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Novios por accidente

Novios por accidente

Autor: : Isavela-Robles
Género: Romance
Lorena es una joven que ha sido obligada a estudiar en un colegio para ricos y todos en el instituto la creen rara al no ser igual a ellos. Como si fuera poco, en su casa sus hermanas se burlan de ella al no tener amigos y mucho menos un novio; cansada de su situación, un día les grita a sus hermanas que sí tiene novio y da detalles de cómo es él, algo que claramente es mentira. ¡Pero ella nunca creyó que esto se volvería un problema del cual no sabría cómo salir! Ahora tiene un novio el cual no conoce ¡y es el hijo del jefe de su madre!, como si fuera poco, las dos familias se van a reunir para oficializar su relación, ¡¿se imaginan?! ¡Oficializar una relación que no existe! ¿Cómo podrá Lorena salir de este gran problema?

Capítulo 1 Malentendido

Lorena estaba sentada en el comedor comiendo tranquilamente cuando se metió el mismo tema de siempre:

-Hoy vi a tu amiguita, ¿por qué ya no llega a la casa? -comentó Marcela, la hermana mayor, mientras revolvía su comida.

-Creo que ya se dejaron, aunque, me parecía que hacían buena pareja. Yo digo que mis padres las hubieran aceptado, sabes que eso ya es bastante normal en estos días -soltó Flor mientras aguantaba una risotada.

-Niñas, ya dejen de burlarse de Lorena -regañó su padre.

-Hija, si eres lesbiana puedes decirnos, nosotros te apoyamos -soltó insistente la señora Durán.

-No soy lesbiana, mamá -refutó Lorena levantándose de la mesa.

-Ya se enojó la niña... -se burló Flor.

-Flor, deja de molestar a tu hermana -regañó el señor Durán.

.

-Qué chica más rara -masculló Cristian observando detenidamente a una joven que estaba sentada en una banca mirando sus manos. Él se encontraba en la banca de enfrente con su compañero de clases, Camilo.

-Pero sabes que yo no quiero nada con ella, no sé cómo dejar esa relación de una vez por todas -decía su amigo.

-Oye, Camilo, mira a esa chica que está enfrente, es rara ¿no? -dijo Cristian.

-¿A mí qué?, es más raro que tú la observes y digas que es rara, no.... ¡Lo que pasa es que no me estás prestando atención! -soltó el muchacho enfadándose. En aquel momento vieron cuando la chica se levantó de la banca mientras hablaba sola y se marchó. Camilo y Cristian la siguieron con la mirada- bueno... eso fue muy raro.

Lorena era aquella chica, no estaba rara, sólo tenía mucha rabia porque había acabado de discutir con sus hermanas que siempre la molestan:

"Tener un novio, ¿tengo que mostrarles a ellas un chico para que dejen de decir que soy lesbiana?" pensó, acomodó su abrigo blanco y se agachó a mirar el lago que estaba frente a ella. Le gustaba apreciar la naturaleza, eso la hacía sentirse bastante tranquila.

.

Lorena siempre se había caracterizado por ser una joven algo tímida que no tenía amigos, era bastante solitaria y callada. Con el paso del tiempo a su familia le pareció extraño que la joven tuviera ese tipo de comportamientos y que siempre estuviera con una chica igual a ella, pero con el transcurso de los meses esa niña no llegó más a su casa y no la volvieron a ver con Lorena. Ahora la joven siempre se encontraba sola y no hablaba ni con su familia. Llegaron a una conclusión y empezaron a molestarla con el tema de su sexualidad porque creyeron que era lesbiana y a la hora de comer, el tema se convertía en el postre.

-Ya me voy -dijo Lorena al estar a punto de salir de su casa, pero nadie le prestó atención. Llevó su mirada a la sala donde todos estaban sentados concentrados en el nuevo chisme que traía su madre.

-Así que el hijo de mi jefe tiene novia, lo que el señor quiere saber es quién es -dijo la señora.

-Lo que me dicen mis amigas de la oficina es que él nunca le muestra sus novias a su padre y por eso quiere conocer a esta chica, dicen que ella tiene familia trabajando en la oficina, sería bueno conocerlas y saber qué tipo de chica es su novia -explicó Marcela quien trabajaba en la misma empresa.

-¿Qué edad tiene? -inquirió Flor.

