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Pasión Prohibida: Poco control.

Pasión Prohibida: Poco control.

Autor: : ThatBoyIsMine
Género: Romance
"Pasión Prohibida" narra la intensa travesía de Bianca en un pintoresco pueblo costero, donde alquila una casa junto a una encantadora casa a cuatro vientos, donde vive una mujer dueña de la estancia. Entre pasiones y lágrimas, surge una conexión apasionada con Cameron, el hijo de la dueña. Aunque de mundos opuestos, su relación se vuelve un desafío para Bianca, quien enfrenta el dilema entre entregarse al amor efímero o mantenerse fiel a su plan original. ¿Podrá resistir la tentación o se dejará llevar por completo?

Capítulo 1 1.

El infierno comienza desde la oscuridad, cuando lo usé como excusa para escapar de las ganas que tenía de hacerte mío.

En las apacibles afueras de Londres se encuentra el pintoresco pueblo de Hambledon, una joya escondida que transporta a sus visitantes a un mundo encantador y sereno. Rodeado de exuberantes campos verdes y arboladas colinas, este rincón tranquilo es un refugio idílico para aquellos que buscan escapar del bullicio urbano. Las calles empedradas de Hambledon están bordeadas por encantadoras casas de estilo inglés, con fachadas de ladrillo y rosales trepadores que añaden un toque de color y fragancia a la atmósfera. A medida que paseas por el pueblo, te envuelve la sensación acogedora de una comunidad unida, donde los lugareños te saludan con sonrisas cálidas y amables. El corazón del pueblo alberga una plaza central con un mercado semanal, donde los agricultores locales exhiben sus productos frescos y artesanos talentosos ofrecen sus creaciones. Los cafés y pubs tradicionales que rodean la plaza son lugares perfectos para relajarse y disfrutar de una taza de té caliente o una pinta de cerveza artesanal. Los alrededores de Hambledon ofrecen numerosos senderos para explorar la naturaleza circundante. Un paseo por los bosques frondosos revela la rica biodiversidad de la región, con aves cantoras y riachuelos serpenteantes que crean un paisaje tranquilo y rejuvenecedor. En primavera, los campos cercanos se tiñen de colores vibrantes con la floración de las flores silvestres, mientras que en otoño el paisaje se transforma en una paleta de tonos cálidos y dorados. Con su encanto histórico, la iglesia parroquial de Hambledon se yergue majestuosamente, ofreciendo una visión de la rica herencia del pueblo. Los eventos comunitarios, desde festivales locales hasta ferias artesanales, refuerzan el sentido de identidad y conexión entre los habitantes.Hambledon, con su combinación única de belleza natural, arquitectura tradicional y comunidad acogedora, se presenta como un retiro idílico para aquellos que buscan una pausa serena en las afueras de la bulliciosa Londres. En este escenario pintoresco y la proximidad de las dos pasiones a punto de estallar, establece un ambiente propicio para el inicio de una historia entre dos personas, que causará una vuelta como tal infierno entre cuatro paredes.

Solo quiero joder contigo, solo contigo.....

Una chica morena, de físico esbelto y tonificado resalta de manera perfecta mientras viste de forma informal, pero atrayente, desplazándose con gracia en un Cadillac rojo, llevando unas gafas que emulan los ojos de un gato sobre sus intensos ojos negros. Su rostro, simétrico y hermoso, está al natural, resaltando el brillo rojizo del labial en sus labios gruesos y perfilados. Sus tatuajes que adornan sus brazos, cuello y pecho, se notan de forma perfecta mientras los rayos del sol dan hacia toda su piel, acaparando desde la lejanía rápida, la atención. La voz de Ty Dolla - Or Nah - Cuya canción es su favorita, llena el espacio del auto mientras avanza por una serpenteante carretera, rodeada de árboles cuyas ramas se entrelazan formando un dosel natural sobre la ruta. Flores a ambos lados de la carretera dan un toque de color al viaje.

