más, cuando se dé cuenta que Nicholas no la quiere, ¿no crees que decidirá hacer algo? ¿Qué pasa si deja a tu nieto y se fuga con alguien? En ese momento, ¿no te arrepentirás de haberle dado la mitad de tu propiedad?", explicó rápidamente el abogado.
En realidad, las palabras del abogado lo obligaron a pensar y replantear otra vez su decisión sobre el testamento; pues, no podía negar que Ethan tenía razón y que él no había pensado en esa posibilidad. Luego, después de pensar tranquilamente en ello, el señor Grantham finalmente se decidió y, en un tono firme y claro, le dijo: "Al final, agrega esta cláusula: Si ella engaña a Nicholas e inicia primero el divorcio, no recibirá ni un centavo de la familia Grantham".
De hecho, escuchar esas palabras del señor Grantham, llenaron al abogado de satisfacción y de una completa alegría; es más, después de escribir claramente todas y cada una de las cláusulas que le indicó, él se despidió con una gran sonrisa en el rostro.
Luego, justo cuando salía del estudio, el mayordomo de la casa se le acercó inmediatamente y le dijo: "Sr. Smith, la señora lo invita a tomar el té. Ella lo está esperando en el patio trasero".
Tras escuchar ello, el hombre frunció ligeramente el ceño, pues sabía que, esa mujer, Betty Grantham, era una persona demasiado codiciosa; es más, podía asegurar que ese encuentro tenía segundas intenciones y, que esa mujer tenía otros planes en mente. Sin embargo, al estar consciente de ello, él sonrió astutamente mientras se dirigía al lugar donde lo esperaban.
Cuando llegó al patio, el abogado no tardó en ver a Betty, quien estaba sentada en una silla leyendo cuidadosamente un libro y, de hecho, no podía negar que con ese vestido blanco que tenía puesto, se veía realmente hermosa.
Luego, tras acercarse rápidamente hacia ella, sonrió contestemente y le dijo: "Buenos días, Sra. Grantham. Escuché que quiere verme, ¿en qué puedo ayudarla?".
Tras oír sus palabras, Betty lo miró fijamente, dejó el libro sobre la mesa junto a ella y, con una sonrisa en el rostro, le dijo: "Tome asiento, Sr. Smith".
Después de escuchar su pedido, el señor Smith se sentó en una silla frente a ella y, unos segundos más tarde, miró rápidamente el hermoso jardín frente él; de hecho, se podía notar claramente que, la hierba del césped había sido podada meticulosamente, algunas plantas formaban el límite del jardín y, entre las dos elegantes piletas que decoraban el lugar, se encontraban floreciendo hermosos lirios blancos. En realidad, el lugar parecía transmitir una gran paz y relajación, pues la suave brisa calmaba serenamente el interior de todos; sin embargo, en ese momento, el hombre no tenía tiempo para disfrutar de la hermosa vista, ya que solo estaba ansioso por saber lo que tenía en mente la mujer frente a él. Así que, con la mirada fija en ella, volvió a preguntar inquisitivamente: "Señora Grantham, dígame, ¿cómo puedo ayudarla?".
Por su parte, al sentir que el hombre tenía una gran curiosidad, Betty se rio sarcásticamente y le dijo: "Sr. Smith, he estado casada con el hijo del señor Grantham por más de 25 años; así que, creo que podemos hacernos amigos, ¿no es así? Después de todo, también solías ser amigo de la ex Sra. Grantham".
Cuando la escuchó hablar de la ex señora Grantham, la expresión del hombre cambió repentinamente, e incluso, debido a la cólera, apretó con fuerza sus puños. A decir verdad, a él no le caía para nada esa mujer, pues conocía perfectamente lo intrigante que era y, sobre toda, las conspiraciones que utilizó para casarse con Edward en ese entonces; además, también la culpaba de la muerte de Amber, ya que, aparte de que sufrió mucho, la llevó al punto de morir de un ataque al corazón.
