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Nunca Es Tarde Para Amarte

Nunca Es Tarde Para Amarte

Autor: : Pineapple
Género: Romance
Con un contrato, su familia se la vendió a él, el famoso playboy de la ciudad. Ella hizo todo lo posible para deshacerse de él, pero aun así quedó atrapada. El hombre parado frente a ella, sin embargo, era diferente de lo que decían los rumores. Estaba intrigado por ella desde la primera vez que la conoció. A pesar de que la consiguió, quería más que eso. Quería su amor, su corazón y estar con ella para siempre.

Capítulo 1 El distinguido invitado de Silas

Al caer la noche, las luces de la calle comenzaron a encenderse, iluminando A City mágicamente.

En medio de los imponentes rascacielos estaba situado QH Hotel, y en su último piso estaban las suites presidenciales.

En una de ellas, Luna Ruan, con un elegante vestido negro, corrió al baño, sacó un documento de su bolso y lo rompió en pedazos.

Cuando estaba a punto de tirar los trozos de papel por el inodoro, de pronto, escuchó ruidos al otro lado de la puerta.

Una mujer gemía de placer mientras un hombre respiraba con dificultad. Al darse cuenta de lo que implicaban esos sonidos, sus ojos se abrieron como platos.

Tras abrir ligeramente la puerta del baño para echar un vistazo, tan solo pudo ver que las luces del dormitorio y del baño estaban encendidas.

Entonces, apagó la luz de inmediato y asomó la cabeza por la puerta.

En ese momento, un fuerte gemido llegó a sus oídos, y ella arrugó la nariz asqueada.

En las calles se decía que Silas pasaba doce horas al día acostándose con diferentes mujeres, y parecía que el rumor era cierto...

Ella pensó que de ninguna manera se acostaría con un hombre así solo por conseguir firmar un contrato, ¡ni hablar!

A juzgar por los sonidos, parecía que las cosas se estaban calentando en el dormitorio...

De pronto, un olor desagradable impregnó toda la suite, lo que hizo que a la mujer le doliera el estómago.

'¡Ahora es el momento de largarse!', pensó para sí misma.

Tras salir de puntillas del baño, se agachó detrás del gran sofá de la sala de estar y se arrastró lentamente hacia la puerta principal.

Al ver que la salida estaba a la vista, sintió una oleada de alivio. Sin que ella lo notase, una persona estaba sentada en el sofá dando golpecitos en el apoyabrazos con los dedos enguantados.

El hombre la miraba de reojo en la oscuridad, observando en silencio cada movimiento.

"¡Ay!", murmuró la mujer, ya que justo cuando estaba a punto de llegar a la puerta, chocó con la afilada esquina de uno de los muebles. El dolor abrasador hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas.

Entonces, frotándose la frente, miró hacia arriba y se encontró inesperadamente con los ojos del misterioso hombre que la observaba desde el sofá.

"¡Ah!", exclamó totalmente sorprendida, y tras jadear, perdió el equilibrio en la alfombra. Cuando se dio cuenta de lo que sucedía, se llevó una mano a la boca con ansiedad y con los ojos muy abiertos. Para su alivio, todavía podía oír a Silas y a la mujer divirtiéndose en el dormitorio, completamente ajenos a lo que estaba sucediendo en la sala de estar.

Cuando Luna volvió a mirar al hombre enguantado, lo encontró recogiendo algo del piso alfombrado.

Frunciendo el ceño, ella agarró su bolso y lo miró con recelo.

"¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?", le preguntó enfadada pero en voz baja.

El hombre resopló.

Al oírle, la mujer se sonrojó ligeramente, pero como no tenía nada que ver con él, su prioridad era salir de aquel lugar lo más rápido posible.

Justo cuando ella se dispuso a dar otro paso hacia la puerta, el hombre la agarró por la muñeca.

"¡Ay! ¿Qué estás haciendo?", le preguntó mientras trataba de soltarse, pero su agarre era tan firme que las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos una vez más.

Al ver sus ojos brillantes, el hombre la arrastró fuera de la habitación.

Había luz en el pasillo, lo que la cegó momentáneamente e hizo que mirase a su alrededor algo aturdida.

En ese momento, el hombre sacó una tarjeta llave y abrió otra suite.

