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Nunca juegues con el diablo

Nunca juegues con el diablo

Autor: : patris23
Género: Romance
¿Sabeis que es lo que ocurre cuando el tío con el que te llevas viendo un mes aparece en tu empresa para luchar por tu ascenso? Pues eso es justo lo que me pasó a mi. El hijo del jefe después de media vida fuera, decide que quiere hacerse cargo del buffet de abogados que dirige su padre. El que consiga el contrato multimillonario por el que lleva la empresa luchando meses se convertirá en el jefe. Comienza la guerra. Un juego peligroso. Me da igual lo bueno que esté, lo fantástico que sea en la cama o ese cuerpo de escándalo que tiene. Dicen que en el amor y en la guerra todo vale. El hombre dulce y atento desaparece en cuanto pone un pie dentro de la Oficina, y se convierte en un auténtico diablo; despiadado, frío y calculador. Dispuesto a luchar por lo que según él, le pertenece.

Capítulo 1 Prólogo

Estoy sentada en la barra esperando a mi amiga. Cada sábado quedamos para contarnos como nos ha ido la semana, es una especie de ritual en el que ponemos a parir nuestros trabajos y por encima de eso, a nuestros Jefes.

Amelia llega quitándose la chaqueta, la deja en una de las sillas vacías y se sienta a mi lado.

- Nueva York da asco - Sentencia enfadada - Es imposible moverte en coche sin pillar un atasco.

Tiene razón. Todo está lleno de coches y taxis, pero es el precio a pagar por vivir aquí. A mi me encanta y si puedo elegir, suelo ir andando a los sitios. A veces he caminado durante más de una hora. Si quieres ser una chica Neoyorquina verdadera, siempre llevarás en el bolso unos zapatos planos.

- Tómate una Copa de vino - sugiero para que se relaje - ¿como te ha ido el día?

Resopla agobiada.

- Ha sido un día de locos, Eda, te lo juro.

Antes de que pueda contestar su teléfono suena. Lo saca del bolso y mira la pantalla. Antes de descolgar estira el brazo y se bebe mi Copa de vino sin respirar. Contengo la risa porque la pobre ha tenido un día malísimo.

Despues de hablar unos minutos por teléfono, cierra los ojos un instante.

- Tengo que irme, hay algún problema con el caso que tengo que presentar el lunes.

Es nuestro día. Nunca faltamos en nuestro día.

- ¿No puede solucionarlo otro, Mely? - Suplico. Pongo hasta cara de pena.

Se cuelga el bolso y se levanta.

- Lo siento cariño, es imposible. Nos vemos mañana y seguimos ¿vale?

Nos conocemos desde el colegio. Hemos compartido cada acontecimiento alegre o triste, pero es cierto que cada vez estamos más ocupadas. Las dos trabajamos en los dos bufetes de abogados más importantes de la ciudad y trabajamos más de sesenta horas semanales. Nos queda poco tiempo para quedar.

- Está bien, tranquila. Espero que puedas solucionar el problema.

- Te quiero - Dice antes de irse.

Me quedo sola en la barra y le pido otra Copa al camarero.

A mi lado se sienta un hombre. Tengo que mirarlo dos veces para verlo bien. Lleva una camisa apretada que marca todos y cada uno de sus músculos. El pelo negro peinado hacia atrás y una barba cortada milimetricamente.

- ¿Te gusta lo que ves? - Pregunta descaradamente.

Muy bien Eda, te ha pillado. Has pasado de ser una abogada que se está haciendo un nombre, a una chica que babea con el primer hombre guapo con el que se cruza.

- Bueno, no es nada del otro mundo.

Su risa baja y grave rompe todos y cada uno de mis esquemas. Resuena en mi estómago como el bajo de una canción metalera.

- Me llamo Alaric, encantado.

Tiende la mano hacia mi y por primera vez me fijo en sus ojos verdes y sus pestañas negras.

- Mi nombre es Eda.

- ¿Eda? Es muy poco común.

Si, lo se. Mi madre era una hippy a la que no le gustaba lo convencional. Cuando fui lo suficientemente mayor se compró una caravana y se fué con mi padre todo un año a ver mundo. Yo me quedé con mi abuela.

