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Nunca Fuimos solo Amigos

Nunca Fuimos solo Amigos

Autor: LuadMel
Género: Romance
Alisson Sanchez y James Collins siempre fueron mejores amigos. El problema es que la amistad nunca fue lo único que existió entre ellos. Viviendo juntos, trabajando lado a lado y conociendo los deseos del otro mejor que nadie, construyeron una relación peligrosa: sin compromiso, sin reclamos y, sobre todo, sin amor. Al menos eso era lo que les gustaba creer. Entre noches intensas, provocaciones, proyectos profesionales y una intimidad imposible de ocultar, Alisson y James crearon una regla silenciosa: algún día encontrarían a las personas correctas, seguirían caminos diferentes y pondrían punto final a aquella amistad con derechos. Entonces otras personas realmente aparecen. Y todo comienza a derrumbarse. Porque James descubre que puede verla en los brazos de cualquier hombre... siempre que ninguno de ellos llegue a tenerla de verdad. Y Alisson comprende que puede compartir el cuerpo de su mejor amigo, pero quizá no esté preparada para compartir su corazón. Los celos, el deseo, el orgullo y los sentimientos ocultos transformarán la relación más cómoda de sus vidas en una guerra en la que ninguno de los dos sabe exactamente cómo ganar. Después de todo, ¿cómo seguir siendo solo amigos cuando sus cuerpos ya se pertenecen, el corazón comienza a exigir exclusividad y estar lejos duele mucho más de lo que debería? Pasaron años intentando romper la atracción que los unía. Tal vez el verdadero problema sea descubrir que nunca fue solo atracción.
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Capítulo 1 - 1 -

Alisson Sanchez y James Collins eran mejores amigos desde la secundaria. Para quienes los conocían, no era ninguna novedad que la relación entre ambos sobrepasaba los límites de una amistad común. Además de su sociedad profesional, existía entre ellos una atracción difícil de ignorar.

Durante años, los dos llamaron a aquel vínculo «maldición». Creían que la única forma de romperla sería encontrar a otras personas, enamorarse, casarse y seguir caminos separados. Lo que todavía no habían comprendido era sencillo: por mucho que intentaran huir el uno del otro, siempre terminaban regresando al mismo lugar.

La necesidad que sentía por aquella mujer era intensa, casi vital, como si Alisson fuera el mismo aire que mantenía sus pulmones funcionando.

James respiraba para mantenerse vivo; necesitaba a Alisson para sobrevivir a aquella hambre que parecía no pertenecer a este mundo.

El mundo se volvía pequeño cuando los dos estaban en el mismo lugar. James no conseguía impedir que sus pensamientos regresaran a ella: su sonrisa, aquellos labios cuyo sabor conocía tan bien, el gesto de echar hacia atrás su corto cabello dorado. Incluso la forma en que Alisson caminaba, marcando sus curvas bajo las faldas largas y las camisas de vestir, bastaba para hacerle olvidar el resto del mundo.

Con el autocontrol pendiendo de un hilo, respiró hondo y buscó las cámaras de la sala. Entonces recordó, una vez más, que no había ninguna. Siempre le había parecido absurdo que un edificio de aquel tamaño no contara con un sistema de seguridad mejor, sobre todo con el aumento de la delincuencia en la ciudad. En ese momento, sin embargo, agradeció aquella falla mientras se acercaba al escritorio.

¿Diez minutos de sexo dentro de la empresa destruirían la carrera de ambos? Nadie tenía por qué enterarse. La puerta estaba cerrada con llave y aún disponían de algunos minutos libres. El deseo estuvo a punto de desplazar cualquier preocupación, hasta que volvió a mirar a la mujer que hacía que su corazón se acelerara.

-Deja de mirarme así -pidió Alisson al verlo acercarse. Alzó los ojos hacia él con la seducción de quien sabía exactamente el efecto que provocaba. Se echó el cabello detrás de la oreja y se recostó en la silla. Conocía los pensamientos de James tan bien como sus propios deseos, pero tenía que recordar la promesa que habían hecho cuando empezaron a trabajar allí: nada de sexo en la oficina-. Primero: prometimos no romper ninguna regla más. ¿No hemos roto ya demasiadas? Y estamos esperando que alguien venga a llamarnos en cualquier momento. Los empresarios están decidiendo si aceptan nuestro proyecto y ¿tú estás pensando en follar ahora?

