Gema escribe en su diario como todas las noches...
Buenos Aires, 2019
Algo me unía a él desde siempre, el llamado...hilo rojo, tal vez. Siempre tuve una sensación de ahogo y luego sentía un vacío dentro mío siempre me faltó algo y no sabía qué , no lo sabía hasta que lo volví a ver a él.
Sí, a él.
Cómo puedo empezar a definir este fuego por dentro esta llama que se encendió apenas lo vi.
El vacío que sentía, todo, absolutamente todo desapareció cuando estuve en sus brazos.
Sí, en sus brazos.
Bueno... es que... a pesar de que era un hombre prohibido no pude resistir a la tentación y tampoco lo pudo hacer él. Creo que provocó en él lo mismo que él, en mí.
Cada vez que me tocaba lo hacía con tanta pasión... con tanta sed.
Su respiración a tono de súplica me hacía delirar y ese era el momento justo, ahí era donde comenzaba a pedirle mis deseos, deseos que él me los cumplía ( fantasías) que no sabía qué tenía hasta que él me llevó a descubrir.
Tacto ( piel) y su respiración agitada cerca de mí oído me hacían viajar a su mundo donde él me invitaba a conocer placeres que nunca antes había conocido .
Luego su mirada y su cautivante y enloquecedora sonrisa lo defino así:
Cada vez que fijaba sus ojos en mí ¡era increíble! la conexión que se puede hacer en una mirada puede decir más que las mismas palabras. Me invitaba, me proponía, me insitaba era un imán.
Su sonrisa...¡Dios! En el momento que él sonreía llegaba al paraíso y más cuando sonreía de placer cerca mio, mientras con sus manos dibujaba placeres en mí piel contagiandome su sonrisa.
En cambio Sam me generaba otros sentimientos Víctor era pasión mientras el se convertía en una obsesión. Debo mencionar a Sam ya que fue el hombre que irrumpió descaradamente en mí vida y en mí relación con Víctor de una manera tan sutil y elegante como solo él puede hacerlo.
Sam es muy atractivo tanto físicamente como en su personalidad también, me gusta mucho ¡demasiado diría yo!
Pero es misterioso hay que interpretarlo constantemente y eso confunde.
Nunca llegué a conocerlo definitivamente y cuando crei que lo hice siempre me demostraba algo nuevo de su increíble y escalofriante personalidad. Es serio y distante pero su seriedad enamora.
Me siento rara cuando estoy con él pero algo en él me provoca querer estar cerca siempre y eso me asusta un poco porque no me imagino la vida sin Víctor pero no quiero llegar a decir que... sin Sam tampoco.
Estos dos hombres me obligan a tomar una decisión en mi vida pero es que es tan difícil decidir con cuál de los dos me voy a quedar. Los dos me ofrecen momentos terribles y eso es lo que me hace dudar a la hora de elegir.
Estoy indecisa y confundida en varios aspectos de mi vida y no solo eso sino que también me tiene mal la relación que llevo con mi padre durante mucho tiempo debo decir que idealice a papá, no se porque tengo la maldita costumbre de idealizar a la gente.
Me di cuenta que cuando lo conocí a fondo, nada de lo que imaginé fue cierto y es ahí cuando caigo en mi realidad.
Me siento indignada por creer en fantasías que luego terminaron en realidad, ni más ni menos que en pura y cruel realidad.
Las tradiciones que hay en mi familia no las entiendo y no las acepto, pero no por eso significa que puedo romper las reglas cuando yo quiera (o por lo menos eso es lo que dice papá) Podría hacerlo pero, eso implicaría que él entre en una crisis de nervios.
Porque por más bueno que él sea conmigo esto no me lo perdonaría.
Antes de que papá me obligara a casarme con Alan tal como él quería siempre entraba en mí cuarto para darme las buenas noches, besaba mi frente y tomaba mi manos para repetirme una y otra vez lo que debía y lo que no con mi vida.
Ahora que ya estoy casada con quién él quería le cedió la responsabilidad a Alan de controlar mi vida. Ya que no puedo hacer nada sin que él esté detrás mío para luego ir corriendo a contarle a mí padre lo que ellos creen que hago mal.
Me provoca tristeza y furia a la vez.
Pero es imposible hacer uso de la razón cuando el corazón está de por medio y solo pienso que a veces queda fingir que todo va a ser perfecto y color de rosa...pero luego el color rosa se torna turbio y lo perfecto imperfecto.
Sin embargo, mi corazón no promete que va a dejar de entrometerse en el lugar equivocado.
