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Oculto

Oculto

Autor: : Paola Arias
Género: Hombre Lobo
Alicia lleva una vida común y corriente como cualquier ser humano. Una joven de gran corazón, honesta y trabajadora, la cual se gana la vida como camarera en el único restaurante lujoso de su ciudad. Para llegar a ser alguien en la vida, Alicia decide emprender camino a otro lugar. Una ciudad grande y llena de oportunidades es la única salida que tiene a la mano, pero todos sus sueños quedan atrapados en el paso prohibido de la montaña. Alicia se enfrentará cara a cara con aquel misterio en el cual se ve envuelta y se encuentra oculto en las profundidades de las montañas. Alicia tendrá que elegir entre sí, aceptar su nuevo destino o escapar de las garras de la muerte.

Capítulo 1 Advertencia

El vivir en un pueblo tan pequeño, donde las oportunidades de conseguir un trabajo estable y que sostenga cada gasto, son casi nulas. A pesar de que trabajo en el único restaurante costoso del pueblo, la única temporada buena es cuando hay ferias o visitas de alguien de afuera. Es como único que en el restaurante se vea gran movimiento en masas, porque el resto de año, el trabajo es bajo.

Mi jefe; el Sr Torres, ha decidido expandir la cadena de sus restaurantes a una de las ciudades más grandes del país, por lo que me ha pedido a mí y varios compañeros más que lo acompañemos en su nuevo proyecto. Acepté sin titubear, pues, ¿quién no aprovecharía una oportunidad de cambiar de vida en un lugar donde sí se puedan proyectar metas y sueños? Aunque haya nacido en un pueblo, no quiere decir que deba permanecer hasta morir en un lugar que cada vez tiene menos habitantes. El pueblo es sumamente pequeño; todos nos conocemos con todos.

Quiero ser alguien en la vida; estudiar, conseguir un buen empleo y poder ayudar a mis padres. Lo que más deseo es que dejen de trabajar de por vida. Ellos merecen un gran descanso, luego de todo el sacrificio que han hecho por mis hermanos y por mí.

Duele dejarlos, después de todo, mi familia es lo más sagrado que tengo en la vida. Pero los sueños de volar muy en lo alto para llegar a ser todo lo que deseo en la vida, es la gran fuerza que me hace seguir en esta nueva etapa.

Mi madre se sentó en el borde de mi cama, mirándome como si fuera la última vez que lo hiciera. Con lágrimas en los ojos, me extendió un pequeño rosario negro y lo tomé con una sonrisa.

-Llévalo siempre contigo, hija. Nos vas a hacer muchísima falta, pero sabemos entender tus sueños. Aunque nos duela ver partir a nuestra hija mayor de casa, respetamos la decisión que has tomado. Además, nos sentimos muy orgullosos de ti.

-También los voy a extrañar como no tienen idea - limpié con el dorso de mi mano las lágrimas que brotaron de mis ojos-. Haré todo lo que esté a mi alcance para que puedan venir conmigo cuanto antes.

-No, hija, no tienes que sacrificarte por nosotros - se negó.

-Yo lo decidí, mamá. Allá en la gran ciudad tenemos muchas más oportunidades que acá. Mis hermanitos podrán estudiar y ser alguien en la vida.

Acarició mi mejilla dulcemente. Como voy a extrañar los mimos de mis padres. Ellos son las personas más cariñosas que puedan existir en este mundo.

-Todo llegará a su debido momento, no te fuerces o puedes llegar a enfermar. ¿Quién cuidará de ti estando tu sola en esa ciudad? Hija, nosotros te agradecemos inmensamente todo lo que haces por tus hermanos y muchas veces por tu padre y por mí, pero lo que menos quiero es verte enfermar.

-Yo vivo por ustedes, mamá. Todo por darles el mejor de los futuros.

