AMORES MIOS, SEAN BIENVENIDOS AL SEGUNDO LIBRO DE LA SERIE AMORES ORIENTALES. REALMENTE ESPERO QUE LO DISFRUTEN, SERÁ UN LIBRO QUE TENDRÁ UN POCO DE TODO. YA TIENES LISTAS TUS MALETAS? PORQUE NOS VAMOS A NORUSAKISTAN!!!
Ivette. . .
Salgo de la habitación que me asignaron, con la intención de ir a buscar a mi hermana, muero por algo de beber y es que jamás pensé que en Norusakistan hiciese tanto calor, no sé cómo pueden vivir aquí, yo siento que me derrito.
Nada más cruzar el pasillo, me encuentro con aquellos profundos ojos grises.
¿Son ideas mías o hace más calor todavía?
¡Pero que tonta Ivette, mantente en tu lugar!
-Señorita Ivette- su profunda voz hace que me estremezca, nunca había tenido una atracción física como la que sentía cuando le miraba.
-¡Alteza!- le dedico una tímida sonrisa.
-¿Le han dicho alguna vez lo hermosa que es?- me pregunta y de inmediato siento que me ruborizo.
-Yo. . . muchas gracias.
-Qué hermosos ojos, señorita Cooper, pero lo que más me gusta; es su boca- doy unos pasos atrás y siento que mi espalda choca contra la pared. Lo veo avanzar hacia mí y comienzo a hiperventilar. ¿qué quiere?- su boca es perfecta, es tentadora y. . . – susurra ya muy cercas de mi rostro- me pregunto si será tan dulce como aparenta.
-Yo. . . –no me da tiempo a culminar. Tengo una de sus manos a cada lado de mi rostro, inmovilizándome y negándome una huida, mis ojos se abren enormes al sentir el roce de sus labios sobre los míos.
-Alteza. . . – quiero protestar pero de pronto su boca reclama la mía. Un cosquilleo nace en mis labios y se extiende a través de mi cuerpo. Su boca no es tímida, sino que es avasalladora, arremete contra la mía sin piedad, arrancándome el aliento. Elevo mis manos y toco su pecho, en la necesidad de asirme de algo porque el vértigo me invade. Su lengua invade mi boca haciendo que me estremezca y respondo sin reservas a la exigencia de sus labios, quedándome sin aliento.
Cuando el beso culmina me ve directamente a los ojos, él parece tan tranquilo, y yo me siento tan descontrolada, mi pecho sube y baja agitadamente, el rubor debe cubrirme la cara, ¿ por qué me ha besado?
-Yo. . . – él se aleja un poco.
-Sí, es perfectamente dulce, Ivette Cooper, una boca deliciosa- me sonríe y yo siento que no tolero la vergüenza- quiero volver a probar. . . – dice intentando acercarse pero sin esperar a que llegue nuevamente a mí, salgo corriendo por el largo pasillo.
Solo pienso en mi mala suerte, cuándo veo la imagen de Bella a mitad del pasillo. ¿Ahora cómo le explicaré la situación?
Al llegar a dónde estaba ella, noto que me mira con ojos enormes, me detengo y la miró en silencio.
-Vetty. . . ¿ocurre algo?- me pregunta.
-No. . .sí. . .no. . .yo. . .- estoy tan confundida. ¡Concéntrate idiota! Me reprendo a mí misma.
-Intenta calmarte- me dice mientras me observa como escudriñándome- no lograré comprenderte.
-No. . .no sucede nada, Bella. Yo. . .solo caminaba.
-Corrías, mejor dicho. ¿Y porque pareces tan agitada?- pregunta frunciendo el ceño.
-No. . . Bueno, sí.
-Estás muy extraña Vetty, ¿qué ocurre?- insiste y no sé qué decirle. ¿Cómo explicar que el Príncipe me besó? ¡Y de qué manera lo hizo!
-No sucede nada Bella, de verdad- me muerdo los labios en un gesto tan mío e Isabella frunce el ceño- ¿puedo irme?
-Claro. Voy a mi habitación a descansar. Sospecho que me dará migrañas.