-Tenemos unos minutos. Y yo no necesito demasiado tiempo para hacerte venir. -James rodeó el escritorio y se detuvo junto a ella, tomando el lápiz amarillo que Alisson sostenía. Ella lo miró con desconfianza. No creía que él fuera a arriesgar realmente todo lo que habían construido si alguien entraba por aquella puerta-. No creerás que soy tan idiota, ¿verdad? La puerta está cerrada con llave. -Se acercó aún más y le tocó el rostro, encontrándose con una sonrisa que mezclaba provocación y nerviosismo.

Estaba excitada.

Y aquella mirada la volvía loca.

Quería que la tocara.

Quería atención...

Mucha atención.

-Mirándome así... -murmuró él, dejando que sus manos descendieran hasta cerca de sus pechos antes de retroceder-. Tienes cara de querer follar encima del escritorio de la oficina hoy. Y yo no voy a quejarme.

-¿Ah, sí? -Ella rio, apartó la mano de James de su rostro y se aferró a él. El primer beso bastó para despertar cada parte de su cuerpo. Le rodeó el cuello con los brazos y le tiró del cabello-. Para divertirme con tu cuerpo necesito más de cinco minutos, amiguito. -James rio. Sus manos se deslizaron por la cintura de ella hasta llegar a su trasero y lo apretó con fuerza. Alisson gimió entre besos que se volvían cada vez más ardientes.

Los besos que compartían siempre estaban cargados de lujuria, placer, fuego, pasión y necesidad. Para ellos, aquello seguía siendo solo una amistad con beneficios, aunque los sentimientos ocultos detrás de cada caricia se empeñaran en decir lo contrario.

Eran mejores amigos desde la escuela. La atracción había surgido durante la adolescencia, pero solo cruzaron de verdad aquella línea cuando ambos ya eran mayores de edad. A los dieciocho, la promesa de mantenerlo todo estrictamente platónico duró muy poco. Desde entonces, lo que había empezado como deseo se transformó en un vínculo que ninguno de los dos conseguía romper.

Ahora compartían el mismo apartamento y saciaban sus cuerpos el uno con el otro casi a diario, sin que nadie pudiera prohibírselo. Vivir juntos les había parecido la mejor decisión posible. Siempre que se quedaban solos, olvidaban lo que existía a su alrededor. El objetivo era uno solo: llevar al otro al límite en encuentros intensos, desafiantes y caóticos, movidos por el placer y la intimidad que habían construido. No importaba dónde ni cómo empezaran; casi siempre terminaban juntos, exhaustos y todavía queriendo más.

-¿Ah, sí? -James le apretó el trasero con más fuerza y la levantó, sentándola sobre el escritorio sin separar sus labios. Sus ágiles manos fueron más allá de lo que deberían. Se deslizaron bajo la falda de la mujer, que solo tuvo que abrir un poco más las piernas para acomodarlo entre ellas, mientras el deseo ya la consumía por completo.

Las manos de él regresaron a los voluptuosos muslos de Alisson y, poco después, se deslizaron bajo la falda. Ella interrumpió el beso con un pequeño grito cuando James tiró de sus bragas con cierta brusquedad. Él abandonó sus labios y bajó hasta su cuello, besando, succionando y respirando el aroma dulce de su piel. -Solo necesito dos minutitos -le susurró al oído. Alisson se apresuró a quitarle la chaqueta de los hombros.

-Cualquiera diría que no hemos follado hoy, dentro de tu coche, cuando llegamos aquí. -Inclinó la cabeza, siguiendo los besos que descendían por su cuello hasta el valle de sus pechos. Una de las manos de James permaneció entre sus piernas, masajeando su clítoris del modo que sabía que a Alisson le gustaba-. Mmm... -gimió, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras el placer se extendía por su cuerpo.

James sonrió al verla entregarse y consultó el reloj. Solo faltaban ocho minutos para que entraran en la sala e hicieran la presentación. Tenían que ser cautelosos, hábiles y, sobre todo, puntuales; de lo contrario, echarían todo a perder. Aun así, ver a Alisson entregada sobre aquel escritorio, completamente excitada, amenazaba cualquier resto de cordura.