Nos abrazamos fuertemente y por largos minutos. Sus abrazos son tan cálidos. Sin duda alguna los voy a extrañar cada día. No quería salirme de sus brazos, pero debía tomar camino para que la noche no me agarrara en medio del camino.

Luego de despedirme de mis tres hermanitos menores y de papá, subí al viejo auto que pertenecía a mi padre y partí con ilusión a la gran ciudad que queda a cinco horas de mi hogar. Verlos despedirse de mí a través del retrovisor provocó una punzada en mi pecho. Si pudiera los llevaría conmigo sin pensarlo, pero primero debo conseguir un lugar estable para vivir.

-Los extrañaré mucho - susurré, apretando el volante y dejando que más lagrimas se deslizaran por mis mejillas.

El camino a la gran ciudad tiene dos variantes; la primera es el camino más largo para llegar a ella, y, que además se encuentra en mal estado; el segundo camino está pavimentado y es mucho más corto debido al túnel que comunica dos pequeñas ciudades con el pueblo.

Mi padre me dijo que tomara el camino largo, ya que la carretera del segundo camino era mucho más peligrosa que la otra.

Tomé su palabra y conduje por el camino que se encontraba en mal estado. Cada hueco hacía que el auto se golpeara con fuerza en la parte de abajo. No podía ir a más velocidad o calentaría el motor del auto. Mas el ardiente solo hace que todo sea mucho más complicado para un auto tan viejo y que estuvo averiado durante muchos años. El día y el camino se me hizo eterno, por lo que me detuve a descansar en una pequeña cafetería que lucía abandonada antes de pasar por las montañas y llegar a mi destino.

-¿Qué le sirvo, jovencita? - preguntó una mujer mayor y de cabello relucientemente negro como la noche-. ¿Andas sola?

-Un café, por favor - le pedí amablemente-. Sí, voy de viaje a la gran ciudad.

-Una jovencita tan bonita como tú no debería andar sola por ahí - sirvió el café en una pequeña taza de color blanca-. Los peligros asechan en medio del camino.

No comprendía sus palabras, por lo que solo me dediqué a tomar de la taza de café y pensar en lo que debía responderle.

-Me cuidaré muy bien, señora. Además, nuestro señor siempre acompaña nuestro camino.

En sus labios arrugados se dibujó una sonrisa ladeada. Sus ojos tan negros como su cabello, me observaron a detalle. Su mirada me estaba incomodando bastante.

-Espero que tu señor cuide cada uno de tus pasos - miró brevemente la hora en el reloj que colgaba en la pared de atrás y luego volvió a mirarme a los ojos-. Deberías marcharte antes que la noche caiga por completo.

-¡Oh, sí! Tiene mucha razón. Muchas gracias, señora - pagué por el café, y antes de que pudiera dar un paso hacia la salida, su voz me detuvo.

-Pase lo que pase, Alicia, no mires atrás cuando la luna te ilumine el camino - dio media vuelta y desapareció por la cortina de mimbre, dejándome perpleja por unos segundos.

Un escalofrío me corrió todo el cuerpo tras darme cuenta de que la luz del día cada vez se apagaba más rápido, pero lo que más me dio intriga, fue el hecho de que la anciana supiera mi nombre.

Capítulo 2 Oscuridad

Luego que salí de la cafetería y retomé mi camino, las palabras de la mujer y un mal presentimiento se incrustaron latentes dentro de mi cabeza y mi pecho. ¿Por qué esa mujer me dijo esas palabras? ¿De dónde sacó ella mi nombre? Si en ningún momento le dije como me llamaba. En las pocas palabras que cruzamos, recuerdo no habérselo dicho, ¿o sí?

La luz se fue opacando por la oscuridad velozmente, por lo que decidí aumentar un poco la velocidad del auto. La carretera no era tan inestable como antes, pero sí había uno que otro hueco en el camino. Hacia todo lo posible para no caer en esos huecos.

