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PROVÓCAME

PROVÓCAME

Autor: : J.C.CASTRO
Género: Adulto Joven
Sus amigas la ayudaron a superar todo, la traición más baja que pudo recibir de parte del ser que más había amado; su esposo. Gil, sugirió hablar y perdonar, Connie sacó su arma y apuntandolo le amenazó. Ahora, un año después era una mujer divorciada, a la que le encantaba divertirse y compartir con sus amigas. Pero un nuevo integrante de la empresa donde trabaja, está por cambiarle la vida. Es irresistiblemente sexy. Debería ser ilegal ser tan guapo. Ella está decidida a conservar su libertad e independencia. Él está dispuesto a provocarla hasta lograr que se olvide de su propio nombre. PROVÓCAME, es una historia que te llevara a conocer grandes sentimientos. Pasión, amor, dolor, y amistad. No dejes de disfrutarla.

Capítulo 1 ENGAÑO

Rita, terminó de preparar el desayuno y consultó nuevamente el reloj, eran las seis cuarenta y cinco. ¡Oh no! Si no se apresuraba, llegaría sumamente tarde al trabajo, no sabía si Adam estaría de humor hoy para tolerar retardos. Cambiaba de humor constantemente, así que era bastante difícil de predecir, estiró su falda tubo, planchando unas inexistentes arrugas, luego se dirigió a la habitación, Michaell no trabajaría hoy, era su día libre, sin embargo debía despedirse de él, y recordarle que el desayuno estaba listo.

Lo encontró durmiendo plácidamente, su bello rostro descansando sobre la suave almohada, se veía tan dulce, era imposible no adorarlo. Después de siete años de matrimonio lo seguía amando como el primer día, se había sentido afortunada de tenerle, compartir su vida junto a él era una hermosa bendición. Quizás había llegado el momento de darle hijos y tener a una hermosa pandilla de niños corriendo por la casa.

Se subió a la cama y dejó un beso sobre la mejilla, luego otro en la frente, en cada parpado, en la punta de la nariz, él comenzó a moverse y a sonreír de lado.

-Adoro que me despiertes- susurró con tono adormilado.

-Yo adoro verte dormir, mi amor- le besó la mejilla con cariño y él la abrazó atrayéndola hacia él.

-Arrugarás mi ropa, cariño- dijo entre risas- y debo marcharme porque llegaré tarde. Pero esta tarde cuando llegue te compensaré con intereses – su ronca voz seductora lo hizo estremecerse.

-Te esperaré con ansias.

-Ahora debo marcharme mi amor, tu desayuno está listo, te preparé café y en la nevera hay zumo de naranja.

-Eres la mejor- le besó la mejilla con cariño.

-Ahora me voy- se giró para marcharse y cuando se levantaba Michaell azotó con cariño sus glúteos, Rita rió- no hagas eso, cariño- se puso en pie- nos veremos esta tarde- le arrojó un beso y se marchó apresuradamente.

A pesar de apresurarse todo lo que pudo, llegó diez minutos tardes. Afortunadamente Adam estaba reunido, así que no notó su ausencia, se fue inmediatamente a su oficina y comenzó a trabajar en los pendientes, un terrible dolor de cabeza comenzaba a formarse, aquello no le agradaba, ya que sufría de constantes migrañas, así que se tomó dos aspirinas y se dedicó a trabajar.

A media mañana el dolor no había disminuido. Todo lo contrario, estaba sumamente fuerte, Rita supo que en parte se debía a que no había desayunado, pero le había sido imposible, en casa solo tomó jugo de manzana, pero al llegar a la empresa y el malestar comenzó a incomodarla fue imposible comer, además la cantidad de números y cuentas, no ayudaban para nada.

Su reloj marcaba las once quince, cuando ya no lo soportó más, debía ir a casa tomar más analgésicos y acostarse con un antifaz sobre sus ojos, eso calmaría su migraña. Pobre Michaell, le había prometido una tarde de pasión y ahora esos planes se habían venido abajo.

Llamó a la puerta de Adam, y su sexy voz le indicó que podía pasar.

-Hola Rita, ¿cómo estás?, ¿En qué te puedo ayudar?

-La verdad es que no me siento nada bien Adam, sé que estamos a mitad de semana, pero necesito una licencia, me ataca nuevamente la migraña y si no descanso empeorará mucho.

