Estaba ansioso, al fin tendríamos esa conversación que tanto deseaba, que me traía loco. Ya no soportaba que me evitara, quería que me hiciera frente, y había llegado el momento.
Pacientemente la espero llegar, me he hecho todo tipo de conclusiones en la cabeza, pero nada es seguro y sólo me pongo más nervioso.
-Hola.
Levanto la cabeza de golpe, encontrándome con sus ojos cafés oscuros, la miro sintiendo mi pecho latir con fuerza, estoy tan nervioso, no he dejado de preguntarme que hice mal.
El vestido de color anaranjado resalta su piel morena, está radiante y hermosa.
-Hola -devuelvo el saludo casi sin voz.
-Vamos atrás -señala con su dedo detrás, nerviosa. No soy el único.
Asiento.
Me paro de la mesa, y salimos del pequeño local, pasamos por la entrada para poder colarnos hacia la parte trasera.
Junto mis manos detrás de mi espalda mirando alrededor, esperando que ella tome la palabra.
-¿Y?-pregunto al ver que no dice nada.
-No podemos seguir.
Busco sus ojos rápidamente, mirándola atónito.
-¿Qué estás queriendo decir?-inquiero, queriendo haber escuchado mal.
Juega con sus dedos, enfrentándome con la mirada.
-Tenemos que terminar Hugo.
-No vamos a terminar hasta que no me des una razón, ¿que hice mal? -pregunto, escaneandola. Ella agacha la cabeza. -. No, mírame.
-No eres tú Hugo, eres todo lo que una mujer quiere.
-Pero menos lo que tú quieres ¿no?
Niego con la cabeza.
-Yo he luchado y seguiré luchando por esto, pequeña, así que no te permito cortarme así nada más, ¡sólo dame la razón!-exijo agitando los brazos.
Sus ojos se llenan de lágrimas, lo que me rompe, pero no me dejo quebrar.
-No, no llores y ¡contestame! No te hagas la víctima.
-Hay alguien más -exclama, y me tenso. -. Y nos vamos a casar, lo siento, se terminó, no me busques.
Te sientes vivo, completo cuando conoces a la mujer de tu vida, pero te vuelves mierda cuando la mujer que tanto amas te lastima.
-Ésta de más pedirlo, me rindo, si eso querías lo lograste, no pienso luchar por alguien que no piensa hacer lo mismo por mí, no te preguntaré quién es, que estés bien.
Estaba dispuesto a dar todo por esa pequeña, por esa pequeña mía, mejor dicho, que era mía. Pero no más, tengo dignidad, orgullo, y esto se acabó.
📌 No es necesario leer No soy Él para entender ésta historia📌.
Era un poco extraño, gracias al nuevo integrante en mi vida, no podía dejar de ver mi celular, de hecho pasaba mucho tiempo en ese aparato después de realizar mis deberes de la universidad. Sumándole que no podía sacar de mi cabeza, sus hipnotizadores ojos y la manera en la que disimuladamente me miraba, al principio podía jurar que no le quitaba los ojos de encima a mi amiga, pero una vez que te concentras bien, descubres su verdadero punto de vista.
¨Yo¨
¿Quién lo diría? La chica que se la pasa todo el tiempo estudiando, u haciendo alguna otra cosa, menos estar atenta a un celular, o estar esperando la respuesta de alguien, ahora hasta hacía las tareas con un ojo sobre el celular, a veces el miedo me invade y me aterro de mis propios sentimientos, de la manera en que él estaba adentrándose no sólo a mi vida, también se colocaba en mis pensamientos, y mi pequeño corazón sabía que pronto le tocaría lo suyo, además de que ya se calentaba con sólo ver un mensaje de él.
Con fuerza aferro mi agarre a la tira de mi mochila y salgo de la universidad rumbo al auto del chófer que me lleva a casa, no puedo quejarme de él, me ayuda con mis escapadas cuando hace falta, mis padres me tienen hasta la madre, siempre con su preocupación, a mí no me engañan, simplemente les gusta tener el control, y saben cuánto detesto eso, por Dios, son veinte años que tengo.
-Hola -saludo, bufando del aburrimiento, deseo y amo la carrera de doctorada, pero eso no quita que no sé lo difícil que es, pero no soy de rendirme, no me gusta la idea de si quiera pensar que no lo lograré, esa meta está encima de muchas cosas, las promesas que me hago a mí misma valen mucho, sino soy capaz de cumplirme algo, dudo que a alguien más, se supone que debo amarme primero.
