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Nunca Digas Adiós

Nunca Digas Adiós

Autor: : LEOCADIA CARBAJAL
Género: Romance
"Por fuera parecen una pareja perfecta, pero la historia de Mary y William no es tan dulce como parece. Su matrimonio comienza como un simple contrato: Mary acepta casarse a cambio de que William pague los gastos médicos de su madre. Sin embargo, las cosas toman un giro dramático. Ninguno de los dos sabe quién cruzó la línea primero, ni mucho menos quién inició este juego de amor. ¡Pero sin duda que ha empezado! Descubre cómo transcurre esta trama exclusiva llamada Marriage Contract: Nunca Digas Adiós."

Capítulo 1 Acta de matrimonio

"No sean tan quisquillosos. ¡Acérquense un poco más!", ordenó el fotógrafo, mientras sostenía su cámara con la mano.

Entonces Mary Lu se inclinó hacia el hombre un tanto incómoda.

"Regálenme una sonrisa", dijo el fotógrafo con el ceño fruncido. Luego agitó sus brazos exasperado, insatisfecho con todas las fotos que había tomado. "Se supone que la foto para el acta de matrimonio se hace con felicidad y dulzura en sus rostros. ¡Así que relájense!".

Bueno, aquella acta era todo menos... Ella ni siquiera sabía cómo se veía el hombre a su lado en ese momento, probablemente tenía una expresión de total indiferencia.

Después de un largo rato trabajando duro, finalmente tomaron una foto conveniente y los tres suspiraron aliviados.

Cuando salió, la chica pudo escuchar al fotógrafo quejándose entre murmullos, "Nunca había visto una pareja tan extraña, serán recién casados, ¡pero actúan como si se acabaran de conocer!".

Mary Lu simplemente suspiró, negando con la cabeza. Realmente había querido actuar con naturalidad, pero ¿en realidad había algo de natural en la situación en la que se acababa de meter?

¿Acaso aquel matrimonio era algo de lo que se podría enorgullecer? ¡La única razón por la que se casaba era por el acuerdo!

Resultaba que el matrimonio era tan sencilla como beber agua.

Comenzaba a lloviznar cuando salieron, desafortunadamente, ninguno de los dos llevaba paraguas.

"¿A dónde vas?", le preguntó William Lan, quien para ese momento ya era el marido de Mary Lu.

"A casa primero", respondió la mujer mirando el cielo gris. Y pronto, gotas de lluvia se deslizaron por sus mejillas. "Puedo volver yo sola", respondió ella.

"¿Y qué hay de tu madre? ¿No deberíamos ir a verla?".

La chica negó lentamente con la cabeza. "Aún sigue en coma, mejor ve a tu trabajo", dijo casi con amargura, pero a él realmente no le importaba.

"Está bien, volveré a la empresa". Y sin una palabra más, el hombre se dirigió hacia el lujoso auto al otro lado de la calle. Aunque la joven no sabía cuánto costaba, podía deducir que era extremadamente caro por las miradas de envidia de la gente.

Y sin mirar atrás, el hombre se deslizó dentro del auto.

No obstante, la mujer todavía estaba algo aturdida mientras observaba aquella figura que se marchaba, entonces recordó el primer día que lo conoció.

Aquel día, ella había sido llamada a la oficina del CEO, tan solo era la subdirectora del Departamento de Relaciones Públicas. ¿Por qué de repente el CEO quería verla? ¿Acaso había hecho algo mal?

Así que llena de ansiedad, entró en su oficina, era la primera vez que vio tan cerca a su jefe, William Lan. Viéndolo así, parecía un hombre sin defectos, era increíblemente alto con una mandíbula bien definida. Hizo una mueca con sus delgados labios, y había algo en sus ojos que le hacía parecer sumamente atractivo. Luego de mirarlos durante mucho tiempo, sintió como si estuviera cayendo en un abismo. Aquel alto ejecutivo llevaba un traje negro que resaltaba su bien definida figura, pero ella pensó que se vería más adecuado en azul.

