Mes 04, día 03/4.092
-Vamos cariño, puja –Wendell alentaba a la hermosa mujer en la camilla sumergida en el agua. Wendy, como se hacía llamar, lo observaba con sus ojos rojo escarlata sumamente abiertos. Estaba asustada. El parto se había adelantado y ella no estaba preparada, no se sentía preparada. Y si a eso le sumaba que su pequeño tesoro, William, estaba en casa con la esposa de Marco Aurelio Whedermell, el miedo aumentaba por mil.
-Tengo miedo, Wendell –Sus ojos color violeta se suavizaron y la miraron con amor.
-Todo estará bien, ya verás que ella y tú estarán bien –Ignoro el dolor que atravesó su mano cuando ella apretó con fuerza y besó su frente.
-Un poco más, señora Altermayer, un poco más –Wendy quiso gritarle al doctor. Lo creía un inepto en ese momento. Como a él no se le estaban desgarrando las entrañas por eso la presionaba. Lo maldijo decenas de veces e incluso deseo que algún día le tocara dar a luz.
Una hora más paso. Ella se sentía exhausta, quería dormir.
-Vamos, amor. Un poco más, una última –No sabía cómo darle ánimos, ella lucia terriblemente cansada. Era la segunda vez que pasaba por esto. Ella era tan menuda que le daba miedo que no aguantara. Ella apretó su mano pujando con todas sus fuerzas.
Todo se hizo silencio. La tensión en el cuerpo de su esposa desapareció y pronto un llanto inundo la sala acuática de parto.
-Felicidades, señora, es una hermosa bebé –Sus manos temblorosas tomaron a la pequeña. Tenso. Así quedo después de ver sus ojos blancos.
No.
No podía ser ella. No su hija.
Un dolor en el pecho se extendió como si de fuego se tratase. La respiración le fallo y el aire se cortó de golpe.
Casi grita de júbilo cuando sus ojos pasaron a violeta. Nunca había amado tanto ese color como ahora. Dejo un beso y la acerco a la madre que lloraba de emoción.
Ella estaba a salvo. Ella no era el sacrificio.
Mes 08, día 13/4.109
-Anahia –Escucho la dulce voz de mi mamá llamarme en mis sueños. Me remuevo un poco y cubro más mi cuerpo. Hace un frio de muerte, no quiero salir de la cama, quiero quedarme aquí- Anahia, Marcus está aquí –Abro los ojos de golpe y resoplo ¡Maldita sea! No puedo tener un día lejos de él y esa situación ya me está cansando. La puerta de mi habitación se abre y mamá aparece por ella. Me descubro la cabeza y asomo mis ojos perezosamente- Hija, anda levántate. Marcus está muy impaciente por verte. –Resoplo y ella me pone mala cara.
-Dame veinte minutos –Digo resignada. Ya no hay de otra. Si me niego, capaz y lo deja entrar. Ella me sonríe y cierra la puerta.
Retiro las sabanas de mi cuerpo y me desperezó. Hago mis cincuenta sentadillas mañaneras y camino hasta el baño; tomo una ducha rápida sin lavar mi largo cabello rojo escarlata, el color del cabello de mi madre, que me toco heredar al ser mujer; color que tendré hasta que logre desarrollarme.
Recuerdo cuando ella me conto que ese era su color, el color de su aura, un aura que se desato cuando mi papá le dio el primer beso. Ojalá lo mío también sea algo así, pienso con sarcasmo.
Recojo mi largo cabello en una cola alta y me miro al espejo una vez lista. Esta soy yo. Anahia Altermayer, una chica de diecisiete años, de estatura promedio, ¿A quién engaño? Soy una chaparra de metro cincuenta y seis, hija de Wendell y Wendy Altermayer. Tengo un hermano mayor, de hecho, una molesta mancha morada, como le digo para molestarlo.
Somos la evolución de los seres humanos, o al menos eso es lo que se dice en todo el mundo. Tenemos algo así como poderes; más exactamente un aura que está dentro de nosotros y que sale a flote cuando la persona que nos va a amar siempre y que siempre vamos a amar, hace algo maravilloso por nosotros.
Así de cursi como suena.
Estamos en el año 4109. El mundo ha cambiado un poco, de hecho, ha cambiado bastante. La vegetación es escasa; sin embargo, existe. El mundo está dividido en imperios o legiones; norte, sur, este y oeste. Cada territorio tiene su parte de vegetación, pero luchan entre sí por ampliar su territorio y conseguir el mejor terreno; por ello se libran batallas continuamente, o al menos eso es lo que dicen en el instituto los hombres.
Mi familia es la segunda al mando, los Whedermell, la tercera; los cuales quieren comprometer a su hijo, Marcus, conmigo.
-Anahia –Mi madre vuelve a llamarme- Estas tardando mucho.
-Voy –Tomo mi bolso y salgo de mi habitación; bajo las escaleras y ahí lo veo, un alto rubio de ojos cafés bastante claros, brillantes, el mismo rubio tomado de su padre al ser hombre. Ahora que lo pienso, me hubiera gustado tomar el color violeta brillante de mi padre, así como mi hermano.
-Anahia –Me saluda y algo en su tono de voz me incomoda. Es como si el también estuviera siendo obligado a salir conmigo. Y si es así ¿Por qué no manda a la porra a todo el mundo?
-Hola, Marcus –Le digo de vuelta y tomo la mano que me tiende con amabilidad. Mira tú. De fastidioso a amable en nanosegundos.
-Señora Wendy, se la devolveré sana y salva en dos horas –Le dice a mi mamá y le besa la mano. Caballero por mil. Aunque mi hermano es caballero por millones.
-Diviértanse chicos –Nos despedimos de mamá y salimos de casa.
Caminamos al menos una hora, una hora en la que lo ignoro porque sinceramente, su palabrería barata y vacía sobre él y su vida, sus lujos y las incontables mujeres que viven detrás de él, no me interesan. Estoy segura que William es mil veces mejor que él y las mujeres lo saben. Basta con verlo en el centro de estudios, como siempre está rodeado de chicas, de todas las clases.
Aburrida, comienzo a pasear la mirada por los alrededores. A lo lejos, veo dos tonos de verde que reconozco. El más oscuro es Jake y el más claro, un verde menta es Jackeline, dos de mis mejores amigos. Los veo felices paseando en bicicleta y sonrío.
- ¿Anahia? –Vuelvo mi cara hacia Marcus y pongo los ojos en blanco al ver su expresión de fastidio. Pues te tengo noticias ¡Tú también me fastidias! - ¿No has escuchado nada de lo que te he estado diciendo?
-Sinceramente no. Marcus, tengo mejores cosas que hacer. –Doy media vuelta dispuesta a marcharme y dejar esta farsa, pero él me retiene sosteniendo mi brazo.
-Le prometí a tu mamá que te devolvería en dos horas. –Frunzo el ceño y lo miro indignada. ¿Y este quien se cree que es? Si se me da la gana me voy y punto. Suspiro profundo buscando la manera de tratar con este idiota y cuando vuelvo a ver las cabezas verdes, una idea cruza por mi cabeza.
- ¿Podemos hacer un trato? –Entrecierra sus ojos hacia mí.
- ¿Cuál? –Es obvio que la desconfianza es lo único que tenemos en común este chico y yo.
-Sé que te gusta alguien –Abre sus ojos claramente sorprendido- Oh sí, lo sé y te tengo en mis manos, rubio banana –Sonrío un poco y luego tapo mi boca sin poder creer que le he llamado así. Si le dice a mamá, fijo me cuelga del cabello en la entrada hasta que aprenda a mantener las groserías solo en mi cabeza- Marcus, eso no me interesa, yo no estoy interesada en ti. –Trato de distraerlo del insulto. Lo último que quiero es ver a mamá en modo fuego.
