- Lleva estas bebidas a los invitados.
Como se lo ordenaron, tomo la bandeja en sus manos y se adentro en el salón, alfas, omegas, todos dominantes y adinerados, se encontraban conversando de manera demasiado elegante para Lydia ¿Como hacían para hacer algo tan normal y verse tan bien? Es algo que no lograba entender por completo.
Ofreció algunas bebidas, la bandeja estaba quedando vacía al paso que iba, pero no podía dejar pasar esta oportunidad. Rodeada de hermosas omegas adineradas, necesitaba encontrar a alguien que quisiera dar mucho dinero por alguien de tan baja categoría como lo era Lydia Florez, una alfa recesiva.
- ¿Qué haces ahí de píe? -Julián llego a su lado- Pareces un acosadora, observando a todas esas omegas.
- Estoy soñando, Juli -hablaba embobada- Pellizcame -pidió sonriendo.
- Si tu lo dices -el pelinegro levanto los hombros y se acerco a su amiga.
- ¡Mierda, Julián!
La más baja miro a su mejor amigo de manera asesina, mientras sobaba su brazo, que pronto se pondría rojo.
- ¿Qué? Dijiste que te pellizcara -respondió riendose.
- Lo decía sarcásticamente, Julián -Lydia negó- ¿Ahora qué pensaran de mi todos esos hermosos omegas? -preguntó horrorizada.
- No le des demasiada importancia y regresa al trabajo -pidió mientras se entraba al área del personal.
Quizá podía aceptar eso, menos mal su mejor amigo no había dicho algo como "Pareces un omega", se rio internamente de su chiste, cuando tuvo suficiente satisfacción visual, Lydia se encargo de recoger las mesas que se hallaban llenas de vasos vacíos, escuchaba algunas conversaciones, recolectaba información de posibles intereses amorosos, estaba pasando una noche fantástica.
- Hey, omega -una voz grave hablo a su espalda- Te estoy hablando a ti omega recesiva.
¿Recesiva?
Si todos en el salón eran dominantes ¿Eso quería decir que le estaban hablando a ella? Se giro para verificar si estaba en lo correcto y grande fue su sorpresa cuando un alfa se encontraba de pie, frente a ella, brazos cruzados, semblante amenazante.
- No soy un omega recesiva -hablo enarcando una ceja- Tenga cuidado como se dirige a los demás -bufó, fulminando con la mirada al alfa.
- ¿Como me acabas de hablar? -preguntó bajando sus manos.
Ponerse nerviosa era obvio, el tipo frente a el era un alfa dominante y Lydia pensaba, que de un solo golpe la desviviría. ¡No podía morir siendo tan joven!
- Si me disculpa, debo continuar trabajando -dio una leve reverencia, para tratar de alejarse del alfa.
- Ah no, de aquí no te mueves -el tipo agarro del brazo a Lydia.
- Suélteme -pidió haciendo fuerza para zafarse- ¿Todos los alfas dominantes son así de asquerosos? -preguntó sonriendo de manera burlona.
- Maldita omeg-
- ¿Qué sucede aquí? -una tercera voz preguntó- ¿De nuevo ocasionando problemas Señor Gomez?
- D-De la Torre -el tipo respondió de manera nerviosa- Solo le enseñaba a esta omega a respetar -comento riendose.
- ¡No soy una omega! -grito Lydia- Se lo dije antes.
- ¿Que no eres un omega? -preguntó el desconocido- Pero si todo tú grita que lo eres -el extraño observo a Lydia de abajo hacia arriba- Sin duda, eres una omega ¿Qué te hace pensar lo contrario?
- Mis resultados dicen que soy una a-alfa...
Extrañamente Lydia empezo a sentirse un tanto mareada, no se había fijado en el rostro del desconocido que de alguna manera lo había ayudado y cuando sus ojos se encontraron, su rostro enrojeció ¿Qué mierda le sucedía? Su cuerpo empezó a temblar, no pudo evitar ventearse el rostro con su mano, mientras dejaba caer al suelo de manera estruendosa, la bandeja de las bebidas.
El desconocido sonrió ¿Acaso le hacía gracia su aspecto? Lydia necesitaba salir de ese lugar.
- Yo me ocuparé de ella -el alfa de quinta sonrió, mientras intentaba acercarse a Lydia.
- No. -el alfa sentenció- Yo me encargo.