-Que te mejores, Bella- la beso en la mejilla y me alejo con rapidez.
Zahir. . .
-¿Pero qué. . . ?- me quedo viendo su imagen alejarse en carrera- ¿qué le pasa a esa mujer?- me pregunto confundido. es la primera vez en mi vida que me ocurre esto. Por lo general después de que las beso, suelen arrojarse a mis brazos por más, pero nunca. . . nunca en mi vida, una mujer ha salido corriendo en dirección contraria a mí- sé que suena un poco arrogante pero es la verdad- Tendré que ir por ella y pedirle una explicación.
Comienzo a caminar por el pasillo, doblo en el siguiente, pero maldigo internamente cuándo veo a Isabella, frente a la puerta de las habitaciones que comparte con mi hermano.
Por Alá, que mala suerte.
-¡Zahir!- la observo un momento y luego relajo mi ceño, no sé en qué momento lo fruncí.
-¿Cómo está, futura Excelencia?- le pregunto serio.
-Yo bien, Alteza- me sonríe- con un pequeño dolor de cabeza, nada del otro mundo.
-Espero mejores- le digo con sinceridad.
-Así será, solo necesito descanso, he estado agotada con los preparativos de la boda.
-Todo saldrá bien- le digo para tranquilizarla.
-Lo sé- aceptó ella con un suspiro.- ¿a dónde va, Alteza?
-Yo. . . psss. . . buscaba a Ivette- le digo llanamente, no tengo nada que ocultar.
-¿Ivette?- Isabella, frunce el ceño de inmediato. Fija la vista en mi - ¿se puede saber qué ocurrió entre ustedes? – me pregunta.
-¿A qué te refieres?- la miró fijamente.
-Ivette venía como asustada, agitada y evidentemente alterada, ahora tú la buscas.
-No ocurrió nada- miento descaradamente.
-Es evidente que ocurrió algo- refuta.
-Nada de qué preocuparse, Futura Majestad.
-Dejémonos de bromas, Zahir. ¿Qué ocurre con Vetty?
-Nada Isabella. No te preocupes- le beso la mejilla con rapidez y comienzo a alejarme.
-¡Alteza!- me llama, así que me giro para observarla.
-¿Sí?
-Recuerda que Ivette, es mi amiga, mi tesoro, es como mi hermana menor y no toleraré que la lastimen. Ni siquiera tú- Isabella me dice aquello con el ceño fruncido, la observo seriamente y sin decir nada giro y me marcho.
Los días siguientes coqueteo con ella, pero se muestra reservada y confundida. Mañana será la boda, espero recibir un beso más de aquella dulce boca.
Ivette. . .
La boda es preciosa, la combinación del mundo oriental y occidental ha salido de maravilla, Zabdiel e Isabella, se ven felices y yo estoy feliz de que Bella al fin haya encontrado al amor. Suspiro con pesadez. Ese amor que tanto busco y que parece huir de mí.
Aunque esté inmensamente feliz por Bella, tengo una intensa furia dentro de mí, y eso se debe a que "Su Alteza" se ha paseado toda la noche de brazos de esa mujer. . . Aisha.
¿Cómo puede ser tan descarado?
No ha dejado de coquetearme ni un solo día y ahora anda con ella. Definitivamente es cierto todo lo que dicen; Zahir Amir Mubarack Maramara, no es más que un mujeriego sin remedio y yo no estoy dispuesta a ser una más en su lista.
Zahir. . .
Era de esperarse que Aisha estaría el día de hoy aquí en la boda de mi hermano, es solo que precisamente hoy no ansiaba su compañía, pensaba que podría pasar la velada con Ivette, pero ella no ha dejado de enviarme miradas furiosas que encierran un mudo reproche y sé que se debe a que he estado coqueteando con ella, pero no puedo sacarme sus dulces ojos, o el sabor de su boca no puedo olvidarlo. Creo que la bendita rosa inglesa e s una bruja.
Aisha, se va en busca de algo para beber, yo camino hasta dónde está Ivette, quien sonríe y aplaude alegre por la música.
-Qué hermosa, señorita Cooper- le digo en tono seductor. Ella se gira y me mira con sus ojos cargados de seriedad.