- ¿No? –Parece sorprendido y podría jurar que hasta un poco aliviado. ¡Claro que parece aliviado!
-No. Puedo ayudarte a verla –Vuelve a entrecerrar sus ojos hacia mí, esta vez, con desconfianza por mil. Mira que lo estoy ayudando y tras de eso desconfía- No quiero tener una relación contigo, puedo fingir que salgo contigo y mientras tú la vez, yo paseare por ahí.
- ¿Harías eso por mí? –Bueno. No es por ti, es por mi ¡Es por librarme de ti!
-Aja –Vuelvo a mirar hacía Jake y a Jackeline, ya están algo lejos- ¿Qué dices? –Pregunto esperando que responda rápido. Soy rápida, pero no puedo alcanzar a eso dos cuando están en bicicletas.
- ¡Que sí! –Me abraza efusivamente y podría jurar que va a asfixiarme. Casi quiero vomitar de tanto amor. ¡Dios! Un poco más y vomita flores y corazones por todos lados.
-Marcus... Me estas aplastando. –Casi jadeo por aire mientras el idiota se mantiene aplastando mis escasos pechos.
-Oh. Lo siento –Libera mi cuerpo de su mortal abrazo y respiro tranquila- ¿Se vería muy mal si me voy ya? –Mis pies quieren correr con fuerza. Todo por estar lejos de él.
-De hecho, se vería muy bien. –Lo aliento esperando que se marche y me deje sola.
-Gracias, Anahia. –Me da un abrazo antes de irse corriendo hacia una de las calles populares de Surthia. Niego con la cabeza y vuelvo a buscar a mis amigos.
- ¡Diablos! –Exclamo al no verlos y comienzo a correr hacia el bosque por donde seguro tomaron camino. Después de cinco minutos corriendo los veo a lo lejos y le grito- ¡Jake! ¡Jackeline! –Ellos voltean a verme y frenan sus bicicletas para bajar de ellas.
-Anahia, ¿Qué haces aquí? Tu mamá nos dijo que estabas con Marcus –Jackeline hace una mueca al pronunciar su nombre. Si, a ella tampoco le agrada el rubio niño de papi y mami.
-Sí, pero hice lo que me sugirieron y él acepto –Me encojo de hombros ignorando la felicidad de haberme librado de él. Vaya que estoy feliz.
-Te dije que estaba tomado por ella –Le dice Jackeline a Jake.
- ¿Ustedes la conocen? –No puedo evitar preguntar.
-Sí, claro que sí. Hasta tú la conoces. –Jake me mira casi burlándose en mis narices.
- ¿Y bien? –Pregunto encarnando una ceja. Odio ser la única que no sepa de lo que están hablando.
- ¿Bien qué? –Vuelco los ojos y la miro enfadada. Jackeline no es graciosa con este tipo de cosas y cuando Jake se ríe como destartalado me enfurruño.
- ¡No te hagas, Jake! ¡Dime quien es! –Chillo desesperada por obtener una respuesta.
-Jackeline, redobles, por favor –Jackeline hace una especie de redobles con sus manos en la bicicleta mientras se ríe- Es... ¡Sofía!
- ¡¿Sofía?! –Exclamo sumamente asombrada. - ¿Nuestra Sofía? ¿La rubia de ojos azules?
- ¡Si! ¿No te habías dado cuenta? En el centro siempre se están viendo. Incluso se le colorean las mejillas.
-No ando por ahí mirando a Marcus –Trato de hacer memoria de haber visto algo y nada. No recuerdo haber visto nada. Y menos mal que no ¡Casi le bajo el amor a mi amiga! Menos mal que Marcus no me gusta, gracias a Dios que no. Aunque ¿Quién hubiera dicho que al fino Marcus le gustaba una humana Clase A? ¡Oh no! - ¡Dios! ¡Lo van a matar! –Me llevo las manos a la boca.
-Eso mismo pensé –Dice Jackeline.
-Amor es amor –Se encoje de hombros Jake mientras yo le doy una mala mirada.
-Esto no es un juego, Jake. Sus papás van a estar muy molestos de que él este saliendo con una humana Clase A
-Es una humana igual que nosotros, Anahia. Él se enamoró de ella. –Hay algo en el tono de Jake que me hace saber que esto le molesta. Es como si él también estuviera ocultando algo. Miro a Jackeline y ella se encoje de hombros igual de extrañada que yo.
-Sí, sé que es una humana igual que nosotros Jake, el problema no somos nosotros, el problema son los mayores. –Comento esperando que tome conciencia de que los padres de Marcus no van a apoyar esa relación. Nadie en los altos mandos lo van a apoyar. Quizás papá, pero no contaría con eso si Marco Aurelio le dice que no lo haga.
-Y el problema más grande será cuando él obtenga su color y logre sacar su aura y tú, no –Jackeline señala mi cabello, un poco preocupada.
- ¡Mierda! No había pensado en eso. –Si Marcus toma su aura y yo no descubrirán todo.
-Se nota –Jake en modo irónico está presente.
-Van a pensar que ya encontró a su amor y querrán saber quién es ella. ¡Dios, sus padres se pondrán furiosos!
-Sera mejor que hables con él y miren qué pueden hacer –Jackeline me abraza para quitarme un poco los nervios que se acaban de alterar. No quisiera estar en los zapatos de Marcus.
-Si esa chica es la indicada, lo voy a ayudar. –Comento decidida a servir de celestina por primera vez en mi vida. Aun cuando a mí también me toque un castigo. Todo sea por ver a mi amiga feliz.
- ¿Puedes llamar a mamá y decirle que vamos a tardar una hora más? –La sonrisa en los labios de Marcus se borra y me observa detenidamente.
-Seguro. ¿Puedo saber por qué? –Pregunta Marcus confuso.
-Hablaremos de eso. Llama a mamá, por favor. -Él asiente y saca su celular para marcar el número.
-Hola, señora Wendy ¿Cómo está?... Bien, ella está aquí, conmigo... De hecho, quería pedir su permiso para estar con ella una hora más... Por supuesto que la cuidare... Muchas gracias señora Wendy, nos vemos –Finaliza la llamada y me mira- ¿Y bien?
-Demos una vuelta –Tomo su mano y comienzo a caminar hacia el bosque. No me importa que crean que es un lugar peligroso, de hecho, es un lugar tranquilo en el que se encuentra paz. Lo adentro al bosque. Caminamos un largo tramo, incluso no conozco la parte por donde nos estamos metiendo, pero eso no importa, en este momento no quiero que nadie escuche nuestra conversación, si alguien se entera, nada bueno podría salir de ello.
-Anahia, ya estamos lo bastante lejos –Comenta preocupado mientras tira de mi mano y me detengo. Doy la vuelta y me siento en la raíz de un árbol cercano.
- ¿Por qué no me dijiste que era Sofía? –Pregunto no queriendo darle más vueltas a este asunto. Una parte de mí se siente ofendida porque es como si hubiera estado traicionando a mi amiga. Aun cuando este idiota no me importa.
-Pensé que lo sabias. –Me mira como si fuera lo más obvio del mundo. Quiero señalarle que el hecho de que sea amiga de Sofía no significa que ella vaya a andar por ahí diciendo que tiene algo con un humano que seguramente tendrá aura.
-Pues ya ves que no –Se pasa una mano por su rubio cabello y parece frustrado.