"¿Eres Mary Lu? ¿La subdirectora del Departamento de Relaciones Públicas?", preguntó William Lan con calma, sosteniendo un documento en su mano, luego se puso de pie y caminó a su lado. "Dicen que hace dos años, a tu madre le diagnosticaron cáncer, y que tu padre incluso las dejó a las dos. ¿Cómo vas con eso?".

¿Qué acababa de decir? Mary se quedó boquiabierta, mientras miraba al hombre frente a ella.

'¿Cómo puede un CEO estar tan preocupado por una simple empleada? ¿Me habrá investigado?', pensó con intriga.

"Gracias por su preocupación, Señor. Creo que estaré bien", respondió ella con calma, tratando de no verse afectada por sus palabras.

"¿Estás segura?", insistió William, apoyándose en la esquina de su mesa. "¿Y qué hay con las tarifas del tratamiento que le debes al hospital? Incluso con tus trabajos de medio tiempo, no creo que sea suficiente para costearlo todo. Al menos no hasta después de algunos años".

La joven parpadeó con sorpresa, tropezando hacia atrás. "¿Cómo sabe todo eso?", le preguntó con exigencia. "¿Acaso me ha estado investigando? ¿Qué rayos es lo que le sucede?", continuó con aprehensión.

Pero su jefe no se vio afectado por aquellas severas preguntas, mientras fijaba sus ojos penetrantes sobre ella. "Sí, llevé a cabo una investigación", admitió abiertamente. "Quiero hacer un trato contigo", planteó finalmente.

"¿Un trato? ¿Qué trato?", preguntó la chica.

"Cásate conmigo y pagaré todos los gastos médicos de tu madre". William lo dijo sin rodeos.

"Gracias..., pero no estoy interesada". Ante tal propuesta, Mary se dio la vuelta y se marchó decidida.

"¿Estás segura?", preguntó aquel hombre. La chica se quedó petrificada, había algo en esa pregunta, algo que la hacía dudar.

Su matrimonio siempre había sido algo que preocupaba mucho a su madre.

Entonces Mary hizo una mueca al pensar en ella, quien estaba convaleciente en la cama de un hospital. Además, el médico le había dicho que solo le quedaba a su madre unos meses más, así que si fingía tener un matrimonio, quizás podría cumplirle su último deseo.

Las uñas de la mujer se clavaron en su palma con fuerza. "¿Qué tengo que hacer?", preguntó.

"Tengo el acuerdo aquí mismo, puedes revisarlo". Cuando ella se volvió, el hombre le entregó unos papeles. "Todo está escrito con claridad, no tienes que hacer mucho. Serás mi esposa nominal, y todo lo que tienes que hacer es coordinarte conmigo y con mi vida".

Mary miró el contrato con incertidumbre, y al ver que aún tenía dudas, este hizo un gesto con la mano. "Puedes pensarlo y darme tu respuesta mañana, si no tienes nada más que decir, puedes retirarte".

"Espere. ¿Por qué quiere hacer esto? ¿Qué gana con hacerlo?", preguntó la otra.

No obstante él simplemente se encogió de hombros. "No puedes saberlo, todo lo que necesitas hacer es considerar qué es lo mejor para ti".

'¡Ese patán! ¡Se cree con derecho de gobernar el mundo!', pensó con irritación.

Sin decir nada más, giró sobre sus talones y se marchó. Cuando regresó a su escritorio, abrió el acuerdo. En efecto, era breve y conciso.

El matrimonio solo sería por un año, y aunque estaban obligados a vivir juntos, las relaciones sexuales estaban prohibidas. A cambio, el hombre se haría cargo de todos los gastos de manutención y tratamiento de su madre. También la compensaría con un salario mensual de cien mil dólares. El matrimonio sería público, y se le pediría a la mujer cooperar con él en eventos importantes.

