Ser contratada para seducir a un magnate árabe para mí era pan comido, pero lo que no tenía constancia es que la belleza de aquel oriental me iba a tocar fibra a tal punto que no me quedaba de otra que cumplir las condiciones del contrato para luego desaparecer de su vida para siempre.
Nunca pensé que en aquel encuentro provocado en aquella fiesta me iba a traer desgracia a mi vida, mientras él me deslumbraba con su formalidad y perfección, yo intentaba hacerle caer para finalizar lo que me torturaba todos los días y que no tenía marcha atrás para rechazar lo que llevo haciendo desde hace años.
Después de aquella mirada oscura llena seriedad y de atractivo ya nada volvió a ser lo mismo. Era él, él y él.
Pagada por sus amigos, un contrato, condiciones de por medio, y una seducción peligrosa.
¿Qué tan difícil es decir "No" cuando el deseo era tan evidente?
No existen hombres perfectos, ni seducción tan letal como la mía, por algo me llaman la duquesa.
Obra completamente mía, está prohibido su copia o adaptación de ningún tipo.
Todos los personajes de esta historia son ficticios, cualquier parecido con una persona es pura coincidencia.
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Tenía una manera diferente de ver la vida, no pedía mucho, no exigía felicidad ni tampoco ser perfecta ante la sociedad, no elegimos quiénes somos ni en quien nos convertimos, sucede y listo.
Condenada a la diversión vacía, sin sentimientos mi corazón se había convertido en piedra, duro como el acero para no dejar entrar a nadie, y cuando digo nadie me refiero a los clientes que visitaba, a los cuales pagaban cifras altas para estar entre mis sábanas.
¿Dónde quedó el amor? ¿Acaso no deseo sentirme amada y no solo utilizada?
Todo tiene una explicación, todo tiene una lógica para entender el porqué me había convertido en lo que soy ahora.
Soy Lauren Evans pero conocida como la duquesa.
A mis veintiocho años la muerte me arrebató al hombre que amaba incondicionalmente, mi mejor amigo, mi compañero y mi amante, desde aquel entonces han pasado siete años y siento que no existe uno igual que él. Que me haga ver las estrellas y la luna, que sienta que esté volando con unas enormes alas mientras el viento choca en mi rostro, con él hacía que dejara de habitar este mundo para ocupar otro deshabitado.
-Duquesa, tienes a unos clientes esperando por ti, dicen que solo hablarán contigo, pero atención, son árabes y ya sabes lo que dicen de ellos - informa mi compañero.
-¿Y qué dicen de ellos?- fruncí el ceño a la espera de su respuesta.
-Donde esté un árabe el resto que se aparte, y ahí dentro tienes a tres.
Mi rostro era de no entender ese refrán sin sentido.
-¿Te lo acabas de inventar verdad?
Este sonrío y afirmó.
-Ya decía, yo.
Le mostré esa sonrisa que según él es cautivadora, pero creo que solo son habladurías de mi compañero aunque pensándolo bien no era el primero que me lo decía.
-Buenos días, señores- saludé al entrar a mi pequeña oficina donde suelo cerrar los acuerdos y recibir a los clientes después de ver mis fotos, y mi compañero es como un asistente personal, pero lo considero un gran amigo.
Los miré a los tres, mientras ellos me observaban y se sonreían entre ellos.
-¿Ustedes dirán?
Se alza uno de ellos y me extiende un documento, firmado por ellos y con unas condiciones las cuales empecé a leer sin que dijeran nada.
-Me parece generoso el pago, pero aquí solo he leído sus condiciones.
-Si tienes alguna, duquesa, no hay problema en añadirla al contrato.
-La hay, y es ¿por qué requieren mis servicios? Como he podido entender tiene que ser un encuentro casual con el susodicho ¿y después qué?
Aparte de saber a lo que me enfrentaba, tenía que garantizar mi seguridad, el porqué requieren mi trabajo.
-Queremos demostrarle a nuestro amigo que no es tan perfecto como quiere hacerle al mundo parecer, que como todo ser humano tiene una debilidad y creo que una de las mayores debilidades de un hombre es la mujer.
Alce las cejas en señal de asombro.
-Hay más debilidades que la seducción de una mujer, pero no soy quién para corregirles, señores.
Ustedes pagan.
Firme el contrato y listo mañana empezaba a seducir a Amir Al Malik.
