Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Operación Aroma - En la mira
Operación Aroma - En la mira

Operación Aroma - En la mira

Autor: : Eilana Osorio Páez
Género: Romance
Yaro Lozano, militar retirado que fue reclutado después de un nefasto accidente que le cambió la vida. Ahora trabajaba para una nueva agencia de antinarcóticos. Un agente en cubierto entrenado para desmantelar una de las redes narcopolítica más grande de su país. Salomé Carvajal, viuda de uno de los políticos y empresario más importante, quien resultó ser un narcotraficante, se convierte en la principal sospechosa de la muerte de su marido. Cuatro mujeres se volvieron piezas claves para esclarecer la misión de la nueva agencia. Y por ello quedaron en la mira. Pero... ¿En la mira de quién? Una historia de acción y romance que comparte un pasado doloroso. Dos seres que se ven envueltos en medio de una guerra de poderes, donde se evitará a toda costa que la verdad salga a la luz y en donde no era conveniente enamorarse de la persona de quién desconfías.

Capítulo 1 Libre

Las manos seguían temblando. Pasé tres horas en el baño, me miré al espejo.

-Señora Salomé, la cena está lista.

-Gracias, Tabata.

Canela, mi bella perra ingresó a la habitación. Una vez sola a la imagen de esa mujer vulnerable la envié al baúl del olvido. Él ya está preso y no volverá a maltratarte, no volverás a visitarlo. Dejarás que la ley caiga sobre él, nunca más volverás a la cárcel a verlo. Sigue en tu papel.

-Eres fuerte.

No tenía hambre, sin embargo, me obligué a comer. Canela parecía sentir mi vulnerabilidad. Nunca más vuelvas a pensar en Orlando, es tu esposo y en unos días te divorciarás. Mi portátil empezó a sonar, eran mensajes de ellos. Pero no estaba para contestar. No hoy, aún no estaba lista para demostrarle al mundo lo que acababa de decirme frente al espejo.

Debía asimilarlo. Los intentos de recuerdos los borré automáticamente, no pienses, no lo hagas. -sonó mi celular. Eran mis amigas, una videollamada al WhatsApp.

-Hola.

-¿Estás muy ocupada? Nos están llamando, en especial a ti.

-Me estaba bañando.

-¿Fuiste a la cárcel hoy? -preguntó Amira.

-Cada una tenía que ir, nuestros esposos nos mandaron a llamar.

-Salomé...

-¿Qué pasa Lía Luz?

-¿No has leído los mensajes? -ahora era Onely la que me miraba.

-¿Debo saber algo?

-No demoran en buscarnos.

Tocaron a la puerta. Ya me estaba asustando, era muy tarde para tocar a la puerta. Tabata fue a abrir.

-Chicas me están asustando.

-Se nos complicó todo.

-¡Hija! -Mi padre llegó en pantuflas y su pijama debajo de una gabardina elegante.

-¡Papá!

-El abogado ya viene para acá. Hablas con las muchachas.

-Buenas noches, señor Francisco.

-Lamento verlas de este modo. Los abogados de ustedes también deben unirse al mío.

-Tendremos que viajar a primera hora, cada uno se encuentra en las ciudades donde tenían recluido a nuestros esposos.

Las había conocido por ser las esposas de los amigos íntimos de mi esposo. Hemos hecho una gran amistad.

-¿Me pueden decir que carajos pasa?

-¿No lo sabes? -miré a mi padre negando.

-Mataron a Orlando, y no solo a él -los oídos se me taparon. ¿Tan pronto se hizo justicia divina? - También a Braulio, Samuel y Guillermo a todos los mataron hoy y fue después de la visita conyugal.

-En la mañana es estaba vivo...

-No solo eso Salomé. Murieron durante el día, acaban de dar la noticia a las siete de la noche y por la información que tenemos nos dejaron a nosotras como sus únicas herederas.

¿Qué pretendía Orlando? «Pronto sabrás mi verdad y siempre supe quien eras» -Eso me dijo hoy luego de... En realidad, me dijo muchas cosas, pero no quería pensar en ellas.

-Hija. Debes contratar seguridad y no es un juego. Todas ustedes deben contratar guardaespaldas. Lo que deben enfrentar no será nada fácil.

-No estaré con un pegote detrás de mí, todo el tiempo. -exclamé. Sabía defenderme.

-¡Ea Ave María, pues! Siempre y cuando sea una barra de chocolate buen apetecible me sacrifico. -Amira no tenía remedio.

-Señor Francisco, ¿Cree que sea necesario? Aunque la familia de Braulio me armará la de San Quintín. Ellos jamás me aceptaron y ahora seré la heredera de todos sus negocios.