Se deshizo de los pantalones y recostó a Alisson sobre el escritorio. La besó con intensidad, succionándole la lengua antes de morderle el labio inferior. Después descendió por su cuerpo mientras Alisson le tiraba del cabello. Pasó por la clavícula, donde dejó otro mordisco, y entonces deslizó un dedo dentro de ella. Alisson cerró los ojos y se entregó al éxtasis que parecía existir únicamente cuando James la tocaba.

James lamía su cuerpo como si fuera un cremoso helado. Llegó hasta sus pechos y desabrochó rápidamente los botones de la blusa; solo no la rompió porque no estaban en casa, pues, de encontrarse en cualquier otro lugar, ella ya llevaría horas desnuda. Cuando por fin tuvo ante sí sus pechos descubiertos, los tomó entre las manos y se llevó uno a la boca. Mordió sus pezones endurecidos hasta oírla gemir y luego pasó al otro. Sabía cómo darle placer a aquella mujer mejor que nadie y, como solo disponían de unos minutos, tendría que ser rápido.

Abandonó pronto sus pechos y se colocó mejor frente a ella. Le levantó la falda hasta el pecho y contempló su intimidad, húmeda y completamente a su disposición. No tardó en librarse de los calzoncillos; no tenían tiempo y aquello tendría que ser rápido y placentero. Tiró de Alisson para que se sentara y la miró a los ojos mientras entraba en ella con prisa. Alisson gimió y gritó cuando él la llevó hasta su regazo y se dejó caer con ella en la silla.

Mirando aquellos ojos negros que tanto le gustaban cuando él se entregaba a ella, Alisson sujetó el rostro atractivo del hombre y lo besó. Las manos de James se clavaron en su cintura y marcaron el ritmo que quería: rápido y profundo. Sabía exactamente cómo llevar a Alisson al límite con rapidez y lo haría, aunque a veces prefiriera prolongarlo. Le encantaba volverla loca antes de verla estallar.

-¡Estás loco! -susurró mientras subía y bajaba sobre su regazo. Era rápido, brusco, apretado y delicioso, exactamente como siempre le había gustado. Adoraba la forma en que tenían sexo; no se parecía en nada a lo que había vivido con otros hombres con los que se acostaba esperando que alguno se convirtiera en el gran amor de su vida.

Capítulo 2 - 2 -

Las manos de Alisson alternaban entre el cabello y el rostro de James, arañándole la piel mientras él la cubría de besos. Ella cerraba los ojos cada vez que la penetraba con más fuerza. Sabía que el orgasmo estaba cerca porque su cuerpo ya se lo anunciaba de la forma más placentera. Echó la cabeza hacia atrás, mirando el techo mientras colaboraba con cada movimiento para acelerar aquel encuentro y correrse alrededor de él. Su cuerpo ardía de placer, mucho más que cuando los dedos de James la habían visitado antes que su polla gruesa y rígida.

Volvió a mirarlo. Estaba cerca, y él lo sabía; por eso la observó con una sonrisa maliciosa, dejando a Alisson con los sentidos a flor de piel y preparada para correrse en cualquier momento. Los dedos de sus pies se encogían dentro de los tacones y el vello de la nuca y los brazos se le erizaba con cada embestida violenta y profunda que recibía. James besó otra vez su cuello y le mordió la piel antes de susurrar:

-Tú primero -murmuró con voz grave. Alisson sabía que él también estaba cerca del límite, pero aquella vez detuvo los movimientos durante un instante. James la miró como si estuviera a punto de perder la razón. Ella sonrió con malicia y comenzó a mover las caderas sobre su regazo, dejándolo todavía más nervioso, excitado y ansioso. Él echó la cabeza hacia atrás, intentando no correrse antes que ella-. Alisson...

-Vamos, ahora es tu turno. -Lo ordenó. Él rio; si aquello era un desafío, pensaba ganarlo. Tiró de la cintura de Alisson hacia sí y después la apartó. Ella gimió un poco más alto de lo que debería, y él sonrió. Volvió a acercarla y alejarla de su cuerpo, frotando su miembro con fuerza dentro de ella hasta verla cerrar los ojos y correrse a su alrededor-. Maldito.