Tengo mucho dinero (Mustard on that beat ho)

No me importa gastarlo, sí

Voy a fumarme este porro y luego te voy a complacer

Estaría mintiendo si dijera que no eres el indicado

Todos estos tatuajes en mi piel te encienden

Mucho fumar, beber, eso es lo mío

Escuché que no eres del tipo que se lleva a casa para presentar a mamá

¿Vamos a tener sexo cuando salgamos del club o no?

No estoy gastando dinero por nada, quiero verte desnudarte

Voy a destapar esta botella, ¿me vas a dar placer oral o no?

Escuché que eres del barrio, ¿lo representas o no?

Tienes mucho bulto, ¿vas a moverlo o no?

Escuché que fumas blunts, ¿te gustan los aviones de papel o no?

Me siento como Tony, ¿tú eres mi jefe? Creo que no

El mundo entero lo tomo...

Mientras tarareaba la melodía de fondo, imbuido por la misma pasión oscura que envolvía la versión original, llegó finalmente a la Urbanización conocida como Hill's. Este apacible rincón se hallaba a una breve distancia, apenas quince minutos de trayecto que separaban la bulliciosa realidad del día a día. Detalló con atención los árboles de membrillo que flanqueaban las serpenteantes calles de la urbanización. De repente, se detuvo, fijando la mirada en la pequeña fotografía que rescató de su bolsillo trasero de los jeans. Necesitaba asegurarse por completo de que estaba de pie frente a la casa que tanto había explorado en línea.

La vivienda, de estilo cuádruple, exudaba encanto. Sus detalles arquitectónicos destacaban, reflejando a la perfección la magia inherente al lugar.

La mujer de piel morena, adornada con tatuajes que contaban historias aún por desvelar, descendió del automóvil con maletas en ambas manos, avanzando decidida hacia la entrada. Al llegar, dejó escapar un suspiro antes de pulsar el timbre. Como por arte de magia, una dama de tez blanca, cabellos castaños salpicados de canas, y en la plenitud de la mediana edad, surgió con una sonrisa auténtica, abriendo la puerta con un reconocimiento instantáneo hacia la mujer que, apenas un mes atrás, le había consultado sobre la propiedad en alquiler.

- ¡Bianca! ¡Qué alegría verte! - Exclamó la mujer, incapaz de contenerse mientras envolvía a la recién llegada en un abrazo efusivo.

- Hola, Amanda. - Respondió Bianca, devolviendo el abrazo de manera inesperada pero no menos cálida.

- ¿Cómo te fue?

- El viaje fue increíble; la carretera se despliega como una serpiente breve, pero maravillosa. - Comentó mientras observaba como Amanda, sin esfuerzo aparente a pesar del peso, tomaba ambas maletas y las llevaba hacia los adentros de la imponente casa de estilo victoriano, preciso, a la sala principal.

- La carretera puede volverse una locura a veces. - Rio brevemente. - Pero bueno, ¿cómo ha sido el viaje?

- Excelente, he tenido la oportunidad de explorar un poco el lugar. - Respondió Bianca con sinceridad, obteniendo una sonrisa afirmativa de Amanda.

- Siempre es enriquecedor descubrir nuevos lugares, ¿verdad?

Bianca asintió.

- Absolutamente. Además, necesitaba un cambio de escenario para inspirarme.

- Lo entiendo. Recuerdo que me hablaste de eso cuando encontraste mi número, buscando un refugio para liberar tus composiciones.

- Exacto.

- Bien, bien, perfecto. Has llegado al lugar indicado, y está listo para ti. Voy a enviar a mi hijo para que te dé un recorrido completo.

- Oh, pensé que lo harías tú.

- No sé si recuerdas que el lugar que piensas alquilar queda... un poco alto para mi edad.

- Tienes razón, se me olvidó.

Amanda hizo un gesto despreocupado y rio levemente antes de sugerir:

- ¿Te apetece un poco de té?

- ¡Claro, un té sería genial! - Respondió Bianca con una sonrisa, siguiendo a Amanda mientras avanzaban hacia el fondo de la sala hasta llegar a una cocina impresionante de madera de cedro. Una vez allí, Bianca comentó: - No sabía que tenías hijos.

