Alessia
Los nervios pueden conmigo, mis manos se vuelven temblorosas mientras saco de la caja la prueba de embarazo. Mi pecho se comprime, amenazándome con dejarme sin aire. Trato de calmarme, porque esto no me ayudará si mis sospechas son ciertas.
Me veo en el espejo de cuerpo completo de mi baño, estoy ojerosa, pálida y con los ojos inundados en lágrimas, ¿Quién no lo estaría en mi situación? Mis labios forman un puchero mientras trató de infundirme valor.
-Vamos, Alessia. Tú puedes -mi voz sale débil. Carraspeo-. Solo es un susto, no tienes por qué temer.
Me siento en el retrete con la prueba entre mis piernas, orino y espero los minutos que se requieren para que arroje el resultado que cambiará mi vida. Tocan la puerta de mi habitación de baño y pego un brinco asustada.
-Cariño, ¿Estás allí? -pregunta mamá al otro lado de la puerta.
-Eh... Eh sí, mamá. ¿Puedes darme un momento? -tartamudeo.
-¿Estás bien corazón? ¿Pasa algo? -cuestiona con voz preocupada. Las lágrimas quieren desbordarse de mis ojos, pero no lo permito.
-Sí, mamá. Dame unos minutos y bajo.
-Tu padre y yo, queremos hablar seriamente contigo jovencita.
¡Santa mierda!
¿Se habrán enterado? ¿Pero cómo?
Fuimos cuidadosos en nuestros encuentros
«Ni tanto». Me recuerda mi subconsciente.
No la escucho al otro lado de la puerta, sé que si no bajo, vendrá a buscarme nuevamente. Escondo la prueba y la caja entre mis productos de aseo personal, verifico que no se vea. Me doy una mirada al espejo y sin duda mis ojos azules lucen apagados, sin vida.
Me echo agua en el rostro, me pellizco las mejillas para darle un poco de color y bajo. En la sala de estar están sentados mis padres, Fabrizio Vitale y Bianca Vitale. Los miro y tomo aire, sus posturas me dan a entender que no me gustará lo que tienen para decirme.
-Padre, madre -los llamo para atraer su atención.
Ambos voltean al mismo tiempo y me dan una mirada, que no sé cómo descifrar. Mamá es la primera en colocarse de pie y acercarse.
-¿Segura que estás bien cariño? -sus ojos no dejan de escanearme-. Te noto pálida.
-Principessa -papá se levanta del sofá y viene hacia a mí, toma mi rostro entre sus fuertes manos mientras sus ojos azules no dejan los mismos.
Sí, físicamente me parezco a mi padre. Rubia, ojos azules, nariz respingona, pómulos pronunciados y labios regorditos. De madre, solo saqué la altura y el gusto por lo peligroso.
-Papi, mami, solo es un malestar de estómago -susurro bajito sin fuerzas para mentirles-. Algo debió caerme mal en la cena.
Sigue mirándome, eso me asusta, pero finjo que nada me pasa. Ambos me guían hasta el sofá.
-Cariño... -solo con ese tono, sé que van a decirme algo que no me va gustar, mamá no es de andarse por las ramas-, estás por cumplir los dieciocho años y ya han comenzado los tradicionales con las habladurías de, ¿cuándo te vamos a comprometer? Si ya estás en edad de casarte.
Si mi cara antes estaba sin color, ahora completamente lo está. No quiero casarme con nadie por tradición, no quiero un matrimonio arreglado para fortalecer la Cosa Nostra. Quiero un matrimonio como el de mis padres, por amor, porque mamá no pertenece al mundo de la mafia italiana y aun así papá la eligió y se casaron cuando yo venía en camino.
-Tu tío y yo, le romperemos la cara a quien se atreva a dudar de tu virtud -gruñe papá. Su mano fuerte vuelve a tomar mi rostro-. Eres la hija de un ejecutor y debes ser tratada de manera honorable, no cualquiera puede tener las pelotas de pedirnos tu mano, y solo te casaras cuando aparezca el hombre digno de ti, mi principessa.
