"Ay..."
Carley Chambers sintió un calor que recorría todo su cuerpo. Cuando se dio la vuelta en la cama, su mano de repente rozó un músculo firme.
Sus ojos se abrieron de par en par. En aquella oscuridad, ella se había topado con una mirada que era penetrante.
"¿Quién... quién eres?", preguntó asustada.
El sujeto bajó su cabeza y le estampó un beso.
Mientras la química entre sus labios se mezclaba, la pasión y el deseo hacían que el aire se fuera espesando.
El corazón de Carley latía con locura. Ella temblaba tratando de alejar al hombre que estaba enfrente suyo. Sin embargo, debido a los efectos de las dr*gas, sus manos tan débiles solo habían logrado arañarlo un poco.
Y para colmo, ese simple gesto suyo, solo había avivado el fuego del aquel sujeto, quien con sus labios, recorría la piel de Carley mientras plantaba besos en cada centímetro de su cuerpo.
Después de una noche de intensa pasión e intimidad...
La aturdida Carley volvió a abrir sus ojos y se llevó la sorpresa de su vida: había un desconocido acostado junto a ella.
El hombre todavía parecía estar dormido. Pero, cuando Carley lo observó bien, notó dos cicatrices de cuchillo en forma de cruz, que reposaban en su espalda y lucían sombrías y aterradoras.
Ella se congeló de ipso facto; su mente se había convertido en un revoltijo de miedo y confusión.
Su último recuerdo era del día anterior; de su cumpleaños número 18. Su medio hermano había insistido en hacerle una celebración, razón por la cual, le había organizado una preciosa fiesta de té.
Y bueno, a ella solo le había bastado con tomar un sorbo de la bebida para haber caído desmayada.
Después de eso, se encontró acostada en una habitación de hotel, ¡completamente desnuda!, ¡y junto a completo un extraño!
Había todo tipo de prendas esparcidas por el suelo, incluida su ropa interior. Al percatarse de la situación y, como claramente no era una tonta, ella fue capaz de deducir todo lo que había ocurrido la noche anterior.
¿Había perdido su virginidad?
Ni siquiera tuvo la oportunidad de lamentarse por eso, porque el hombre ya había despertado.
El tipo se vistió rápidamente y, con un rostro inexpresivo, le ordenó: "Haré que alguien venga a recogerte. Solo espera aquí y compórtate".
¿Tenía que esperar?
¿Acaso iba a deshacerse de ella mediante un asesinato?
Carley estaba tan asustada que no paraba de estremecerse. Después de que el hombre se marchó, ella sintió oleadas de un horrible dolor que venía de la parte inferior de su cuerpo mientras temblaba al ponerse la ropa. Entonces, en un estado desaliñado, se apresuró para huir a su casa.
Un mes después...
De golpe, el Sr. Chambers le arrojó una pila de papeles a la cara.
"¡Eres una deshonra para la familia Chambers! Te revolcaste con el primer hombre que se te apareció y terminaste embarazada. ¡Eres una sinvergüenza!"
Carley estaba completamente desconcertada. Del pánico, se había quedado congelada mientras miraba los resultados de la prueba de embarazo en el suelo.
¿Cómo podía ser posible eso? Si ellos solo lo habían hecho una vez...
Al fin y al cabo, no era más que la hija ilegítima de los Chambers: una vergüenza para toda su familia.
Un día, durante sus años mozos, el Sr. Chambers había bebido más de la cuenta y terminó teniendo una aventura con la niñera de la casa. Aquel evento había desencadenado el nacimiento de Carley.
Como era previsible, los Chambers nunca sintieron cariño por la niña y le endilgaron responsabilidades del hogar a la temprana edad de cinco años. La verdad era que, ella era una sirvienta no remunerada en el hogar.
Jaren Chambers, el hermano mayor de Carley, le había tendido aquella trampa, cuyo resultado fue su embarazo. Pero con todo y eso, él había tenido el descaro de hacerse la víctima, como también de haberla acusado de ser una cualquiera.
Ella se mordió el labio con una expresión de agravio, pero tampoco se defendió.