Cuando Luna escuchó el sonido de la puerta abriéndose, volvió a sus sentidos, y lo que vio la hizo sentirse bastante incómoda.

Sintiendo cómo el pánico brotaba dentro de ella, luchó violentamente.

'¿Qué es lo que pretende llevándome ahí?', se preguntó.

Él la arrastró a la suite, la condujo hasta los ventanales y la interrogó:

"Dime, ¿por qué te escondías en el baño?".

Luego colocó su mano enguantada debajo de la barbilla de la mujer, obligándola a mirarlo.

Ella hizo una mueca y después se inventó una excusa: "El señor He me pidió que viniera".

Las cejas del hombre se alzaron en una expresión divertida, y replicó: "¿En serio? ¿Y cómo es que yo no me enteré?".

"¿Podrías soltarme primero, por favor?", le pidió ella mientras lo miraba con impaciencia.

Entonces, el hombre aflojó su agarre y se apoyó perezosamente contra la pared, como si estuviera esperando a que ella continuara.

Tan pronto como fue liberada, la chica se frotó la muñeca dolorida con rabia. "Solo eres su guardaespaldas, ¿qué te da derecho a tratarme así?", preguntó enfadada.

Estudiando a aquella mujer que trataba de ocultar su miedo de manera desesperada, el hombre entrecerró levemente los ojos y sonrió.

'¡Interesante!', pensó para sí mismo.

Tras introducir la mano en el bolsillo, sacó el objeto que había recogido del suelo anteriormente y comenzó a jugar con él en su mano. Luego, con una voz inquietantemente fría, contestó: "Luna Ruan, realmente te subestimé...".

En ese momento, ella se quedó helada.

'¿Cómo sabe mi nombre?', se preguntó, sintiendo que su mente se aceleraba y que el pánico se apoderaba de ella.

Justo cuando abrió la boca para decir algo, se percató del lápiz labial en la mano del hombre, y entonces se puso tan rígida como si acabara de ser alcanzada por un rayo.

'¿Por qué tiene mi lápiz de labios?', se cuestionó de nuevo.

Lo cierto era que ese pintalabios era una grabadora oculta, ¡su grabadora! 'Esto es un desastre...', pensó para sí misma, y entonces se derrumbó y rompió a llorar.

"Señor, lamento haberte molestado.

A decir verdad, ese lápiz de labios es un recuerdo de mi madre...", comentó la chica.

Al escucharla, el hombre se burló.

Luna no sabía si él la creía o no, así que forzó una sonrisa y lo miró a la cara con atención.

Lo que vio entonces la agarró por sorpresa.

Aquel hombre era, de hecho, muy guapo, no solo eso, ¡era perfecto!

Parecía cincelado a la perfección, como las antiguas esculturas griegas...

Tenía la piel clara, los ojos profundos, la nariz prominente y unos labios fruncidos muy masculinos.

Al percatarse de la fascinación y la sorpresa con la que ella lo observaba, el hombre parecía estar muy satisfecho. Entonces, giró el pintalabios que sostenía en su mano y, lentamente, dijo: "Puedes irte, pero no vuelvas a hacerlo".

Esas palabras hicieron que ella volviera a la realidad y, dudando, se preguntó si realmente la dejaría irse tan fácilmente.

Pero ella estaba muy asustada, por eso aunque no podía creerlo, se escapó tan rápido como sus piernas se lo permitieron.

Mientras cerraba la puerta tras de sí, echó una última mirada a aquel hombre enguantado y vislumbró su perfil.

Sacudiendo la cabeza, se advirtió a sí misma que no debía dejarse encandilar por su belleza y se marchó rápidamente, cerrando la puerta de golpe. Con una mirada divertida, el hombre agarró su celular e hizo una llamada.

"Quiero toda la información que tengas sobre Luna Ruan", dijo por el auricular.

La mujer, pese a que se sentía aliviada de haber salido de aquella situación, no tenía ni idea de que la estaban investigando.

Simplemente pensaba que Silas debía de tener algunos hobbies especiales, y que por eso necesitaba guardaespaldas como aquel hombre.

Sería mejor para ella no tener nada que ver con alguien así, por ello, sacudió la cabeza esperando deshacerse de los pensamientos caóticos que se agolpaban en su mente.

Más tarde esa noche, a las once en punto, Luna llegó finalmente a casa.