-Onely.

La miré por la cámara. No podíamos aceptar esos negocios... no todos eran lícitos. Sonó el teléfono fijo de la casa. Tabata contestó y me lo pasó.

-¿Diga?

-Señora Salomé, su esposo fue envenenado y usted fue la última persona que lo vio con vida. No salga de la ciudad, mañana debe presentarte en la fiscalía para presentar indagatoria.

-No tengo problema señor agente. Debo hacer algo más.

-Preséntese con su abogado. -dejé el teléfono a un lado.

-¿Hija?

-Sin duda soy o somos las principales asesinas de nuestros esposos.

-También me acaban de llamar. -intervino Lía Luz-. ¿Qué vamos a hacer?

-Presentarnos mañana y enfrentar lo que se nos venga.

-Deben contratar personal de seguridad. Lo haces tú o lo hago yo.

-Mañana decido papá. -Al pensar más mi situación, ahora era una mujer libre.

......***......

La sonrisa de mi hijo Matías en una videollamada.

Venían de regreso a Bogotá, fueron a pasar el fin de semana a la Mesa Cundinamarca, en la finca de sus abuelos maternos.

-¿Ya vas a montarte en el helicóptero? -preguntó.

Sé que estaba soñando.

-Si campeón. Espero en unas horas poder verlos. ¿Tu madre?

-Conduciendo cielo. Elkin va dormido en la silla de niños.

-Fabiola, no me gusta que Matías esté en el asiento de adelante, solo tiene seis años.

-Ya vas a empezar, son las seis de la mañana. Deja de sermonearme. ¿A qué horas llegas?

Esto era un sueño.

-En unas cuatro horas. Por fin nos iremos de vacaciones.

-¡Siiii! -Tenía tan memorizado el rostro de mi hijo mayor-. ¿Me trajiste el regalo que te pedí, papá?

-¡Por supuesto!, tu padre es un hombre de palabra. También el de tu hermano. Ya me están llamando. Fabiola conduce con cuidado, recuerden que los amo.

-Nosotros también. -respondieron los dos. La cámara me mostró a mi bebé de tres años dormido. Sus rostros...

Intenté moverme, se avecina lo que por años he deseado dejar atrás...

Descendimos del helicóptero en la base militar. Al llegar al regimiento el general me esperaba. ¡Puta mierda! Me retrasarán las vacaciones. Hice la presentación oficial al mayor.

-Capitán Lozano, descansé.

-Gracias, mi general.

No, no, los sueños otra vez no. Despierta, por favor.

-No tengo buenas noticias.

-¿Cancelará mis vacaciones? Usted va a hacer que mi esposa se divorcie de mí.

-Yaro. -Su llamado por mi nombre de pila no auguró nada bueno-. Fabiola tuvo un accidente, no tenemos los datos. El informe preliminar es que tres autos fueron arrollados por un lunático, el hombre lo tienen detenido. Sin embargo, los tres autos cayeron al abismo.

Comencé a moverme. Necesito despertar, debo despertar. Esa noticia fue como si un artefacto explosivo impactara a mi lado. No, dos horas antes había hablado con ellos. Mis hijos...

-Mi esposa, iba con mis hijos...

-Lo sentimos, están rescatando los cuerpos.

-¿Los cuerpos?

-¡NO!

Desperté a la misma hora de siempre. Mi cuerpo estaba bañado en sudor, la respiración estaba acelerada al igual el pulso. Vuelven las pesadillas. ¡Puta vida!

El brazo de la compañía que contraté anoche estaba sobre mi pecho. La hice a un lado con delicadeza. Recuerdos de lo acontecido llenaron mi mente, no. No caigas de nuevo en eso Yaro. -miré a un lado, tenía tres meses de no tener sexo.

-Joven, despierta.

Eran las cuatro de la mañana. La esbelta trigueña se removió en la cama dejando ver su perfecta anatomía.

-¿Puedo usar el baño antes de irme? -afirmé.

-Dejaré tu paga en la mesa de noche. -La chica sonrió.

Me puse el bóxer, una pantaloneta, dejé el dinero donde le había dicho y tomé mi celular y billetera. Salí de la habitación de la cabaña en la que me quedaba desde hace tres meses. No tomábamos vacaciones desde hace tres años. La última misión nos tardó más de lo pensado.

Llegué a la cocina, puse la cafetera y cuando el aroma de la cafeína invadió el recinto, terminé de despertarme. Abrí las ventanas de vidrio que dan a la terraza y el viento salino me dio la bienvenida de otro día del que tengo que sobrevivir.