Se me forma un nudo en la garganta e inevitablemente las lágrimas abandonan mis ojos. Trato de pararlas, pero no puedo. ¿Cómo voy a casarme? ¿Cómo voy a explicarle a mis padres y a mi marido que no soy honorable? ¿Cómo voy a decirle que perdí la virtud con la persona más peligrosa que conozco?
Y esa persona no es ni mis padres, ni mis tíos. Desde pequeña supe que me enamoraría de un hombre malo, porque fui criada por hombres crueles, pero jamás imaginé que lo haría del más malo de todos y ahora estoy aquí, a nada de pagar las consecuencias de mis actos.
-Pa-papá -tartamudeo-, n-no quiero casarme.
Maldigo mil veces mi debilidad con él, ¿Por qué cuando estamos con la persona que amamos perdemos el control de nosotros mismos? ¿Por qué hacemos cosas que están prohibidas en nuestro mundo?
Mamá me toma en sus brazos de luchadora y me deshago en sollozos por todo lo que estoy pasando. No quiero ni imaginarme las cosas cuando se den cuenta que estoy embarazada. Porque a pesar de no haberme dado tiempo de ver el resultado, siento que lo estoy. Y lo estoy de la persona más prohibida para mí, no porque sea alguien insignificante, sino porque fuimos criados como hermanos a pesar de no serlo consanguíneamente.
Luego de varios minutos, logro tranquilizarme y murmuro:
-No quiero casarme por obligación -sorbo por la nariz, viendo los iris tan azules como los míos de mi padre-. Si me caso, es porque sé que seré amada como usted ama a madre, no porque eso supondrá para la Cosa Nostra un beneficio.
Fabrizio Vitale deposita un beso en mi frente.
-Mientras viva principessa nadie va a obligarte hacer algo que no quieras -murmura papá-. Pero debes pensar en lo que quieres ser y hacer en un futuro, quieres pertenecer a la Cosa Nostra, quieres ser una jodida contadora, quieres ser una patinadora. Lo que desees, siempre te voy apoyar, mia cara.
Sus palabras tocan dentro de mí, suelto a mamá para abrazarlo a él. Para muchos Fabrizio Vitale es el peor hombre, pero para mí, es el mejor padre que pude haber tenido y me duele saber que lo decepcionaré.
Subo a mi habitación y corro al baño por la prueba. Las manos temblorosas vuelven, mientras la saco de la caja.
De pronto siento que me empieza a faltar el aire, necesito hablar con alguien, necesito alejarme de mi familia, necesito un tiempo para mí, pero sobre todo necesito retroceder el tiempo exactamente al momento en que permití que él uniera nuestros cuerpos sin un preservativo de por medio.
La prueba cae de mi mano, el dolor en mi pecho vuelve y las ganas de llorar arrasan conmigo.
-Esto es un sueño, es un sueño -me digo torpemente, mientras sorbo por la nariz -. Es una pesadilla, no puedo estar embarazada.
Joder.
Me desvanezco en el baño y quedo sentada mientras me llevo las manos a la cabeza y niego.
-No puede ser, maldición. No.
No sé cuánto tiempo paso en el baño, solo sé que mis extremidades se encuentran adormecidas. El sonido de mi teléfono me avisa que me están llamando. No tengo las fuerzas de levantarme y dejo que suene hasta cortarse la llamada, pero vuelve a repicar.
Sin fuerzas me levanto del piso, me voy en el espejo y estoy echa nada, me lavo la cara y voy por mi teléfono que está en la cama.
Giovanna D' Angelo.
Suspiro.
-Hola -susurro bajito.
-¿Tienes el resultado cierto? -su voz se escucha lejana, puedo deducir que me tiene en alta voz-. Puedes hablar tranquila, estoy sola en casa. Marcello está con su padre supervisando unos clubes.
Marcello D' Angelo, futuro Capo de la Camorra en Chicago y esposo de la princesa de las Vegas, Giovanna Romano. Su unión trajo "paz" a ambas organizaciones, después de haber pasado décadas en guerra, el matrimonio de Gia y Marcello es la balanza entre la guerra y la paz.
-¡Ale! -exclama al quedarme muda.
-Sí, tengo el resultado. -no puedo hablar, no puedo decir más, mi garganta no es capaz de decir la palabra.
