Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Nuestra Vida
Nuestra Vida

Nuestra Vida

Autor: : Nicole D. H.
Género: Romance
**Tercer libro de "Nuestro Encuentro"** Las vidas de Brisa y Franco no han vuelto a ser las mismas después de que los secretos de la familia de Franco salieran a la luz. A pesar de sus intentos por permanecer juntos, el pasado gano separando sus caminos, pero ¿Qué sucederá cuando la verdad salga a la luz? ¿Podrán sus vidas volver a ser un solo camino en común?

Capítulo 1 TODO CAMBIA

[FRANCO]

2 de julio

Mi vida y la de Brisa se han cruzado mucho antes de aquel encuentro en ese crucero. De alguna manera nos íbamos a encontrar, pero no creo que nuestro desenlace hubiese sido como este. Tal vez nos hubiésemos encontrado cuando toda la verdad saliera a la luz y su familia decidiera demandar a la mía, o quizás solo nuestros nombres se hubiesen cruzado en un papel en algún momento.

Sin importar las hipótesis que pueda hacer en mi cabeza, la realidad es que nuestras vidas a partir de este instante están unidas para siempre y amo que sea así aun cuando un juez ha declarado nuestro divorcio hace apenas dos semanas. No era mi intención firmar aquellos documentos, pero su paz y la salud de nuestros hijos siempre han estado primero.

-Mis nietos son hermosos -escucho la voz de mi padre mientras que observo a Atenea y Dylan a través de este enorme cristal.

-Te dije que no quería que vinieras, ¿Qué fue lo que no has entendido? -respondo frio y muevo mis brazos para que no me toque.

-Hijo... Brisa le aviso a tu madre -explica.

Inmediatamente me giro para verlo a la cara y pongo distancia entre nosotros dos.

-Lo ha hecho porque cree que yo soy el malo de esta historia, porque piensa que no la amo y que ustedes han estado para apoyarla mientras yo estuve mal -digo firme-. ¿Por qué no le cuentas el motivo de mi accidente? ¿Le has dicho porque discutía contigo? ¿Te has atrevido a contarle porque decidí alejarme y hacer de cuenta que no recordaba nada? -presiono e inmediatamente agacha su mirada.

-Me has pedido que no lo hiciera -susurra.

-Porque mis hijos estaban en riesgo, pero eso no te da derecho a estar aquí. Tus errores han costado mi divorcio, por tu culpa no me dejo estar en la sala de parto -reclamo con rabia.

-Hijo, puedo hablar con ella, explicarle las cosas... ya nacieron los bebés -dice y niego.

-Ni se te ocurra irrumpir en la paz de Brisa, ni siquiera yo lo estoy haciendo -amenazo.

Su mirada cambia y decido callarme cuando German se acerca. No es que mi excuñado y yo hayamos tenido la oportunidad de conversar mucho, sobre todo porque ha venido de Roma solo para conocer a sus sobrinos, pero supongo que el motivo principal es que no quiere ni verme, y lo entiendo.

Él me mira con un poco de dudas y luego observa a mis hijos de la misma manera que yo lo hacía hace un momento y me alegra saber que ocultar la verdad haya servido para que, aunque sea su familia no este maldiciendo mi sangre.

-Mi hermana necesita hablar contigo -dice sin siquiera mirarme.

Entiendo completamente la situación, yo soy el cabrón que la lastimo y que ahora la deja sola con dos criaturas.

-Gracias -me limito a decir y vuelvo a mirar a mi padre-. Vete, de verdad no arruines lo poco bueno que tengo -insisto y sin verlo, me alejo para ir a la habitación donde esta ella.

Con un poco de nervios por todo lo que está sucediendo, llamo a la puerta y solo espero a que me deje pasar. Cuando su voz da la orden, entro y me acerco con algo de temor por lo que pueda llegar a escuchar.

-¿Puedes cerrar la cortina? Me molesta la luz -me pide indiferente.

-Claro -respondo y simplemente hago lo que me pide para luego mirarla. Tengo ganas de decirle tantas cosas, pero todas esas palabras se ahogan en mis labios-. Tu dirás -resumo.

-Quería decírtelo antes de que nacieran los bebés, pero me prohibieron el estrés, asique decidí hacerlo ahora -anticipa obteniendo mi atención.

-¿Qué cosa? -inquiero algo confundido y trato de adivinar sus gestos, pero su mirada no me dice nada.

-Me iré a Roma con German, me ofrecieron un proyecto importante y no quiero perder esa oportunidad -habla como si nada.

-¡¿Qué?! No... tú no iras a Roma, mis hijos acaban de nacer y no te los llevaras lejos de mi -contesto inmediatamente.

-No te estoy pidiendo permiso, el acuerdo de divorcio fue muy claro, yo decido sobre el futuro de mis hijos -me recuerda.

