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Nunca más seré tuya

Nunca más seré tuya

Autor: : IReader
Género: Moderno
Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor. Él la había criado, pero ella nunca lo vio como pariente; estaba segura de que terminarían juntos. El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país. La joven escuchó a su tío hablando con sus amigos sobre ella: "Camila es solo una niña para mí; nunca podría verla de esa manera. La única persona a la que amo es Olivia". Ella se alejó, y Ryan se derrumbó. Más tarde, en su boda, Camila sonrió radiante en su vestido blanco de novia. Ryan suplicó: "Me arrepiento, Camila. Por favor, no te cases con él". Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando".

Capítulo 1 Jamás podría verla de forma romántica

Camila Evans había elegido un regalo muy considerado para el cumpleaños de Ryan Owen.

Al llegar al reservado donde él celebraba con sus amigos, se detuvo en seco al escuchar sus voces a través de la puerta.

"Ahora que Olivia volvió, por fin pueden estar juntos, Ryan. Pero Camila es bastante terca. ¿Y si causa problemas?".

A través del cristal, la tenue luz dificultaba leer el rostro de Ryan, pero su tono sonó cortante. "Solo es una niña. No importa lo que diga".

"Camila puede ser joven, pero todo el mundo ve que siente algo por ti. ¿Quieres decir que nunca pensaste en ella de esa manera?".

La pregunta directa de Vernon Clayton hizo que el corazón de Camila se acelerara.

Ella se esforzó por captar cada palabra, desesperada por saber si Ryan había albergado alguna vez sentimientos románticos por ella.

Sentado en el centro del sofá, Ryan se veía relajado, con esa seguridad impecable que siempre lo distinguía.

Tras una pausa calculada, respondió con tono gélido e inflexible: "Chicos, no sigan con eso. Camila es joven e imprudente. Para mí es como una sobrina; jamás podría verla de forma romántica".

Esas palabras se clavaron como un puñal en el pecho de la chica.

Ajeno a su presencia justo fuera de la puerta, Vernon siguió bromeando. "Está bien, está bien, lo entendemos: Olivia es la que de verdad te importa. Camila nunca le va a llegar ni a los talones".

Ryan asintió levemente. "Solo ten cuidado de no mencionar a Camila delante de Olivia. No quiero que se confunda".

"¿Y para qué vamos a hablar de ella?". Vernon dejó escapar un pesado suspiro y añadió con fastidio: "Con la personalidad de Camila, nunca se quedará de brazos cruzados viendo cómo acabas con otra persona".

"Es cierto", intervino otro hombre entre risas. "¿Qué edad tiene ahora, veinte? ¿Por qué no sales con Camila y Olivia? Camila no tiene otro sitio adonde ir y ha estado enamorada de ti desde siempre. Seguro que aceptaría sin dudarlo".

La mirada de Ryan se volvió gélida y el silencio se apoderó de la sala. "¿De qué estupideces están hablando? La única razón por la que hice que mi hermano adoptara a Camila fue porque me daba pena. Mi corazón solo ha pertenecido a Olivia. No digan cosas que me pongan los pelos de punta".

Camila apretó el pomo de la puerta con tanta fuerza que le dolieron los dedos. Por un momento, apenas pudo respirar.

Así que eso era lo que sus sentimientos significaban para él: como algo asqueroso.

Había llegado dispuesta a entrar y enfrentar lo que fuera, pero de pronto se quedó sin fuerzas.

Sin decir palabra, bajó la vista, se tragó el escozor de la garganta y se dio la vuelta.

Afuera, la calle estaba silenciosa y desierta, extendiéndose sin fin ante ella.

Por lo exclusivo del club, no se veía ni un solo taxi cerca.

Con el regalo apretado contra las manos, Camila avanzó a paso ligero por el camino solitario.

La conversación de Ryan con sus amigos se repetía en su mente.

Después de tantos años, ¿a qué se había estado aferrando exactamente?

