En la lujosa suite de un hotel de cinco estrellas, una joven envolvía sus brazos alrededor del cuello de un hombre, mientras sonreía seductoramente. "Entonces... Ustedes dos han estado juntos durante casi tres meses, ¿y nunca te has acostado con ella en todo este tiempo? ¿Ni siquiera una sola vez?", cuestionó la mujer.
"¿Por qué quieres hablar de eso en este momento? Todo lo que ella tiene es dinero, nada más", respondió el hombre con una sonrisa burlona.
"Está bien, no hay que hablar más...", dijo la joven.
Ambos estaban tan inmersos en darse placer que ninguno de los dos notó que alguien más estaba ahí, apoyado contra el marco de la puerta, observándolos en silencio. Sin embargo, cuando finalmente se aburrió de ser testigo de su intimidad, esa persona intervino. "Yo usaría protección si fuera tú", comentó.
Tanto el hombre como la mujer en la cama se sobresaltaron por la repentina irrupción. Entonces, rápida, pero torpemente, ellos se separaron el uno del otro.
Nathan Truman estaba tan asustado que se cayó de la cama y levantó la mirada con una expresión de pánico. Cuando vio quién era la dueña de la misteriosa voz, su rostro entero palideció. "¡Lyla!", exclamó él.
Lyla Moreno, al principio, miró tranquilamente sus uñas recién arregladas, las cuales estaban pintadas con un lindo color lila, que brillaban bajo las luces de la habitación.
Luego, dirigió su mirada al sonrojado rostro del hombre y arrugó la nariz con disgusto. "Ella estuvo con otro hombre anoche. Y, ahora, está contigo. Quién sabe con cuántos hombres se ha acostado esta semana, o qué tipo de ETS podría tener", dijo Lyla burlonamente.
Nathan se puso de pie tambaleándose y corrió hacia ella. Quería alcanzar su mano y explicarle todo. Pero, después de pensarlo bien, decidió no hacerlo. Su mano se detuvo en el aire porque no se atrevía a tocarla.
"Lyla... Solo escúchame. Yo... ¡No tengo ningún sentimiento por esta mujer! Tú eres la única a la que amo. ¡Tú y solamente tú!", '¿Amar?', se preguntó Lyla para sus adentros. En ese instante, la chica estalló en carcajadas, como si hubiera escuchado el chiste más divertido del mundo. ¿Acaso él había querido decir que amaba su dinero?
Nathan no era más que un gigoló que conoció en un club. ¿Cómo se atrevía a ser tan descarado como para hablar sobre amor después de traicionarla?
Lyla lo barrió con la mirada, y sacudió la cabeza con una expresión irónica. No podía creer que hubiera gastado millones en un tipo tan desvergonzado. ¿Por qué demonios lo había elegido? Ella debía haber estado loca en ese momento.
Lyla solía pensar que Nathan era un hombre bastante atractivo. Sin embargo, ahora, era casi repulsivo a la vista.
Sin decir ni una sola palabra más, ella se dio media vuelta y se marchó del lugar.
Nathan sabía que tan pronto como ella se fuera, él perdería su fuente de ingresos y sus días de relajo terminarían para siempre. Entonces, fue tras de ella sin pensarlo dos veces. "¡Lyla! Amor, tienes que creerme. No estaba pensando con claridad en este momento. Yo solo...", intentó excusarse.
Para su mala suerte, los guardaespaldas de la chica, que esperaban en la puerta de la habitación, impidieron que Nathan la siguiera hasta el ascensor.
Cuando Lyla entró al elevador y apretó el botón hacia el primer piso, ella se dio cuenta de que sus guardaespaldas no la estaban siguiendo. Entonces, supuso que debían estar dándole una lección a Nathan, y le pareció una buena idea. Después de todo, ni siquiera era tan leal como un perro, así que merecía una buena paliza.