Cuando abrió la puerta, vio a su padre, Jake Ruan, a su madrastra, Lucy Lin, y su media hermana, Nina Ruan, sentados en el sofá de la sala de estar.

Parecía que esta última debía de haber dicho algo gracioso, porque su madrastra se estaba riendo, e incluso su padre estaba sonriendo.

Ella se detuvo un segundo en la puerta, sintiendo un regusto amargo persistiendo en su boca.

Entonces, bajó la cabeza, ya que, con todos ellos en la sala de estar, parecía que no podría evitar ser interrogada.

Mientras se sentaba frente a los tres, trató de parecer lo más ofendida posible. En ese momento, su madrastra le preguntó:

"¿Cómo te va, Luna?".

Capítulo 2 El regalo de Silas

El sonido de la voz pareció reavivar algunos de los dolorosos recuerdos de Luna.

Haciendo pucheros, no pudo evitar que las lágrimas corrieran de nuevo por su rostro.

"Lucy, no es ningún secreto que a Silas le gustan las bellezas. Me temo que yo no le gusto en absoluto, creo que solo tiene ojos para mujeres como Nina", expresó la joven y, mientras hablaba, lanzó una mirada lastimera hacia su hermanastra.

Su madrastra frunció el ceño.

Sin embargo, antes de que pudiera responder, la otra joven interrumpió enojada, poniéndose de pie abruptamente, la señaló con un dedo y dijo: "¡Mentira! ¿Fuiste siquiera a ver a Silas? ¡Eres tan buena inventando historias...!".

Aunque el padre permanecía en silencio, dudó si sería mejor creer las palabras de Luna, después de todo, la había estado espiando hasta que entró en la suite de aquel hombre porque temía que su hija se acobardara.

'¿Acaso de verdad ella no le gusta a Silas?', se preguntó mientras la evaluaba, tratando de entender a su hija.

Además, comparada con ella, era cierto que Nina era más hermosa...

Al ver a su padre luchando con sus pensamientos, Luna se regocijó en sus adentros.

"Papá, sí que entré en la habitación de Silas, pero su guardaespaldas me echó", dijo defendiéndose de su hermanastra, y luego bajó la cabeza y juntó las manos, fingiendo nerviosismo.

Entonces, Nina la miró con los ojos entrecerrados y deseando poder abofetearla en la cara en ese mismo momento.

"Luna, ¡eres la prometida de Silas! No hay ninguna razón para que no le gustes. ¡Qué excusa tan tonta...!", replicó la hermanastra.

Entonces, la chica bajó la cabeza y enterró la cara entre las manos para ocultar su molestia y disgusto, y cuando volvió a levantar la cabeza, sus mejillas estaban húmedas por las lágrimas.

"Nina, no estoy mintiendo. ¡Mira, mi muñeca todavía está magullada!", exclamó, y tratando de convencerla, estiró su brazo para exponer el moretón en forma de mano que había en su muñeca.

Al verlo, Jake dejó de dudar de ella.

'¿Significa esto que Nina tendrá que casarse con Silas en su lugar?', se planteó.

La madrastra, que estuvo en silencio y observando mientras se desarrollaba la escena, sintió que el corazón le daba un vuelto al ver las dudas en los ojos del padre.

Nina, por su parte, estaba tan enojada que respiró profundamente unas cuantas veces, y tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no abalanzarse sobre su hermanastra y desollarla viva.

'¡Esta zorra...!', maldijo para sus adentros mientras apretaba los dientes.

Al ver todas aquellas miradas contradictorias, Luna se sintió secretamente complacida.

La tensión que se respiraba era tan densa que el menor paso en falso habría provocado una pelea.

En ese momento, entró un sirviente cargando una caja de regalo de la mitad de su altura.

"Señor, el señor He le ha enviado un regalo a la señorita Luna".

Tres de las cuatro personas en la sala estaban encantadas de escuchar esas palabras.

El padre exhaló un suspiro de alivio, se relajó y pensó:

'¡Lo sabía! Aunque Luna no es tan hermosa como otras, sigue siendo una chica guapa. No era posible que le desagradara a Silas'.

Entonces, la joven se puso de pie feliz, agarró la mano del sirviente y, con los ojos brillando de expectación, le preguntó: "¿Dijo algo más el señor He?".