Entonces unos fuertes brazos la envolvieron y fue guiada hacia la salida del restaurante, se sentía mareada y el olor que desprendía el sujeto ¿De la Torre? Era demasiado exquisito para su nariz, empezó a olfatearlo, queriendo por un momento pegar su nariz en el cuello del desconocido.
- Uhmm -las piernas de Lydia se sentían adormecidas.
- ¿Acaso estas en celo? -preguntó- ¿Tienes supresores?
- N-No soy un omega -se quejo- Además, estoy completamente bien.
Decir aquello era una gran mentira, porque apenas De la Torre la soltó, casi cayo al suelo de no ser por la pared. ¡Maldición! ¿De verdad era un omega? Necesitaba buscar a Julián y pedirle que la llevará al hospital, empezó a caminar hacia la salida del baño, siendo observada por el pelinegro, se sentía demasiado analizada y eso lo hacia sentir desnuda, algo que al mismo tiempo le gustaba.
Entonces se giro hacia el desconocido y le sonrió de manera coqueta, su cuerpo actuaba por si solo y cayó en el abultado pecho del fortachon.
- ¿Qué haces? -preguntó desconcertado.
- H-Hueles demasiado bien... -hablo entre murmullos.
- Y dices que no eres un omega -bufó.
- ¡No lo soy! -grito avergonzada.
Con delicadeza, el pelinegro se acerco al cuerpo de Lydia, sus grandes manos acariciaron su cintura y fueron subiendo por su espalda, entonces sintió un exquisito cosquilleo por todo su cuerpo, le gustaba. Tan pronto que no supo como reaccionar, tenía sus pantalones en el suelo.
- Si no eres un omega ¿Por qué estás tan mojada? -preguntó mientras deslizaba sus dedos en la entrepierna de la más baja.
- Q-Qué dices -jadeo.
- Estás tan mojada -susurro- Estás lista para que entre en ti ¿No crees?
En ese momento la puerta del baño se abrió y Lydia no pudo sentirse más avergonzada por la situación en la que se encontraba. Se tapo el rostro con sus manos, escondiendo su cara en el pecho del pelinegro.
- S-Señor De la Torre, d-disculpe, no sabía que se encontraba aquí -hizo una reverencia- M-Me retiro.
- Deberíamos irnos -suspiró- Te llevaré a tu casa -sugirió.
- No tengo una casa -respondió aún con su rostro tapado.
- ¿Quien no tiene una casa? -preguntó confundido.
- Vivo con mi mejor amigo y él continua trabajando, no puedo ir a pedirle las llaves del apartamento, no luciendo así -dijo separándose del pelinegro.
- Es cierto -respondió observando fijamente los ojos almendrados de Lydia- Entonces, te llevaré a mi casa -sugirió.
- Y... ¿Vamos a continuar con lo que hacíamos? -preguntó avergonzada.
- ¿A qué te refieres?
- Con esto...
De manera dudosa la mano de Lydia sujeto la mano del pelinegro, guiándolo nuevamente a su entrepierna. Su cuerpo tembló ante el tacto y no pudo evitar soltar leves gemidos, estaba enloqueciendo.
- ¿Q-Qué haces? -las orejas del pelinegro enrojecieron.
- P-Por favor... -pidió entre gemidos- Hazlo.
Entonces como si una orden fuese dada, los largos dedos de alfa se fueron introduciendo en el interior de Lydia, haciéndole soltar un gemido placentero. Sus pequeñas manos se sujetaron del cuello del pelinegro y las cosquillas empezaron a subir de sus pies hacia su pelvis, se sentía demasiado bien, le gustaba y entonces sintió demasiado calor, su vista se encontraba demasiado nublada, basto solo un toque de sus labios con los del contrario para liberarse y caer profundamente dormida.
Observaba como su madre desaparecía a la distancia, aunque gritará, pataleara, le pidiera que no la abandonara, esta no detenía sus pasos.
Entonces abrió los ojos abruptamente, sintiendo sus mejillas húmedas por las lágrimas, maravilloso, hace años no soñaba con su madre. Observo la habitación donde se encontraba y al no distinguirla, se puso de pie inmediatamente y al sentir un frío en sus piernas, bajo su mirada lentamente encontrándose con que ¡No tenía sus pantalones!