Lorena salió de la casa caminado rápidamente, puso sus auriculares en sus oídos y subió todo el volumen de la música. Se montó en su bicicleta para pedalear hasta el colegio que quedaba al otro extremo de la ciudad. En el salón de clases siempre la quedaban observando porque llegaba sudada y se limpiaba con un pañuelo amarillo que cargaba consigo.

-¿Acaso viene caminando desde su casa? -preguntaban las chicas con algo de asco.

-Tiene una bicicleta -respondió una joven.

Lorena escuchaba lo que decían aquellas chicas. "Malditas riquillas, ¿por qué mis padres tuvieron que meterme en este colegio?" pensó Lorena mientras se echaba fresco con una libreta.

-Para que consigas un buen partido que mejore el renombre de nuestra familia -explicó su mamá en la noche cuando le arreglaba la ropa en el closet.

-Yo creo eso es imposible, con esa cara de piedra con la que siempre anda no creo que ningún chico le preste atención -dijo Flor recostada en el marco de la puerta.

-¿Y tú cómo sabes que eso nunca va a pasar? -preguntó Lorena.

-Porque soy tu hermana mayor -respondió Flor.

-¿Por qué hija? ¿Ya tienes un pretendiente? -inquirió la señora Durán terminando de meter la ropa en el closet.

Todas hicieron silencio y Lorena tragó en seco.

-Claro que no... ¿Quién se va a fijar en esa rara? -soltó Marcela cruzada de piernas sobre la cama.

-Si Lorena se consigue un novio, yo podré ir a la luna -se burló Flor. Las dos hermanas soltaron la carcajada.

-¿Te acuerdas aquella vez cuando estaba pequeña y obligó a que un niño le diera un beso? -preguntó Marcela a su hermana.

-Ay, sí, pobrecito, el niño terminó llorando -Flor soltó una gran carcajada.

-Lorena sólo conseguirá novio si apunta un arma a la cabeza del pobre chico -chistó Marcela.

-Yo creo que él primero se mata antes que estar con ella.

-¡Tengo novio! -gritó Lorena. Todas la miraron bastante serias, se empezaron a observar y después soltaron la carcajada- se llama Cristian, tiene 18 años, es alto, blanco, cabello negro y estudia en el colegio. ¡Ah...! También está en el grupo de natación del instituto -agregó la muchacha montándose en toda una nube al ver que había cumplido su objetivo. Sus hermanas y su madre hicieron silencio.

-¿Eso es cierto? -inquirió su padre entrando al cuarto.

La madre de Lorena pegó un grito de emoción.

-¡Es el hijo de mi jefe! -gritó.

-No creo mamá -negó Marcela haciendo un gesto de confusión.

-¡Claro que sí, Cristian tiene una novia que tiene la edad de Lorena, la familia de la joven trabaja en la empresa y Cristian estudia en el mismo colegio, recuerda que está en el grupo de natación! ¡Es él!

-¡Es cierto, el hijo de nuestro jefe se llama Cristian, él estudia en tu colegio y tiene 18 años, entonces son ciertos los rumores que se corren en la empresa, Cristian tiene una novia que tiene familia trabajando en nuestra empresa! ¡Y esas somos nosotras! -dijo Marcela.

Todos llevaron su mirada a Lorena.

-¡Hija, te has ganado la lotería! -gritó la señora Durán.

-¡Por fin voy a tener un ascenso! -gritó Marcela, abrazó a su hermana- ¡gracias hermanita! ¡Por eso te amo!

"Mierda, ¿en qué problema me he metido?" pensó Lorena viendo cómo se estrellaba contra la horrible realidad que se le avecinaba.

Capítulo 2 El novio que no existe

Lorena estaba sentada en una banca del colegio viendo como unos chicos jugaban fútbol.

"¿Quién será ese chico? -pensó la joven-. El hijo del jefe de mi madre. Lo único que recuerdo de ese señor es que una vez llegué a su casa y partí un florero muy costoso haciendo que alguien se cortara. Pero nunca vi a su hijo porque se iba de viaje en sus vacaciones, así que tiene que ser un chico bastante refinado que debe ser muy popular y engreído, lo peor es que ahora tiene novia. Esa chica me va a dar una paliza cuando se entere que yo armé todo este problema".