Soltó una risa amarga y se susurró a sí misma: "Camila, ¿de verdad fuiste tan tonta?".

Unas lágrimas que no quería soltar le quemaban las mejillas, pero ni siquiera se molestó en secárselas.

En la siguiente esquina, un torrente de faros la deslumbró; su brillo le escocía los ojos ya doloridos. En ese instante, su mano soltó la presa.

El regalo, unos gemelos carísimos que había comprado con sus ahorros, cayó al suelo con un golpe seco. Ya no significaban nada para ella.

Respiró hondo, sacó el celular e hizo una llamada.

"Kyson, he tomado la decisión. Acepto tu propuesta. Casémonos".

Kyson Blake era cinco años mayor que ella, un vecino de la infancia del círculo de la familia Owen. Tras el instituto, se había ido al extranjero y solo había regresado a Aslesall hacía poco.

La última vez que se vieron, Kyson le había hablado abiertamente de las presiones a las que se enfrentaba: expectativas, matrimonios concertados, negocios familiares. Su propuesta había sido práctica, casi amable.

"Camila, ya sabes cómo funciona esto. Tú y yo estamos destinados a matrimonios que sirvan a nuestras familias, no a nosotros mismos. Si nos van a empujar a algo, ¿por qué no elegirnos el uno al otro, a alguien que nos entienda? ¿Y si nos casamos?".

Cuando Kyson se lo propuso por primera vez, Camila solo pudo reírse. Sin embargo, esa noche, la idea no le pareció descabellada en absoluto.

Miró por encima del hombro hacia el club, cuyas luces de neón palpitaban en atrevidas y coloridas ráfagas; cada parpadeo parecía hacer eco de los últimos rescoldos de sus sentimientos por Ryan.

"Nos conocemos desde la infancia. Es mucho mejor que casarse con un desconocido. Si sigues dispuesto y tu familia tiene prisa, podríamos hacerlo oficial pronto", dijo por el celular.

Kyson se sorprendió de lo rápido que había tomado la decisión. Hubo una pausa y luego respondió: "Tú solo dilo y voy a buscarte. ¿Cuándo estás lista?".

Camila miró la bolsa olvidada en la banqueta. "Dame tiempo de organizar lo de mis prácticas profesionales".

Si iba a casarse con Kyson, no había razón para quedarse en Jucridge.

Colgó y caminó durante lo que le pareció una eternidad antes de conseguir por fin un taxi que la llevara de vuelta a la Finca Atardecer.

La propiedad estaba en el corazón de la ciudad, un lugar privilegiado a solo cinco kilómetros de la casa donde nació, antes de que su vida se derrumbara.

A los nueve años, el mundo de Camila se hizo añicos cuando la empresa de su familia quebró. Abrumados por las deudas y el acoso constante de los acreedores, sus padres perdieron la esperanza y la dejaron completamente sola. Incluso su hogar fue destruido, reducido a cenizas.

Los acreedores no mostraron piedad y, durante un tiempo, pareció que ni la pequeña Camila estaría a salvo de sus garras.

Ryan intervino cuando nadie más lo hizo.

Él solo tenía diecisiete años, pero se enfrentó a su hermano mayor, Sawyer Owen. "Yo no puedo ser su tutor legal porque no estoy casado. Tú fírmale los papeles de adopción y yo me encargo de todo lo demás".

Ryan cumplió esa promesa. Le dio a Camila lo mejor de todo, protegiéndola y consintiéndola con el paso de los años.

Pero para ella, él nunca fue realmente un tío, por mucho que usara ese título.

Camila creció creyendo que Ryan y ella estaban hechos el uno para el otro.

En su decimoctavo cumpleaños, le confesó que le gustaba.

Ryan la rechazó, diciéndole que era demasiado joven, que había demasiada distancia entre ellos, insistiendo en que solo podía tratarla como a una sobrina.