- Cosas de madres - Digo confidencialmente.

- Ya veo ¿Puedo invitarte a una Copa?

Este era un momento clave. Un momento en el que tal vez debería haber dicho no, o puede que decir si fuera la mejor decisión, el caso es que no fue solo una Copa. Fueron varias en las que no paramos de hablar.

Una cosa llevó a la otra y terminé montada en su coche camino de su hotel.

Llegamos a la puerta. Tiene la tarjeta en la mano a punto de pasarla por delante. Busco una excusa para irme, pero no encuentro ninguna. ¿Por qué debería desperdiciar esta oportunidad? ¿Cuantas veces en la vida se te insinúa un hombre como él?

Caminamos dentro y cierra la puerta despacio.

- ¿Quieres algo de beber? - Pregunta con su intensa mirada clavada en mi. Desciende poco a poco quitándome el vestido con los ojos

Me acerco despacio a él, huele a roble, a sensualidad, a fuerza. Soy una mujer moderna y este tío es el típico que si te he visto no me acuerdo, así que ¿por qué no llevar la iniciativa?

Pego mis labios a los suyos. Los saboreo, dulces y suaves. Alaric introduce su lengua despacio, pasando sus manos por mis hombros, siguiendo el camino de mi clavícula hasta la cremallera del vestido.

Coloco mis manos sobre el cuello de su camisa y le voy quitado los botones sin dejar de saborearlo. Nuestras lenguas juegan y bailan. Puedo sentir crecer su erección.

Deja caer despacio el vestido hasta el suelo. Levanto primero un pie y después otro. Alaric me levanta entre sus brazos y me lleva hasta la cama.

El juego sensual se termina en un visto y no visto. Tenemos demasiadas ganas el uno del otro, demasiada atracción. Nuestra ropa interior termina en algún lugar de la habitación.

Jamás lo admitiré, pero es la mejor sesión de sexo que he tenido en mi vida. Me penetra desbocado, mis piernas rodean su culo exigiendo más, exigiéndolo todo de él. De pronto rodea mi rubio pelo en su muñeca y tira hacia atrás.

El tema dolor y placer es nuevo para mi, pero en cuanto siento el tirón, algo vibra en mi estómago y poco a poco baja hasta que termino en un súper orgasmo.

Después del sexo, agotados y cansados, intercambiamos un par de frases típicas y cerramos los ojos. Cada uno en un lado de la cama.

Cuando escucho su respiración tranquila durante un rato, me levanto despacio. Enciendo la linterna del móvil y busco mi ropa. Me visto decidida a irme.

Conozco a los tíos como él. Te dedican una noche, se despiertan temprano y desaparecen igual que aparecieron y te dejan pensando meses en él, yo no soy así, soy más pragmática. Saco mi tarjeta con mi nombre y mi número de teléfono. Busco el bolígrafo dentro del bolso y escribo en el reverso.

"Gracias por una noche tan estupenda"

Me cuelgo el bolso y salgo sin hacer ruido. Mi diablesa particular ríe con risa malvada. Seguro que has dejado a muchas mujeres solas y deprimidas y han sentido la vergüenza del día de después.

Salgo del ascensor. El hombre de recepción me mira. Levanto la barbilla y camino decidida hacia la puerta. Tengo que disimular el calor que siento en mis mejillas bajo el escrutinio de los demás.

Estoy completamente segura de que no me llamará, no volveré a ver al Dios Alaric nunca más. Dudo que nuestros caminos vuelvan a encontrarse.

No podía estar más equivocada....

Capítulo 2 Me vuelves loca

El domingo tenía pensado pasarlo tranquila en casa, repasando cada momento de la noche anterior, cuando conocí a Alaric, o como a mi me gusta llamarlo, el Dios griego, en cambio, tengo que ir a la oficina. Siempre ocurre algo, algún imprevisto.

Podría no coger el teléfono, pero soy una de las favoritas del jefazo y ya mismo es su jubilación. Sería la mujer más joven en dirigir un bufet de abogados en Nueva York. Tiene un hijo, pero por lo que he podido escuchar tiene sus propios negocios y pasa de los del padre. Y eso me viene genial.