-Creo que ella es la indicada. –Dice y el convencimiento que noto en su voz me motiva a querer ayudarlo hasta el final. No creo que el problema sea Sofía ni Marcus, sino la familia de este.
-Yo también lo creo –Me mira sin comprender- Si no lo fuera, no hubieras salido corriendo apenas te di la oportunidad ¿Quieres estar con ella? –Lo miro lo más amenazadoramente que mi baja estatura me lo permite. Si él la daña, me encargaré de que William lo vuelva puré de banano.
-Claro que sí. –Responde inmediatamente.
-Perfecto, entonces te ayudare. Saldremos cada vez que ustedes decidan y nos ocultaremos, busquen un lugar donde encontrarse. –Propongo entusiasmada por servir a una de mis amigas.
- ¿Serás mi celestina? –Pregunta con burla. Grandísimo idiota.
-Si –Le pongo los ojos en blanco y cuando veo un árbol con hojas de color rojo caigo en la cuenta de que estamos en una parte del bosque en la que nunca he estado- Ahora vámonos, esta parte del bosque no la conozco.
-Sí, yo tampoco la conozco –Toma mi mano para ayudarme a ponerme en pie y cuando damos media vuelta un grupo de jóvenes aparece cortándonos el camino.
-Todavía no se irán –Dice uno de ellos con una gran sonrisa en sus labios. Tiene el cabello de un verde sumamente oscuro, casi negro y por el color de sus ojos, iguales al de su cabello, intuyo que tiene el aura libre. Tiene poderes. Solo espero que sea un humano Clase B.
-Nos iremos ahora –Afirma Marcus muy seguro de sí. Tiro de su mano haciendo que me mire. Van a molernos si no deja la antipatía y cierra la boca.
-Ellos tiene aura –Susurro despacio y veo como Marcus se tensa. Sí, estamos en problemas.
-Ustedes son del sur ¿No? –Pregunta un chico al que claramente se aprecia con un aura café intenso. Asiento con la cabeza- ¡Oh, es genial! Imagina la cara del comandante si le llevamos a dos niños de papi y mami del sur –Comenta entusiasmado. Ellos empiezan una celebración especie de burla y yo trato desesperadamente de contenerme porque no estoy al nivel de ellos, no estoy desarrollada y Marcus tampoco.
-Nadie llevara a nadie a ningún lado –Todos volteamos buscando el origen de la voz que suena tan fría como para ocasionar una corriente eléctrica en mi sistema nervioso y al igual que todos abro los ojos de par en par al ver que se trata de un chico de piel tan blanca como la mía, labios sonrosados y cabello y ojos de color negro, negro intenso, azabache. Es negro, es sumamente negro. No es un color oscuro, es negro. Puramente negro. Paso saliva y retrocedo dos pasos con Marcus. Esto está mal, nunca he visto o escuchado hablar de nadie con el aura completamente negra y el negro no es un color amigable precisamente.
-Xander –Susurra el de aura verde, esta pálido al igual que los demás- Si quieres llevarlos tú, adelante. –El temor en la voz del chico llega hasta mis oídos ¡Ja! Ahora no eres tan valiente.
-He dicho que nadie llevara a nadie –Su rostro no trasluce nada y sigue colgado del mismo árbol, no se mueve- Quiero que todos ustedes se vayan.
- ¡¿Qué?! –Grita uno de ellos, este tiene el aura azul- ¡Estás loco! Nadie se va, ellos no se van y acabo de decidir que tú no me mandas. –En cuestión de segundos, el chico de aura negra está dándome la espalda, frente a mí, en su mano derecha ya tiene una larga espada negra de una mano bien sujeta. No puedo evitar dar más pasos hacia atrás al igual que los demás.
-Saúl, te dije claramente lo que quiero. Tienes tres segundos para cumplirlo. Tres –Hace tres dedos con su mano izquierda. Es una advertencia que hace palidecer momentáneamente al tal Saúl- Dos –Baja uno de los tres dedos. Claramente no está jugando. El chico de azul, Saúl, hace una bola de energía con su mano y cuando la lanza Xander, el chico de aura negra llega a uno- Uno –La bola de energía viene hacia nosotros, Marcus me toma entre sus brazos, en un gesto que no espere nunca de él y me pega al árbol más cercano cubriéndome. Una fuerte ráfaga de viento pega el cuerpo de Marcus al mío y un estallido de luz, polvo y hojas me hace cerrar los ojos y aferrarme a la camisa de Marcus con fuerza mientras somos sacudidos como si no pesáramos nada.
Toso al tiempo que llevo una mano a mi garganta. Creo que ingerí una buena cantidad de polvo. Estoy aun en los brazos de Marcus, contra el árbol, esperando que la capa de polvo que nos rodea se disipe y me permita ver con claridad.
Sinceramente, espero que no le haya pasado nada al chico de aura negra. Él intento protegernos, o al menos así se veía.
Enfoco con gran esmero mis ojos hacia donde el chico estaba parado y creo que alcanzo a vislumbrar algo.
Poco a poco, el polvo va volviendo a su sitio y me permito abrir los ojos y enfocarlos mejor al entorno.
No puedo evitar mirar con asombro al chico de negro que está de pie, en la misma posición y no tiene ni un solo rasguño en su piel; de hecho, parece igual que antes, ni siquiera se movió un solo centímetro.
-Saúl –Pronuncia con lo parece ser su voz más suave. - No querrás comenzar una pelea que no podrás terminar. Es mejor que te marches de aquí y que te marches con todos tus amigos –Mueve la cabeza como si estuviera paseando la vista por el lugar. Saúl, al igual que sus compañeros está pálidos, inmóviles y solo observan al chico, al igual que yo.
-Anahia –Marcus tira de mi mano para llamar mi atención mientras susurra mi nombre en voz baja. - ¡Anahia!
- ¿Qué? -Pregunto sin apartar mis ojos de ese chico.
-Es mejor que nos vayamos. Aprovechemos que están distraídos.
- ¡Te crees que porque tienes esa aura negra voy a correr despavorido! ¡Estás equivocado, Xander! ¡No voy a huir de ti! -Saúl está temblando de lo que parece ser ira y su mano se vuelve a cargar de energía azul. - ¡No soy como los demás! ¡Voy a patear tu trasero! -Vuelve a lanzar el círculo de energía y esta vez, veo con claridad como Xander con un solo movimiento de su mano lo manda lejos.
-Te lo advertí –Se da la vuelta y nos mira a Marcus y a mí, quien me toma de la mano y me lleva tras su espalda. Así que este idiota tiene un modo valiente- Anahia –Me llama por mi nombre y yo me paralizo, mientras Marcus se tensa. ¡Marcus! Dios ¿Por qué no le quitaste la lengua a este tonto? - Piensa en un bonito lugar, un lugar donde quieras estar ahora mismo –Veo venir una tercera esfera de luz en medio de mi enojo mental, pero esta vez es bloqueada por una pared negra que se alza ante nosotros. Me quedo asombrada ante la forma en que estas personas utilizan el aura. Solo había visto esferas de energía y esferas de luz, pero eso es porque mi papá enseña a mi hermano a crearlas constantemente. Nunca había visto un muro- No tengo mucho tiempo, así que hazlo rápido.
- ¿Qué cosa? ¿Cómo sabes mi nombre? -Pregunto desorientada. Marcus lo dijo muy bajo. Él deja de mirarme y voltea su vista hacia Marcus.