Sin embargo, mientras ponía esa distancia, tampoco dejaba que ningún otro hombre se le acercara.

Camila confundió esa protección con celos; pensó que él solo esperaba a que ella madurara.

Creía sinceramente que un día, si era lo suficientemente paciente, todo encajaría para ellos.

Mientras la ciudad desfilaba ante la ventanilla en un borrón de luces y sombras, Camila miraba hacia afuera, absorta en sus pensamientos. Las lágrimas le escocían los ojos por razones que no alcanzaba a definir.

Se dio cuenta de que hacerse mayor no había aliviado el dolor, y que renunciar al amor era una pena en sí misma.

En ese momento, se prometió que sacaría a Ryan de su corazón.

Poco después, Camila por fin estaba en casa. Se enjugó las últimas lágrimas, reprimió todos sus sentimientos y subió las escaleras sin decir palabra. Se dio una ducha caliente y, poco después, se metió en la cama y se dejó llevar por la oscuridad.

Estaba segura de que el sueño la rehuiría. En cambio, descansó más profundamente de lo que esperaba. A la mañana siguiente, se despertó con fuertes ruidos metálicos que resonaban por toda la casa, como si alguien estuviera revolviendo toda la cocina.

Una vez vestida, Camila siguió el estruendo escaleras abajo, donde este se volvió aún más agudo y persistente.

Todavía aturdida, bostezó y se dirigió hacia la cocina, suponiendo que la criada ya estaba trabajando.

"Te levantaste bien temprano...", empezó a decir, pero se calló al ver quién estaba ahí.

Una mujer se movía entre la estufa y la encimera, vestida de blanco, con un delantal color crema atado con pulcritud a la cintura. Llevaba el pelo largo recogido con una elegante pinza y todo en ella parecía cuidadosamente arreglado.

Camila se detuvo en seco. Era Olivia Marsh, el primer amor de Ryan. La mujer que él nunca pudo olvidar.

Olivia se volvió con una sonrisa radiante, como si perteneciera a ese lugar. "¡Camila, estás despierta! Iba a terminar el desayuno y luego ir a buscarte. No pensé que te levantarías tan pronto".

Camila se mordió la lengua para no soltar una burla. Con todo ese estrépito, habría tenido que estar sorda para seguir durmiendo.

Respiró hondo, se serenó y esbozó una débil sonrisa. "¿Qué te trae por aquí tan temprano?".

Olivia se tocó los labios, aparentando modestia. "Ryan bebió demasiado anoche. Lo traje a casa, lo ayudé a limpiarse y, como estabas sola, pensé en prepararnos el desayuno".

Así que... los dos habían pasado la noche juntos.

La poca cortesía que le quedaba a Camila desapareció y su voz se enfrió. "Y dime, ¿quién te pidió que hicieras algo?".

Una voz aguda llegó desde sus espaldas: "Camila, ¿así fue como te eduqué? ¡Discúlpate!".

Capítulo 2 Cuanto más cruel te vuelves

La espalda de Camila se tensó y, tras un prolongado momento de inmovilidad, se dio la vuelta con lentitud.

Ryan acababa de salir de la ducha y aún gotaba agua de su cabello. Aunque llevaba ropa sencilla, color gris oscuro, se veía tan elegante como siempre. Sin esa expresión severa que solía tener, bien podría ser el hombre ideal de cualquiera.

Camila apretó los labios y desvió la mirada, para no hacer contacto visual.

Olivia alternó su mirada entre ambos, para luego lanzarle a Ryan una mirada de reproche antes de enlazar su brazo con el de él. "¿Por qué te muestras tan brusco? Camila acaba de despertarse. ¿Quién no amanece de mal humor? Aparte, tú tampoco eres un angelito que digamos".

Aunque la estaba regañando, usó un tono juguetón que restaba importancia a sus palabras.

Camila se puso pálida y no pudo sacudirse la sensación de ser una intrusa allí.

