Ciudad del Vaticano, mayo de 1807
Dos días han pasado desde que padre y yo saliéramos de nuestra casa en Florencia y llegáramos hasta la ciudad del Vaticano. He terminado mis estudios así que de ahora en adelante podré viajar siempre a su lado.
Y algún día seré yo la que se encargue del negocio familiar, papá no está por la labor pero soy su única hija y desde que murió mama no ha estado con otra mujer o al menos que yo tenga conocimiento.
El negocio de hoy es simple, mi padre lleva años siendo el proveedor de vino de esta pequeña ciudad con techos de oro y mucha promiscuidad, nunca pensé que el clero pecara de lo que tanto predica. Pero quién soy yo para decir nada, después de todo solo soy una simple mujer.
Que primero debe servir y obedecer a su padre para después hacerlo con su esposo. Él no lo sabe pero no quiero casarme, no necesito a un hombre en vida ya tengo uno y para mí es el mejor. Me hubiera encantado conocer a mi madre, mi padre dice que somos iguales en el físico y en el carácter.
Siento que por traerme a mi a este mundo ella tuvo que morir, papá nunca me ha culpado pero no hace falta, ya lo hago yo por él.
Entramos a la residencia papal, como es costumbre yo me quedo en la entrada esperando a que resuelva todos los trámites, este en uno de los pocos lugares en el que no tengo permitida la entrada.
Hoy se está tardando demasiado, pienso mientras suspiro aburrida. Me asomo por una de las ventanas y observo el trasiego de los clérigos.
- Francesca hija mía, su santidad quiere conocerte.- dice mi padre sacandome de mi ensoñación.
Como que su santidad quiere conocerme? esto no puede ser bueno, seguro que quiere que ingresé en un convento, pero porqué? Qué he echo yo para merecer esto.
Acompaño a papá en silencio hasta el final del pasillo, paramos en la entrada de una habitación, delante de ella hay dos guardias. Está debe de ser la habitación en la que se encuentra el pontífice.
La puerta se abre para nosotros, coloco el velo sobre mi cabeza y camino con la cabeza gacha. Me acerco al pontífice hago una reverencia y beso su anillo.
- Había escuchado que eras bella pero los comentarios de la gente no te hacen justicia pequeña. Tu padre me ha contado que hablas varios idiomas y eres una fervientemente católica.-
- Si, su santidad al menos lo intento cada día.- digo bajito.
El papá es un hombre de unos sesenta y cinco años, impone mucha autoridad.
- Podéis marchar en paz, Paolo recuerda que en un mes se oficiará la boda, espero no haya ningún inconveniente.-
Salimos de la residencia de su santidad, papá está algo raro no ha abierto la boca en todo el camino de regreso a la casa de huéspedes.
Supongo que estará cansado por el viaje solo nos queda atender un negocio más aquí y podremos regresar a Florencia y está vez será por varios meses.
Después de la comida será nuestra siguiente parada. Termino de comer y subo a mi habitación para cambiar el vestido. No tardó demasiado en estar lista, bajo a la zona inferior y busco a mi padre. Este no está por ningún lado. La señora que regenta este negocio se acerca y me entrega una nota. Desdobló el papel y comienzo a leer.
Francesca siento haberme marchado sin despedirme, asuntos importantes reclaman mi presencia en Milán.
Tu viaje ya está arreglado, yo te alcanzaré en unos días.
Cuidate mucho y ten cuidado.
Te ama tu viejo padre.
Algo malo debe de suceder, nunca me ha dejado tirada y menos sin despedirse.
**
Tres días han pasado desde mi regreso, en cambio de papá aún no recibo noticias. Si tan solo supiera donde a ido, iría en su busca de inmediato, he revisado todo el despacho, ninguno de nuestros socios vive en Milán, supongo que debe ser uno nuevo pero no entiendo la razón de no haberme llevado a su viaje si siempre que tenemos un cliente nuevo me lleva con él.
