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Padre Por Sorpresa

Padre Por Sorpresa

Autor: : LUCINDA JOAQUIN
Género: Romance
La expresión en el rostro de Nancy era difícil de definir, ya que había tomado una decisión que cambiaría su vida: se embarazaría de un hombre que no conocía. Y aunque solo lo hacía para poder pagar la operación que necesitaba su madre, en ningún momento se detuvo a pensar que esto cambiaría por completo lo que le deparaba el futuro. Tras haber pasado cinco años, ella se convirtió en una famosa pediatra, y un día, cuando salió del aeropuerto con grandes metas y sueños, el destino se le presentó en forma de una niña pequeña, cuyo padre no era otro más que el extraño hombre, Charles, quien en el pasado le había ayudado a Nancy a salvar a su madre. Incluso antes de que ella pudiera asimilar la verdad, estaba desconcertada por la inesperada llegada de este hombre con una niña, la cual presuntamente era su hija. ¿Qué haría Nancy? ¿Había más secretos de su pasado esperando a cambiar su vida por completo? Siga leyendo para descubrirlo en 'Padre Por Sopresa' con Manobook. Incluso antes de que ella pudiera asimilar la verdad, estaba desconcertada por la inesperada llegada de este hombre con una niña, la cual presuntamente era su hija. ¿Qué haría Nancy? ¿Había más secretos de su pasado esperando a cambiar su vida por completo?

Capítulo 1 Dos millones de dólares por un niño

"Señorita, mi señora me dijo que puede obtener dos millones de dólares si tiene un niño y quinientos mil si tiene una niña", explicó la anciana con tranquilidad.

"De acuerdo", asintió Nancy Ning.

Ella no tenía otra opción, su madre necesitaba desesperadamente que alguien pagara sus facturas del hospital, y sabía bien que su padre, Clark Ning, nunca pagaría ni una de ellas porque no le importaba.

Eso enojaba a la joven, pues no quería rogarle, por lo que trató de recurrir a su novio, Caspar Yue. Pero por sorpresa, solo descubrió que la había estado engañando con su media hermana, Fannie Ning.

Es verdad que, en tiempos desesperados se exigen medidas desesperadas.

Sin poder creer su situación, Nancy solo pudo reír.

En el cielo se asomaban rayos y truenos, rápidamente las gotas de lluvia comenzaron a empapar las calles y su delgada ropa.

Todos corrían tratando de encontrar un refugio, mientras ella se quedó vagando sin rumbo.

"¡Señorita!", escuchó que la llamaron, al voltear vio a una anciana, frunció las cejas y se le acercó, "Señora, ¿me llamó?".

"Solo quiero preguntarle su edad", dijo tomando las manos de Nancy, mientras la llevaba a un café para poder refugiarse.

Miró a la chica de arriba abajo, con mucho gusto.

"19", respondió.

"¡Oh!", la mujer hizo una pausa, "cuando la vi bajo la lluvia pude percibir que está pasando por momentos difíciles, ¿se encuentra bien?".

Su pregunta estimuló el llanto de la joven, y en un segundo, ya estaba sollozando en el hombro de la anciana.

"Mi madre tuvo un accidente automovilístico hace diez años, y está en coma desde entonces, ahora sus órganos están fallando, necesita cirugía, y yo... y yo...", sollozó de nuevo después de pronunciar esas palabras, perdía la esperanza de poder salvarla.

"Es solo un poco de dinero, niña, no se preocupe", le dio unas palmaditas en la espalda y continuó: "Además, conozco una forma en la que puede conseguirlo".

Tan pronto como escuchó "dinero", Nancy rápidamente se aferró a ella.

"Señora, haré lo que sea".

La anciana le sonrió y dijo: "Es muy simple, le pagarán si puede tener un hijo con mi joven amo", sin apartar la mirada, le preguntó: "¿Le interesa?".

La chica tardó unos minutos en procesar la información antes de asentir.

Sabía lo que significaba tener un hijo en plena adolescencia, a los 19 años. Si alguien se enteraba, su reputación se destruiría, pero si no conseguía el dinero, perdería a su madre, y ella siempre la elegiría por sobre todas las cosas.

Con su aprobación, Nancy fue llevada de inmediato a la mansión.

"Pequeña, vaya a asearse", ordenó la mujer, señalando el baño mientras le entregaba un camisón de seda. "Mi joven amo estará aquí pronto".

La chica no tuvo tiempo de admirar su entorno, solo asintió, "Sí".

