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Nuestro Destino.

Nuestro Destino.

Autor: : B.Jeremy
Género: Romance
Jade: Mi vida no era perfecta, pero seamos realistas ¿Quiénes tiene una vida perfecta? Nadie, esa es la respuesta, si creen que el dinero y el poder pueden solucionar todo, están muy equivocados, nunca supe lo que era tener frio, hambre y mucho menos miedo, con mi vida común y sencilla era feliz, hasta que un día todo se fue al infierno, una verdad salió a la luz y no solo rompió mi corazón, también el de mi padre o mejor dicho a quién yo consideraba un padre, el que me crio, y desde ese momento fue todo a peor, ahora resulta que soy una Bach, se supone que tendría dinero, poder, que me cuidarían, o eso se suponía, pero mi padre es Derek Bach y si él piensa que es el más terco, desconfiado y rencoroso de su familia, es porque aún no me conoce, dicen que de tal palo tal astilla, pues esta astilla es más dura que el mismo palo. Nunca fui supersticiosa, pero ahora no solo creo en el destino, también creo en las maldiciones y sobre mi pesa la de ser una Bach. Loan: Mi vida era perfecta tal como estaba, hasta que a mi padre se le antojo que yo debía ser su sucesor, el tigre blanco necesitaba un nuevo líder, pero eso supone regresar a China y yo me enamore de América, estaba dispuesto a renunciar a ser el líder, a dejar todo por mi novia, pero el día que le propuse matrimonio ella me abandono, con el corazón roto y el cuerpo lleno de alcohol tome una decisión estúpida, pero por casualidades de la vida ella me encontró, mi hermosa Jade me salvo, ¿cómo podría mirar para otro lado cuando mi hermano quiso lastimarla? no podía, quise salvarla, sin saber que la estaba arrastrando al mismo infierno, pero de algo estoy seguro, no me importa cuál sea su apellido, porque nadie puede contra el líder del tigre blanco y esta vez no dejare que la mujer que amo me abandone. - Lo lamento Jade, pero la única forma de que regreses a tu país es que me des un hijo, solo si accedes a darme un heredero nadie de la organización podrá dañarte, incluyendo a mi hermano. - Loan, acepte casarme contigo y acepte tener un hijo tuyo, solo llévame de una vez a la clínica de inseminación, China debe ser un país maravilloso, pero quiero regresar a mi tierra natal. - Primero debes firmar un contrato en el que sedes tus derechos como madre. - Si, lo que digas. - Y segundo... - ¿Que? - Nuestro hijo lo haremos como todo el mundo hace a los bebes. - Tú y yo... ¡¿sexo?! - Como conejos de ser preciso, mientras más pronto quedes en cinta, más pronto todo terminara. O eso creíamos. Ninguno de los dos fuimos conscientes de que el destino o la casualidad obrarían para cambiar nuestras vidas.

Capítulo 1 Color rosa.

Jade Renger se despertó gracias a los constantes y fuertes golpes de la puerta de su cuarto, como cada día, sabía muy bien quién era.

- ¡Si no te levantas en este minuto no me culpes por lo que sucederá! - Magnolia grito a todo pulmón del otro lado.

Esta joven de 21 años se preguntaba muy a menudo si ella era hija realmente de aquella mujer, ya que parecía más una madrastra malvada que cualquier otra cosa, aun así, Jade nunca le decía nada, la respetaba y la quería, por lo menos su padre le había enseñado a no tener maldad en su corazón, mucho menos a guardar resentimiento.

Como cada día se preparó para ir a su trabajo, una cafetería que quedaba cerca de casa y gracias a lo que allí le pagaban, más lo que su padre le daba, al fin podría ir a la universidad, se sentía cada día más cerca de aquel sueño.

Cepillo una vez más su cabello rubio, mientras mordía su labio, trataba de ver la belleza que según su padre Isaías, poseía, pero no la encontraba, era rubia, como muchas jóvenes, tez blanca, como miles de mujeres, sus labios los sentía demasiado anchos, carnosos y hermosos decía su padre, pero para ella eran el objeto de burla de su mejor amigo y amor platónico Javier, solo bastaba con que pensara el nombre del joven, para caer en una espiral de sueños sin fin, donde cada realidad alterna la llevaba a los fuertes brazos de su amigo, quien era su vecino y con el que había crecido.

- Buenos días. - dijo canturriando como era su costumbre y su padre le dedico una enorme sonrisa blanca, Jade se preguntaba que quizás si hubiera sido hermosa, si hubiera nacido más parecida a su padre, quien era moreno, de pestañas abundantes, cejas marcadas y unos hermosos ojos grises, mientras los de ella eran verde... verde Jade.

- ¿Cómo amaneció la mujer más hermosa de la tierra? - dijo Isaías viendo el rostro de su hija.

- Bien, siempre que tú me esperes para darme un beso, será maravilloso mi despertar. - respondió dándole un beso en la mejilla a su padre y saliendo de la casa.

Hacía mucho tiempo que no desperdiciaba su tiempo en desayunar en aquel lugar, hacía unos meses que los celos de su madre la sacaban de sus casillas, aun se preguntaba qué tan retorcida tenía su mente aquella mujer que decía ser su progenitora, como cada vez que podía o veía un acto de cariño de padre e hija, ella se encargaba de arruinarlo.

- ¿En qué piensas, cenicienta con trompa? - la voz de Javier a su lado la trajo de nuevo a la realidad.

- En nada importante ricitos de oro. - le siguió el juego al muchacho que tenía su misma edad.

Javier era el sueño de muchas chicas, brazos fuertes, ojos claros que cambiaban según la luz del lugar, su cabello rizado que siempre llevaba desordenado le daba un aire de rebeldía, para Jade era único a sus ojos.

- Necesito que me dejes un espacio libre en tu ocupada agenda, pasare por ti al horario de salida.

- Claro.

Fue todo lo que pudo responder, era tonto sentir nervios, pero así era, ella lo conocía de toda la vida, y sin embargo solo bastaba aquellas palabras para alborotarla de sobre manera, fue así como las horas de trabajo se le hicieron eternas, hasta que al fin salió.

Se sintió un poco desilusionada cuando salió de su trabajo de medio tiempo y no lo vio, pero aun así lo esperaría, siempre, el tiempo que hiciera necesario.

Una persona disfrazada de oso panda toco su hombro, como acto reflejo Jade se dio vuelta y le sonrió, y el desconocido sin decir nada le regalo una caja de chocolates y unos hermosos globos rosados, con duda y sobre todo curiosidad, la joven los recibió, mientras el oso panda, que parecía ser mudo, le hacía señas para que abriera la caja de bombones, siguiendo las indicaciones Jade abrió la caja, para descubrir que cada bombón tenía una letra, formando la frese, ¿Quieres ser mi novia?, aun un poco aturdida levanto su rostro y la luz de una cámara la segó por un momento.

- ¿Papá? - dijo al no comprender que hacía Isaías allí, mientras su padre reía y el oso se despojaba de su cabeza.

- Sorpresa mi bella cenicienta y... ¿qué me dices? - Jade estaba muda, su corazón golpeaba contra su pecho, ¿acaso aún estaba soñando? Se preguntó.

- No es un sueño hija. - su padre la conocía, cada gesto, cada silencio, este hombre sabia a la perfección lo que su niña pensaba, su única hija y por la que daría la vida.

- Javier... esto. - Jade leía una y otra vez los chocolates, mientras su mente buscaba que fecha era, no quería caer en algún truco de día de inocentes.

- Jade... me estas asustando y la gente nos está mirando... dime que no me equivoque y que me quieres, como yo te quiero a ti. - la realidad la golpeo de lleno, Javier lo sabía, él sabía que ella lo quería.

- Si, si quiero ser tu novia. - respondió al fin al ver los ojos cubierto de miedo de su amigo, su amor, aquel que en ese momento dejaría de ser platónico y se convertiría en realidad.

Al momento que Javier la abrazo y beso, provocando que todo su ser se estremeciera, una luz anunciaba que estaban siendo fotografiados.

-Papá. - se quejó avergonzada la joven.

- Nada y no me puedes privar de esto, llevo el registro de toda las cosas importantes que mi niña ha hecho.

Así era Isaías, tenía cientos de álbumes de fotos de su niña, Jade naciendo, Jade abriendo sus ojos, Jade durmiendo, caminando, su primer diente, su primer golpe, su primer baño, su primer sonrisa, Isaías Renger era el mejor padre del mundo y eso a Magnolia la enloquecía.

