Si eres sensible al tipo de trama "incestuosa" te recomiendo abandonar la lectura antes de empezar.
A quien desee continuar en la lectura, le agradezco de antemano la oportunidad.
¡Buenas vibras!
Las actualizaciones serán un poco lentas. La historia será corta; casi igual que "Noches de fantasía".
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¿"Porque lo prohibido siempre es lo más tentador"
Estamos sujetos a desear intensamente cuando el sentir se hace presente entre nuestra piel y nuestros huesos. Me decía; "es normal" "no pasará nada si le hago caso a la carne y cedo a sus deseos más oscuros solo por breves instantes". Más nunca medí consecuencias cuando tomé la decisión por mí mismo y dejarme llevar por lo tentación.
Entre la lujuria y el amor hay un enorme abismo que suele ser confundido. El apego sexual hacia una persona, no significa amarla profundamente. Es solo una fantasía, un cuerpo y un fugaz momento más de nuestras vidas. No un amor bonito e infundado como tanto debería haber nacido. Es solo un instante de cama, donde desahogar las ganas naturales del cuerpo, son más grandes que el propio razonamiento.
En cierto momento de mi vida encontraré esa persona indicada que, me llevará al cielo con una palabra y no con una noche de locura. El sexo era una salida rápida a todos mis problemas, más porque siempre será catalogado como un relajante para el cuerpo y la mente. Pero no tenía ni la menor idea de que los deseos más prohibidos y profundos despertarían por ella; una chica salvajemente hermosa, tierna a su conveniencia y mordaz como una víbora cuando muestra su verdadera cara al mundo. El veneno de su ser es lo más adictivo que haya atravesado y quemado mis venas; no obstante, a gusto lo bebí, como si de una fuente natural y mágica se tratara.
No es amor, es solo un deseo carnal que planeo detener a toda costa, pero es muy difícil cuando la tentación siempre está ahí; lista y preparada para atacarme en la yugular cuando menos me lo espero.
Mabel es mi sobrina, una chica que ha crecido con mi madre desde que era una pequeña niña luego de que mi hermana y mi cuñado se fueran a trabajar al extranjero. Es una mujer en todo el sentido de la palabra; sarcástica como ella sola, preciosa como una divina diosa creada a pulso y una ponzoña que siempre está dispuesta a ofrecerme más de ese dulce y poderoso veneno de su alma.
Está mal desearla como lo hago, lo sé y no hago nada para detener ese sentimiento que enerva mi piel, pero es inevitable ese deseo que ha despertado en mí y que me llevó hacia la mismísima muerte.
"Ceder a los deseos carnales, es darle rienda suelta a lo más oscuro que habita en nuestras almas. Más nunca se podrá vivir con el maldito recuerdo de un error que marcó una vida para siempre"
Era una mañana más, un día más en el que mi vida era de maravilla, pero la felicidad solo me duró diecinueve años, puesto que, en un acto de "preocupación" o como yo le llamo de lastima y culpa, el hijo menor de mi abuela decidiera volver a casa, luego de haber estado viviendo en España por díez años.
A mi queridísimo tío Drake, no lo conozco. O por lo menos no recuerdo y tampoco me apetece recordar su rostro. Sé de él lo poco que mi abuela presume, más ella sabe perfectamente que lo que menos me importa es la vida de alguno de sus hijos. Hace mucho tiempo dejó de interesarme el bienestar de los que nunca se dignaron a saber cómo nos encontrábamos.
La familia para mí no se conforma por un lazo sanguíneo. Para mí la verdadera familia es la que está contigo en las buenas y en las malas, siempre dándote el apoyo más incondicional, incluso si la estás cagando hasta el fondo. Quien te ve llorar y te brinda un hombro más innumerables soluciones para salir de un mal momento. Es aquella que no falla nunca a su palabra y a su deber. Porque en una familia lo que menos debe existir, es el odio, la envidia y el rencor.
Pero, lastimosamente, la realidad es otra. La familia es el círculo más vicioso y falso que pueda existir, cuando debería ser todo lo contrario.
Así que, contra todo pronóstico de seguir tendida en mi cama hasta tarde, me levanto de ella y me dispongo a realizar mi rutina diaria de aseo, para así poder irme a la universidad lo más rápido que pueda.
No quiero estar en casa cuando ese "hijo preocupado" llegue. Nada más con tener que verle la cara, el estómago se me encoge de asco.
Me asquea esa hipocresía tan descarada de su parte. Han sido años en los que mi abuela me ha criado absolutamente ella sola, como para que ahora aparezca con falsa preocupación debido a los males de salud que últimamente ha presenciado.
Tan pronto termino de arreglarme, bajo las escaleras y me encuentro con mi abuela en la sala que comunica con la cocina. Huele a delicioso, pero no puedo detenerme, o si no me veré obligada a partirle la madre a ese hijo suyo una vez lo tenga en frente.