Los busco con su mirada, aterrada, se los puso de manera torpe y salió como pudo del enorme apartamento. Definitivamente estaba loca, no recordaba lo que había sucedido la noche anterior y eso que no había bebido ni una sola gota de alcohol, corrió por las calles de la ciudad, encontrándose en un barrio demasiado apartado de donde vivía con Julián ¡Perfecto! Tendría que caminar hasta llegar a casa.
Lydia Florez. 20 años. Alfa recesiva.
Básicamente esa era toda la información que podía decir sobre si misma. No tenía familia, no asistía a la universidad, mucho menos tenía un hogar. Cuando cumplió la mayoría de edad pudo huir de casa de su padre y desde entonces se alegra de no habérselo encontrado en las calles de su ciudad. La historia de su madre es cuento aparte, aquella que la abandono por irse con un hombre más adinerado que su alcohólico padre, era un tema difícil de hablar para la rubia, algo que prefería guardarse para si misma.
En la vida solo contaba con una persona, Julián Bermúdez. 23 años. Alfa.
El pelinegro había sido su amigo desde el instituto, luego de graduarse le ofreció vivir juntos en el apartamento que sus padres le habían obsequiado y le había parecido una grandiosa idea, Julián era sin duda alguien curioso, era alto, de cabello negro, sonriente y alguien trabajador, que al contrario de Lydia, se encontraba asistiendo a la universidad.
A Lydia no le hacía falta, no era su sueño después de todo, si le preguntan cual era su sueño definitivamente respondería ¡Casarme con un omega adinerado y que me mantenga! Esa sería la respuesta más sincera que puede dar. Pero no era para nada atractiva, su cabello rubio lacio caía por encima de sus ojos almendrados; color miel, sus labios gruesos y rosados, su estatura baja a comparación de otros alfa y su delgado cuerpo ¡Era una farsa de alfa! Eso lo sabía.
- H-Hueles demasiado bien...
Lydia detuvo sus pasos ante aquel recuerdo ¿Qué diablos fue eso? Se preguntó.
- Y dices que no eres un omega -bufó.
¿Qué hice?
Su cuerpo se tambaleó hasta chocar con la pared y todos los recuerdos de la noche anterior vinieron a su cabeza. ¿Por qué le había pedido eso a ese alfa? Su cabeza se movía de un lado a otro de manera rápida. Entonces recordo algo, necesitaba ir al hospital y con urgencia.
[...]
- Al parecer si hubo un error -el doctor comento apenado- Esto es un error poco común, al parecer se ha presentado formalmente como omega -miro apenado a Lydia- ¿Quiere que le comente sobre las recomendaciones?
- ¡No! -grito- ¿Soy una omega?
- Le recomiendo que consiga supresores que vayan de acuerdo a su cuerpo o de lo contrario no servirán para nada, recuerde usar protección sino podría quedar en embarazo y por ultimo, cuidarse en las etapas de celo, para los omegas recesivos es difícil de controlar.
- ¿Embarazo? -preguntó perdida.
¿Podía quedar embarazada si no se cuidaba? Parecía ser el fin del mundo para la rubia. Presentarse como omega a los 20 ¡Porque tuvo ese destino tan cruel! De manera lenta, casi agonizante, se puso de pie y camino hacia la pared del consultorio. No aceptaba su realidad.
- ¿Señorita Florez?
Sus pequeñas manos palparon la pared, llevo su cabeza hacia atrás y tomando aire, tomo impulso y golpeo su cabeza con la pared de manera violenta.
- ¡Señorita Florez, qué diablos hace! -el doctor se puso de pie y corrió hacia Lydia, quien yacía tendida en el suelo.
- Quiero morir... -se lamentaba.
- Déjeme curar esa herida -suspiro, ayudando a poner de pie a la rubia.
- ¿No hay algún procedimiento para volverme un alfa? -pregunto lagrimeando- Por favor, doctor. No quiero ser una omega.
- Tal procedimiento no existe -le sonrió que dulzura- Pero puedo darte libros con toda la información sobre omegas recesivos ¿Qué te parece? También puedo regalarte supresores, ser omega no es tan malo, además es maravilloso, eres una señorita joven y hermosa. Podrás formar una familia fácilmente.
¿Una familia? Pensaba.
- Lo dice porque es un beta ¿cierto? -preguntó al borde del llanto- ¡Estoy arruinada!
- No exagere, señorita.
De manera adolorida se sentó en la silla y espero pacientemente a que el doctor pusiera una curita en su frente, ya sentía el gran chichón que tendría en su frente más tarde. ¿Una omega? Suspiro, debía adaptarse a su nueva vida.