- Solo tengo uno, ya es mayor. - Respondió Amanda mientras ponía a calentar agua para el té. - Suele pasar mucho tiempo en su habitación, no es muy dado a salir. Está en esa etapa que yo llamo "Poco social" - Agregó entre comillas, pronunciando la expresión con cierta gracia, lo que provocó la risa de Bianca.

- ¿Un adolescente entonces? - Preguntó Bianca mientras aceptaba la taza de té que Amanda le pasaba.

- Tiene 18 años, no lo consideraría exactamente un adolescente. - Respondió Amanda mientras se servía un té para sí misma. - Me gustaría que socialice más, pero, solo se dedica a la universidad y al llegar al encierro de su habitación. - Le decía y Bianca solo le escuchaba. - Tal vez, si te llega a conocer, deja esa timidez y se hacen amigos.

- No lo creo. - Comentó Bianca entre risas. - Ya estoy vieja para eso.

- Yo te veo muy joven.

- La piel negra, morena, puede ser engañosa, señorita Amanda. - Le dijo Bianca, y ambas rieron al unísono. - Créame, estoy muy vieja para eso.

- Sigo sosteniendo que estás joven. Además, tengo la corazonada de que a mi hijo le caerías bien.

- Lo dudo.

- Ya lo veremos, ¿eh?

Bianca asintió en silencio, saboreando su té mientras se sumía en el breve silencio que se había instalado entre ellas. De repente, la señorita Amanda depositó su taza de té ya vacía en la mesa y comenzó a llamar casi a gritos a alguien desde el segundo piso de la casa.

- ¡Hijo, ven, necesito que bajes y me hagas un favor! - Bramó dos veces seguidas. - Es increíble como se hace el sordo cuando quiere.

- Cosas de adolescentes, tal vez.

- Me vuelve loca eso de "cosas de adolescentes". - Rieron. - ¡Hijo! - Bramó de nuevo.

A los dos minutos, resonaron pasos en la escalera, un ritmo entre lento y apresurado. Los pasos se extinguieron cuando la persona solicitada finalmente descendió. Al llegar al borde de la entrada de la cocina, la morena, que hasta ese momento había centrado su atención en la taza de té, levantó la vista hacia la entrada. En ese preciso instante, la taza que sostenía cayó sobre la mesa, a punto de romperse, mientras su corazón y cada parte de su columna vertebral experimentaban una sacudida eléctrica. Sin previo aviso, sus labios soltaron de manera inconsciente...

- Joder...

En ese momento, un terremoto interno la invadió, desencadenando un jadeo que brotaba desde lo más profundo de su ser.

Capítulo 2 2.

En la escena, un joven con cabellos del azul intenso del cielo entre el día y la noche se erguía junto a la entrada de la cocina. Su postura, relajada, pero paciente, sugería una disposición a escuchar las palabras de su madre. Su esbelta y atlética figura destacaba con hombros proporcionados y una cintura definida. El rostro del joven exhibía rasgos simétricos y suaves, desde unos ojos lapislázuli expresivos hasta una nariz delicadamente contorneada y labios equilibrados entre lo delgado y lo grueso, invitando a la imaginación profunda.

La tez clara y suave iluminaba sus facciones, creando un encantador contraste con el pelo azul semi oscuro que resaltaba en su apariencia. Vestía un largo buzo blanco que le llegaba hasta las rodillas y pantalones de mezclilla negra, evidenciando su estilo distintivo. El joven, descalzo, mostraba una actitud relajada que complementaba su elegancia natural mientras aguardaba con expectación las palabras de su madre, manteniendo la mirada fija en ella, como si solo existieran ellos dos.

Bianca, situada detrás de una alta mesa de madera de cedro, seguía con la mirada alzada hacia la figura que descendió las escaleras. Sus ojos se encontraron con los del joven cuando este dejó de mirar a su madre, enviando un escalofrío por la espina dorsal de la morena, preguntándose si lo que veía era real o simplemente un truco de su mente. El joven permanecía en el umbral de la cocina, con una expresión indescifrable en su rostro, sus ojos azules chocando con los oscuros de la morena.