-¿Vino tu asistente?

-Sí.

-Entonces no hay problema, vete a casa, cariño y descansa. Avísame como sigues, no hay nada importante hasta la reunión del lunes, si crees necesario tener que extender la licencia, por mí no hay problema.

-Muchas gracias Adam, valoro mucho ese gesto. Espero para mañana sentirme mucho mejor.

-Bien. Que te mejores Rita.

-Gracias- y sin nada más que agregar, se marchó a su casa.

Todo el trayecto fue una tortura, su cabeza no paraba de zumbar y ella anhelaba desesperadamente la medicina y el descanso que tanto necesitaba para encontrar el alivio que le hacía falta. Estacionó el coche y sin pensarlo entró a su casa. Al llegar a la cocina pudo fijarse en que Michaell había dejado los platos sucio

Seguramente estaría durmiendo nuevamente. Durante los días libres solía quedarse en casa descansando. Se encaminó a la habitación y encontró la puerta entreabierta, unos profundos gemidos de placer llenaban la habitación.

El corazón de Rita se aceleró y su cabeza zumbó con más fuerza.

Sí. Eran gemidos, no había lugar a dudas.

Entró a la habitación y se quedó pasmada ante la escena. Su marido estaba en la cama con otra mujer.

La rubia cabellera se extendía por la cama, su boca se abría para dejar escapar los agudos gemidos de placer. Sus piernas completamente abiertas para recibir las fuertes embestidas que Michaell le dedicaba. Esa rubia era la maldita secretaria de Michaell.

Aquella misma zorra que se revolcaba de placer sobre sus sábanas, en su propia cama, en la misma que dormía con su marido. En la misma cama que ellos habían hecho el amor la noche anterior, la misma cama que habían compartido por tanto tiempo.

-Supongo que no me esperabas temprano, Michaell.

El aludido salto de la cama intentando cubrir su desnudez. Aquella rubia oxigenada la miraba entre asombrada y complacida.

-Rita. . .- su voz temblorosa llegó a sus oídos generando que su migraña se incrementara más, si era posible- Rita, puedo explicarlo.

-No hay nada que explicar Michaell, te revuelcas con la zorra de tu secretaria. ¿eso tiene explicación?- aquella mujer se había cubierto con las sabanas. Rita quería llorar, gritar y desmoronarse allí mismo. Pero no, no les daría el gusto.

-Rita. . .

-Espero que para hoy en la tarde, todas tus cosas estén fuera de mi casa.

-No, cariño. . . – intentó acercarse a ella. Pero Rita giró sobre sus talones, extendiendo toda su estatura, sus finos tacones repiqueteaban sobre el suelo de madera, y así sin siquiera derramar una lágrima o dejar escapar un sollozo, salió de la casa y subió al coche.

Le dio vida al motor y se alejó, con su cabeza amenazando con explotar.

¿A dónde debía ir?

Se sentía perdida y completamente desorientada. Su matrimonio era una absurda mentira, necesitaba conversar con alguien. Cuando estuvo lejos de la casa, se estacionó y sacó su móvil, al tercer repique fue atendido.

-¡Rita Cariño!

-Connie- hizo su mayor esfuerzo por no comenzar a sollozar- necesito verte.

-Bien nena, puedo pasar a recogerte a tu trabajo a la hora de salida.

-Connie, necesito verte, ahora- casi gimió.

-Bien, bien nena. Me preocupas, te escuchas como si te estuvieses controlando. ¿Todo está bien?

-¡Con un demonio Connie, necesito verte!- gritó.

-Estoy en casa, cariño. Dime dónde estás y paso por ti.

-No hace falta, ya mismo voy para allá.

********

Rita, terminó de preparar el desayuno y consultó nuevamente el reloj, eran las seis cuarenta y cinco. ¡Oh no! Si no se apresuraba, llegaría sumamente tarde al trabajo, no sabía si Adam estaría de humor hoy para tolerar retardos. Cambiaba de humor constantemente, así que era bastante difícil de predecir, estiró su falda tubo, planchando unas inexistentes arrugas, luego se dirigió a la habitación, Michaell no trabajaría hoy, era su día libre, sin embargo debía despedirse de él, y recordarle que el desayuno estaba listo.