-Imagina tu casa y aparecerás ahí. -Varias esferas de energía impactan contra el muro y este se resquebraja- ¡Maldición! -Xander extiende su mano hacia nosotros y el muro vuelve a parecer; pero esta vez, es un domo. Un domo que nos mantiene fuera del alcance de cualquier persona en este momento. - Ustedes no se cansan. -Xander tira su espada haciendo que esta quede incrustada en el pasto. Da un paso rápido y lo siguiente que veo son esferas de luz de color negro brillante siendo lanzadas de la mano derecha de Xander. Son lanzadas a gran velocidad. Mi papá no puede crear tantas esferas de energía en tan poco tiempo.
-Anahia, tenemos que salir de aquí. Esos tipos están peleando y estoy seguro de que el Blacky ganara. Tenemos que irnos. -Marcus comienza a dar golpes contra la pared negra que nos rodea buscando romperla. Después de unos segundos se cansa y yo volteo la vista hacia el chico. Esta vez recoge su espada y con una velocidad increíble llega hasta los demás chicos blandiendo su larga espada negra. Esta choca contra lo que parece ser un hacha sostenida por Saúl.
Xander empuja con fuerza y el cuerpo de Saúl se aleja un metro de él. Vuelve a levantar el muro negro entre él y los demás y el domo desaparece. Avanza hacia nosotros y yo solo me quedo ahí, estática sin moverme. Pasa por mi lado y toma a Marcus de su camisa y lo despega unos centímetros del suelo.
-Escúchame bien, niño rubio. Juro que no me caes mal, pero en este momento es así. Pon a trabajar tus malditas neuronas rubias y piensa en un maldito lugar en el que quieras jodidamente estar para que los pueda sacar de aquí -Suelta a Marcus con furia- Tómala de la mano –Ordena y Marcus obedece. Marcus en modo gallina. Estoy un poco fascinada por este chico- Piensa en tu casa o en cualquier otro lugar –Extiende su mano y esta vez una esfera negra, algo trasparente nos rodea. Se da la vuelta y veo como vuelve a blandir su espada una vez más. Saúl y sus compañeros lo tienen rodeado.
Cruza espada con el chico de aura café, mientras lanza esferas de energía para mantener a raya a los demás. Saúl logra acercarse por su espalda y levanta su hacha.
- ¡No! -Grito al tiempo que todo se hace borroso y muy oscuro dificultando mi visión. Siento un hormigueo en la parte baja de mi cabeza. Una oscuridad nos envuelve. Marcus me atrae hacia él y me aprieta fuerte. Un sollozo ahogado escapa de mis labios al tiempo que escondo mi cara en el pecho de Marcus. Lo mataron. Dios, lo mataron.
Él nos salvó y lo mataron.
Es todo en lo que puedo pensar mientras me aferro con fuerza a la camisa de Marcus y esta vez lágrimas brotan de mis ojos sin poder contenerlas.
Mataron a una persona.
Lloro con fuerza mientras Marcus permanece abrazándome con fuerzas sin decir una palabra. Siento como todo se vuelve más claro y saco la cabeza del pecho de Marcus. Miro a mi alrededor sin saber dónde estamos.
- ¿Marcus? -Pregunta una voz tímida que inmediatamente identifico como Sofía- ¿Marcus, eres tú? -El susodicho me suelta y corre hasta donde esta Sofía mirándolo confundida. Le dice algo y los dos voltean a verme, la toma de la mano y caminan hasta donde estoy. - Anahia, ¿Estás bien? -Ella se acerca y me abraza al ver el estado en el que me encuentro. Estoy temblando y llorando. Llorando por una persona que no conozco. Una persona que aun sin conocerme, nos defendió a Marcus y a mí. Sofía me abraza y yo le devuelvo el abrazo con fuerza. - Ven, vamos a dentro.
-No, no quiero –Me remuevo en sus brazos y cuando logro soltarme miro a Marcus con rabia, como si él fuera el culpable de todo- ¡No hiciste nada! -Le reprocho- Ni siquiera pareces interesado en saber qué le paso.
-Lo que paso es que está muerto. Tú viste lo que yo vi. –Espeta sin emoción alguna, sin remordimiento. Me paralizo. Las ganas de darle un golpe afloran en mi mente mientras lo miro con todo el odio del que soy capaz.
- ¿Y estas así de tranquilo? -Pregunto claramente enojada- Ese chico nos salvó la vida y tú actúas como si no hubiera pasado nada.
-Ese chico era uno de ellos por si no te diste cuenta, Anahia. Una escoria como esa merece lo que le paso.
- ¿Lo que le paso? -Avanzo hasta él y lo empujo para luego estampar mi mano en su mejilla- ¡Él no merecía nada como eso! Si no fuera por él en este momento estarías muerto. Me da asco ver que no te inmutas ante lo que le pudo haber pasado a una persona que acaba de salvarte la vida, rubio descerebrado. -Sofía se lleva las manos a la boca claramente asombrada de mi vocabulario, pero no me importa, en este momento nada importa más que ese chico de ojos negros que dio su vida por mantenerme a salvo. - Eres patético.
- ¿Patético? -Avanza hasta mí y veo como Sofía se paraliza y de su casa comienzan a salir sus familiares- Yo no soy patético. La patética eres tú. ¿No te das cuenta de que era un don nadie? No era de nuestra clase, no es puro como nosotros. Cualquier basura como esa se sentiría alagado de dar la vida por alguien como nosotros. Alguien a quien le tendrían que besar los pies - ¿Puro? ¿Pero es que este idiota no se da cuenta que ni siquiera tiene aura?
- ¡¿Qué?! -Exclamamos Sofía, su familia y yo. De pronto, Sofía da dos pasos hacia él y sin pensarlo estampa su mano en su cara, furiosa. Es un buen golpe teniendo en cuenta que ella es una humana sin aura y le ha cruzado la cara de tal manera que logro voltearle la cara y dejarlo aturdido.
- ¿Te crees superior, Marcus? -Ella lo empuja claramente cabreada- Pues déjame decirte algo, su majestad –Vuelve a darle un empujón y esta vez Marcus, aturdido por lo que Sofía está haciendo, cae al suelo- ¡Vete a la mierda! ¡Piérdete! ¡Fuera de mi don nadie y basurezca vida! -Estoy muy segura que la palabra basurezca no existe, pero ella esta tan cabreada que parece a punto de darle una buena patada a Marcus- ¡Dije fuera, maldito pura sangre! -Me sobresalto ante el pisotón que da en medio de sus piernas. Si fuera hombre, yo, hubiera soltado un grito aterrador.
Marcus se levanta del suelo como puede y trata de acercarse a ella, pero la mirada de ella deja muy en claro que si se acerca ahora saldrá muy mal parado. Marcus parece rendirse y camina hasta la verja del patio de la casa y se va.
- ¿Estás bien? -Vuelve a preguntarme Sofía.
-La verdad es que no. Necesito saber que él está bien, que está vivo al menos. -A mi mente vuelven esos espectaculares ojos negros y el momento en que el tal Saúl alzo su hacha hacia él. Cierro las manos en puños y nuevamente siento ese cosquilleo en mi nuca. Desearía haber tenido aura. Quizás no hubiera estado a su nivel, pero al menos no hubiera sido una carga.
Sacudo la cabeza cuando el cosquilleo se hace más fuerte y miro a Sofía
- ¿Tú, estás bien? -Pregunto dándome cuenta de que las palabras que Marcus dijo le dolieron. Estoy segura que sintió que eran dirigidas hacia ella también.
-Descuida. Ya estoy acostumbrada.
-Pero seguro a que no estabas acostumbrada a que las dijera él. –Ella me da una pequeña sonrisa tímida.
-No me las dijo a mí. -Hace una pausa pareciendo buscar las palabras correctas- Las dijo a alguien que él considero bajo, una basura, un desperdicio.