El humor de Ryan no había mejorado del todo, pero la tensión en la estancia disminuyó un poco. Le dio unas ligeras palmaditas en el hombro a Olivia, en un gesto de consuelo, y luego observó a Camila con seriedad. "Ven conmigo al estudio".

Sin decir nada, la joven lo siguió.

Olivia habló a sus espaldas con el ceño fruncido por preocupación. "Puede que seas su tío, pero no hace falta que seas tan duro con ella. Por una vez, intenta hablarle con amabilidad".

Camila murmuró algo entre dientes, con sarcasmo. Todavía ni se casaban y Olivia ya se sentía la dueña de la casa.

Distraída por sus pensamientos, no se percató de que Ryan se había detenido hasta que chocó contra él. El impacto le produjo un leve hormigueo en la nariz.

"¿En qué estás pensando que te tiene tan ausente?".

La voz profunda de Ryan la envolvió. Camila alzó la vista y se encontró con sus fríos ojos clavados en los suyos.

Casi sin pensarlo, replicó: "¿Acaso no lo sabes?".

Ya fuera un último destello de esperanza o simple curiosidad por su reacción, las palabras se le escaparon.

Ryan frunció aún más el ceño. La contempló durante un largo y silencioso instante antes de hablar: "Camila, ya te he advertido que no alimentes ideas equivocadas. Estás a punto de graduarte y me aseguraré de que encuentres un novio adecuado, pero eso nunca será conmigo. Soy tu tío, y pronto Olivia será mi mujer. Tienes que respetarla igual que a mí. ¿Lo entiendes?".

Era la primera vez que Camila lo oía hablar con tanta crudeza.

No solo no correspondía sus sentimientos, sino que además estaba decidido a organizar su futuro con otra persona.

Eso coincidía con lo que Kyson le había dicho.

¿Qué estaba esperando ella?

¿No era ella quien había intentado dejar todo eso atrás ya?

Camila exhaló lentamente, dándose cuenta de que soltar no era tan difícil como había imaginado.

Asintió. "Lo entiendo, tío Ryan".

El hombre enarcó las cejas, sorprendido por la rapidez con que aceptaba sus palabras.

Por lo general, solo se dirigía a él con tal formalidad cuando quería que la perdonara después de haber armado algún lío, y siempre le llevaba la contraria.

Convencido de que por fin había entendido, Ryan suavizó el gesto. "Mira, Olivia se está esforzando por ser amable contigo. Incluso ha preparado el desayuno esta mañana. Intenta no ser tan fría con ella, ¿de acuerdo?".

Camila no pudo evitar pensar que, aunque Olivia no hubiera cocinado, Ryan lo habría hecho. Además, la comida era lo último que le importaba en ese momento. Aun así, se guardó sus reflexiones y respondió: "De acuerdo. Me llevaré bien con ella".

El cambio en su actitud dejó a Ryan intranquilo. La observó un buen rato, como si buscara algo más que decir, antes de preguntar: "¿Por qué no apareciste anoche?".

Ayer había sido su vigésimo octavo cumpleaños. Camila había ido al club, pero no había entrado en la sala privada.

Mientras lo reflexionaba, respondió en voz baja: "Hubo un seminario en la universidad que se alargó. Estaba agotada, así que vine directa a casa. Feliz cumpleaños, tío Ryan".

Lo único que deseaba ahora era cerrar asuntos pendientes y seguir adelante en silencio, así que no veía motivo para demorarse ni dar más explicaciones.

Ryan asintió. Tras vacilar un momento, extendió la mano y le acarició suavemente la cabeza. "Si alguna vez necesitas hablar, puedes acudir a mí. No te guardes las cosas dentro. Anda, ve a comer algo".

Camila nunca había imaginado que terminaría en una situación así: sentada a desayunar con el hombre al que amaba, compartiendo la comida preparada por la mujer a la que él amaba.