Lo encontró durmiendo plácidamente, su bello rostro descansando sobre la suave almohada, se veía tan dulce, era imposible no adorarlo. Después de siete años de matrimonio lo seguía amando como el primer día, se había sentido afortunada de tenerle, compartir su vida junto a él era una hermosa bendición. Quizás había llegado el momento de darle hijos y tener a una hermosa pandilla de niños corriendo por la casa.

Se subió a la cama y dejó un beso sobre la mejilla, luego otro en la frente, en cada parpado, en la punta de la nariz, él comenzó a moverse y a sonreír de lado.

-Adoro que me despiertes- susurró con tono adormilado.

-Yo adoro verte dormir, mi amor- le besó la mejilla con cariño y él la abrazó atrayéndola hacia él.

-Arrugarás mi ropa, cariño- dijo entre risas- y debo marcharme porque llegaré tarde. Pero esta tarde cuando llegue te compensaré con intereses – su ronca voz seductora lo hizo estremecerse.

-Te esperaré con ansias.

-Ahora debo marcharme mi amor, tu desayuno está listo, te preparé café y en la nevera hay zumo de naranja.

-Eres la mejor- le besó la mejilla con cariño.

-Ahora me voy- se giró para marcharse y cuando se levantaba Michaell azotó con cariño sus glúteos, Rita rió- no hagas eso, cariño- se puso en pie- nos veremos esta tarde- le arrojó un beso y se marchó apresuradamente.

A pesar de apresurarse todo lo que pudo, llegó diez minutos tardes. Afortunadamente Adam estaba reunido, así que no notó su ausencia, se fue inmediatamente a su oficina y comenzó a trabajar en los pendientes, un terrible dolor de cabeza comenzaba a formarse, aquello no le agradaba, ya que sufría de constantes migrañas, así que se tomó dos aspirinas y se dedicó a trabajar.

A media mañana el dolor no había disminuido. Todo lo contrario, estaba sumamente fuerte, Rita supo que en parte se debía a que no había desayunado, pero le había sido imposible, en casa solo tomó jugo de manzana, pero al llegar a la empresa y el malestar comenzó a incomodarla fue imposible comer, además la cantidad de números y cuentas, no ayudaban para nada.

Su reloj marcaba las once quince, cuando ya no lo soportó más, debía ir a casa tomar más analgésicos y acostarse con un antifaz sobre sus ojos, eso calmaría su migraña. Pobre Michaell, le había prometido una tarde de pasión y ahora esos planes se habían venido abajo.

Llamó a la puerta de Adam, y su sexy voz le indicó que podía pasar.

-Hola Rita, ¿cómo estás?, ¿En qué te puedo ayudar?

-La verdad es que no me siento nada bien Adam, sé que estamos a mitad de semana, pero necesito una licencia, me ataca nuevamente la migraña y si no descanso empeorará mucho.

-¿Vino tu asistente?

-Sí.

-Entonces no hay problema, vete a casa, cariño y descansa. Avísame como sigues, no hay nada importante hasta la reunión del lunes, si crees necesario tener que extender la licencia, por mí no hay problema.

-Muchas gracias Adam, valoro mucho ese gesto. Espero para mañana sentirme mucho mejor.

-Bien. Que te mejores Rita.

-Gracias- y sin nada más que agregar, se marchó a su casa.

Todo el trayecto fue una tortura, su cabeza no paraba de zumbar y ella anhelaba desesperadamente la medicina y el descanso que tanto necesitaba para encontrar el alivio que le hacía falta. Estacionó el coche y sin pensarlo entró a su casa. Al llegar a la cocina pudo fijarse en que Michaell había dejado los platos sucio

Seguramente estaría durmiendo nuevamente. Durante los días libres solía quedarse en casa descansando. Se encaminó a la habitación y encontró la puerta entreabierta, unos profundos gemidos de placer llenaban la habitación.

El corazón de Rita se aceleró y su cabeza zumbó con más fuerza.

Sí. Eran gemidos, no había lugar a dudas.

Entró a la habitación y se quedó pasmada ante la escena. Su marido estaba en la cama con otra mujer.

La rubia cabellera se extendía por la cama, su boca se abría para dejar escapar los agudos gemidos de placer. Sus piernas completamente abiertas para recibir las fuertes embestidas que Michaell le dedicaba. Esa rubia era la maldita secretaria de Michaell.