"Sí. Dijo que la familia He celebrará una fiesta mañana por la noche en su resort de la zona sur, y también mencionó que se alegrará si la señorita Luna asiste a la fiesta", comentó el sirviente, y luego se inclinó levemente y se fue.

Al escucharle, la joven se sorprendió tremendamente, ya que ni siquiera había visto a Silas esa noche. ¿Por qué le había enviado ese regalo y la invitaba a su fiesta?

Ese guardaespaldas debía de haber tenido algo que ver...

Dándole vueltas a esa idea, la chica se presionó los dedos contra las sienes, se puso de pie y dijo: "Papá, estoy un poco cansada. Me voy a mi habitación para descansar".

"Está bien, vete a la cama temprano para que puedas lucir lo mejor posible para la fiesta de mañana", dijo el padre asintiendo con una sonrisa, y después hizo un gesto con la mano a un sirviente para que dejara la caja de regalo en la habitación de su hija.

En ese momento, Nina miró fijamente aquella caja tan bellamente empaquetada y no pudo evitar sentir un poco de envidia.

Después de darse una ducha, Luna se dejó caer sobre la cama y exhaló un suspiro de alivio.

Tras tumbarse, vio por el rabillo del ojo la caja del regalo y se quedó mirándola durante un buen rato. Finalmente, puso los ojos en blanco y fue a abrirla.

En el interior había un delicado vestido con un diseño único de hombros y cuello, la cintura, sin embargo, parecía un poco ajustada. El dobladillo terminaba justo debajo de las rodillas, por lo que era más un vestido dulce y elegante que uno atrevido.

Entonces, la chica frunció los labios descontenta.

'¿Es Silas realmente tan amable como para regalarme un vestido?', se preguntó.

Después de sacar la prenda y darle la vuelta, se enfureció.

'¡Qué cerdo!', lo maldijo para sí misma. Tras observarlo aún más de cerca, se dio cuenta de que el vestido había sido modificado exclusivamente para ella, y la parte trasera había sido cuidadosamente cortada, reemplazada por dos correas delgadas, de manera que su hermosa espalda quedaba completamente expuesta.

En ese momento, se puso tan furiosa que deseaba poder destrozar a ese hombre.

¿Cómo se había hecho con un vestido así a esas horas de la noche?

Dado que Silas era un hombre desvergonzado, no era de extrañar que tuviera un guardaespaldas tan mezquino.

Poco a poco, la chica se calmó y se sentó para modificar el vestido ella misma.

Cuando terminó, ya era pasada la medianoche.

Entonces, tras mirar la hora en su celular, abrió rápidamente WeChat y vio que tenía un mensaje de voz de Owen Fang.

Se puso el celular cerca de la oreja y escuchó su suave voz diciendo:

"Luna, mañana voy a la B City para un viaje de negocios, pero volveré en dos o tres días. Cuando vuelva, te llevaré a cenar. Te echo mucho de menos. Buenas noches".

Al escuchar la frase "Te echo mucho de menos", la chica se sonrojó y sintió que el corazón le daba un vuelco.

En ese punto, enterró la cabeza en la almohada y no pudo evitar sonreír alegremente. 'Yo también te extraño', dijo para sus adentros.

Todos los acontecimientos salvajes que le habían ocurrido esa noche fueron aplacados por esas palabras...

De pronto, Luna parpadeó y, en seguida, las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, mojando la almohada.

Al menos todavía tenía a Owen...

Aquel hombre le prometió que se casaría con ella y la alejaría de la familia Ruan para que pudieran tener una vida sencilla y feliz.

Fantaseando con esa hermosa vida, la joven se durmió con una dulce sonrisa plasmada en su rostro.

Sin embargo, no logró descansar bien esa noche, debido a que tuvo un mal sueño. En su pesadilla, otros niños del orfanato la acosaban. Y cuando finalmente fue acogida por la familia Ruan Nina le mandaba como si fuera una sirvienta.. Su padre le ordenó que durmiera con Silas. Y aunque Owen la abrazó con cariño y le dijo que se casaría con ella, al momento siguiente, lo vio agarrado a otra mujer y burlándose de ella.

Mientras la chica sufría en su sueño, comenzó a llorar.

'¡No, no es así como pasará!', pensó mientras sollozaba en su pesadilla.

Finalmente, el sonido que alguien estaba produciendo al llamar a la puerta hizo que se despertara.