Desvío la mirada de la ventanilla, y me encuentro con la mirada de mi chófer, mirándome desde el retrovisor, frunzo el ceño, pero al ver que estamos en casa bufo queriendo golpear mi frente por estar perdida en mis pensamientos.
>Todo por culpa del moreno de ojos hipnotizadores>
Bajo del auto avergonzada, pero sonriendo, el chófer me hace un gesto de ¨a la orden¨ y entro a casa.
No me sorprende no ver a nadie, el zumbido de mi celular me saca de mis pensamientos, lo saco del bolsillo pequeño de mi mochila y miro la pantalla viendo un ¨Hola¨ de él, del morenazo.
Subo corriendo las escaleras y me encierro en mi habitación con seguro.
Lanzo mi mochila a un lado, y me tiro a la cama con el celular en manos, con una sonrisa de boba abro mi chat para contestarle.
¨Hola¨
No pasa ni un minuto y ya me responde.
: ¿Qué tal?
Muerdo mi labio inferior, mientras tecleo.
¨Bien, ¿Y usted?¨
Él: Podemos tutearnos.
Yo:Ajá, ¿Y estaría bien tutear con un hombre de veinticinco?
Él; Mientras nos de igual, está todo bien. ¿Te puedo llamar?
Yo: ¿En serio?
ÉL: Lo siento, pero no me conformo, sólo leerte se siente como si hablara con una desconocida. También admito que quiero escuchar tu voz.
Yo: Supuse que dirías eso, pero me temo que te quedarás con las ganas.
ÉL: ¿Sigues haciéndolo difícil?
Yo: Ideas tuyas.
ÉL: Bueno, en ese caso nos vemos mañana, escucharé tu voz, fuerte y claro.
Yo: ¿Qué piensas hacer?
ÉL: Si no quieres venir a mí, yo voy a ti, pequeña;)
YO: Eres insistente.
Se desconecta justo cuando le doy a enviar, extrañamente eso me entristece un poco, pero eso no quita que seguiré siendo como soy con él, aunque por alguna razón desconocida siento que no se rendirá, y no quiero que lo haga.
Me pongo a hacer mis deberes sin interrupciones ya que apagué los datos de mi celular, lo malo de mi carrera es que si uno del grupo falla, pierden todos, razón por la cual todos debemos estar atentos y estudiar mucho.
Ceno en mi habitación enredada entre libros y libretas, él no me ha vuelto a escribir,tal vez esté ocupado en su trabajo, con eso de que los González están teniendo muchos problemas, me imagino al pobre haciéndose cargo de todo.
Como si lo hubiera invocado con la mente, me escribe un sí a mi último mensaje.
ÉL: ¿Me extrañaste?
Yo: Nop.
ÉL: Yo sí, ni con tanto trabajo dejo de pensar en ti.
Yo: No te creo, debes estar cansado.
ÉL: Sí, no tienes que creerme, sólo debes sentirlo, al menos me piensas ¿no?
Yo: Duerme, estás cansado ¿no?
ÉL: Sí, pero no de escribirte, ¿Estás estudiando?
YO: Sí :(.
ÉL: Así sí te dejo, pequeña. Sueña conmigo, que yo sueño contigo.
Meneo la cabeza sonriendo, se toma muy en serio su rol de conquistador.
¨Buenas noches¨
-Carme -llaman a mi puerta.
Dejo el celular a un lado y tomo mi libreta rápidamente.
-Sí -contesto, agachando un poco la cabeza para escribir.
La siento entrar y me hago la concentrada esperando que se acerque.
-¿Cenaste? -pregunta, apoyando una mano al respaldo de mi asiento.
-Sí -le contesto sin voltear a verla.
-Descansa -besa mi cabeza y se aleja.
-Buenas noches -murmuro.
Me disgusta mucho la manera en la que se manejan las cosas en mi casa, para obtener lo que quieres, tienes que ganártelo, y no es que sea un problema, si no que esas cosas que uno desea, son decisiones que uno desea ejercer sobre su vida, SU VIDA, no debería de estar dando una garantía a ellos por algo que ejerceré sobre mi vida, pero ni modos, tal vez termine haciendo lo mismo que mi hermano, marcharme.