- Tan ridículos como siempre, por lo menos ahora tendrás quien te consienta y dejaras a mi esposo tranquilo. - Jade miraba a su supuesta madre de pie en las escaleras, su padre le había terminado de contar como había organizado todo con Javier para sorprender a su pequeña, pero lo único que brillaba en los ojos verdes de Magnolia era odio y celos, hacia ella, su hija.

- ¿En verdad soy tu hija? - pregunto al tiempo que sus ojos se enrojecían, odiaba llorar por el desprecio de su madre, pero no lo podía evitar.

- Para mí desgracia. - respondió con fastidio la mujer.

Jade no lo soporto y subió las escaleras, directo a su habitación, mientras sus padres comenzaban a discutir, ella conocía muy bien lo que se dirían, Magnolia insinuaría que Isaías la veía con otros ojos y no como los de un padre, cosa que provocaba asco en Jade, que ella pudiera insinuar eso, e Isaías la acusaría de ser la peor de las madres, algo que era cierto al cien por ciento.

Tirada en la cama de su habitación, cubriendo su rostro con la almohada mientras las lágrimas caían, se propuso hacer lo que mejor sabía hacer, quitar todos los recuerdos amargos de aquel día y dejar solo lo bueno, lo importante, solo así su mundo era color de rosas.

Javier estaba calentando los restos de comida del día anterior, a lo largo de los últimos tres años había gastado todo el dinero que sus padres le habían dejado del seguro de vida, estaba sentado en el sofá de la sala, se preguntaba si su vida hubiera sido diferente si sus progenitores no hubieran muerto en ese accidente aéreo, seguro que no tendría que preocuparse por el dinero si ese fuera el caso, para su suerte, su mejor amiga y eterna enamorada, siempre lo ayudaba, pero ahora Jade estaba a punto de partir a la universidad y lo más probable seria que se olvidara de él.

- ¿Quién lavara mi ropa si ella se marcha? ¿Quién cocinara para mí si Jade se enamora de otro?

Eran las preguntas que golpeaban la mente del joven, entonces una idea llego a él, Javier sabía que su amiga estaba enamorada de él, y como no saberlo, si Jade era un libro abierto, sin embargo, siempre mantuvo su distancia, no quería perder lo único bueno que tenía en su vida, pero ahora la perdería, o dentro de unos meses, cuando ella partiera a la universidad.

- Es demasiado buena para un inútil como yo.

Se dijo una vez más, mientras caminaba a la cocina a dejar su plato, observo por la ventana y allí estaba ella, soñando despierta como cada noche, viendo el cielo nocturno por la ventana de su cuarto, era bonita, hermosa para ser precisos, y tenía esa alegría propia de ella, siempre sonreía, siempre viendo el lado positivo de todo.

-Jade.

Dijo el joven perdiéndose en su belleza una vez más, fue allí donde decidió dar el siguiente paso, él la quería, la conocía, pero sobre todo la necesitaba, no podía permitir que ella lo dejara solo, ya suficiente soledad tenía en su vida.

- Señor Isaías, quisiera hablar un momento con usted. - dijo saliendo al tiempo que su vecino sacaba la basura.

- Por supuesto, dime Javier, ¿Qué necesitas? - este hombre había sido un gran apoyo para el joven rubio, a pesar de que sus padres no se llevaban con los Renger, ya que Magnolia era una mujer insoportable, tanto padre como hija siempre lo apreciaron y cuando quedo solo, lo cuidaron.

- Yo... a mi... vera... - no sabía cómo decir aquello, estaba nervioso, había tenido novias, claro que sí, pero sabía que con Jade seria todo distinto, no sería algo de una noche, sería para siempre o Isaías lo mataría.

- Tranquilo niño, respira, recuerda lo que les he enseñado a Jade y a ti, el no a tu pregunta ya lo tienes, si ya te has preparado para lo peor, solo deja salir todo y espera, quizás tendrás un sí a tu favor.

Él debía reconocer que Jade tenía un buen padre, alguien que te llevaba a ser valiente, a levantarte sin importar los golpes de la vida, no podía evitar sentir un poco de envidia por la rubia de ojos verdes y grandes pechos.

- Quiero salir con Jade. - dijo de forma rápida, casi tropezando con sus propias palabras.

- Me parece perfecto, ¿irán al parque de diversiones? Sabes que ella es como una niña en el cuerpo de una adulta. - respondió mientras mostraba su destacable sonrisa blanca en el rostro moreno.

- No, no me refiero a salir a pasear... quiero que sea mi novia. - se atrevió a decir, sabía que quien quisiera llegar a la joven, primero debía pasar por la aprobación de su padre.

- Ya era hora hijo, llegue a pensar que la dejarías ir sin un compromiso que la haga regresar. - respondió el mayor dándole una palmada en el hombro.

- ¿Está de acuerdo entonces? - respondió de forma efusiva, sin poder creer su suerte.

- Todo lo que le cause felicidad a mi niña, solo te pido que confíes en ella, déjala ir a la universidad, no te interpongas entre sus sueños, después de todo, regresara cada fin de semana.

- Puede contar con ello.

- Bien, ahora cuéntame ¿cómo se lo pedirás? debo registrar eso. - dijo con entusiasmo Isaías.

Javier podría dormir tranquilo, él conocía muy bien a Jade, la joven nunca tuvo novio, siempre estuvo al pendiente de él, ahora que al fin serian novios, sabía muy bien que no lo engañaría y que ella volvería cada fin de semana, para cuando finalizaran sus estudios se casarían y por fin dejaría de estar solo, pero, sobre todo, no tendría que preocuparse por el dinero, el mundo de Javier prometía ser color de rosas en un futuro cercano.

...

Loan-Zhao de 24 años aparentaba ser el hijo adinerado de un empresario oriental, que hacía 5 años había llegado a Chicago para hacerse cargo de las empresas que allí tenía su familia, lo que nadie sabía o sospechaba era que todo era una falsa, la máscara perfecta para mostrar al mundo y lavar el dinero que EL TIGRE BLANCO generaba, ¿Quiénes eran el tigre blanco? Una de las organizaciones mafiosa más poderosa de China, dirigida por Sug-Zhao, el patriarca de este clan mafioso tenía tres hijos, Wang-Zhao de 26 años, era el mayor, pura fuerza bruta, tenía hielo en las venas y carecía de empatía alguna, para este hombre solo importaba él y nadie más, por lo que el anciano no estaba convencido de dejarle su lugar para que dirigiera todo, el segundo hijo de la familia era Loan-Zhao, un joven que a simple vista era delgado, sin saber que bajo su vestimenta solo eran músculos los que se veían, de una inteligencia y calma única, todo lo que la organización necesitaba, pero había un problema, Loan no quería asumir el puesto, huyo hace 5 años a Chicago con la excusa de estudiar y cuando terminó sus estudios se quedó dirigiendo las empresas allí, claro que el mayor motivo para no regresar del hombre se debía a una mujer, Susan Layen, y por ultimo estaba el menor, hijo de la segunda esposa del señor Sug-Zhao, Park- Shik Zhao, el joven de apenas 21 años no podría jamás tomar el lugar de su padre, al ser hijo de una concubina que luego se convirtió en esposa cuando Suki-Zhao la primer esposa falleció, no, no sería bien visto que él tomara el lugar de sucesor, pero de igual forma ya tenía un lugar designado en el TIGRE BLANCO, él sería el más leal empleado del próximo sucesor, por lo que el menor había viajado hacia 3 años a Chicago, para suplicarle a Loan que asumiera ser la cabeza del clan, algo que el joven se negaba a hacer.

- Por favor, hermano, si Wang asume ¿Cuánto crees que tardare en estar muerto? No quiero morir aun, soy muy joven. - dijo con preocupación el menor, quien siempre vestía pantalones de mezclilla y chaqueta de cuero, con un corte de cabello rapado a los lados y un poco más largo en el centro, daba la sensación de pertenecer a algún grupo peligroso, pero solo bastaba con hablar con él y todos descubrían que era un joven muy simpático y tranquilo.

- Nuestro hermano no sería capaz de atentar contra tu vida y ahora deja de llorisquear, padre te dio permiso para quedarte conmigo, por lo que te pondrás a estudiar.

El pequeño intercambio de palabras fue hace 3 años, cuando Park llego buscando refugio, lo que Loan no sabía es que el menor tenía una misión, convencerlo de asumir como cabeza del tigre blanco, pero sin importar nada y aun sabiendo que Wang despreciaba al bastardo, como lo llamaba a su hermano menor, Loan se mantuvo firme, él no quería ser un mafioso, solo quería casarse con Susan Layen.