-Gracias, Alteza- repica tajante.
-¿Cuándo me llamarás por mi nombre?
-Nunca- dice cortante.
-A ver Ivette. . . ¿qué te tiene tan molesta?
-No estoy molesta, Alteza. En estos momentos soy una de las mujeres más felices del mundo, mi amiga ha hecho una elección maravillosa y estoy segura que será feliz.
-Así será, Alá mediante, se ha casado con mi hermano- digo en tono arrogante.
-Se cree usted mucho, Alteza. Pero El Jeque y usted, no se parecen en nada, son dos hombres totalmente distintos- me dice con voz dura- gracias a Dios- aquellas palabras me hieren. Sé que no somos iguales, él es mejor que yo, ya lo he asumido hace mucho, es más ya basta con un perfecto en la familia, yo me siento bien como soy.
-¿Me dirás lo que sucede?- le pregunto tomándola del antebrazo, frunciendo el ceño. No me siento bien sabiendo que está enfadada.
-Manténgase alejado de mí, Alteza, y le pido que no me obligue a repetírselo- se suelta de mi agarre, dando un fuerte tirón a su brazo, y se aleja con su flamante atuendo, mezclándose entre la multitud.
Me quedo allí observándola, sin saber qué decir o hacer. No será fácil para mi afrontar que tendrá que irse en algún momento, pero sé que es lo mejor. Ivette Cooper, comienza a turbar mi forma de ser y eso no puedo permitírmelo.
Ivettte. . .
Termino de cerrar la maleta que estaba llenando y me quedó mirándola sintiéndome turbada, confundida y agitada.
Volver a Norusakistan . . .
No sé si eso sea tan buena idea. Claro que ahora que Isabella y mi sobrino están allá, no puedo evitar ir, y menos saltarme el bautizo de ese pequeñito pero. . . ¡verlo de nuevo!
Aunque sus hermosos ojos me han perseguido en sueños, la verdad es que no sé si estoy preparada para verlo nuevamente a la cara. Él me confunde, hace que me desestabilice y no quiero sentirme así, porque sé que no es el hombre adecuado para mí.
Zahir Amir Mubarack Maramara, no es el hombre adecuado para ninguna mujer, al menos no para una que pretenda tomarlo en serio y yo la verdad no quiero ilusionarme con un tonto don juan, que cree que por ser el Príncipe de Norusakistan, tiene derecho a tener todo cuánto desee.
No estoy dispuesta a formar parte de su larga fila de conquistas, mujeres tontas enamoradas que terminan con el corazón roto porque ese hermoso hombre no es capaz de amarlas.
No, yo no seré de esas, soy una mujer que sabe lo que quiere, que disfruta de la vida y sus distintos matices, que cree en el amor, en el matrimonio, en la familia, todo lo que aparentemente el Príncipe no desea.
Pero, ¿a quién quiero engañar?, mis labios tiemblan y mi cuerpo se estremece al recordar aquella boca sobre la mía, su beso atrevido también me persigue en sueños, me hace levantar a media noche con el corazón saltando y el cuerpo anhelante. Debo blindar mi corazón y mis sentimientos antes de ir a Norusakistan, no estoy dispuesta a salir lastimada. No, no lo haré.
-¿Se puede saber en qué piensas?- la voz de mi hermana me trae de regreso a la realidad.
-¡Maldición, Su!- exclamo llevándome una mano al pecho- ¿piensas matarme?- la miro furiosa.
-No digas tonterías- hace un gesto con la mano, restándole importancia al asunto. Camina y se sienta sobre mi cama y clava sus hermosos ojos en mi- ¿en qué piensas?
-En nada importante- le digo evasiva.
-Para ser algo no importante, te tenía bastante absorta.
-Tonterías- le digo- solo preparaba mis maletas.
-¿Saldrás esta noche con James?- me pregunta curiosa.
-No- le respondo encogiéndome de hombros- esta noche no saldré, prefiero quedarme en casa.
-No seas aburrida cariño, estaremos fuera un par de semanas, seguramente James, querrá compartir contigo antes de que te vayas.
-No Su, quiero dormir mucho hoy, para mañana estar descansada.