Y lo que menos quiero es causarle disgustos a mi abuela, pues a pesar de todo, en sus ojos está la felicidad descrita. No soy tan hija de puta de amargarle un momento que ha esperado con tanto anhelo por años.
-¿Ya te vas? ¿No vas a desayunar? - me detuvo justo antes de que abriera la puerta para escapar.
-Me cambiaron el horario de las clases, por lo que antes voy tarde. Pero te prometo que comeré algo rápido de camino - miento inocentemente.
-Tu tío Drake llega dentro de poco, ¿lo olvidas? Puedes esperarlo y él te llevará, después de todo, va a trabajar muy cerca de tu universidad... - explica.
-No se me olvida, pero sabes que no me interesa tener que verle la cara a tu hijo. Ahora bien, cuídate mucho y recuerda no hacer muchos esfuerzos en el día.
-Date el tiempo de conocerlo, mi amor. Él no es un chico malo.
-Abuela... en fin, voy tarde - me dirijo a ella y dejo un beso en su mejilla-. Cuídate, recuerda lo que dijo el sexy doctor que te atiende.
Su risa siempre será la mejor de la melodías. Mi abuela es mi vida entera. Si algo le llegase a pasar, moriría junto a ella.
-No te preocupes, cariño, me cuidaré tal cual me lo recomendó el doctor. Ahora vete, no quiero que llegues tarde a tu clase.
Salgo de la casa en mi motocicleta y llego a la universidad en menos de veinte minutos. Al ser aún tan temprano y no tener clases hasta dentro de un par de horas, decido ir a hacerle una grata visita al director de la universidad. Bruce es un escape de realidad y una inyección de nicotina que enciende mi ser hasta dejarme en cenizas. Me gusta mucho.
En lugar de golpear la puerta, entro a su oficina por mi cuenta, aprovechando que su secretaria aún no ha llegado. Tener que ver la cara de limón a esa mujer desde tan temprano, se puede convertir en un día peor de agrio de lo que de por sí ya es.
-Buenos días, Sr. Mackey.
Deja las carpetas que lleva en sus manos sobre su escritorio y me mira con esa sonrisa tan jodidamente sexual que siempre me pone a mil. Mi corazón palpita tras esa mirada llena de perversión. Bruce Mackey es mayor que yo por quince años, pero su aspecto físico es poderosamente mortal. Se ejercita lo suficiente para que sus hombros sean bien anchos para sostenerme firme de ellos, sus ojos de color azul cielo tienen esa chispa de diversión y picardía que te empuja a querer dejarte llevar por ellos, su mandíbula bien definida, incluso su cabello rubio y largo trae enloquecidas a todas las chicas de la universidad. Y sus labios; sus labios son muy suaves, carnosos y demandantes.
La química sexual que hay entre los dos, no pasa desapercibida para nadie. Somos muy obvios con la forma en la que nos comemos solo con una mirada.
-Buenos días, Srta. Anderson. ¿Qué te trae desde tan temprano a mi oficina? - curiosea, cortando la distancia entre los dos a paso lento.
-Tal vez necesite de un buen mañanero para sentirme más enérgica en el día. Ya sabes, direc, una inyección profunda de cafeína en la sangre.
-Amaneciste con ganas de inyecciones, ¿eh? - acorrala mi cuerpo contra la puerta y despeja el cabello que cubre una parte de mi cuello-. Te ves preciosa como todas las mañana.
-Y tú te ves igual de nerd, pero comestible como cada día - lo tomo de la corbata, lo acerco a mí y lamo muy despacio sus labios con la punta de mi lengua, saboreando ese sabor a amargo del cigarro que no me molesta en lo absoluto-. Aún tenemos tiempo, ¿sabías?
-Lo sabía - entrelaza su mano en mi cabello y me besa apasionadamente, profundizando con su lengua nuestro beso y jugando muy sensual con la mía-. ¿Cómo es que no puedo resistirme a tus encantos? Llegas con esa faldita y ese escote a provocarme desde tan temprano, y así es imposible controlarme.
-Estás hablando mucho, Sr. Mackey. Deje su charla barata para otras, y hágase cargo de la calentura que hay entre mis piernas - lo vuelvo a besar aún más ardiente, acariciando a la vez su prominente erección por encima del pantalón.
Lo nuestro es meramente sexual; él no quiere compromisos y yo estoy muy joven como para pensar "románticamente" en un hombre. Lo que él quiere de mí, es lo mismo que yo quiero de él; saciar esas tremendas ganas que nos tenemos mutuamente y complacer al cuerpo y a la mente.
Levanta mi falda hasta la cadera a la vez que voy liberando su pene del interior de sus pantalones. La ansiedad de sentir el roce nos lleva a casi arrancarnos la piel.