-Bianca, quiero presentarte a mi hijo -intervino la voz de Amanda, llenando el silencio de la cocina-. Cameron... -pronunció el nombre de su hijo mientras se acercaba, tomándolo del brazo para posicionarlo más en el centro de la cocina-. Ella es Bianca -señaló a la morena, que guardaba silencio-, la mujer a la que voy a alquilar la casa del árbol en la que solías vivir. -Amanda sonrió nerviosa, aproximándose a la mesa para recoger la taza de té que casi se quiebra, limpiando con un pequeño trapo el resto de té derramado. No entendía la reacción de la morena, pero en ese momento, su mayor deseo era disolver la tensión que se acumulaba en el aire.

Cameron, en silencio, asintió mientras sus ojos azules como zafiros seguían fijos en la morena, como si intentara leerla de alguna manera. Bianca, por su parte, parecía hacer lo mismo, esforzándose por apartar pensamientos cruzados de su mente. Inhaló profundamente para recobrar la compostura, aunque sus adentros ardían con cada latido, su pulso latiendo descontroladamente.

Justo cuando intentaba hablar, el joven se adelantó.

-Pensé que le alquilarías mi casa del árbol a Justin, el biólogo de Canadá -dijo, sin dejar de mirar a Bianca, pero sus palabras iban dirigidas a su madre.

-Se retractó y no se quedó en el pueblo. Regresó a su país y la casa quedó nuevamente en alquiler, hijo... -explicó Amanda, notándose solo un poco su sonrisa forzada ante el comentario de su hijo. Él ya sabía de ese dato, por lo tanto, tenía claro que salía con ese tema de nuevo, para causar incomodidad a la recién llegada o por lo menos, eso creía.

- Ya veo... - musitó él, guardando un silencio que parecía contener lo que realmente quería expresar. Carraspeó brevemente y, justo cuando estaba a punto de decir algo, la morena intervino:

- Un placer conocerte, Cameron. - La voz profunda y delicada de la morena resonó en la cocina, enviando vibraciones al lapislázuli que reverberaron en su piel como un terremoto personal.

- Igualmente. - Cameron respondió, intentando mantener la voz firme, aunque una tensión eléctrica flotaba en el aire entre ambos. La atmósfera se cargó con una energía palpable, una conexión magnética que los mantenía inmovilizados, incapaces de apartar la mirada uno del otro, sin una explicación exacta del por qué.

Amanda, percibiendo la tensión sin entender su origen, intentó romper el hechizo.

- Bueno -soltó una breve risa-, Cameron, hijo, este... Bianca y yo estábamos hablando de las "cosas de adolescentes" ante tu demora en responder a mi llamado. - Su tono era casual, entre un carraspeo disimulado, logrando captar la atención de la morena. - ¿Es así, verdad, Bianca?

- Sí, así es -respondió ella, tratando de disimular la intensidad que se había desatado entre el chico y ella sin entender el por qué. - Yo...Estaba hablando de eso con tu madre o por lo menos mientras bajabas al llamado de ella.

- Como siempre, mi madre dejándome en mala presentación ante... Los demás. - Ahí estaba de nuevo ese alto en sí mismo de decir lo que realmente quería decir y parece que la única que lo notaba era la morena.

- Nada que ver, hijo. - Habló Amanda, estando un poco más relajada. - Solo era un comentario. Además, Bianca es buena conversadora, por ahí puede y se lleva muy bien¿no crees, hijo?

- Puede ser...- Soltó de forma baja sin dejar de ver la morena y, como acto al parecer nervioso o tic, mordió brevemente su labio inferior, ocasionando que la contraria se fijara en ese acto de forma inconsciente casi por un minuto.

Bianca, al salir de ese trance, sonrió tratando de ocultar lo acelerado de su pulso por lo que vio, haciendo de igual manera un gesto parecido, pero, no con los labios, sino, pasando su mano derecha por su cuello de forma lenta hasta detenerse en su pecho y bajar por completo a sus lados. Ese gesto provocó un estremecimiento en el lapislázuli. No sabía cómo explicarlo, se sentía extraño, un tanto acelerado y agitado.