Pasan otros cuatro días hasta que por fin vuelve. Llevo un total de diez días sin verlo. Así que en el momento que veo el carruaje llegar que bajo corriendo a recibirlo.
- Niña cuidado o caerás por las escaleras, recuerda que ya eres una dama.- dice mi Nana desde el fondo del pasillo.
Llegó hasta la puerta, mi padre ya ha bajado del carruaje, me quedo helada cuando veo que ayuda a bajar a una dama del carruaje. Esta le sonríe y lo agarra de la mano.
Siguen cogidos de las manos hasta que mi padre nota mi presencia.
- Hola pequeña cómo has estado? Siento la demora te presento a Margherita ella es mi esposa.-
Siento un nudo en la garganta, no soy capaz de articular palabra, claro que soy feliz si el lo es. Lo que no entiendo es porque me lo habrá ocultado.
Paso detrás de ellos al interior de la casa, papá presenta a Margherita al servicio, ella es la nueva señora de la casa. Esas palabras sin querer herirme, me hieren profundamente en lo más profundo de mi alma.
A media tarde Margherita sube a descansar, papá y yo nos quedamos solos, este me indica que lo acompañe hasta su despacho.
- Toma asiento, hay cosas que debo explicarte y no quiero que me interrumpas hasta que haya terminado.- dice papá indicando el lugar en el que me debo de sentar.
- El pontífice me pido desposarme con su sobrina, se que parece joven pero tiene ya venticinco años. Ella me hará compañía cuando tú me faltes y quién sabe si Dios me dará la dicha de concederme un heredero...-
Porqué desea casarse ahora y no antes? Se que no es justo que yo desee que pase su vejez solo, pero es que yo estoy con él. Se sirve una copa y continua hablando.
- Iré al grano no quiero dilatarme demasiado en mi discurso. En veinte días se oficiará tu casamiento en Milán, te desposaras con Alesso Sforza próximo Duque de Milán. Mañana te acompañará Margherita a la casa de modas para que puedas comprar el vestido y el ajuar.-
- Si quería deshacerse de mi, podría haberme mandado a un convento, nunca espere eso de su parte. Cuando usted siempre me dijo que el día que me casará lo haría por amor. Ahora me manda casar con un desconocido y lejos de usted. Le deseo felicidad en su matrimonio y que Dios les conceda muchos hijos varones.-
Hago una reverencia y subo a mi dormitorio a llorar, como me ha podido hacer esto a mi?. Siempre he sido correcta, educada y he obedecido sin objeción. Ahora simplemente me deshecha. Siento un sentimiento de rabia crecer en mi interior.
En menos de un mes dejare de ser Francesca Conti para convertirme en Francesca Sforza.
Alesso mayo de 1807. Milán
- Amore quédate un rato más...-
- Fiore, lo que quieres es más dinero y tengo cosas que hacer.-
- No es malo querer pasar tiempo contigo y si gano algo de dinero tampoco es mal recibido.-
Salgo del burdel, es uno de los lugares que más visito y más desde que descubrí a Fiore. Ella es totalmente diferente a las mujeres italianas es rubia muy voluptuosa, de piel blanquecina y grandes ojos color esmeralda.
No la quiero como esposa, ella solo es una distracción, además de que es una cortesana, pero mientras no me aburra de sus atributos pasaré a visitarla.
Vuelvo a casa después de dos días, me ha venido a buscar uno de los emisarios de mi padre. Parece algo serio porque aunque no aprueba el tipo de vida que llevo tampoco me ha prohibido nada.
Llegó a casa, beso las mejillas de mi madre y está pone una mueca de disgusto pero rápidamente la cambia por una sonrisa.
- Pasa tu padre y el señor Conti te están esperando, pero antes de eso cambia tu ropa apestas a mujerzuela.-
Subo a mi dormitorio y me cambio de ropa, bajo lo más rápido posible para no enfadar a padre. Nunca le ha gustado que le hagan esperar. Quién será ese tal señor Conti, no recuerdo ese apellido...