Al mirar aquel documento, Mary se quedó completamente estupefacta, con tanto dinero, todos los problemas de su vida simplemente desaparecerían, su madre no solo recibiría un mejor trato, sino que tampoco tendría que trabajar hasta altas horas de la noche. Aquello parecía inofensivo, pero ¿realmente era así de simple? Mientras dudaba, sonó su teléfono, era del hospital. Entonces la chica apretó los dientes y respondió, "¿Hola?".

"¿Habla Mary? Su madre se encuentra grave, ha sido enviada a la sala de emergencias, por favor venga preparada".

"¿Qué?", exclamó con un intenso sobresalto. "Voy para allá, Dr. Cao, por favor, haga lo que pueda para salvar a mi madre".

"Haremos lo que sea posible", respondió el doctor.

Y ella de inmediato se apresuró para llegar al hospital, afortunadamente, a su llegada, los médicos le informaron que su madre ya se encontraba estable, y sus hombros se ensancharon con alivio. Contemplando a su inconsciente madre a través del cristal, sintió la última pizca de calidez que le quedaba.

"Señorita Lu", le llamó el doctor a su lado, y ella se dio la vuelta.

"Dr. Cao, nunca podré agradecerle lo suficiente".

"No hay nada qué agradecer, es nuestro trabajo". le respondió el médico y le lanzó una sonrisa. "Pero hay un problema con los costos médicos de su madre, no quisiera insistir sobre esto ahora, pero...".

"No se preocupe, Dr. Cao, lo entiendo. Pagaré lo que resta en tres días", le respondió ella con mucha seguridad, ya tomando la decisión desde el fondo de su corazón.

Poco después de salir del hospital, sacó su teléfono y marcó el número de William. "Firmaré el acuerdo, lo prometo, pero necesito el dinero primero...". Hubo una breve pausa antes de que asintiera con firmeza. "Gracias".

Con aquellas palabras, Mary acababa de vender su alma al diablo.

La chica detuvo sus pasos, y sacudiendo la cabeza se obligó a no pensar más sobre el asunto. Pero tan pronto como levantó la mirada, pudo ver que William estaba arrancando el auto en frente de la calle, incluso vio que había echado un ojo a su dirección. Aunque solo tenía treinta años, el hombre lucía realmente radiante. De hecho, tenía activos valuados en unos cien millones de dólares, además de que era extremadamente guapo. ¿Por qué un soltero tan codiciado le pediría arreglar un matrimonio fingido con él?

Al ver que cómo se iba el auto, ella hizo una mueca, negando con la cabeza. No tenía sentido pensar en los detalles, debía ocuparse de sus propios asuntos.

El hospital era el último lugar al que quería ir, pero había regresado allí con la esperanza de que la condición de su madre hubiese evolucionado favorablemente. Tenía la esperanza de que despertara y viera que su hija le había cumplido su último deseo.

Capítulo 2 La noche de bodas

Mary entró en el hospital y se dirigió a la sala de quimioterapia, ya se había acostumbrado a observar a su madre a través de la ventana de cristal.

Durante el último año, esta había estado en coma, y sabía en su interior que no le quedaba mucho tiempo. 'Mamá, tienes que despertarte..., por favor. Aún tengo que darte las buenas noticias', pensó mientras colocaba su mano sobre la ventana, esperando que ella pudiera escuchar sus súplicas.

Después de apreciarla durante una hora, la joven renunció a la idea de que se despertaría ese día. Entonces sacudió la cabeza y se alejó.

En el camino, de repente se chocó con alguien por accidente. Al mirar hacia arriba, vio a una mujer delicada y un hombre elegante, parecía como si los hubiera conocido de alguna parte, pero no podía decir dónde.

El hombre sostenía a la mujer, mientras le lanzaba una mirada a Mary.

"Lo siento", se disculpó esta rápidamente.