- Muy bien. - Amanda rompió el silencio con elegancia. - Ahora que han tenido la oportunidad de cruzar algunas palabras, Bianca, mi hijo te guiará hacia la encantadora morada en el árbol, justo al lado de la mía. Allí podrás admirar mejor el entorno y relajarte. La casa está impecable y organizada, pero si llegaras a necesitar algo, no dudes en comunicárselo a mi hijo o a mí.

- Claro, me parece bien.

- A mí también. - acotó Cameron.

- ¡Excelente! - Exclamó Amanda un tanto sorprendida, ya que juraba que su hijo se iba a comportar renuente al favor, pero, tal parece que no sería así. No dejaba de lado que se le hacía extraño el comportamiento de su hijo, pero, le gustaba tener la razón en el hecho de que pensaba que la morena y él se podían llevar muy bien. - Me parece muy bien. Entonces, buscaré la llave para que puedan abrir la puerta principal y ya regreso. - Agregó, entre una sonrisa y los contrarios solo asintieron sin decir nada.

En ese instante, Amanda salió de la cocina y ambos se quedaron solos, haciéndose más palpable el pulso acelerado de cada uno....

Capítulo 3 3

Con la partida de Amanda, la cocina quedó sumida en un silencio palpable, solo roto por el suave susurro de las respiraciones compartidas. Los ojos azules de Cameron se encontraron con los ojos negros de Bianca en un juego silencioso de miradas intensas, revelando más de lo que las palabras podrían expresar.

- ¿Eres de Londres? - Cameron rompió el silencio, apoyándose con desenfado en la encimera, sus brazos a ambos lados, observándola con un detalle que la hizo sentir vulnerable.

Ante la pregunta, Bianca asintió, tratando de evadir la intensidad de la mirada de Cameron. Su pulso se aceleró, y los nervios recorrieron su espina dorsal como hormigas inquietas.

- ¿De qué parte? - insistió Cameron, su voz un susurro cálido que resonaba en el aire cargado de expectación.

- De la capital -respondió ella, con un deje de misterio en su voz.

- ¿Viniste de la prestigiosa capital de Londres a este pueblo perdido? - inquirió Cameron, una sonrisa juguetona danzando en sus labios. - Debe ser un cambio interesante de ambiente.

- Digamos que no es difícil para alguien como yo. Pero, de vez en cuando, cambiar de entorno no está mal -contestó Bianca, una sonrisa enigmática jugando en sus labios, sintiendo la tensión entre ellos.

Cameron la observó con ojos penetrantes, captando la astucia en su respuesta. Fue una respuesta corta, pero clara, abriéndose a todo tipo de posibilidades. Después de unos segundos, Cameron habló, su voz más suave.

- Parece que mi madre tiene el talento de cambiar de un biólogo marino a una mujer con el arte en la piel -murmuró, y un destello de deseo fugaz cruzó sus ojos.

- ¿Algún problema con eso? -preguntó Bianca, desafiante, la tensión entre ellos creciendo como una corriente eléctrica.

- Para nada. Solo que me doy cuenta de que se mueve de lo más aburrido a algo más atractivo... -susurró él, sus ojos fijos en ella.

- Supongo... -Bianca respondió, sintiendo la palpable tensión entre ellos. Se acercó sutilmente a la encimera, casi a su lado, reduciendo el espacio entre ellos. Una chispa de curiosidad se encendió en los ojos de Cameron mientras observaba cada movimiento de la morena. - ¿Puedo? -preguntó ella, señalando un pequeño vaso de vidrio para tomar agua del grifo.

- Claro -respondió Cameron, sin dejar de seguir cada uno de sus movimientos. Bianca tomó el vaso, abrió el grifo y lo llenó de agua, sintiendo la atención intensa de Cameron sobre ella.

Ella intentaba comprender por qué se sentía tan acelerada desde que vio al chico. Para ella, era un joven, pero algo en su mirada y porte la desconcertaba.

- ¿Duele? -preguntó Cameron, desviando la conversación hacia un territorio más íntimo.

- ¿Qué cosa? -respondió Bianca, notando el cambio de tono.

- Los tatuajes -dijo él, su voz más baja y cargada de significado.