Los recuerdos de un par de niños sonriendo gritando. «No nos alcanzas papá...» Mi celular sonó, lo saqué de la pantaloneta y alcé mi ceja al ver el nombre del mayor Juárez. La mujer salió.

-Gracias. Te dejé mi tarjeta por si requieres del servicio.

-Eres muy amable. -volvieron a llamar, en esta ocasión contesté-. Mayor.

-Capitán Lozano. Lo espero mañana a las ocho en mi oficina.

-Le recuerdo mayor que estoy de vacaciones y me encuentro a veintidós horas de la capital.

-Tome un puto avión, y lo espero a usted y a su equipo en la oficina de GEACC. (Grupo especial de antinarcóticos y corrupción de Colombia). No me dejó refutar. Escuché la manera en que tiró el teléfono.

Era un militar de la vieja guardia, en su despacho aún hay teléfonos de los noventa-. ¡Mierda! Si interrumpieron nuestras vacaciones era porque algo salió mal. Volvió a sonar mi celular. Era de nuevo el mayor.

-Señor.

-Enciende el televisor. -volvió a colgar.

Regresé al interior de la cabaña, tomé el control y encendí, busqué el canal nacional y en primicia decían.

«Mueren de manera sospechosa los senadores y empresarios, acusados de ser presuntos narcotraficantes. Los servidores públicos destituidos fueron capturados hace cuatro meses; Orlando Agudelo, Braulio Quintero, Samuel Lemaitre y Guillermo Otalora. Fueron encontrados muertos el día de ayer en horas de la tarde en las diferentes cárceles del país, a donde fueron recluidos. El senador y dueño de la cadena de hoteles Paradise fue encontrado sin vida en la cárcel modelo donde gozaba de una celda privilegiada. Iba a dar indagatoria el próximo jueves antes de ser extraditado a Estados Unidos. Lo insólito es que sus socios de las empresas conjuntas y compañeros del senado de la república murieron el mismo el día. Las autoridades no han dado declaratoria de lo que pudo haber ocurrido. Televidentes, esto es una noticia en desarrollo. Estaremos ampliando la información en las próximas horas».

-¡Puta mierda!

Llamé a los cuatro del equipo que estuvimos por casi ocho meses prestando seguridad exterior a los senadores. Jamás nos permitieron estar en su núcleo familiar. Algo que no nos importó dado que las evidencias las pudimos recopilar de manera directa.

Conocimos los negocios turbios. Fuimos contratados en varias ocasiones para escoltarlos en las fiestas alocadas, donde solían hacer las negociaciones. Tenían una doble vida, los hijos de puta. No eran buenas personas y su entorno debía ser igual.

-El mayor nos necesita nuestra presencia mañana a las ocho en GEACC.

-Acabo de ver las noticias. Nos jodieron el resto del mes que nos quedaba. -habló Gamal.

-Nos vemos mañana. -escuchamos un gemido-. Jabir, mañana a las ocho. -enfaticé.

-Si capitán. -La carcajada de Yasar fue la más notoria.

-Le acabamos de dañar el mañanero a piloto.

-No falten.

Capítulo 2 Sospechosas

Acudí a la audiencia de interrogación con mi abogado. Rigoberto era un viejo zorro y no podía venir con un novato. De hecho, él fue quien logró meter al asesino de mi madre y hermano a la cárcel. Ese hombre que arruinó nuestras vidas por ir borracho. Y no solo la nuestra. Aún tenía grabada la imagen de ese hombre, lleno de dolor. Aunque si lo veo en la calle no lo reconocería. Solo lo vi que era alto, vestido de militar, con su gorro y gafas oscuras, sufriendo por la pérdida de su esposa e hijos, quienes también fueron arrollados por el borracho ese.

Un tercer auto también fue enviado al precipicio y eran una pareja de la tercera edad. Fue un amargo momento.

-Salomé. Todo salió bien.

-¿Eso crees? -acababa de testificar.

-Señora Salomé Carvajal de Agudelo -Al menos me dejarán de decir Agudelo. Como lo detesto-. No puede salir del país, debe estar presta a las siguientes indagatorias para esclarecer la muerte de su esposo.

-¿La dejará ir, señor agente? -Lo que faltaba, mi flamante suegra-. No ve que no ha llorado la muerte de mi hijo. Es una arpía, solo deseaba el dinero de mi hijo. -El agente sonó la palma de la mano contra el escritorio para llamar la atención de todos.

-No estamos en un juzgado. Por ahora solo es indagación, así como usted también lo hará. -Me miró el agente-. Señora Salomé. No salga del país.

-No lo haré.