Abro el armario para elegir la ropa que me voy a poner, una falda negra de tubo, una camisa blanca vaporosa y unos tacones, hasta que llegue a la oficina llevaré mis tenis blancos súper cómodos. Miro mi reflejo en el espejo, el pelo es una lucha diaria. Me imagino a un León recién levantado con toda su melena despeinada, pues así soy yo. Mi pelo es rubio, pero es muy rizado, una melena llena de volumen, que un sábado por la noche está genial, pero en un juicio pues no tanto.

Me lo mojo y lo peino con el cepillo. Me hago un moño para que no se noten los rizos, y ya estoy lista para trabajar un domingo por la mañana. Que asco de vida.

Caminando entre las calles llenas de gente y sus imponentes edificios, suena mi teléfono. No reconozco el número, aun así descuelgo, podría ser cualquieracualquiera; un compañero, un cliente. Desde que trabajo en Lawyer's Lyon mi teléfono está disponible veinticuatro horas los siete días de la semana.

- Eda Blake, dígame - Contesto.

Tengo que cruzar la calle, al bajar el escalón no me doy cuenta de que hay un charco y meto el pie dentro. La zapatilla está empapada, mis medias también.

- Joder - Susurro estirando el pie para quitarle todo el agua que pueda.

- Hola Eda, Soy Alaric ¿Estás bien?

El Dios griego me está llamando. Me olvido del zapato, del barro. Estaba completamente segura de que no volvería a saber de él. Cumplía todos los requisitos del buenorro si te he visto no me acuerdo.

- ¿Alaric?

- ¿No te acuerdas de mi? - Ahora parece algo mosqueado.

Puede que a los tíos les atraiga que le machaques el ego. En eso soy especialista y en ser torpe, también se me da genial.

- ¡Ah! Alaric, si, si, perdona. Que sorpresa tu llamada.

Sigo caminando esquivando a las personas que van en sentido contrario. Mis amigas se quejan del tráfico, pero intentar ir al trabajo andando en hora punta también es un trabajo de titanes.

- Tenía que comprobar que la tarjeta que dejaste era real, como desapareciste en mitad de la noche - Suelta riendo - Te apetece que quedemos para comer.

Me encantaría quedar para comer o para comerte o para mirar una pared blanca contigo a mi lado.

- Me gustaría mucho, pero voy corriendo a trabajar y creo que terminaré tarde.

También puedo llamar a mi jefe y ponerle una excusa, y hasta aquí habría llegado mi carrera en el mundo de la abogacía. Por más bueno que esté este hombre, no puedo anteponerlo.

- Vaya... Una lástima, tenía planes interesantes.

- Podemos cenar si quieres - Contesto rápido. Me tapo la boca, acabo de parecer un poco desesperada.

Cierro los ojos avergonzada. Planes interesantes, espero que sea una noche de sexo.

Como respuesta una risa baja al otro lado del teléfono. Es tan sexy todo lo que hace, cualquier sonido saliendo de sus labios suena a sexo.

- Bien, dime la dirección y te recojo ¿a las nueve te viene bien?

- Perfecto. Nos vemos.

Antes de decir alguna estupidez más, cuelgo el teléfono. Ya has hecho bastante el ridículo por hoy. Espero que mi noche termine igual de bien que la de ayer.

Mi trabajo consiste en asesorar y preparar la documentación necesaria de empresas privadas, problemas de comunicación entre empresas, empleados, despidos, de todo un poco. Ahora tenemos un problema con una de ellas. Esta empresa nos proporciona más de un millón de dólares al año, ese es el motivo por el que trabajo un domingo.

Al final del día dejo a mi asistente terminando de preparar los documentos que yo misma revisaré mañana y los mandaré de manera urgente.

Llego tarde. Son casi las nueve y voy corriendo por las calles. Después de tanto tiempo sin un hombre, me encuentro con la oportunidad de mi vida, sexo sin complicaciones.

Cuando por fin llego a mi casa un coche me pita. Me tiro para contestarle alguna fresca, pero mi sorpresa es que Alaric es el típico tío que prefiere esperar a que le esperen. Ya ha llegado.

- Llego tarde, perdona. Sube conmigo, en cinco minutos estaré lista.