- Buenos días padre, señor.- digo estrechando las manos de sendos caballeros.-
- Toma asiento Alesso, está conversación te compete a ti más que a ninguno de nosotros.- dice mi padre entregándome un papel.
No puedo creer lo que estoy leyendo, el papá ordena mi próximo casamiento, con una joven dama llamada Francesca Conti. En menos de un mes se celebrará el matrimonio.
Me levanto de la silla y desató mi furia contra mi padre y ese señor.
- Quién se han creído que son para obligarme a casarme con esa mujer, no la quiero! más bien la desprecio, los desprecio a todos ustedes.-
- No te permito que hables así de mi hija, no la conoces y ella no tiene culpa de nada, dudo que este más feliz que tú al enterarse de su matrimonio. Es más si la vuelve a faltar el respeto me veré en la obligación de desafiarle a un duelo.-
- No será necesario mi hijo pedirá disculpas ahora mismo, si me disculpa mañana concretaremos los detalles del enlace.-
El señor se marcha pero antes de hacerlo me disculpo por mi falta, no he podido contener la rabia y me he portado como un niño.
- Alesso yo no te obligare a nada, no es una orden mía, más bien es un capricho del pontífice. Tu mala reputación ha llegado hasta sus oídos. Y por lo que se ve quiere llevarte por el buen camino...-
- Casandome con una extraña y en menos de un mes!- respondo enfadado pero sin llegar a gritar.
- Puedes negarte, pero sabes lo que eso nos acarrearía. Perderías el título y las propiedades. Te verías en la miseria. Y el nombre de nuestra familia quedaría reducido a la nada, yo sería el último Duque de Milán.-
Tiene razón, no puedo hacer nada si no acepto tendré que renunciar a todo. Siento que no estoy preparado para formar una familia, tampoco sé si lo estaré algún día, me gustan mucho los placeres de la carne y el mundo de la noche. Siento que no seré capaz de hacer feliz a ese mujer.
Y eso en cierto modo me entristece, la llevaré a una vida de soledad y amargura. Siento que tenga que ser así, pero yo ni siquiera quería casarme.
**
Estamos a una semana de la boda, mi padre ya me ha entregado una propiedad y los baúles de mi prometida han comenzado a llegar.
Ella se que llegó ayer, pero aún no he ido a conocerla es algo que no me apetece mucho hacer. Pero madre se ha empeñado en ir esta tarde a mostrar nuestros respetos. También me ha sugerido que debo cortejarla durante esta semana. Y ni siquiera es una opción. Tendré que preguntar cómo hacerlo ya que no he cortejado a una mujer nunca.
Al menos la boda se realizará aquí y no en Roma ni en Florencia, lo que más me asombra es que será el mismísimo Pío VII el que oficiará nuestra unión.
Bajo del carruaje y ayudo a bajar a mi madre, sigue siendo muy bella aunque su pelo se ha tornado plateado. Su mirada es triste desde que tengo uso de razón. No pudo traer mas hijos vivos al mundo y eso la sumió en la tristeza.
En la entrada nos reciben el padre de mi prometida y una joven, la cual creo que es su esposa, su cara me suena de algo pero no soy capaz de saber de qué me suena tanto.
- Bienvenidos a está su casa, gracias por dejar que nos hospedamos aquí hasta el día de la boda - dice mi futuro suegro.
- Ahora seremos familia y la familia se cuida.- dice Mamá sonriendo.
- Francesca está en el jardín, podemos ir hasta allí.-
Llegamos al jardín y puedo ver a una mujer morena, sentada en un banco alimentando a unos pajarillos.
- Francesca tu prometido y su madre han venido a conocerte.-
Francesca se vuelve dejando a mi vista un bello rostro, unos labios carnosos y unos ojos profundos.
- Es un placer conocerlos- dice educada y dulcemente.
Pasamos la tarde en el jardín, no he dejado de observarla. Ha charlado con mi madre de varios temas, he descubierto que es una mujer inteligente y muy educada.