Ya de camino al parqueadero donde mi padre esperaba con Ramón, su fiel chofer. Bajó del auto.

-Rigoberto.

-No puede salir del país hasta aclarar lo ocurrido. Sin embargo, Salomé. Contrata personal de vigilancia y un guardaespaldas.

-No veo por qué.

-Tu esposo fue encarcelado por ser un presunto narcotraficante, era un senador de la república y sus negocios no eran todos muy lícitos. Ahora eres la heredera de todos sus negocios y no solo te dejó dinero, también te dejó enemigos.

-Espero te escuche a ti. Porque a mí, como su padre, me ignoró por completo.

-Ya dije que lo pensaría.

......***......

Al llegar a Bogotá tomé otro taxi y me dirigí al apartamento... -A este lugar solo había venido esporádicamente, no suelo quedarme aquí, no por mucho tiempo, los recuerdos de mi familia siguen golpeando.

Encendí las noticias del mediodía, pedí almuerzo porque no tenía nada en la nevera, al mirar a un lado estaban la foto de mis dos hijos con su hermosa madre... Y los dos regalos aún permanecían envueltos.

Tomé el portátil y me puse a mirar todos los videos que tenía de la operación pasada cuando los capturamos. Una llamada que realizó Orlando Agudelo me llamó la atención. Repetí el audio.

«La información la tengo segura. Eliminé todo rastro de nuestro encuentro... Estoy muy seguro y mis amigos iguales... Por qué nadie las conoce, son lo más parcas y aburridas... En mi caso solo me dio estatus por las empresas del patriarca... un hombre respetable como suegro ayuda mucho en este mundo. Y ella custodia la información y cree que no lo sé».

¿Ella? ¿Se refiere a su esposa? No la conozco más que en las pocas fotos en el internet de su boda y uno que otro evento importante de la política o de sus empresas. Y han sido muy pocas.

Al día siguiente a las siete menos cuarto nos encontrábamos sentados en la sala de juntas de la agencia. Me saludé con mi equipo. Éramos más; cada uno tenía a su cargo un departamento. También éramos los socios de una empresa de seguridad y la vinculamos a esta agencia, así podemos tener una buena coartada.

-Señores, no me disculpo por hacerlos regresar. Pero dado a los acontecimientos y por ser ustedes quienes recopilaron las pruebas para ponerlos detrás de las rejas, ahora se encargarán de Operación Aroma.

-¿Operación Aroma? -Los cuatro hablamos.

El mayor encendió el proyector y vimos el rostro de cuatro mujeres.

-Son las esposas de los senadores asesinados. En las carpetas... -Un soldado nos entregó la información y puso a un lado cuatro carpetas-. Tienen toda la información. Iniciamos un protocolo para presionarlas a que deban buscar seguridad de la policía, sin embargo, y como lo creemos, no aceptarán y terminarán buscando a otros agentes y ahí estarán ustedes. Con inteligencias lograremos que los contraten como sus guardaespaldas.

-¿Vamos a cuidar mujeres? -Yasar alzó una de sus cejas. El moreno suspiró.

-Cuando cuidé al esposo de unas de ellas, escuché que se refirió a su esposa como un ser mojigato. -intervino Jabir. El castaño no era amante a hacer trabajos de guardaespaldas-. No le veo el sentido a cuidarlas.

-Escuchen. Ustedes estuvieron con sus esposos por ocho meses ejecutando labor de inteligencia y en ocasiones los defendieron de quienes querían hacerles daño. Ahora esas señoras son las principales sospechosas y no vamos a hacer nada porque deben de tener la información que necesitamos para saber con quienes sus maridos hacían negocios.

» Necesitamos desmantelar la estructura del narcotráfico. Hay mucha podredumbre; Militares, generales de todas las dependencias, congresistas y hasta un par de presidentes podrían estar involucrados.

» Los mandaron a callar, de eso no queda la menor duda. Ya iban a hablar, pero el mismo día de la visita conyugal mueren... Los cuatro, casi que al mismo tiempo. Y en esta ocasión fueron visitados por sus esposas, no las prostitutas. Uno murió en Bogotá, el otro en Medellín, Cali y el último en Santa Marta. ¿Les parece casual?

-No. -contesté.

-Ellas saben, y son las sospechosas del envenenamiento que sufrieron sus maridos. ¿Por qué? -Volví a mirar el rostro de las mujeres. No parecían malas.

-En todo caso no me pongan a cuidar a la gordita. -Gamal se quedó mirando a Jabir por su mal comentario-. Si en una emboscada la hieren, ¿sabes lo que es cargar a una mujer con sobrepeso?