"¡Fíjate por dónde diablos vas! ¿Qué te pasa?". Aunque la voz de la mujer era dulce, no se podía decir lo mismo de las palabras que se le habían escapado de la boca.

'¿De verdad tengo tan mala suerte?', pensó Mary, resistiendo el impulso de poner los ojos en blanco, luego se movió prudentemente hacia un lado para dar paso a la pareja.

Su madre siempre le había enseñado a no perder su tiempo peleando con otras personas.

"Venga Nancy, vamos a ver médico, ¿no decías que te sientes mal?", le dijo el hombre en voz baja, finalmente interponiéndose entre ellas. Ante la voz del hombre, la hostilidad de aquella mujer desapareció en un instante. Entonces, tímidamente tomó al hombre del brazo y se alejó pavoneándose, sin siquiera molestarse en mirar atrás.

Mary solamente resopló en voz baja, pues era hora de que se fuera a casa.

Mientras se alejaba, no se percató de que el hombre había volteado, lanzándole una intensa mirada antes de desaparecer entre la multitud.

Así, la chica volvió a casa, al menos, por el momento era su casa, mientras el acta de matrimonio era validada.

El apartamento estaba ubicado en la Comunidad Internacional Kylin en el centro de la ciudad. En el vigésimo piso, el ala sur del apartamento estaba frente al mar, mientras que el oeste daba a las montañas. Era moderno, pero también estaba cerca de la naturaleza.

Mary estaba encantada de vivir en un lugar así de lujoso. Nunca había vivido en una casa así desde que su padre las había abandonado.

Sin embargo, era obvio que esa no era la casa real de William, ya que tdos los muebles eran nuevos. En casa no había nadie, absolutamente nadie. En ese punto, Mary no se sorprendió, pues siendo el director ejecutivo de una empresa así de grande, no regresaría hasta altas horas de la noche.

'¿Y qué hay de la comida?', pensó de pronto, mientras recorría la cocina, y ahí no pudo encontrar nada. Parecía que había que abastecer el frigorífico, así que fue al supermercado para buscar comida que fuera conveniente para cocinar. Sin embargo, dado que no sabía cocinar, se conformó con comprar alimentos instantáneos. En poco tiempo, regresó a la mansión con bolsas de dumplings congeladas, fideos instantáneos y algunos snacks para matar el hambre.

No obstante, tan pronto como entró, sonó el teléfono. Entonces corrió hacia la sala de estar y respondió, "¿Hola?".

"Soy yo", una voz baja llegó desde el otro extremo de la línea.

"Am... ¿Y quién eres tú?", insistió la joven frunciendo el ceño.

William se quedó boquiabierto, antes de llevarse la mano al entrecejo, aquella mujer realmente estaba poniendo a prueba su paciencia.

"Soy William", finalmente dijo.

"Oh, eres tú". Mary se ruborizó de la vergüenza. "¿Qué pasa?", le preguntó.

"No llegaré a casa esta noche", comentó él.

"Está bien", la chica replicó. 'Bueno, al menos me lo dijo con anticipación', pensó ella.

Luego hubo un momento de silencio mientras ambos luchaban por hablar.

"Entonces...".

"Entonces...".

Los dos intentaron hablar al mismo tiempo.

"Lo siento..., tú primero", dijo el hombre.

"N...nada", tartamudeó la chica. "Bueno, te dejo", se despidió finalmente.

"Está bien, no te desveles", le recomendó él.

"Bueno, igualmen...".

Pero él colgó antes de que pudiera terminar sus palabras.

'Qué hombre tan maleducado', pensó esta.

Mirando el teléfono en su mano, Mary no pudo evitar sentir una sensación de decepción. Después de todo, se suponía que hoy era su noche de bodas. Y aunque todo era falso, igual se sentía un poco deprimida.

Así, con un plato de fideos instantáneos en la mano, la mujer se acomodó en el sofá para ver un programa de variedades. Ella miró la pantalla del televisor, y ante la dispersa mirada en sus ojos, nadie sabría lo que estaría pensando.