En aquel momento el balón con el que estaban jugando los estudiantes golpeó a Lorena en la frente haciendo que cayera de espaldas de la banca golpeándose fuertemente con el suelo, no escuchó nada por un momento, sólo vio que un joven con unos hermosos ojos grises le hablaba bastante asustado. El sudor corría por su frente y su cabello negro estaba húmedo, sus labios eran de un rosado oscuro y lo hacía ver sumamente lindo.

-¿Este es el cielo? -preguntó Lorena.

-¿Qué? -inquirió el joven. Miró a todos lados y empezó a gritarles a sus amigos.

"Si voy a tener a un novio me gustaría que fuera como él, sería igual como los libros que leo donde el chico guapo se enamora de la joven tímida y un poco rara. Sería un gran cliché donde todos sabrían el final, pero sé la razón por la que los leen, es algo que todos quisiéramos vivir. ¿Será que el hijo del jefe de mi madre es así?, ellas dicen que es muy guapo" pensaba Lorena mientras dormía.

Empezó a despertarse y escuchó algunos ruidos a su alrededor, abrió sus ojos y vio a aquel muchacho observándola, le mostró una sonrisa que se veía aliviada.

-Está bien -dijo la enfermera.

-Pensé que la había matado -soltó el muchacho con alivio.

-¿Es la rara del parque? -escuchó Lorena.

-Sí, es ella, ¿quién hubiera pensado que estudiaba en nuestro colegio?

"¿Por qué todos siempre me tachan de rara?" pensó Lorena.

Cristian era el chico que había golpeado a Lorena con el balón y Camilo el joven que estaba con él. Lorena observaba a los muchachos con algo de impresión, seguramente conocían al hijo del jefe de su madre, se veía que ellos eran bastante populares en el colegio.

-¿Cómo te sientes? -inquirió Cristian.

-Bien. Creo que perdí el conocimiento por un momento -respondió Lorena mientras se sentaba.

-Te golpeaste fuerte. -Cristian volvió a mostrar una sonrisa- Bueno... Entonces, si ya estás bien, nosotros nos vamos, perdimos una hora de clase -los dos jóvenes salieron de la enfermería dejando a Lorena con aquel sueño romántico como castillos de humo.

-Creo que sería mejor que vayas a tu casa y descanses un poco -sugirió la enfermera.

Lorena estaba en su cuarto dando vueltas en su cama mientras andaba su celular, era algo que le gustaba bastante; tenía muchos amigos, el problema estaba en que no eran de su país natal. De esa manera se volvía asocial donde vivía, algo que seguramente la hacía ver rara frente a las otras personas, pero, en realidad no lo era, en lo absoluto; solo que prefería el mundo virtual y los libros.

-No tengo nada que decir al respecto, hoy voy a desmentir aquel malentendido -decía Lorena por una vídeo llamada.

-¿Por qué mentiste diciendo que tenías novio? -inquirió su mejor amigo Marc.

-Mis hermanas y mi madre no dejaban de molestarme sobre eso de que soy lesbiana. No lo soy, ¿sabes?, sé que algún día encontraré a un chico que me quiera.

-¿Y cómo lo harás si no hablas con nadie? -cuestionó Marc.

-Bueno... Me dijiste que a comienzo de este año vivirías con tu abuela, ¿qué sucedió?

-Lorena, lo que sucede es que vivir con mi abuela es muy... aburrido.

-Viviríamos cerca... No tengo con quien salir a paseos y cómo conocer gente, estaría a tu lado y buscaríamos novio, ¡¿eso no es divertido?! -Lorena se emocionó con solo decirlo.

-Así que quieres un novio para poder seguir con tu farsa -soltó Marc y después un gran silencio llenó el cuarto- ¡Lorena, eso es absurdo!

-¡¿Pero, por qué?! Hoy mi madre y mis hermanas no me molestaron en lo absoluto, estaban alegres conmigo y eso me hizo sentir muy bien.

-¡¿Pero qué cosas dices niña?! Ellas están así porque creen que eres la novia del hijo de su jefe, sabes que será imposible el que tú lo seas de verdad y vas a terminar como una loca que inventó toda una novela. Es la peor farsa que me han contado, en serio -refutó Marc y después puso los ojos en blanco.

-Yo nunca dije que era novia de ese chico, ellas fueron quienes lo inventaron, fue un malentendido...

En aquel momento se escuchó un ruido en el primer piso.

-¡Lorena! -era el grito de su madre.

-Llegó mi mamá, hablamos más tarde -dijo Lorena.