Aquella misma zorra que se revolcaba de placer sobre sus sábanas, en su propia cama, en la misma que dormía con su marido. En la misma cama que ellos habían hecho el amor la noche anterior, la misma cama que habían compartido por tanto tiempo.

-Supongo que no me esperabas temprano, Michaell.

El aludido salto de la cama intentando cubrir su desnudez. Aquella rubia oxigenada la miraba entre asombrada y complacida.

-Rita. . .- su voz temblorosa llegó a sus oídos generando que su migraña se incrementara más, si era posible- Rita, puedo explicarlo.

-No hay nada que explicar Michaell, te revuelcas con la zorra de tu secretaria. ¿eso tiene explicación?- aquella mujer se había cubierto con las sabanas. Rita quería llorar, gritar y desmoronarse allí mismo. Pero no, no les daría el gusto.

-Rita. . .

-Espero que para hoy en la tarde, todas tus cosas estén fuera de mi casa.

-No, cariño. . . – intentó acercarse a ella. Pero Rita giró sobre sus talones, extendiendo toda su estatura, sus finos tacones repiqueteaban sobre el suelo de madera, y así sin siquiera derramar una lágrima o dejar escapar un sollozo, salió de la casa y subió al coche.

Le dio vida al motor y se alejó, con su cabeza amenazando con explotar.

¿A dónde debía ir?

Se sentía perdida y completamente desorientada. Su matrimonio era una absurda mentira, necesitaba conversar con alguien. Cuando estuvo lejos de la casa, se estacionó y sacó su móvil, al tercer repique fue atendido.

-¡Rita, Cariño!

-Connie- hizo su mayor esfuerzo por no comenzar a sollozar- necesito verte.

-Bien nena, puedo pasar a recogerte a tu trabajo a la hora de salida.

-Connie, necesito verte, ahora- casi gimió.

-Bien, bien nena. Me preocupas, te escuchas como si te estuvieses controlando. ¿Todo está bien?

-¡Con un demonio Connie, necesito verte!- gritó.

-Estoy en casa, cariño. Dime dónde estás y paso por ti.

-No hace falta, ya mismo voy para allá.

*****

Capítulo 2 UNA RUBIA LOCA, PERO FIEL

El trayecto le pareció eterno, debía atravesar la ciudad desde los conjuntos residenciales aceptables, hasta el área este, donde estaban las grandes mansiones. Eso era lo bueno de ser una niña rica. Se vivía donde se quería.

Al llegar, Rafael, el hombre de seguridad le dio acceso a la casa, cruzó la verja, se estacionó y salió del vehículo, estaba subiendo las escaleras a la entrada principal cuando la puerta se abrió para dar paso a una preocupada Connie.

-Cariño, ¿qué sucede?

-¡Michaell me engaña!- y dicho aquello se arrojó a los brazos de su amiga sollozando y dándole libertad a las lágrimas que oprimían su pecho.

Cinco minutos más tardes estaban en la habitación de Connie, con Rita gimiendo y sorbiendo por la nariz, mientras le contaba la historia.

-¡Ese hijo de perra!- grito Connie enfurecida- Te juro que lo voy a matar.

-No vale la pena- gimió Rita.

-Ese desgraciado hace llorar a una de mis mejores amigas y tú me dices que no vale la pena matarlo. Si fuese por mí, iría ahora mismo a buscarlo y le arrancaría la piel de las pelotas al infeliz. Vaya que es un imbécil, ¡la perra oxigenada de la secretaria!, te juro que le mataré.

-Me quiero morir- gimió Rita sobre la almohada, entonces la furia de Connie cesó un poco y la estrechó entre sus brazos.

-Sssshhh, tranquila nena. Estoy aquí para apoyarte- inmediatamente sacó su teléfono y marcó, dos, tres, cuatro repiques y nada. Volvió a insistir y de nuevo la enviaba al buzón, algo enojada volvió a marcar y al segundo repique;

-¡Connie!

-¿Dónde diablos te metes?

-En el trabajo. No sé si lo has notado, pero una bibliotecaria no atiende llamadas durante su jornada, así que sé breve, cariño.

-Me interesa una mierda tu estúpida biblioteca- Connie, casi podía jurar que Gillian, estaría rodando los ojos- debes venir a mi casa inmediatamente.