Agradeció algo avergonzada al doctor por la escena bochornosa que había dado en el consultorio, pero es que vamos, no todos los días te enteras que no eres alfa, sino una omega ¡Una gran sorpresa! Y salió rumbo al apartamento que compartía con Julián, esperaba que no tuvieran inconvenientes en compartir su hogar, sino estaba aun más arruinada.
[...]
- ¿Una omega? -preguntó sorprendido el pelinegro.
- ¿Crees que pueda seguir viviendo aquí contigo? -pregunto cubriéndose con las sabanas.
- No te preocupes por eso, Ly -Julián le sonrió- Este sigue siendo tu hogar también. Además ¿A donde irías si no te quedarás aquí conmigo?
- Puedo pagar una habitación -respondió dudosa- Él dinero que he ahorrado trabajando...
- Pero eso no será suficiente -comento el pelinegro- Quedate aquí, prometo que te cuidaré, como siempre.
- Juli -los ojos de Lydia brillaron- Eres como un sol, enserió gracias... Cuando sea millonaria, te pagaré todos los viajes que desees.
- Ya lo dijiste.
Lydia se lanzó a los brazos del pelinegro de manera cariñosa. Su relación de amistad había sido de esa manera desde el momento en que se conocieron, pues Julián era como él hermano que nunca tuvo y siempre la cuidaba, porque a pesar de ser una alfa en el pasado, siempre fue el foco de las burlas y los problemas, su vida en el instituto tampoco fue muy divertida que digamos.
Y para ser claros, nunca hubo una atracción entre ellos.
Suspiro en medio del abrazo y sintió como el sueño empezaba apoderarse de su cuerpo, ahora era Lydia Florez, la omega recesiva y aunque le costará debía aprender a vivir de esa manera.
- Debo conseguir un trabajo rápido -murmuro entre el cuello de Julián.
- No te preocupes por eso, tengo dinero suficiente para pagar este lugar y nuestras comidas -dijo acariciando el cabello de la rubia.
- Quiero devolverte el favor -respondió adormilada- No quiero que tú mamá vuelva a regañarte por mi culpa...
Aunque su mejor amigo fuera un sol, la madre de este, una alfa también, no era alguien agradable y siempre había visto a la rubia como un parásito que quería arruinar la vida de su único hijo. El mundo de los sueños parecía bastante cómodo, soñaba entre montones de billetes, mientras tomaba un baño en su inmensa bañera. Pero entonces, de pronto sintió como si alguien la estuviera observando, los billetes se habían esfumado y sintió el miedo invadir su cuerpo.
Un golpe seco hizo que abriera los ojos asustada. La casa se encontraba a oscuras y Julián no se encontraba a su lado.
Escucho voces en la sala y como pudo se puso de pie y camino despacio hasta encontrarse con la figura de la madre de su mejor amigo. ¿Qué hacia la mujer a esas horas en la casa?
- ¡No puedes quedarte con esa mocosa en esta casa! -gritó furiosa- Te lo prohíbo, Julián, sobre mi cadáver.
- Lydia no tiene donde quedarse -respondió de igual manera el pelinegro- Prometí ayudarla, te guste o no -su mejor amigo parecía molestó.
- ¿Crees que puedes hablarme de esta manera? -preguntó mirando por encima a su hijo- A mi, tú madre.
Y diablos, no quería que su amigo tuviera problemas con su familia por su culpa, por eso aunque sus piernas temblaran y se sintieran como espagueti, dio un paso adelante, cayéndose vergonzosamente, llamando la atención de ambos alfas.
- ¿Lydia?
- Juli -rápidamente se incorporo, poniendose de pie totalmente avergonzada- Me iré -musito.
- No le hagas caso a mi madre, tú puedes quedarte el tiempo que necesites -respondió apenado.
- Tengo ahorros -comento nerviosa- Así que puedo conseguir un lugar para dormir -quiso sonar convincente.
- Quedate esta noche -pidió- Aunque sea quedate esta noche.
La pelinegra observo a su hijo de manera seria y asintió, dándole permiso y abandono el apartamento. Aunque no había cruzado mirada con la señora Bermúdez, su sola presencia hacia que el pequeño cuerpo de Lydia temblará.
- Lo siento Julián.
- Discúlpame tú a mi -murmuro avergonzado- Prometo que mañana te ayudaré a encontrar un sitio donde puedas dormir ¿De acuerdo? Ahora regresemos a la cama.