-Brisa, por favor, no me hagas esto -le pido desesperado.

-No pidas algo que tú no has hecho. Me dejaste sola, me engañaste, y siéndote sincera, no tengo más ganas de hablar de eso. Me iré a Roma en unas semanas y si quieres ver a tus hijos, viaja allá y velos, pero no me pidas que siga hipotecando mi vida por ti, ya me has arruinado lo poco bueno que tenía y no pienso seguir en esa situación -dice firme y tan solo puedo recordar las palabras del doctor para controlarme y no llevarle la contraria.

«Piensa en tus hijos, solo en ellos» me recuerdo.

-Está bien, has lo que quieras -me limito a responder y si, una vez más estoy renunciando a la felicidad.

Capítulo 2 PEDIDOS

[BRISA]

Una semana después: 9 de julio

Ser madre ya de por si es un reto, serlo de dos bebés al mismo tiempo es aún peor, pero para mí el desafío es otro. Guardar en cajas toda una casa no es sencillo, menos cuando Atenea y Dylan se toman turnos para llorar. Mis molestias físicas han quedado atrás y posiblemente se deba a que hace meses que no siento nada.

-Brisa, ¿Por qué no dejas que me encargue de todo? -me sugiere mi hermano mientras deja a Dylan en su cuna.

-Porque me quiero ir de aquí lo más pronto posible -respondo firme y se acerca a mí.

-Huir no es la solución a los problemas -aconseja y una sarcástica sonrisa se dibuja en mis labios.

-Lo sé, pero eso es lo mejor que puedo hacer para no volverme loca y darle lo mejor de mí a mis hijos, lo siento -respondo y tan solo sigo empacando mis cosas.

German no dice nada más, solo me ayuda para que no me agache ni haga movimientos que puedan lastimarme. Se supone que debería estar descansando, aprendiendo a ser madre, y en cambio estoy buscando la forma de deshacerme de mi pasado lo más pronto posible, aunque ¿Cómo puedo hacerlo cuando mis hijos me lo recordaran siempre?

El sonido del timbre me toma por sorpresa y es mi hermano quien me mira con dudas.

-Tranquila, es solo alguien que vino a verte -me dice llevando una de sus manos a mi hombro y lo miro mientras asiento.

-¿Puedes abrir? -le pido en un susurro y asiente.

-Claro, le diré a quien sea que haya venido que no hable fuerte, no queremos que despierte a los niños -me asegura para luego salir de la habitación.

Continúo empacando los libros cuando escucho su voz a lo lejos y el libro que tenía en mi mano se cae al suelo. Miro a mis hijos para asegurarme de que aun sigan dormidos, y agradezco al cielo que sean unos bebes maravillosos que les encanta dormir como si no hubiese mañana.

"Franco, los niños duermen" escucho que le dice German, pero los pasos resuenan en el pasillo hasta que lo veo a él bajo el marco de la puerta.

Me mira desde allí y noto como analiza toda la situación. Ve a mis bebés, me mira a mí y German es quien aparece detrás suyo.

-Te dije que estaban durmiendo, que no pasaras -le reitera German, pero Franco sigue inmóvil allí.

Dejo todo a un lado y con un poco de dificultad me pongo de pie. No digo nada, solo camino hacia él, lo tomo del brazo y hago que venga conmigo hacia la sala.

-German, ¿puedes cuidar a los niños? Asegúrate de que no se despierten -le pido para que me deje sola con Franco.

-Claro, si me necesitas llámame -me pide y asiento.

Solo observo como él se aleja y luego miro a Franco quien como siempre luce impecable con su traje oscuro.

-¿Qué quieres? Hoy no te tocaba venir -cuestiono firme sin siquiera distraerme en su mirada y es que no quiero saber absolutamente nada de él.

-¿Tanta prisa tienes en marcharte de aquí que ni siquiera estas descansando? Acabas de salir del hospital -me regaña.

Lo miro con rabia y levanto mis manos para detenerlo.

-No somos nada, no te preocupes por mí, yo sé lo que hago -contesto firme y doy dos pasos hacia atrás.

Él agacha su mirada y respira profundo.

-Tienes razón -murmura-. Brisa, te quiero pedir un último favor antes de que te lleves a mis hijos lejos -me pide en un tono tan bajito que apenas lo puedo oír.

-¿Qué quieres? -inquiero indiferente ya que lo único que intento hacer últimamente es ignorarlo completamente.

-Déjame pasar esta última semana con nuestros hijos, por favor. Te los llevaras lejos y después de eso no sé cuando los volveré a ver -pronuncia y sinceramente no sé ni que pensar de esto que acaba de decir.