La anciana arrugó los ojos con una sonrisa e intentó hacerla sentir más cómoda ante la situación dirigiéndole unas palabras: "No se preocupe, niña, él es un buen hombre, y la cuidará esta noche".

"Gracias", a pesar del consuelo, Nancy se sentía aún algo de inquietud.

"Recuerde apagar las luces una vez que haya terminado de refrescarse", indicó antes de irse.

La chica no dijo nada más, solo fue al baño a preparar su ducha caliente.

Una vez que terminó, se secó el cabello y apagó las luces antes de meterse a la cama, enterrando su pequeño cuerpo en las almohadas.

El silencio la hacía estar más nerviosa, se sentía cual animal esperando a ser sacrificado o vendido, sus latidos comenzaron a acelerarse, e hizo todo lo posible para calmarse.

El tiempo parecía estar detenido, tenía la sensación de que habían pasado horas antes de que la puerta finalmente se abriera.

Cerró rápidamente los ojos, pero incluso así, podía sentir una figura alta acercándose.

"¿Estás nerviosa?", la voz ronca la hizo estremecer.

"Un poco", admitió, agarrando las sábanas inconscientemente, temblando al pensar en el cuerpo imponente de aquel hombre.

"No te preocupes", susurró cerca de su cuello.

Su voz sonaba rígida, sin temblores. Hablaba como si estuviese haciendo una transacción comercial, sereno y tranquilo.

"Sí, señor", ante su expectativa, intentó echar un pequeño vistazo.

De repente, un rayo se reflejó en la ventana, haciendo que Nancy pudiera ver bien sus ojos oscuros, y parecía que él también pudo verla por primera vez.

La joven apresuradamente apartó la mirada, él se inclinó sobre ella, pasando sus dedos fríos por sus muslos y levantando su camisón. "Ya sea que me hayas visto o no, me olvidarás, al igual que yo a ti", sonrió el joven.

"Sí, señor".

Eso era todo, mientras se embarazara, el acuerdo estaba hecho y ella se habría ido.

Afuera llovía mucho, lo que ahogaba el ruido dentro de la habitación.

Nueve meses después, se escuchó un grito al otro lado de la sala de parto:

"¡Es un niño, señora Angelina!", la anciana salió corriendo del quirófano con un bebé en brazos.

"Muy bien... ¡Excelente!", Angelina Huang juntó las manos, haciendo una reverencia a la anciana que le había entregado a la criatura, "¡Tenemos las acciones!", susurró y continuó: "Mi hijo va a ser el heredero del Grupo TS, ¡oh, gracias a Dios!, ¡es un niño!".

"Señora Angelina", comenzó la anciana, y con un nudo en la garganta, continuó: "El doctor también mencionó a una niña".

"¿Una niña?", respondió sacudiendo la cabeza, "Con un varón nos basta, déjala".

"Entendido, señora".

Y sin decir nada más, se marcharon.

"¡Nancy se desangra!, necesita una transfusión, ¡denle una bolsa de sangre, de inmediato!".

"Sí, director".

Mientras tanto los médicos y las enfermeras hacían todo lo posible, con la esperanza de que esté a salvo.

Fannie, que acababa de llegar para hacerse un aborto, se detuvo. "¿Quién?", preguntó, alzando las cejas.

"Nancy Ning, ¿la conoce?", respondió la enfermera casualmente.

"No, no la conozco". Nadie percibió la crueldad en los ojos de la chica, la sala de parto era un caos total y no notaron que Fannie se llevó a la niña.

Años más tarde, Nancy salía con elegancia del aeropuerto internacional BJ. Vestida de traje de negocios, se quitó sus gafas de sol para admirar lo hermoso que estaba el día.

Habían pasado cinco años desde que había dado a luz. Aquel día, tan pronto como se despertó, recibió una llamada notificándole que su madre había despertado, y se dirigió directo al sanatorio.

Aunque había salido del coma, apenas podía hablar y moverse por sí misma, Nancy tardó un mes en encontrarle una buena enfermera, y cuando lo hizo, salió del país para continuar sus estudios de medicina pediátrica.

Estar en el extranjero la había ayudado a dejar todo atrás y a aumentar sus oportunidades.

En cuanto a su pasado, era un doloroso secreto que tenía que guardar.

Capítulo 2 Qué bueno sería si ella fuera mi madre

Al paso de los años, Nancy ya era reconocida como una pediatra talentosa en todo el país por sus excelentes habilidades de medicina.

