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Perdón imposible: Enredada con el tío de mi ex

Perdón imposible: Enredada con el tío de mi ex

Autor: : Gusty Winds
Género: Moderno
Madison siempre había creído que se casaría con Colten. Pasó su juventud admirándolo, soñando con su futura vida juntos. Pero Colten siempre le fue indiferente, y cuando la abandonó en el momento en que más lo necesitaba, por fin se dio cuenta de que él nunca la había amado. Con la determinación de empezar de nueno y sed de venganza, Madison se marchó. Tenía por delante un sinfín de posibilidades, pero Colten ya no formaba parte de su vida. El hombre, por su parte, corrió a buscarla presa del pánico al darse cuenta de ello. "Madison, por favor, vuelve conmigo. Te lo daré todo". Sin embargo, fue su poderoso tío quien abrió la puerta y le dijo: "Ella es mi mujer ahora".

Capítulo 1 El accidente

Un estruendo ensordecedor sonó en el aire.

"¡Oh, Dios mío! ¡El andamio se derrumbó! ¡Rápido, que alguien salve a los afectados!".

El andamio improvisado cedió de repente, haciendo caer a dos actrices principales y a un grupo de bailarines, sumiendo el lugar en un caos absoluto.

Madison Dixon se halló incapaz de escapar, ya que su pierna izquierda quedó dolorosamente atrapada entre tablones de madera astillados.

En medio del ruido, una fuerte voz atravesó la conmoción: "¡Cuidado! ¡La lámpara colgante también se va a caer!".

La chica alzó la vista rápidamente y el terror se apoderó de ella cuando vio cómo la pieza de cristal bailaba peligrosamente sobre su cabeza.

El desastre era inminente; en caso de que cayera encima de ella, el resultado sería devastador.

Su tez palideció por completo y el pavor se grabó en sus rasgos mientras luchaba por liberarse de las vigas que la retenían; cada tirón le provocaba fuertes punzadas de dolor, y la sangre comenzó a extenderse, manchando los pedazos de madera.

La idea de dejarse la piel en un intento desesperado por escapar la heló hasta los huesos.

En su momento más vulnerable, examinó a la multitud horrorizada y su mirada captó una silueta familiar que corría directo hacia su dirección: Colten Pearson, su prometido.

La esperanza brilló en sus ojos cuando Madison lo vio acercase, pero su corazón se hundió cuando él, de manera inesperada, pasó corriendo a su lado, La atención de su prometido estaba puesta en otra persona; ya que fue directo y abrazó a Lana Elliott.

"No te preocupes, yo te salvaré", le aseguró a la chica entre sus brazos, acunándola de manera protectora.

"¡Colten!". Con los ojos repletos de lágrimas, Lana se aferró al hombre, rodeando con sus brazos fuertemente el cuello del hombre.

Él le ofreció un consuelo silencioso, levantándola sin esfuerzo del escenario y sin siquiera dedicarle una mirada a Madison, a pesar de que se encontraba más cerca y era su prometida.

Como si fuera un acto del destino, el cable de una de las luces se rompió de repente, sumiendo el escenario en una profunda oscuridad.

Justo antes de que las sombras lo envolvieran todo, los ojos de Madison buscaron a Colten, pero este nunca se volvió a mirarla.

Abrumada por un impulso primario de sobrevivir, ella apretó los dientes con fuerza, liberando su pierna con una fuerza desesperada; el inquietante sonido de las tablas de madera siendo levantadas por la fuerza llenó sus oídos.

De repente, su pierna izquierda fue liberada y, en cuestión de segundos, un agarre firme la sacó de su peligrosa posición.

Con un estruendo atronador, la lámpara de cristal cayó al suelo, haciendo que fragmentos de vidrio salieran volando por todos lados.

Instintivamente, la chica levantó los brazos para protegerse, pero una imponente presencia se interpuso entre ella y el peligro.

En el momento que las luces regresaron, el escenario lucía vacío, dejando únicamente una escena de devastación y ruina absolutas.

Ya no quedaba rastro del misterioso salvador.

Presa del pánico, Madison examinó el caos y finalmente su mirada se fijó en Colten.