Bajó las escaleras y observó la peor escena, era más aterrador que sus pesadillas de media noche.

-Buenas noches Lorena, vaya, has crecido mucho -era el jefe de su madre con una gran sonrisa desplegada.

-Buenas noches, señor Vides -saludó Lorena. Su corazón estaba latiendo muy rápido y sus manos se enfriaron. ¿Cómo podía ella desmentir todo aquello si el jefe de su mamá estaba en su casa y ya sabía todo?

Lorena tragó en seco, buscó con la mirada para ver si su hijo había llegado con él, lo bueno es que no, no estaba allí. Eso la alivió un poco.

-En realidad, me sentí muy a gusto al saber que eras tú su nueva novia, pero al enterarme que llevaban un año ¡me sorprendí mucho! -el señor dejó salir una gran carcajada. Estaban sentados en la sala y Lorena se sentó frente a él, cuando el hombre soltó la carcajada ella sonrió, pero, en realidad quería llorar-. Veo que están muy comprometidos con su relación y eso me gusta mucho. Siempre que veía a Cristian salir por las tardes pensaba que era porque se vería con sus amigos e irían a esas fiestas en las que siempre está, pero veo que solo deseaba tener una cita contigo. Eso es muy lindo. Por eso mañana vamos a oficializar todo.

-¿Qué? -inquirió Lorena mientras su cuerpo se erizaba por completo.

-Claro, así no estarían viéndose a escondidas -explicó el señor Vides.

-Sí, estoy de acuerdo con usted -dijo la madre de Lorena muy emocionada.

Lorena se vio en su cuarto, estaba acurrucada en las sábanas, aunque, no podía dormir, ¡¿qué iba a hacer?! Por su mente pasaba la escena donde el chico desmentía todo y a su alrededor estaban los rostros de su familia muy enfadada y creyéndola una completa loca.

Cristian estaba recostado en su cama mientras andaba su celular, el señor Vides entró al cuarto muy sonriente.

-Hijo... -dijo. Cristian quedó muy extrañado con esa expresión en el rostro de su padre.

-¿Qué sucede? -inquirió.

-Ay, hijo -se sentó en un borde de su cama- ¿por qué no me habías contado nada?

-¿Decirte qué? -preguntó Cristian aún más extrañado. Su papá (que siempre había sido muy severo con él) ahora tenía una hermosa sonrisa paternal desplegada en su rostro.

-Que tenías un año de noviazgo con la hija de Camila -explicó el señor Vides.

-¿Cuál Camila?

-La empleada que trabaja en las oficinas centrales.

-¿De qué estás hablando? -inquirió Cristian muy confundido, estuvo a punto de soltar una carcajada, creía que su padre estaba de tan buen humor que le jugaba una broma.

-Tranquilo, ya Lorena me explicó todo. Me dijo que tienen un año de relación que habían decidido mantener en secreto por los rumores que se podían formar. No sé si fue bueno de tu parte, aunque me imagino que creías que, al tener una relación con una de las hijas de mis empleadas, tal vez me enfadaría, pero bueno... ahora que todo salió a la luz, podemos oficializar su relación. Camila es una gran trabajadora que ha estado por años en nuestra empresa y al conocer a Marcela, (una de las hijas mayores que también trabaja en nuestras empresas) me di cuenta que son unas buenas mujeres, además, yo conocí a esas chicas desde que eran muy niñas, hasta una vez tú te bañaste junto a Lorena. Ah... Cómo olvidar ese día, hasta tengo esa foto aún conmigo, los dos están en la bañera -el señor sacó su cartera de uno de los bolsillos del pantalón y mostró la foto a su hijo, los niños que estaban allí debían tener unos tres años de edad, estaban dentro de la bañera sonriendo para la foto-, me pareció tan tierno que ahora sean novios, por eso apoyo su relación. Pero eso sí, debes prometerme que la cuidarás muy bien, no quiero que le hagas daño a Lorena, se ve que es una chica muy inocente que está tan enamorada de ti.

Cristian quedó pasmado con aquella historia, ¿quién era Lorena?, ¿desde cuándo tenía novia?

.

-No... Yo nunca dije que fuera cierto... -musitaba Lorena- ¡No! -gritó mientras daba un salto de la cama. Su mirada recorrió el cuarto, era de mañana, seguramente el sueño la había atrapado sin darse cuenta.