Algo que le sorprendía de Julián era lo diferente que era de su familia, todos alfas dominantes, de presencia temible, violentos. El pelinegro no era así o eso percibía la rubia, su amigo era como un sol y dulce como un algodón de azúcar, era alguien cariñoso y raramente decía malas palabras, no como ella, que insultaba a todos por gusto, Julián Bermúdez era un alfa diferente y por eso era su mejor amigo.
Agradeció que no la echarán a la calle a las 11 de la noche, pues no encontraría un sitio donde dormir y esperaba tener suerte al día siguiente encontrando un buen lugar, también esperaba que sus ahorros fueran suficientes. Siguió al pelinegro hacia la habitación y quiso llorar del enojo que sentía, a buena hora venía a presentarse como omega y daba problemas.
- ¿Crees que encuentre un buen sitio mañana? -pregunto tapándose con las sabanas.
- Hablaré con un amigo para que te ayude ¿Qué te parece? Creo que este chico del que te hablo, es como una especie de mejor amigo de una familia adinerada y tienen varios edificios a nombre de la familia, espero pueda conseguir algo para ti.
- Eso suena genial -comento sonriéndole a su amigo- Gracias por siempre ayudarme, Juli. No se que hubiera hecho sin ti todos estos años de mi vida.
- Somos mejores amigos ¿no?
- Si, casi hermanos -le siguió el juego.
- No me agradezcas más y descansa. Has tenido suficiente con todo el asunto de ser omega, iré a darme una ducha, tú deberías descansar.
Y fue como una orden, porque los ojos de Lydia empezaron a cerrarse, escucho los pasos de Julián alejándose y luego el sonido del agua caer, un buen sonido para dormir como bebé.
[...]
Flashback
- Debes sentirte aliviada de ser una alfa -su padre hablaba- Sino ya te habrías marchado con cualquier hombre como la asquerosa de tu madre.
Sus brazos ardían y por sus mejillas se deslizaban dos lágrimas cargadas de dolor. Si era una alfa ¿Por qué su padre la trataba de esa manera? No tuvo tiempo de pensar en una respuesta porque sintió un fuerte ardor en su espalda.
Uno tras otro, los golpes con el látigo se habían convertido en los favoritos de su padre, siempre que bebía en casa, siempre le pegaba a Lydia.
¿Por qué no huía? Se preguntaba aquello a veces, pero siempre le ganaba el pensamiento, ¿Por qué sigo con vida?
Aún continuaba en el instituto, no podía simplemente escapar. Tenía la esperanza de graduarse e irse, pero debía esperar un poco más, debía soportar todo ese dolor unos meses más y podría ser libre del hombre con quien su madre la abandono, dejándola en una prisión sin salida, dejándola a su suerte.
- Incluso te pareces a ella -su padre acaricio su cabello- Su cabello rubio, lacio; precioso, su pequeña y delicada espalda, incluso su maldito olor -otro golpe- Tienes la mala fortuna de parecerte a ella.
Las lágrimas caían por sus mejillas de manera inmediata y aunque los golpes quemaran en su piel, ya no le quedaba voz, ya no le quedaba energías para gritar de dolor, para gritar por su vida, porque sabía que al día siguiente, su padre actuaría como si nada hubiera ocurrido, como siempre hacía.
- ¿Por qué tenemos que venir tan temprano? -Lydia bostezaba.
- Son las 11 de la mañana -el pelinegro ánimo- Además, estamos yendo a conseguir un buen sitio para que puedas quedarte.
- Pude haberlo hecho más tarde, Julián -se quejó- Tengo demasiado sueño.
- Eres un caso perdido -hablo revolviendo el cabello de la rubia- Por cierto ¿Acaso te encogiste? -preguntó mirando a Lydia con diversión.
- ¡Qué! -grito asustada- ¿Me encogí? -preguntó mientras miraba su cuerpo y se palpaba- No puede ser Juli, estoy empezando a deformarme -se lamento.
La fuerte carcajada del pelinegro hizo que Lydia levantará su mirada ¿Lo estaba haciendo a propósito? Cruzo sus brazos, abulto sus labios en un tierno puchero y le dio una mirada asesina s su mejor amigo.
- No es gracioso -murmuro.
- Oh vamos -le ánimo- No te pongas así.
- Puedo olvidar que eres mi mejor amigo y puedo golpearte -amenazó.