-Tendrías que haber pensando en todo esto antes -refuto y me doy media vuelta para ir a la cocina, y escucho sus pasos detrás de mí.

-Por favor, dormiré en el sofá, no me sentirás, solo déjame pasar estos días con ellos -insiste.

-¿Por qué debería hacerlo? No te mereces nada de mi -admito con rabia.

-Un último favor, solo eso -suplica.

-German también está aquí, asique fíjense como acomodarse -es lo único que puedo responderle y lo dejo aquí solo sin importarme lo que pase por su cabeza y es que en verdad no quiero escucharlo más, solo quiero irme lejos y ser feliz con mis hijos.

Capítulo 3 PENDIENTES

[BRISA]

Saber que Franco esta quedándose en la casa me tiene muy nerviosa, y es que, en teoría, cuanto más lejos este de mi mejor sería. Mi hermano ha decidido dormir en la habitación que sería de los niños, mientras que Franco duerme en el sofá de la sala.

Me encantaría no tener un solo motivo para salir de mi cuarto y así no correr el riesgo de encontrarme con él a estas horas de la noche. Sin embargo, me veo en la obligación de ir a la cocina cuando la sed se hace insostenible. Con mucho cuidado para no despertar a los bebés, abro la puerta y salgo de la habitación. Conozco el camino y los pequeños enchufes con luces me ayudan a no tener que encender la luz.

Trato de no hacer ni un solo ruido al llegar a la cocina, pero al abrir la nevera, no puedo evitar que la luz de esta se refleje por gran parte del lugar. La cierro un poco, pero no del todo ya que busco un vaso en el gabinete. Estoy distraída en mi tarea, cuando todos mis intentos se van a la basura al escuchar su voz.

-¿Me das un poco de agua? -me pide amable.

Evito mirarlo y solo asiento.

-Claro -me limito a responder y agarro otro vaso para servirle agua a él.

-¿De verdad tienes que irte a Roma? -me pregunta de repente y era justo por esta razón por la que no me quería encontrar con él.

Asiento dejando la jarra sobre la encimera, y volteo para verlo. No voy a negar que me distrae su presencia en pantalones cortos y sin camisa, pero tampoco puedo olvidar de todo lo que me hizo pasar.

-Si, pensé que eso había quedado claro -digo firme.

No entiendo porque su verde mirada me observa de esa forma, es como si quisiera ver dentro de mi alma y sinceramente no lo resisto. Ignoro su presencia e intento ir de regreso al cuarto, pero él me toma suavemente del brazo para detenerme y yo respiro profundo.

-Brisa, tenemos muchas cosas de que hablar -pronuncia de repente.

Niego con mi cabeza.

-Si te has querido quedar para esto, por favor te voy a pedir que te vayas, ¿sí? -le pido sin mirarlo.

-Me he querido quedar para estar con mis hijos antes de que te los lleves lejos, pero también siento que tú y yo tenemos que hablar de algunas cosas -insiste.

Respiro hondo y me quedo quieta.

-No sé de qué quieres que hablemos, es tarde para todo, ya ambos somos libres para rehacer nuestras vidas -le recuerdo.

Escucho la forma en la que respira lleno de frustración, y en contra de todas mis suposiciones, él me manipula de una manera tal que acorrala mi cuerpo entre la encimera y su cuerpo.

-Hay muchas cosas que tú no sabes, que yo me callé para que tu no sufrieras, pero si pondrás un océano de distancia, me parece justo que sepas toda la verdad -dice en un tono muy extraño que me hace mirarle con demasiadas dudas.

-Es tarde Franco, he estado todo el día lidiando con dos bebés que me han quitado toda la energía y lo único que quiero ahora es dormir, ¿entiendes? -pronuncio firme.

Él asiente levemente.

-Te respetare tu cansancio, pero mañana, tú y yo vamos a hablar seriamente -advierte.

Observo sus ojos con los míos repletos de dudas y me pregunto si realmente deba darle esa oportunidad.

-¿Por qué debería escucharte? ¿Por qué ahora cuando ya no queda nada entre los dos? -inquiero firme y para mi sorpresa él enreda sus dedos en mi cabello.

-Porque he callado una eternidad tratando de cuidarte, pero esto no esta funcionando, nos estamos lastimando demasiado y tenemos dos hijos que no merecen esto -declara y sonrió sarcástica.

-Te estas acordando muy tarde de todo esto -menciono con rabia.

-Lo estoy haciendo como y cuando puedo, no te cierres a escucharme por favor -insiste y es tal su insistencia que me rindo.

-Hablaremos mañana, ahora suéltame, necesito dormir -accedo finalmente y afortunadamente su mano me suelta haciendo que yo pueda respirar con calma una vez más, y es que su cercanía me estaba cortando la respiración de una manera muy difícil de controlar.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022