Guardo un secreto. Me entretiene engancharme al novio de mi amiga.
Sí, me flipa desenmascarar a esos tipos justo delante de sus novias, para que ellas vean bien claro que no deberían lanzarse al amor con los ojos cerrados.
Hoy ando de buenas. No pasó nada raro, simplemente tengo buen humor, y además, esta noche voy a ver una obra.
Iba tarareando bajito mientras sonaba mi rola favorita "Love Me Like You Do" de Ellie Goulding. No me juzgues por mi playlist, ¿vale?
Hoy apenas teníamos algunas clases.
Se me cruzó por la cabeza cómo sería el mundo sin ese rollo del "amor". Todo el mundo suelta eso de que el amor te deja ciego. y, la neta, sí, pienso igual.
Pero lo que no entiendo es por qué siguen todos obsesionados con algo que solo los traiciona y los rompe por dentro.
Tengo 17. (Ya casi soy mayor de edad, wuuu). Y ni de broma soy de esas que dependen de un tipo.
Tuve mi primer amor a los 14. Sí, ya sé, bien temprano. Y también fue la primera vez que me traicionaron. Esa traición fue tan fuerte que cambió completamente quién era antes.
Se me escapó una lágrima. Me la limpié rápido.
"Zorra, ¿dónde rayos estás?"
Ay, esa voz... ya la estaba esperando. Se viene mi drama personal, episodio nuevo.
Me giré para ver quién era. Era obvio, mi queridísima Rebecca.
Ella dista mucho de ser amable, su nombre no le queda para nada jaja.
La verdad, llevaba rato esperando este momento con ganas.
"¿Eres una zorra?" gritó Rebecca mientras soltaba un golpe sobre mi escritorio. Uff, está modo intensa.
Le respondí tranquila, "¿Por qué me preguntas eso, Rebecca?"
"No te hagas la tonta", me lanzó con cara de pocos amigos.
Fruncí el ceño. "¿De qué estás hablando?"
"¡Tú! No te hagas... Sabes que Ethan es mi novio, entonces ¿por qué lo sedujiste y saliste con él?"
Le contesté con una sonrisita entre burlona y triste.
Y en eso, empecé a sollozar, justo antes de que pudiera ver mi cara de poker.
Sí, otra vez le bajé el novio a una amiga. Llevo ya un año con esta costumbre. ¿Y sabes qué? Me entretiene bastante.
"¿Qué? No... no fui yo. No puede ser." dije entre suspiros y lágrimas. Obvio sí era.
Rebecca dijo, "Alguien me pasó unas fotos de mi chico con una chica. Sé que eres tú." Y me las mostró.
"Eso no puede ser verdad," sollozaba.
"La gente solo quiere meterse entre nosotras. ¿Cómo puedes creer lo que otros digan antes que a mí?" dije frotándome los ojos como si me doliera el alma.
Pobre Rebecca, si supiera que fui yo misma quien mandó esas fotos jaja por poco no me rio.
"Sí, esas fotos vinieron de ti. Mis amigas también me advirtieron, dijeron que también les hiciste lo mismo con sus novios."
"No sé de qué hablas, de verdad. yo no hice nada," dije poniéndome en plan víctima.
"No me vengas con cuentos, perra."
"Rebecca, yo no tengo la culpa. Solo. él me llamó y me pidió que lo viera," tartamudeé.
"¿Y aún así te acostaste con él? ¿Te parece normal aceptar algo así?"
[por favor, que ni me toquen. Detesto el contacto físico. Siempre me mantengo a al menos un brazo de distancia de esos tipos desagradables. Para que creyera que pasó algo, le di a Ethan una bebida bien cargada con somníferos. Cayó redondo. Luego, solo fingí. Pero el muy caído creyó todo.]
Y dije llorando, "No, Rebecca... no es cierto. Le dije que no... pero él... él me obligó."
Rebecca se tragó toda la historia. "Está bien."
Ya se iba, pero antes se volteó a advertirme que me mantuviera lejos de su novio. Como ya había dicho lo que quería oír, asentí. Se fue con sus amigas.
Yo volví a lo mío, como si nada.
La clase terminó y me preparé para salir del aula cuando escuché un alboroto. Me di la vuelta. Era Rebecca y su novio peleando.
Eso sí que era el "amor", me reí por dentro. Ya había aprendido más que suficiente desde pequeña. cortesía de mi familia.
Ya te conté de la mayoría de los personajes... pero faltan varios.