>>Ningún ser humano, por más baja que sea su condición social y económica o incluso, un ser humano como yo, normal, sin aura, merecen ser llamado de esa manera. Él tiene que darse cuenta que el hecho de que su familia sea la tercera al mando del Imperio del Sur, no le da derecho a tratar a los demás como si estuvieran por debajo de él. Todos los seres humanos somos iguales. Si él o su familia llegaran a perder el poder no sé cómo se sentiría él, pero tiene que ver eso como una opción.
>>No me gusta ser pesimista, pero dado el caso de que alguno de los otros imperios logre tomar el mando de este, él, su trono y su jerarquía se acabaran. Me deje llevar por un impulso, pero él tiene que aprender a ser humilde. Y si de verdad le importo, recapacitará y retirará esas horribles palabras que ha dicho. Que le sirva de escarmiento –La miro con la boca totalmente abierta. Todo lo hizo para corregirlo. Otra en su lugar le hubiera hablado y lo hubiera hecho ver que lo que hizo está mal, pero ella simplemente le cruzo la cara y lo puso a reflexionar por sí mismo. No puedo evitar soltar una leve risa que ella no tarda en acompañar con una sonora carcajada.
-Jamás espere que alguien fuera capaz de hacer eso. –Limpio las lágrimas que salieron de mis ojos.
-Ya ves. Habemos algunas locas. ¿Necesitas que te acompañe a comprobar que el chico está bien? –Me pregunta con una sonrisa.
- ¿Harías eso por mí? -Le pregunto esperanzada y siento que mis ojos se llenan de lágrimas. Quiero ver a ese chico. Quiero darle las gracias. Quiero comprobar que está bien, que logró salir del aprieto en que lo deje.
-Por supuesto que sí. Pero no vamos a ir solas. Llama a Jackeline, ella al menos tiene aura y nos puede servir –Asiento con la cabeza al tiempo que saco mi celular del bolsillo trasero de mi bolso de mano y marco el número de mí mejor amiga.
-Anahia Marie Altermayer Hoggins –Mi madre me llama por mi nombre completo apenas cruzo las puertas de la casa con mis amigas a mi espalda. Me tenso de pies a cabeza. Debí haberla llamado- Me puedes explicar ¿Por qué llegas a esta hora? -Se para delante de mí y su mirada de madre enfunfuruñada cambia cuando ve, lo que imagino, son mis ojos irritados por el llanto. - Anie, hija, ¿Qué te paso, mi amor? ¿Por qué vienes así?
Hace una hora me encontré con Jackeline en la casa de Sofía. Le conté acerca del chico de aura negra. Fue inevitable no llorar cada vez que a mi mente venia la imagen del hacha de Saúl siendo alzada, la incertidumbre que no saber si él está bien o si... Sacudo la cabeza. No... Él no puede estar muerto.
Llore durante esa hora, llore recordando a ese chico y rogándole a mi amiga que me acompañara al bosque a buscarlo. Eso no me tomo mucho tiempo, ella acepto de inmediato. La única condición que puso es que Jake debía venir con nosotras como un respaldo adicional. Por supuesto no me negué. Jake está entrenando, al igual que mi hermano y esa ayuda no nos cae nada mal.
-Anahia, háblame hija, dime qué tienes. –Mamá luce preocupada. Sacudo la cabeza y le doy una sonrisa apenada.
-No tengo nada mamá. -Trato de calmarla. - Es que me duele un poco la cabeza. Ya sabes cómo me coloco cuando tengo esos dolores. –Miento y se siente mal mentirle a ella. Nunca he tenido que hacerlo.
-Bien, siendo así mejor ve a tu cuarto a descansar -Se vuelve hacia mis amigas y les sonríe- Jackeline, Sofía, será mejor que la lleven hasta su recámara y procuren que descanse.
-Sí, señora -Responden las dos. Mi mamá les sonríe y cuando se va a dar la vuelta Jackeline vuelve a llamarla
-Señora Wendy, Jake viene en camino ¿Podría él subir con nosotras a la recámara? -Mi mamá frunce ligeramente el ceño, pero al final asiente y se marcha.
Subimos a la habitación y aprovecho para darme una ducha rápida y cambiarme. Es, unos veinte minutos después, cuando finalmente Jake cruza la puerta de mi habitación. Lo pongo al corriente lo más rápido que puedo y él solo frunce el ceño cada vez más. Estoy tentada a darle un golpe para que deje ese gesto, pero me concentro en lo importante, el chico de Aura negra. Xander.
-Bien, escúchenme claramente las tres. Anahia, estuviste delante de Blacky Knight. El caballero negro. No es que su aura parecía completamente negra; su aura en verdad es completamente negra. Es la única aura negra que ha aparecido en más de un siglo. Tenía conocimiento de que el aura negra había aparecido, pero nunca lo creí real. Ese chico tiene un corazón negro, oscuro; eso unido a lo que me dices que puede hacer lo convierten en alguien poderoso. Estoy seguro que ese chico está vivo. No lo dudo ni por un momento.
-Jake, mi amor, muy linda tu explicación, pero nosotras no te la pedimos. No nos interesa si tiene un aura negra o del color que sea. Lo importante aquí es que, ese chico salvo a Anahia y ella quiere saber si está bien o no.
-Jacky, escucha. No van a ir. No sé si lo que me dicen es verdad, pero si lo es, ni tú, ni Anahia, ni Sofía se van a acercar a ese chico. Ninguna de las tres.
-Tú no me mandas -Siseo poniéndome de pie, cabreada por su reticencia- Te llamamos para que nos acompañaras. No pedimos tu permiso. Es algo que creo correcto. Lo voy a hacer con o sin tu ayuda, no me importan las consecuencias.
-Rebelde descerebrada, préstame atención. Es peligroso. Llegaste cerca del límite del terreno del Imperio del Norte y estás viva quién sabe por qué.
-Yo sé gracias a quién estoy viva, Jake. No me interesa lo que pienses. Voy a ir. De parte de ustedes está el acompañarme o no -Me dirijo hasta el clóset y tomó mi morral- Si se deciden, los espero en la entrada del bosque -Me dirijo hacia la ventana y cuando la abro veo aparecer un círculo de color verde esmeralda pegada a esta. Me volteo y veo a Jake con su mano extendida hasta la ventana.
-Rebelde tonta ¿Cuándo vas a aprender que cuando se trata de algo peligroso yo siempre voy a estar ahí? -Sonríe y avanza hasta mi- Tenemos dos horas antes de que se den cuenta. Iremos por el cielo -Mueve su mano y veo aparecer más círculos color verde delante de mi ventana- Más vale darnos prisa. Las damas primero -Me tiende su mano y me ayuda a subir a los círculos- Cada círculo desaparece después de cinco minutos de ser tocado, así que no hay tiempo que perder. Corre, Anahia. -Ando a correr con todas mis fuerzas por el camino verde mientras doy pequeños vistazos hacia atrás para ver que los demás están conmigo. Rápidamente Jackeline se pone a mi lado y sostiene mi mano mientras corremos.
-Haremos algo útil con mi aura -Asegura y veo aparecer unos pequeños círculos verdes que parecen iluminar el camino. Son como estrellas que brillan en la oscura noche.
-Es hermoso, Jackeline -Murmuro asombrada por las pequeñas luces que nos rodean. Espero poder hacer todo esto cuando tenga la mía.
-Mi abuela me enseñó -Me explica con cariño.
-Tu abuela es una mujer fascinante –Comento observando los pequeños puntos que espabilan a mi alrededor.