-Puedes dormir en el avión- me dice con el ceño fruncido- a fin de cuentas es un viaje bastante largo.
-¿Estás dedicada a molestarme hoy?- le digo mientras colocó mis manos en mis caderas.
-¡Obvio que no!- dijo indignada y frunciendo el ceño.
-Pues lo estás logrando.
-¿Qué te tiene tan sensible, Vetty?- me dice mirándome fijamente- ¿no serán nervios por verlo de nuevo?
-¿Ver a quién?- me hago la desentendida, mientras mi corazón golpea con fuerza contra mi pecho.
-No te hagas la tonta- me señala con un dedo- sabes bien que hablo, de Zahir.
-Pues no tengo ni idea de lo que dices,
Su- me niego a ceder, no le he contado nada, ni lo haré- no comprendo por qué ver a Su Alteza, tendría que turbarme o ponerme nerviosa.
-¿Crees que soy idiota?- me pregunta frunciendo el ceño- Sé que algo ocurrió entre ustedes, la misma Bella estaba algo preocupada. ¿Cuándo me lo dirás Ivette, cuándo?
-Bella y tú, no deben preocuparse, entre su Alteza y yo, nada ocurrió- miento descaradamente- y en consecuencia, no tengo nada que decirte.
-Eres muy mala mintiendo- me acusa con ojos entrecerrados.
-¡Qué cosas!, siempre he creído que mentía muy bien- le digo sarcástica- solo necesito dormir bien Suseth, sabes que los aviones no son mi medio de transporte favorito, me pone nerviosa hacer un vuelo tan largo.
-No sé si creerte.
-Pues cree lo que quieras- me encojo de hombros- total, siempre lo haces.
-Solo quiero que sepas Vetty, que me alegra que salgas con un chico tan bueno como James, se nota que te quiere mucho y. . .
-No somos novios Su, no exageres- dijo rodando los ojos.
-Pero podrían serlo. Además, eres mi pequeña hermana y me preocupo por ti.
-Estoy bastante grandecita Su, todo está bien. Te lo aseguro.
-Aunque crezcas, siempre serás mi pequeña hermana. Tú, Bella, Matt y ahora el pequeño Nael, son todo lo que tengo Vetty y daría cualquier cosa por protegerte- me mira fijamente, sin pestañas, sin desviar la mirada, y siento el peso y la sinceridad de sus palabras. Me ama, lo sé, porque yo siento lo mismo- no quisiera que te lastimaran.
-Me lastima no quien quiera Su, sino a quién se lo permita. Sé cuidarme así que pierde cuidado.
-De acuerdo Vetty, solo recuerda que El Príncipe es un libertino y que tienen dos culturas totalmente diferentes. Con Zabdiel e Isabella, funcionó porque él la adora y se enamoraron perdidamente, además él está dispuesto a todo por ella, pero el Príncipe no es hombre de una sola mujer, no te permitas caer en sus redes y nunca olvides que puedes contar conmigo.
-No me interesa Zahir- le digo con el ceño fruncido.
-No sé si eso sea cierto. Verás, si te interesara para una aventura, estaría bien, todas merecemos una de vez en cuando, obvio que las mías se acabaron con Matt- sonríe como tonta- pero. . . Zahir es así como una fruta prohibida, para comer a escondidas. Buen hombre, buena aventura. No es para enamorarse de él y soñar con una boda.
-No entiendo ni por qué estamos hablando de esto- digo enojada.
-Sé que algo ocurrió, Vetty. Lo sé por como él te miraba, por como tu desviabas la mirada, por lo enojada que parecías en la boda de Bella, cada vez que lo veías hablando con esa mujer, pero sobretodo, lo sé por lo que me contó Isabella. Sé que no eres mujeres de aventuras, sé que sueñas con encontrar un buen hombre para casarte y qué tus experiencias son muy limitadas, por no decir nulas- siento que me ruborizo en gran manera- solo cuídate de él, y si hace falta pide mi ayuda o la de Bella, sé que estaría feliz de hablar con Su Excelencia y pedirle que meta en cintura al pequeño pilluelo, que además de hermoso y sexy es un coqueto nato. Si yo estuviese soltera, terminaría envuelta en las sedosas sábanas del Príncipe, lo juro. Pero no tú cariño, aquí la libertina y despreocupada soy yo.