Hoy por la mañana antes de abordar el avión de regreso a Buenos Aires tuve un episodio extraño, mientras caminaba sola por las calles de Venecia me quedé observando un camino que recorría todas las mañanas (hacía esto para escapar de Alan aunque sea un momento). Algo me inquietaba, pero a su vez no sabía porque. No podía despegar la vista de aquel camino que vaya a saber que recuerdos traían a mi mente para que me quedara observando como si me contara de algo en particular ... sin embargo una nostalgia inmensa recorría cada parte de mi ser.
Mientras una cálida brisa acariciaba mi rostro. Vi un bar y decidí entrar por un café, me senté en un rincón junto a una ventana que daba justo con aquel camino, elegí sentarme allí con la intención de seguir indagando qué era lo que me tenía tan pensativa aquella mañana.
Miraba a través de la ventana y podía sentir como me contaba del viento, del sol y la lluvia, que siempre entraban por allí pero de repente la revelación que tanto esperaba por fin vino a mí mente un recuerdo que casi había olvidado y observar aquel camino hizo que reviviera un momento maravilloso.
Desde muy pequeña un hombre visitaba con frecuencia a mí padre, trabajaba con él en la empresa, cada vez que venía a casa yo lo miraba y suspiraba en silencio era tan atractivo, él cruzaba por al lado mío me guiñaba un ojo y eso bastaba para soñar toda la noche con él ¿Pero me pregunto porque después de tanto tiempo su recuerdo vino a mí mente?
Hace mucho tiempo que no lo veo y cuando le pregunté a papá disimuladamente me dijo que si lo hacía pero últimamente venía muy tarde y luego se encerraban los dos en la oficina para hablar de negocios. Para ese entonces yo ya estaba en mi cuarto y probablemente soñando con él.
Esta mañana sentí como apareció una mezcla de sentimientos encontrados que se hicieron presentes mientras estuve sentada aquí. Luego salí del bar y regresé nuevamente por el mismo camino que tantos recuerdos me trajo hoy.
Gem...
Gema Cook:
Es una chica de 18 años, piel morena, cabello largo y rizado y una figura llamativa.
El día que cumplió la mayoría de edad su padre prácticamente la obligó a casarse con Alan.
Fue un matrimonio arreglado debido a las absurdas y antiguas tradiciones familiares.
Así lo dispuso él y ella quedó vulnerable ante esa decisión.
Todas las noches escribe en su diario íntimo, las emociones que atraviesa a su corta edad.
Pero su diario no es sólo su único confidente sino que también está Rubén, el mayordomo de la casa. El que la vio crecer hasta convertirse en una mujer su consejero fiel y amigo inseparable.
Sam Gregg:
Conocido como uno de los mafiosos mas peligrosos de Texas. Una personalidad increíble eso lo hace hace un líder en su banda. Apasionado por el arte, pinta mujeres desnudas y luego esos cuadros son vendidos a una cifra muy alta. Intenta convencer a la dulce e inexperta Gema de pintarla desnuda haciéndole creer cosas que no son.
Víctor Allen:
Es administrador de empresas. Trabaja con el padre de Gema manejando las finanzas es un profesional muy buscado por las empresas ya que es excelente en su área de trabajo.
Respecto a su personalidad es muy seductor y carismático.
Está casado con Elena desde hace varios años, sin embargo su relación de pareja en los últimos años se deterioro mucho debido a peleas y común desacuerdo, ya que ella es un tanto posesiva y controladora.
Él, conoció a Gema cuando era una niña.
Luego de varios años la volvió a ver cuando ya era una mujer y la atracción que sintió al verla fue irreversible.
Alan white:
Es el gerente de la empresa Cook una empresa de consultoria en el área contable brindan asesoramiento a las organizaciones ofreciendo un modelo y estrategia de negocios.
Alan también es la mano derecha de Eduardo, el padre de Gema se encarga de tomar todas la decisiones, de contratar y echar a quién se le plazca. En cuanto a personalidad es todo lo contrario a Víctor, es serio y bastante amargado no está enamorado de Gema solo pretende el dinero de su familia, es cínico y oportunista.
En su relación con Gema casi ni se hablan, pero en ocasiones intenta tomarla por la fuerza ya que se cree su dueño.
Cuando el padre de Alan murió Eduardo le prometió que a su hijo Alan no le iba a faltar nada y le ofreció a su hija para que cuando sean grandes se casaran entonces Alan pasaría a ser dueño de todo por haberse casado con Gema.
En pleno vuelo de regreso a casa, con los auriculares puestos, Gema cerraba los ojos y pensaba:
-Hogar, dulce hogar... Argentina, mi Buenos Aires.