Consideró brevemente excusarse, pero comprendió que si de verdad estaba dispuesta a dejarlo ir, podía soportar escenas como esa.

Además, pronto se iría de la ciudad.

Cuando terminaron el desayuno, Ryan subió a cambiarse de ropa.

Camila planeaba volver a su habitación para hacer la maleta. Más tarde tenía que reunirse con su tutor en la universidad para hablar sobre sus prácticas en Aslesall.

"Camila".

La voz la hizo detenerse en seco.

Se volvió y vio a Olivia en la puerta de la cocina. Llevaba puestos guantes de goma y se apoyaba en el marco con una elegancia natural: la imagen misma de una mujer al mando.

Camila sintió un nudo en la garganta, pero mantuvo el rostro impasible al preguntar: "¿Qué pasa?".

"Nada urgente, solo quería platicar contigo". Olivia esbozó una dulce sonrisa, aunque sus ojos no transmitían calidez alguna. "He oído que siempre has destacado en los estudios, incluso que te saltaste algún curso, ¿verdad? Ahora que la graduación está a la vuelta de la esquina, ¿ya has elegido dónde harás las prácticas?".

Sus palabras sonaban amables, pero Camila percibió que buscaba información.

Con una sonrisa educada pero vacía, respondió: "No creo que eso sea asunto tuyo".

En un principio, Ryan había dispuesto que hiciera las prácticas en una empresa del Grupo Owen. La idea la había entusiasmado; se había imaginado trabajando codo con codo con él. Pero ahora nada de eso parecía importar.

El rostro de Olivia se crispó un instante antes de forzar otra sonrisa. "Solo quería saber de ti. Después de todo, Ryan es un hombre, y hay muchas cosas de las que quizá no se sienta cómodo hablando contigo".

Camila estuvo a punto de decirle que ella siempre le contaba todo a Ryan. Pero entonces recordó que el corazón de ese hombre pertenecía a Olivia, no a ella. No tenía sentido discutir.

"Lo comprendo", respondió con tono neutro.

Olivia parpadeó, sorprendida por la falta de resistencia. Tras dudar un momento, ofreció: "Ya eres mayorcita. ¿No te sientes incómoda viviendo con Ryan? Quizá deberías venir a quedarte conmigo. Me haría mucha ilusión tener tu compañía".

Camila había oído montones de historias sobre vidas amorosas complicadas y visto suficientes dramas románticos plagados de mentiras y maquinaciones. Antes pensaba que eran exageraciones, pero ahora veía que la realidad era igual. Olivia no la invitaba por amabilidad; solo quería sacarla de la vida de Ryan.

Sintió otra vez ese nudo en la garganta, como una espina clavada. Incapaz de contenerse, dio un paso al frente y clavó la mirada en Olivia. "¿Debería estar agradecida por tu amabilidad?".

Algo en la mirada firme de Camila pareció inquietar a Olivia. Esta retrocedió un paso, azorada. "No hace falta".

De repente, sus ojos se desviaron por encima del hombro de Camila. Suavizó la voz. "Camila, no deberías preocuparte de que te quite a Ryan... Yo...".

No terminó la frase. Tropezó con el escalón de la puerta y se fue para atrás, cayendo al suelo.

Camila se movió por instinto para ayudarla, pero antes de que pudiera reaccionar, alguien la apartó con brusquedad, con tanta fuerza que la hizo chocar contra la esquina de la mesa.

Ryan la fulminó con la mirada. Su expresión era gélida y estaba plagada de decepción. "¡Camila, entre más creces, más cruel te vuelves!".

Capítulo 3 Kyson, me lastimé

Camila se quedó paralizada por la fría e implacable mirada de Ryan, incapaz de decir una sola palabra.

El dolor le recorrió todo el costado por el golpe, pero no pudo hacer nada más que quedarse allí, en silencio, viendo cómo él levantaba a Olivia con delicadeza y se la llevaba, dejándola atrás.