-Capitán Yaro, usted vuelve a ser el líder de esta operación.

-Siendo así. -sonreí con malicia-. Jabir vigilarás a la gordita, la cual se llama; Onely Ospina.

Me sacó el dedo del medio como acto de grosería y todos nos reímos. No hemos visto sus expedientes. Miré los cuatro rostros en la pared. Conozco a mi equipo, no perdonan si encuentran a una mujer de su agrado, así que usaré eso para que no mezclen el sexo con el trabajo.

» Gamal cuidarás a Lía Luz Trujillo. -afirmó.

-A mí me toca cuidar a Amira Beltrán. -afirmé una sola vez ante el comentario de Yasar.

-Bueno, capitanes. Fueron escogidos una vez más para esta operación. Las estrategias estarán a cargo del capitán Yaro.

-¿Y tú te quedaste con la única bonita? -Miré a Jabir.

-Gamal, ¿podrías explicarle la razón por la cual lo hice?

-Ya lo sé. -respondió él-. Nos acabas de decir estrictamente que no mezclaremos placer con el trabajo.

-Y por eso el capitán Yaro comandará esta misión. -intervino el mayor, tomé las carpetas y se las entregué a cada uno, iban con el nombre de su objetivo a cuidar-. Las mujeres desde que se casaron se volvieron muy buenas amigas. Por ahora solo hagan reconocimientos de campo de cada una. Nosotros haremos que tengan miedo para que busquen protección personalizada y llegarán a su agencia de seguridad.

-¿En cuánto tiempo?

-Esperamos que solo sea cuestión de días, máximo una semana. Los poderosos están presionando para sacar la verdad, estamos una guerra de poderes. Los buenos queremos que los autores de tantas masacres, asesinatos salga a la luz. Mientras esperan, serán sus sombras.

-Son sospechosas por haber ido a visitar a sus maridos el mismo día y mueren los cuatro envenenados. ¿Oh son culpables? -Yasar intervino.

-No lo sabemos -respondió el mayor.

-Puede ser una trampa para inculparlas. Los famosos chivos expiatorios. Ellas deben de saber algo de sus esposos. No creo que sean tan inocentes. -comenté.

No quise hablar de lo que descubrí en el audio, puede que se refirieran a otra persona.

-Capitanes, estamos en cero de nuevo. No tenemos las declaraciones de los presuntos narcotraficantes, solo las pruebas entregadas por ustedes de que eran narcos y de los negocios clandestinos, más la evasión de impuestos. Pero los contactos, los aliados políticos, los militares que están enlodados no lo sabemos.

» Ustedes fueron escogidos por ser leales a sus uniformes. Y en las diferentes misiones desde hace diez años que nos conocemos me ha demostrado que puedo confiar en ustedes. GEACC fue creada hace siete años y ha dado resultado al ministerio de justicia. Cada uno es capitán en su especialidad. Pero todos son de inteligencia, son mis soldados, mi equipo.

-¡Sí, señor! -respondimos con orgullo.

-¿Tenemos recursos ilimitados? -pregunté.

-Como siempre. Buena distribución capitán Yaro.

-No lo alabe mayor, es un aburrido que le quita toda la inspiración del trabajo.

-Si fueras a cuidar a Salomé Carvajal... -Ella era mi objetivo-. Pasarías con tu miembro elevado todo el tiempo.

-Y por eso me mandas a cuidar y ser el perro faldero de la gorda. Se te agradece.

Volvimos a reír. Era un pesado, sin embargo, un fiel y correcto amigo, aparte del mejor piloto de Colombia.

El mayor se fue. Nos quedamos en silencio mirando y analizando nuestras misiones personales. Al abrir la carpeta vi la hoja de vida de Salomé Carvajal; hija de un empresario muy reconocido y multimillonario bogotano. Se casó una vez terminó su carrera de administración de empresas. La cual no ejercía por ser una esposa y ama de casa de uno de los empresarios más exitosos de Colombia, el cual resultó ser narcotraficante.

No podía negar que era una belleza. A sus casi veintiséis años, se veía que la vida la había tratado como una princesa de porcelana. Era trigueña, de cabello castaño medio, ojos cafés claro tirando a miel, mide un metro con sesenta y ocho. Despilfarradora de dinero, ya que solo suele frecuentar almacenes de marcas exclusivas. Su matrimonio duró tres años y ahora era viuda.

Miré las fotos de sus familiares. Solo le quedaba su padre; su madre y hermano murieron en un accidente automovilístico... cerré de manera abrupta la carpeta, al levantarme de la mesa mis compañeros me miraron.

-Lozano, ¿todo bien?