Gira el contacto de la llave y se baja.

- ¿En qué trabajas? - Pregunta mirándome de arriba a abajo.

- Soy scortt - Bromeo. Su expresión cambia al momento, pero no aguanto mucho antes de romper a reír a carcajadas - Es broma, soy abogada.

- Te gusta bromear ¿eh? ¿En que especialidad trabajas? Yo también soy abogado.

Me paro en seco al escucharlo. Podría ser cualquier cosa, no se, pero abogado jamás lo habría dicho. Además de estar bueno es inteligente. Menudo pack.

- ¿En serio?

- ¿A qué creías que me dedicaba? - Pasa sus dedos por el pelo divertido por la situación. Seguro que no es la primera vez que sorprende con esta información.

Abro la puerta de casa, me hago a un lado y le dejo pasar primero.

- Pues no se... Jugador de fútbol americano, modelo, socorrista ¿tu te has visto? No tienes pinta de abogado

Le dejo solo en el salón riendo abiertamente. Me doy una ducha rápida y me pongo algo más informal. Un pantalón pitillo con un top negro. Me paso el difusor por el pelo y lo dejo a lo loco. Me pongo un poco de rímel y una pequeña línea sobre el párpado para resaltar el azul de mis ojos y vuelvo al salón donde debe estar aburrido de esperar.

- Perdona por hacerte esperar.

Está delante del tocadiscos. Va pasando los dedos por delante de cada uno de ellos mientras lee el nombre de los músicos. Algunos dirán que soy un poco carca, hoy en día con Internet, los CD, s y todas las formas de escuchar música de forma moderna es mucho mejor, yo prefiero la melancolía del vinilo.

- Tienes auténticas obras maestras - Se gira para prestarme atención - Estás guapísima, increíble. Quien me iba a decir que debajo del moño de abogada tenías esa melena.

Me gusta su rollo, es muy parecido al mío, somos bromistas, simpáticos y está bueno que te cagas, eso le da puntos extras.

- ¿Verdad? Soy una caja de sorpresas.

Cojo el bolso, las llaves y el móvil y salimos para comenzar nuestra cita.

La cena la disfruto como pocas veces. Llego a la conclusión de que sabe llevar una conversación, es increíble la de tíos raros con los que me he cruzado, una vez cené con uno y me dejó tirada por ir a la caza de un pokemon...

Después de dos horas entretenidas sin parar de charlar y de hacer bromas, me lleva de vuelta a mi casa. Para el coche a un lado de la carretera.

- ¿Quieres subir y tomar un café o una Copa? - Si lo cogiera de la camisa y lo tirara sobre mi cama sería menos descarada. Pero soy una mujer moderna y me da igual quien de el primer paso.

- Me encantaría - Se desabrocha el cinturón y baja.

Nos lanzamos miraditas durante todo el camino desde el ascensor hasta mi casa. Creo que la copa y el café van a tener que esperar.

En cuanto cierro la puerta me estampa contra la pared y aprisiona mi cuerpo con el suyo. Sus labios devoran los míos, anhelantes y exigentes. Nuestras lenguas de fuego juegan entre ellas, mientras nuestras manos tiran de los botones y de la cremallera para quitarnos la ropa

Coloca sus manos bajo mi culo y me levanta. Enredo mis piernas alrededor de su cadera sin dejar de saborear sus labios. Saben a menta, a frescura. Este hombre es simplemente adictivo.

Caemos sobre la cama, puedo sentir su erección, que al momento provoca mil sensaciones en mi, la primera, la humedad en mi entrepierna. Clavo mis uñas en sus hombros.

Separa sus labios de los míos. Tenemos la respiración entrecortada, excitada, el corazón grita deseando tenerlo dentro. Saca un preservativo de algún sitio y se lo coloca mientras yo tiro mi ropa interior por los aires sin ningún cuidado.

Hace el amago de tumbarse encima de mi, coloco la mano sobre su pecho y le ayudo a tumbarse. Me coloco encima de él a horcajadas sin apartar mi mirada de la suya. Poco a poco voy bajando hasta que soy yo la que marca el baile.

- Joder, nena - Gruñe.