Sin darse cuenta, las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas. Camila solo pudo contener un sollozo, clavada en el lugar e incapaz de moverse.

Poco después, el sonido lejano de la puerta principal al abrirse rompió el silencio.

La empleada de la limpieza llegó, tarareando para sí misma camino del comedor. La alegre tonadilla se interrumpió en seco cuando vio a Camila. "Niña, ¿qué pasó? ¿Por qué lloras así?".

Esa simple pregunta acabó con el último resto de compostura que le quedaba. La voz de Camila le tembló al responder: "¿Puedes ayudarme? Me duele muchísimo el costado".

La mujer no perdió tiempo. Llamó al administrador de la finca para que pidiera un auto y llevó a Camila a toda prisa al hospital más cercano.

Tras una batería completa de pruebas, los resultados le trajeron un leve alivio: no había ningún daño grave.

"Intente evitar golpes en la cintura durante un tiempo, y recuerde aplicarse la pomada con regularidad", le dijo el médico, viéndola tan jovencita. "Puede que le salgan unos moratones feos, pero desaparecerán pronto. No se preocupe demasiado".

Camila le dio las gracias en voz baja y salió tras la señora de la limpieza.

Ya en la calle, la mujer se volteó a verla. "¿Quiere que le avise al señor Owen?".

"No hace falta".

Camila supuso que Ryan estaría ocupado atendiendo a Olivia, y que había pocas probabilidades de que se acordara de ella en ese momento.

Esbozó una sonrisa amarga mientras giraba la cintura con cuidado, notando que el dolor ya no era tan fuerte. Entregándole la pomada a la señora de la limpieza, murmuró: "Ya puedes volver. Yo me voy a la universidad".

La mujer vaciló, con el rostro marcado por la preocupación. "¿Está segura de que se encontrará bien?".

"El médico ha dicho que no es nada grave, que no hay huesos rotos. Me las arreglaré".

Después de insistirle un poco, la señora de la limpieza accedió finalmente a marcharse. Sola en el asiento trasero del auto, una oleada de soledad invadió a Camila.

Había vivido bajo el techo de Ryan desde niña, sintiéndose siempre protegida del daño. Y, sin embargo, ahora que realmente necesitaba a alguien, el único consuelo le había llegado de la señora de la limpieza.

Suspiró para sus adentros, comprendiendo que todas las relaciones acaban por distanciarse; la suya con Ryan simplemente había terminado un poco antes que la mayoría.

Más tarde, después de entregar unos papeles, Camila informó a su tutor de su intención de hacer las prácticas en Aslesall.

El profesor parpadeó, sorprendido. "¿Aslesall? Eso está muy lejos. Creía que no soportabas la idea de separarte de tu tío y que planeabas unirte a su empresa. ¿No se preocupará si te vas tan lejos?".

Camila dudó, insegura de cómo explicar su complicada historia con Ryan. Tras una pausa, respondió: "No estamos emparentados por sangre, y no puedo seguir dependiendo de él para siempre. Pronto cumpliré veintiún años. Ya es hora de que aprenda a valerme por mí misma. No tiene motivos para oponerse".

Su tutor consideró sus palabras y dejó escapar un suave suspiro. "Mira, nadie necesita contarme lo mucho que se preocupa tu tío por ti. Es algo que todos en el campus pueden ver, profesores y alumnos. Incluso ahora que ya eres casi una adulta, sigue apareciendo para llevarte a casa, como si quisiera protegerte de todo peligro posible. Pero tienes razón en querer crecer por tu cuenta; hay mucho que aprender más allá de estos muros. Creo de verdad que te irá bien, vayas donde vayas. Cuenta con mi apoyo".

Camila asintió con gratitud y se quedó unos minutos charlando antes de abandonar el campus.

Su etapa universitaria no había durado mucho, pero las palabras de su tutor le trajeron recuerdos.