Pero rápidamente ocultó su enfado y esbozó una sonrisa: "Ya somos amigos. ¿No me consideras un amigo? Las pupilas de Ethan se encogieron mientras inspeccionaba su expresión. Sin embargo, el hombre trató de ocultar los más que pudo su enfado y, esbozando una ligera sonrisa en el rostro, la miró fijamente para mirar su expresión y le respondió: "Enserio, ¿de verdad me consideras un amigo?".
Tras escucharlo, Betty dejó escapar una risa fingida y, sirviendo cuidadosamente una taza de té, le dijo: "De hecho, ya somos amigos. Por eso te invito a tomar el té; de lo contrario, no lo hubiera hecho".
"Gracias", dijo el hombre mientras recibía la taza de té que le entregó, y luego, tomó un sorbo del té para humedecer su garganta seca.
"Viniste a visitar a mi suegro, ¿por qué? ¿Hay algo importante que discutiste con él?", preguntó Betty repentinamente, revelando finalmente la verdadera intención de ese encuentro.
Por su parte, Ethan resistió firmemente las ganas de reír a carcajadas y, manteniendo su actitud serena, le respondió: "En verdad, vine a disculparme con él por no poder asistir a la boda de Nicholas. De hecho, estaba tan ocupado con una audiencia que me fue imposible llegar, y el señor estaba muy enojado conmigo; pero ahora todo está bien, ya le expliqué que fue lo que sucedió".
A decir verdad, Betty no podía creer para nada las palabras de ese hombre, así que lo miró cautelosamente a los ojos con el fin de encontrar alguna pista; sin embargo, después de un rato, la mujer suspiró dramáticamente, sonrió de manera fingida y le dijo: "Sí, lo entiendo. Mi suegro está envejeciendo y se enfada fácilmente con todos; pero, me alegra saber que lo ha perdona".
Después de tomar el último sorbo de té, el señor Smith dejó la taza sobre la mesa, miró su reloj de pulsera y le dijo inmediatamente: "Bueno, gracias por el té, señora Grantham. Me tengo que ir, aún tengo algunos asuntos pendientes".
Tras escuchar ello, Betty asintió y le sonrió amablemente; mientras que, Ethan se levantó cordialmente de la silla y salió a toda prisa. Sin embargo, mientras lo veía alejarse, la sonrisa de la mujer se desvaneció gradualmente y su expresión se volvió aún más fría e indiferente.
.....
Por otro lado, en la sede de Apex Groups, Nicholas estaba sentado hoscamente en su asiento, con la mirada perdida y sin prestar atención a las palabras de su asistente, Benjamín Ryan.
Por su parte, sin darse cuenta que su jefe no le estaba haciendo caso, su asistente le siguió informando: "El 50% de las acciones de Moore están ahora a su nombre; así que, puede liberarlas en cualquier momento. Además, el sr. Davis Moore aún no está dispuesto a hablar con usted y se negó a darle una cita".
Tras decir ello, Benjamín se quedó en silencio y lo quedó mirando fija y curiosamente; mientras que, aparte de que Nicholas siguió sin responder, su expresión era realmente indescriptible. A decir verdad, la compañía Moore solía ser principal socia de Apex Groups; sin embargo, después del accidente que ocurrió un año atrás, ellos se convirtieron en verdaderos rivales.
En sí, todo eso sucedió porque Sacha era la sobrina de Davis Moore y, el accidente le afectó tanto que cayó en un profundo coma; debido a ello, sus padres culparon a Nicolás de todo lo sucedido y sacaron inmediatamente a su hija del país, evitando cualquier contacto con él. Es por ese motivo que Nicholas no sabía nada de su paradero; pues, por más que la había buscado en todas partes, no encontró ninguna pista y, de hecho, parecía como si la hubiera tragado la tierra.