-Jacky, desaparécelos. –Grita Jake- Hay soldados debajo –Todos nos paralizamos en ese momento y en un rápido movimiento de la mano de Jackeline las luces desaparecen y quedamos a oscuras- Vayan bajando –Nos ordena Jake. Unos peldaños aparecen delante de nosotros y sin pensarlo dos veces empezamos a bajarlos. Aterrizamos en el suelo y corremos hasta llegar al bosque. - Caminemos unos diez metros hacia el interior del bosque y luego enciende las luces Jacky –Esta asiente y comienza a caminar hacia el bosque. Sofía y yo vamos detrás de Jackeline y Jake va detrás de nosotras. Pasados unos cinco minutos, las luces parpadeantes vuelven a aparecer y esta vez iluminan el bosque. El verde del aura de Jackeline, hace que el verde de los árboles y los arbustos resalten mucho más. Es como un cuento de hadas, de esos antiguos que nos contaban cuando éramos pequeñas. Reconozco poco a poco el lugar por donde vamos pasando.
-Estamos cerca. Es unos metros más adelante –Comento y acelero el paso. Cuando reconozco un árbol por el que pase, ando a correr con todas mis fuerzas.
- ¡Anahia! –Escucho a Jake gritar detrás de mí. No pienso detenerme, no estando tan cerca.
- ¡Xander! –Grito su nombre mientras voy avanzando. Llego al árbol donde estaba sentada. Hay hojas, ramas y signos de pelea en el lugar- No... -Miro todo a mi alrededor deseando no encontrar el cuerpo del chico de aura negra tendido en algún lugar- ¡Xander! –Vuelvo a gritar su nombre esperando que me responda.
-Anahia, aquí estás –Comenta Sofía llegando hasta mi- ¡Por aquí! –Grita a los demás y luego mira alrededor- Dios mío –Se lleva las manos a la boca y abre mucho los ojos- Ojalá que este bien –Jake y Jackeline llegan tras ellas y con ellos las decenas de lucecitas haciendo todo más visible. El lugar está destrozado, se nota que no fue un juego lo que sucedió aquí.
-Anahia –Jackeline llama mi atención- Él debe estar vivo –Se acerca a mí y me toma de las manos- Si lo hubieran matado su cuerpo estaría aquí. Lo más seguro es que los venció y luego se fue.
-Les dije eso en su habitación –Espeta Jake.
-Cállate, Jake, no estas ayudando en nada. –Jackeline lo fulmina con la mirada.
-Quiero confirmar que está bien. –Estoy casi implorando. Quiero que me suelten y que me dejen buscar en los alrededores. Quiero verlo con mis propios ojos, quiero saber a ciencia cierta que está bien.
-Estoy bien –Esa voz. Miro a mí alrededor con los ojos muy abiertos y lo veo. Esta acostado en el mismo árbol. Tiene los ojos cerrados y no parece dispuesto a moverse del lugar.
- ¿Estás bien? –Me atrevo a preguntar ignorando su declaración, soltándome del agarre de Jackeline y caminando hasta la base del árbol.
-Si. Estoy vivo, no me paso nada. –Su expresión se mantiene serena y relajada
-Gracias a Dios –Murmuro.
- ¿Estabas preocupada por mí? –Pregunta abriendo uno de sus ojos. El negro brilla mucho más ahora que es de noche. Es como una luciérnaga, atrayente.
-Si. Tú me salvaste y también lo hiciste con el idiota que me acompañaba. –Le recuerdo- Nadie arriesga su vida por personas que no conoce y tú lo hiciste. Te lo agradezco mucho, si hay algo que pueda hacer por ti yo...
-No necesito nada de nadie –Me corta él- Tampoco me gusta que piensen tan fuerte, me da dolor de cabeza. –Arruga su nariz y frota su sien.
- ¿Qué piensen? –Pregunto.
-Tu amigo –Explica él. Volteo a ver a Jake y lo encuentro viéndolo fijamente- Sus pensamientos son muy fuertes. No voy a matarla –Le gruñe- Busca la manera de salvar a otras personas si quieres hacerte el héroe.
- ¿Salvar? Discúlpame, pero no entiendo nada. ¿Me podrías explicar? –Él se arroja del árbol y cae de pie frente a mí.
-Tu amigo sabe quién soy, cree que voy a hacerte daño a ti o a tus amigas y está buscando una manera de escapar. La cosa es que yo no tengo planeando matar a nadie, razón por la que no puedes escapar –Sentencia mirando a Jake.
- ¿Lees la mente? –Pregunta Jake notablemente tenso. Xander asiente- Entonces sabes todo lo que pienso de ti.
-No hace falta leer la mente para saber qué es lo que estás pensando de mí. Esa maldita mirada la he recibido cientos de veces y estoy harto de ella. Si yo quisiera hacerle daño a alguien ya lo hubiera hecho. No soy un asesino, no todavía –Escupe con rabia. Estaba tan concentrada en sus palabras que no me había dado cuenta que había avanzado hacia Jake y que ahora lo tenía contra un árbol.
- ¡Aléjate de él! –Jackeline hace aparecer un montón de puntos de luz delante de Jake, creando una pared para protegerlo de Xander.
-He dicho que si quiero hacerle daño a alguien se lo hago. Tus puntitos ridículos no me asustan –Él mueve su mano en dirección a los puntos y estos desaparecen. Parece enojado- No me gusta que me ataquen, no me gusta siquiera que se atrevan a dirigirme la palabra –Extiende su mano y esta vez aparecen dos domos como los de esta tarde, solo que esta vez los domos rodean a Jake y a Jackeline- Una humana no desarrollada y una humana sin aura, Clase A. Supongo que con ustedes dos si puedo hablar tranquilamente –Alza sus pies y de inmediato aparece un círculo negro donde recarga su cuerpo. Está sentado- Pueden tomar asiento –Señala detrás de nosotras y cuando volteamos vemos dos círculos iguales al que él tiene sosteniendo su cuerpo. Como podemos nos sentamos en los círculos.
Hago un pequeño repaso del entorno. Los puntos de luz de Jackeline han desaparecido. Ella y Jake están encerrados en dos domos y Sofía y yo estamos expuestas ante una persona que puede desaparecernos en cuestión de segundos.
-Para hacer una aclaración, no me gusta sentirme atacado. Tus amigos por ahora están ahí, encerrados, pero, cuando me vaya, el aura desaparecerá y ustedes podrán irse –Asiento nerviosa- Querías saber cómo estaba y ahora lo sabes, ¿Tienes alguna otra duda? –Observo a mis amigos atrapados, ellos están paralizados por lo que están viendo, están encerrados y no los culpo, yo también me paralicé cuando vi ese truco por primera vez.
- ¿Por qué nos ayudaste? –Lanzo la segunda pregunta que me ronda la cabeza. Él se encoje de hombros y mira a Sofía.
- ¿No hablas? –Ignora deliberadamente mi pregunta y se concentra en Sofía. Ella se paraliza por unos segundos y luego se relaja.
-No soy yo quien quiere hablar contigo, solo estoy acompañando a la persona que quiere hacerlo, pero ya que me has dado oportunidad de hablar, ¿Podrías ponerle respaldo a esta especie de silla? Es incómodo para mi estar así –La miro con la boca abierta y casi quiero reír por lo que ha dicho. No puedo creer que ella saliera con eso. Xander sonríe y en un parpadeo, el círculo de Sofía obtiene un respaldo. Ella le sonríe en agradecimiento y se recuesta en su nueva silla.
- ¿Hay alguna posibilidad de que me saques de aquí? –Pregunta Jackeline desde el domo.