-¿Estás embarazada? -pregunta a quemarropa, eso es algo común en la familia Romano. Asiento, como si ella fuese a verme-. ¿Alessia?
Un sollozo escapa de mis labios y se lo confirmo.
-Joder -maldice-. Le cortaré las pelotas a mi hermano -brama molesta.
El silencio se apodera de la línea, porque no sé cómo continuar está conversación. No sé cómo continuar con mi vida. Ni mucho menos sé, como voy a decirle a Angelo Romano que estoy embarazada, que viene en camino su sucesor.
-Lo vamos a resolver -me anima, no contesto nada-. Mañana estoy allá, y vemos que decisión tomar. Angelo, no lo sabe ¿Verdad?
-No.
-Nos vemos mañana.
Apago el teléfono, me recuesto en mi cama y trato de dejar la mente en blanco, pero es imposible. El solo hecho de cerrar los ojos, pienso en cómo empezó todo esto.
Siete meses atrás.
Estoy tomando el sol en la mansión de la familia Romano. Su casa colinda con la mía, desde que tengo uso de razón hemos estado relacionados con los hermanos Romano, quienes son mis tíos, no de sangre, pero sí de corazón.
Para mis compañeros en la prepa les era difícil entender, como no me encogía de miedo cada que uno de ellos pasaba por mí, porque los hermanos Romano y mi padre son temidos en Las Vegas; Valentino por ser el capo, Domenico, Flavio y Philippe por ser hermanos del capo, y papá por ser el ejecutor.
Todos hombres malos, pero para mí, son los mejores porque desde pequeña me han cuidado como si fuese parte de su familia. Por el rabillo del ojo veo movimiento cerca de la piscina, volteo y la boca se me seca. Con pasos fuertes y tremendamente eróticos vienen hacia mí los primos Romano. Solo uno de ellos tiene el poder de alterar mis sentidos.
Angelo Romano.
El dueño de todas mis fantasías, desde que era una chiquilla de diez años. Trago fuerte, cuando se detiene al pie de mi tumbona.
Sin poder controlarme, me lo como con los ojos a través de mis lentes de sol. Alto, aproximadamente 1.92 cm, pelinegro, musculoso, lleno de tatuajes y con unos increíbles ojos grises, ojos capaces de hacer orinar hasta el hombre más cruel de la Cosa Nostra. Me da una sonrisa retorcida, que es su versión de una sonrisa agradable.
-¿Disfrutando de la vista, Alessia? -cuestiona socarrón.
Franchesco y Giovanni sueltan carcajadas, que hacen mi cara arder de vergüenza.
-Que comentario tan desagradable, ¿Es así como tratamos a las visitas? -los reprende Giovanna D'Angelo. Hermana de Angelo y esposa del futuro Capo de la Camorra-. Alessia, no se lo tomes en cuenta, estar tanto entre hombres sin escrúpulos les hace olvidar como tratar a una verdadera dama.
Angelo le planta un beso cariñoso en la mejilla. En toda mi vida, solo he visto sus actos cariñosos con: su madre, su hermana, y de vez en cuando conmigo, con la familia es agradable, pero con el resto de la humanidad, es como los hombres de mi familia, sin escrúpulos, sanguinario y aterrador. Pero por alguna razón, para mí, no es más que el hombre que deseo y anhelo tener.
-Alessia -me saluda Franchesco, hermano de Giovanni, se inclina hacia mí y revuelve mi cabello rubio, tan rubio como el de él.
-Chesco -le doy una sonrisa avergonzada.
-Solo a ti te permito ese diminutivo asqueroso, si fuese a otro...
-Sí, hace mucho le hubieses sacado la lengua -completa su hermano Giovanni-. Dulce Alessia, ¿Cómo estás hoy?
-Ahora que llegaron ustedes, de seguro la pobre ha de estar hastiada porque están irrumpiendo su paz -se me escapa una carcajada al comentario mordaz de Giovanna.
-¿Te hastiamos, mia cara? -mi piel de eriza al escuchar su apelativo. Es la primera vez que me lo dice frente a demás personas, sus ojos grises quieren ver a través de mí, pero me escudo en los lentes de sol que aún llevo puestos.
-No -susurro bajito ante la atenta mirada de cuatro personas.