Pero, como Nicholas estaba seguro que el señor Moore sabía del paradero de Sacha, él empezó a crearle innumerables problemas para su empresa; pues, tenía la esperanza que, en cualquier momento, el señor Moore se derrumbaría y recurriría a él, revelando el paradero de su sobrina.
Mientras tanto, como Benjamín no entendía lo que le estaba pasando a su jefe, después de mirarlo fijamente por un tiempo, le preguntó: "Jefe, ¿cuál es su orden? ¿Qué desea que hagamos?".
Por su parte, tras pensar unos segundos más, Nicholas cambió repentinamente su expresión y, le respondió: "Llámalo de nuevo y solicita una cita; pero, si esta vez no acepta, libera las acciones de su empresa al mercado. Quiero ver como manejará esta situación".
"Entendido, jefe", dijo el asistente antes de irse; luego, cuando por fin se fue, Nicholas también se centró en revisar unos documentos importantes de su empresa.
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A decir verdad, el tiempo pasó tan rápido que, Nicholas y Zara ya habían cumplido un mes de matrimonio; sin embargo, durante ese tiempo, Nicholas no se apareció por la casa ni una sola vez, y Zara, también prefería quedarse en su antiguo departamento, acompañada de su madre y su hermano. De hecho, aunque Zara sentía un fuerte dolor en su corazón por todo lo que estaba pasando con su vida, ella también estaba realmente feliz por su hermano; pues, debido a las conexiones de la familia Grantham, no solo se consiguió un donante, sino que la cirugía también se programó para la próxima semana.
De hecho, Zara no podía ocultar la inmensa alegría que sentía, y tampoco podía evitar unas cuantas lágrimas de felicidad; pues, tras mucho tiempo, volvió a ver a su hermano sonreír vivamente.
"Voy al mercado a comprar algunas cosas que me faltan. Hija, por favor, quédate a cenar esta noche, haré tus platos favoritos", exclamó la madre con una sonrisa llena de felicidad.
"No hay problema, claro que lo haré, me quedaré aquí hasta que Brian se recupere en su totalidad", respondió Zara firmemente, mientras le daba un cálido abrazo a su hermano.
Por su parte, tras escucharla, Brian sonrió de oreja a oreja y, burlándose de ella, le dijo: "Y, ¿cuándo te alejas de nosotros? La mayor parte del tiempo estas aquí con nosotros; así que, a veces se me olvida que ya estás casada".
Tras oír sus palabras, Zara le dio una palmada en su brazo juguetonamente y, le respondió con una sonrisa en el rostro: "Mocoso... ya veo que te estás burlando de mí, eh. Además, ¿dónde está el problema si me quedo aquí? Esta también es mi casa y puedo quedarme todo el tiempo que quiera".
Mientras tanto, Brian frunció ligeramente el ceño, se frotó el brazo donde Zara lo golpeó y, con una ligera sonrisa, le dijo: "Está bien... está bien. Entiendo, pero no me golpees".
A decir verdad, después de escuchar las palabras de su hijo, Charlotte se detuvo inmediatamente, su rostro se llenó de preocupación y temía que algo pasara con su hija; de hecho, no podía negar que las palabras de su hijo eran ciertas, pues Zara rara vez regresaba a la casa de sus suegros.
Es más, la madre también se sentía mal porque, durante todos esos años, ella solo estuvo ocupada en Brian y ni siquiera le importó su hija; sin embargo, fue Zara que, con el fin de salvar a su hermano, accedió a casarse contra su voluntad. Por ese motivo, la madre pensó que talvez estaba sucediendo algo en su matrimonio.
Por ello, tras llenarse de dudas y preocupación, la mujer se sentó en el sofá al lado de Zara y, le pregunto: "Hija, ¿estás bien? ¿Hay algo que quieras contarme?".
"¿Qué pasó, mamá? Pensé que tenías que ir rápidamente al mercado", preguntó Zara inmediatamente, tras darse cuenta que su madre tenía un gran interés por saber de su vida de casada.