La noche cayó sobre mí cuando empecé a rodear la montaña, e inevitablemente las palabras de la anciana me produjeron escalofríos por todo el cuerpo. No me atreví a mirar hacia atrás por miedo o sugestión. Solo seguí conduciendo con gran ansiedad de llegar al final de la montaña.

-Tal vez se refería a que tuviera cuidado en el camino, más cuando se es de noche y son muy pocos los autos que transitan por aquí - trataba de calmar el miedo que había en mi corazón.

Desvié la mirada hacia la luna; brillante, totalmente redonda y hasta me dio la leve impresión que era muy grande. Las estrellas brillaban con la misma fuerza, pero por alguna extraña razón no podía apartar los ojos de la luna. Era la luna más bonita y grande que alguna vez haya visto en la vida.

El azul brillante de la luna me trajo muchos recuerdos de mi familia. Siempre me ha gustado contemplar la luna y las estrellas con mis padres y mis hermanos, mientras contamos historias o cantamos alrededor de la hoguera donde mamá suele preparar la carne que caza mi padre. Han pasado pocas horas de haberme marchado de casa y ya los extraño muchísimo.

De repente escuché un ruido suave y lejano; se me hizo tan parecido al ronroneo de un gato pequeño. Pero al estar en medio de la nada, me dije a mí misma que solo se trataba de la sugestión. Algo que se encontraba en mi cabeza. Seguí el camino por la montaña, conduciendo con suma precaución por la carretera en forma de espiral.

Pocos minutos después, aquel ronroneo se agudizó en mis oídos, poniendo en alerta mis sentidos. Lo escuché claramente; como susurrándome al oído y causándome un ligero escalofrío por la espina dorsal. Me puse alerta en el camino, pero aquel roce eléctrico aún seguía en mi piel.

Tuve miedo, en algún momento de la noche y a mitad de la montaña el miedo ya se encontraba siendo dueño de todo mi ser. Los ronroneos suaves los seguía escuchando en mi cabeza constantemente, pero por más de que tratara de sacarlos de ella, no podía.

Entonces, aquel ronroneo se esfumó de la misma forma en la que apareció. El silencio me envolvió, solo se escuchaba mi respiración y el rugido del motor. Expectante y con las pulsaciones a mil; un furioso aullido me paralizó por completo. No tenía ni la menor idea de que había lobos en este lado de la montaña.

De nuevo el aullido se hizo presente; prolongándose, siendo más potente y lleno de furia. Lo escuché retumbar en mi cabeza, como si el lobo estuviera a tan solo centímetros de mí. Pero a mis alrededores no había nada más que no fuera oscuridad y árboles.

Con el miedo latente y corriendo a gran velocidad por mis venas, miré en un acto de reflejo por el espejo retrovisor por breves instantes. El corazón me dejó de latir instantáneamente tras ver los ojos más horripilantes que alguna vez haya podido imaginar que existieran. Por la misma oscuridad no pude descifrar el tipo de animal que apareció en el espejo. Aquel rojo intenso me dejó petrificada, causando un sinfín de temblores por todo mi cuerpo. Ni las palabras salieron de mi boca al ver aquellos ojos acercarse a mí. Solo fueron cuestión de segundos que los vi, pero en mi mente quedaron grabados de por vida.

Giré la cabeza hacia atrás tan rápido como pude, pero en la carretera no había nada más que el rastro del auto. Es como si los ojos hubiesen aparecido solo en el espejo y no realmente en el medio del camino. En ese momento me olvidé incluso de cómo me llamaba.

Un golpe bestial detuvo el auto en un solo segundo, haciendo que mi cuerpo se inclinara hacia adelante con mucha fuerza y me golpeara con el vidrio frontal que explotó en mi cara. Las pequeñas esquirlas del vidrio se incrustaron en mi piel, y por más que tratara de luchar por moverme, mi cuerpo no respondía.