Ni que fuera gran cosas lo que nos ofrecen como padres, la triste realidad de muchas familias adineradas, es que en cuanto más dinero haya, menos amor queda.
Apresurada camino por los pasillos de la universidad rumbo a la salida.
-Tienes que esforzarte más -comenta el chico que está a mi lado.
-¿Y quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer?-pregunto, deteniendo mis pasos para enfrentarle.
-Vine a...
Alzo mi palma para que se detenga.
-Viniste porque ellos te lo pidieron, conmigo no te hagas, y no me sigas, tú y yo somos simples conocidos, no vengas a opinar de si me esfuerzo o no, que te quede claro -me doy la vuelta, dando zancadas hacia la salida.
Estoy ardiendo en rabia, hoy no es un buen día que digamos, estuve trabajando tanto para ese proyecto y resultó ser un fracaso, como mis padres nunca asisten a nada que tenga que ver con mis estudios desde pequeña, no tendré que darles ninguna explicación.
Sacudo la cabeza echando mi melena hacia atrás, miro hacia el frente buscando a mi chófer, pero se me escapa el aire de la impresión, jadeo sorprendida, doy varios pasos hacia atrás, y me pego de espaldas a una pared.
¡¿Qué está haciendo él aquí?!
Respiro agitada, sin poder asimilar aún que él esté ahí, y con un ramo de flores, siendo tan cursi como en las películas, Dios, en serio no piensa rendirse.
Acomodo mi cabellera sobre mis hombros y soplo mis palmas por el sudor, suelen sudarse por mis nervios, respiro hondamente y salgo de mi escondite, llena de nervios y con las piernas hechas gelatinas, es demasiado para mí tenerlo en frente, es que es tan guapo, y tan misterioso también.
Avanzo, nerviosa y jugando con mis manos entrelazadas. Cuando chocamos miradas, sucede algo extraño, como si una conexión entre nosotros hiciera chispas, ni siquiera parpadeamos durante el rato que nos quedamos mirándonos intensamente.
Sus ojos son de un café oscuro que hasta podía confundirse con negro, sus labios tienen un tono morado, su barba está bien recortada, y sus cejas sacadas perfectamente, su postura y en la manera en la que mira se podía decir que era de un depredador muy peligroso, es alto y grande, delante de él, soy un pinguino.
-Estás aquí -suspiro, sosteniendo con fuerza la tira de mi mochila.
-¿Ujum?-inquiero, acercándose. Desvío la mirada tragando grueso. -. ¿Te pongo nerviosa?
Suelto una pequeña risa temblorosa.
-Ya quisieras.
Sonríe travieso, alejándose un poco, cosa que agradezco, no sé por cuánto tiempo podía aguantar la respiración.
-Te traje éstas flores -me extiende las flores blancas.
Las tomo un poco nerviosa, ¿en serio? ¿un poco? Estoy que mis piernas ya no son seguras.
-Gracias, eso ya no es tan común -vuelvo a mirarlo a los ojos.
-Yo menos -me guiña un ojo.
-No seas cursi -me balanceo oliendo las flores, me encantan las flores blancas, tengo varias favoritas, y raramente no me gusta una más que otra.
-¿Qué? No me digas que eso te derrite -dice divertido
-¡Ey! -lo tomo del brazo alejándonos del lugar.
-Ya -alza las manos en defensa. -. Te propongo dos cosas, es una o la otra, no se vale ninguna, te llevo a casa o a comer helado -se coloca frente a mí, deteniendo mis pasos.
-Eso es trampa -chillo, bajito a penas. -. Mary tuvo que haberte dicho algo, sabes que no te dejaré llevarme a casa y que tampoco negaría una invitación a comer helados -me cruzo de brazos fulminándolo con la mirada.
-Vale, lo acepto -entra sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón. -. Pero, no te me escaparás.
-Ni modos, no eres de aceptar un no -me encojo de hombros.
-Déjame ayudarte, sólo espero que no lleves piedras ahí -retira de mis hombros mi mochila y la lleva a la suya. -. Vamos que el helado no vendrá a nosotros -empieza a alejarse.
-Muy gracioso -ruedo los ojos caminando junto a él.
No pasa ni diez minutos y ya estamos en una heladería, mientras como de mi helado de fresa con mermelada encima me desahogo con él sobre mi proyecto, de hecho sino me hubiera preguntado por como iba con la universidad ni me acordaba.