-Mira, chica verde
-Me llamo Jackeline –Interrumpe ella.
-Jackeline. Mira Jackeline, no estoy interesado en que crean que ando por ahí atacando a las personas y mucho menos a una dulce damita como tú, pero como tú creaste esta cosa delante de mí, lastimando mis ojos con tus puntitos alucinantes, lo mejor es que permanezcas ahí antes de que vuelvas a hacer algo como eso. Ahora, que si lo que quieres es ponerte cómoda, puedes hacerlo, adelante. Hay una buena porción de suelo donde puedes sentarte –Y dicho esto la ignora y vuelve a mirarnos a Sofía y a mí.
Quería saber que este chico estaba bien, ahora lo sé. ¿Qué sigue? ¿Cómo puedo entablar una conversación con alguien como él? No sé por dónde empezar. No parece de esos chicos que quiera hacerse amigo de las personas que va conociendo por ahí. Parece más un chico solitario.
Suspiro, resignada a mi derrota. No sé qué decirle, no sé qué preguntar. Decido que ya vi lo que tenía que ver y lo mejor será que me vaya. Jake no ha dicho nada, pero por las miradas que le lanza a Xander, sé que está molesto, pero siendo honestas yo no lo arrastre hasta acá, estaba dispuesta a venir sola y él solito se metió en el grupo. Me inclino en el borde del círculo y tomo un respiro.
-Ya vi que estabas bien, era lo que me preocupaba. –Él me mira encarnando una ceja y cruza sus brazos encima de su pecho- Aparte de eso quería darte las gracias. Gracias por salvarme la vida y gracias por salvarle la vida también al chico que me acompañaba. No cualquiera pone su vida en peligro para salvar a los demás y tú lo has hecho. De verdad muchas gracias, te debo la vida y así no lo quieras escuchar, así digas no necesitar nada de nadie, si necesitas algo puedes contar conmigo –Sus ojos negros me observan detenidamente, como si buscaran algo. Permanecemos en silencio por unos minutos hasta que finalmente él se pone de pie y se acerca mí.
-Un placer conocerte, Anahia –Susurra y todo se vuelve negro. Unos segundos después, los puntos brillantes de Jackeline vuelven a aparecer y los domos y los círculos desaparecen, haciendo que Sofía y yo caigamos al suelo sentadas.
- ¡Desgraciado! –Exclama Sofía poniéndose de pie y sobando su trasero- ¡Pudiste haber avisado que esa cosa iba a desaparecer! –La miro divertida mientras me pongo de pie y también sobo mis nalgas- Ese fue un buen golpe
-Espero que no deje un verde –Jackeline encarna una ceja en mi dirección mientras se acerca.
-No hiciste nada para sacarnos –Me reprocha.
- ¿En serio? ¡Vamos! Estaba alucinada con lo que él puede hacer. Tú tampoco dijiste nada.
- ¿Y qué voy a decir si el chico este me dejó sin palabras?, me encerró ¡Me encerró!
-Vale, debí decirle que te dejara salir.
-Yo debí darle una patada.
-Lo que debimos hacer fue no venir –Nos interrumpe Jake- Está claro que el sujeto puede hacer cualquier cosa, pudo habernos matado y desaparecido y
-Y córtala, Jake. El chico no nos hizo nada y tampoco tenía intenciones de hacerlo. –Jackeline lo baja de su nube y lo mira cansada.
-No me gusta ese sujeto, conmigo no cuenten más para esto.
-No pedí tu ayuda. Si mal no recuerdo yo venía sola –Le recuerdo. Su reproche me fastidia.
-Y hasta crees que yo te iba a dejar venir sola
- ¡Nadie te nombro mi guardaespaldas!
- ¡Reacciona, rebelde tonta!
- ¡Deja de llamarme así, Jake! No eres mi hermano ni mi padre para creerte mi protector.
-Soy tu amigo
-Sí, eres mi amigo. Me conoces y sabes que no soy tonta.
-Eres noble y eso te hace tonta –Resoplo y paso por su lado no dispuesta a seguir con la absurda discusión. Observo como Sofía se pone a mi lado.
-A mí no me pareces tonta. Él parece una buena persona y creo que hiciste lo correcto. No se ve tan aterrador como Jake lo hizo parecer. –Le doy una sonrisa de agradecimiento y salimos del bosque en silencio.
Todo el camino lo recorremos bajo un silencio aplastante.
No me gusta que me digan lo que tengo que hacer, no me agrada, pero, no puedo enojarme cuando incluso yo soy así de terca cuando trato de proteger a alguien.
Escalofrío.
Frio y electricidad.
Siento una sensación fresca, fría recorrer mi columna vertebral. No es cómoda ni desagradable.
Llegamos hasta el patio trasero de la casa y me volteo para despedirme de mis amigos.
-Anahia –Jake me observa en silencio por unos segundos antes de continuar con lo que iba a decir- Sé que no eres tonta. No tienes ni un cabello de ello. Es solo que, él es peligroso, tus ojos vieron lo mismo que los míos y ninguno de nosotros cuatro había visto nada igual, nunca. Créeme cuando te digo que él pudo hacer con nosotros lo que quiso. Nos expusimos, estábamos en su territorio y pudo llevarnos ante los suyos.
- ¿Y? no iban a hacernos nada. Pelean por territorio, no por nosotros.
-Las cosas no son como ustedes piensan. –Parece apenado, como si ocultarnos algo fuera malo y bueno a la vez.
-Ilumínanos.
-No puedo –Agacha la cabeza. Una clara señal de que no le gusta no decirnos nada- Solo prométanme que no volverán ahí.
- ¿Viste alguna intención de volvernos a ver? –Niega con la cabeza- ¿Escuchaste que pactamos alguna cita? –Vuelve a negar- Entonces sabrás que no tengo necesidad de prometerte nada porque ahí no quedo nada. Que pasen buenas noches –Doy media vuelta dispuesta a escalar la casa hasta llegar a mi habitación y vuelvo a ver los círculos verdes esmeralda.
-No pensaras que nos vamos a ir estando tú así de seria con nosotros ¿O sí? –Jake se acerca y me envuelve en un abrazo al que se unen las chicas- Discúlpame, rebelde descerebrada, solo me preocupo por ti.
-No hay nada que perdonar.
-Te queremos Anie.
-Y yo a ustedes. –Nos terminamos de despedir y subo a mi habitación. Asomo la cabeza por la puerta y veo que todo está oscuro.
Excelente.
No notaron mi ausencia.
Voy al baño y cambio mi ropa por uno de mis pijamas, vuelvo al cuarto y cuando me dirijo a la cama todo se vuelve negro.
Negro.
La sensación del frio y la electricidad recorriendo mi columna vertebral aparece y luego de unos segundos veo frente a mí la causa de todo.
Xander.
Esta frente a mí.
Recostado en mi escritorio.
Mirándome fijamente.
La sensación de frio desaparece.
- ¿Me seguiste a casa? –Me atrevo a preguntar. Y entrecierro mis ojos cuando sonríe.
-Si.
-El frio lo provocas tú. –Lo acuso
-No sabía que provocaba frio en las personas. –Encarna una ceja. Desearía poder hacer eso.
- ¿Necesitas algo?
- ¿Qué te hace pensar que necesito algo?
-Estás lejos de tu casa, en MI casa. Algo debes de querer.
-Hablar contigo sin intrusos.
-Escucho –No dice nada. Solo me mira. ¿Será que estará leyendo mi mente? ¡Ja! Si es así no va a encontrar más que un monologo interno. Un buen monologo interno. O eso creo. ¡Dios! ¡No me mires así! Podría jurar que puede ver hasta mi alma.