- ¿A dónde vas? - pregunto Park.

- Tengo una cita con Susan. - dijo sonriendo Loan.

- Esa mujer no te ama, solo ama el dinero, se le ve en los ojos que algo oculta.

- Adiós Park, hoy no pienso discutir contigo.

Loan salió evitando tener otra discusión con su hermano, pero Park tenía algo importante que decirle, por lo que lo seguido.

- Espera Loan. - dijo mientras caminaba a su lado.

- ¿Y ahora qué?

- Tengo noticias de padre. - respondió un poco inquieto, lo que provocó que su hermano detuviera su caminar.

- Habla.

- Wang está aquí, llego ayer y quiere tomar el control de la empresa... - Park vio el brillo furioso en los ojos marrones de Loan y guardo silencio.

- Si Wang quiere trabajar que lo haga, pero no aquí, la central es solo mía. - de todas las empresas, la central era la más legal de todas y Loan no permitiría que su hermano arruinara eso.

- Bien, se lo informare, pero hay otra cosa. - Loan lo miro en silencio, odiaba cuando Park les daba suspenso a las cosas. - Se casa en seis meses. - dijo el menor y Loan sonrió.

- Magnifico, no entiendo porque no te alegras, si él se casa primero asumirá su lugar y quizás al tener una mujer deje de ser tan idiota. - dijo tratando de darle ánimo a su hermano menor, ya que sabía que Park realmente le temía al mayor.

- También arreglo un matrimonio para ti, dentro de un año.

Y ese fue el momento donde a Loan el mundo se le caía a pedazos, por el honor de su familia, si un matrimonio se arreglaba entre ancianos, solo quedaban una maneras de anularlo y que se mantenga el honor intacto, y eso era, cancelando el matrimonio un año antes y casarse de inmediato con otra persona, por lo que Loan si quería anular su matrimonio debía casarse inmediatamente con Susan Layen, pero el gran problema era que si él hacía eso, si se casaba antes que su hermano mayor, automáticamente pasaría a ser el nuevo líder del tigre blanco, esa era la costumbre, el primero en casarse es quien tomaba posición de jefe de la organización, Loan estaba entre la espada y la pared. Su padre había conseguido acorralarlo, cortando toda vía de escape, ya que el anciano sabía que estaba enamorado de una americana.

- ¿Me estás diciendo que me caso en un año con alguien que ni siquiera conozco, y sigo con mi vida y reputación intachable, o me caso con el amor de mi vida lo más pronto posible y asumo como el líder del tigre blanco? - pregunto casi a grito, aunque sabía muy bien la respuesta.

- Lo lamento. - respondió con verdadero pesar su hermano, no podría estar contento, aun si salvaba su vida al no caer en las garras de Wang, Loan siempre lo había tratado como un hermano verdadero, además era considerado y respetuoso con su madre Sakura-Shik.

Loan solo giro en sus talones y continuo su camino sin decir nada más, pero ya había tomado una decisión, él haría todo por su novia Susan, el amor de su vida.

Lo que había comenzado con la organización y planeación de una cena romántica de aniversario de 3 años de novios, paso a convertirse en la cena más importante de su vida, le pediría matrimonio a su novia, fue hasta una de las joyerías más importantes de Chicago y pidió que le mostraran los anillos de compromiso más exclusivos que tenían, fue así que se decido por un modelo exclusivo de la línea Zabet, diseñado por la señora Candy Ángel, un diamante de 10 quilates en forma de marqués que fue colocado horizontalmente en lugar de verticalmente y estaba rodeado por 30 diamantes más pequeños. Debido a que el anillo estaba engastado horizontalmente, tenía un aspecto antiguo, 2,5 millones de euros, le pareció un precio más que justo, el dinero no era problema para él.

Llego al restaurant antes de lo pautado y hablo con la joven que lo atendería esa noche.

- Buenas noches, señor, estaré a cargo de su mesa esta noche. - la joven rubia de ojos tan hermosos como el jade, se presentó con una sonrisa, pero Loan vio tristeza y cansancio en ellos, puso tanta atención en esos ojos color Jade que no presto atención al nombre que llevaba en el uniforme.

- Buenas noches, hoy le propondré matrimonio a mi novia, quisiera que colocara esto en la copa del mejor Champan que tengan y que las traiga cuando se lo indique.

La joven que no era otra que Jade Renger asintió, y sus manos temblaron cuando vio semejante anillo, sabía que debía valer mucho, solo deseaba que la afortunada llegara pronto y así devolver tan preciado anillo.

Al fin luego de unas horas el corazón de Jade volvió a la normalidad, cuando el hombre asiático le hizo señas para que se acercara, tratando de no romper con el ambiente romántico que giraba en torno a ellos, dejo la copa que poseía el anillo dentro, y se dedicó, junto con sus compañeras, a soñar despierta, cada una de ellas matarían porque les pidieran matrimonio de esa manera.

- Susan Layen, hace tres años mi vida cambió radicalmente porque tú apareciste ante mí, eres todo lo que siempre soñé y brindo por ello. - dijo Loan viendo los ojos cafés de su pelirroja.

- Siempre tan romántico...- la mujer dejo de hablar al tiempo que levanto la copa y vio el costoso anillo dentro.

- ¿Qué dices amor? ¿Quieres ser mi esposa y...? - Loan aceptaría ser el líder de la mafia china, el aceptaría cualquier cosa por Susan.

- No. - la seriedad que reflejaba aquella mujer en su rostro no le dejaba margen a la duda, no estaba sorprendida, ni confundida.

- ¿Qué? - respondió con la sorpresa que aquello le generaba.

-Lo lamento Loan, hoy pensaba decirte la verdad. - dijo la pelirroja mientras dejaba la copa en la mesa.

- ¿Qué verdad? - respondió aun aturdido.

- Soy una oficial encubierto, fue por eso por lo que me acerqué a ti, mis jefes creían que tenías algo que ver con el tigre blanco, pero en estos tres años de investigación pude ver que no es así, eres una persona maravillosa, mereces que te quieran, y no debes preocúpate por el malentendido, ya todo quedo claro, fue un error que te investigaran... - Loan la escuchaba, pero no podía procesar todo aquello.

- ¿No me amas? - pregunto lo único que le importaba.

- Te tengo cariño Loan, pero yo ya tengo un prometido. - Loan jamás hubiera esperado esa respuesta, la conocía hace tres años, la iba a visitar a su departamento casi a diario, le hacia el amor.

- ¿Cómo puedes estar prometida si...? - el hombre quería creer que era una broma, deseaba que así fuera.

- El entiende que mi trabajo es lo más importante, lo lamento Loan, espero que encuentres alguien que te pueda amar, no me busques, de Susan Layen no quedara nada a partir de hoy, mañana parto a otra misión, adiós.

La pelirroja de la que él se había enamorado no existía, ni siquiera sabía su nombre real, esa mujer solo estaba a tras el tigre blanco y si no lo pudo relacionar era porque él no quería saber nada con la organización, solo por su amor asumiría aquella responsabilidad, ¿y para qué? Lo habían engañado, tres años amando a alguien que no existía y todo por el tigre blanco. Si incluso le parecía una broma el haber creído que podía vivir en un mundo color rosa.

Capítulo 2 Nada es perfecto.

Era viernes, su último día de trabajo en la cafetería, solo tenía dos días para encontrar un lugar donde vivir los días de semana mientras permanecía en la universidad, el campus no era opción, los cuartos en el eran demasiado para lo que la joven había podido ahorrar en esos tres años de arduo trabajo, más con lo que su padre podía colaborarle, y tres horas de viaje eran demasiadas para ir y venir todos los días, además cada día soportaba menos a su madre, por lo que alquilar una habitación era el lujo mayor que se podía dar.

- ¿Sabes qué? realmente creo que Magnolia no es mi madre. - dijo con toda seguridad y sin rastro de pena a su novio Javier mientras caminaban por la acera.

- Jade sé que siempre buscas el lado positivo de todo, pero ella es tu madre, tienen el mismo color de ojos, cabello y fisco. - respondió Javier dando su punto de vista mientras la abrazaba.

- ¿Qué dices de mis labios? los de ella son finos, la forma de mi rostro tampoco se le parece ¡¿y la altura?! - dijo como tratando de aferrarse a algo más que la diferenciara de aquella mujer.

- Eres alta, pareces modelo, pero puede ser por tu padre, deja de imaginar imposibles, y acepta que Magnolia no tiene madera de madre.