- Pero si tus golpes no duelen, Lydia -la sonrisa del pelinegro creció al notar la pataleta de la más baja.
La rubia pateo el suelo en señal de rabieta, no quería ni siquiera pensar que se estaba realmente encogiendo, aunque siempre había sido de estatura baja, medía 1,68 y era demasiado baja para ser un alfa.
Era algo que siempre le habían recalcado toda su vida.
- Puedo golpearte duro si me lo propongo -aseguró- ¿Quieres que intente?
- No estoy seguro -hablo dudoso- Quizá me arriesgue luego -canturreo alejándose de la rubia- Vamos tarde, mejor apresurémonos.
El recorrido fue más simple de lo que esperaba. Habían caminado alrededor de 20 minutos, finalizando su recorrido en una edificio de mala muerte, aspecto que hizo que Lydia arrugará su rostro en señal de asombro ¡No iba a vivir en esa pocilga! Miro a su amigo, quien tenía una expresión muy parecida a la suya y volvió su mirada hacia el edificio. Las paredes estaban quedando sin pintura, tenía ventanas rotas, el olor era nauseabundo, incluso pensó ver sangre en los rincones, la rubia ya se imaginaba lo peor.
Ahora como omega, no podía arriesgar su vida de esa manera, vivir en esa pocilga y arriesgarse a ser victima de algún robo o incluso ¡Involucrarse en algún asesinato! Lydia era débil, no mataba ni a una sola mosca y aunque sonará convincente a la hora de pelear, sin duda no dudaría en salir corriendo con la cola entre su rabo.
- Ehm ¿Julián? -preguntó halando de la camisa al pelinegro- No hablabas de este lugar ¿cierto? Creo que nos equivocamos de sitio...
- Pero esta es la dirección -menciono mirando su celular.
- C-Creo que deberíamos irnos -Lydia lucía asustada- Tengo un mal presentimiento.
- No te preocupes, Ly -le tranquilizo- Caminemos un poco y preguntemos si tenemos la dirección correcta. Él idiota de Diego no responde el teléfono -bufó guardando su celular en el bolsillo del pantalón.
- Deberíamos irnos -insistió- De verdad tengo un mal presentimiento.
Aunque le insistiera al pelinegro, este la tomo del brazo y empezó a guiarla al edificio de mala muerte. Encontrarse aterrada era poco, cada vez se adentraban más y todo se encontraba completamente vació, empezaba a dudar que alguien viviera en esos apartamentos. Sujetaba el brazo de Julián de manera fuerte y es que ¿Como harían si los asaltaban? Ella era pequeña y aunque podía defenderse, dudaba que pudiera impedir que sucediera algo malo.
Empezó a sentir como su piel se ponía chinita, realmente presentía algo malo ¿Estaban en peligro? ¿Algo malo iba a suceder? Eso era demasiado posible, porque cuando 5 tipos aparecieron frente a ambos, la sangre bajo a los pies de Lydia.
- Ponte detrás de mi -el pelinegro empujo a la menor a su espalda.
- Corramos -ánimo a su amigo- Podemos devolvernos , tenemos tiempo...
- No tan rápido rubiesita -una voz grave hablo a su espalda.
Y sin tener oportunidad de reaccionar lo apartaron de Julián, alzándola como costal de papa, veía todo al revés y la expresión de su amigo era de terror total.
- ¡Lydia! -gritó Julián, corriendo para tratar de alcanzarlo.
- ¡Juli! -como pudo estiro su mano, queriendo darle alguna chance al pelinegro de que la alcanzara.
Pero entonces, el pelinegro fue alcanzando por los 5 tipos que habían aparecido hace unos minutos. No estaba seguro de si todos eran alfas, no podía pensar con claridad, tenía miedo, estaba aterrada, quería volver a casa de Julián y dormir bajo las sabanas, cerro sus ojos con fuerza, queriendo que todo simplemente se terminara.
- No, no, no -repetía entre lágrimas.
- Mierd-
Al parecer habían tropezado con alguien.
- ¿Mucha prisa?
Esperen, esa voz... Lydia abrió los ojos rápidamente. ¡Reconocía esa maldita voz! Sus mejillas se ruborizaron al recordar lo sucedido la noche anterior, pero no podía pensar en la vergüenza en ese momento, no cuando estaban matando a su mejor amigo.
- ¡Suéltame, maldita sea! -empezó a patalear, para tratar de zafarse o aunque sea caer al suelo.