-Ya basta. No quiero seguir hablando de tan absurdo tema, déjame terminar de preparar mis maletas.
-Pensé que ya estaban listas.
-Sí, pero debo preparar mi bolso de mano y además tomar una larga ducha para relajarme y olvidarme de los nervios del avión.
-Bien. . . seguro que no saldrás con James.
-Segura, no saldré hoy con él, Su.
-Bueno, en fin. . . yo si saldré con Matt, pensábamos ir a comer fuera y quizás bailar un poco. ¿Quieres venir?
-No soy buena haciendo tercios- le sonrío- además, es cierto que quiero descansar. Estoy nerviosa por el largo viaje.
-En ese caso voy a alistarme. Matt, pasará por mí en media hora y si no estoy lista comenzará a gruñir- me dice riendo- cena antes de dormir por favor, yo volveré en la madrugada.
-El vuelo es en la mañana, Su. No quiero que te quedes dormida y lo perdamos.
-No lo haré preciosa. Mis maletas están listas, Matt me aseguró que las suyas también y-. . .
-Su. . .
-Está bien. Volveré temprano- se levanta y camina hasta mí, me abraza y me da un cálido beso en la frente- te quiero mucho, Vetty.
-Yo te adoro- le respondo rodeándola en un abrazo.
Somos muy similares. Rubias, de lindos ojos de color, altura promedio y lindo rostro. Es solo que ella tiene toda la chispa, es alegre, divertida. Alocada, sincera y muy, muy abierta a decir lo que piensa. Yo por el contrario soy más tímida, reservada, más sensata y prudente.
En ocasiones quisiera ser un poco como ella y olvidarme de las limitaciones que yo misma me pongo, pero mi naturaleza se rebela.
-Que duermas bien- me dice alejándose.
-Y tú que te la pases muy bien.
-Gracias, Vetty- me dice y se aleja, sale de la habitación y un terrible peso se instala en mi pecho. Sé que todo lo que me ha dicho es verdad y nunca me he engañado a mí misma, pensando en cosas que no podrían suceder, pero escucharlo en voz alta y de otra persona me ha causado un dolor en el pecho y un vacío en el estómago.
Sin duda será una prueba muy grande estar cerca del Príncipe, necesito mantenerme lo más alejada posible de él, necesito concentrarme en Nael y en Bella, en la felicidad de verles, con suerte las semanas en Norusakistan, no terminen siendo tan tensas como espero, quizás el rebelde Príncipe esté viajando por el mundo y tenga la suerte de no toparme con él. Todo es posible.
Cierro los ojos con fuerza, rogando que la suerte esté de mi lado y el Príncipe se mantenga lejos de mí, no quiero tener que tolerar su presencia en compañía de esa mujer; Aisha.
¡Este viaje a Norusakistan, será todo un reto!
¡Vendría!
Ivette, vendría al día siguiente. Aquellas palabras no salían de su cabeza, tendría que verla nuevamente. El Príncipe, no había dejado de pensar en aquella dulce chica, tan buena, pero que cuando la había hecho enojar, se había mostrado fría e indiferente. No sabía ni por qué razón no podía sacarla de sus pensamientos.
Era solo una mujer más.
Sí, una mujer dulce y de hermosos ojos, ojos que no podría olvidar y esa boca. . . Los recuerdos de esa boca le atormentaban.
-¡Vamos Zahir, eres el Príncipe!- se dijo a sí mismo- puedes tener a la mujer que desees, ni siquiera esa rosa inglesa puede resistirse a ti. – se dio ánimos y trato de controlar su respiración agitada.
Un llamado a la puerta de sus aposentos lo sobresaltó. Bien, su invitada había llegado, sonrió con picardía. Al abrir la puerta se encontró con Maishea, una hermosa joven que trabajaba en Palacio, muy bajo perfil, nunca era muy nombrada, ni solicitada, pero él si solicitaba servicios especiales de su parte, porque con su largo y lacio cabello, esos hermosos ojos oscuros y su perfecta piel morena era toda un belleza oriental exótica, que levantaría el libido de cualquier hombre.