Jade dejo de hacer conjeturas y siguió a su novio, debía ayudarlo a empacar ya que la acompañaría a buscar un pequeño dormitorio que quedara cerca de la universidad, pero apenas ingresaron en la casa de Javier se olvidaron de lo que tenían que hacer, el joven tomo sus labios con desesperación y lo que para Jade era amor, para el rubio solo era la necesidad de marcarla, se había propuesto tener sexo con ella, que le entregara su primera vez, marcarla como si fuera ganado, todo para que Jade volviera cada fin de semana a él, la necesitaba, pero no era solo por sentirse solo, Javier era un vividor de primera categoría, a esta altura Jade se ocupaba de mantener limpia su casa, lavar su ropa, cocinarle, todo, pero aún faltaba lo más importante, que lo mantuviera, si bien en un principio el joven no quería cruzar esa línea con su única amiga, ya que sabía que ella era demasiado buena para cualquier hombre, más para él, pero en la mente de Javier no tenía más opción, no quería perderla, si algún hombre se fijaba en ella en la universidad, algo que estaba seguro pasaría por la belleza que la rubia poseía, la perdería, solo era cuestión que alguien más la enamorara y si ella conseguía un novio en la universidad, estaba más que claro que ningún hombre dejaría que su pareja fuera casi una sirvienta de su amigo.

- Javier ¿qué haces? - pregunto preocupada cuando se dio cuenta que habían llegado a la cama del joven.

- ¿Acaso no me amas Jade? - pregunto con falsa tristeza, sabia como tirar los hilos que convertían a Jade en una marioneta.

-Sabes que te amo, pero hace solo un mes que comenzamos a salir... - respondió sintiéndose incomoda, no era que no deseara entregarse a su amigo, en la mente de Jade, la primera vez debía ser algo maravilloso y romántico, velas y chocolates, como en las películas románticas, ella era una soñadora, alguien que creía en el amor y los milagros que este hace en las personas, se aferraba a ello, a poder cambiar a Javier, que sea más responsable, que pudiera valerse por sí mismo.

- Amor, nos conocemos lo suficiente, desde que éramos niños, ya no soporto estar lejos de ti, te necesito tanto. - ese era el punto débil de Jade, cuando Javier le decía que la necesitaba, aun recordaba cómo había quedado solo siendo tan joven, y si ella sufría por el desprecio de su madre, más sufría Javier al estar solo.

El rubio siguió besándola sin darle tiempo a procesar lo que estaban haciendo, y a medida que la desvestía, Javier descubrió que su mejor amiga tenía un cuerpo de infarto, ya una vez la había visto en traje de baño, pero eso no era nada ahora que la observaba completamente desnuda, sus pechos blancos y grandes lucían dos botones rosados que a la vista eran una maravilla, su boca salivaba con la necesidad de prenderse de ellos, la pequeña cintura destacaba más gracias a su ancha cadera, y sus muslos estaban tan bien torneados que Javier deseaba apretarlos, sin pensarlo más y sin nada de cariño, tomo las piernas de la joven y las abrió, contemplándola de manera descarada, no tenía tiempo para pensar que podría estar sintiendo la rubia en ese momento, aunque si se hubiera molestado en ver su rostro, le hubiera sido fácil comprender que Jade estaba muriendo de vergüenza.

- Te amo Jade. - mintió con descaro, entrando en ella sin demora, pues era imposible contenerse ante semejante mujer, no le importo tener que ejercer más fuerza para hundirse en ella, mucho menos reparo en que su novia no estaba excitada, no había humedad alguna en su vagina y es que la vergüenza y la duda no le permitían a Jade sentir los besos desesperados que Javier repartía en ella para que dejara de estar tan rígida, mientras la rubia se quejaba por el ardor que su primera vez le estaba ocasionando, tratando de no soltar lagrima alguna, aquello no le estaba gustando en lo más mínimo, nada era como lo que ella había imaginado para una ocasión tan importante.

- Javier, yo te amo más. - sus ojos verde jade brillaron de tal manera que este hombre se sintió culpable de estar usándola, pero no tanto como para dejarla ir, ella era hermosa, dulce y la quería, además que sabía que siempre le seria fiel, no, no la dejaría ir, aunque no la amara.

Fue esa culpa que lo llevo a repartir besos más sueves y húmedos por todo el cuerpo blanquecino de la joven, provocando que ella se relajara casi al instante, Jade ahora estaba en una bruma de sentimientos hermosos, lo amaba desde los 15 años, siempre había soñado con ser su novia, ahora lo era y aún mejor, le estaba entregando su cuerpo, para que él la reclamara como mujer, Jade le pertenecía en cuerpo y alma, siempre seria solo de él.

La experiencia no duro mucho, Javier estaba demasiado excitado, como para tratar de durar un poco más, o así sea tocar los lugares necesarios para que la joven lograra su primer orgasmo.

Parea cuando Jade termino de tomar un baño, se dio cuenta que ya era demasiado tarde como para viajar a buscar departamento, por lo que dejo la maleta del joven lista para salir mañana a primera hora.

- Quédate esta noche. - dijo Javier, quien luego de probar su cuerpo había descubierto su nuevo mejor pasatiempo, mejor aún que ir al casino a apostar, Jade era adictiva.

- No puedo, debo avisarle a mi padre que no fuimos a ningún lado, aún debe estar esperando mi llamada, nos vemos mañana, no olvides colgar las sábanas cuando la lavadora termine. - le recordó con las mejillas rojas y es que mientras Javier se bañaba, ella se había encargado de cambiar las sábanas y limpiar todo el desorden que su primera vez había dejado.

- Está bien. Nos vemos mañana. - se despidió con un beso corto al tiempo que cerraba la puerta.

Jade permaneció de pie frente al umbral unos segundos, algo la hacía sentir mal, había entregado su virginidad al hombre que llevaba años amando, pero nada fue como imagino, nunca le pregunto si estaba bien, ni se mostró tierno, ni siquiera tuvo la consideración de dejarla bañarse primero, Javier se levantó apenas termino y fue a ducharse, dejándola sola para que limpiara todo, y ahora la dejaba sola para regresar a su casa, ni siquiera se ofreció a acompañarla solo unos metros, ya que vivían casi pegados.

"Deja de pensar idioteces Jade, él está acostumbrado a estar con chicas más experimentadas, ¿Qué esperabas? ¿Que se comportara como un niño?, Javier es un hombre y tú ahora eres una mujer deja de ser tan soñadora." - se dijo a sí misma y camino los metros que separaban las casas.

A penas abrió la puerta de su pequeño hogar escucho a sus padres discutiendo, más fuerte de lo normal, algo no estaba bien y la joven se debatía entre interferir o solo seguir su camino.

- ¿Por qué no solo admites que es tu mujer? ¡Di que es ella a quien deseas en tu cama!

- ¡Dios Magnolia! realmente estás loca ¡ella es mi hija! ¡¿Cómo puedes decir tal cosa?! - grito Isaías con verdadero enfado y Jade por primera vez tenía ganas de gritarle a su madre.

- ¡No lo es y lo sabes! ¡Ella no es tu hija! - las palabras de Magnolia taladraban la mente de la joven quien estaba clavada en mitad de la sala, viendo directo a la cocina, donde sus padres se encaraban, uno más furioso que el otro.

- ¡Cállate! No te permito que repitas eso, yo la crie, yo la cuide, soy su padre por derecho.

- ¿Qué es lo que temes Isaías? ¿Que cuando ella lo sepa busque a su verdadero padre y te deje? O mejor aún, que cuando sepa quién es su verdadero padre, descubra que tu solo eres un ser insignificante. - el regocijo y la burla bañaba cada palabra de la mujer.

- No entiendo cómo puedes hablar así de tu hija, por Dios, es tu sangre Magnolia.

- Jade solo era una herramienta para asegurar mi fututo, pero ni para eso sirvió, maldigo el día que te hice caso, la debí abortar apenas dejo de serme útil. - Jade al fin comprendía que el desprecio de su madre tenía una razón, después de todo, ella nunca la quiso.

- Papi. - dijo casi sin aliento la joven mientras sus ojos derramaban lágrimas, llegando a la cocina que de pronto se había convertido en un campo de guerra.

- Hija. - se lamentó el hombre al saber que había escuchado todo.

- Que ridícula, por tu cara sé que estabas escuchando y aun así lo llamas Papi ¿o es su juego de roles? - la mano de Isaías se levantó, quería golpearla por decir semejante aberración, pero no pudo, Magnolia era su debilidad, siempre lo fue, él por esa mujer hizo todo, su corazón dolió al tiempo que vio los verdes ojos de magnolia, el desprecio y asco dirigidos a él, para ella Isaías nunca fue nada más que algo a lo que aferrarse para vivir cómodamente, por fin este hombre lo veía con claridad, pero ya era tarde.