Varios recuerdos acudieron a su mente: cuando era apenas una niña y llevaba su diario a todas partes, escribiendo lo mal que se sentía por las exigencias de su padre.
Hoy, ya mujer, su diario la seguía acompañando. Allí volcaba todo: lo que sentía, lo que pensaba y lo que deseaba para su vida.
Su padre, sin embargo, seguía siendo el mismo de siempre... o peor. Exigente, controlador, obsesionado con decidir por ella: sus estudios, su carácter, su destino.
Durante años, Gema lo había idealizado, lo había tenido en un pedestal. Pero cuando dejó de ser una niña, entendió que tenía sus propios sueños... sueños que su padre jamás contempló para ella.
Regresaba de su luna de miel -o luna de tortura, como ella la definía-. Aquellos días con Alan fueron un verdadero calvario.
Aun así, hizo un esfuerzo enorme por cumplir las tradiciones familiares y complacer a su padre, intentando llevarse bien con su esposo durante el viaje a Venecia.
Alan trataba de acercarse a ella con intenciones de intimar, pero solo obtenía rechazo. La convivencia se volvió un campo de batalla.
Venecia era un paraíso para cualquiera, pero aquel paraíso desaparecía apenas cruzaban la puerta del departamento. En cuestión de minutos, se convertía en un infierno.
Ella, huyendo. Él, intentando forzarla. Sus amenazas y manipulaciones constantes hacían de Gema una prisionera de un amor impuesto.
-¿Piensas seguir con esa actitud cada vez que me acerco a ti, Gema? ¡Por Dios, soy tu esposo! ¿O acaso pretendes que busque a otra mujer? Porque eso pasará si no cumples con tus obligaciones -gritó Alan, mientras discutían en la habitación.
-No seas ridículo, Alan. Si fuera por mí, hasta te presentaría a otra mujer con tal de que me dejes en paz.
-Te recuerdo que soy tu esposo. Tengo derechos sobre ti.
-¿Cuándo vas a entender de una vez por todas que este matrimonio es solo un arreglo entre mi familia y la tuya? Ni siquiera sé qué hago aquí contigo. Según papá, en la familia es costumbre elegir un esposo para la hija menor, y no debo oponerme. Solo obedezco, como lo hice toda mi vida.
-La que no entiende eres tú -replicó Alan con voz dura-. No tienes que cuestionar nada. Ni a tu padre, ni a mí. Estás aquí para obedecer.
Dicho esto, intentó tocarla nuevamente, pero los gritos de Gema lo hicieron retroceder.
-¡Entiende que no quiero estar contigo! Así que ni se te ocurra acercarte -dijo, abriendo la puerta para invitarlo a marcharse.
-Si no fuera porque Eduardo está en el medio, te obligaría a cumplir tus obligaciones de esposa.
-Ya le dejé en claro a mi padre que, si algo me pasa, será por tu culpa.
-Ya lo sé, Gema. Sé que no puedo tocar a la niña consentida del jefe. De lo contrario, ya lo hubiera hecho.
Alan salió del cuarto y ella cerró la puerta con llave, buscando un poco de calma y seguridad. Tomó su diario y comenzó a escribir, descargando su lenta agonía por estar al lado de alguien que no la amaba y solo la hacía sufrir.
Escribir era su única manera de respirar.
"Mi alma muere lentamente y no encuentro salida en este laberinto. Me sumerjo en mi mente una y otra vez tratando de hallar una puerta, pero no la encuentro. Estoy sola. Aun así, sigo creyendo en el amor verdadero. Sé que lo voy a encontrar. Lo siento en mi pecho, aunque viva en esta tormenta. El sol sale para todos, y no voy a detenerme hasta hallar ese amor que me llene de pasión. Ninguna mujer debería acostumbrarse a vivir con un hombre que solo la hace llorar."
La pesadilla pareció terminar cuando llegó a Buenos Aires. Se instaló unos días en la casa de sus padres, aprovechando que Eduardo estaba de viaje por negocios; de lo contrario, no le habría permitido quedarse allí.
Alan también había viajado, y por fin Gema pudo respirar.
Para su padre, el deber de una esposa era estar incondicionalmente al lado de su marido, incluso sin amor.
Pero su madre, Isabel, aceptó que se quedara. Aunque conocía las rígidas costumbres que Eduardo imponía, también comprendía el sufrimiento de su hija.
Mientras la abrazaba, Gema aprovechó para hacerle algunas preguntas.
-¿Mamá, has visto a Víctor estos días? -preguntó, intentando disimular las ganas que tenía de verlo.
-Claro. Cada vez que se reúne con tu padre pasa a saludarme. Es un buen hombre, lo aprecio mucho.