No pudo evitar regresar, incluso con todo lo que había sucedido, este seguía siendo el lugar al que llamaba "hogar".

"¡Nancy!", una voz familiar la llamó desde la multitud.

"¡Llegaste temprano!", sonrió y se acercó a abrazarla, había pasado tanto tiempo desde la última vez que había visto a Doris He.

La chica volteó los ojos y le dijo: "Obviamente, soy tu mejor amiga, ¡salí corriendo de mi trabajo apenas me dijiste que vendrías!".

Nancy sonrió con sinceridad, "¡gracias!".

Durante los cinco años en que su madre estuvo enferma y ella pasando por las malas rachas, Doris siempre estuvo allí para ella, en las buenas y en las malas.

"Vámonos, querida". Agarrada al brazo de la joven, su amiga se dirigió hacia su escarabajo de segunda mano.

"Señorita, ¿podría darme algo de dinero?, tengo hambre", una pequeña mano sucia agarró el borde de la camisa de Nancy, ella se detuvo, miró hacia abajo y vio que era un niño.

Sintió una punzada en el corazón, debía tener aproximadamente la edad del suyo.

"¿Dónde están tus padres?", le preguntó mientras se agachaba, pero

el chico solo sacudió la cabeza.

"Nancy, eres demasiado amable. Por lo general, los padres hacen que sus hijos mendiguen en su lugar, ¿acaso no lo sabes?, es lo que hacen ahora. Así que guarda tu simpatía", Doris resopló.

"¡Yo no soy así!, ¡basta!", pisoteó el niño con frustración, mirando con ira a la joven He.

Es muy difícil decirles que no a los pequeños, normalmente la gente siente más cariño por ellos, pero a Doris le importaba muy poco.

"No tengo mamá ni papá, señorita", lo decía mientras le hacía ojitos a Nancy, y tirando de su brazo le pidió: "Por favor, ¿podría llevarme a comer?".

"Está bien", ella siempre era buena con los niños.

"Solo eliges a los que parecen amables, ¿verdad?", resopló su amiga, sacudiendo la cabeza. Ella nunca se confiaba de esas personas, mucho menos después de ver todos los trucos que guardaban.

El pequeño le hizo una mueca en respuesta.

"Es solo una comida, Doris", espetó, sosteniendo la mano del jovencito cariñosamente, y le preguntó: "¿Cómo te llamas?".

"Mi nombre es Bobby", se quedó pensando por un momento antes de hablar, pues no podía decirle su nombre completo porque estaba siendo buscado.

"Es un buen nombre", contestó la chica mientras revolvía el cabello del niño.

"¿Se llama Nancy, señorita?", preguntó.

"¿Cómo lo sabes?", saltó su amiga justo antes de que ella pudiera responder.

"Es muy tonta, acabo de escuchar que usted la llamó por su nombre".

"Qué... Escucha, soy la persona más inteligente de este país, tal vez del mundo, ¡¿por qué no vienes aquí para que pueda patearte un poco el trasero?!", Doris levantaba la mano, como si estuviera a punto de golpearlo.

Enseguida, Bobby se escondió detrás de Nancy y le sacó la lengua a su amiga.

Mientras correteaban, la pantalla de un centro comercial mostraba un aviso. 'El señorito Bobby, joven amo de la familia Fu, lleva doce horas desaparecido, aquí está su foto, si lo ve, llame al número que figura a continuación, a cambio, recibirá millones en efectivo', se leía.

"¿Qué es eso en la pantalla?", Doris frunció las cejas, tratando de prestar atención. Sin embargo, el chico le gritó antes de que ella pudiera ver bien la noticia, "debes amar el apestoso tofu, ¿no?, ¿eh?".

"¿Qué?", la joven se giró hacia él, con las manos en las caderas, perdiendo el interés de la proyección.

"Bueno, escuché que a la gente gorda le gusta comer tofu apestoso, y tú eres muy gorda, así que supongo que te debe gustar mucho", decía el jovencito mientras miraba disimuladamente a la pantalla. Vio que el aviso ya no estaba, y que afortunadamente, no pudieron verlo.

"¡Mocoso! Estoy gorda porque... porque... ¡bueno, no es por el tofu!", dijo algo avergonzada.

Siempre había sido gordita, y realmente era porque comía de todo, también le gustaba el tofu, ¡pero no lo admitiría delante de ese niño!

Nancy sonrió, bromeando: "Bueno, tiene razón en algo, ¡te encantó durante años!".