- ¡Papá! - el grito de Jade fue aterrador, al momento que vio como su padre tocaba su pecho para luego caer.

- ¡Llama a una ambulancia! - Jade corrió junto su padre mientras Magnolia al fin mostraba un poco de humanidad y empatía, después de todo, ese hombre la había consentido durante 21 años, fue a la sala a llamar una ambulancia como su hija lo solicito.

- Prométeme...- Isaías sentía que su vida se escapaba entre sus manos como arena mojada y no podía hacer nada para evitarlo.

- No digas nada papá, la ambulancia pronto llegara. - la rubia sentía que su vida se iba junto con la de su padre.

- Prométeme que... serás feliz... hija... que el amor... no te ciegue...como a mí. - las lágrimas comenzaron a caer del rostro del mayor, y no podía sentirse más frustrado, quería ver el rostro de su niña antes de dejar este mundo, aunque sea una vez más.

- No me dejes papá. - imploro en un susurro la rubia.

- Aléjate... de Magnolia... hija. - y esas, fueron sus últimas palabras.

Jade estaba en la sala del hospital recordando las últimas palabras de su padre, mientras Magnolia lloraba y la culpaba por la muerte de Isaías, debía alejarse de esa mujer, esa que, si llevaba su sangre, pero que era la responsable del dolor más grande que la joven sentía.

Camino bajo la lluvia, sin rumbo alguno y mucho menos preocupándole las altas horas de la noche que eran, solo camino, lejos del hospital, lejos de su hogar, escapando del dolor, por alguna extraña razón no fue con Javier, quería estar sola, en ningún momento se preguntó quién sería su verdadero padre, ella ya tenía un padre, Isaías Renger, quien acababa de morir, en sus brazos, llamándola hija.

De pronto sintió un fuerte agarre en su brazo y ser jalada hasta chocar de frente con un hombre, lo miro por un momento, se veía enojado, sus ojos verdes brillaban aún bajo el manto de la noche, era más alto que ella y tendría unos cuarenta y tantos años, su cabello era castaño claro, casi rubio, pero había ciertos rasgos de su cara que la hacían recordar a alguien ¿pero a quién?

- Me estas escuchando niña. - dijo ofuscado el mayor y solo entonces Jade se dio cuenta que le estaba hablando, aun sujetándola del brazo.

- No, y suélteme, ¿Quién se cree para...? - Jade quedo en silencio al ver a su alrededor un grupo de hombre con trajes y armas.

- Sal de tu burbuja niña, el mundo no es para gente que vive en las nubes, lárgate de aquí, ahora. - Jade había llegado al lado este del vecindario, sabía que no debía estar allí, nadie decente iba a ese lugar, abandonado incluso por los Constantini, el clan que manejaba Chicago.

- Señor Derek, está todo listo para ingresar. - informo uno de los hombres y Jade entendió que si estaban en ese lugar con armas no era nada bueno.

- ¿Quien dijo que quiero estar en este mundo? - murmuro la joven liberando su brazo del agarre de aquel hombre que por alguna razón se le hacía conocido.

La joven regreso sobre sus pasos siendo observada por Derek Bach más de la cuenta, tanto, que sus hombres se dieron cuenta. Y si un Bach quería algo, lo tenía.

¿Quiénes eran estas personas? Los más poderosos del continente y quizás del mundo, ser un Bach era estar en la cima del mundo.

- ¿Quiere que vaya por ella, señor? - pregunto uno de sus custodios.

- ¿Para que quisiera yo una niña? Vamos a trabajar.

Era conocido por todos que la familia Bach estaba bajo una maldición, durante siete generaciones solo nacieron varones, cuando al fin nació una niña la cuidaron como si de su mejor joya se tratara, pero fue ese mismo cuidado y sobre protección los que provocaron que Kimberly Bach perdiera uno de sus mellizos, naciendo así solo Lucero, parecía que la maldición de que no nacerían niñas en la familia se había roto, pero comenzó otra, nadie de la familia podía tener más de un hijo y algunos como Derek tenían peor suerte, ya que él ni siquiera había podido tener un hijo, desde hacía 21 años que lo intentaba, al pasar el tiempo cada una de sus novias lo termino abandonando, hasta que conoció a Rosita Zabet, la joven que fue adoptada por la familia del magnate de joyas Amir Zabet, se había enamorado a primera vista de esa jovencita y a pesar de que ella no lo sabía y estaba con su primo Vincent, Derek haría todo para cuidar de ella, amándola a la distancia y cerrando de esa manera las puertas del amor, aun así el hombre se preguntaba porque a él se le había arrebatado el derecho de tener descendencia, aunque su madre siempre le aseguró que lo más probable era que en su juventud hubiera dejado embarazada a alguna de sus tantas acompañantes de una noche que tuvo, prefería creer que no era así, pues la lista era larga y en la mayoría de los casos ni siquiera recordaba el nombre de sus amantes de antaño.

Esa noche Derek Bach estaba trabajando, la banda que manejaba esa zona había tenido la brillante idea de ayudar al mafioso conocido como la sombra italiana en tratar de secuestrar a Rosita, era su responsabilidad mostrarle que con un Bach nadie se metía y menos con la mujer que él amaba. Lo que Derek Bach desconocía es que esa noche por destino o casualidad había salvado la vida de su hija, quien se dirigía a la línea de fuego de la banda.

Mientras Jade caminaba de regreso a su hogar descubriendo que nada es perfecto, el vacío que dejo Isaías esa noche no lo podría llenar con nada en el mundo.

Esperanza Ledezma siempre se destacó por su sentido de justicia, no sabía si aquello se debía a lo que su madre Camila Adams de Ledezma había sufrido por culpa de su madre y el psicópata de su mejor amigo, o si era por la crianza que tuvo, fuera lo que fuera, la joven pelirroja siempre tuvo en claro lo que queria hacer de grande, atrapar a los malos y encerrarlos, llevaba tres años investigando a Loan Zhao, y había llegado a una conclusión.

- Jefe, este joven no tiene nada que ver con el tigre blanco, puede que sea hijo de Sug-Zhao, pero definitivamente él no tiene nada que ver con su organización, más que cargar con el padre que le toco.

- Bien, si tú lo dices, así debe ser, eres mi mejor agente, será mejor que des por terminada la misión y te tomes unas vacaciones, o tu prometido hará una huelga fuera de mi oficina. - Esperanza suspiro con pesar, queria mucho a Valentín, era el mejor amigo de Teodoro, su primo, pero aún no estaba lista para dar el siguiente paso, aunque hacia dos años que estaban prometidos.

- Si, vera jefe, queria hablar con usted de un tema...

- No te enviare a ninguna misión, mira Esperanza, te aprecio, eres mi mejor agente, pero si tienes algún problema con Valentín, debes solucionarlo, no puedo seguir siendo tu chivo expiatorio. - estaba atrapada, debió saber que su jefe se daría cuanta.

- No tengo ningún problema con el agente Flagler.

- Claro, es muy normal llamar por su apellido a la persona con la que estas a punto de casarte.

- No es eso, es la costumbre. - mentía, no solo a su jefe, a ella también. - En fin, seré breve, necesito que apruebe una última misión o en su defecto que haga la vista gorda de mi ausencia, porque definitivamente de todas formas lo hare. - la línea quedo en silencio por unos minutos, hasta que al fin su jefe suspiro derrotado, la conocía demasiado bien.

- Dime que pasa.

- Necesito ir a Colombia, debo atrapar a la emperatriz.

- ¡¿Que?! - el superior no pudo evitar gritar, Esperanza le estaba pidiendo demasiado.

- Agustina Scott se atrevió a jugar con Lucero Bach, ella toco a mi amiga y pienso entregarle su cabeza como obsequio en su boda.

- ¿Es un pedido de los Bach? - pregunto emociono, y no era para menos, los Bach casi no debían favores, más bien todo el mundo les debía a ellos.

- No, claro que no, es algo que yo quiero hacer, es mi mejor amiga. - en parte era verdad, aunque también era un pedido de Liam Bach, el padre de Lucero no se quedaría tranquilo luego de que la emperatriz arruinara la vida de su hija.

- De acuerdo, pero todo será extraoficial.

- Claro jefe, ahora mismo dejo todo listo, envíen al equipo de contención, terminare esta noche con Loan Zhao.