Paso un mechón detrás de mi oreja mientras siento su mirada como fuego sobre mí.
-Me gusta poder ver tus expresiones, por teléfono sólo puedo imaginar tus facciones, gestos y eso -expresa, mirándome confuso.
Sonrío sin poder evitarlo.
-En cambio yo siempre tengo presente tus ojos -confieso tímidamente.
-OHH -jadea, haciéndose el impresionado. -. Eso es lindo.
Mira su teléfono por unos segundos y bufa.
-¿Todo bien?-pregunto, no quiero sonar metiche, pero la curiosidad no me deja.
-Los tórtolos -rueda los ojos.
-¿Se pelearon?-pregunto, con cierto interés.
Niega con la cabeza, y me encojo de hombros ya que no entiendo.
-¿Tú crees que ese matrimonio funcione?-su pregunta me sorprende, aunque debo admitir que también pensé en eso.
-No lo sé, tal vez un milagro de amor los salve a ambos.
Me mira sin parpadear y sonríe.
-La niña cree en el amor -dice divertido.
-Todo aquel que ama en este mundo, a quién sea que ama, cree en el amor -tomo la última cucharada de mi helado.
Nos quedamos mirando a los ojos sin parpadear ninguno de los dos, él me mira de una manera intensa como si me retara con la mirada, yo no le agacho la cabeza a nadie, y ese placer ni al poderoso de mi padre se lo doy.
-Que seguridad -dice con orgullo en la voz.
-¿Debería tenerle miedo señor?-junto mis manos debajo mi barbilla.
-No, pequeña, de hecho sólo doy miedo cuando mi territorio se ve amenazado -guiña un ojo, ese gesto se ve tan sexy en él.
-Me tengo que ir -le aviso, tomo mi mochila del respaldo de la silla y me paro.
-Te... Olvídalo -sonrío bajito, se para y me deja caminar delante, como si me cuidara la espalda.
Al estar fuera del local volteo para despedirme.
-Te seguiré robando hasta que tengamos otra cita, ya tuvimos una antes, ¿Por qué no otra?-me mira con tristeza. -. Esto no ha sido una cita, no lo uses como pretexto.
-Puede ser -me acerco y beso su mejilla fugazmente antes de darle la espalda.
Al llegar a casa, le pido disculpas a mi chófer quien por suerte no se pasó el rato esperándome ya que me vio marcharme con el moreno.
Me pongo en contacto con mis compañeros para realizar otro proyecto, no me queda de otra, termino la lista de cosas y se las envío.
-Señorita -escucho el chillido de la puerta.
Giro sobre mi asiento y veo a la ama de llaves en mi puerta.
-¿Qué sucede?-pregunto mirándola.
-Los señores solicitan de su presencia en la sala -me avisan con serenidad.
La miro sin saber que decirle, no tengo ganas para tener una conversación con ellos, lo único seguro y bueno es lo que ellos digan, mi opinión no vale.
-Diles que me siento indispuesta -giro regresando mi vista al ordenador.
-La solicitan sí o sí -aclara.
-Vale, ya voy -gruño molesta, ella no tiene la culpa de nada, pero no estoy de humor para soportar a mis padres.
Cierro de golpe el ordenador y bajo a la sala para ver de que se trata su llamado.
-Pueden ahorrarse las disculpas, estoy haciendo esa carrera por mí, no por ustedes y no espero a que me apoyen -hablo mientras paso a sentarme frente a ellos.
-¿Qué pasó con Manuel? -pregunta mi padre.
Río.
-No sabía que tenía un niñero, saben perfectamente que no me agrada, y no quiero tener esta conversación, tengo muchísimas cosas más importantes que hacer -exclamo parándome.
-Siéntate -demanda mi padre.
Ruedo los ojos, y me siento de mala gana.
-Eres una dama de sociedad, y te comportas como tal -dice con molestia, mirándome como si fuese de lo peor. -Manuel es...
-Sí, sí, hijo de tus socios, amigos, lo que sea, no me interesa, estoy segura de que el hecho de que me apoyen con mi carrera tiene un precio y no son ideas mías -sin darles tiempo a que comenten algo regreso a mi habitación.
Bufando me vuelvo a sentar frente a mi ordenador, todo enojo desaparece cuando veo un mensaje de él, sonrío como boba.