-No puedo Connie, apenas es medio día. No puedo ausentarme.

-Tengo un código azul- dijo rápidamente.

-¡¿Qué?!- gritó alarmada y luego volvió a susurrar- ¿Un código azul?, ¿ Qué sucede, Connie?

-Rita nos necesita más que nunca, me interesa muy poco lo que harás para zafarte de tu estúpida jefa- Gillian casi gritó de desesperación, Connie nunca cambiaría, siempre sería la niña mandona y consentida- pero es necesario que vengas. No puede esperar, así que mueve tu estúpido trasero hasta mi casa o iré por ti a la biblioteca.

-Voy para allá- dijo Gillian, sin dudar por un segundo que Connie, cumpliría con su promesa.

-Me estallará la cabeza- se quejó Rita en un sollozó.

-No cariño, te buscaré un analgésico, pero te juró que antes de que te estallé la cabeza a ti, Michaell dejará de respirar- había terminado su frase cuando el celular de Rita sonó.

-Seguramente será él- nuevas lágrimas comenzaron a caer.

-Yo atenderé.

-No, Connie- intentó impedirlo, pero era inútil, ya Connie tenía el celular en la mano y después de haber confirmado que efectivamente era Michaell, tomó la llamada.

-Rita, cariño debemos hablar. . .

-Rita no tiene nada que hablar contigo, maldito infeliz.

-¿Connie?. . . Connie, déjame hablar con ella, puedo explicarlo.

-¡No me digas!- dijo irónica- ¿puedes explicar que Rita haya encontrado tu pene, en la vagina de tu secretaria?, yo creo que eso tiene una sola explicación, y es que eres un maldito infiel desgraciado y sin escrúpulos. Aléjate de Rita o te juro que te pondré una bala entre cejas.

Y sin más colgó la llamada. Rita la miró con ojos completamente abiertos. No dudaba de las palabras de su amiga, la protegería con su vida de ser necesario.

Eso es lo que admiraba de Connie, no tenía miedo a enfrentarse a quien fuese con tal de protegerlas a Gillian y a ella.

Rita no supo cuándo se había quedado dormida, pero unos gritos la despertaron. Cuando abrió los ojos pudo ver que Connie sostenía su pistola y se encaminaba hacia la puerta.

-¿Connie?, ¿Connie, qué sucede?

-Nada cariño, vuelve a dormir- le sonrió y salió de la habitación, inmediatamente Rita saltó de la cama y corrió tras ella, la alcanzó en el recibidor sosteniendo la pistola firmemente, apuntando hacia Michaell.

Habían tres chicas del servicio que miraban la escena con los ojos abiertos. Y Michaell había elevado las manos en señal de que estaba derrotado.

-Connie, déjame conversar con ella.

-No tienes nada que decirle así que marchate. Susy abré la puerta- la mujer obedeció- ahora Michaell, sal de mi casa o juro que te disparo.

-Connie, no Connie.

-Rita, vuelve a la habitación cariño.

-No, Connie. No lo mates.

-Este infeliz no merece que supliques por su vida. ¡Sal de mi casa, Michaell!- gritó y él obedeció, aún con ambas manos elevadas. Ella le siguió hasta la salida, le vio bajar las escaleras y girarse hacia ella.

-Connie. . . por favor. . .

-No hago favores a perros infelices que maltratan y lastiman a mis amigas, desde hoy en adelante eres persona no grata en mi casa, ni en mi vida, vete junto a la zorra de tu secretaria.

-No. . .yo. . . - Intentó acercarse, entonces Connie retiró el seguro de la pistola.

-Un paso más y te vuelo la cabeza.

-¡No!- gritó Rita nerviosa, Connie bajó las escaleras y Michaell se alejó un poco.

-Connie, solo debes dejarme hablar con ella.

-Te metiste con la chica equivocada hombre, seré mujer, pero Rita tiene quien la defienda, ahora da la vuelta, sube tu puto trasero al auto y vete de mí casa- Michaell se negó a ceder, y se aproximó un paso, entonces Connie elevó la pistola y disparó al aire.

Todos los que observaban la escena dejaron de respirar por un segundo. El rostro de Michaell se tornó grisáceo

-Si das un solo paso más, mi próximo tiro será en tus pelotas. Y si no te vas ahora mismo quizás termines con una bala en un hombro.