No quería que llegara ese día, tenía miedo de lo que fuera a pasar esa noche, pero, de la nada llegó una idea a su mente.

-Es cierto, si hablo con ese tal Cristian seguramente podré explicarle que todo es una mentira y que mis padres habían malentendido todo el asunto -se dijo Lorena frente al espejo.

Lorena iba en su bicicleta vieja para el colegio, pensaba una y otra vez en lo que sería de su vida por esa tarde.

"No, no, no. Hoy le vas a contar todo a Cristian y le pedirás disculpas por el problema en el que lo metiste" pensaba Lorena mientras pedaleaba rápidamente.

En aquel momento se escuchó el chillido que hace un auto al frenar rápidamente en el pavimento. Lorena volteó a su derecha y al ver el carro negro frente a ella cerró los ojos y perdió el equilibrio cayendo de su bicicleta.

-¿Estás bien? -escuchó la voz de un hombre.

No le había sucedido nada, salvo un raspón en su codo izquierdo.

-Sí... -contestó ella mientras se levantaba del pavimento.

-No fue culpa mía, te pasaste el semáforo -explicó el muchacho.

Lorena vio que había muchas personas mirando lo ocurrido y eso la puso un poco nerviosa, odiaba ser el punto de atención.

-Lo siento mucho -se disculpó, levantó su mirada y ¡oh... vaya sorpresa! Era el mismo chico de ayer.

-Ah... Eres la rara de ayer -soltó Cristian sonriente, le parecía que aquella chica era muy chistosa.

-¿Rara? -inquirió Lorena un poco ofendida. Pero decidió no prestarle mucha atención, por su culpa se estaba formando un trancón. Subió a su bicicleta y se fue.

Cristian soltó una risa al ver la fea bicicleta que Lorena conducía. Volvió a su auto y después de unos segundos se la alcanzó, le impresionó ver que se iba en bicicleta hasta el colegio que estaba bastante lejos.

Al llegar al instituto, bajó de su auto y encontró a su grupo de amigos que lo saludaron alegres, algunas chicas no lo dejaban de observar sonrientes. En eso llegó Lorena en su bicicleta y los estudiantes que estaban por allí empezaron a reírse, pero parecía que ella no prestaba mucha atención a las burlas, sacó su pañuelo amarillo y empezó a limpiarse el sudor.

"Bien, buscaré a ese tal Cristian" pensó Lorena, organizó un poco su uniforme y comenzó a caminar a los adentros del colegio.

-¡Cristian! -escuchó detrás de ella.

Lorena volteó al escuchar ese nombre, vio donde venía aquel joven con sus amigos y cruzaron miradas.

"¿Será que él es el hijo del jefe de mi madre?" pensó Lorena mientras lo veía acercarse a ella.

Cristian pasó por el lado de la joven ignorándola por completo, a ella le dio la impresión de que aquel chico era bastante popular; todas las muchachas hacían gran revuelo al verlo entrar, en realidad, era bastante guapo y sus amigos también. Podía escuchar cómo lo llamaban Cristian y eso la llenaba de temor. Necesitaba saber si era quien ella creía que podía ser.

-Disculpa -le dijo a una muchacha. La joven la reparó de pies a cabeza, había mucha diferencia entre las dos. Lorena estaba con el cabello desordenado por el viento, no traía maquillaje y un poco sudada, en cambio, aquella muchacha estaba muy olorosa con un perfume caro, su cabello se notaba que lo cuidaba bastante y se veía que era algo engreída- ¿quién es ese tal Cristian?

¿En realidad no lo conoces? -inquirió la joven con un gesto de desagrado-, es el futuro heredero de Acciones Samaria.

Lorena tragó en seco, era el Cristian que ella andaba buscando. Ahora que varias veces se habían topado, en su cuerpo empezaba a crecer una gran vergüenza por lo que estaba pasando.

Lorena quedó viendo cómo Cristian se alejaba de ella entre el tumulto de estudiantes. Sentía que aquella persona estaba en otro nivel muy diferente al suyo. Era guapo, popular, con mucho estilo y claro, tenía un gran imperio que controlaría al cumplir la mayoría de edad.

Cristian ahora era su más grande problema y no sabía cómo salir de él.

Capítulo 3 Prospecto para novio

Lorena siguió al chico, quería acercarse y explicarle la situación, pero se le hacía imposible, nunca estaba solo. En los descansos un joven siempre lo acompañaba y por veces se le acercaban otros muchachos que, seguramente eran sus amigos más cercanos.