-Sí, mamá, realmente lo es. ¿Sabes de qué hablaban cuando se reunían?
-De temas laborales, como siempre. Ya sabes que cuando se encierran en la oficina pueden pasarse horas. ¿Por qué lo preguntas, hija?
-Por nada, simple curiosidad. ¿Sabes si hoy vendrá?
-Tengo entendido que viajó unos días con su esposa. Eduardo mismo le dijo que se tomara un descanso.
-Está bien, mamá. Voy a descansar un rato. No te olvides de tomar tus medicamentos, le avisaré a Rubén que te los traiga.
-Gema... -la detuvo Isabel-. Es extraño, pero me siento peor desde que tomo esas pastillas.
-¿Peor? ¿Qué sientes?
-No sé, estaba mejor antes.
-Tranquila, mamá. El médico dijo que era normal, pero consultaremos con otro, ¿sí?
Luego de avisarle a Rubén que trajera los medicamentos, Gema se encerró en su cuarto para escribir. Necesitaba descargar todo lo que había vivido en aquella "luna de tortura".
Su diario y Rubén eran sus dos refugios. Él era como un segundo padre, su confidente y amigo incondicional.
"Estar con Alan, fingiendo ser una pareja feliz, fue una de las cosas más difíciles que tuve que hacer. Todo, solo por complacer a papá. Venecia era maravillosa, pero con Alan sentía miedo, inseguridad, ansiedad. Mis manos temblaban, no podía dormir. Vivía alerta, evitando que se acercara. Varias veces me tomó del brazo con fuerza mientras intentaba besarme. Sentía asco. No porque no fuera atractivo, sino por lo que es como persona: posesivo, odioso, vacío. No lo amo. Cuando se enojaba, me aterraba. Cada vez que se iba, corría a cerrar con llave la puerta. Fue horrible. Ahora, aquí en casa, siento que desperté de una pesadilla... aunque sé que aún no terminó, porque tengo que volver con él.
Lo único hermoso que me ocurrió en Venecia fue el recuerdo de un hombre que no veo hace mucho tiempo... Víctor. No sé cómo apareció en mi mente, pero lo hizo, y desde entonces no puedo dejar de pensar en él."
Esa noche, antes de dormir, Rubén se acercó a su habitación. Quería saber cómo la había tratado Alan durante el viaje.
Alan solía saludarlo con desprecio. Víctor, en cambio, era siempre amable y encantador; su sonrisa cautivaba a cualquiera. Entre Rubén y Gema bromeaban a menudo con que Víctor sería mucho mejor esposo que Alan.
-Dime, Gema -preguntó Rubén con tono protector-, ¿te hizo algo? ¿Te obligó a algo que no querías?
-Tranquilo -respondió ella, interrumpiéndolo-. Se portó bien, si es que hablar poco cuenta como "bien". Pero dime tú... ¿tienes noticias de Víctor? No imaginas las ganas que tengo de verlo. Hasta soñé con él, casi todas las noches.
Rubén arqueó una ceja.
-¿Y a qué viene eso ahora? Hace años que no lo ves. Dime qué tienes en mente, ¡confiesa! Porque me asustan tus ideas repentinas. ¿Me perdí de algo?
-Ay, Rubén, qué cosas dices... Ojalá hubiera pasado algo con él -rió Gema-. Es solo que, estando allá, su recuerdo me sorprendió. No dejo de pensar en él.
-Niña, Víctor es un hombre casado. Y tú eres muy joven. Harás enfadar a tu padre si se entera. Está bien bromear, pero... más de eso, no. ¿Verdad? -dijo Rubén, medio en broma, medio en serio.
-Tú lo dijiste: si se entera. Y ni tú ni yo se lo diremos, ¿verdad, mi querido Rubén? Además, mi padre no puede quejarse: ya logró lo que quería. Estoy casada con Alan -respondió con ironía.
Víctor solía frecuentar la casa de Gema por los negocios con su padre. Allí comenzaron los cruces de miradas, los silencios incómodos, las sonrisas furtivas.
Durante años de matrimonio con Elena, jamás se había sentido atraído por otra mujer. Pero con Gema algo cambió. No podía evitarlo, y eso lo perturbaba.
Ella apenas había cumplido la mayoría de edad, pero su belleza era imposible de ignorar: piel morena, cabello largo y rizado, ojos que lo desarmaban.
Cada vez que pasaba cerca de él, su perfume lo enloquecía.
Aunque intentaba resistirse, no podía dejar de mirarla.
Y con el tiempo, disimular lo que sentía se volvió imposible.
Sus nervios lo traicionaban cada vez que alguien, siquiera, pronunciaba su nombre.
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