Maishea, era justo lo que necesitaba para liberar el repentino estrés que se apoderó de él.
-Alteza- le hizo una reverencia, en cuanto él abrió la puerta- Nazir, me anunció que usted solicita mi presencia.
-Adelante- le sonrió, cerró la puerta tras ella. La joven estaba de espaldas a él, a la espera de las órdenes reales. Se acercó a ella y se quedó muy pegado a su cuerpo, pero sin tocarla, inclinó su cabeza y habló contra su cuello- tu Príncipe, desea atenciones especiales el día de hoy.
-Pensé que jamás volvería a llamarme, Alteza- le dijo con voz lenta y cargada de sensualidad, mientras se recargaba de él, restregando su delicado cuerpo, contra el masculino- Al parecer desea usted un masaje.
-Deseo mucho más que un masaje- le besó el hombro por encima de la tela de su humilde túnica, luego comenzó a deshacerse de la prenda, hasta que cayó al suelo convertida en un pequeño bulto. La ropa interior cubría aquel magnifico cuerpo, el largo cabello que llegaba casi hasta la cintura. Entonces llevó sus expertos dedos al broche de su sujetador y se deshizo de él, la giró delicadamente hasta que estuvo frente a él. Sus hermosos ojos grises la recorrieron, estaban oscurecidos y llenos de deseo.
-¿Puedo tocarlo, Alteza?- le preguntó con voz melosa y los ojos llenos de brillo, mientras se mordía con suavidad el labio inferior.
-Puedes- le concedió, pero no le permitió hacerlo, pues la tomó de las caderas y la elevó del suelo, pegándola a su cuerpo y guiándola hasta la amplia cama, mientras reclamaba sus labios, con su ardiente boca.
Ivette. . .
Bajamos del vehículo y me quedo observando la imponente fachada de Palacio, suspiro tranquilamente.
-¡De vuelta!- grita Suseth- lo único que detesto aquí es el incesante calor, ¡por Dios!- gime horrorizada- sé que estamos muy cerca del desierto, pero juro que siento que me derrito.
-Siempre tan exagerada, mi amor- le dice Matt, rodeándole la cintura y estampando un dulce beso en sus labios.
-¡¿Exagerada?!. . . supongo que tu mente está en Alaska, junto con tus sentidos y tu alma. Me imagino que eso es lo que ocurre, porque de otro modo no me explico como no sientes el asfixiante calor, por Dios.
-¿Quieres luna de miel en Alaska?- le pregunta cariñoso.
-No bromees, guapo- le toca la punta de la nariz- iré de luna de miel a Paris, con o sin ti- le besa rápidamente y luego se aleja, con dirección a la entrada.
Ivette, está pasmada, quizás hasta temblando internamente y dándose fuerzas para poder enfrentarse a esto.
-Tu hermana está loca- le dice Matt, con una amplia sonrisa.
-Siempre lo has sabido, Matt- le sonríe- aquí nadie te ha engañado. Su, siempre ha estado demente.
-Aún así, la amo.- responde con orgullo.
-Entonces no te quejes, guapo- le tocó la punta de la nariz, imitando a su hermana y emprendió el camino a la entrada de Palacio.
-¡Están aquí!- grita Isabella corriendo hasta ellos y echándose en sus brazos.
-¡Obvio que estamos aquí!- responde Su, rodando los ojos.
-No podíamos soportar un día más sin conocer a nuestro sobrino.
-Me tienen loco, no dejan de hablar de Nael.
Se abrazaron con mucho cariño, mientras reían alegres.
-Bienvenidos nuevamente a Norusakistan- dijo El Jeque, quién aparecía con el pequeño en brazos. - Que Alá bendiga su estadía en nuestras tierras.
-¡Por Dios!- Exclamó Su, llevándose ambas manos a la boca, al ver aquel bultito rosado y hermoso.- ¡Es hermoso!- gimió.
-Un gusto verle, Excelencia- dijo Ivette.