A partir de allí, ellos se sientan en las demás tumbonas y pasamos en día agradable, los adultos juegan con sus palabras mordaces, haciendo reír a las mujeres. Momentos como este me llenan de calor, mamá y papá no tuvieron más hijos debido a una complicación cuando me dio a luz, y con nuestra pequeña familia nos hemos brindado amor, pero con los Romano, se siente diferente, porque cuando ellos demuestran su amor por nosotros, mi pecho se calienta al saber que nunca estaremos solos.
De un momento a otro mis ojos se cierran, con el pensamiento de un hombre de ojos grises y facciones siniestras.
Angelo.
Incluso desde que tenía meses de nacido, supe que había llegado a este mundo para hacerle pagar a nuestros enemigos su existencia. Fui criado por un monstruo, y dentro de mí hay tanta oscuridad que a veces me da miedo dañar a las mujeres más importantes de mi vida: mamá y Gia.
Ellas, aparte de mi familia son las únicas personas por las cuales tengo sentimientos, porque con el resto de las personas, dejo sacar esa oscuridad que me gobierna, y me convierto en uno de los hijos de puta más grande las Vegas, atemorizando y destruyendo a mi paso.
Mamá y Giovanna, tratan de cambiar eso, pero las dos se enamoraron de hombres crueles. Papá es el hombre más cruel que conozco y toda su oscuridad abunda en mí, y Marcello a pesar de no ser de mi agrado, en su territorio también es conocido como un monstruo sin escrúpulos.
A veces me pregunto, ¿Qué quieren de mí?
Porque por más que lo intenten, no pueden borrar lo que soy y lo que estoy destinado a ser, porque el día que padre me ascienda a Capo, gobernaré como él lo ha hecho hasta ahora.
Le doy una calada a mi cigarro, dejo escapar el humo y le permito a mi vista perderse en el paisaje. Aunque más que paisaje es en Alessia...
Vuelvo a tomar otra calada.
El cielo está naranja, sus facciones se ven más angelicales mientras sus labios me invitan a tomarlos, el pequeño sube y baja de sus grandes tetas es una tortura a mi polla, su abdomen plano y ejercitado me pide a gritos que lo toque y ni hablar de su culo redondo.
Otra calada a mi cigarrillo.
No soy gilipollas, por más que me haga el desentendido puedo notar su mirada dulce en mí, como su estúpido corazón se acelera cuando estoy cerca, como sus mejillas toman ese color carmesí que me hacen querer devorarla. Y no desde ahora, desde hace años.
La pequeña Alessia ha fantaseado conmigo desde que tiene trece años, finjo no darme cuenta, pero es imposible que alguien no lo haga. Las dos pequeñas mierdas a mi lado han de saberlo, mi hermana ha de saberlo, incluso mis tíos y padre, si no lo hacen, es porque no quieren ver lo que hemos crecido en los últimos años.
En momentos como este debo recordarme que es la hija de Fabrizio, no ninguna puta del Diamond, prostíbulo a donde voy a desquitarme. No me importa las consecuencias que pueda traer si toco su jodido cuerpo, porque Alessia Vitale está hecha para pecar y quiera o no, será mía. Solo estoy postergando el momento por papá, ahora debemos enfocarnos en la Bratva que no deja de joder y luego, luego tomaré mi premio y lo disfrutaré como un jodido lunático.
-¿Disfrutando de la vista? -pregunta burlón, Franchesco.
Le doy una mirada que a más de uno pondría a temblar, pero a esa pequeña mierda no.
-¿Sabes que Fabrizio te cortaría las bolas si te sobrepasas con su principessa? -inquiere mi primo Giovanni, él y Franchesco son hijos de mi tío Domenico.
-¿La parte en que pedí su opinión? -termino mi cigarrillo.
Giovanni suelta una carcajada, su hermano por el contrario niega con la cabeza y murmura.
-¿No armarás una pelea en la familia cierto? Es como tú jodida hermana, Angelo.
-¿Es hija de Valentino y Lia Romano? -pregunto lo evidente -. No verdad, entonces no es mi jodida hermana, no voy a cometer incesto.
-Cuando todo te explote en la cara, no quiero decir: te lo dije, pero con gusto estaré allí para ver cómo Fabrizio te patea las bolas por meterte con su tesoro.