-Date vuelta - me la da él por su cuenta y saco el trasero mordiendo mi labio inferior-. Necesitaba liberarme.
Sexo sin amor, sin ataduras, sin ningún tipo de drama por el cual arrepentirse después. Llevamos seis meses encontrándonos tanto fuera de la universidad como dentro de ella, y seguimos teniendo los mismos deseos por el otro, pero sin necesidad de dejarnos llevar más allá. Sabemos a la perfección que el amor no surge entre dos personas que solo buscan pasar un rato agradable y liberarse de sus problemas con un poco de sexo.
La humedad de la punta de su pene la percibo entre el medio de mis nalgas, a lo que él va deslizando maliciosamente su erección entre ellas y se masturba sosteniendo mis bragas con sus manos y me tira hacia sí. Esos gemidos tan varoniles me excitan a más no poder.
-Me encanta tu culo - su palma cae en una de mis nalgas con rudeza, agudizando el calor que se centra en mi interior y que me tiene con la mente en blanco.
Puede llegar a ser tan amable y caballeroso, y a la vez tan caliente y guarro cuando le da la gana. Me atrae de sobremanera su forma de hablarme.
Lo siguiente que escucho es el plástico del preservativo rasgarse entre sus dientes y, seguidamente, su longitud abriendo camino en mi intimidad de una sola estocada que me hizo llegar a las estrellas y gemir fuertemente.
Me curvo lo más que puedo, sacando el culo y recibiendo bien a gusto esos golpes tan profundos y rudos que electrifican todo mi ser. Es imposible que pueda hablar cuando siento que me va a romper en cualquier momento. Más ese agarre en mi cabello que acaba de hacer acompañando esta estocada que profundizó con un movimiento de cadera circular, por poco me hace caer al suelo. Las piernas se me volvieron gelatina debido a esa repentina y deliciosa acción.
Nuestros gemidos se hacían cada vez más difíciles de contener, aunque sabemos de sobra que no podemos hacer mucho ruido. Envueltos en el placer del sexo, dos toques en la puerta más esa voz de ogro que conozco a la perfección, hicieron que aceleraramos el ritmo de nuestros cuerpos.
-Sr. Mackey, ¿se encuentra bien?
-En un momento salgo, por ahora estoy ocupado - besa mi cuello sin dejar de penetrarme aún más rápido y profundo-. Imposible detenerme ahora.
-Vas a causarle un infarto vaginal a esa mujer con esa voz tan sexy con la que le respondiste...
-Es que... - carraspea y nos detenemos, pero Bruce no sale de mí-. Sr. Mackey, el nuevo profesor ya ha llegado. ¿Olvidó la cita que tenía con él?
-Mierda - murmura-. Dame unos minutos, Bianca.
-Sí, señor.
-Te recompensaré en otro momento - apoyo la cabeza en la puerta y cruzo las piernas una vez me desconecta-. Se me había olvidado que recibía muy temprano al nuevo profesor de la facultad de derecho. ¿Ves lo que me haces hacer, pequeña diablilla?
-Es una lastima, el deber llama, ¿no? - antes que pueda seguir hablando me besa, acariciando suavemente mi clítoris y provocando escalofríos en todo mi ser-. Dejemos así, o el ogro de tu secretaria capaz tumba la puerta si no sales.
-Odio quedarme con las bolas azules - se saca el preservativo y camina hacia el baño.
Me arreglo la falda y el cabello mientras lo escucho asearse en el baño. Aún siento las palpitaciones entre el medio de mis piernas y el fuego correr por mis venas. Es un pecado quedar caliente, más cuando se estaba pasando tan rico y no teníamos intención de estar cerca del orgasmo. Esa mujer es un verdadero dolor de culo. Es como si tuviese una bola de cristal y supiera el momento exacto en el que me estoy devorando a su amor frustrado.
-Te veo en la noche - asegura sin que le dé respuesta y abre la puerta para mí-. Regrese cuando quiera, Srta. Anderson. Sabe que siempre estaré para resolver sus dudas.
-Tomaré su palabra, Sr. Mackey, ya que no me quedaron muchas cosas claras - suelto a reír y niega con la cabeza, observando de reojo a su secretaria-. Buenos días, Bianca. ¡Ten un apoteósico día! -le deseo, porque el mío lo acaba de arruinar.
-Buenos días, Mabel - como amo su alegría y la manera tan cariñosa en la que me mira, además de que su cara roja a punto de explotar es muy graciosa de ver-. El Sr. Messer lo espera en el salón de profesores, Sr. Mackey.
-Muy bien, en un momento estaré con él.
Sigo mi camino por los pasillos de la universidad, borrando la sonrisa de mi rostro y pensando en el día tan agradable que me espera. Nada mejor que comenzar el día con una noticia que me sabe a mierda y un buen mañanero a medias, ¿no? ¿Qué más me espera en este día que pinta ser bastante hermoso para mí?