Entonces, recordando los acontecimientos de su sueño, abrió los ojos todavía llorosos.

Soportando el dolor de cabeza, se vistió y abrió la puerta.

Fue recibida por un sirviente, que le dijo: "Señorita Luna, el señor He ha enviado un conductor. Su padre le pide que baje cuanto antes".

Capítulo 3 ¿Ese es Silas

Luna se frotó la frente mientras bajaba las escaleras con rostro inexpresivo.

Vio a su padre sonriendo y asintiendo con la cabeza a un hombre que estaba de pie frente al sofá.

Su madrastra corrió hacia ella y la agarró del brazo mientras decía ansiosamente: "Llegas tarde, Luna. El señor He ha enviado a un conductor para que te recoja".

Fue solo entonces cuando la chica recobró el sentido.

Aquello era raro, ¿por qué iba Silas a enviar un conductor para recogerla? No tenía sentido...

Mientras seguía a su familia hacia el interior del auto, la joven Luna todavía estaba aturdida.

Era un viaje de tres horas hasta el resort de la zona sur, y ella tenía la intención de aprovecharlo al máximo, así que se reclinó en su asiento y cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, el auto ya se había detenido frente a una villa de estilo europeo en la cima de una montaña.

Al salir del vehículo, frunció los labios y siguió a los demás a través de la puerta.

Al atravesarla, una elegante melodía de piano llegó a sus oídos junto con las cordiales risas de hombres y mujeres que se divertían. Antes de poner un gesto sereno, frunció el ceño contrariada.

En el momento en que entraron a la fiesta, Jake, Lucy y Nina se dispersaron rápidamente, codeándose con los peces gordos.

Luna, por su parte, se sentó en un sofá en una esquina del pasillo, con una copa de vino tinto en la mano.

Observó a la gente levantarse y brindar con sus copas con más frecuencia de la que podía soportar, y arrugó la nariz, disgustada ante toda aquella opulencia.

Por costumbre, se fijó en los interiores de la mansión y sus cejas se alzaron con sorpresa.

Todo era de una magnífica exquisited y elegancia, y había antigüedades por todos lados. Incluso la mesa que tenía delante estaba hecha de sándalo rojo.

Los He eran una de los cuatro principales familias de S Province, y parecía evidente que tenían mucho dinero.

No era de extrañar que Nina quisiera casarse con Randal He y formar parte de aquella poderosa familia.

Después de todo, comparado con el golfo de Silas, aquel era de hecho la mejor opción, y además, probablemente sería él quien heredaría las propiedades familiares.

Mientras miraba a su alrededor sin hacer nada, Luna puso una mueca de disgusto.

Había al menos un centenar de invitados en aquella fiesta, más de los que esperaba.

"¡Randal está aquí!", exclamó alguien entre la multitud.

Entonces, la joven se puso de pie inconscientemente, y se alisó el vestido mientras estiraba el cuello para mirar la puerta que parecía abrirse en cámara lenta.

Cuando lo hizo, se sorprendió al ver a dos hombres entrando en el pasillo.

El rostro familiar detrás del extraño hombre que tenía enfrente la sorprendió.

'¿Por qué viene ese guardaespaldas con Randal?', se preguntó.

Ante la aparición de esos hombres, los presentes rompieron a aplaudir.

Los hombres parecieron acercarse a él con cierto disimulo, mientras que las mujeres se arrimaron al guardaespaldas con un entusiasmo manifiesto.

En ese momento, Luna observaba la escena con la boca abierta.

Aquello demostraba una vez más que aquel era un mundo donde la apariencia prevalecía sobre la virtud.

"¿Quién es el hombre tan guapo que va detrás del señor Randal?", preguntó una mujer.

"Oh, Dios mío, ¿no lo conoces? Ese es el señor Silas, ¡el hermano mayor de Randal!", contestó otra señora.

"¿Qué? ¿Ese es Silas? ¿El mismo Silas que sale con tantísimas mujeres?", volvió a cuestionar la primera.

"¡Sí! Su reputación es la de un pordiosero, ¡pero es un hombre realmente guapo!", explicó la otra.

Cuando Luna escuchó la conversación de aquellas mujeres su rostro palideció.

'¿Ese es... Silas?

¡Es Silas!', dijo para sí misma.