Sin embargo, ella no les había pedido a los guardaespaldas que lo hicieran, así que no sabía de quién eran las órdenes que estaban siguiendo. Pero tampoco se preocupó mucho por eso.
El ascensor la llevó hasta la planta baja y, al salir del hotel, vio una limusina negra estacionada en frente.
La apariencia de ese gran auto de lujo le pareció muy familiar.
Al recordar a quién le pertenecía, Lyla caminó tranquilamente hacia la limusina con una sonrisa en las comisuras de sus labios. Cuando el conductor la vio acercarse, le abrió la puerta trasera de inmediato y la luz de la farola de la calle iluminó por completo el interior del auto.
Un hombre bien vestido estaba sentado adentro. Su traje perfectamente entallado a su figura no tenía ninguna arruga a la vista.
Las palmas de sus manos descansaban cómodamente sobre sus rodillas y las gemas de los gemelos en su camisa brillaban hermosamente bajo la luz. El hombre lucía como si fuera de la nobleza, pero tampoco parecía ser tan ostentoso.
Se trataba de Joshua Harvey, el hijo mayor y el único heredero de la familia Harvey.
Tras entrar a la limusina, Lyla se sentó a su lado y le sonrió: "Lamento que hayas tenido que presenciar una escena tan desagradable como esa".
Enseguida, Joshua se giró para ver a la mujer y le lanzó una mirada neutra, aunque su tono de voz era tan frío como siempre. "De verdad, ¿quieres divorciarte de mí por un tipo como ese?", le preguntó.
Ya habían pasado unos meses desde que Lyla le había pedido el divorcio, pero la actitud indiferente de Joshua dejaba en claro que no pensaba hacer nada al respecto. Él actuaba como si todo estuviera bien y no estuvieran en el fondo del abismo. Tal vez era un plan para que ella se cansara y optara por dejar el asunto en el olvido. Inesperadamente, la charla tan necesaria llegó tres meses después, cuando fue traicionada por su amante.
Y lo peor de todo fue que empleó un tono sarcástico al referirse al asunto.
Sin embargo, ella no iba a permitir que le pasara por arriba. Miró sus uñas recién arregladas y deliberadamente trató de provocarlo: "Al menos, él es bueno en la cama. Tú, en cambio...".
Sus palabras no despertaron nada en él. Solo la miró fijamente, sin inmutarse por el insulto a su hombría.
Por supuesto, esa provocación podría haber funcionado en otros hombres, pero Joshua poseía un carácter tranquilo y sereno.
Y por eso ella quería dejarlo. ¡Era tan aburrido! Parecía que nunca iba a perder el control de sí mismo. Ni siquiera se inmutó cuando ella le preguntó como una loca quién vivía en el número 14 de la calle Sprinsgton, o cuando le exigió el divorcio.
Lyla frunció los labios y no dijo nada más. Su marido ya se había divertido mucho ese día. Y no quería seguir entreteniéndolo.
Así que simplemente volvió la cabeza y miró por la ventana. El paisaje no le resultaba familiar. Frunciendo el ceño, le preguntó: "No estamos yendo a casa, ¿verdad?".
"Papá y mamá nos echan de menos. Me pidieron que cenáramos con ellos", le explicó con paciencia.
Ahora entendía. Con rapidez, sacó un pañuelo, removió el labial rojo de sus labios y luego tomó otro de su bolso. El nuevo labial era de un suave color rosa, lo que la hacía lucir más reservada y gentil.
En poco tiempo, el auto se detuvo en la residencia de la familia Harvey. Un sirviente se acercó trotando para abrirles la puerta y darles la bienvenida. En un gesto casual, Lyla deslizó su brazo alrededor del de Joshua. Los dos intercambiaron miradas de complicidad y entraron en la casa como toda una pareja de enamorados.
"¡Llegamos!", ella anunció alegremente.
"¡Lyla! ¡Por fin estás aquí!". Cuando la madre de Joshua salió de la cocina, la chica corrió a su abrazo.