Coloca sus manos a ambos lados de mis muslos. Me inclino y le doy un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja sin dejar de moverme rítmicamente. Sus manos ascienden hasta mis pechos, aprisiona mis pezones entre ellos. Se me escapa un gemido descontrolado.

Vuelve a colocar sus manos bajo mi culo y me levanta. Esta vez me tira sobre la cama sin ningún cuidado. Quiere mandar él y yo necesito que lo termine porque voy a explotar en cualquier momento.

Las acometidas aumentan el ritmo y la rudeza cada vez más.

- Alaric - Susurro con voz entrecortada.

- Córrete.

Su voz masculina, la exigencia y sus manos sobre mis pechos me llevan al orgasmo una vez más. Unos segundos después Alaric se desploma encima de mi intentando controlar la respiración.

- Que polvazo - Digo sin pensar.

Levanta la cabeza sorprendido por mi comentario.

- Tienes razón, ha sido un polvazo.

Nos quedamos un rato tumbados hasta que el corazón vuelve a su ritmo normal. Después vamos al baño y nos damos una ducha. Yo ya he activado el modo zombie, necesito dormir urgentemente.

- ¿Quieres que me vaya? - se queda de pie mientras yo me tumbo en la cama - Como te gusta desaparecer y estás en tu casa...

No me gustan las ataduras. Desde mi última pareja aprendí que no se puede esperar mucho de los hombres, así que no he vuelto a esperar nada de ellos, hasta ahora....

- Túmbate a mi lado - Pido haciéndome a un lado para dejarle hueco.

Capítulo 3 Un encuentro inesperado

Una vez al mes intentamos quedar las amigas para ponernos al día. No siempre lo conseguimos, pero cuando lo logramos, es inolvidable.

Mañana no tengo que trabajar, así que pienso beber y bailar hasta que no pueda más. Mientras termino de arreglarme miro el reloj de mi mesita de noche. Las chicas están a punto de llegar. Antes de salir nos ponemos al día con una copa entre las manos.

Nos conocemos desde el colegio, siempre hemos estado muy unidas, aunque no podríamos ser más diferentes. Mely y yo somos las que más nos parecemos, las dos decidimos estudiar derecho, pero Leah por ejemplo trabaja en un bar por las noches, le encanta su trabajo y es la más desvergonzada de todas y la más divertida. Alma es la más tímida, trabaja en un hospital de enfermera, tiene un don para tratar a los demás, siempre sabe que decir o hacer para hacerte sentir mejor.

Suena el timbre justo cuando estoy terminando de ponerme el rímel. Al abrir están todas con una amplia sonrisa pintada en la cara, Leah levanta una botella de Ron y varias copas en la otra mano. Tengo la sensación de que la vamos a liar demasiado.

- Deja que entre, puta - Leah se cuela entre codazos disimulados.

-Esa boca - riñe Alma.

- ¡Que guapas estais! - Digo mirando sus conjuntos.

Una vez dentro, se acomodan en el sofá y llenan los vasos de Ron, así a palo, sin Coca-Cola y sin nada. Solo espero no encontrarme con mi jefe o con algún compañero.

- Venga ¿Quién empieza? - Pregunto.

Como nos vemos poco, hicimos una especie de acuerdo, una promesa. Tenemos que ponernos al día, contarnos lo que nos ha pasado en este mes y después, empezar la fiesta.

- Yo, empiezo yo - Leah se levanta del sofa - Sigo trabajando en el bar, tengo un nuevo folla amigo, que por cierto, está tremendo. Le he pedido a mi jefe que me suba el sueldo y me ha dicho que se lo pensará.

Nada nuevo. Ella siempre está con algún tío guapísimo, pero es que ella es preciosa, tiene el pelo negro como la noche y largo hasta la mitad de la espalda y unos enormes ojos marrones.

Mientras nos vamos poniendo al día, las que escuchamos vamos bebiendo, es otra regla no escrita, así cuando terminamos de contar las penas y las alegrías estamos borrachas como cubas.

- Vale, me toca - Es el turno de Alma - Me han nombrado jefa de las enfermeras - Levantamos los vasos y gritamos emocionadas - hay un chico que me gusta... Y nos hemos tomado un café, pero de momento no ha pasado nada más.