-Salomé perdió a su madre y hermano en el mismo accidente donde mi esposa murió con mis dos hijos. Hace más de siete años... -Aquel día murieron siete personas en total. Aquella tarde, un loco borracho se llevó a tres autos que venían de la Mesa.

-No es tu gusto de mujer, porque detestas a las mujeres elitistas. Pero mira que tienen algo en común.

Gamal se encogió de hombros. No iba a tomar su cuidado, no quería empatía con nadie.

-Cambiemos. -Le dije a Gamal.

-No. Esa mujer es preciosa y le pararía el miembro a cualquiera, menos al impenetrable muro de concreto, forjado con miles varas de hierro. No hermano, algo de empatía y humanidad no te hará daño.

-Tienes razón, capitán Acevedo. -Le dijo Jabir-. Viendo los toros desde esa barrera, me quedaré gustoso con la mujer de medidas proporcionadas. Si con ello, el hombre de acero se humaniza un poco.

-¡Hablan como si fuera una pila de mierda!

-No nos referiremos a eso, Yaro. -miré a Yasar-. Es que desde la muerte de Fabiola te cerraste, le diste la espalda a la empatía, al amor. Nosotros tenemos tales privilegios de afecto de tu parte, porque somos tus amigos desde antes. Tú sigues vivo hermano, pero tu alma y corazón murieron junto con tu familia. Así que no cuentes con el cambio de objetivo. Por cosas de la vida tú pusiste los ojos en la mira a la bonita. Lo hiciste sin saber su historia. No tienes de otra que cuidar, proteger y convertirte en la sombra de la preciosa mujer llamada, Salomé Carvajal.

Capítulo 3 Amenaza

La familia de mi difunto esposo desde ayer cuando la noticia se hizo pública y luego nos vimos en la fiscalía han sido una tortura. Hoy era el sepelio. Menos mal se quedaron en su casa en Bogotá. No deseaba tener que atenderlos, nunca nos llevamos bien y no lo haremos ahora.

Con mi suegra... Esa mujer era la peor madre del mundo, no me extraña que fuera la culpable de criar a un hombre como él. Fue un completo farsante. Cuando Orlando me fue infiel a los cinco meses de mi supuesto feliz matrimonio, la susodicha se puso de su lado y prácticamente me dijo que tenía que aceptarlo de ese modo, porque era quien me tenía viviendo como reina.

Desde que nací mi padre me ha criado como su princesa, no fueron esas las razones por las cuales permanecí con él. En fin. Esa señora y yo no compaginamos. A él le gustaban las mujeres, y al momento de casarse se le olvidó que debía respetarme, yo era su esposa. De ahí en adelante fue un calvario el matrimonio.

Nada más debes fingir unos días mientras que ellos están aquí. El despertador sonó, aunque ya me había despertado. De nuevo ese recuerdo... La conversación con mi madre horas antes de su accidente. No fui con ellos a la Mesa, por mis trabajos de la universidad, estaba en los parciales del tercer semestre de carrera.

Me salvé porque mi madre se fue con el de manera rápida por su enojo con mi padre. Yo me quedé con papá; habían tenido una fuerte discusión con mi madre, nunca habían peleado de esa manera. Por eso me salvé.

-Hija, ¿tu padre?

-No lo sé mamá, ya sabes lo mucho que trabaja. Anoche cenamos y luego me encerré en la habitación. ¿Sigues enojado con él?

-Ya sabes cómo se pone mamá cuando pelea con papá. -Javier intervino-. Aunque la discusión de hace ocho días, fue apoteósica.

-A mi regreso hablo con los dos de algo muy importante y una decisión que tomé, una verdad a confesar.

-¿Sobre papá?

-Sobre mi vida, hija. Hay situaciones insostenibles. Y esta semana lejos me ayudó a pensar.

-¿Sigues creyendo que papá te es infiel? Solo trabaja mucho, mamá.

-No hablaremos por teléfono.

-Ha estado muy misteriosa, ya te darás cuenta. -volvió a intervenir Javier.

-Espero contar con ustedes dos para la decisión que tomé, y espero me perdonen.

Eso sonó a divorcio. Mi padre era dueño de varias empresas de mensajería internacional. Llevan casados más de veinte años, no son la pareja perfecta, pero jamás he visto las infidelidades que mi madre suele decir de un par de años para acá.

El sepelio era a las nueve de la mañana y los medios de comunicación me tendrán en la mira. Así que a fingir. Al poner los pies en el piso solo encontré una pantufla. «Canela». Caminé por la amplia habitación. Desde que me notificaron que los bienes, él me los heredó a mí... Eso será un gran problema.