Maureen la recibió con gran placer, ya que le encantaba su comportamiento cariñoso. Miró a su nuera de arriba abajo y frunció el ceño. "Hace mucho frío, ¿por qué llevas ropa tan delgada? Y tus manos están congeladas... Joshua, estoy decepcionada. ¡Deberías cuidar más a tu esposa!".
La chica parpadeó de manera inocente. "Él es un hombre ocupado. No tiene tiempo para cuidarme".
Joshua le dirigió una sonrisa amable: "Te llevaré a ver la aurora boreal cuando termine con el trabajo. Siempre has querido viajar a Islandia, ¿verdad?".
Lyla sonrió con alegría.
Maureen suspiró satisfecha. A sus ojos, su querida nuera e hijo se amaban incondicionalmente.
El padre de Joshua, Kameron, era un hombre serio y poco demostrativo, pero los recibió con una sonrisa cálida, ya que hacía mucho tiempo que no los veía. "Sentémonos. Falta poco para la cena. Maureen les preparó unos platos especiales. Tendrían que empezar a venir más seguido".
La muchacha sonrió sorprendida y le dijo a la otra mujer: "¡Oh, Dios mío! ¿De verdad? ¡Qué bien! Ya no recuerdo la última vez que probé tu comida casera. Realmente la extrañaba. ¡Gracias!".
Lyla se sentó junto a su suegra y la felicitó por su mano en la cocina.
Ocasionalmente, también le pidió a Joshua que probara algunos platos, a pesar de que ambos sabían que no eran sus favoritos. Él levantó la vista hacia ella, pero la chica actuó como si no viera el problema. Por supuesto, lo estaba haciendo a propósito.
Joshua se encogió de hombros y probó la comida que su esposa le había recomendado.
Luego, se enfrascó en una charla con su padre. Cuando mencionó que un gran proyecto estaba a punto de completarse, Kameron asintió con satisfacción.
"Recién mencionaste que llevarías a Lyla a Islandia. Creo que es una idea maravillosa. ¿Recuerdan lo que pasó en su boda? Estábamos tan preocupados por una cooperación en el extranjero que tuvieron que dejar de lado la luna de miel. Ese viaje podría compensarlo".
"¿Y quién sabe? Tal vez vuelvas a casa embarazada", Maureen le guiñó un ojo. "Eso es lo que esperamos yo y Kameron".
Lyla estaba tan sorprendida por sus palabras que se le cayó el trozo de carne que iba camino a su boca. Levantó la cabeza y captó el momento justo en que su esposo frunció el ceño. Sin embargo, al segundo siguiente, este recreó su expresión sosa e indiferente de siempre.
Joshua rompió el incómodo silencio que se había apoderado de la mesa. "Mamá, solo llevamos dos años de casados. No queremos un hijo todavía", le explicó con gentileza.
Lyla no participó en la conversación. Bajó la cabeza y fingió concentrarse en su plato, pero un toque de amargura brilló en sus ojos. ¿Él no quería un bebé? ¿O solo no quería tener un bebé con ella?
Maureen sabía que había hablado de más, pero Joshua era el único hijo de la familia Harvey y Lyla era la única hija de la familia Moreno. Por ende, ambas familias esperaban ansiosas un heredero. La mujer se mordió los labios y trató de persuadirlos, pero su esposo le dirigió una mirada de desaprobación.
Sabiendo que era una batalla perdida, suspiró: "Entiendo que quieren disfrutar su vida de casados por más tiempo, pero deberían considerarlo...".
Al acabar la cena, Lyla se puso al día con sus suegros. No salieron de casa hasta las diez y media de la noche.
La mayor les pidió que pasaran la noche allí, pero la pareja rechazó su invitación casi de manera sincronizada. Joshua le explicó que debía atender una reunión importante en la mañana y que los documentos pertinentes estaban en su casa. Ante tal excusa, Maureen tuvo que dejarlos ir.