Cuando la lámpara colgante cayó, él se arrojó sobre Lana para protegerla; la chica en cuestión seguía aferrándose a su cintura, y él no mostró ninguna intención de apartarla, una demostración de quién le importaba más.

Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Madison, con una pizca de tristeza; por un momento, su ingenuidad la llevó a pensar que su prometido la rescataría a ella.

La voz del director resonó en todo el escenario con un tono agudo e inquisitivo: "¿Qué pasó aquí? Si esa lámpara hubiera caído sobre alguien, habría terminado en una tragedia".

Su furia era palpable y una tormenta se estaba gestando en sus ojos mientras confrontaba al director de utilería, quien intentó desesperadamente hacer responsable a otra persona.

En medio del creciente alboroto, Colten finalmente dirigió su mirada penetrante hacia Madison; sus cejas se fruncieron al notar que su pierna izquierda estaba sangrando.

Sin embargo, desde la distancia, su prometida no pudo ver su expresión con claridad.

Acunada entre los brazos del hombre, Lana emitió un quejido lastimero antes de que su voz interrumpiera la conmoción: "Madison, ¿acaso querías matarme?".

Su acusación resonó y silenció abruptamente a todos los presentes en la sala.

Los rasgos de Colten se ensombrecieron y el aire a su alrededor se volvió gélido cuando preguntó: "¿Qué sucedió exactamente?".

Las lágrimas brotaron de los ojos de Lana y se desbordaron mientras relataba su historia:

"Vi a Madison junto a la lámpara antes, jugueteando con el cable. En ese momento, no pensé que fuera a pasar nada, así que no dije nada. Luego me confrontó justo antes de subir al escenario, alegando que yo no merecía competir por un lugar en la compañía de teatro. Yo me esforcé al máximo para poder estar aquí y solo quería una oportunidad...".

Con los ojos llenos de lágrimas, miró al hombre y continuó: "Solo quería hacer realidad mis sueños, pero nunca imaginé que ella llegaría a estos extremos".

'Aleteo del Destino', la más célebre obra del club de teatro de la escuela, estaba protagonizada por dos actrices; era vista como una vía de acceso para los aspirantes a artistas que esperaban ingresar al prestigioso teatro estatal.

Sin embargo, la competencia era feroz y solo había una vacante, para la que quedaban dos últimas candidatas, dos de las jóvenes actrices más prometedoras de la actualidad: Madison y Lana.

Entre el grupo de bailarines se elevó una voz que rompió el tenso silencio: "Si el escenario no hubiera colapsado, esa lámpara habría caído directamente sobre la cabeza de Lana".

"¡Oh, Dios mío! Imagínense si le hubiera sucedido algo mientras estaba actuando. ¿Habría sobrevivido a un golpe tan grave? ¿Quién sería capaz de cometer un acto tan atroz por un simple lugar en una obra?".

"La situación es mucho más complicada de lo que aparenta. Colten está enamorado de Lana, pero Madison, la prometida que le impuso su familia, la ha estado atormentando en secreto. Creo que, más allá de quedarse con el papel, lo que quería era deshacerse de Lana de una vez por todas".

Un fugaz destello triunfal cruzó por los ojos de Lana, aunque rápidamente lo disimuló con una facilidad ensayada.

Aferrándose a la manga de Colten, lo miró con ojos llorosos y dijo: "Gracias a Dios que viniste para rescatarme, pero no hace falta buscar un culpable ni guardar resentimiento, ¿cierto?".

Su fingida benevolencia solo alimentó aún más los rumores que la favorecían; algunas voces ahora pedían con vehemencia que se tomaran medidas legales en contra de Madison por su supuesto intento de asesinato.

Ante la creciente hostilidad, la expresión de esta se tornó severa y sus puños se cerraron a sus costados, mirando a todos con un rostro pálido pero resuelto.

"Si eso es lo que quieren, adelante, llamen a la policía. ¡No reconoceré un crimen que no cometí!".

Capítulo 2 Esto tiene que terminar

"¡Esto es absolutamente ridículo!".

El rostro de Colten se sonrojó por completo y espetó furioso: "¿No crees que ya es suficiente?".