Y así lo hizo, Esperanza Ledezma salió de aquel restaurante sabiendo que había roto el corazón de un joven inocente, había hecho tan bien su trabajo, que el pobre Loan se había enamorado realmente de ella, por un segundo se preguntó si se sentiría tan mal como en ese momento si terminaba con Valentín, pero quito ese pensamiento de su mente, no le podría hacer eso al agente Flagler, ella le había dado su palabra y la cumpliría, aunque no lo amara, se casaría con él, solo que antes iría por LA EMPERATRIZ.

Lo que Esperanza no sabía, era que esa mujer cambiaria su vida, al igual que lo había hecho con Lucero Bach.

Capítulo 3 Una loca feliz.

Jade continuo en un modo automático los días siguientes, negándose a exteriorizar lo que su corazón estaba sintiendo, no le dirigió palabra alguna a su madre, solo tomo el dinero que habían ahorrado con su padre para la universidad y contrato el mejor servicio fúnebre que pudo conseguir, su padre se lo merecía, el único que siempre la quiso y la apoyo, aun sin llevar su misma sangre, mientras que Magnolia recibía las condolencias y felicitaciones por lo bien que todo lucia en la sala velatorio, a Jade no le importaba, solo se concentró en su padre Isaías, aun cuando escucho que Magnolia la cul

paba por la repentina muerte del mayor, solo la ignoro, luego del sepelio le pidió a Javier quedarse en su casa unos días, necesitaba aclarar su mente, ahora la universidad no era una opción, ahora todo perdía sentido, estaba sentada en la sala de Javier mirando a la nada cuando la puerta fue tocada.

- Magnolia. - dijo con rencor al ver a su madre parada en el umbral.

- No creas que vengo a verte por gusto. - respondió la mujer entrando en la casa sin que nadie la invitara.

- Lo sé, no serias tú si lo hicieras. - algo dentro de Jade había muerto junto con su padre y eso era el respeto que le tenía a aquella mujer.

- Si como sea, solo vengo a informarte que necesito que retires todas tus cosas de la casa, el vendí y los nuevos propietarios no tardan en llegar. - dijo ignorando el comentario de su hija.

- ¿Qué? - las palabras salieron casi en un susurro. - ¿Vendiste la casa de papá? - no lo podía creer, apenas había pasado una semana, sentía como sus manos hormigonaban y se volvían frías.

- Entiende de una vez que Isaías no era tu padre, no te debo dar explicación de lo que hago con la miseria que él me dejo, pero si quieres algo de tu "verdadero Papi" ve a buscar a Derek Bach, quizás ahora si ve tu rostro termine de aceptar que eres su hija.

Magnolia salió de aquel lugar sin ver atrás y Jade no pudo reaccionar hasta unas horas más tarde, su madre había vendido su hogar, el lugar donde había vivido por 21 años, ese mismo que estaba lleno de recuerdos felices al lado de Isaías, lo peor fue descubrir que se había desecho de todo lo que era de su padre, solo quedaban los álbumes de fotos, esos que Isaías se encargó día a día a llenar con cada logro de ella, su hija.

Cinco cajas, era todo lo que Jade tenia, sus 21 años cabían en cinco cajas de cartón y la vida feliz junto a su padre se resumía a 21 álbumes.

- Todo estará bien amor, vele el lado positivo, ahora viviremos juntos. - Jade observaba a Javier y por primera vez el joven le parecía un idiota.

Al fin con el correr de los días acepto como seria su vida desde ese momento en adelante, más aún cuando tomo uno de los álbumes de fotos, cuando ella nació, en la primera página encontró una frase en lugar de una foto.

VE EL LADO POSITIVO DE LA VIDA SIEMPRE, SOLO ASI PODRAS SER FELIZ, HOY NACIO MI HIJA, MI ETERNA FELICIDAD, QUIEN ME LLAMARA PAPÁ.

Isaías siempre supo que ella no era su hija, sin embargo, se concentró en ver el lado positivo, él sería el único padre que ella conocería.

No pudo tomarse más tiempo para hundirse en su dolor, las cuentas comenzaban a juntarse, Javier tenía trabajos temporales que no duraban más que unas semanas, por lo que ella comenzó a trabajar medio tiempo en la cafetería nuevamente y logro conseguir trabajo en un restaurant de muy alto prestigio, así en pocos meses la casa de Javier parecía otra, no solo no habían deudas de servicios pegadas al refrigerador, también tenían la nevera llena, al igual que la alacena, pero Jade cada día estaba más cansada y los deseos lujuriosos de Javier en la noche no ayudaban.

- Vamos amor, si estas tan cansada solo quédate quieta y yo me encargare del resto. - dijo de forma sugerente mientras comenzaba a tocar debajo del pijama de Jade cada parte de su cuerpo.

- Javier, en verdad, estoy muy cansada y no me he estado sintiendo bien. - respondió acompañado de un suspiro que denotaba cansancio.

- ¿Cómo qué no te has sentido bien? - Javier un poco más no salto de la cama y tontamente Jede pensó que estaba preocupado por ella.

- Estoy más cansada de lo normal y no tengo mucho apetito... a decir verdad, tengo un atraso. - Jade mordisqueo sus labio nerviosamente al ver como la cara de su novio cambiaba con cada palabra que ella decía.

- No jodas Jade, si es un broma es pésima.

- Pues no lo es y no me mires así, eres tú quien se la pasa de lujurioso todo el tiempo, más de una vez te he dicho que sin preservativo no lo hagamos y no me escuchas. - Jade estaba frustrada y muy cansada, trabajaba y luego llegaba para ocuparse de la casa al completo, pero además su novio siempre quería sexo, sin importar si ella estaba durmiendo, comiendo u duchándose, nada detenía a Javier, ni siquiera la falta de condones.

- Debes ir a comprar la píldora del día después.

- ¿En verdad? Acaso no prestaste atención en clases, esa píldora solo sirve el día después de allí su nombre, y si tengo un atraso no es de un día. - quería gritarle, pero estaba demasiado cansada para hacerlo, los últimos 5 meses con Javier casi no había tenido cosas buenas en las que centrarse y el lema de su padre cada vez se le hacía más difícil de cumplir, "ve el lado positivo a la vida" pero... ¿Cómo se hace cuando nada bueno te sucede?, se preguntaba casi a diario.

- Tendrás que abortar. - la joven no pensaba ser madre, pero nunca se le había pasado la idea de un aborto y escuchar la forma fría en la que su novio lo dijo, le hizo recordar a su madre, Magnolia.

- Pero no sería justo... es nuestro bebé, fue nuestra culpa...

- ¡Jade! No quiero bebés, ¿lo entiendes? Si estas embarazada será mejor que busques un lugar para abortar.

Su mejor amigo, ese joven del que se había enamorado desde los 15 años, salió de la habitación dejándola sin palabras y llevándose con él las ganas de dormir.

Para cuando llego al restauran al día siguiente, aun con maquillaje su cara denotaba cansancio, lo que le llevo a ganarse una buena reprimenda de su jefe, la joven sabía que había conseguido ese empleo por su bonita cara y esbelto cuerpo, pero era humana, no podía verse perfecta siempre, fue a atender su mesa y su humor cambio, quizás en su vida ya no quedara nada bueno a lo que aferrarse, pero podía vivir de la felicidad ajena, un joven asiático vestido con un hermoso traje le pediría matrimonio a su novia, y Jade no perdió de vista ningún movimiento, todavía podía soñar, se propuso llevar un registro en su mente de todas las cosas hermosas que viera, tanto en el restaurant como en la cafetería, de esa forma podría soñar una vez más, con algún universo paralelo, donde Isaías la esperara para darle el beso de los buenos días, donde Javier luego de unos años de noviazgo la citaba en aquel lugar y le proponía matrimonio como estaba haciendo el joven asiático, pero en ese momento, su burbuja exploto, la realidad tocaba nuevamente la puerta del mundo de sueños que Jade quería crear.

Observaba atónita como la joven pelirroja, no acepto el carísimo anillo y se marchaba dejando al hombre asiático con el corazón tan roto como el de ella, se mantuvo de pie en el sector de empleados y fue a la mesa cada vez que el joven lo solicito, llevando botella tras botella de Champagne.

- ¿Debería decirle que está bebiendo mucho? - pregunto preocupada a su jefe.

- Estás loca niña, cada botella que bebe vale más de dos mil dólares, tú solo llévale todo lo que quiera.

A Jade no le quedo más que cumplir con su trabajo, aunque cada vez que se acercaba al joven tenía ganas de abrazarlo y decirle que todo estaría bien, que viera el lado positivo de no quedar atrapado en un matrimonio que con el tiempo no funcionaria, pero debía conservar su empleo, más ahora que debería pagar un aborto, ya que estaba casi segura de que estaba embarazada.