El Grupo AJ había sido fundado en el año 2000, y su giro principal incluía bienes raíces, marcas de ropa, entretenimiento y muchos otros. Ciertamente, era una empresa que incursionaba en múltiples industrias, destacándose en todas ellas. La empresa había crecido muy rápido, y todo gracias a William, el director ejecutivo de AJ Group. Él ya era demasiado bueno en su rama, entonces, ¿por qué tendría que pedirle que se casara con él?

'No, ocúpate en lo tuyo, ¿en qué estás pensando?', pensó súbitamente. Entonces la joven negó con la cabeza, volviendo a centrar su atención en la televisión.

La tenue luz amarilla en el techo hacía que la calidez se palpara en aquel lugar, y era una pena que tuviera que pasar la noche sola.

Mientras tanto, las luces de la oficina del CEO también estaban encendidas.

Con una copa de vino tinto en la mano, William se paró cerca de la ventana francesa, mirando las luces que destellaban por toda la ciudad. Incluso con la vista de la bulliciosa ciudad, no pudo evitar sentirse solo, y de seguida terminó su copa en un segundo.

Una parte de él no podía evitar sentirse incómodo al colgar el teléfono, dado que era la primera vez que tenía que dar su paradero a alguien en años. Digamos que todavía era nuevo en todo esto.

Mientras estaba sumido en sus pensamientos, la puerta detrás de él se abrió. Pronto, pudo ver la figura de un hombre reflejándose en la ventana, provocando que frunciera el ceño.

Era el mismo hombre con el que Mary se había encontrado en el hospital.

"¿Por qué estás bebiendo tú solo? ¿No deberías estar celebrando tu noche de bodas?", le preguntó este con cierto tono de burla.

"Sabes por qué me casé, ¿de verdad vas a estar burlando de mí cada vez que me veas?", espetó William.

"Está bien, ¿y cómo te sientes?", preguntó, dirigiéndose hacia William. Ahora los dos estaban uno al lado del otro.

"Si sintiera algo, ¿crees que estaría aquí esta noche, Frank?".

En ese momento hubo silencio entre los dos hombres, mientras miraban el paisaje nocturno.

"¿Qué crees que nos deparará el futuro?", preguntó Frank Liang.

"¿Honestamente? No lo sé".

"Mis padres me han estado presionando para tener un bebé", señaló Frank Liang. Fue ese día, cuando acompañó a su esposa al hospital para un chequeo general.

"Si te casas, es de esperar que tengas un hijo", respondió William.

"Bueno, en esta vida o en la próxima, al menos nos tenemos a nosotros para contar nuestras penas".

Entonces Frank Liang sonrió antes de sugerir, "O siempre podemos irnos al extranjero".

"Conociendo a nuestros padres, dudo que nos dejen", rebatió el otro.

Ante eso, Frank Liang se rio amargamente, mientras bebía las onzas restantes de su vino. Dando a entender que había algunas noches que estaban destinadas a ser solitarias.

Tan pronto como Mary se despertó, respiró aire fresco. Luego se estiró y se levantó para vestirse.

Nada más entrar en la empresa, el asistente del CEO la llamó para decirle que su jefe la estaba buscando. Sin nada que decir, esta se apresuró a su oficina en el piso treinta y dos.

Estando ahí, tocó la puerta.

"Adelante", respondió William en voz baja.

"Señor, ¿qué puedo hacer por usted?". La chica entró, inclinando la cabeza como signo de cortesía.

Por su parte, el hombre levantó la vista de la pila de documentos en su escritorio y la miró fijamente. Ella llevaba un traje ejecutivo negro que resaltaba sus curvas correctamente, y su cabello oscuro estaba recogido, mostrando así sus finos rasgos.

"¿Sr. Lan?", le preguntó una vez más.

"Llámame por mi nombre", respondió sin más.