La cabeza me dolía y la visión la fui perdiendo poco a poco. Lo último que vi en el inconsciente mezclado con la realidad, fueron aquellos ojos rojos brillantes mirándome fijamente, mientras el animal abría la boca y dejaba a la vista sus puntiagudos colmillos. Antes de que pudiera decir o hacer algo por salvarme, quedé sumergida en la oscuridad tras un aliento soplar en mi rostro.

Capítulo 3 ¿Sueño o realidad

Abrí los ojos poco a poco, acostumbrándome a la poca luz que había en la habitación. La habitación tenía un olor muy concentrado a flores, las velas eran la única iluminación y las paredes parecían ser hechas de algún metal, no de madera o concreto. Un dolor agudo se instaló en todo mi cuerpo, trayendo pequeños fragmentos a mi mente de lo que había ocurrido antes de caer en la oscuridad.

Los aullidos.

Los ojos rojos en el espejo.

Los colmillos del animal.

¿Dónde me encuentro? ¿Sera que estoy muerta o simplemente todo ha sido un sueño?

Pero se sintió tan real. Al tratar de levantarme, la suave voz de una mujer me alertó. ¿Dónde estoy? ¿Quién es ella? Esos recuerdos tan horribles de esa bestia, más estar en un lugar desconocido me tenían muy asustada.

-Por fin despertaste - habló ella aun dándome la espalda-. Sufriste muchas heridas en tu cuerpo, pero poco a poco se han ido recuperando. Es una suerte que mi nieto te haya encontrado.

Traté de hablar, pero mi voz no salía por alguna extraña razón. La garganta me ardía como el mismísimo infierno, ni que decir de la pesadez que sentía alrededor de mi cuello y todo mi cuerpo.

-Hasta que no logres recuperarte de la herida en tu cuello, no podrás hablar nuevamente - me dio la cara, sorprendiéndome al instante-. Alicia, ¿verdad?

¿Por qué estoy con esta señora que me atendió en la cafetería? ¿Acaso tiene ella que ver con lo que me sucedió? Luego de su advertencia, cosas extrañas empezaron a sucederme. Mi cabeza en ese momento quería explotar.

-Es la primera vez que tú y yo nos vemos, Alicia, pero es como si ya nos conociéramos de antes - sonrió ladeado-. Veras, en estos últimos días ha habido muchos accidentes, por lo que con la comunidad nos hemos visto ayudándolos. Es una suerte que hayas chocado contra un árbol y no con un auto, o peor aún, que hayas caído por el abismo.

Estoy segura que es ella; la mujer de cabello y ojos negros de la cafetería. Tenía tantas preguntas, pero no podía hacerlas, aunque tratara de usar todas mis fuerzas para hablar. Lo que más me aterra, es que ella parece leer mis pensamientos, pues me responde en automático cada que me cuestiono algo. Además, no recuerdo haber chocado con un árbol, ni siquiera recuerdo haber visto alguno en el camino de la montaña.

-Que desconsideración de mi parte. Soy Elisa; la curandera de la comunidad de las montañas. Puedes descansar todo lo que quieras. Aquí estas a salvo. Trataremos de buscar información de tu familia, para que ellos puedan estar contigo lo antes posible.

Le hice señas con la cabeza y ella ladeó la suya.

-¿Por qué no quieres se enteren de tu accidente? - inquirió-. Cierto que no puedes hablar. Disculpa, los años no pasan solos.

Pensaba incorporarme en la cama, pero tampoco podía mover el cuerpo.

-Para eso hay solución - rebuscó en uno de los cajones y puso encima de mi pecho una libreta con un lápiz-. Escribe cuando necesites algo, ¿bueno? Mi nieto o yo estaremos muy al pendiente de ti. Ahora descansa. Necesitas recuperarte por completo.

Tomó mi cabeza con mucho cuidado y me dio a beber agua de una pequeña taza. Mi garanta se refrescó mucho, pero seguía sin poder decir palabra alguna.