-Como si eso fuese impedimento para mí -reviro. El genio se me agrió, necesito sangre-. ¿Salimos está noche?
-En cambio, esa pregunta si me gusta -responde Franchesco.
-Tengo unos cuantos deudores que visitar, es momento de divertirnos -comenta Gio con una sonrisa retorcida.
-Espero que no los maten, o padre los colgará a los tres -dice mi hermana en presencia de su marido. Me trago el enojo al ver a ese hijo de puta. Por más que pasen los años no toleraré que padre haya tomado a Gia como moneda de cambio con la Camorra para la paz. Porque pesar de que ese matrimonio sí funcionó, ¿Qué hubiese pasado si no?
-D'Angelo.
-Romano.
Esos son nuestros saludos, Gia pone los ojos en blanco y le dedica una mirada a su esposo, éste la ve con adoración cursi, lo que me produce asco. Por ese motivo no voy a enamorarme, no permitiré que una mujer me tome de las pelotas y haga conmigo lo que ella quiere, mis tías, mi hermana y mi madre son un claro ejemplo.
Me voy, no estoy de humor para ver miradas cursis ni tampoco el cuerpo caliente de Alessia, porque en este momento soy capaz de perder toda mi mierda y devorarla como los ricos ponquesitos que hace la tía Stella.
Subo los escalones de dos en dos y me voy a mi habitación, me doy una ducha para borrar los rastros de cloro de mi cuerpo y me voy al armario. Escojo unos jeans y una camisa negra, zapatos negros, mientras más oscura sea la ropa menos se verá la sangre que derramaré esta noche.
Mi móvil suena anunciándome una notificación de Instagram.
Alessiavitale01 ha publicado una foto, que quizás te guste.
Le doy click a la imagen, y maldición... Sus ojos azules, su boquita rosada y ese par de tetas hacen que mi miembro se endurezca.
¿Por qué Fabrizio le permite subir fotos así?
Fotos que un monstruo como yo, está gustoso de ver. Me salgo de la aplicación y busco el grupo en WhatsApp que tengo con mis primos.
«Después de divertirnos está noche, vamos por un par de putas».
La respuesta no se hace esperar, pero por parte de mi primo Carlo.
«¿Divirtiéndose sin mí?».
Giovanni envía una nota de voz, soltando una de sus características carcajadas y otra diciendo:
-Venga, que tú solito te estás perdiendo la diversión, deja el desierto y al tío philippe y vente a la ciudad a disfrutar con tus primos -se escuchan voces y luego vuelve hablar-. Alguien quiere saludarte -la ira se dispara por mi sangre al reconocer la voz de Alessia-. ¿Cuándo vienes a visitarnos? Te extrañamos, ya no recuerdo tu cara.
Aguanto las ganas de estrellar el celular contra la pared. Veo que envían otras notas de voz, pero no las escucho, no quiero que mi humor siga empeorando o bajaré hasta la piscina y le dejaré el culo rojo de los azotes que le daré por provocarme de esta manera.
Angelo.
La noche nos da la bienvenida mientras nos adentramos en las zonas poco transitadas de la Ciudad, Giovanni tiene varias cuentas por arreglar y aquí estamos para ayudarlo, o mejor dicho para saciar mi monstruo interior y las ganas de derramar sangre. Hacemos parada, en una de las esquinas donde se vende la droga en esta zona, mi primo baja en compañía de su hermano cuando divisamos al grupo que buscamos. Me aseguro de tener a la mano lo que voy a necesitar, bajo del auto con mi cuchillo preferido.
Escucho como Gio le pregunta.
-Ricard, ¿Tienes lo que te corresponde esta semana? ¿O debo quebrar uno de tus delicados dedos para que me des mi dinero?
Franchesco los observa, dándole una calada profunda a su cigarrillo, mientras que los Acompañantes de Ricard huyen al verme, les dedico una sonrisa retorcida.
-¿Acaso creen que pueden escapar? -pregunto en tono de mofa.
-Eso parece -se encoge de hombros.
-Lástima por ellos.