Nunca nadie en esa casa le hubiera creído, incluso si ella hubiera hablado bajo juramento.
La Sra. Chambers dijo con sarcasmo: "Hijo de tigre sale pintado; es igualita a su madre. Ella solía engatusar a hombres y terminó embarazada de esta ilegítima. Y ahora, la historia se repite, ella tendrá a otro b*stardo que crecerá sin una mamá. Pero no nos sorprende, porque a esta mocosa eso le corre por las venas"
"Solo miren a Kristy, es tan tranquila y modesta, ¡esta niña no le llega ni a los talones!"
En fin, la pregunta ahora era, ¿qué iba a hacer la familia Chambers si este bochornoso incidente salía a la luz?
El Sr. Chambers vociferó: "Ve al hospital y deshazte de ese bebé. Después de eso, vete del país y no vuelvas más".
Cuando escuchó eso, Carley, quien normalmente era obediente y complaciente, sacudió su cabeza en respuesta y dijo con una actitud decidida: "No, quiero a este bebé".
Los presentes en la sala nunca la habían tratado como propia de los Chambers.
En cambio, la diminuta vida que crecía dentro de su vientre, era la sangre de su sangre.
"Carley, no estoy negociando contigo. Que te quede claro, solo tienes dos opciones: interrumpe ese embarazo y vete a estudiar al extranjero".
"Pero, si insistes en quedarte con ese bebé, los lazos con esta familia se cortarán de inmediato y tendrás que largarte de aquí. ¡Nunca volverás a tener nada que ver con nosotros!"
En medio de su rabia, el Sr. Chambers no había tenido ninguna consideración por los sentimientos de su hija.
Su única preocupación era proteger su propia reputación.
"¡Pues bien, me largo!", dijo ella.
Con los dientes apretados, empacó sus pertenencias y dejó atrás el lugar que nunca le había ofrecido un verdadero calor de hogar.
Seis años después...
En el hospital más grande de la ciudad de Gludale: el Peace Point Hospital.
La puerta de la sala de operaciones se abrió y salió Carley, quien irradiaba un aire de confianza.
Después de seis años de arduo trabajo y perseverancia, ella se había convertido en una famosa neurocirujana. Carley le había puesto fe a cada uno de sus pasos y, fue así como se despojó de las inseguridades que alguna vez había albergado en su interior.
Aunque era su primera cirugía desde el regreso a su país natal, sus hábiles técnicas habían dejado cautivados a los asistentes y médicos en la sala de operaciones.
Finalmente, todos entendieron por qué el decano había decidido contratar a aquella joven.
Una vez que se cambió la bata, Carley se apresuró a su oficina.
Ella había vivido sola en el extranjero por aproximadamente seis años, durante los cuales, había tenido a un par de adorables gemelos que eran el motor de su vida.
Sin importar lo difícil que pudieran ponerse las cosas, ella estaba decidida a criar a sus dos hijos hasta que fueran unas personas hechas y derechas.
Sin embargo, cuando llegó a su oficina, no vio a sus hijos por ninguna parte, cosa que casi le hace dar un infarto. Además, el hospital estaba repleto de gente. ¿Acaso habían secuestrado a sus pequeños?
Una creciente sensación de terror, la hizo salir despavorida de su oficina. Sin embargo, las cosas empeoraron cuando se acercó al ascensor y vio algo que la dejó petrificada: una cama manchada de sangre.
Un grupo de hombres de enorme estatura empujaba una cama de hospital hacia ella. El sujeto, que yacía allí tendido, tenía la parte superior de su cuerpo descubierta, revelando dos cicatrices entrecruzadas en su espalda, que hicieron que las pupilas de Carley se dilataran.
Un sacudón recorrió todo su cuerpo. Fue como si una descarga eléctrica la hubiera golpeado, dejándola en estado shock e incapaz de creer lo que estaba sucediendo.
¿Acaso no era él..?
Los recuerdos de aquella fatídica noche habían regresado a su mente. La imagen inquietante de esas peculiares marcas se había grabado a fuego en su memoria, convirtiéndose en un tormento constante para ella.