-Vamos Lorena, tienes que ser fuerte y decirle -dijo para sí. Le dio la impresión de que la observaban, miró a su derecha y se dio cuenta que un joven de ojos verdes la miraba extrañado, era el chico que siempre estaba con Cristian (Camilo)- esto... -trataba de pensar algo que explicara su comportamiento.

Estaba en el restaurante del colegio y nadie la acompañaba como para que estuviera hablando.

-Tranquila, puedes seguir hablando sola -Camilo siguió su camino.

Lorena quedó algo apenada en su mesa mientras observaba el recipiente vacío de vidrio frente a ella "¿por qué mi madre me metió en esta escuela de riquillos? -pensó mientras dejaba caer su mirada hasta sus manos-, en el otro colegio nadie se burlaba de mí, tampoco les importaba lo que yo hiciera, todos me conocían y si alguien se burlaba de mí, siempre me defendían. Aunque no tenía muchos amigos... me sentía cómoda estudiando allí, podía irme caminando y disfrutar del parque que tenía cerca, este cambio me tiene muy asustada."

En aquel momento sonó el timbre que anunciaba el final del receso. Debía volver a clases y eso era algo muy cansado.

-Los estudiantes del once cinco darán un comunicado -informó el profesor.

"Esto me dará tiempo para dormir por unos minutos" pensó Lorena mientras hacía reposar su cabeza sobre la mesa.

En aquel momento entró Cristian con un grupo de amigos al salón de clases. Lorena al darse cuenta que era él enseguida prestó atención al supuesto comunicado.

-Buenas tardes a todos, como ya sabrán algunos, nosotros pertenecemos al grupo de natación del colegio. Queremos informarles que tenemos un vacante en nuestro grupo y si alguien aquí le gustaría pertenecer a nuestro grupo de natación, está invitado a la entrevista que estaremos haciendo al finalizarse la segunda jornada de clases, muchas gracias por su atención -Cristian terminó desplegando una sonrisa, algo que les encantó a las chicas.

Al salir los jóvenes, se escuchó un gran revuelo en el salón.

-Sería genial si entrara a su grupo -decían algunos chicos.

-¡Es una gran oportunidad! -gritaban otros.

Lorena no supo el por qué le interesó tanto el querer hacer esa entrevista, no era muy buena en la natación, además, ese deporte hacía que su espalda se anchara y eso simplemente era algo que no le gustaba; "los hombros se agrandan y la espalda se ancha, no tengo muy buen cuerpo y eso me hará ver como un hombre" pensó al terminar la última hora de clases.

Le dio por acercarse a la piscina del colegio, la sola entrada estaba invadida por estudiantes que hacían fila. Sin saber el porqué, decidió hacerla también. Pasó media hora, faltaban muchos para que llegara su turno:

-¿Qué hago aquí? -se preguntó mientras cruzaba sus brazos.

Después de hora y media llegó su turno. Entró y vio una silla donde lógicamente debía sentarse, frente a ella estaba un largo escritorio donde había diez integrantes del grupo de natación sentados, a su derecha estaba la piscina olímpica con una gran imponencia. Era de noche, el cielo nocturno se podía ver desde el techo de cristal que mostraba lo lujoso que era aquel colegio.

-Buenas noches -escuchó el saludo de Cristian que estaba en el centro de la mesa.

-Buenas noches -respondió el saludo. Sus manos no dejaban de jugar entre sí.

-¿Cuál es tu nombre? -preguntó uno de los muchachos.

-Lorena.

-Dime, Lorena. ¿Por qué te gustaría pertenecer a nuestro grupo de natación? -preguntó Cristian.

Ni ella sabía esa respuesta. Su mirada viajó por todos los allí presentes.

-Bueno... Me parece que nadar es algo bueno para la salud -respondió. Aunque su voz no se escuchó muy convencida.

-¿Cuáles son tus horarios para practicar este deporte? -inquirió Cristian.

-¿Horarios? -Lorena quedó confundida.

-¿No tienes un horario establecido? -interrogó Cristian con semblante serio.

-No...

-Entonces, es tu hobby -dijo Camilo, (el mejor amigo de Cristian).

-Bueno... -Lorena empezaba a asustarse con esa entrevista, se dio cuenta que estaba en el lugar equivocado.