Me sumerjo en la persecución, triste que puedan pensar que van a escapar. Corro sintiendo la adrenalina por el cuerpo, alcanzo a los dos sujetos en un dos por tres. Le propino varios golpes que los dejan inconsciente, los arrastro hasta donde se encuentra Ricard con un ojo morado y la nariz partida. Los nudillos de Giovanni están rojos, mientras Franchesco está tal cual lo dejé.
¿No tardé mucho, o sí?
Si se sintió como quitarle un dulce a un niño, no tuve que hacer esfuerzo alguno por noquear a este par de mierdas y arrastrarlos junto a la otra mierda que me ve con pánico.
-¿Creyendo que pueden huir de nosotros? -cuestiono con una sonrisa sombría.
-¿E-están m-muertos? -tartamudea viendo el estado de sus dos acompañantes.
Alzo una ceja.
-¿Estás preocupado, pequeña mierda? -dejo los cuerpos y me acerco a él sigiloso-. Me pregunto cómo se vería la palabra: deudor, tatuada en tu frente -río sarcástico -, de seguro ha de ser todo un espectáculo. Ustedes, ¿Qué dicen? ¿Lo intentamos?
Giovanni ríe y sus ojos se oscurecen, Franchesco le da una calada a su cigarrillo, y expulsa el aire en la cara de Ricard, presiona la colilla en la piel de su brazo quemándolo.
-¿Cómo lo prefieres? -cuestiona con su particular cara de póker -. ¿Con la quemadura de este cigarrillo o con el cuchillo de Angelo? Prometo hacer mi mejor esfuerzo para que mañana lo luzcas orgulloso.
-No, por favor -lloriquea-. Prometo pagarles, solo pido una semana más. Una semana más por favor.
-¿Qué dices hermano? ¿Le damos una semana o le rompemos los dedos con los que toca nuestro dinero?
-Pienso que ... -Gio hace una pausa dramática- le rompamos los dedos, lo quememos con la colilla de tu cigarrillo y lo tatuemos con el cuchillo de Angelo. Además, con sus amigos, podemos divertirnos para que nunca olvide tener nuestro pago al día.
Ricard nos ve con verdadero terror, pero sabe que así suplique no tendrá piedad por parte nuestra. Mientras que Giovanni se divierte con su cuerpo debilucho, Franchesco y yo nos encargamos de sus compañeros que comienzan a recuperar la noción del tiempo.
Torturar y follar, es mi parte favorita del día y en ese orden. Después de una divina tortura, una follada salvaje nunca está demás; a parte el culo y las tetas de las putas siempre está disponible. Y más cuando eres el hijo del capo de la Cosa Nostra.
Con el cuchillo en mano corto las prendas de uno de los acompañantes de Ricard. Pobre de él por estar esta noche al lado de un puto adicto al crack y camello.
Llegamos a casa a primera hora del día siguiente. Gio y Franchesco se van a su ala, mientras yo doy una vuelta por la cocina y encuentro a mamá.
-¿Divertida la noche? -repara en mi aspecto.
Con la camisa empapada en sangre y el cabello húmedo. Después de torturar a los pobres imbéciles, fuimos al Diamond por un par de putas, quienes ni se inmutaron al notar el carmesí en nuestras vestimentas, después nos vinimos a casa.
-Madre -la saludo. Le doy un beso en la frente. Sus ojos grises como los míos me miran preocupada-. Sé que esta no es la vida que quisiste para mí, pero madre adoro la tortura, me llena de adrenalina sentir el pánico de las personas cuando a sus tristes vidas solo le quedan segundos, no puedo esconder lo que soy, no puedo engañarte diciendo que seré algo mejor cuando claramente no va a ser así. Soy un monstruo, quieras o no verlo, muchos me temen y no por ser el hijo de Valentino Romano, sino por ser Angelo Muscatello, su peor pesadilla cuando de tortura se trata.
Sus ojos se llenan de lágrimas. Solo las lágrimas de las mujeres de mi familia han tocado fibras en mí. Sin importar en el estado de mi vestimenta se acerca y me da un fuerte abrazo. Empapándose del rojo carmesí de la sangre que derramé en la noche.