-Un placer que nos reciba nuevamente, Majestad- añadió Matt.
-Palacio es su casa, pueden venir cuándo quieran, nosotros somos los dichosos de tenerles aquí y nuestra Reina, evidentemente está muy feliz. Norusakistan, es también su pueblo.
-Muchas gracias- respondió Ivette- ¿puedo cargarlo?
-¡No!- exclamó Su- ¡yo primero!
-Lo siento Suseth Cooper, pero yo le cargaré primero- exclamó Ivette, quién ya lo tomaba en brazos con una hermosa sonrisa.
-Eso es trampa. Yo soy la mayor- dijo Suseth, con un puchero.
-Y yo la más rápida- le dijo riendo- ¡míralo nada más!- exclamó emocionada-¡es hermoso!
-Es todo un Príncipe- dice Suseth, tomándole un dedito.
-Nada de eso Suseth, es todo un Jeque- dice Zabdiel, con una orgullosa sonrisa.
-Todo un Jeque, futura Excelencia- responde ella y todos ríen alegremente.
-Pasemos al salón- dice Isabella- pediré que nos lleven té y galletas, luego podrán descansar un poco.
-Es tan lindo- decía Suseth, mientras mecía al niño en sus brazos.
-Si quieres puedo darte uno muy hermoso- le dijo Matt, con picardía mientras movía ambas cejas arriba y abajo. Todos rieron.
-Calma, calma guapote. Ni te has casado y ya quieres babys- los presentes rieron felices.
-Pues no soy yo el que está babeando por el futuro Jeque- responde Matt, elevando ambas manos en señal de defensa.
-Deja los celos, no seas tonto, mi amor. Sabes que te quiero sólo a ti- Ivette, los miró con una triste sonrisa.
Isabella, tenía a Zabdiel que la hacía feliz. Su, tenía a Matt, y ella. . . bueno, ella tenía a su almohada, suponía.
-¿Han llegado al fin nuestros invitados?- la profunda voz del Príncipe reclamó la atención de los presentes.
-Así es, Alteza- le dijo Isabella, con una gran sonrisa- al fin han llegado.
-Veo que eso le ha otorgado una infinita felicidad, Majestad.
-Así es- responde Isabella- tengo aquí a mis amigos, mis hermanos, son una parte importante de mi- Responde la rubia con una sonrisa.
-En un placer saludarles, bienvenidos a Norusakistan, Que Alá bendiga su estadía en nuestras tierras- sus ojos fueron directamente a los de Ivette, quién lo miró un momento.
-Gracias, Alteza- dijo y luego desvió la mirada.
-Muchas gracias, Alteza. Es maravilloso estar aquí nuevamente- añadió Suseth- vinimos especialmente a conocer a Nael, este hermoso ya nos robó el corazón.
-Es algo irremediable, señorita Cooper- le dedicó una enorme sonrisa- según mi madre, Nael es lo más hermoso de la casa. Evidentemente se ha olvidado que su hijo pequeño soy yo.
-Lamentable Alteza, sé lo que es pasar a segundo plano- lo miró con malicia- Cuando Vetty nació, hasta allí llegó mi reinado- se encogió de hombros- lo superará, usted al menos ya es adulto.
-Buen consejo, Suseth- le sonrió, sentándose en un hermoso sillón, frente a Ivette- seguramente lo supero en un par de siglos- dijo con tono dramático y todos rieron.
-¿Cómo está usted, señorita Ivette?- le preguntó con un tono dulce. Ivette, levantó sus ojos hasta él y lo enfocó, negándose a ceder nuevamente desviando la mirada.
-Estoy muy bien Alteza, afortunadamente me ha ido de maravilla.
-¡SIII!- gritó Suseth- había olvidado contarte Isabe. . . Majestad- se corrigió- es una gran noticia.
-¿A sí?- la miró sonriente-¿De qué se trata?
-Suseth, creo que. . . – comenzó Ivette.
-¡Vetty, está saliendo con James!- gritó alegremente. Y luego cuando Nael, gimoteó un poco, lo meció hasta que volvió a quedarse tranquilo.
-¿James?. . . – Isabella, frunció el ceño- ¿Quién es James?