-Ya que nos hemos visto antes Lorena, creo que el grupo de ciclismo te quedaría muy bien. Tienes mucho talento para ello y se nota que te gusta mucho -explicó Cristian con una sonrisa amable.

Lorena tragó en seco, la habían rechazado. Se sentía humillada, no tanto por eso, sino porque cuando llegara a su casa lo volvería a ver y pasaría una vergüenza peor que esa. Seguramente aquel joven se sentiría incómodo con tanta aparición de su parte.

-Esa chica se vuelve aún más rara, ¿no crees? -dijo Camilo mientras veía a Lorena irse.

-La he visto mucho últimamente, pero es algo divertida -explicó Cristian.

-Hoy la vi hablando sola -soltó Camilo mientras miraba a su amigo.

-¿En serio?

-Creo que ella no es del todo normal, seguramente está enferma -explicó Camilo.

-Creo que tienes razón, pobrecita -Cristian bajó la mirada a la planilla que reposaba en el escritorio- ¡siguiente! -informó.

.

Lorena estaba en su cuarto dando vueltas mientras esperaba a que llegara el momento. Solo faltaba media hora para que todo comenzara.

-No... Debo hablar con mis padres antes y explicar todo -se dijo. Salió del cuarto y bajó a la sala.

Allí estaba toda su familia reunida.

-¿Por qué no te has cambiado? -preguntó la señora Camila.

-Es que... Mamá, tengo algo que decir -informó Lorena.

-Mi jefe está a punto de llegar, debes arreglarte -ordenó la señora.

-Pero lo que voy a decir es muy importante -insistió Lorena.

-Hija, ya nos dirás después, esto es más importante -explicó su padre.

En aquel momento se escuchó el timbre.

-¡Ya llegaron! -soltó Marcela corriendo a abrir la puerta.

Lorena volteó y vio cuando la puerta se abrió, su corazón comenzó a palpitar muy rápido, sus piernas se volvieron débiles y sus pupilas se llenaron de lágrimas, ese era su fin. Frente a ella apareció la silueta del señor Vides junto con su hijo Cristian.

-Buenas noches -saludó Marcela sonriente mientras los hacía pasar.

La mirada de Cristian empezó a buscar a su supuesta novia, y claro, no tardó en clavarla en Lorena. Los dos se observaron detenidamente, el rostro del joven se vio muy pensativo al ver que se trataba de aquella chica rara que últimamente estaba apareciendo en sus días rutinarios.

-Hola... -soltó Lorena con nerviosismo.

-¿Y su esposa? -preguntó la señora Durán.

-Ella no pudo venir, está en un viaje con sus amigas, pero ya está enterada de todo y cuando regrese haremos una comida en mi casa -explicó el señor Vides.

Cristian no dejaba de reparar hasta lo más mínimo de Lorena. La joven tragó en seco, tenía que desmentir todo antes de que lo hiciera Cristian "será lo más penoso que voy a pasar en la vida, pero este es el costo de mi mentira" pensó.

-Disculpen... -trató de decir.

-La mesa ya está lista, por favor, pasen -informó Marcela.

Todos con unas sonrisas enormes desplegadas en sus rostros comenzaron a caminar hasta llegar al comedor y se sentaron. El señor Vides no dejaba de elogiar lo deliciosa que se veía la cena. Lorena quedó paralizada llamando la atención de todos, pronto el lugar se consumió en un silencio absoluto con todos los ojos puestos en ella.

-¿Qué sucede hija? -preguntó el señor Durán.

-Este... -trató de hablar, sus manos comenzaron a sudar y los dedos no dejaban de jugar entre sí.

-Hija, ven a sentarte -ordenó su madre, aunque tenía una sonrisa desplegada, Lorena sabía que se estaba enfadando.

-Tengo algo que decir -informó la joven.

-Por tu cara parece que no es algo bueno -dijo el señor Vides.

-¿Por qué no lo dices cuando terminemos de cenar?, tengo hambre -dijo Cristian. Eso sorprendió a la muchacha.

-Sí... Yo también tengo mucha hambre, es muy raro que mi mamá haga carne asada -insistió Flor.

-¡Flor! -regañó la señora Durán.

-Ah... Bueno -Lorena empezó a caminar hasta sentarse al lado de Cristian quien le mostró una sonrisa al cruzarse sus miradas.