Su amiga se cruzó de brazos, resoplando, "acabas de conocerlo y ya estás de su lado, le tratas como si fuese tu hijo propio".

"¿Qué tonterías dices?", se rio, evitando su mirada, ese siempre había sido un tema que mantuvo oculto durante años, nunca habló de eso. Se volteó hacia el pequeño y le preguntó: "Dime, qué te gustaría comer".

"Abulón... gachas de abulón, langosta australiana... y...", siempre lo habían alimentado con ese tipo de comida, realmente no había probado otras cosas, aunque ya se había cansado de comer siempre lo mismo, hambriento, no podía pensar en otro tipo de alimento.

Antes de que pudiera terminar, Doris lo interrumpió: "Niño, ¿estás bromeando?, ¿abulón?, ¿langosta?, ¿acaso crees que somos ricas o algo así? Mira, o es panes al vapor o bollos rellenos, ¡nada más!".

"Señorita, no se preocupe, como buen chico lo acepto". Nunca pensó en lo difícil que era pedir dinero, y ahora que finalmente había encontrado a alguien tan bondadoso como Nancy, no quería dejarla ir.

Además, no entendía bien la diferencia entre bollos rellenos y abulón, ambos eran comida, incluso habiendo nacido en cuna de oro, no entendía las diferencias entre esos platos.

"Está bien, puedo llevarte a comer gachas de abulón y langosta australiana, también son mis favoritos", dijo Nancy sonriendo.

"¿De verdad?", se le iluminaron los ojos, cómo le gustaría que ella fuese su madre.

El cielo se estaba oscureciendo poco a poco, y aunque era verano, en la villa de los Fu el ambiente era tan frío como el hielo.

En el interior, Angelina se encontraba en la sala caminando de un lado para el otro. "Charles, ¿no vas a decir nada?", dijo ella, desesperada y nerviosa. "¿Qué le habrá sucedido?, ¿crees que pudo haber sido secuestrado y vendido por traficantes de personas?".

Capítulo 3 Pijama de niño

"No lo creo", dijo finalmente Charles, sacudiendo la cabeza.

En el instante en que descubrió la desaparición de Bobby, envió a todos sus hombres a buscarlo, incluso, para evitar que los secuestradores escaparan, llamó a la policía, quienes registraron toda la ciudad, pero el niño era tan listo que se aseguró de no dejar rastro.

"Entonces, ¿crees que fue tu tío?, ¿o Joseph?, ya que Bobby es un estorbo para sus planes...", dijo Angelina con voz temblorosa y preocupada.

Esto provocó algo en él, lo hizo considerar que Joseph tuviera algo que ver, pues hace seis años Frederic Fu, su abuelo, había organizado una reunión familiar en su cumpleaños de 80 para anunciar quién administraría la empresa.

"Ya estoy muy mayor y pronto se acercará mi muerte, pero parece que ni Charles ni Joseph planean casarse aún", dijo el viejo Fu con el ceño fruncido, y continuó: "Sinceramente no me importa eso, solo deseo abrazar a mi bisnieto antes de descansar en paz, entonces, el primero que logre darme uno, obtendrá el 70% de mis acciones".

Había dejado en claro todo con mucha calma, sin embargo sus palabras volvieron a toda la familia un pandemonio. El que lo lograra sería el próximo heredero del Grupo TS, eso era todo lo que necesitaban saber para poner manos a la obra, la idea de ser dueño de la compañía era tan excitante que todos se embarcaron desenfrenadamente en la búsqueda de esposas para los jóvenes.

Después del anuncio, Hardy Fu y Derrick Fu recorrieron diferentes ciudades tratando de encontrar a las chicas adecuadas.

Al día siguiente, Joseph se casó con Daisy Yu, una estrella emergente del pop;

a pesar de eso, Charles no movió un dedo.

"Joseph ya está casado, su esposa podría quedarse embarazada en un mes", comentó Angelina con ansiedad, pero su hijo aún no emitía palabra alguna, entonces siguió:

"Te llevas bien con Dorothy, ¿verdad?, ¿qué tal si la llamamos?", dirigió su mirada hacia su hijo.

Después de pensarlo unos minutos, el joven asintió, "inténtalo".

"Perfecto". La mujer hizo la llamada, pero la propuesta fue rechazada y recibió

risas de parte de la joven. "Angelina, no puedo permitirme quedar embarazada en este momento, pero sí estoy dispuesta a casarme".