-No veo almas, todavía.
- ¡Lo sabía! –Lo acuso con el dedo índice- Deja de buscar en mi cabeza, Xander.
-Me causas curiosidad –Ladea su cabeza y observa detenidamente algo en mí.
- ¿Curiosidad?
-Si. ¿Por qué alguien como tú, sin aura, se atrevería a ir al bosque en busca de alguien como yo?
-Ya te lo dije, quería saber si estabas bien. –Pongo la toalla en el cesto de la ropa sucia y camino hasta sentarme en mi cama.
- ¿Por qué? - ¿Por qué? Me encojo de hombros.
-Tú me salvaste, es justo que si necesitabas ayuda yo te la diera.
- ¿Gracias?
- ¿No hay de qué? –Me mira fijamente y le sostengo la mirada. Después de unos buenos tres minutos, él suelta una carcajada suavemente. Lo miro indignada. Yo no he hecho nada gracioso.
-Me agradas, Anahia. En serio me agradas.
-Más bien te parezco divertida –Refunfuño cruzándome de brazos.
-Eso también. Escucha, podría mostrarte que no soy tan malo. ¿Qué te parece si nos vemos un día de estos?
- ¿Disculpa?
-Tómalo como una manera de agradecerme que te haya salvado la vida.
- ¡Serás creído! –Tomo una de las almohadas y se la lanzo. Obviamente la esquiva.
-Fueron tus palabras, no las mías –Se defiende alzando las manos- ¿Entonces? –Salir con él. Salir con él. Bueno, no es que sea un mal chico, no me ha hecho nada. Supongo que no tiene nada de malo que salga con él.
-No, no lo tiene.
-Deja de hacer eso. No entres en mi mente. –Lo señalo con el dedo intentando advertirle.
-No lo hare.
-Prométemelo.
-Tendrá que bastarte con mi palabra –Estoy a punto de refutarle cuando escucho pasos en el pasillo.
- ¿Anie? ¿Estás despierta? - ¡Mi mamá! Abro los ojos asustada y lo primero que pienso es en cómo sacar a Xander de aquí. Me acerco a él y le hablo lo más bajo que puedo.
-Necesito que te vayas, si mi mamá te ve aquí se me arma la grande.
-Yo necesito una respuesta. –Clava sus ojos negros en los míos. Parece firme y por un momento creo que no se va a mover.
- ¿Anahia?
-Por favor.
-Mi respuesta. –Insiste y para más inri se cruza de brazos.
-Anahia, abre la puerta –Mi mamá toca la puerta y yo me paralizo momentáneamente. No puedo pensar.
-Solo di que sí. –Pica mi mejilla con su dedo índice, le doy un manotazo y resoplo. Bajo presión no sirvo, al menos no con este tipo de presión.
-Sí, está bien. ¿Dónde nos vemos? ¿Cuándo?
- ¡Anahia!
-Estaré en el mismo lugar que me encontraste hoy, cuando puedas, ve ahí. Siempre estoy ahí.
-Anahia, abre la maldita puerta o llamare a tu padre.
-Iré. –Se escuchan voces detrás de la puerta. Mierda, papá.
-Ten buena noche, Yuanfen. –Todo vuelve a ponerse oscuro. Escucho la perilla de la puerta girar y corro al baño a mojarme la cara como puedo.
- ¡Anahia! –Mamá grita. Salgo del baño con la cara húmeda y una toalla en la mano.
-Dime –Hacerme la inocente es mejor que nada.
-Te estaba llamando.
-Lo siento, no escuche.
- ¿Estás bien? –Papá se mantiene en la puerta alternando miradas entre el escritorio y la ventana.
-Sí, lo estoy. –Me mira por un momento y luego asiente. Se dirige hacia papá.
-Vamos, querido –Lo toma del brazo- Hasta mañana, Anie.
-Hasta mañana –Los veo salir de la habitación y respiro aliviada cuando la puerta se cierra y me desplomo en la cama.
-Te estaré esperando, Yuanfen –Vuelvo a sentir la sensación de frio al escuchar sus palabras, fue un susurro, pero lo escuche. Me dirijo hacia la ventana y veo una especie de humo negro. Se está yendo.
-Nos veremos –Susurro y me dirijo a mi cama. Hoy ha sido un día agotador.
Mes 08, día 14/4.109
Son las 10:30. Llevo despierta desde las seis de la mañana. Por primera vez en mucho tiempo me levanto temprano cuando no estoy estudiando. Lo que me da una clara idea de lo ansiosa que estoy.
Quiero que venga el idiota de Marcus y quiero que venga ya.
No soy tonta, sabía que no iba a venir. No después de lo de ayer; por lo que lo amenacé sutilmente diciéndole algo como "Yo lavé tus manos, ahora te toca a ti lavar las mías"
Claro que entendió el mensaje. Lo sé porque me pidió una hora para estar frente a mi puerta.
Eso fue hace cincuenta y tres minutos exactamente. Casi cincuenta y cuatro.
Así que aquí estoy. Sentada en el último escalón de la escalera de casa, esperando que la puerta se abra y que el estúpido de cabello rubio aparezca por esa puerta.
No le quiero dar muchas vueltas a por qué quiero ir con Xander, solo sé que él tiene algo, un aura de misterio y algo me dice que él puede mostrarme cosas que no sé.
- ¿Qué haces ahí, mi niña? –Coquí, mi nana me mira desde su escaso metro sesenta, interrogante.
-Espero a Marcus, nana –Ella me observa detenidamente. Sabe que no me trago a Marcus, lo sabe perfectamente.
-Cuida lo que haces, Anie –Asiento. Ella me tiende dos galletas y se aleja por el pasillo rumbo a la cocina. Busco mi celular y lo enlazo con el satélite de papá. Veo a Marcus entrando en la propiedad y me pongo de pie.
- ¡Mamá, ya me voy! –Le grito porque está muy lejos, pero su súper oído de mamá me escucha.
-Cuídate, Anie. Si te vuelves a sentir mal regresas –Ruedo mis ojos, por supuesto que no lo hare, pero ella no tiene por qué saberlo.
-Si –El timbre suena y antes de que alguien venga a abrir salgo y tomo la mano de Marcus poniéndonos rumbo a la salida de la propiedad.
-Puedo caminar solo –Se queja mientras lo arrastro hacia la salida. Estoy tan tentada a mandarlo a volar que lo ignoro y lo sigo arrastrando- ¿Puedes dejarme caminar? - ¿Puedo? Seguro que sí, pero no quiero.
-No. Quiero librarme de ti lo más rápido que el tiempo y mis piernas me lo permitan, así que cierra la boca y camina –Continúo tirando de él con fuerza. Vaya mierda con el rubio que me retrasa para ir al bosque.
- ¿Por qué tienes tanta prisa? –Pregunta cuando lo suelto en la entrada de los barrios populares de Surthia.
-Tú tienes tus cosas, yo tengo las mías. Ahora escucha y seré muy clara y concisa ¿Me agradas? No, absolutamente no y después de lo de ayer menos ¿Tengo que soportarte? Desgraciadamente sí, eres el único boleto para salir de casa y yo soy el único tuyo, así que aquí está la cosa, no me molestas, no te molesto y nos vemos aquí en tres horas –Golpeo su pecho y paso por su lado, pero me detengo después de unos pasos y lo miro- Si le haces algo a Sofía, me encargaré de que Jake y William te dejen del color de mis ojos –Dicho esto sigo avanzando hasta la cita con el peligro, porque así se siente, como salir con el peligro.