-Señorita Sanchez. -Alisson se quedó helada mientras luchaba por no gritar de placer. Tiró del cabello de James con todas sus fuerzas y le mordió el hombro. Él sonrió haciendo una mueca de dolor-. La están esperando.

¿Quién podía pensar en el tipo que estaba al otro lado de la puerta cuando estaba teniendo un orgasmo maravilloso montada sobre la polla de un hombre increíblemente bien dotado? James se corrió poco después, apretando con fuerza la cintura de Alisson, casi dejándole las marcas de sus dedos. Gimió en voz baja, conteniéndose. Siempre era extraordinario correrse dentro de ella, sentir las paredes de su vagina cerrarse a su alrededor. Era la mejor sensación del mundo.

-¿Señorita Sanchez? -llamó alguien otra vez. Ella abrió los ojos, recordando de golpe que estaban en la oficina, en su lugar de trabajo, y golpeó el pecho de James, que seguía sonriendo de lado mientras miraba el techo.

-Sí -respondió mientras recorría el rostro de James con los labios, mordiéndolo por todas partes-. Estamos terminando unos ajustes; enseguida vamos a la sala de reuniones. -Se mordió la lengua para no gritar cuando James le apretó el trasero con fuerza. Los dos rieron, disfrutando de la sensación de peligro que esperaba al otro lado de la puerta.

-Tenemos que irnos -dijo con calma. James rio con malicia y la ayudó a levantarse de su regazo. En cuanto lo hizo, se puso de pie de un salto y volvió a pegarse a Alisson. Le mordió la oreja al mismo tiempo que le daba una palmada en el trasero, haciéndola brincar antes de sonreír.

-Esto no termina aquí. -Ella sonrió.

-Tenemos que irnos -susurró antes de sentir las fuertes manos de James sujetándole la cintura y girándola hacia él-. Lo digo en serio -añadió al notar la mirada que le lanzaba.

-¿Puedes caminar? -preguntó James mientras besaba su perfumado cuello, que lo llevaba al delirio, sintiendo aquel aroma dulce adentrarse en su mente. Qué perfecta era.

-Claro que puedo, idiota. Y estoy lista para otra -respondió con una sonrisa, echándole hacia atrás el cabello negro y acercándolo más a ella-. Esta noche seré yo quien tenga tu cuerpo desnudo para hacer con él lo que me dé la gana. ¿Entendido? -murmuró Alisson. Lo abrazó con suavidad y deslizó las manos por su cuerpo masculino hasta llegar a su miembro. Lo sujetó y apretó. James soltó un gemido grave y ella jadeó-. Vaya... Estás preparadísimo.

James bajó la mano y sujetó la de ella allí, sonriendo de lado. Intentaba reducir la excitación para poder salir de aquella sala, pero sentir la mano de Alisson sobre su punto más sensible lo dejó todavía más duro. Cerró los ojos, soltó una maldición y, enseguida, apartó las manos de ella y se alejó de aquel cuerpo. No podía permitirse volver a follársela en ese instante; ya los esperaban en la sala de reuniones y aquellos hombres no toleraban los retrasos. Tenían que comportarse como profesionales. No podía ponerse a follar cuando le viniera en gana. ¿Verdad?

Caminó deprisa hacia la puerta, arreglándose la ropa, y oyó que ella lo llamaba con algún insulto que prefirió ignorar. Al llegar a la puerta se volvió para mirarla. Se arrepintió al instante. Alisson estaba allí, observándolo, con los pechos todavía descubiertos y la falda levantada mostrando sus hermosas piernas. Sanchez miraba a cualquier parte menos a él, aunque sabía que los ojos de James estaban clavados en ella. Primero se arregló el cabello. James se mordió los labios. ¿Por qué tenía que estar tan buena que él ni siquiera lograba moverse? Alisson conseguía sacarlo de quicio de muchas maneras, y una de ellas era excitarlo hasta el punto de impedirle pensar en cualquier otra cosa.

Qué irritante.

Sanchez tomó el espejo que estaba sobre el escritorio y se observó. Retocó el lápiz labial corrido y volvió a dejarlo en su sitio. James se quedó helado cuando la muchacha bajó la falda junto con las bragas y quedó expuesta. Gruñó, queriendo apartar la mirada, pero no lo consiguió. Alisson lo hacía a propósito; era plenamente consciente del efecto que provocaba en James Collins y le importaba muy poco. Lo que quería era verlo perder la cabeza. Su mejor amigo, cuando estaba fuera de sí, era el hombre más sexy del mundo. Pensándolo mejor, James era el hombre más apetecible del mundo de cualquier manera. ¿Quién podría negarlo?