Sin siquiera hacer una investigación, ya estaba convencido de que su prometida era la culpable.

Madison sintió cómo su corazón se rompía en un millón de pedazos.

Aparte de ignorarla y no salvarla cuando ocurrió el accidente, él no creyó en su inocencia.

En ese momento, fue golpeada por la dolorosa verdad: el hombre al que había amado profundamente y con cada fibra de su ser, ni siquiera tenía la capacidad de ver más allá de las palabrerías ajenas.

"¡Yo no intenté lastimarla!", protestó Madison con una voz tensa, y sus labios formaron una fina línea desafiante.

Sin embargo, su prometido desestimó sus palabras con una simple mirada, con sus ojos emitiendo un brillo gélido y despectivo mientras se giraba para dirigirse al director.

"Esto tiene que terminar".

Tras lanzar esa advertencia, volvió a centrarse en Lana, con su mirada suavizándose mientras le preguntaba: "¿Cómo está tu muñeca? ¿Te duele? Déjame llevarte al hospital".

Sonrojándose, la chica se acurrucó entre sus brazos.

Con todas las miradas puestas en ambos, la pareja salió, dejando susurros tras su paso.

Quedándose atrás, Madison sintió que sus piernas se debilitaban y un sentimiento de soledad le atravesó el alma.

El hombre con el que había crecido, su prometido, la había abandonado de nuevo cuando más lo necesitaba.

La hostilidad de las personas a su alrededor se hizo palpable; si las miradas pudieran matar, ya habría sido asesinada cientos de veces.

El director no dudó en expulsar a Madison del club de teatro de la escuela, alegando que tuvo suerte de que ese fuera su único castigo, ya que Colten decidió no incidir más en el tema.

De ser una estrella en ascenso, la chica pasó a convertirse en el objetivo de bromas crueles y humillaciones.

El espacio animado y bullicioso se vació y fue reemplazado por un silencio opresivo.

Madison reunió todas sus fuerzas para mover sus piernas, las cuales se sentían tan pesadas como el plomo; cada paso se convirtió en una batalla sin cuartel mientras cojeaba hacia la salida.

Las marcas del accidente permanecieron en su pierna izquierda; la sangre se había secado en las heridas llenas de astillas, cada movimiento le provocaba un dolor agudo que se extendía por todo su ser.

Afuera, los oscuros escalones de piedra se vieron repentinamente bañados por la intensa luz de los faros de un auto, disipando las sombras de manera efectiva.

La puerta trasera del elegante vehículo se abrió y una figura emergió; en el momento que avanzó, sus rasgos, afilados e imponentes, resaltaron bajo la luz.

Cuando los ojos de Madison se posaron en el hombre, la conmoción paralizó su cuerpo y dejó de caminar.

"¿Señor Pearson?".

Era nada más y nada menos que Chris Pearson, el tío de Colten.

"Madison".

Su voz, profunda y resonante, la envolvió como un manto cálido y aterciopelado, haciendo que la joven olvidara momentáneamente el dolor. Cuando la mirada de Chris se detuvo en sus heridas, frunció el ceño y preguntó:

"¿Necesitas que tome en brazos?".

Su tono se elevó ligeramente al final de su propuesta cortés, pero parecía transmitir un mensaje más profundo, algo que Madison no fue capaz de descifrar.

Un repentino rubor de vergüenza cubrió sus mejillas y movió torpemente las manos, respondiendo más animada de lo que pretendía: "¡No! ¡Gracias, puedo volver por mi propia cuenta!".

Aunque era el tío de su prometido, Chris solo era una década mayor que ella y poseía un aura distinguida que lo hacía destacar entre los demás.

Superaba a Colten tanto en físico como en el aspecto, era una de las figuras más respetadas y poderosas en la ciudad.

Su aura autoritaria y gélida indiferencia dejaban algo bien en claro: muy pocas personas, si es que hubiera alguna, lograrían despertar su interés.

Con el resto de los miembros de la familia Pearson, Madison podía actuar con total naturalidad, pero él era la única excepción.