No era de extrañar que la hubiera llamado por su nombre la otra noche, ni que le hubiera preguntado por qué se había escondido en el baño, o que se hubiera reído entre dientes cuando ella lo desafió.

'¿Por qué me dejó ir tan fácilmente?

Además, si él es Silas, ¿quién era la persona que estaba en el dormitorio teniendo sexo con aquella mujer?', se preguntó confundida.

En ese momento, la joven lo observó de arriba abajo.

El hombre vestía un traje azul marino hecho a mano sobre una camisa blanca abotonada hasta el cuello. Los pantalones rectos mostraban unas piernas particularmente largas.

Se veía casto y sexy con sus hombros anchos, cintura estrecha y piernas largas.

Cuando levantó sus ojos castaños oscuros para mirar a la multitud, su porte pareció abrumar a la gente, incluido su hermano Randal.

Luego, su labio se curvó y una sonrisa pícara iluminó su hermoso rostro.

Aquella sonrisa hizo que las hormonas se dispararan y todas las mujeres en la habitación se sonrojaron incontrolablemente.

Luna, pese a que nunca había sido seducida por los hombres, sintió que su corazón le daba un vuelco, notó mariposas en el estómago y sus palmas se volvieron tan sudorosas que casi se le resbaló la copa de vino.

Cuando se recuperó, vio a Silas acercándose a ella.

Entonces, entrecerró los ojos y se dio la vuelta apresurándose a escapar mezclándose entre la multitud.

Aunque ella no lo sabía, aquel apuesto hombre ya la había visto en el mismo momento en que entró en el pasillo.

No era ninguna sorpresa ya que, a pesar de que el salón estaba lleno de gente brindando y riendo, ella era la única sentada en un rincón, cómoda en soledad.

'Ella es... muy especial', se dijo el hombre para sus adentros.

El encaje blanco que ella había cosido a la parte de atrás de su vestido lo atrajo aún más, ya que parecía que su prometida era una persona diestra y coqueta.

"¿Me harías el honor de invitarte a una copa?".

Una voz sonó antes de que la chica se recuperara de la conmoción de haber visto a Silas.

Mirando hacia adelante se encontró con un joven bien vestido parado frente a ella. Si no hubiera sido por la mirada frívola en aquellos ojos brillantes detrás de las lentes, Luna habría sido engañada por su elegante apariencia.

El hombre levantó una copa y miró lascivamente sus pechos y su esbelta cintura.

En ese momento, los instintos de la chica se activaron y dio un paso atrás.

El otro notó su reacción, sonrió con malicia, y le preguntó: "¿Me estás rechazando, hermosa dama?".

La joven sintió algo de miedo y su mirada vagó por el pasillo cuando, por el rabillo del ojo, vio a Silas acercándose a ellos. Entonces, fijó su vista en él, tratando de transmitirle que necesitaba ayuda.

El señor He le sonrió y asintió.

La joven no sabía si iba a ayudarla, sin embargo, se sintió aliviada.

De pronto, lo vio darse la vuelta y alejarse.

Luego se acercó a una mujer cercana y le dijo algo que la hizo reír.

En ese momento, Luna se quedó helada y sin habla.

¡Puaj! ¡Por supuesto! Sabía que algo así pasaría, no debía de haberle creído...

Cuando Silas la miró de reojo y vio la expresión de decepción en su rostro, su gesto se tornó divertido.

Entonces, el tintineo de las copas de vino llamó su atención.

La joven levantó el vaso que tenía en la mano y sorbió ligeramente su bebida.

"Esta es mi tarjeta. ¿Puedo invitarte a cenar mañana?", propuso el hombre, y rápidamente sacó una tarjeta de visita y se la entregó, con el rostro todavía receloso.

"Lo siento mucho, pero no puedo, mañana tengo asuntos importantes", respondió la joven sin querer hablar más con él, aunque tomó la tarjeta de presentación y la guardó en su bolso. Luego se dio la vuelta rápidamente y se dispuso a irse.

Sin embargo, antes de que pudiera marcharse, los ojos del hombre se entrecerraron, la agarró por la muñeca, e insistió: "Señorita, ¿por qué tienes tanta prisa? Siempre puedes encontrar algo de tiempo para cenar conmigo. ¿Qué tal pasado mañana?".

"Royal, ¿qué estás haciendo?", dijo una voz aguda de mujer detrás de ellos.

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