- Señor, lamento informarle que debemos cerrar ¿quiere que llame a un taxi o Uber? - bajo ningún punto de vista dejaría que ese hombre se fuera manejando, era lo mínimo que podía hacer para cuidarlo.

- Gracias, pero no lo necesito, solo cobra todo esto. - respondió arrastrando las palabras, le dio una tarjeta negra, tan exclusiva que tenía un diamante incrustada en ella.

Jade cobro lo consumido y el hombre se retiró a paso lento, de pronto la joven vio que el anillo de compromiso aún estaba en la copa, por lo que lo tomo y guardo, sabía que, si quedaba en aquel lugar, su jefe lo daría por perdido, pensó en guardarlo para que cuando el alcohol abandonara el cuerpo del asiático y él fuera a buscarlo, ella se lo daría.

Salió a los pocos minutos y comenzó a caminar como lo hacía cada noche, así se ahorraba unos centavos más, pero también le provocaba un gran temor caminar a esas horas por las calles desiertas, se dedicó a mirar a su alrededor como cada día, hasta que su vista quedo clavada en el puente, alguien estaba sentado del otro lado de la barandilla, parada a mitad de camino se debatía en ir a ver si necesitaba ayuda o si sería alguna treta para asaltarla, luego de unos segundo se acercó, lo suficiente para oír un sollozo, definitivamente necesitaba ayuda.

- Hola. - dijo de forma suave y sorprendiéndose al ver que era el joven asiático.

- Tú eres la mesera. - respondió mientras la apuntaba con un dedo.

- Así es, ¿se encuentras bien? - era una pregunta estúpida, lo sabía, pero ¿qué otra cosa podía decirle?

- ¿Acaso el restaurant ofrece servicio en la calle? - la diversión que trataba de mostrar se borraba ante los ojos rojos del hombre, tomando un poco de coraje y preguntándose internamente que mierda estaba haciendo, Jade cruzo la barandilla y se sentó a su lado.

- No claro que no, es solo que está sentado en un lugar que no es nada seguro. - respondió al tiempo que su cuerpo temblaba un poco al ver la altura en la que estaban, ¿esto cuenta como deporte extremo? Se pregunto la rubia, recordando que su padre le tenía prohibido hacer tales cosas, sin importar los años que tuviera.

- ¿Y por qué te sientas a mi lado si no es seguro? - casi suelta un grito de miedo, cuando observo al delgado hombre girarse, sin preocuparse si caía o no.

- Porque creo que está solo, dolido y muy alcoholizado, esa combinación no es buena, hace que las personas solo se centren en lo malo. - Loan miro el verde de sus ojos, tenía miedo, cansancio, pero también había preocupación en ellos, preocupación por él que solo era un desconocido para esa mesera.

- La vida no tiene nada bueno para ofrecer, no vale la pena... - Jade no lo dejo terminar de hablar.

- Si vale la pena, solo debe centrarse en las cosas buenas, mi padre decía que debemos ver la vida como un vaso de agua que esta hasta la mitad, y decidir si lo vemos medio lleno o medio vacío. - se obligó a ver al frente, sentía que si se centraba en esos oscuros ojos que poseía el oriental caería, y no precisamente desde el puente.

- Hablas así porque tu vida debe ser color de rosas, en cambio la mía... - ese comentario provoco que Jade se enojara, niño rico, pensó, ya que ese hombre no aparentaba tener más edad que ella, es decir, una persona que recién comenzaba a ser adulto.

- ¿Qué sabes tú de la vida, de lo bueno y lo malo? Mírate, tienes un traje muy costoso, te acabas de beber lo que yo cobrare en un año juntando lo de mis dos empleos, y piensas que tu mundo se desmorona porque tu novia te rechazo. - Jade no pudo evitar el tono sarcástico cuando hablo de la novia del joven, Loan clavo sus ojos marrones casi negros en ella con molestia, ¿acaso no podría ni matarse tranquilo? Se pregunto internamente.

- ¿Qué puede saber una niña como tú de rechazo? - rebatió más que ofuscado.

- Mi madre nunca me quiso. - era un extraño, no tenía por qué mentir o negarse a sacar su dolor, después de todo no lo volvería a ver. - Nunca entendí porque, hasta que la encontré discutiendo con mi padre, ella me quería abortar y mi padre la convenció de que no, resulta que también me enteré de que él no era mi padre biológico. - la tristeza en la voz de Jade le quito el aliento al hombre, y el aire fresco de la noche lo ayudo a que su sobriedad volviera poco a poco.

- ¿Era? - pregunto ya que la rubia quedo en silencio mirando las estrellas, olvidándose que estaban en la orilla de un puente.

- Murió esa noche, en mi brazos, llamándome hija, eso es lo que rescato de esa noche, él me amaba aun no teniendo su sangre, el amor que mi madre no me dio lo recibí de él. Debes verle el lado positivo a todo esto, si tu novia te aceptaba quizás luego te hubiera engañado, o abandonado en el altar. - Loan entendía que ella tenía razón, si Susan hubiera seguido mintiendo todo hubiera sido peor, no solo porque lo pudiera abandonar, que al fin y al cabo lo haría, sino que hubiera descubierto todo del tigre blanco, él hubiera destruido uno de los clanes más grandes y antiguos de China.

- Quizás tengas razón. - dijo mientras la joven le regalaba una sonrisa.

- La tengo, porque me lo dijo mi padre y él nunca se equivocaba, por cierto, esto es tuyo. - dijo al tiempo que sacaba el anillo de su bolsillo.

- Déjatelo, tú propina. - levanto sus hombros como si solo le estuviera dando centavos y no un anillo de más de dos millones de euros, algo que Jade no sabía, pero intuía que valía mucho.

- Créeme que es muy tentador, no es como que recibiera este tipo de propinas cada noche. - respondió ensanchando su sonrisa y dejando un poco embelesado a Loan. - Pero no es lo correcto, más adelante cuando tu corazón sane estoy segura de que querrás hacer un cierre y lo necesitaras. - con toda la confianza del mundo tomo la mano del asiático y le dejo el anillo allí. - Ahora ¿qué te parece si salimos de aquí antes que alguien piense que estamos tan deprimidos como para suicidarnos? - era la primera vez en la noche que Loan sonreía, ella lo ayudo aponerse en pie y regresaron a un lugar seguro.

- Gracias americana, acabas de salvar mi vida.

- Solo te hice compañía mientras regresabas a tus sentidos, se nota que eres un hombre que sabe tomar buenas decisiones, solo concéntrate en ver el vaso medio lleno y todo estará bien. - y palmeo su hombro como si fueran camaradas de aventuras, aunque para Jade también había sido de ayuda la presencia del hombre, al fin sacaba un poco de lo que su corazón guardaba y que quizás a Javier no le interesaba oír.

- Lo tendré en cuenta y toma. - el hombre dejo una tarjeta negra con una dirección y unas letras chinas en dorado.

- ¿Y esto?

- Ve a la dirección y te darán un trabajo bien pago y decente, se nota que estas cansada.

- Gracias asiático, nos vemos. - dijo guiñándole un ojo y comenzando a caminar.

- Americana. - la llamo a los pocos pasos.

- ¿Qué?

- Tu pantalón, está manchado. - Jade se miró y sus mejillas se pusieron rojas de vergüenza.

- ¿Lo ves? a esto me refiero, el vaso medio lleno. - dijo mientras reía a carcajadas.

- ¿He?

- Puedo centrarme en la vergüenza que siento porque mi periodo se hizo presente ahora en frente de ti o en la alegría que me da que no estoy embarazada. - explico de forma rápida y omitiendo la parte donde su novio la obligaría a abortar si otro fuera el caso.

- Estás loca americana. - respondió riendo una vez más.

- Lo sé, pero sabes algo... soy una loca feliz.

Loan continúo observando esa joven rubia que se fue dando saltitos como si fuera una niña pequeña, definitivamente la americana estaba loca, pero como ella dijo, era una loca feliz y Loan se propuso a seguir su ejemplo, tomo el anillo que tanto tiempo le había llevado elegir, miro una vez más la pequeña silueta de la americana alejarse y lanzo el anillo al rio, despidiéndose para siempre de Susan Layen.

Jade ingreso a la casa de Javier, estaba ansiosa, ya que había pasado más de dos horas hablando con el asiático y creyó que su novio estaría preocupado por su demora, nada más alejado de la realidad ya que lo primero que observo cuando llego fue la cara de enfado de Javier.