Mary, después de una breve pausa, asintió.

"Entonces el Sr. L..., quiero decir... William". Se corrigió rápidamente.

"Te tengo un nuevo trabajo", él interrumpió.

"¿Qué? ¡Pero hago un buen trabajo en el Departamento de Relaciones Públicas!". La joven protestó, agitando las manos en el aire.

"Bueno, es una orden, no una sugerencia". Mientras firmaba su nombre en los documentos, continuó, "De ahora en adelante, serás mi asistente personal".

¡Oh, Dios mío! ¿Lo había escuchado bien? William nunca antes había solicitado a una asistente personal, de hecho, a su oficina rara vez entraban mujeres. ¿Por qué la elegiría para su asistente?

"No lo pienses demasiado", él espetó. "Está en el contrato", agregó casi de inmediato.

"Pero nunca he sido asistente, no he recibido capacitación...", ella tartamudeó.

"Entonces es hora de que aprendas, ¿no crees?", respondió él, arqueando una ceja.

"Está bien". Luego, hubo una breve pausa antes de que ella volviera a hablar, "¿Y qué pasará con mi salario?".

"Será más que tu actual...".

"Está bien". Ella afirmó con la cabeza rápidamente, sin siquiera darle la oportunidad de terminar sus palabras, pues mientras pudiera sacar más provecho de eso, ¡no tendría problemas con nada! Sin embargo, tan pronto como él la fulminó con la mirada, la chica se calló de inmediato.

"Vuelve al trabajo, te contaré los detalles una vez que lleguemos a casa".

"Ah..., ¿irás a casa esta noche?". Mary preguntó de pronto, mirándolo fijamente.

"Sí". Ni siquiera levantó la cabeza con su respuesta.

"Está bien, debo regresar", afirmó ella.

"Espera un minuto", le contestó, deteniéndola en seco. "Yo..., dormí en la compañía anoche".

"¿Qué?", exclamó la joven. Mary ya sentía que su corazón latía demasiado rápido, al punto de temer que se le saliera de su pecho en cualquier momento. '¿Me está dando explicaciones de dónde estuvo anoche? ¿Por qué me siento tan feliz?', pensó. No obstante, pudo deshacerse de aquellos pensamientos, y permitió que una sonrisa se dibujara en sus labios mientras asentía.

"Está bien". Así, con el rostro ruborizado, salió de la habitación y cerró la puerta suavemente.

Entonces, como por arte de magia, toda su formalidad desapareció casi por completo; saltó de alegría y entusiasmo. "¡Tengo un mayor salario!", susurró emocionada, luciendo como un niño al que le acababan de dar su regalo de Navidad.

Mientras tanto, William levantó la cabeza en silencio, contemplando aquella enérgica figura, provocando que las comisuras de sus labios se convirtieran en una sonrisa sin siquiera notarlo.

Capítulo 3 Un placer hacer negocios con usted

Mary llevaba preparando su entrega desde hacía dos días.

Todo iba a estar bien de nuevo una vez que se resolviera el chisme sobre la popular estrella, Victor Qiao, representante del Grupo AJ.

'Maldito seas, Víctor', pensó ella maldiciendo a la estrella. La noticia del momento era el gran titular que aparecía en cada periódico sensacionalista: "¡La nueva estrella del momento Víctor fue sorprendido con una modelo a altas horas de la noche!" ¡Con fotos y todo!

Mary estaba furiosa, pero no le quedaba otra opción que lidiar con el problema. ¿Por qué los hombres tenían que ser tan mujeriegos?

"¿Qué estás haciendo?", preguntó una voz por detrás y la sacó del ensimismamiento en el que se encontraba.

No se había dado cuenta de que alguien más estaba ahí con ella, y ante la sorpresa gritó del susto y casi se cae de la silla.

Estaba blanca como el papel y se quedó mirando al que le había hecho saltar del susto, William. "Ya podrías haber hecho algún ruido. ¡Mierda! ¡Casi me matas de un infarto!"