También ha comentado que sabe de finanzas, le gusta la lectura, viajar y disparar con el rifle. Mi madre ha puesto varias caras de disgusto pero se que está encantada con ella.
El problema aquí soy yo. Aunque no voy a negar que es bonita y me resulta interesante. No creo que sea alguien fácil de doblegar. No se conformara con un ser un simple adorno, está mujer tiene sueños e intereses poco comunes en una dama de su edad.
Mama me susurra que debo invitarla ha dar un paseo por la propiedad. En fin lo que voy a tener que hacer por no quedarme en la ruina. Suspiro y me levanto de mi asiento.
- Me concedería el placer de acompañarme en un paseo por los jardines.-
Ella mira a su padre y este le da permiso, una dama de compañía nos sigue unos pasos por detrás.
Es una mujer silenciosa y eso me está empezando a sacar de mis casillas, igual es que está nerviosa, pero está situación me está empezando a agotar y solo acaba de empezar.
- Por qué se quiere casar conmigo su excelencia sino poseo título nobiliario alguno y ni siquiera nos conocíamos hasta el día de hoy.- dice con voz firme y con una dulzura característica de un ser celestial.
- Veo que no te han informado, yo no deseo casarme contigo, porqué debería hacerlo? El pontífice es el que se ha empeñado en esta farsa.- digo amargamente.
Ella no dice nada, agacha su cabeza y veo como limpia una lágrima de su rostro. No he sido consciente de que le causado dolor con mis palabras. Estaba tan enfadado que he olvidado que ella está en la misma situación que yo.
Nos hemos despedido y he prometido volver mañana para comenzar el cortejo. Presiento que va a ser una semana muy larga.
No me he levantado de muy buen humor, las palabras de Alesso no me cayeron demasiado bien. Entiendo que esto no era lo que el quería y que pueda estar dolido pero yo también tengo corazón y sentimientos. Que hay de mi opinión? Lo olvidaba simplemente no cuenta.
No estoy de humor para ver a nadie, ni siquiera me gusta esta casa y por lo poco que se, tendrá que empezar a gustarme ya que será la mía.
Mi padre está en una continua luna de miel, la verdad es que nunca lo hubiera imaginado. Claro que me siento bien porque sea feliz pero hay algo en Margherita que no me gusta, no quiero pensar mal pero creo que veo el interés en sus ojos.
Estoy en mi dormitorio he cogido un libro romántico y me dispongo a leerlo, se que nada de lo que pueda leer se podrá comparar con la realidad, pero al menos mientras leo soy feliz, me imagino que la protagonista soy yo y hay un hombre que bajaría hasta la luna a mis pies.
Unos ruidos me sacan de mi ensoñación, en ese precio instante soy consciente de que están tocando mi puerta. Doy permiso para entrar, una de las chicas del servicio me indica que mi prometido me espera abajo.
Esto no puede ser real, a qué ha venido hoy? Ha hacer un teatro quizás? Eso es lo más probable seguro que sus padres lo están obligando.
Cojo un chal y bajo a su encuentro, el me sugiere dar un paseo por la ciudad y quizás tomar un helado o tomar un dulce. Acepto y me agarró a su brazo.
Caminamos en silencio la verdad es que no tengo nada que decir, al menos no me van a casar con un viejo, gordo y calvo. Pero a estas alturas quizás ese hombre me estimara más que el actual.
El paseo aunque silencioso a resultado ser agradable, estamos sentados en uno de los bancos de un parque, aún no sé cómo se llama pero pronto lo aprenderé porque me parece un lugar maravilloso.
Alesso trae dos helados uno para mí y otro para la dama que nos acompaña.
- Tú no tomas helado?- Pregunto rompiendo el hielo entre nosotros.
- No, a él no le gusta el dulce prefiere lo salado al igual que a las mujeres y no a las niñas.- dice una mujer rubia muy exuberante.
- Fiore que haces aquí? - dice Alesso sorprendido.
- Llevas dos noches sin calentar mi cama, no me dirás qué me has cambiado por está remilgada.- dice mirándome de arriba a bajo.