¿Qué era lo que estaba sucediendo?, él no había desmentido nada, al contrario, hablaba con los padres de Lorena y los llamaba "suegros", así que le estaba siguiendo la corriente. Lorena estaba muy, pero muy confundida ¡¿por qué lo hacía?!

-¿Cómo se conocieron? -preguntó de repente el señor Vides. Cristian y Lorena cruzaron miradas y después el joven se dispuso a explicar.

-Lorena era nueva en el colegio, se había perdido el primer día y cuando me preguntó por el salón de matemáticas yo la ayudé, desde ese día solíamos encontrarnos mucho en los descansos. No fue nada del otro mundo, pero, desde que la vi, me gustó mucho -respondió Cristian.

Todos quedaron paralizados con lo que habían escuchado, al parecer se les hacía muy difícil creerlo. Las hermanas de la muchacha parecía que aguantaban una carcajada y la señora Durán limpió su garganta para después tomar algo de jugo.

-Así que sí era cierto -soltó el señor Durán muy sorprendido.

-¿Por qué se sorprende tanto? -inquirió Cristian.

-Ah... Es que antes creíamos que Lorena era lesbiana -respondió Flor con un tono de burla.

Lorena quería morirse en ese instante, su familia no podía ser más imprudente.

-No... pero solo era una suposición, ya nos confirmaste que no es así, de hecho, hacen una linda pareja -explicó Marcela con una gran sonrisa desplegada en su rostro un tanto fingida.

Cristian volteó a mirar a Lorena quien se ruborizó mucho e inclinó la mirada. Después, todos siguieron comiendo y los temas de conversación se alejaron de Lorena, algo que para la joven fue un alivio.

Habían terminado de cenar, los adultos hablaban tranquilamente en la sala, mientras, Lorena y Cristian se fueron al patio de la casa para hablar en privado.

-Lo siento mucho, perdón -se disculpó Lorena con solo verse ya en el patio.

Cristian volteó a verla, la chica tenía la cabeza agachada, sus palabras se habían escuchado bastante maltratadas.

-¿Por qué lo hiciste? -preguntó Cristian. Se sentó en un sillón- siéntate, hablemos.

Lorena alzó la mirada y con algo de torpeza se sentó frente a Cristian.

-Este... Lo que sucedió... Es que hubo un malentendido, no sé cómo fue que mi madre terminó creyendo que tú eras el novio del que le estaba hablando -explicó Lorena.

-¿Si tienes novio? -inquirió Cristian.

-No.... Claro que no, ¿quién se va a fijar en mí? -Lorena dejó salir un suspiro-, todo fue una mentira que dije para que me dejaran de molestar con eso de que soy lesbiana.

-¿Por qué no les aclaraste que todo fue un malentendido?

-Lo iba a hacer hoy, antes no había encontrado la manera, siempre sucedía algo, además, no sería una tarea fácil el hacerlo -trató de explicar Lorena-. Pero... ¿por qué no dijiste la verdad cuando llegaste?

-Te tuve lástima. Ya te conocía, creí que te había gustado en ese tiempo y como nunca te llegaste a comportar como alguien normal, creí que esa fue tu razón para inventar algo como esto -confesó Cristian.

A Lorena no le sorprendió la respuesta de aquel joven, era cierto, todas las veces en las se vieron pasó algo que la dejaba a ella en un papel de una chica que no estaba en sus cabales. Tenía que agradecer que Cristian fuera un joven muy amable, de lo contrario, ahora estaría viviendo la peor de las pesadillas.

-Hagamos esto, seguiré fingiendo que tenemos una relación, así tu familia dejará de molestarte, pero, a cambio de eso, cada vez que yo te llame tendrás que ir al lugar al que te cite -explicó Cristian-. Mis padres también tienen una mala imagen de mí, muy poco me dejan salir a fiestas porque siempre me meto en problemas, ahora tengo la excusa perfecta para poder salir sin que ellos se enojen. De esa manera los dos ganamos.

-¿Y por cuánto tiempo haremos esto? -preguntó Lorena no muy convencida.

-Hasta que me pueda ir a Inglaterra a estudiar, eso será el otro año -respondió Cristian.

Así fue como un noviazgo creado por accidente se convirtió en un trato, ella lograba que su familia no la molestara más y Cristian, el poder salir a todas partes sin que sus padres se enojaran con él. Los dos terminaron ganando mucho con aquel malentendido, o, al menos eso creía Lorena.

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