- Maldita omega -el hombre se quejaba, mientras la sujetaba con más fuerza.
Oh demonios, no estaba funcionando ¿Él tipo no la reconocía? Si es era el caso, no tenía escapatoria. Moriría, venderían sus órganos, quedaría vacía por dentro ¡Moriría demasiado joven! Las lágrimas acumuladas en sus ojos tapaban su vista, no quería que Julián muriera por su culpa y cuando el tipo que la cargaba empezó a caminar para huir, pudo sollozar con gusto, era su fin.
Su sorpresa fue grande cuando nuevamente los pasos del secuestrador se detuvieron y el rostro del alfa del día anteior mirándola con expresión curiosa, la hizo sonrojarse.
- Oh, si eres tú -musito- Creí que lo estaba imaginando.
- M-Maldita sea... -Lydia sollozo- Ayúdame...
- No tienes que pedirlo -sonrió.
Y de manera inmediata llego a los grandes brazos del pelinegro, quien aún era un total desconocido, pero por suerte él único que reconocía entre los hombres que los rodeaban.
Sus mejillas se encontraban húmedas y su cuerpo temblaba por el miedo que sentía, la policía se encontraba esposando al sujeto y De la Torre que lo cargaba como princesa, mantenía una postura seria. Entonces el recuerdo de Julián siendo rodeado lo hizo abrir los ojos de par en par.
- ¡Julián! -grito mirando hacia atrás- Debo ir por Juli, esos tipos lo rodearon -hablo rápidamente- D-Dejame bajar -pidió mirando hacia el suelo.
- Si te bajo en este momento, te caerás al suelo -la voz del alfa sonó autoritaria- Te llevaré hasta él, no te preocupes.
No tenía porque quejarse, era cierto que era imposible para él caminar, no sentía sus pies en ese momento, por lo cuál no se negó cuando el pelinegro empezó a caminar hacia la dirección donde se encontraba su amigo.
- ¿A donde vas Anthony? -alguien pregunto a su espalda.
- Iré por ¿Julián? -preguntó mirando a los ojos de Lydia.
- Si...
- Puede que se encuentre lastimado, iré a verificar y tú encargate de este sujeto, no me demoró.
- Si te demoras más de 10 minutos, iré a buscarte -avisó.
Y en silenció fue llevada hasta donde se encontraba su amigo. Solo podía escuchar la respiración del tal Anthony pues este no decía palabra alguna. Cerro los ojos queriendo esfumar los recuerdos de la noche anterior, necesitaba pensar en su mejor amigo, en nada más.
- ¿Siempre te encuentras en momentos peligrosos como estos? -preguntó en tono bajo.
- ¿Qué?
- Ya van dos ocasiones en que te encuentro en una situación peligrosa ¿No temes por tu vida? -preguntó sin mirarla.
- No es porque quiera... -puchereó- Lo de ayer me tomo desprevenida... Hoy vinimos a encontrarnos con un amigo de Julián para mirar unos apartamentos, no fue nuestra culpa.
- ¿Quién querría vivir en un edificio como este? -cuestiono- Si quieres morir, sería una buena respuesta.
- ¡Dije lo mismo! Pensé que nos habíamos equivocado de dirección, se lo dije a Julián, pero el idiota no me hizo caso -bufó.
- ¿Ese es tú amigo? -preguntó mirando al frente.
La escena era simplemente sorprendente. La señora Bermúdez observaba a su hijo con molestia y Julián, simplemente mantenía su mirada en el suelo. Los tipos que lo habían rodeado, yacían esparcidos, algunos se quejaban, otros se retorcían del dolor, no era difícil de creer que la madre del pelinegro había tenido que ver. Cuando sus miradas se encontraron, el rubio sonrió
- ¡Lydia! -el alfa grito.
- Julián -la señora Bermúdez pronunció.
Entonces el cuerpo de su mejor amigo se detuvo y entendió a la perfección. Ya no podían ser amigos. La señora Bermúdez les dio la espalda y empezó a alejarse y con una mirada triste, el pelinegro también le dio la espalda. Con cuidado se bajo de los brazos de Anthony, observando como desaparecía la única persona que estuvo para ella todos estos años.
¡Carajo!
Sin duda no vio venir esa situación ¿Qué iba a hacer ahora? Tenía sus ahorros eso era cierto, acababa de perder a su mejor amigo y aunque le doliera en el alma, no podía quedarse pasmada ¿Hundirse nuevamente por ser abandonada? No señores, Lydia tuvo suficiente con la partida de su madre.