El hombre la miró inexpresivo, como si no entendiera por qué estaba asustada.

Mientras la chica le miraba a los ojos, podía sentir que la atmósfera a su alrededor empezaba a ponerse un poco tensa.

"Yo...yo... estaba trabajando, así que no te escuché... y..."

De pronto Mary no supo qué más decir y sonrió de manera incómoda al hombre frente a ella.

William miró los periódicos sobre la mesa con el ceño fruncido. Era Victor Qiao, ciertamente una persona muy problemática. "¿Te resulta difícil lidiar con la noticia?"

"¿Cómo?", respondió un poco perdida pues tardó unos momentos en darse cuenta de que se refería al artículo. "Es difícil, sobre todo porque la noticia es muy reciente, así que por ahora solo podemos tratar de reducir el impacto negativo".

"Bien", Este asintió con la cabeza antes de mirarla. "¿Sabes cocinar?"

"No", contestó la joven mirándole con los ojos bien abiertos. "Bueno, el contrato no especificaba que tenía que saber cocinar, así que pensé..."

Al escuchar eso, William se quedó mudo de la sorpresa. Se sentía como si se acabara de casar con una total idiota. Ella no se comportaba de esa manera en el trabajo, de hecho él pensaba que era una persona increíblemente capaz de realizar las tareas que se le encomendaban. Sacudió la cabeza mientras se preguntaba si había cometido un error al casarse con esa mujer, o si había hecho lo correcto.

"Mmmm... ¿no has comido todavía?", preguntó con incertidumbre ella.

"No, no lo he hecho", contestó William y se cruzó de brazos.

"Yo tampoco, así que ¿qué te parece si salimos a comer?"

"No", respondió el hombre terco.

"¿Qué te parece si voy a comprar algo para cocinar?", Mary decidió preguntar con cautela.

El otro resopló y no dijo nada. Mary, como subdirectora del Departamento de Relaciones Públicas, sabía muy bien cómo leer a la gente por su lenguaje corporal y sus expresiones, y si no supiera entender lo que William quería decir en ese momento entonces no podría decirse que era buena en su trabajo.

Una amplia sonrisa asomó a sus labios y le dijo: "Volveré pronto. ¿Hay algo que quieras comer en particular?"

"Cualquier cosa estará bien", respondió cortante.

"Está bien, voy a comprar", dijo la chica antes de cambiarse de ropa y correr al supermercado.

En cuanto ella salió por la puerta, él se dirigió tranquilamente al baño.

Mary se quejó durante todo el camino al supermercado pues no tenía ni idea de lo que iba a comprar. 'El problema no es que no tenga ingredientes para cocinar, ¡el problema es que no sé qué hacer con ellos o cómo cocinarlos! ¿Qué diablos voy a hacer ahora?'

Todo era culpa de William, pues le tenía tanto miedo que se paralizaba y no sabía qué hacer.

Después de dar vueltas en el supermercado, terminó comprando un puñado de patatas, así que antes de regresar a casa pasó por un restaurante y compró comida bien preparada.

Cuando llegó notó que el hombre se estaba duchando y sin querer su mente empezó a volar, a imaginarse el cuerpo musculoso de este, los músculos de bronce mezclados con el aire húmedo y las gotas de agua...

"¡Mierda!", Mary se regañó a sí misma. ¡Este no era el momento para pensar en él!

Inmediatamente se dispuso a pelar y cortar las patatas. Acomodó todos los platos en la mesa y esperó a que William saliera de la ducha. Al ver la mesa puesta, los platos ordenados y todo tan bien dispuesto, la joven se sintió casi como en casa.

Una sensación de ternura le invadió el corazón mientras observaba todo lo que había hecho.

"¿Está lista la cena?", William preguntó al salir del baño mientras se frotaba la nuca.