Carley había creído que su incansable búsqueda por la excelencia la libraría de él para siempre. Sin embargo, las vueltas de la vida la habían hecho toparse con el mismo sujeto justo después de su regreso.
Ella estaba tan nerviosa que apenas podía respirar, así que tuvo que apoyarse contra la pared para mantenerse erguida. Entonces, respiró profundo y luchó por guardar la compostura.
Aprovechó que un médico venía detrás de ella y se apresuró a preguntar: "Disculpe, ¿podría decirme que le pasó la persona que acaba de llegar?"
El doctor la miró con suspicacia mientras notaba su uniforme médico. "¿A cuál te refieres?", preguntó cortés pero cautelosamente.
Era usual que el hospital tuviera un interminable flujo de pacientes todos los días, y entre ellos, siempre había un número considerable con heridas.
Los gesto de Carley delataron su intranquilidad. "Me refiero al paciente que pasó junto a mí hace un segundo. Estaba empapado de sangre y tenía dos cicatrices entrecruzadas en la espalda. Era un hombre de aspecto bastante rudo."
El doctor asintió como si fuera la cosa más natural del mundo: "Ah, sí. Es uno de esos matones callejeros. Se presentó una pelea entre varios de ellos hace poco. Una vez que los atendamos y dejen de sangrar, serán enviados a la policía."
"Gracias, ya no te molesto más", dijo Carley, quien sintió una opresión en su pecho y dio un paso atrás.
«Un matón callejero...», pensó con amargura. Ahora todo tenía sentido: no era de extrañar que él fuera capaz de hacer cosas tan atroces.
Ella rechinó sus dientes y se preguntó cómo sus dos adorables e inteligentes hijos, podían tener a un padre que estaba a punto de ir preso.
Lo bueno era que este sujeto no se daba por enterado que tenía dos descendientes. Carley había jurado que jamás permitiría que ese hombre afectara a sus preciosos retoños.
Y por ello, había tomado la siguiente decisión: jamás de los jamases podía encontrarse con él y, mucho menos, podía hacerle saber sobre la existencia de sus hijos.
Si ella se volvía encontrar con ese individuo, lo más probable era que él utilizara sus despreciables métodos para intentar arrebatarle a sus gemelos. Sin embargo, ellos eran toda su vida entera y ella nunca haría nada que comprometiera su seguridad.
En el pabellón VIP.
Junto al lecho del enfermo, y en posición de firmes, se encontraban dos filas de guardaespaldas vestidos de manera impecable.
A pesar de estar gravemente herido, el hombre que yacía en la cama del hospital, emanaba una intimidante energía que llenaba todo el lugar.
Con una mirada fría y amenazadora, inspeccionó la habitación, lo que provocó que las dos filas de imponentes guardaespaldas temblaran como hojas.
"¡Por favor, perdóneme, Sr. Hardwick!", suplicó uno de los hombres. "Realmente no tengo idea de quién fue el que se robó los archivos. La gente del Sr. Cooper, eran las personas que los estaban utilizando".
El hombre hizo una mueca de desprecio. "¿Estás a portas de la muerte y todavía sigues sin decir la verdad?"
Su voz desprovista de toda calidez, exudaba un halo escalofriante que había dejado a los presentes temblando como gelatina. Bastó solo con un gesto, para que los guardaespaldas sacaran a rastras al pobre sujeto.
"Sr. Hardwick, he estado a su lado durante muchos años, ¡por favor perdóneme la vida! De verdad que no sé nada", suplicó el individuo.
"Si no quiere confesar, golpéalo hasta que lo haga", dijo Lance Hardwick sin ninguna expresión en su rostro.
Lance era la cabeza de la renombrada familia Hardwick, uno de los clanes más destacados del país. Su imperio empresarial se extendía por todo el mundo, así que eran famosos por su enorme riqueza hasta en los lugares más recónditos.
Ampliamente conocido como "Mr. Hardwick", Lance se caracterizaba por su personalidad despiadada y su inquebrantable sed de venganza. Las personas que se lo habían cruzado en su camino, rara vez terminaban bien.