- Este no es el mejor momento para hablar de esos asuntos. Además creo que deje claro tu lugar en mi vida.-
Sin poder evitarlo me he convertido en una mera observadora, yo no tendré mucha experiencia o más bien ninguna en las cosas del amor pero tengo claro que estos dos tienen algo juntos.
- Y tú porqué no hablas, es que eres muda?- dice gritándome.
- No soy muda señorita, pero creo que poco tengo que ver yo en su conversación.- digo para después tomar un poco de mi helado.
- Tú lo que eres es una arpía y una interesada, crees que podrás complacerlo como yo lo hago? Crees que no te dejará en las noches y vendrá en mi busca.-
No tengo más que escuchar, no tengo porque soportar los celos de una loca. Además después de esperar que Alesso la pusiera en su lugar y le regañara por su forma de hablarme me he cansado así que es hora de volver a casa.
Me levanto de mi sitio y comienzo a caminar hasta mi casa, bueno espero que no lo sea por mucho tiempo y rompa el compromiso se ve de lejos que tienen una relación así que yo no pinto nada en esa ecuación.
Mientras camino giro mi cabeza veo como esos dos parecen discutir acaloradamente, no me interesan nada por mi pueden hacer lo que les plazca.
- Señorita siento que haya tenido que ver esa situacion, el señorito es bueno el problema es que esa cortesana lo tiene hechizado.- dice mi acompañante.
Eso me hace suspirar del disgusto, si todavía tenía una leve esperanza de que el rompiera mi compromiso por estar con ella, todo mi mundo se ha vuelto a hacer pedazos. Nunca le permitirían casarse con una cortesana, no se muy bien lo que hacen pero en la iglesia se dice que son mujeres de baja moral.
Tengo que analizar bien mi próxima situación, ya me ha quedado claro que nunca tendré su amor. Al menos eso me dará libertad no dormiremos juntos y tendré tiempo para mis negocios. Tengo una suma bastante cuantiosa guardada me la dejo mi abuelo de herencia, mi padre me la dió completa para que la utilizará en lo que yo deseara. Así que una vez casada pondré en marcha mi plan, pero antes tengo que buscar a alguien de mi total confianza, nunca nadie podrá saber quién se esconde detrás de todo.
Con el tiempo se cansará de tenerme en su casa y me mandará a una casa en el campo. Desde ahí podré ser libre completamente.
Al menos las cosas no se están dando tan mal. Lo único que de verdad me apena es que algo me dice que su nueva esposa no lo ama ni lo hará, ama la vida que le puede proporcionar y el problema no es solo ese. Se que si le da un heredero se intentará quedar todo lo que me corresponde, pero no puedo hacer nada ante mi padre solo soy una niña celosa y caprichosa.
No sé cómo ha podido cambiar tanto en estás pocas semanas, es como si fuera una bruja y lo tuviera hechizado. Mi padre nunca fue así, atrás quedó el hombre atento y protector que daría su vida por mi.
Ya no soy su prioridad.
- Qué tal el paseo hija?- dice Margherita con cierto rintintin.
- Bien, Milán es bonito y he tomado un helado. Gracias Margherita por tu interés.-
- Porque no la llamas madre, veo la tristeza en sus ojos cada vez que la llamas por su nombre.- dice papá en tono de regaño.
- Lo siento padre pero ella nunca sera mi madre, si acaso mi madrastra además tener una madre solo un poco mayor que yo es un poco extraño para mí. Si me disculpan voy a descansar hasta la hora de la cena.-
Veo como ella se lanza a los brazos de papá sollozando, de verdad o es una actriz fantástica o yo de verdad estoy montando una escena sin sentido.
- Francesca tú y yo hablaremos más tarde.- dice papá mirándome decepcionado.
Esa mirada me parte el alma, igual estoy siendo injusta pero no creo que ella ame a mi padre y luego está lo del libertino de mi prometido. Creo que no puedo tener más mala suerte de la que tengo o quizás si?