Pero la pregunta es ¿la perfección de este hombre es respetar a la mujer y no verla como un objeto que sacia una necesidad que hasta ahora detesto porque es lo único que he visto de mis clientes? ¿O realmente es lo que quiere hacerle entender a sus amigos? Un hombre serio y con principios.
Hay espejos que no reflejan lo que somos realmente, nos solemos mirar para luego acabar engañados por este, a veces quisiera ser como antes y alejarme de todo lo que soy hoy en día, de vivir una vida cerca del mar y no preocuparme de las facturas, las deudas que mis padres dejaron encima de mis espaldas y sobre todo olvidarme de la famosa duquesa.
-Ya te dije que no sé mucho de él, solo que es un árabe que está de paso en Londres con sus amigos y por negocios- me voy probando vestido frente a mi compañero mientras él me interroga.
Necesitaba causarle una buena impresión, no quería asustarlo al verme con un vestido corto y demostrando un escote que por esta noche cubriré con un vestido de cuello alto y largo a tres dedeos por dejado de las rodillas, de color negro.
-Creo que, este me queda perfecto.
-Duquesa, todos lo que te has probado te quedan bien.
-Gracias.
-Oye, ¿y si el tipo se presenta a la fiesta con la típica ropa de ellos? Túnica y turbante.
Sonreí al imaginarlo. -Pues así se viste y no, déjame decirte querido amigo que se ven muy hermosos con ese atuendo.
Carlos suspiró.
Así es, mi compañero se llama Carlos.
-Es un cliente más y por el hecho de que nunca he tenido a un cliente árabe no significa que sea raro.
Carlos asintió- Yo espero que no te dé calabazas, si sus amigos buscaron a la duquesa es porque ese tipo no se conforma con cualquiera y si tan perfecto es, lo tendrás difícil por muy sexy que seas.
-Ya veremos, querido amigo.
La llegada a uno de los hoteles más lujoso de Londres hizo que me sintiera nerviosa y no sabía si era porque nunca tuve que hacer este tipo de acuerdo o por el ambiente, no era el único árabe que había en la sala, de hecho esto parecía una fiesta solo para ellos.
Reconocí a uno de los hombres que me visitó ayer el cual me hace una seña con los ojos al tal Amir, mi vista recorre esa señal y se detiene en el corpulento y alta forma de aquel ser, su perfecta barba y su rostro tan bien perfilando hizo querer dar marcha atrás y olvidarme de esta locura, pero luego me recuerdo a mi misma quién soy y mis pies inician los pasos hacia ellos. Él estaba hablando con el señor Smith, uno de los empresarios más reconocidos del país.
-Buenas noches- interrumpí su conversación llamando la atención del árabe y del inglés el cual me sonríe mientras su rostro se arruga.
Viejo asqueroso.
-¿Cómo está su esposa?- pregunté mientras tenía a una jovencita de veinte años a su lado.
-Pensé que estaba divorciado- sonó esa voz tan masculina y firme provocando que lo mirara.
-Al parecer el señor Smith se quedó sin hablar, típico de estas situaciones incómodas- añadí.
Amir me miró y juro que su mirada negra me examinó de arriba a abajo intentando darme una nota.
Del uno al diez ¿Qué nota me habrá puesto?
-¿Tengo el aprobado?
Interrumpo su mirada y esta vez me mira a los ojos.
-Por supuesto y con honores.
Sonreí discretamente y después nos quedamos solos, al parecer el empresario inglés se molestó por ser pillado in fraganti y me imagino que este árabe era importante para sus negocios.
-Encantada, soy Lauren- extendí mi mano, pero este la miró antes de aceptarla.
-No suelo aceptar la mano de nadie excepto la de mi hermana, mi esposa o mi madre.
¡Genial! Chasco por no informarme de las costumbres de este tipo.
-No hay problema, de hecho eso dice mucho de un hombre.
Volví a sonreír y luego miré de lado para evitar sostener su mirada.
-Me llamo Amir.
- Mucho gusto, ah y lo siento por arruinar su conversación con el señor Smith, pero detesto que estos viejos caminen de la mano con chiquillas de veinte años teniendo a sus hermosas esposas en casa.
Me volvió a examinar.
-Creo que me hiciste un gran favor al interrumpirnos, y sobre lo otro pienso que no hay acto más gratificante que caminar cogido de la mano de la mujer de uno, da igual donde pero siempre juntos.
Lo tenía claro, era muy difícil de seducir si no aceptaba ni tocar mi mano, su forma de expresarse demostraba lo maduro que era.