Poco a poco el cansancio fue apoderándose de mis ojos. Sentí los músculos más relajados que antes y sin ningún indicio de dolor en el cuerpo. Fue como haber entrado a un tipo de trance, en el cual mi mente quedó en completa oscuridad en pocos segundos. Ese rojo brillante y los colmillos puntiagudos a centímetros de mi rostro, desaparecieron de mis pensamientos en el mismo instante en el que volví a cerrar los ojos.

Desperté más descansada de lo habitual. El dolor punzante de mi espalda había desaparecido por arte de magia. Tal parece que en la noche logré descansar muy bien. El dolor en mi cuello y todo mi cuerpo también han desaparecido por completo. Todos estos días bajo los cuidados de la Sra. Elisa y su nieto han sido revitalizantes. Aunque no recuerdo mucho el rostro y el nombre de su nieto, sé lo mucho que me ha ayudado desde que sufrí aquel accidente en mi auto.

-Estás despierta - entró la mujer, apoyada de un bastón y sonriendo-. ¡Te ves mucho mejor que hace tres semanas!

El tiempo es nuestro mayor enemigo. No puedo creer que ya hayan pasado tantos días luego de que me estrellara contra el árbol. Siento el cuerpo recuperado, pero mi mente parece haber olvidado todo lo ocurrido con ese golpe que sufrí.

-Buen día, Sra. Elisa - hice silencio por un momento al ver a un hombre que jamás había visto entrar a la habitación detrás de ella-. Todo ha sido gracias a sus cuidados.

-Mi nieto y yo estamos encantados de cuidarte, mi niña - se acercó a mí y quitó la venda de mi cuello-. Esto ha cicatrizado perfectamente. Ni siquiera se nota el rasguño que tuviste con esos vidrios.

-No recuerdo mucho de lo que sucedió.

-Fue un golpe muy fuerte, pero afortunadamente no pasó a mayores y pudimos curarte aquí - deslizó la punta de su larga uña por mi cuello-. Perfecta.

Desvié la mirada hacia el hombre, quien no ha dicho ni una palabra, pero que no ha apartado la mirada de mí desde que atravesó la puerta. Supongo que él debe ser el nieto de la Sra. Elisa. Si me ha cuidado todos estos días, entonces, ¿por qué no logro recordarlo? ¿Por qué no tengo una imagen clara de lo que me ha sucedido todos estos días?

-Ven y mira cómo ha cicatrizado de maravilloso, Caleb - lo llamó, y él se acercó de inmediato.

-Perfecta - fue todo lo que dijo, acercándose a mi rostro hasta cortarme la respiración.

Nuestras miradas se encontraron en una fracción de segundo, y una escasa sonrisa apareció en sus labios. El aroma a flores se agudizó aún más en el aire. Es como si mis fosas nasales estuvieran impregnadas con ese olor.

Tener a un hombre desconocido tan ceca de mi rostro me tenía sumamente incomoda, más con ese color tan extraño de ojos, pero a la vez tan atrayentes. Su ojo izquierdo es de un azul claro casi traslucido y su ojo derecho de un marrón oscuro. Es un hombre que con solo mirarlo a los ojos se adentra a un trance. No podía dejar de verlo, además de que físicamente es muy atractivo. Hay varias manchas de tatuajes que sobre salen de su camisa de cuadros, lo que lo hace ver el doble de llamativo.

Un ronroneo conocido y similar a un gato escuché a lo lejos; suave, muy lejano para mis oídos, pero lo oí claramente. Ese ronroneo ya lo había escuchado antes, de eso estoy muy segura, pero, ¿a dónde? ¿A dónde he escuchado a ese gato antes?

Fugaces imágenes cruzaronpor mi mente, pero no podía descifrar si se trataban de un sueño o era unarealidad. Los ojos de Caleb; el nieto de Elisa, se me hicieron de un color rojomuy brillante y terrorífico, por lo que me alejé de él lo que más pude con elcorazón a punto de salirse por mi boca.

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