Lyla bostezó tan pronto se subieron al auto. Se recostó en su asiento y cerró los ojos mientras el ligero zumbido del aire acondicionado la adormecía.
Justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, Joshua dijo a la ligera: "Después de esta noche, Nathan no volverá a poner un pie en Cleopatra".
La declaración la sacó de su ensoñación y se volteó a verlo.
Las luces de la calle iluminaban su perfil con un brillo cálido. Desde su nariz prominente hasta su mandíbula cincelada, su rostro parecía una obra de arte.
Entre tantos motivos, ella había elegido a Nathan porque era bastante guapo, sin embargo, no se comparaba con el hombre que estaba a su lado.
Joshua tenía una buena apariencia, buenos antecedentes familiares y dinero. Era de temperamento amable y tranquilo, algo muy difícil de encontrar en los círculos que frecuentaban.
Si no fuera por el hecho de que sus madres eran mejores amigas y antes de morir, su madre la había confiado al cuidado de Maureen, no habría podido casarse con él. Prácticamente era inalcanzable.
"Y no vuelvas a provocarme de esa forma. Tus artimañitas fueron bastante estúpidas. Aunque no lo creas, mi paciencia tiene un límite", agregó dedicándole una mirada fría.
Lyla solo sonrió ante sus amenazas. Pensó que no le había importado que le pagara a un gigoló con su dinero. Después de todo, él no la amaba y si podía buscar diversión en otras mujeres, ella también tenía el derecho.
¡Cómo se había equivocado! Su esposo simplemente había estado esperando la oportunidad perfecta para echárselo en cara. ¿Quién diría que le tomaría tres meses?
Pensándolo bien, tenía sentido. Joshua Harvey era capaz de hacer algo así.
Era como una bestia al acecho que esperaba a que su presa bajara la guardia antes de atacar con fuerza.
Él no perdería el tiempo en tontas discusiones. En cambio, estaba dejando al descubierto los verdaderos colores de Nathan para que ella tuviera bien en claro a quién había elegido. Con eso, la llevaría a querer terminar la relación por iniciativa propia y el problema se solucionaría de una vez por todas.
"Tal vez estás demasiado aburrida... Y mi mamá tiene razón...", dijo de repente.
La chica suprimió un escalofrío. "¿De qué estás hablando? No me digas que te refieres a... ¿A tener un bebé?". ¡Ridículo!
Después de una pausa, Joshua susurró suavemente: "Si quieres un hijo, puedo darte uno".
No necesitó que él le dijera nada más para entender a qué se refería. De repente, los sentimientos que ella había estado reprimiendo toda la noche llegaron a un punto crítico. "¿Te refieres al niño que vive en el número 14 de la calle Springton?".
La residencia de la familia Harvey no estaba lejos de su mansión y llegaron en pocos minutos. En cuanto él estacionó el auto, Lyla respiró hondo varias veces en un esfuerzo por calmarse... Pero era inútil. No podía manejar la ira que llevaba meses gestándose en su interior.
"Señor Harvey, aunque nos obligaron a casarnos y no albergamos ningún sentimiento el uno por el otro, eso no significa que estoy dispuesta a criar al hijo de otra persona. Si quieres que el niño viva en esta casa, solo tienes que firmar los papeles del divorcio. Piensa en todas las posibilidades: serás libre y no solo podrás traer al niño, sino también a su madre".
Al terminar, salió del auto haciendo uso de toda la dignidad que le quedaba. Entró en la casa sin mirar atrás, pero escuchó el sonido del auto arrancando detrás de ella. Joshua no tenía intención de quedarse.
¿Por qué ellos no podían pasar la noche en la residencia de la familia Harvey?
Lyla negó con la cabeza. Durante los últimos tres meses, él pasaba sus noches en compañía de otras personas en el número 14 de la calle Springton. Ese era el verdadero motivo por el que rechazó la invitación de su madre.