Todas vamos contando nuestras historias. Cuando es el momento de salir, estamos un poco bebidas. Bajamos a la calle y esperamos a que pase un taxi. Ninguna está dispuesta a conducir y no beber en la única noche que quedamos.

Llegamos a la discoteca de moda

" Crazy's" Está a las afueras, la fachada se parece a un castillo, con torreones falsos y todo. Una vez que entras lo primero que ves es la pista de baile en el centro. La barra para pedir ocupa todas las paredes. Dentro puedes respirar glamour y dinero y sin duda es una mala idea venir aquí.

- Voy a por algo de beber - Mely sale pitando hacia la barra junto con Alma.

Leah baila alrededor mía. Sabe moverse como si fuera una profesional, mueve las caderas de una forma natural y yo me limito a moverme disimuladamente a su lado.

No se hacen esperar los buitres, se acercan igual que las Leonas a las cebras, despacio, por la espalda, intentando no hacer ruido.

- Buitres a las seis - Avisa Leah.

Llegan las chicas con las copas y le lanzan una mirada envenenada al pobre muchacho que intentaba cerrar la noche con un polvo.

Las horas van pasando demasiado rápido. Es nuestro único día del mes y no me puedo creer que ya esté llegando a su final.

Una mano se posa sobre mi hombro, me giro para mandar a la mierda al tío que intenta ligar.

- Lo siento, no estoy int... - Me doy cuenta de que lo conozco. Es un cliente del bufete - ¿Alex?

Me regala una amplia sonrisa. Alex es dueño de una empresa mediana. Aunque no es de los más fuertes, es bastante interesante como poco a poco va mejorando su cotización.

- No sabía que supiera bailar señorita Blake.

- Eda, por favor - Pido ruborizándome.

Mis amigas están bastante locas, pero entienden que cuando es algo de trabajo tienen que comportarse, así que han dejado de bailar como locas y se han puesto a charlar tranquilamente mientras se mueven despacio.

- Eda, te invito a una copa y así charlamos.

Me giro hacia las chicas. No quiero dejarlas, pero no puedo hacerle un feo a uno de los clientes, podría llegar a oídos de mi jefe y adiós ascenso.

- Nosotras estamos bien - Leah siempre al rescate - tómate esa copa.

- Está bien - Me tiende el brazo como si fuera un auténtico caballero de brillante armadura.

Salimos de esta sala por una puerta que hay en uno de los laterales. Esta es más pequeña y acogedora, en lugar de pista de baile hay mesas repartidas elegantemente, el ambiente es íntimo, demasiado para estar aquí con un cliente.

En cuanto nos sentamos, una camarera con una reluciente sonrisa se acerca a nosotros.

- ¿Os tomo nota?

- Yo agua por favor.

Si estuviera con las chicas me habría pedido alguna bebida con alcohol, pero ya estoy lo suficiente borracha y no me gusta la idea de sentirme abotargada delante de personas que conozco poco.

- Olvida el agua - Levanta una mano como si acabara de escuchar una tontería muy grande - Dos whiskies, por favor.

No lo rebato porque no quiero dejarlo en evidencia delante de la camarera, que por la cara que ha puesto ya se ha sentido bastante violenta, pero como soy rebelde desde que nací, no pienso beber ni una gota del whisky que traiga.

- Bueno, cuéntame ¿Cómo te van las cosas? - Cambio el tono al profesional.

Venga Eda, una Copa y te despides educadamente.

- No puedo quejarme, gracias a vuestros contratos siempre salimos ganando.

Inclino ligeramente la cabeza agradeciendo el cumplido.

- Tal vez podríamos quedar otro día y cenar - deja caer mientras coloca un dedo sobre su labio.

Ahora me doy cuenta del tremendo error que acabo de cometer. En cuanto me ofreció tomar una copa tranquilamente debería haberlo rechazado de forma educada. Ahora tengo que declinar su oferta porque aunque es guapo, no es mi tipo. Mi prototipo de hombre tiene nombre y me lo he tirado dos veces ya.

No quiero decir que sea una mojigata de esas que conocen a un tío y se enamoran y le juran amor eterno, eso lo dejo para las telenovelas y las películas del sábado por la tarde.