"Sí", Ella se dio la vuelta y respondió.

Los dos se quedaron mirando uno al otro y ella no pudo evitar posar los ojos en la bata que poco disimulaba su musculosa figura. A pesar que la bata de baño era de la talla correcta, poco podía hacer para cubrir el cuerpo tan bien esculpido del hombre. 'Mierda', pensó, sacudiendo la cabeza.

"La cena está lista".

El joven arrugó la nariz mientras miraba los platos sobre la mesa. "¿De qué restaurante has traído estos platos? ¿No dijiste que comprarías algo para cocinar?", preguntó de manera exigente.

"Ya era demasiado tarde para cocinar, además, hice esas papas ralladas", dijo Mary con cuidado mientras señalaba el único plato que había preparado. Se sentía como si estuviera presentando un informe a su jefe y el sudor empezaba a correr por su frente, y para alivio de ella, William no pronunció otra palabra.

Se acercó a la mesa, se sentó y ambos empezaron a comer.

El chef del restaurante donde había comprado la comida era muy bueno.

¡El filete de pescado agridulce era el mejor que había probado en su vida!

Los dos comieron tranquilamente y el único sonido que se podía escuchar en la habitación era el de sus cuencos y palillos chocando unos contra otros. Sin embargo, William solo estaba comiendo las papas ralladas que ella había preparado mientras que Mary comía todo lo demás.

"Las patatas te han salido muy bien", le felicitó.

"Gracias", ella le respondió con una tímida sonrisa en el rostro. 'Eso es lo único que sé cocinar, así que sería el colmo que no supiera hacerlo bien', pensó.

"Tú..." él empezó a hablar pero se detuvo porque lo que iba a decir es que ella tenía un apetito gigantesco.

"¿Qué?", Ella levantó la cabeza.

"Nada." William negó con la cabeza pues había decidido mejor tragarse sus palabras.

"Bien..." Mary guardó silencio durante un rato antes de decir: "De hecho, quería preguntarte algo".

"Dime," contestó él a la ligera.

"¿Por qué me pediste que me casara contigo? Sé que este no es un matrimonio por amor, sino un contrato, pero necesito saber la razón. Y no me vengas con esa mierda de 'ocúpate de tus propios asuntos', pues merezco saber los motivos detrás de esta decisión. ¿Me lo puedes decir?"

Al escuchar la pregunta el rostro del hombre se oscureció. Después de un largo rato, dijo: "Es porque tú no me traerás ningún problema".

"Mmm...", empezó la chica mientras hacía una mueca con la boca. "No lo entiendo".

"Eres soltera, bonita y necesitas mi dinero. En resumen, eres la persona que se ajusta a mis estándares", dijo con seriedad.

Esta sintió cómo una gota de sudor frío empezaba a rodar por su frente. "Gracias por sus elogios, señor Lan". Muy gentil de su parte".

"De nada", respondió el hombre mientras se limpiaba la boca para luego ponerse de pie. "Ven al estudio una vez que hayas terminado de limpiar".

"Está bien", Mary asintió pensando con amargura: 'No sólo soy su esposa legal sino que también soy su niñera'.

En el estudio William estaba leyendo los documentos que tenía en el escritorio.

Ella tocó la puerta y él le respondió:

"Adelante", y la voz varonil resonó en toda la habitación.

"Aquí estoy", dijo. "¿Qué me quieres decir?"

"Quiero anunciar nuestro matrimonio en público mañana. ¿Tienes alguna objeción?", preguntó, recostándose en su asiento.

"No", respondió ella y sacudió la cabeza mientras pensaba: 'Trabajo para ti, así que tengo que hacer lo que tú digas'.

"De ahora en adelante, somos pareja, ¿entendido?"

William extendió la mano para estrechar la de Mary, como si se tratara de sellar un acuerdo, lo que sorprendió mucho a la chica.

Se dieron la mano, como diciendo, "un placer hacer negocios con usted".

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