-Canela...

Tabata ingresó para darme mi café. Luego me bañé, busqué la vestimenta adecuada para el sepelio de mi esposo. Saqué un vestido negro con esferas pequeñas blancas, tacones, bolso y gafas negras. Lástima que no podía utilizar mi labial rojo. -Sería... ¿Y por qué no podía usarlo? Me vale un carajo lo que digan.

Tomé el labial rojo vivo y le di vida a mis labios. Una vez arreglada me apliqué perfume, fui al comedor, pero solo volví a tonar café. El teléfono de la casa sonó. Ese debe ser mi padre, es enemigo del celular.

-Señora, Agudelo. -Una de las empleadas me seguía llamando por el apellido de Orlando-. Su padre.

-Gracias. -Manuela me entregó el teléfono-. Buenos días, papá.

-Hola, hija.

Desde la muerte de mi madre y hermano nos volvimos muy unidos. Solo nos tenemos el uno al otro. Cariño, ¿deseas que pase por ti para ir al sepelio?

» Sería buena idea, así no ves a tu suegra sola.

-Me encantaría papá. Gracias por tu inmenso apoyo.

-De camino paso por ti y sabes que nadie tocará a mi princesa.

-Te conozco, ya debes estar por llegar. Y tengo que decirte algo importante, anoche el abogado de Orlando llamó, confirmó que era la única heredera.

-Vas a necesitar mucho de mi compañía. Esa víbora no se quedará quiera.

-Te amo, papá.

-Y yo igual.

Por la distancia tenía un margen de unos quince minutos. Mi padre viene de Cajicá. Desde el accidente se radicó en la finca y desde ahí maneja los negocios. Rara vez viaja a Bogotá. Desde mi boda yo vivo en Chía. En una cárcel lujosa.

-Deberías de venir a la finca unos días. ¿Te parece?

-Es la mejor propuesta, me llevo a la señora Tabata y a Canela.

-A la destructora de chanclas. -Me eché a reír-. Cada que la traes debo comprar un par de nuevo.

-No eres el único, yo ya me di por vencida. Te espero, papá.

Le notifiqué a la señora Tabata que a mi regreso nos iríamos a pasar unos días a la finca de mi padre. No quería lidiar con los periodistas que estaban en la puerta de mi casa a la espera de unas declaraciones de mi parte, Rigoberto me pidió no hablar con nadie.

-¿Le empaco ropa para ocho días, señora?

-Para ambas. Y no olvides la cama y las chanclas de Canela.

El chofer de mi padre inclinó un poco la cabeza y se ofreció a ser mi escolta para llegar al carro de papá. Una lluvia de fotos mientras llegaba al carro.

-Señora Salomé, ¿Quién pudo matar a su esposo? -continué caminando-. Dicen que él murió una vez usted lo visitó en la cárcel. -No dije nada-. ¿Usted mató a su esposo? -Me detuve antes de que Ramón me abriera la puerta.

-No permitiré una calumnia en mi contra. Investiguen ustedes en vez de estar importunando en una situación como esta. Mi esposo acaba de morir, ¿y usted me levanta una calumnia? ¿De qué noticiero es?

Vi el logo en su chaqueta y era del gran medio de comunicación, que en Colombia era una plaga de periodistas vendidos y lambiscones de los políticos.

» Espere a mis abogados, señor.

-Es lo que dicen.

-¡Investiguen! Si fuera sospechosa la policía ya me tuviera detenida, ¿no lo había pensado? Hagan su trabajo en vez de estar buscando chismes faranduleros. Limítense a investigar, busquen la verdad. ¿No es ese su juramento de periodistas?

Ingresé iracunda al carro de mi padre, al verlo vi que reprobó mi comportamiento.

-No era necesario. -Las manos me temblaban.

-¡Insinuó que lo había matado! No voy a tolerar una calumnia, no lo amaba desde hace mucho, pero no lo maté.

-Murieron los cuatro al mismo tiempo, y ustedes los visitaron horas previas. -Esa mirada afilada me escrutó.

-Era la visita conyugal y Orlando me pidió que lo visitara.

-¿Te acostaste con tu esposo en una cárcel?

-Es mi vida íntima y no la hablaré contigo, papá.

Mientras el carro andaba, le mandé unos mensajes al abogado, lo puse al tanto del percance, quedó de ir a presentarse en el canal de los medios de comunicación y presentar una querella o demanda si era el caso. Al llegar al lugar donde velaban a mi esposo ya estaba su familia llorándolo.

-Pronto acabará la farsa, hija.

-Gracias por estar conmigo y apoyarme.