Abrochó lentamente la blusa blanca hasta el escote, donde dejó una abertura considerable. Acomodó la seda sobre su cuerpo y bajó un poco más las bragas. James puso una mano delante de su miembro rígido, preparado para ella, y con la otra se aferró al pomo de la puerta para no lanzarse sobre Alisson y hacerla correrse una vez más. Ella volvió a subir las bragas y después la falda, llevó una mano hacia atrás y murmuró algo. Luego levantó la vista hacia Collins y le dedicó una sonrisa maliciosa.

-¿James? -lo llamó con voz melosa. Él respondió con un gemido y Alisson rio, haciendo un puchero-. ¿Puedes ayudarme? -Se volvió de espaldas. La falda debía cerrarse con unos botones a los que ella no llegaba. James puso los ojos en blanco. ¿Por qué, estando en su sano juicio, iba a cerrar aquella falda?

-Por el amor de Dios, no me hagas hacer esto -se quejó, pasándose las manos por el cabello. Se mordió el dedo índice y reprimió un gemido de frustración por no poder tenerla en aquel momento.

-No puedo salir así -replicó. Alisson se echó el cabello a un lado y giró el rostro, encontrándose a Collins rojo, con los ojos ardiendo. Y sabía exactamente por qué.

James no desperdiciaba ninguna oportunidad de acostarse con ella, y Alisson sabía aprovecharlo muy bien. Años atrás, Sanchez había aprendido todo tipo de bailes capaces de excitar a un hombre; sabía exactamente qué hacer para volver loco a un macho, seducirlo, llevarlo hasta el abismo de un placer arrollador y después recuperar su sensualidad. Sin embargo, con James nunca había necesitado nada de aquello. Él no requería un baile ni una seducción perfecta, ni siquiera que ella se echara el cabello hacia atrás, levantara aquella mirada fascinante y entreabriera los labios. James ya estaba hechizado por ella.

-Lo hiciste esta mañana -dijo lentamente, con voz mimosa. James entrecerró los ojos-. Sabes vestirme -afirmó ella. Él puso los ojos en blanco.

Llenó los pulmones de aire y dio un paso hacia ella. En cuanto llegó a su lado, lo primero que hizo fue tocarla con malicia. Recorrió todo su trasero con aquellas enormes manos y le dio una palmada que le arrancó un gemido grave. James la levantó con fuerza, pegando ambos cuerpos. Una mano le sujetó la cintura y la apretó contra él. Alisson soltó el aire que había estado conteniendo. Cerró los ojos y se perdió en los toques bruscos, intensos y al mismo tiempo cariñosos de James. Era un ángel siguiendo un camino peligroso.

-Me vuelves loco -le susurró al oído antes de separarse. Alisson retrocedió un poco, sonriendo y respirando despacio. Tenía que mantenerse firme y no aferrarse a él porque llegaban tarde. Sintió la mano de James tomar el primer botón de su falda y jadeó mirando al frente, donde podía ver su reflejo en el cristal de la ventana.

Capítulo 3 - 3 -

James la miraba como si fuera una piedra preciosa. Y a ella siempre le habían gustado aquellos ojos, la mirada hambrienta, admirativa y cariñosa que él le dedicaba. Transmitían mucho más de lo que Alisson podía imaginar. Abrochó un botón lentamente y después el siguiente todavía más despacio, prolongando aquel momento. Dejó que sus dedos la rozaran, llevándola al delirio incluso a través de la tela que ya cubría su piel. Cuando llegó al último botón, la giró con brusquedad, apartó unos mechones de cabello de su rostro y la besó con voluptuosidad.

Sus manos apretaron la cintura de Alisson como si ella pudiera caer en cualquier momento y él jamás fuera a permitirlo. Su lengua se adentró en la boca de la mujer, explorando cada rincón. Sus dulces besos lo atraían y lo excitaban; eran peligrosos, cargados de lujuria, deseo, pasión y aquella maldita atracción desenfrenada. Tomó aire junto a su labio inferior y ella soltó un gemido cuando él se apartó.