El hospital privado más renombrado de la nación, el Peace Point Hospital, era uno de los muchos negocios del vasto imperio familiar Hardwick. El recinto contaba con un multitudinario equipo de profesionales médicos de clase mundial y, además, tenía un montón de sucursales tanto en el país como en el extranjero.
El ambiente dentro de la sala era tan tenso, que los guardias apenas se atrevían a tragar saliva.
De repente, la puerta se abrió de golpe y una niñita con un vestido de princesa color rosa, entró corriendo. Sus brillantes y llorosos ojos parpadearon mientras miraba al grupo de personas con traje negro: quedó boquiabierta ante el asombro.
Entonces, con una dulce y temblorosa voz, preguntó: "¿Han-han visto a mi mami?"
Sheree Chambers no había visto a Carley en más de dos horas. Así que, mientras su hermano se estaba sirviendo un vaso de agua, aprovechó la oportunidad y se escabulló.
Lance le lanzó una aguda mirada.
Todos esperaban su aterradora reacción, pero cuando el Hardwick y la niña se miraron a los ojos, su gélida mirada se suavizó de inmediato.
Él sintió como si algo le hubiera pinchado el corazón.
A pesar de su hosca personalidad, Lance percibió una punzada de empatía cuando vio la angustiada expresión de la niña.
Uno de los guardaespaldas, que parecía ser proactivo, se adelantó y dijo: "Sr. Hardwick, lo siento. Sacaré a la niña de inmediato".
Justo cuando el hombre estaba a punto de agarrar a la pequeña, Lance inmediatamente hizo un gesto con la mano y dijo: "Espera, no asustes a la niñita".
Los guardaespaldas se sorprendieron y dudaron si habían escuchado bien.
En sus mentes, el Sr. Hardwick era un demonio del más bajo inframundo. Así que, ¿en qué momento se había vuelo tan gentil?
La niña era muy linda y parecía una muñeca bajada de una estantería y, por alguna razón, se parecía al Sr. Hardwick.
Lance meneó su dedo índice hacia la pequeñita y le dijo: "Ven aquí".
Por muy extraño que pareciera, cuando Sheree se encontró con su mirada, dejó de sentir tantos nervios. Entonces, dio pasos lentos y cautelosos hacia él, quien yacía en la cama.
Justo cuando estuvo a su lado, ella se percató de que él estaba sangrando por el pecho.
"¡Señor, está malherido! Pero nada de nervios, mi madre es médica, ¡y tan pronto como la encuentre, le pediré que cure su herida!"
"¿Tu madre es doctora en este hospital?"
"Sí, y es muy buena. No solo sabe cómo realizar cirugías y cosa médicas, sino que también conoce sobre terapias alternativas. ¡Cuando mi hermano y yo estuvimos enfermos, ella misma nos trató!", dijo Sheree.
A ella se le hinchaba el pecho cuando estaba hablando de Carley: "Es la mejor madre del mundo mundial".
Lance siempre había sido distante y no disfrutaba que la gente le hablara tan de cerca.
Así que, entre más tiempo pasaba la jovencita allí parada, más angustia sentían los guardaespaldas. Ellos sabían muy bien que si el jefe Hardwick se enojaba, ella podía salir expulsada de una sola tacada.
Sin embargo, Hardwick no dejaba de observar con gran interés a Sheree. Solo continuó siguiéndole la corriente y preguntó: "¿Cómo se llama tu madre? Enviaré a alguien para que la busque".
Cuando necesitaba localizar a alguien en el hospital, era pan comido para él.
Antes de que la niña pudiera pronunciar alguna palabra, la vocecita seria de un niño atravesó la puerta: "Sheree Chambers, sal de ahí ya mismo".
Sheree rápidamente agitó la mano y dijo: "Ya me tengo que ir, señor. Mi hermano ya me encontró. Cuando vea a mi mamá, me aseguraré de que lo trate".
Lance no pudo evitar reírse ante la expresión seria de la niña: había sido cautivado por su naturaleza ingenua y vivaz.
"Está bien, tenemos un trato", respondió él.