Su mirada se detuvo sobre la chica antes de tenderle la mano con gracia; el brillo de la lujosa mancuernilla en su manga parecía ser opacada por lo inmaculada que lucía su piel.

"Déjame ayudarte", le ofreció casualmente.

Madison estaba a punto de rechazarlo cuando sus ojos vislumbraron un corte reciente cerca de la parte inferior del pulgar del hombre; de hecho, todavía había un poco de sangre brotando de la herida.

Intrigada, impulsivamente giró la mano de Chris, revelando más cortes que se extendían por toda su palma como un encaje intrincado y peligroso.

Momentos atrás, cuando revisó las tablas de madera que la atraparon, descubrió que la persona que la rescató las había partido.

Emociones complejas brotaron en su interior y una sensación de hormigueo se extendió por su nariz mientras agarraba la muñeca del hombre, con sus dedos poniéndose blancos debido a la fuerza de su agarre.

"¿Cuánto tiempo vas a quedarte ahí mirando?", la voz de Chris atravesó el aire denso en un tono frío y distante.

Después de volver bruscamente a la dura realidad, Madison se dio cuenta de su impulsividad y rápidamente soltó su mano mientras sus mejillas se ruborizaban.

"Perdón... Limpiaré la mancha que te dejé", murmuró ella con una voz que transmitía una mezcla de vergüenza y preocupación.

Chris estaba obsesionado con la limpieza, especialmente en lo referente al contacto físico, por lo que siempre lo evitaba.

Desde muy temprana edad, ni siquiera permitía que su padre invadiera su espacio personal, y cuando un sirviente se atrevía a tocarlo, pasaba horas lavando la zona donde se produjo el contacto; era un hecho bien conocido entre la familia Pearson.

Madison comenzó a buscar frenéticamente alguna toalla húmeda, pero de repente, se dio cuenta de que no llevaba nada consigo.

"Iré a buscar un poco de agua", dijo ella con un atisbo de pánico en su voz.

Sin embargo, Chris simplemente bajó la palma de su mano, ocultando sus heridas.

"Eso no será necesario. Anda, vamos al auto. Tienen que tratar tus heridas cuanto antes", insistió con un tono suave pero firme.

La chica no se atrevió a tocarlo de nuevo y se dirigió rápidamente al auto con pasos cautelosos.

Una vez que se acomodó en el asiento trasero, un pensamiento de repente cruzó pro su mente: la escuela contaba con su propia clínica, por lo que Chris no tenía ninguna necesidad de tomarse tantas molestias.

Sin embargo, antes de que las palabras pudieran escapar de sus labios, el hombre ya había ingresado al auto.

El espacioso asiento trasero se volvió estrecho con sus largas piernas estiradas; un sutil aroma a colonia emanaba de él, una intrigante mezcla de frescura y matices cálidos que sorpresivamente resultaba reconfortante para los sentidos.

Tratando de mantener cierta distancia, Madison se acomodó en el rincón más alejado del asiento, agarrando nerviosamente del dobladillo de su falda.

"Gracias por salvarme", expresó ella con un murmullo apenas perceptible.

Los ojos del hombre se detuvieron en el espacio vacío entre ambos.

Después de un silencio tenso y prolongado, él respondió de manera tajante: "De nada".

Cuando el vehículo reanudó la marcha y la pantalla que los separaba del chófer se levantó, la atmósfera se volvió más opresiva e incómoda; gotas de sudor perlaron la frente pálida de Madison y brillaron sobre su nariz.

"¿Mi presencia te intimida?", Chris de repente rompió el silencio, elevando ligeramente la voz, la cual tenía un atisbo de su característica frialdad.

"¡No!", la respuesta de la chica fue inmediata y contundente.

Ella se incorporó de golpe, olvidando por un momento que se encontraba dentro de un auto, por lo que su cabeza chocó contra el techo y provocó un ruido sordo.

Con una mueca de dolor, regresó a su asiento torpemente, luchando por recuperar la compostura.

Después de una breve pausa, ella añadió: "Que tú aparecieras fue lo último que esperaba".

Capítulo 3 ¡Señor Pearson, sálvame!