- Amor, lamento la demora...- su explicación, aunque el joven no se la había pedido, quedo en la nada cuando él la interrumpió.

- Compre pruebas de embarazo, ve y hazla, mientras más rápido sepas si estas o no embarazada más rápido podrás solucionar todo.

- No es necesario, mi periodo me acaba de llegar.

Sin decir más Jade fue a ducharse, se le hizo inevitable pensar cómo podía ser que Javier le hablara de esa manera, trataba el tema de embarazo como si fuese su culpa y su responsabilidad, la culpaba con cada palabra, cuando ambos eran responsables, en ningún momento se incluyó en la conversación, parecía solo un espectador, comenzó a pensar si estar con él era lo que realmente quería, mientras recordaba las palabras de su padre. "Que el amor no te ciegue". Cuando fue a la cocina por un bocadillo ya que no había ingerido nada desde la tarde se llevó una sorpresa, una grata para variar.

- Amor, aquí esta tu cena.

Javier parecía otra persona, parecía el joven que ella siempre había conocido y del que se había enamorado, sin embargo, algo había cambiado en el interior de Jade, ya no sentía esas ganas de contarle su día, por lo que no dijo nada de su encuentro con el asiático, y mucho menos del supuesto trabajo que podría conseguir.

Al día siguiente se levantó temprano y fue a la dirección que se encontraba en la tarjeta, allí un hombre también asiático la recibió y al ver la tarjeta la observo con curiosidad.

- ¿Qué es lo que deseas? - preguntó como si fuera una especie de genio mágico que cumpliría cualquier cosa que ella solicitara.

- Un trabajo, el hombre que me dio la tarjeta dijo que aquí me darían un trabajo decente y bien pago. - respondió la joven llena de esperanzas.

Y sin ninguna otra pregunta el hombre la envió a una de las sucursales de Zhao GRUP. Lo que Jade desconocía es que ella podría a ver pedido cualquier cosa y se la hubieran dado, ya que lo que decía esa tarjeta negra con letras doradas era "SE DEBE UN FAVOR", esas tarjetas solo la poseían la familia Zhao, esa joven había hecho un favor a alguno de los tres jóvenes de la familia, ya que solo ellos se encontraban en América.

Un mes y medio había pasado desde que Jade trabajaba en aquel lugar, no tenía un puesto importante, pero si tenía posibilidades de ascender y aprender, el sueldo era más de lo que ella recibía en sus dos empleos y no estaba tan cansada, ya que su horario era de 8 A.M a 3 P.M era por esto mismo que aún no se terminaba de dar cuenta que era ella la que se ocupaba de todos los quehaceres del hogar, trataba de centrarse en las cosas buenas, como su padre le enseño, y una de ellas era que Javier pasaba todo el día buscando trabajo, a veces llegaba con dinero que según él conseguía con uno que otro trabajo por hora, pero solo eso, era viernes cuando la joven se estaba preparando para ir a trabajar y al no encontrar su cargador para el teléfono móvil, comenzó a revisar los cajones del mueble de la sala, grande fue su sorpresa cundo encontró varias boletas de servicios sin ser pagadas.

- Javier, ¿Qué significa esto? - fue a enfrentar a su novio que aún estaba durmiendo.

- ¿Qué cosa? - dijo mientras bostezaba.

- ¿Por qué no has pagado los servicios? Te di el dinero para que lo hicieras.

- Oh... yo... perdí el dinero. - Jade lo miraba y no podía creerle, no nuevamente.

- ¿Estas bromeando? No compraste los alimento de la semana porque te robaron, y la semana anterior porque perdiste el dinero y ahora nuevamente, ¿en verdad crees que soy idiota?

- Tranquila Jade, yo lo solucionare.

Jade salió dando un portazo, ya no quería seguir escuchándolo, en realidad ya no quería verlo, comenzó a plantearse que ella podría pagarse un lugar propio y acto seguido se dio cuenta que ella estaba manteniendo a Javier, él no aportaba en nada, en cierto punto le hacía recordar a Magnolia, ella era igual con Isaías, siempre viviendo de él, quien la trataba como una reina y aun así siempre estaba inconforme.

Al llegar a la empresa choco con un hombre y cuando se disculpó se dio cuenta que era asiático.

- Disculpe. - dijo Jade viendo el parecido que tenía con el joven al que ella había consolado casi dos meses atrás.

- Hola belleza, soy Wang Zhao, dueño de todo esto. - informo como que con esa explicación Jade debiera caer rendida ante él, los ojos del hombre tenían un brillo espeluznante, la joven sentía que la estaba desnudando con la mirada.

- Mmm, que bien, adiós. - huyo lo más lejos posible de él, pero fue inútil, ya que como le había informado, Wang era el dueño del lugar donde ella solo era una empleada.

Wang Zhao estaba acostumbrado a que las mujeres se arrojaran a sus brazos luego de presumir su fortuna y el hecho de que Jade se alejara de él, solo sirvió para atraerlo aún más, Wang era un depredador y Jade se acababa de convertir en su presa, fue así que minutos antes de que ella terminara su horario de trabajo el hombre la envió a buscar, ahora Jade sabía que no se había equivocado al querer correr lejos de él, estaban en la oficina del hombre y a pesar de la insistencia de este, Jade no quiso tomar asiento, solo se mantuvo cerca de la puerta, sea lo que sea que él quisiera, ella estaba dispuesta a correr lo más lejos posible.

- Jade, un hermoso nombre. - dijo mientras veía su expediente laborar.

- ¿Qué necesita señor Zhao? - la rubia no era hueca y no se prestaría a los juegos de ningún hombre.

- Quiero que seas mi mujer durante mi estadía en América, a cambio te propongo... - la rubia no dejo que terminara de hablar y dando un paso hacia la puerta respondió.

- No me interesa señor Zhao, podría prometerme el mundo y aun así lo rechazaría, que tenga buena tarde. - rebatió con tranquilidad, pero también con firmeza.

- Si das un paso más te despido, deberías sentirte alagada que así sea te mire. - el enfado se hacía presente, este hombre siempre conseguía lo que quería y ella no sería la excepción.

- Créame, señor, que siento muchas cosas cuando me mira... - Jade lo veía altiva, arrogante, algo en ella siempre la hacía actuar de esa forma cuando alguien se quería imponer a su voluntad o mejor dicho someterla con alguna especia de poder, como si en el fondo ella sintiera que debía ser al revés, aunque claro, ella era solo Jade Renger, carecía de poder o fortuna que utilizar para doblegar a los demás, pero... tenía carácter y de sobra. - Pero ninguna de ella es buena o agradable, y no necesita echarme, renuncio.

Jade salió de la oficina convencida de que había hecho lo correcto, no le daría la posibilidad a ese hombre de acosarla, no tardó mucho en juntar las pocas cosas que tenía en su cubículo, así como Wang no tardó mucho en salir tras ella, estaba furioso, Jade estaba saliendo de la empresa cuando el mayor de los hermanos Zhao la alcanzo, ambos se sorprendieron de encontrar a Javier afuera, Jade porque él jamás la iba a buscar a ningún lugar, no desde que comenzaron a vivir juntos, y Wang porque conocía al joven, era su mejor cliente en uno de los tantos casinos clandestinos que poseía el tigre blanco.

- Amor ¿qué haces aquí? - dijo Jade marcando la palabra amor, para hacerle saber a ese hombre que no estaba sola, cuando en realidad lo único que consiguió fue poner una soga a su cuello.

- Yo... vine por ti cariño, no me gusta que discutamos por pequeñeces. - Javier se convertía en todo un caballero cuando se daba cuenta que estaba a punto de perder a la mujer que lo mantenía de eso no había dudas. - Señor Zhao. - Jade quedo de piedra cuando Javier saludo de forma respetuosa a su ahora exjefe.

- Javier, hablaremos luego. - Wang ya sabía cómo tener lo que quería, solo era cuestión de tiempo.

- ¿Lo conoces? - indago Jade entre sorprendida y preocupada.

- sí, él tiene un casino clandestino, hace algún tiempo iba a jugar. - Javier omito que era en ese lugar donde perdía todo el dinero que la joven le daba para el hogar.

- No quiero que regreses a ese lugar, me oyes, acabo de renunciar por sus insinuaciones...

Jade fue clara con lo que paso, pero para Javier lo único que eso significaba era que Jade podía hacerlo rico, si Zhao Wang había puesto los ojos en ella, sus problemas económicos se acabarían, solo debía convencer a la joven de hacer una pequeña locura.

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