Michaell entró a su carro y se alejó de la propiedad a toda prisa.

-¡No puedo creer que hayas hecho eso!- gritó Gillian acercándose a ellas, nadie se había percatado de su presencia. Rita temblaba como papel, no sabía si besar o golpear a Connie.

-Pues lo hice- se encogió de hombros.

-¡Puede demandarte!, ¿estás demente?

-Que lo haga si quiere. Él estaba en mi propiedad, que me demande. Ya veremos como termina tras las rejas.

-Connie, no puedes ir por la vida disparándole a la gente.

-¡Disparé al aire, cariño!, tengo muy buena puntería, si hubiese decidido lastimarlo, estaría en el suelo sangrando.

-¡Estás loca, Connie!

-Vamos, entra y conversemos con Rita, quizás luego serás tú quien quiera usar mi pistola.

Capítulo 3 ¿VAS A PERDONARLO

Estar con las chicas era la mejor manera de superar cualquier problema. Ellas le ayudaban a mantenerse centrada, a no perder la cordura que siempre le ha caracterizado.

Ellas conformaban un trío divertido y bastante diverso.

Gillian. . .

Ella era una hermosa pelirroja de grandes y hermosos ojos verdes, una cara muy dulce y hermosos labios llenos. Ella era la tímida, la sensata, Gillian siempre sosegaba las disputas, intervenía a favor de todos y conciliaba las diferencias.

Gillian trabajaba en la biblioteca Central, amaba su trabajo tranquilo, allí podía relajarse entre lo que más amaba; los libros. Ella, con su carácter dulce y dócil era considerada por muchos como el típico ratón de bibliotecas. Tenía un hermoso cuerpo, un hermano pequeño, una madre amorosa y un padre alcohólico que los había abandonado.

Aún no había encontrado el amor, aunque todos los días soñaba en cómo sería ser amada y consentida en todo por un hombre amoroso.

Era la más romántica de aquel trío, soñaba con un esposo dulce que la adorara, dos hijos obedientes y muy bien educados, amantes de la buena literatura, una hermosa casa, se imaginaba a ella como la mejor de las madres y una amorosa esposa. Pero, los días y años transcurrían y ese dulce hombre no llamaba a su puerta.

Connie. . .

Ella era lo que todos esperan ver de una niña rica y caprichosa; hermosamente rubia, una larga y bien cuidada cabellera color oro, unos dulces ojos verdes, una nariz delicada y respingada, una boca de labios término medio, ni muy grandes, ni muy pequeños, Rita pensaba que eran unos labios perfectos.

Connie, había sido educada en los mejores institutos. En apariencia Connie, era dulce, vulnerable y toda una damisela en apuros, pero la realidad estaba muy lejos eso. Era explosiva, rebelde, impulsiva, loca, le encantaba vivir en fiestas y hacer lo que le dictaran sus emociones momentáneas. Pero también era una amiga fiel, capaz de disparar a un marido desleal que había lastimado el corazón de su amiga.

Tenía un arma que era su mayor tesoro y lo más aterrador era que no temía usarla, quién la viera pensaría que esa dulce rubia necesitaba ser protegida, pero la verdad es que ella protegía a todos los que amaba.

El padre de Connie, solía reñirle porque siempre usaba un vocabulario que en su opinión "no era digno de una dama", a lo que Connie solía responder, "¿ Quién quiere ser una dama, cuándo se puede ser toda una mujer?"

Y por último estaba Rita. . .

Con sus hermosos y grandes ojos color gris, su agraciada, abundante y larga cabellera negra, que caía con naturalidad en bellas ondas, una pequeña y perfecta nariz, y unos carnosos labios gruesos.

Su madre pertenecía al oriente medio, escapó de una familia que quería someterlas a absurdas tradiciones, conoció a un atractivo hombre italiano y se casaron, de aquella unión solo hubo un fruto antes de que la madre muriera en un terrible accidente.

Rita, era una chica centrada, bastante serena, con un carácter algo fuerte pero que dominaba perfectamente, nunca dejaba que su explosivo carácter tomara las riendas de su vida. Quienes la conocían, las describirían cómo una mujer hermosa, elegante, trabajadora, luchadora y tan centrada como una mesa de comedor.