Salí de la uni manejando mi Maybach Exelero. Me encantan los autos y las motos.
Cuando llegué a casa, vi a mi hermano volviendo también. Al verme, me soltó: "Uy, hoy estás con la sonrisita muy feliz. Seguro otra relación cayó por tu culpa." Me reí. "No era una buena relación, bro."
"Solo tú decides cuáles valen la pena o no", me imitó burlón. Luego siguió, "Ya verás que un día te va a tocar a ti."
"Tranqui, hermano. Yo paso del drama amoroso. Y si necesitas con quién salir, puedo presentarte a alguien."
Él se sinceró: "No gracias. Conociéndote, terminaría otra vez solo y echándote la culpa."
"..."
No le contesté.
Cuando entramos, nos topamos con mi madrastra. Nos preguntó cómo nos fue en el día.
"Todo bien," contesté.
Sin dar más vueltas, me fui directo a mi habitación.
Ah, y para que no se confundan. mi madre no está muerta. Vive feliz por ahí con su amante.
Todo fue culpa de mi papá, Ian. Mi mamá, Maeve, se fue por su culpa. De hecho, se conocían desde niños. Pero ella nunca lo quiso de verdad.
Quien sí lo ha querido siempre fue mi tía, Hazel. Pero él, aún sabiendo que mi mamá no lo amaba, hizo hasta lo indecible para quedársela.
Cuando supo que ella tenía a alguien, amenazó a ese tipo para que la dejara y le dijera que ya no sentía nada por Maeve.
Así fue como mi mamá olvidó a ese tipo y se terminó casando con mi padre.
Cuando yo tenía dos años, mi mamá descubrió toda la verdad. Y sí, fue gracias a mi tía que se enteró.
Pero no la odio por eso. Al final, todos podemos ser egoístas cuando se trata de sentimientos.
Desde entonces, el ambiente en casa cambió. Se peleaban todo el tiempo.
Al final, mi papá pidió el divorcio. Quería que ella fuera feliz, aunque él seguía clavado.
A los cinco, mi padre se casó con mi tía... la hermana gemela de mi mamá.
Así que mi madrastra es también mi tía.
Pero es buena con nosotros. Nunca nos hizo el feo. Nos trata como si fuéramos sus propios hijos.
Tuvo una hija con mi papá, que ahora andará por los quince.
Esa sí que me odia con ganas. Todo lo contrario que su mamá.
Siempre peleaba conmigo, hasta por tonterías. Yo solo la ignoraba porque era chica.
Agarré mi mochila para hacer tarea. Terminé a duras penas y bajé.
"Toca cenar," dijo mi tía.
"Ceno en mi cuarto, gracias," respondí. Asintió sin más.
Antes de entrar nuevamente, me preguntó si podíamos ir de compras el sábado.
Le dije: "Mejor el domingo, tengo algo pendiente mañana."
Vivimos en la misma casa pero casi ni hablamos.
"Está bien", me dijo.
Si mi hermanastra estuviera en la cena, seguramente habría drama. No soporta que su madre tenga buena relación conmigo.
Por eso, mi tía tomó la decisión de mandarla a internado. Así hay menos estrés en casa.
Volví a mi cuarto a cenar sola.
Después me puse a trabajar en mi cómic. Es lo que más me gusta hacer.
Mi empresa la abrí con 15 o 16 años con una razón clara.
Como ayudaba a mi papá y a mi hermano con su negocio, ya tenía algo de experiencia.
En el tema de negocios uso el nombre "Lisa".
No me gusta estar en el ojo público.
Mi cómic se volvió famoso y de ahí empecé a expandir mi empresa a medios y entretenimiento.
En cosa de meses, estábamos en el top diez del país.
La empresa ya tiene dos años. Creció muchísimo.
En mi familia, no tienen ni idea. Solo lo saben mi asistente y un amigo mío.
Cuando terminé, miré la hora: las 11 en punto.
Odio dormirme temprano, así que agarré mi moto y salí a dar una vuelta silenciosa.
Abrí la ventana de mi cuarto, chequeé que nadie mirara y bajé sin hacer ruido.
Un rato después, regresé por la misma ventana.
¿Y quién inventó estas reglas, por cierto?
Seguro fue mi abuelo. Debería recriminarle tantas tonterías.
En esta casa, las chicas tienen mil reglas encima.
Si supieran que salí tarde, ya estaría encerrada por una semana.
De repente, la habitación se iluminó.