-Vámonos antes de que lo perdamos todo -dijo al verla darle la espalda para buscar algo en lo que mirarse.

Alisson era vanidosa y cuidaba muchísimo su cuerpo, su cabello y su piel. Por muy tarde que fuera, no saldría de aquella sala sin antes retocarse el maquillaje, arreglarse el pelo, acomodarse perfectamente la ropa, quizá recogerse el cabello, ponerse crema en las manos y las piernas y echarse perfume para disimular el olor de James y el aroma del sexo de unos minutos atrás. Miró hacia la puerta y puso los ojos en blanco. Por supuesto, James jamás esperaría a que terminara de arreglarse.

-Hombres -murmuró, echándose el cabello corto hacia un lado-. Qué idiotas.

James Collins, con veintiséis años, ya era uno de los arquitectos más prometedores de Tokio. Había terminado sus estudios pronto, se había especializado en distintas áreas y había construido una carrera sin depender de su familia, que vivía en Miami. Soltero, insistía en creer que encontraría una novia capaz de poner fin a la atracción que sentía por su mejor amiga.

Alisson era su mejor amiga desde la secundaria. Él la había conocido en una etapa en la que sufría por el final de otra amistad importante y, desde entonces, había convertido su presencia constante en una especie de promesa: no permitiría que ella volviera a sentirse abandonada. El problema era que protegerla y desearla se habían convertido en sentimientos difíciles de separar.

Alisson Sanchez era intensa, vanidosa, divertida y dueña de una personalidad imposible de ignorar. Cuidaba su cuerpo, su cabello y su apariencia con el mismo rigor que dedicaba a los estudios. Hablaba italiano, japonés y francés. Durante un tiempo había soñado con estudiar Medicina, pero descubrió en la Arquitectura una pasión inesperada y decidió cambiar de carrera, a pesar de la resistencia inicial de sus padres.

Talentosa para el dibujo, los cálculos y la planificación, Alisson destacó rápidamente. La combinación de su creatividad con la mente técnica de James convirtió a ambos en un equipo con un enorme potencial. Solo le faltaban unos meses para terminar la universidad, pero su competencia ya le había ganado un lugar en la empresa y proyectos de gran responsabilidad.

El proyecto que los había llevado hasta allí consistía en la renovación de una comunidad situada en un barrio abandonado de la zona sur. Sus habitantes llevaban tiempo enfrentándose a empresarios que pretendían comprar aquellos terrenos y levantar edificios con la excusa de «mejorar» la apariencia de Tokio. Aunque la ciudad contaba con muchos barrios elegantes, aquella zona seguía siendo tratada como una vergüenza porque incomodaba a ciertos turistas. James, sin embargo, veía potencial en el lugar. Una reforma bien planificada podía mejorar el barrio sin expulsar a nadie de su casa ni dejar a miles de personas en la calle.

Alisson estuvo completamente de acuerdo y comenzaron los planos. Seis meses después, el trabajo estaba terminado y listo para presentarlo ante todos los presentes en la sala de reuniones. James estaba decidido a convencerlos a cualquier precio. Necesitaba que aquellos hombres importantes entendieran que, con reformas puntuales y una planificación cuidadosa, no hacía falta demoler todas las viviendas ni expulsar a miles de personas de sus hogares solo para que la ciudad pareciera «más bonita». Solo estaba esperando a Alisson.

De pie frente a la mesa mientras todos conversaban, James sabía que llegaban tarde, y eso lo irritaba tanto a él como a Miranda, que intentaba mantener la atención de los empresarios y del gobernador presente para «evaluar» la situación. Sus ojos brillaron cuando vio a Alisson atravesar la puerta con una sonrisa tímida y una mirada firme. Todos la observaron del mismo modo. Su ropa volvía a estar perfectamente colocada y su corto y llamativo cabello tenía un desorden sexy. James suspiró, intentando no perder el control. Jamás lograría hacer una presentación con la polla dura. Aquello era una tortura.