Antes de que la chica pudiera terminar sus palabras, la señora Huang colgó enojada, miró el teléfono con tanto disgusto que si las miradas mataran, habría estallado. "Dorothy ha ido demasiado lejos", espetó ella, "solo quiere casarse contigo, pero no está dispuesta a cumplir lo demás, ¿qué más podríamos hacer?".

Al no recibir respuesta, se sintió aún más frustrada.

"¿En serio solo vas a estar con los brazos cruzados mientras Joseph se queda con las acciones?", gritó mientras su hijo le daba la espalda, regresando a su habitación.

Finalmente se detuvo y se giró un poco para que ella pudiera ver la ferocidad en su rostro. "Tan difícil es encontrar una chica para que tenga un bebé conmigo?", dijo con sarcasmo y continuó: "No creo que también necesites que te diga cómo hacer eso, ¿cierto?", resopló Charles. "Sabía que harías algo", contestó la madre satisfecha.

A ella le gustaba más esta idea, ya que, para empezar, significaba que su hijo no se apegaría a nadie, entonces llamó a Sophie para pedirle que encontrara a alguien, y nueve meses después de que esta llevara a una chica a casa, recibieron a Bobby.

Todo sucedió tan secretamente que ni Joseph se enteró hasta que Charles le entregó el bebé a Frederic, y así ganar el setenta por ciento de las acciones.

Daisy llevaba cinco meses de embarazo en ese momento, y en un ataque de ira, su esposo la pateó en el estómago, causándole un aborto, desde entonces, ya no podía quedar en cinta.

Aunque todo eso ocurrió en el pasado, era algo que no se podía olvidar, nadie sabía realmente de lo que Joseph era capaz.

"Charles, iré a casa de tu tío a interrogarlo, si tiene a Bobby, podré traerlo de vuelta", dijo Angelina, secándose las lágrimas, haría cualquier cosa para recuperar a su nieto.

Pero antes de irse, sonó el teléfono de su hijo;

este, al ver que era su buen amigo Jay Fang, respondió rápidamente: "¿Hay noticias?".

"Uno de mis hombres vio al niño esta mañana en el aeropuerto, así que envié a más personas para continuar la búsqueda, ¿crees que subiría a un avión solo?", preguntó con nerviosismo el amigo.

Charles frunció el ceño, "no se llevó ninguna identificación, así que no lo creo".

"¿Y si embarcó con alguien?, ¿y si fue secuestrado? Si le pasa algo terrible prefiero morir", decía mientras sollozaba aumentando su voz.

"Mis hombres dijeron que estaba solo, así que estaré alerta", agregó su amigo.

"Entendido, sigue buscando, ya voy para allá", colgó rápidamente Charles, agarró las llaves de su auto, inclinó la cabeza, y dijo: "Mamá, quédate en casa, te avisaré si tengo alguna noticia, no creo que esto tenga que ver con Joseph".

Angelina se dejó caer en el sofá, llorando, "trae a mi nieto, por favor".

Nancy había llevado a Bobby a comer, luego visitó a su madre, ya eran las diez de la noche cuando regresaron a su departamento.

El pequeño había estado todo el tiempo detrás de ella como un perrito obediente.

Una vez que terminó de bañarlo, la chica abrió su maleta y sacó un lindo pijama para él.

Bobby se quedó mirándola extrañado y lo tomó, "¿por qué tiene ropa para niños, señorita?".

Nancy le dirigió una sonrisa, "porque me encanta, así que normalmente la compro si es muy linda".

La verdad era que lo hacía cada año en el cumpleaños de su hijo. Hay veces que pensaba tanto en él que lloraba mientras sostenía las prendas, pero después las guardaba y se obligaba a sí misma a olvidar el pasado.

"Señorita, le agradan los niños, ¿verdad?", preguntó inclinando la cabeza.

"Por supuesto, especialmente los inteligentes y obedientes como tú", le respondió, dándole un toquecito en la nariz.

Algo pasaba por la mente del pequeño, en realidad, era bastante travieso en casa, destruía cualquier juguete en su camino, haciendo que su papá los reemplazara con otros nuevos, y nunca pensó cambiar su actitud.

Pero no iba a decirlo, ¿y si la chica lo abandonaba por eso?

Se acercó a ella para darle un tierno beso en la mejilla. "Señorita", dijo alegremente, "¿puedo llamarla 'mami'?".

Mami, mami...

Eso dio una punzada directo al corazón de Nancy, si tan solo... Sus ojos se llenaron de lágrimas, "Bobby, creo que si me llamas así, tu verdadera mami estaría muy triste".

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