- Señorita Blake, que grata coincidencia.

Esa voz me transporta a una noche de sexo. Parece cosa de embrujo, pienso en él y aparece. Despacio levanto la vista hasta ver lo altísimo que es y lo bien que le quedan los trajes, parece hecho a medida, se amolda a la perfección a sus brazos y piernas.

- Alaric - Saludo dejando escapar una sonrisilla.

Alex espera que lo presente o que le de alguna explicación sobre quien es ese hombre. Una idea loca se forma en mi cabeza, tal vez la mejor para tener que ahorrarme el rechazo que estaba a punto de darle.

- Perdona Alex, este es Alaric, mi novio.

Le pego un pisotón con el tacón antes de que pueda decir algo y me deje como una mentirosa. Abre la boca un par de veces y después vuelve a cerrarla.

-¿... Y porqué te llama señorita Blake? - pregunta poco convencido.

Alaric ríe siguiéndole el juego por fin.

- Una pequeña broma que tengo con mi cariñín - Acerca sus labios a mi mejilla y me deja un sonoro beso.

Que vergüenza estoy pasando. Le acaricio la mejilla y cuando Alex aparta la mirada le pego una bofetada.

- Bueno Alex, ha sido un placer verte - Me levanto y me coloco bien el vestido - gracias por la copa.

Le tiendo la mano a modo de despedida y me agarro al brazo de Alaric para alejarme lo antes posible de allí. Cuando creo que estoy lo suficiente lejos dejo escapar casi todo el aire de los pulmones

- Muchas gracias - Susurro - Acababa de invitarme a cenar y no sabía cómo decir que no.

Gira la cabeza para mirarlo.

- Muy fácil, repite conmigo : NO - Bromea - Que sepas que me debes una.

El aire fresco de la calle me golpea, agradezco sentir el frío, así puedo espabilarme y quitarme parte del alcohol que nubla mis sentidos. No hay nadie que pueda vernos, suelto su brazo y me alejo en busca de un taxi.

- Si, si, lo que tu quieras. Ya nos veremos.

Dejo de sentir la estabilidad de su agarre, y veo como voy haciendo eses al caminar. Lo mejor es que me quite los tacones si no quiero caerme y partirme la crisma.

- Eh ¿Puedo saber que estás haciendo? - Pregunta Alaric acercándose.

- Busco un taxi para irme a casa.

- Yo te llevo, tengo el coche cerca.

Sopeso la mejor opción. Aunque tampoco quiero que se sienta obligado, no quiero que crea que soy una de esas locas desesperadas por un novio. Ya he pasado por eso y sinceramente, de momento no quiero repetir.

- No te preocupes, sigue con la fiesta.

- Insisto - Me agarra por la cintura y me levanta como si fuera un saco de patatas y me coloca sobre su hombro.

No sabía que este hombre podía convertirse en hooligans, pero así es. Podría patalear y gritar, pero no soy de esas. Simplemente voy a esperar a llegar a su coche, en cuanto me deje en el suelo le daré una patada en la espinilla.

Me deja sobre el suelo y hago lo que he prometido, le pateo la espinilla. Pone cara de dolor, pero mantiene la compostura.

- Que madura...

- Dijo el hombre que se comporta como un cavernícola.

Coloco las manos sobre las caderas y lo encaro.

- Sube al coche - Sisea abriendo la puerta y apartándose para que entre.

- ¿Y si no quiero?

Cierra un segundo los ojos y resopla.

- Pienso llevarte a tu casa - Su voz ha bajado unos tonos, grave y sensual - voy a azotarte por no saber beber y después voy a follarte lo que queda de noche.

Me ha dejado sin palabras. Aprieto las piernas. Me ha excitado sus sucias palabras. Pensar que me coloca sobre su regazo mientras me azota me humedece al momento.

Trago saliva y despacio me coloco sobre el asiento del copiloto. Alaric se agacha a mi lado y me abrocha el cinturón de seguridad con una sonrisa pintada en su cara.

- Buena chica.

Rodea el coche y se sienta a mi lado. Mi corazón se acelera solo de pensar como va a terminar la noche. Este Adonis entre mis piernas es la mejor forma.

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