¡Maldita sea! Alguien me pilló.
Menos mal que solo era mi hermano. Estaba todo preocupado por si me pasaba algo. Luego me fui a la cama. Me despertó el insoportable tono de mi móvil. Vi la pantalla y resultó ser Clara, mi amiga de toda la vida. Contesté con buen ánimo.
"¡Hey, mejor amiga! ¿Todo bien contigo?"
"¡Idiota! Llevo media hora llamándote, ¿sabes?"
"Relájate, amiga. ¿Qué pasa con esa agresividad? ¿Y por qué llamas tan temprano?"
"¿Temprano? ¡Anda y mira la hora, dormilona!"
Miré el reloj. Eran las 12:30 del mediodía... ¡Carajo!
"Ups, perdón. Va, dime, ¿para qué me llamaste?"
"¿Te golpeaste la cabeza o qué...?" preguntó ella con tono sarcástico.
"Claro que no, amiga."
"Entonces, ¿ni sabes en qué día estamos? ¡Me olvidaste por completo!" (se le quebraba la voz). "Hoy teníamos planeado pasar el día juntas, ¿ya lo olvidaste?"
"No te pongas dramática, estaré allá en media hora."
Colgué antes de que soltara más lágrimas.
Ya me imagino los gritos que vendrán después. Me llamó otras cinco veces, pero no contesté. Me alisté rapidito, en solo 15 minutos. Y justo cuando estaba por salir, el teléfono volvió a sonar. Revisé quién era. Se trataba de mi secretaria. Ups... olvidé por completo una reunión clave.
Le pedí, como de costumbre, que fuera ella en mi lugar, que había surgido algo urgente. Siempre nos turnábamos, o ella iba, o yo lo hacía.
Salí de mi cuarto y vi a Robin, mi hermano mayor, con los ojos fijos en su celular.
"¿Qué pasa, hermanito?", pregunté.
"¿En serio no sabes qué se conmemora hoy?" me respondió con mala cara.
¿Qué se supone que hay hoy? ¿De verdad estoy tan despistada?, pensé.
De pronto, caí en cuenta. "Sabes, ya recordé. Pero, ¿qué tiene que ver ese día con tu cara de funeral?"
"No he logrado olvidarla..."
Ay, qué sensible resulta ser mi hermano... "Tranquilo, un día de estos ella te dará otra oportunidad", le dije.
Él no respondió. Seguía pegado al teléfono.
Me fui rápido hacia el apartamento. Entré con mi copia de la llave. Clara estaba tirada en el sofá, cruzada de brazos, con cara de pocos amigos, un balde enorme de palomitas en la mano y viendo la tele.
Me acerqué a ella. "Ay, mi mejor amiga. ¡Te super extrañé!"
"Pues si tanto me extrañas, ¿por qué te olvidaste de venir?"
"La próxima, prometo que vendré más seguido. ¿Nos vamos de compras ahora?"
"¡Obvio!" gritó Clara, toda emocionada.
Después nos pusimos a charlar de mil cosas. Fuimos primero de shopping, luego a comer algo rico, al cine... y acabamos en un bar.
Estaba mega emocionada.
Claro que no podía entrar porque aún no tenía 18, pero gracias a mi secretaria conseguí una identificación falsa. Clara sí tenía 19, ella entraba sin problemas.
Aunque las dos estábamos en el mismo año académico.
Yo había terminado la secundaria antes de tiempo y prefería llevar perfil bajo. Mi papá quería que me graduara de la uni antes de los 20.
Nos pusimos a beber y bailar como si no hubiera mañana. Clara y yo éramos amigas desde que teníamos pañales. Era la única chica con quien mis padres me dejaban quedarme a dormir fuera.
Más tarde, cuando ya habíamos tenido suficiente por un día, volvimos a su departamento y dormimos juntas.
Al día siguiente, me desperté tempranísimo. Eran las 6:00 am.
Intenté levantar a Clara, pero ni modo, decía que la cabeza le daba vueltas.
Salí sola del departamento.
Mientras manejaba, vi a un minino herido que intentaba salir de la calle.
Detuve mi moto frente a una tiendita y fui caminando hasta el pequeño.
Desde cerca, se notaba que apenas podía andar. Miré a mi alrededor. Como era temprano, casi no había gente.
Lo tomé con cuidado y lo acaricié.
"Miau", se quejó bajito.
De la nada, escuché un bocinazo brutal. Me giré hacia la calle. ¡Un auto venía hacia mí como loco!