Tan pronto como Sheree salió de la habitación, recibió un regaño de su hermano.
"Solo me descuido por un rato, ¡y al segundo ya no puedo encontrarte por ningún lado! ¡No deberías comportarte así!".
Sheree frunció sus labios y se aferró al brazo de Shayne Chambers mientras su voz azucarada trataba de apaciguarlo: "No te enojes, hermanito. Sé que me equivoqué, pero te prometo que no vuelvo a hacerlo".
Shayne la miró con algo de frustración y cariño. "Está bien, pero que no vuelva a suceder eso. Considéralo como la última vez que haces algo así".
Después de su advertencia, llevó a su hermana de regreso a la oficina.
Mientras ambos caminaban por el pasillo, se encontraron con su madre, Carley Chambers, quien estaba visiblemente furiosa.
"¿A dónde habían ido? Me tenían con los pelos de punta y ya estaba a esto de llamar a la policía", dijo ella, quien tenía los ojos rojos por el llanto.
"No llores más, mami", la consoló Sheree mientras limpiaba las lágrimas del rostro de Carley.
"Te demoraste mucho en llegar, así que fui a buscarte. Pero oye, me pasó algo increíble en mi camino, conocí a un hombre que estaba bastante guapo y genial. Tenía una herida que sangraba mucho, así que ¿puedes ayudarlo?"
"Todo paciente que viene al hospital tiene un médico a cargo, así que no te preocupes por él". Carley respiró aliviada cuando supo que sus dos pequeños estaban sanos y salvos.
Shayne había tomado la decisión de cargar con toda la responsabilidad, por lo que se disculpó diciendo: "Mamá, la culpa fue mía por no cuidar bien a Sheree. Lo siento mucho por haberte preocupado."
Shayne era tan solo un niño de cinco años, y Carley no tenía el corazón como para señalarlo por eso.
Entonces, los abrazó a ambos, les dio un beso en la mejilla a cada uno y se disculpó: "Ustedes no son culpables de nada. Soy yo la que ha estado trabajando y sin tiempo para cuidarlos. Vámonos, regresemos a casa por hoy".
Carley tenía bastantes cosas por hacer, pero su mayor prioridad siempre serían sus dos hijos.
El grupo de tres llegó a su nuevo hogar.
Ciertamente, el Hospital Peace Point había ofrecido un salario muy atractivo, lo que llevó a Carley a aceptar el puesto.
No obstante, haber vivido en el extranjero tampoco había sido color de rosa para ella, quien constantemente enfrentaba grandes desafíos. En otras palabras, ella ya se encontraba al tope de tantas dificultades y había decidido regresar a su país natal.
Antes de su llegada, había conseguido un amplio y luminoso apartamento de dos habitaciones a través de un agente.
De hecho, cuando ella mencionó que venía con sus dos pequeños, el servicial propietario dio lo mejor de sí y les preparó una cómoda litera a los chicos, quienes sonrieron de emoción ante la sorpresa.
"Bueno, desempaquen sus maletas y yo empezaré a preparar la cena. No me demoro mucho", les instruyó Carley.
Sheree hizo un puchero y dijo: "¡Mamá, podrías darte prisa! ¡Me muero del hambre!".
"Aquí tienes una merienda para que aguantes hasta la cena", Shayne la regañó con severidad. "Cocinar requiere su tiempo. No puedes esperar a que la comida se haga por arte de magia"
Carley no pudo evitar sentirse algo nerviosa cuando vio la severidad en el rostro de Shayne. Desde muy pequeño, siempre había sido inaccesible, cosa que asustaba a los demás niños y les impedía jugar con él.
Ella no tenía idea de dónde había sacado semejante temperamento, pero ciertamente, le causaba un quebradero de cabeza constante.
¿Y si su hijo no podía encontrar a una pareja en el futuro?, ¿qué iba a pasar?
"Shayne, ya te lo he dicho muchas veces, los niños deben comportarse con gentileza y empatía. Si pones en práctica esas habilidades, harás muchos amigos"
Sin embargo, el pequeño estaba ocupado desempacando, y con la frente fruncida dijo: "Ve y prepara la cena. No te quedes inútilmente parada allí."