Trato de detener sus lágrimas, abrió los ojos tanto como pudo y suspiró, escuchando una leve risa.
-Te abandona tu mejor amigo y reaccionas como si fuera lo más normal del mundo -comento con una sonrisa.
- También le di demasiados problemas -suspiró- Si tuviera que elegir entre nuestra amistad y su familia, es demasiado obvio a quien iba a elegir. Supongo que pudo ser peor, ahora debo encontrar un sitio donde quedarme -suspiro por segunda vez.
- Cierto... Venían a ver esos apartamentos -pensó por un momento- Y ¿Por qué no te quedas en mi casa?
- ¿Qué? -preguntó asombrada.
- Si no tienes donde vivir, puedes quedarte en mi casa -repitió- Es bastante grande y no suelo quedarme ahí.
- Espera... ¿Por qué me ofreces quedarme a vivir en tu casa? -preguntó confundida- Digo apenas nos conocimos ayer y no me digas que te enamoraste a primera vista de mi, porque he notado tu mirada juzgándome -lo apuntó con su dedo.
- ¿Juzgandote? -negó- En ningún momento te he juzgado.
- No... -Lydia tapó su boca y se alejo unos pasos de Anthony- No me digas que es por lo que sucedió anoche... ¿Tanto te gusto? -se ruborizo fuertemente.
- ¿Qué? ¡No! -el pelinegro soltó una ruidosa carcajada- No es por nada de eso -menciono con sus orejas rojas- Solo, creí que sería una buena idea.
- ¡Anthony!
La misma voz de hace unos minutos, pensó Lydia. Se enfoco en el desconocido que corría hacia ellos y se sorprendió de lo apuesto del chico. Cabello castaño, alto, delgado, ojos color azul ¿Quien era esa preciosidad? ¿Era omega acaso? Está era su oportunidad de encontrar a su omega adinerado, grito internamente por esa gran casualidad.
- Adri.
- ¿Todo bien? -preguntó recuperando el aire- Los policías se llevaron al tipo, Sebastián me dijo que se encargaba del resto.
¿Por qué este tipo hablaba sin ni siquiera mirarla? Era como si solo existiera el alfa ¿Tan débil era su presencia? ¡Demonios! Se cruzo de brazos, siniendose molesta.
- Gracias Adri -suspiró- Quien diría que utilizaban esta zona para el secuestro de omegas.
- ¿Secuestro de omegas? -preguntó confundida- ¿A qué te refieres?
- ¿Eres sorda? -preguntó el castaño,
- No, pero de seguro tú eres un entrometido, no hablo contigo -Lydia miro mal al castaño.
- ¿Como me estas hablando? -se acerco de manera amenazante a la rubia.
- ¡Anda! No te tengo miedo -dijo sacando pecho.
- Adri, basta -ordeno el pelinegro.
- ¡Si! -el mencionado asintió.
- Hmp -Lydia se cruzo de brazos.
- Te llevaré a que conozcas la casa -De la Torre miro al rubio con una sonrisa- Se que te gustará.
- Perdona ¿Cuál casa? -preguntó el castaño.
- Ya que insistes -Lydia golpeaba su pie contra el suelo, de manera tranquila- Con tal de que el castaño teñido no nos siga, todo bien.
- ¡Qué dices! -grito.
- Pues él debe conducir -el alfa le hizo saber- ¿Será mejor que conduzca yo? -se preguntó a si mismo.
- Yo puedo conducir, Anthony -respondió el castaño- No le hagas caso a este ser invisible -miro mal a la rubia- Andando.
- ¿Vamos? -el pelinegro miro a la más baja.
No iba a quedarse solo en ese sitio y menos sabiendo que secuestraban omegas ahí y tin tin tin ¡Exacto! Ella era una omega. Observo al castaño que la miraba con odio y se retractaba de sus palabras ¿Preciosidad? Jum, jamás en su vida se metería con ese castaño teñido.
Preparo su mejor sonrisa y asintió.
- Que lastima que tengas que llevar a este ser inservible -murmuro enarcando una ceja- ¡Andando! Debo tomar una ducha -suspiró.
Pudo escuchar los pasos de ambos desconocidos detrás suyo y los nervios empezaron a llegar a ella ¿En qué demonios se estaba metiendo ahora?