La familia Pearson administraba una vasta red de negocios, pero para su actual líder, Alfred Pearson, lo más valioso en esta vida era su hijo menor, Chris.

Sin embargo, este albergaba una profunda renuencia a asumir el papel de liderazgo dentro del Grupo Pearson; su rechazo surgió después de presenciar las conspiraciones y rivalidades que surgieron en su familia desde una edad muy temprana, experiencias que lo marcaron profundamente.

Por méritos propios, construyó una impresionante cartera de activos que abarcaba tanto el mercado nacional como el internacional, demostrando su destreza aunque fuera sin el apoyo de su familia.

Cuando Madison cumplió dieciocho años, se comprometió con Colten, a pesar de ello, fueron pocas las veces que se cruzó con Chris; cuando Alfred lo mencionaba, de lo único que hablaba era de lo infinitamente ocupado que se encontraba.

Que Chris asistiera a un evento tan trivial como una obra de teatro escolar parecía casi imposible, aun si el consejo escolar le hubiera extendido una invitación.

"¿Acaso eso importa?", le preguntó el hombre, con su intensa mirada atravesando a Madison mientras buscaba una respuesta genuina.

Ella solo dijo eso para disipar la incomodidad provocada por su comportamiento torpe; sabía que no era nadie para cuestionar la agenda de Chris.

Desconcertada por su pregunta, Madison vaciló, con el peso de su escrutinio obligándola a retractarse.

"No, no es importante", murmuró ella.

Un destello de emoción apareció detrás de las espesas pestañas de Chris mientras se giraba hacia otro lado, un gesto que fue cortante y definitivo.

El auto se detuvo a las puertas de un discreto hospital privado.

A pesar de que no sufrió heridas graves, Chris llamó al cirujano jefe y a un especialista ortopédico de primer nivel; después de un chequeo minucioso, le aseguraron que las heridas eran superficiales y no frenarían sus ambiciones de actuar y bailar.

Las mejillas de Madison se tornaron de un vibrante tono carmesí después de recibir el trato preferencial de un paciente VIP, algo que nunca antes había experimentado.

Cuando los médicos finalmente salieron, ella solicitó yodo, hisopos de algodón y gasas a una enfermera.

Tras ponerse un par de guantes desechables, se volvió hacia Chris con un tono amable y a la vez tranquilizador: "Por favor, extiende tu mano. Prometo que tendré cuidado y no te tocaré".

Momentos antes, el hombre rechazó obstinadamente la ayuda de la enfermera.

Como él resultó herido por salvarla, Madison no quería dejar que permaneciera en esas condiciones.

Ella se había preparado para un rechazo, pero se sorprendió cuando Chris obedeció casi de inmediato, extendiendo su mano con cierto aire de resignación.

Con un cuidado minucioso, la chica curó sus heridas, envolviendo hábilmente la gasa para evitar cualquier contacto directo.

¡Todo salió perfecto!

Madison alzó la vista y su mirada se encontró con la de Chris mientras exhalaba profundamente; sus ojos ahora brillaban de gratitud y la desesperación que los nubló durante el incidente en el teatro se había disipado por completo.

"¡Vámonos!", dijo el hombre apartando la mirada y saliendo primero del consultorio.

De pie al costado del camino, Madison no tenía intención causarle más molestias a Chris, así que dijo: "Adiós, señor Pearson".

El hombre se detuvo a mitad del camino y miró hacia atrás mientras su ceño se fruncía ligeramente. "¿No vas a volver a la escuela?".

Justo cuando la chica abría la boca para responder, la interrumpió el timbre de su celular, anunciando la llamada entrante de un número desconocido.

Sin dudarlo, ella rechazó la llamada.

Los ojos de Chris se posaron con curiosidad en su teléfono y le preguntó: "¿A dónde vas? Déjame llevarte".

El celular volvió a sonar, pero esta vez apareció un mensaje.

Madison miró fugazmente el mensaje, frunciendo el ceño.

Tras apartar la mirada de la pantalla, respondió con firmeza: "Lo siento, pero tengo que atender un asunto pendiente. Gracias por lo de hoy".