-Siempre mi cielo. Eres lo único que me queda.

Sus ojos café claros como los míos eran lo único real que tenía en este momento de mi farsa vida. Ya deseaba dejar atrás todo este embrollo y desgastante matrimonio. El ser la única heredera pareciera que fuera un castigo.

» Onely, Lía Luz y Amira, ¿cómo están? Hoy no las he llamado.

-En lo mismo que yo. Sin embargo, sus padres decidieron sepultar a sus hijos en sus ciudades de nacimiento. Por eso no se encuentran aquí.

Las miradas acusadoras de la familia de Orlando eran afiladas navajas, pero más que dolor, era por rabia. Todo quedó a mi nombre. Aquí no bajaré la cabeza. No tengo la culpa de que Orlando no los incluyera. No teníamos el mejor matrimonio y desde hace meses no teníamos sexo hasta la visita conyugal... fue un nefasto día.

Escuchamos al sacerdote, luego caminar hasta el lugar donde lo sepultaron. Los llantos de otros. Yo no pude derramar una gota de lágrima, sé que era acusada y por mi rojo en la boca hablaran mucho.

Comencé a sentirme observada, miré a todos lados, desde lejos se veían los periodistas, había mucha gente. Cualquiera podía estar mirándome. Tomé el brazo de mi padre. Lo sepultaron, su hermano habló del gran hermano que era y a mí me llegaron las imágenes de... -La piel se me erizó por el asco y otra vez las ganas de bañarme me invadieron.

-¿Te encuentras bien, hija?

-Que se acabe esta farsa.

-Salomé. -llegó mi suegra-. En nuestra casa en los Rosales estaremos recibiendo a los amigos de mi hijo.

-Bien por usted. Yo me voy con mi padre. -La mujer se puso roja-. Que tenga un buen día, señora Magali.

-¡Eres una desconsiderada! -dijo entre dientes-. Como ahora eres la dueña de las empresas de mi hijo.

-Lamento que su hijo no le dejara más de lo que le dio en vida. Referente a las empresas, una vez la policía, realice las investigaciones, venderé todo. No quiero nada de su hijo, sin embargo, no se me da la gana de dárselo a usted.

-Eres una... -Mi padre se puso a mi lado.

-Usted y solo usted es la culpable del hijo podrido que trajo al mundo. -Me le acerqué-. No verá ni un solo peso del violador de su hijo. -Le susurré, sus ojos comprendieron mi odio hacia Orlando.

Me despedí. -volví a mirar a todos lados, era incómoda la sensación de ser observada-. Antes de subir al auto con mi padre, sonó el celular y decía número desconocido.

-Buenos días.

-Matamos a su marido, si abres la boca, mataremos uno a uno a sus familiares, comenzando por su padre. -miré a papá-. Lo que le haya entregado su esposo a cuidar. Entréguelo.

Terminó la llamada y miré a todos lados. ¿Por qué me amenazan? -Volvió a sonar mi celular y era Onely desde el chat de las cuatro.

-Hola, chicas.

-Me acaban de llamar de un teléfono desconocido. ¡Me amenazaron con matar a mis padres!

-¡Ve, mirá! A mí también me llamaron. -Era Lía-. Y me piden que no revele lo que Guillermo, mi flamante esposo me dio a guardar. ¿De qué carajos hablan?

-No pues. ¿Nos tienen en la mira ahora? A mí me dijeron lo mismo. -Amira suspiró-. Aparte de qué tengo a los hijos de su madre, de los periodistas respirándome en la nuca. Pues, irán a acabar hasta con la casa de Pomelo, porque no tengo ni idea de qué pendejada están diciendo. Samuel ni me determinaba.

-Debemos de informarle esto a la policía -dije.

-Así parece.

-La pesadilla continuará -Onely habló-. Tanto estrés me está dando muchas ganas de comer.

-¿Cuándo no tienes ganas de comer? No puedes subir un kilo más.

-Amira no empieces. Nos vemos en unos días. Me quedaré con mi familia, la brisa de Santa Marta me alejará de la vida infernal que me espera a mi regreso a Bogotá.

Al subir al auto mi padre esperaba una explicación.

-No lo sé. Pero no dejas de escuchar conversaciones ajenas.

-Salomé. Ten cuidado. Desde que entraste a la universidad cambiaste, comprendo que fue por tu madre. Pero trata de alejarte de ese mundo de drogas que dejó tu marido.

No le dije nada. En este momento no tenía cabeza para nada más que pensar en la amenaza que recibí.

-¿A dónde señor?

-A policía Ramón. Debo poner en conocimiento de la llamada que acabo de recibir.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022