- Depende del significado que le des a cada uno. El umbral del dolor varía con el peso de cada tatuaje -contestó ella, su mirada encontrándose con la de Cameron en un juego de complicidad.

- Entiendo... -murmuró él, inclinando la cabeza ligeramente, una sonrisa intrigante en sus labios. - ¿Y el del cuello? ¿Tiene un umbral alto o bajo?

La mirada de Cameron evitó descender directamente hacia el tatuaje en cuestión, pero Bianca notó su curiosidad.

- Umbral alto, muy alto -respondió ella, sintiendo como la tensión entre ellos crecía con cada palabra.

- ¿Eres sensible allí, entonces? -preguntó él, su mirada fija en ella.

- Puede ser -contestó Bianca, jugando con la ambigüedad de sus respuestas. La tensión entre ellos se intensificaba, como una danza peligrosa que los envolvía.

- Entonces te gusta el umbral alto de dolor y sensibilidad. No entiendo por qué te has mudado de Londres. Total, todo lo que encuentras aquí, podrías duplicarlo en la ciudad -insinuó Cameron, su voz cargada de un deseo apenas contenido.

- No como me gustaría -soltó ella, y un silencio pesado se instaló entre ellos. La mirada de Cameron se volvió más directa, capturando cada gesto y palabra como si fueran secretos compartidos en la penumbra.

Bianca carraspeó, sorprendida de no sentirse incómoda por la situación un tanto directa, y continuó.

- Digamos que, como artista, también busco algo de paz...

- ¿Artista? -interrumpió Cameron, sus ojos brillando con un interés recién despertado.

- Soy compositora -susurró Bianca, sus ojos fijos en los de Cameron, como si estuviera revelando un secreto íntimo.

Cameron asintió, su mirada intensificándose con una chispa traviesa.

- ¿Escribes para ti...?

- Escribo generalmente para otros o para mí -respondió Bianca, manteniendo una mirada desafiante que desataba la curiosidad de Cameron.

Él sonrió, interpretando sus palabras con un matiz sugerente.

- ¿De qué depende? -preguntó, su tono impregnado de insinuación, mientras seguía recostado contra la encimera, con una actitud que denotaba confianza.

Bianca se acercó un poco más, quedando a su lado, apoyada en la encimera, los brazos cruzados, como si estuviera lista para un juego de complicidades.

- Depende del momento... -contestó ella, su sonrisa enigmática iluminando sus labios.

- ¿De qué momento? -inquirió Cameron, captando cada matiz de su expresión.

- De cómo me sienta en ese momento -dijo Bianca, mirándolo con determinación. Aunque Cameron era un poco más bajo, su mirada desbordaba intensidad.

- ¿Y generalmente, cómo te sientes al hacer las notas? ¿Qué tipo de notas haces con más frecuencia? -insistió él, su voz resonando con un tono sugerente.

Bianca guardó un breve silencio, sopesando sus palabras mientras la tensión entre ellos se volvía casi tangible. Finalmente, decidió romper el hielo, dejando que su respuesta resonara en la atmósfera cargada.

- Notas que evocan pasión, deseo, una sinfonía de emociones ardientes -declaró ella, deslizando sus palabras como un susurro que vibraba en el aire, provocador y tentador.

La respuesta de Bianca provocó una reacción en Cameron, quien se inclinó ligeramente hacia adelante. La proximidad entre ellos se volvió palpable, y el aliento cálido de Cameron enviaba escalofríos por la columna vertebral de Bianca.

- Interesante elección de melodía. Por ahí, uno siempre consigue cosas interesantes....-murmuró él, sus labios rozando en el aire, como si estuviera cerca del lóbulo del oído derecho de la morena cuando no era así, creando una corriente eléctrica que la hizo inhalar profundamente.

El aroma fresco a fresas de su perfume invadió el espacio entre ellos, una contradicción en la batalla de sensaciones que se desataba en la cocina. La tensión entre Bianca y Cameron parecía fluir como una corriente subterránea, listos para dejarse llevar por la sinfonía que aún estaba por componerse. La danza de insinuaciones y deseo se prolongaba, construyendo un juego peligroso que ninguno de los dos parecía dispuesto a interrumpir o por lo menos, querer entender qué demonios estaba sucediendo y más con la morena, ¿cómo era posible que le guste el olor a fresas cuando ha odiado por años ese mismo?