Mientras ella hablaba, un taxi se detuvo en la acera del hospital; la joven ingresó al asiento trasero y se despidió de Chris después de cerrar la puerta suavemente.

Madison no pudo ver cómo la mano del hombre se apretaba hasta formar un puño, con sus nudillos poniéndose blancos mientras la gasa que envolvía su palma se manchaba con la sangre fresca que se filtraba por su herida.

En el momento en que el taxi se alejó del hospital, la chica se inclinó hacia delante y le dio una dirección al conductor.

Alguien del equipo de utilería le había enviado un mensaje de texto, afirmando que habían visto a Lana manipulando la luz del escenario y sobornando a los trabajadores para que desmontaran algunas placas de soporte; el informante insistió en reunirse en persona para intercambiar un video incriminatorio a cambio de un pago en efectivo.

La traición de Colten dejó el pecho de Madison con una sensación gélida, y ella estaba decidida a conseguir pruebas si se le presentaba la oportunidad.

Bañados por la luz parpadeante de un bar poco iluminado, seis hombres robustos estaban holgazaneando; uno de ellos era un miembro del equipo de utilería.

Yendo directamente al grano, la chica preguntó: "¿Dónde está el video? Transferiré treinta mil a tu cuenta en el momento que lo vea".

Aunque los Dixon no poseían tanta fortuna como los Pearson, ciertamente no tenían problemas de dinero; Madison estaba bien preparada para negociar.

"Lana fue demasiado lejos. Ni siquiera yo pude hacer caso omiso a sus actos desvergonzados".

El hombre deslizó un dispositivo hacia ella y añadió: "Te entregaré la evidencia con una condición. Ya sea que expongas a Lana o no, tienes prohibido mencionar que yo te facilité el video. No puedes delatarme".

Con un gesto severo, Madison aceptó la bebida que le ofrecieron y participó en un brindis que se sintió sombrío; tras dar un sorbo rápido de su bebida, centró su atención en el aparato.

La pantalla reveló una carpeta que contenía un archivo de video que abrió rápidamente, sacando al mismo tiempo su celular, lista para capturar la evidencia crucial.

De repente, imágenes grotescas aparecieron en la pantalla, impactando a Madison tan profundamente que dejó caer el dispositivo al suelo.

Los hombres que la observaban estallaron en risas estridentes.

A pesar del impacto, el dispositivo no dejó de sonar, haciendo eco de las burlas crudas de un hombre entrelazadas mezcladas con los gemidos excitados de una mujer; cada sonido parecía cortar el aire y alterar los nervios de Madison.

Mientras ella se giraba para salir corriendo del lugar, una mano áspera la detuvo sujetándola del cabello.

"No irás a ningún lado esta noche... ¡Ah!".

Con un movimiento brusco y hábil, Madison logró que el hombre tropezara, antes de caer aparatosamente.

Aprovechando que los demás se quedaron conmocionados, la chica corrió hacia la puerta, pero una ola de calor aplastante la invadió, drenándole sus fuerzas y doblándole las rodillas.

El hombre al que había derribado se quejó, agarrándose la cabeza mientras trataba de estabilizarse.

"No estuvo nada mal, pero es una lástima que no puedas hacer nada para escapar. Le añadí una sustancia a tu bebida, una droga que es tres veces más potente que cualquier estimulante. No pasarán ni diez minutos antes de que estés jadeando, desesperada y rogando para que te dejemos satisfecha".

Madison hizo varios intentos desesperados por ponerse de pie, con su cuerpo tambaleándose débilmente mientras risas burlonas la envolvían, intensificando su miedo; el siniestro sonido de un cinturón desabrochándose resonó escalofriantemente cerca.

Una ola de desesperación y arrepentimiento la invadió, dejándola momentáneamente abrumada con una sensación de impotencia.

De repente, alguien abrió la puerta con una patada atronadora y un hombre entró; su silueta atravesó la luz mientras tomaba sin esfuerzo a la chica entre sus brazos.

Su rostro, severo e imponente, poseía la gracia estoica de un ángel caído y su aura era escalofriante.

"¡Señor Pearson, sálvame!", gritó ella con su voz quebrada.

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