Mientras tanto, Charlotte se acercó un poco más a ella, tomó su mano y le preguntó: "Hija, ¿el joven Nicholas te trata bien? Te has quedado aquí la mayor parte del tiempo, ¿no se enfada contigo? ¿Está todo bien entre ustedes dos?".
A decir verdad, el rostro de Zara se puso completamente pálido cuando escuchó el nombre de Nicholas; pues, ella no le había contado nada sobre el contrato que firmó. Luego, reprimiendo toda su tristeza en el fondo de su corazón, esbozó una ligera sonrisa y le respondió: "Mamá, él es un hombre muy bueno y generoso, conoce la situación de Brian y me permite estar aquí todo el tiempo que quiera. De verdad, no hay nada de qué preocuparse".
Cuando Charlotte la vio sonreír tan alegremente, ella se sintió mucho más tranquila, le palmeó cariñosamente el dorso de la mano y, le dijo: "Que bueno escuchar eso, la verdad es que me alegra mucho". Luego, se levantó sigilosamente del sofá, les sonrió cariñosamente y, antes de irse, les dijo: "Bueno, ahora ya me voy; pero, no empiecen a discutir de nuevo, entendido. Volveré pronto".
"¿Qué? ¿Por qué dijo eso? ¿A quién se lo dijo? ¿Quién estaba discutiendo aquí?", preguntó Brian de manera sarcástica y con una ligera sonrisa.
"Obviamente a ti, te lo dijo directamente. Además, tú eres el que siempre busca discutir conmigo, todo el tiempo lo haces", respondió Zara, burlándose de su hermano.
"No digas tonterías. Tú eres quien no puede dejar de pelear conmigo, la única que discute aquí, eres tú y no yo", respondió Brian con total firmeza y, sobre todo, con una sonrisa en su rostro; mientras que, tras escucharlo, Zara le respondió juguetonamente: "Sí, sí... mira, quién habla".
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De hecho, ellos siguieron discutiendo juguetonamente hasta que una llamada telefónica los perturbó; en ese momento, Zara se apresuró a ver su celular y, al descubrir que era el nombre de Solomon Grantham, se puso muy nerviosa.
Luego, hizo una seña para que su hermano se callara, y le dijo en voz baja: "No hagas ruido. Es el abuelo de Nicholas, el señor Grantham".
Por su parte, tras escuchar ello, Brian se tapó con su mano los labios y permaneció sentado en completo silencio, pues no quería interrumpir la conversación que tendría su hermana.
Mientras que, tras aclarar ligeramente su voz, Zara le respondió cordialmente: "Hola, abuelo, ¿cómo estás?".
Después de decir ello, escuchó una risa al otro lado del teléfono y, seguida de su voz profunda, le respondieron: "No te preocupes, estoy bien, ¿y tú? ¿Cómo está Brian?".
"Estoy bien, abuelo, y Brian también está mucho mejor; incluso, su cirugía está programada para la próxima semana", respondió Zara inmediatamente y con total amabilidad.
"Esa es una muy buena noticia y espero de todo corazón que tu hermano se mejore pronto. Bueno, yo te llamaba para invitarte a cenar esta noche en casa; la verdad es que, ya pasó un mes desde que te casaste, y ese mocoso de mi nieto no te trajo ni una sola vez a la mansión. No te llamé antes porque sabía que estabas ocupada organizando la cirugía de Brian; pero ahora, ya no puedo esperar para verte, así que me atrevo a invitarte. Por favor, ven a cenar esta noche a casa, ven con Nicholas", dijo el señor Grantham lo más cordial posible.
Cuando escuchó el nombre de Nicholas, el rostro de Zara se puso completamente pálido y, de hecho, ella estaba dispuesta a aceptar rápidamente su invitación, pues el señor Grantham fue realmente bueno con ella; sin embargo, al decirle que asista con su nieto, ella dudó de su respuesta. Luego, tras respirar lo más tranquilo posible, ella respondió sabiamente: "Esta bien, abuelo. Estaremos allí".