Ella, ante su batalla interna, se apartó con suavidad, sintiendo la proximidad de Cameron como una llama que amenazaba con consumirla.

-¿Por ahí? ¿En la escuela o en la universidad? - interrogó Bianca, dejando que la intriga se deslizara en su tono.

- Universidad.

- ¿Y qué estudias en la universidad?

- Canto. - Cameron confesó, dejando que la palabra resonara con un tono sugerente que hizo que el corazón de Bianca latiera con una nueva cadencia.

- Cantas y yo compongo, parece que tu madre me dejó hospedar en la casa de al lado, más por gustos parecidos contigo, ¿no crees?

- Ella de alguna manera, siempre busca algo que me llame la atención...

El susurro de Cameron se convirtió en una melodía inquietante en los oídos de Bianca, mientras la electricidad entre ellos parecía aumentar con cada palabra compartida. Las miradas se entrelazaron, pero el misterio de sus emociones persistía, envolviéndolos en un enigma compartido que ninguno se atrevía a desentrañar.

- ¿Un niño mimado, entonces? -inquirió ella, dejando que su sonrisa juguetona se deslizara por sus labios.

Cameron, con una expresión pícara, no retrocedió ante la insinuación.

- Me gusta que me mimen... -respondió, su voz llevando consigo un matiz sugerente que hizo que la atmósfera se cargara de un magnetismo irresistible.

Bianca, con un suspiro apenas audible, asintió sin apartar la mirada de esos ojos azules que parecían contener secretos aún no revelados. Ambos se perdieron en el abismo de la conexión, incapaces de entender por completo la fuerza magnética que los mantenía tan cercanos.

En ese momento, como un suspiro inesperado en la sinfonía de su encuentro, se oyeron pasos acercarse a la cocina, era Amanda, la madre de Cameron, hizo su entrada. Las llaves de la casa del árbol en la mano, su presencia aportó un cambio repentino al ambiente cargado. Cameron y Bianca se separaron ligeramente, intentando disimular la tensión que persistía entre ellos.

- Hola, cariño -saludó Amanda, con una sonrisa afectuosa-. ¿Podrías ayudarme con las maletas de Bianca? Traigo las llaves de la casa para que le abras y le muestres el lugar.

Cameron asintió con cierta rapidez, como si buscara una excusa para distanciarse momentáneamente de la conexión intensa con Bianca. Tomó las llaves y se dirigió hacia su madre.

- Claro, yo se la muestro.

Por alguna razón, Bianca sintió un choque en su espina dorsal ante esas palabras. Joder, solo eran unas palabras y ni siquiera eran para ellas y tal parece que su mente, las calculó de forma doble. Ante lo dicho, se volvió hacia Bianca con una mirada que dejaba entrever un deseo inconfesado.

- Te mostraré la casa del árbol en un momento -prometió Cameron, su voz cargada de promesas silenciosas.

En la cocina, los segundos parecieron eternos mientras el teléfono de Amanda resonaba en el lugar. Bianca y Cameron se quedaron en un silencio tenso mientras ella respondía la llamada, sus miradas chocando y entrelazándose en un juego de complicidad no resuelta. No era solo la música que vibraba entre ellos, sino un deseo sin nombre que colmaba el aire con una tensión palpable.

Finalmente, Amanda colgó el teléfono y se preparó para salir.

- Chicos, me voy un momento. Volveré enseguida, pero, ya Cameron te muestra la casa, ¿de acuerdo? - Le preguntó a la morena y esta asintió. - Bien, nos vemos más tarde.

Cameron y Bianca asintieron, sus ojos no pudiendo evitar seguirse mutuamente incluso cuando Amanda abandonó la cocina. Una vez solos, el silencio se apoderó de la estancia, pero la intensidad de su conexión perduraba.

Tanto, que el aire parecía gasolina y estaba a nada de un solo fósforo, de incendiar por completo todo.

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