Había conocido a Gillian, hacía muchos años cuando fue a la biblioteca en busca de material que respaldaran su tesis. Gillian fue extremadamente gentil, y la ayudó en todo sin dejar de sonreír en ningún momento. Era una chica tan dulce que logró conectar con ella de inmediato, ella trabajaba como ayudante auxiliar de la Biblioteca, no hacía mucho había culminado sus pasantías en aquel lugar. Desde ese momento se volvieron amigas inseparables.

Juntas asistieron a una fiesta de fin de año donde el anfitrión era un socio del padre de Rita. Ese socio resultó ser el padre de Connie.

Al conocerse se habían sentido como un trio que fue separado hacia mucho, encajaban cómo piezas perfectas de un rompecabezas y afortunadamente se equilibraban y complementaban en todo.

Gillian, era la más dulce y sentimental de las tres, cuando ella lloraba por algún problema, Rita, lo razonaba y la ayudaba a comprender que quizás fuese beneficioso de alguna manera, pero Connie gritaba improperios, sacaba su arma y siempre preguntaba, cuál era el desgraciado al que había que darle el disparo.

Cuando esos ataques de ira de Connie y ese carácter endiablado bullían, entonces la dulzura y serenidad de Gillian lograban aplacarla, mientras que Rita le mostraba lo poco beneficioso que era dejarse arrastrar por la ira.

De las tres, Rita era la única que estaba casada. Aunque sus amigas siempre pensaron que casarse a los veintitres años era un poco apresurado, Rita nunca lo había dudado, desde que conociera a Michaell, había pensado que él era el hombre de su vida, tan dulce, tan atento con ella, así que cuando le propuso matrimonio, no lo dudó y aceptó de inmediato. Su padre estaba feliz de que su nena hubiese hecho tan buena elección para casarse.

Pero aquella había sido la peor de las elecciones. Ahora se encontraba rodeada de los dulces brazos de Gillian, que le ofrecía tiernamente su hombro para llorar, mientras que Connie contaba todo lo sucedido.

-Te juro que me hubiese encantado, al menos darle en el hombro.

-¡Basta Connie!- le exhortó Gillian con su tierna voz- nada solucionarás con la violencia. Dispararle a Michaell no ayudará a Rita.

-¡Al diablo!- gritó enfurecida- si un bastardo me hace algo como eso, lo menos que esperaría de ustedes que son mis casi hermanas, es que mataran al desgraciado. Pero cómo eres tan buena y Rita tan racional sé que no lo harían, pero no importa, tengo mi arma, ella me basta para quitar de en medio a cualquier infeliz como Michaell - Rita gimió nuevamente- tranquila cariño, no volverá a lastimarte, te lo prometo.

-¡Oh Connie, estás loca!- Rita le sonrió con una voz hipeada

-Pero una loca que te ama, mi querida Rita, y que por tí, no teme disparar a ese infeliz o a cualquier otro.

-¡Un amor bastante drástico!- bufó Gillian.

-¡Eres una pelirroja aguafiestas!- sonrió Connie, y el trio de amigas se fundió en un abrazo, un enredo de manos y brazos.

-Saldremos adelante, cariño- le susurró Gillian a Rita.

-Al fin estamos de acuerdo en algo- intervino Connie con ironía- la pelirroja tiene razón- sonríe- saldremos de esto cariño, te juro que saldremos de esta.

-Gracias por apoyarme- Rita se sorbe la nariz- no sé qué haría sin ustedes.

-¡Es sencillo, nena!- intervino Connie- tendrías que llevar la carga sola, pero afortunadamente nos tienes contigo.

-¿Qué harás, cariño?- le preguntó Gillian, acariciando su mejilla- ¿ lo perdonarás?

-¡¿PERDONARLO?!- gritó Connie- ¡debe ser una maldita broma, Gillian!. . . Rita, no perdonará a ese bastardo.

-Pero, Connie. . .

-¡Connie, un cuerno!- gritó enfurecida.

- Es su esposo, Connie. . .quizás lo mejor fuese. . .

-¡Lo mejor fuese que Michaell se pudriera!- gritó Connie.

-He tomado una decisión- intervino Rita.

-Rita. . . - comenzó Connie, poniendo sus manos sobre sus caderas- no pensarás. . .

-¡Voy a divorciarme!

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