Finalmente les dieron la oportunidad de hablar sobre el proyecto. Alisson se inclinó para ajustar el monitor sobre la mesa, dejando a la vista un escote sencillo, nada vulgar, pero aun así sexy e irresistible. James comenzó a explicar sus ideas. De vez en cuando, alguno de los interesados hacía una pregunta y él respondía, o Alisson intervenía con dulzura, siempre sonriendo y gesticulando con las manos de una forma que cautivaba a todos. Llevaban casi un año trabajando en aquel proyecto. Tal vez habrían tardado menos si, cada vez que se ponían a trabajar juntos de noche, no acabaran follando como locos sobre una cama o en cualquier rincón del apartamento.

Algunos de los hombres presentes desviaban constantemente la mirada de James y del proyecto para observar a Alisson y el escote especialmente atractivo que llevaba aquel día. No era vulgar ni indecente, pero seguía siendo sensual y ella lo sabía. Mientras James explicaba cada parte de lo que habían construido con tanto esfuerzo durante casi un año, no podía evitar recordar que muchas noches comenzaban dibujando y exponiendo ideas y terminaban perdiendo el control, despertando sobre los enormes planos donde deberían haber estado trabajando, con marcas de sudor y de los orgasmos de ambos. ¿Cómo se suponía que iban a trabajar así?

James explicó que, además de aquella comunidad, podrían ampliar el proyecto a distintos puntos de la ciudad, porque no era el único lugar que necesitaba reparaciones. Cuando Alisson tomó la palabra, consiguió la atención de todos. James esbozó una pequeña sonrisa al ver que uno de los interesados levantaba la mano apenas ella empezó a hablar. Claro, el proyecto era bueno, muy bueno, pero Alisson Sanchez era todavía más difícil de ignorar.

Algunos aprobaron la propuesta de inmediato y otros dudaron, pero al final ganaron. James y Alisson acababan de conseguir que un proyecto saliera del papel para convertirse en realidad, una de las mayores satisfacciones para cualquier arquitecto en formación. Él dio las gracias y Alisson también. Ella no necesitó hablar demasiado; su trabajo se veía en cada plano. Habían conseguido el proyecto y ambos se sentían recompensados. Mientras estrechaban las manos de los hombres más interesados, James y Alisson se miraron durante un segundo. Solo ellos sabían lo que significaba aquella mirada: una celebración muy caliente en su apartamento. No una celebración cualquiera, sino una de las mejores, porque aquel proyecto había sido parte de sus vidas durante meses. Había tardado más de lo planeado, pero había valido la pena.

Miranda se acercó a sus empleados con una sonrisa de evidente satisfacción. Estaba encantado ante la posibilidad de que su empresa se hiciera conocida en todo el mundo gracias a aquella pareja a la que un día había decidido darle una oportunidad. Más tarde tendría que agradecérselo a su esposa; había sido ella quien lo animó a visitar universidades y ofrecer oportunidades a los estudiantes. Aunque probablemente no diría lo mismo si supiera que él estaba perdiendo la cabeza precisamente por la universitaria que había ayudado a contratar.

-Felicidades, muchacho. Un trabajo excelente. Me dará gusto ocuparme de la parte financiera; el proyecto es muy bueno -afirmó el hombre que había comprado el proyecto de renovación-. Espero que genere millones. -Sonrió mientras estrechaba la mano de James y luego miró a Alisson-. Será un placer trabajar con usted, señorita.

-El placer será mío, señor. -Ella sonrió y le guiñó un ojo. El comprador dejó de reír, se mordió los labios y consideró que lo mejor era marcharse antes de hacer algo indebido. Alisson Sanchez no era una mujer con la que resultara fácil conversar demasiado tiempo sin perder la compostura.

-Felicidades. Sabía que conseguirían este proyecto -dijo Miranda, estrechando la mano de James con una sonrisa-. Eres increíble. Me encantó el proyecto. Si no hubiéramos llegado a un acuerdo con ellos para financiar la obra, estoy seguro de que habría encontrado alguna manera de pagarlo todo. Espero que nos haga ricos.

-Gracias. La presentación salió muy bien -celebró James sonriendo. Miranda rio.

-Y usted también, señorita Sanchez. -Black sonrió de lado-. Hizo un trabajo excelente -dijo mientras se acomodaba la corbata y observaba el rostro de Alisson, que sonreía con inocencia.

-Muchas gracias, pero yo no hice tanto. James fue quien...

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