¡¿Pero quién era este niño?!
Su comportamiento era dominante y se expresaba como una persona adulta.
Carley gritó para sus adentros y, luego, se fue a preparar la comida.
Además del desafío de equilibrar su vida personal con su exigente trabajo, Carley ahora enfrentaba la desalentadora dificultad de encontrar un jardín infantil para los gemelos: un lugar donde pudieran aprender y hacer nuevos amigos. Y para completar, si su trabajo se tornaba muy pesado, tendría que contratar a una niñera.
Todos esos gastos tenían a su cuenta bancaria con la lengua afuera.
Era evidente que ella precisaba de ingresos extra.
Temprano en la mañana siguiente...
Ella tomó aire profundamente, y entonces, llevó a sus dos hijos al jardín infantil más prestigioso de la localidad.
Como estaba en una ubicación estratégica, los costos de este jardín eran más elevados que los de otros. Pero después de haberle dado muchas vueltas al asunto, Carley por fin había decidido pagar la matrícula por seis meses.
Y bien, ella tampoco se podía quejar, los directivos habían hecho todos los arreglos para que los hermanitos estuvieran juntos en la misma clase, cosa que le había dado bastante paz.
Cuando ya se iba, Carley le recomendó a Shayne: "Cuida de Sheree. Vendré a buscarlos más tarde".
Shayne puso una cara de confianza y eso la hizo reír.
Carley ya venía apurada al hospital y se alarmó cuando vio a varios autos de policía afuera del hospital. Cuando preguntó, descubrió que estaban buscando a los sospechosos de la reciente pelea.
El pánico poseyó el cuerpo de Carley. ¡¿El sujeto en cuestión no había estado metido en una riña?!
Aunque ese gañán le había hecho cosas imperdonables, ella tampoco quería que el padre de sus hijos terminara en la cárcel.
De modo que, se movió rápidamente hacia el pabellón de hospitalización: ella había asumido que después de haber perdido mucha sangre, él todavía estaría bajo observación.
Sin embargo, después de buscarlo por todas partes, no pudo dar con el hombre.
Lo había buscado por cada rincón, excepto en el pabellón VIP, lugar donde ella no tenía acceso.
O... ¿Acaso lo habían dado de alta?
Justo cuando estaba a punto de suspirar aliviada, dos policías aparecieron de forma repentina en el pasillo, parecía que estaban buscando a alguien.
"¿Acaso no hubo otro herido grave? ¿No fue la persona que inició la pelea?", dijo uno de los policías.
"Seguro se enteró de que íbamos a venir y se escapó con tiempo", especuló el otro oficial.
"¡Sigue revisando!", ordenó el agente que había hablado de primero.
Mientras escuchaba aquella conversación, Carley se imaginó cómo ese hombre se agarraba a golpes en las calles.
Su corazón latía a mil. Entonces, su respiración se aceleró y ella empezó a sentir una horrible opresión en su pecho.
El sonido de las sirenas de policía en el exterior, hizo que ella volviera en sí. Si no actuaba ahora, sería demasiado tarde. ¡Por el bien de sus hijos, tenía que salvar a ese individuo!
Por suerte, el sujeto que estaba a punto de ser apresado, apareció en las escaleras. Para sorpresa de ella, resultó ser el mismísimo Lance.
Carley se quitó su bata blanca al instante y corrió hacia él para cubrirle la cabeza con la prenda.
En la ciudad de Gludale, probablemente ella era la única persona que se había atrevido a hacer un movimiento tan arriesgado a espaldas de Lance.
Justo cuando Lance estaba a punto de defenderse, ella de repente habló: "¡No te muevas! Te estoy salvando la vida. Si no guardas silencio, definitivamente irás a la cárcel".
"No nos digamos mentiras, eres un matón y la policía ha venido por ti. Y si no me equivoco, eres el principal sospechoso de esa riña callejera. ¡Escucha, vas a estar encerrado por muchos años! Así que, cuando esos agentes se vayan, tendrás que huir sin mirar atrás, ¿entendiste?"