-Eres mi hijo y siempre voy a querer lo mejor para ti, igual para Gia -me da un beso en la mejilla. Algo en lo muy profundo de mi pecho se calienta -. Te amé desde el momento en que supe que venías en camino, te amo todos los días de mi vida. Tu padre, tu hermana y tú son la razón de mi existir, y a pesar de que no querer pertenecer a este mundo, sé que este es tu destino. Porque me enamoré del hombre más cruel de la Cosa Nostra y si pudiera retroceder el tiempo volvería enamorarme de él y tener la misma satisfacción que viví cuando di a luz a dos seres maravillosos -sus ojos se llenan de lágrimas, las limpio-. Solo espero que así como tú padre, tus tíos y tu hermana encontraron al amor de sus vidas, tú también lo hagas, porque mereces ser amado mi niño.
-Mamá -suspiro. No quiero herirla, no a ella que tanto me ha dado-. Mírame -nuestros ojos hacen contacto, viendo mis ojos en los de ella, podré haber sacado todos los rasgos de padre, pero mis ojos son una copia fiel de los ella-, no quiero crearte falsas ilusiones, tampoco quiero ser cruel, pero el amor es una cosa de tontos y no tiene cabida en mi vida. Además, no ha nacido la primera mujer, aparte de ustedes que me ponga de rodillas, antes que eso suceda envuelvo mis dedo en su garganta y la mato, porque no permitiré que un sentimiento me haga débil.
Mis palabras salen más hirientes de lo que pretendo, mamá niega con la cabeza y murmura entre lágrimas:
-Sentir amor por alguien no te hace débil -esta conversación la hemos tenido un millón de veces, y sin embargo no me ha hecho cambiar mi opinión respecto a ese tema-. Tu padre nos ama con locura, y eso no lo hace débil, es el hombre más cruel y feroz que he conocido en mi vida. No veas ese sentimiento como una debilidad porque no lo es, cariño.
-Sé que llevo todas las de perder en esta conversación, madre, pero eso no me hará cambiar de parecer. Y padre es la excepción, todos los demás que aman son débiles, permiten que ese sentimiento los gobierne y terminan cometiendo errores estúpidos.
-A veces solo pienso que presté mi útero para que tu padre colocara allí sus espermatozoides -gruñe molesta. Su comentario me saca una sonrisa-. No sólo tu padre es la excepción, tus tíos también, y tu hermana.
Pongo los ojos en blanco.
-No, no pongas esa cara y mucho menos se te ocurra decir que Giovanna es débil. Porque tu hermana es la mujer más fuerte que conozco.
-Jamás diría que Gia es débil -aclaro. Porque madre si tiene razón en eso, mi hermana es la mujer italiana más fuerte que he conocido en la vida, o mejor dicho, la única que me he permitido conocer porque ella es mi complemento-. Solo no termino de aceptar que padre la haya usado como moneda de cambio con el puto de D' Angelo.
-Eso fue decisión de tu hermana -ruge mamá. Madre es como esa pantera que defiende a sus hijos con uñas y dientes -. Tu padre solo tuvo que acatar lo que tarde o temprano sucedería. Además, no es como si Gia fuese a conocer un hombre con los cojones que tuvo Marcello al pedirle la mano a tu padre.
-Todos ahora ven la historia de "amor" -gruño con la última palabra y hago comillas -, pero no se ponen a pensar que todo eso vino a través de una tregua, unidos en matrimonio por una oferta de paz, pero ¿qué hubiese pasado si Gia no encontrase la felicidad? ¿La dejaríamos cargar con ese peso? ¿O demoleríamos Chicago en su búsqueda?
-Esas son preguntas que se responden solas, y que por el bien de todos no llegó a suceder -la voz de padre inunda la cocina, le devuelvo la mirada a sus ojos negros como la oscuridad de la noche. Se me hacía raro que no hubiese aparecido.
-Voy a darme un baño y descansar.
Padre asiente, mamá queda viéndome con resignación, antes de que pueda salir de la cocina escucho nuevamente su voz.
-Ah, Angelo y la mujer de tu vida nació hace diecisiete años, solo que te niegas a vivir ese sentimiento.
Salgo sin decir nada. Sabiendo perfectamente a quien se refiere. Prefiero darme un baño para luego dejarme arrastrar por los brazos de Morfeo, mi noche y madrugada fue más que productiva.