Durante su primer año, Ryan incluso había comprado un piso cerca del campus para poder cocinarle.

Aquel tipo de cuidados parecían pertenecer a otra vida.

Ahora, su mundo giraba en torno a otra persona, alguien a quien de verdad deseaba amar y con quien construir un futuro. Camila entendía que, en el fondo, su presencia empezaba a ser una carga para él.

Quizás alejarse era la mejor forma de mostrarle su gratitud, un regalo de despedida en silencio.

Estaba segura de que Ryan estaría demasiado ocupado con Olivia como para volver a casa esa noche.

Pero, al entrar, lo vio en el sofá, concentrado en su portátil.

El ruido de la puerta hizo que alzara la vista. "¿Ya has vuelto de clase?".

Camila no esperaba verlo allí. La señora de la limpieza debía de haberlo mantenido informado.

"Sí", respondió ella, dejando sus cosas en el armario con sigilo. Tras una breve pausa, preguntó: "¿Cómo está Olivia? ¿Se encuentra bien?".

Al oír el nombre de Olivia, Ryan frunció el ceño, y un destello de irritación cruzó sus facciones.

Camila intuyó que estaba a punto de regañarla por haber lastimado de nuevo a Olivia, así que bajó la cabeza y guardó silencio.

Para su sorpresa, Ryan cambió de tema. "Me marché demasiado deprisa antes. La señora de la limpieza me comentó que te diste un golpe bastante fuerte contra la mesa. ¿Fue grave?".

Camila apretó la mano en un puño, para luego relajarla lentamente. Miró al suelo y respondió en un tono bajo: "No fue nada. Estoy bien".

Ryan no se lo creyó ni por un instante. Recordó que la señora de la limpieza había mencionado que Camila había llorado, algo que ocurría muy raramente. Ella siempre había sido dura, así que la molestia debía de haber sido insoportable.

Cerró el portátil, lo dejó a un lado y se acercó a ella. "Déjame ver la herida...".

Cuando él extendió la mano, Camila retrocedió instintivamente.

La mano de Ryan se quedó suspendida en el aire, en un gesto a medio completar. La sorpresa brilló en sus ojos ante su retirada.

"¿Camila?". Su voz sonó más suave, cargada de conflicto. "Sé que en ese momento solo pensaba en Olivia, y no me di cuenta de por lo que estabas pasando. Lo siento, ¿de acuerdo?".

Camila sintió un dolor sordo en el pecho. Él solo se había preocupado por Olivia; a ella no la había visto en absoluto.

Con la cabeza gacha, la joven ocultó su rostro y respondió con voz indiferente: "Solo fue un moratón. Nada comparado con lo de Olivia. Deberías quedarte a su lado".

"¿Estás segura de que estás bien?".

"Que sí, estoy bien".

Ryan se le quedó viendo durante un largo momento antes de relajarse, convencido de que hablaba en serio. Conociendo su temperamento, supuso que habría montado un escándalo si las cosas hubieran estado realmente mal.

Estaba a punto de continuar la conversación cuando sonó su teléfono. Contestó, y su voz se suavizó al instante.

"¿Olivia? ¿Qué pasa? ¿Te has hecho daño?", preguntó, agarrando su chaqueta sin perder un segundo. "Voy para allá".

Se dirigió a toda prisa hacia la puerta, pero se detuvo y miró a Camila. "Si ocurre cualquier cosa, avísame. Cuídate, e intenta no salir a no ser que sea necesario".

Camila se quedó en silencio, observando cómo salía corriendo, arrancaba el auto y desaparecía calle abajo.

El silencio se extendió a su alrededor, y la molestia en su cintura comenzó a palpitar de nuevo.

De repente, su teléfono vibró dentro del bolso. La pantalla se iluminó con el nombre de Kyson, y un nudo se le formó en la garganta.

Contestó, con la voz quebrada: "Kyson, me lastimé...".

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