Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Mafia > Perversa obsesión del mafioso
Perversa obsesión del mafioso

Perversa obsesión del mafioso

Autor: : Yina Zabala
Género: Mafia
Luciano Costello es un hombre frío y calculador. Un mafioso arrogante que siempre hace su voluntad y nunca acepta un no por respuesta. Aurora Bianchi es una mujer inteligente y hermosa, una mujer que hace todo por su familia incluso si debe ponerse como última opción. Aurora se cruza inevitablemente en el camino de Luciano volviéndose una peligrosa atracción para él. Un contrato de placer entre ellos dos será suficiente para que ella sea su protegida, con la única condición de no enamorarse. Aurora se ve envuelta en un triángulo amoroso peligroso del que no será fácil salir. ¿Podrá ella escapar ante la vida que le impone Luciano? ¿Luciano seguirá siendo el mismo hombre de siempre luego de que Aurora llegue a su vida? Un duelo entre el amor y el deseo, lo correcto y lo inmoral serán los protagonistas.

Capítulo 1 Es momento de escapar

Aurora corrió rápidamente con su hermana de la mano, corrió sin mirar a su alrededor, con su corazón latiendo con gran velocidad.

Escucharon los disparos a pocos metros de ellas haciendo que ni siquiera miraran hacia atrás, tan solo podían correr intentando huir.

Sin embargo, por más que quisieron escapar, se detuvieron abruptamente cuando un carro se atravesó delante de ellas.

El corazón de Aurora comenzó a latir con rapidez, no quería que les hicieran daño.

Ella colocó a su hermana detrás protegiéndola del hombre que bajó del carro con cara de pocos amigos.

-Así que estás tratando de escapar -mencionó el hombre con una cicatriz enorme en su rostro-. Al jefe no le va a gustar para nada enterarse que no le van a pagar el dinero.

-Sí le pagaré -respondió Aurora con seguridad-. Le pagaré todo.

El hombre comenzó a reír, su mirada la asqueaba por completo.

-¿Entonces por qué estás escapando? -él lame sus labios mientras habla, Aurora siente pánico, solo puede apretar con fuerza la mano de su hermana.

Aurora miró de reojo a su hermana, las deudas la estaban sofocando, en esos momentos le era imposible pagar su préstamo y cubrir con todos los gastos de la casa, lo único que quería era ponerla a salvo.

-Eres una desagradecida. No solo se te dio dinero para que cubrieras con los gastos de tu abuela, sino que también para que pudieras darle de comer a tu hermana y así es como pagas el favor. Si no fuera por ese dinero, estarían muertas.

-Lo pagaré, pagaré hasta el último centavo -habló con voz agitada Aurora intentando retroceder.

-Es que ya no hay más tiempo... mi jefe ya no quiere esperar más. Y si no nos pagas nos toca cobrarnos de otras formas. -Él chasqueó sus dedos haciendo que el miedo se apoderara de ella.

Aurora sintió terror, la manera en la que él las miraba, la atemorizaba por completo.

Lo único que pasaba por su cabeza era correr... correr con todas sus fuerzas, y confiar de que esa era la mejor manera de escapar.

No obstante, había que ser realista. Ellas dos contra él, no eran nada.

-¿Y bien? -él preguntó sacándola de su ensoñación.

Ella dejó a su hermana a un lado, y caminó hacia el hombre.

Había perdido a sus padres hace poco tiempo provocando un dolor insuperable en ella, no estaba dispuesta a perder a nadie más. Su hermana y su abuela eran lo único que le quedaba.

Desde el momento que perdió a sus padres, la vida de Aurora era todo un caos, escapando de una y otra cosa por las malas decisiones de ellos.

Cuando estuvo muy cerca de él, gritó con fuerza.

-¡Corre hermana! -dijo y luego lo empujó, creyendo que sería más rápida.

Sin embargo, él la sujetó fuertemente evitando que ella pudiera soltarse de su agarre.

Aurora vio como su hermana corrió lejos de ellos. No le importaba a donde pudiera llegar, lo único que quería era que estuviera bien, lejos del peligro que sus malas decisiones podrían ocasionar.

Aurora intentó soltarse, él con una sola mano la llevaba directo hasta el carro. Mientras mantenía una sonrisa triunfante en su rostro.

Su mirada se cristalizó, era el fin, y ni siquiera había podido despedirse de su abuela y agradecerle por todo o garantizar que su hermana estuviera bien.

Aurora intentó una vez más luchar, lo mordió fuertemente, él se quejó sintiendo como su mano se mojaba con aquel líquido rojizo.

Ella intentó correr al creer que ese era el momento, sin embargo, de nuevo se equivocó.

Sintió la presión en su cabello cuando él la jaló con fuerza y de un solo empujón la metió en el carro, ella comenzó a gritar y se movió de un lado a otro intentando llamar la atención de alguien, abrir la puerta del carro o que al menos el hombre tuviera compasión por ella y la dejara libre.

Él sonrió y sin esperar más tiempo, y le inyectó algo dejándola completamente inconsciente.

Aurora abrió los ojos, no recordaba mucho. Su cabeza dolía, todo su cuerpo se sentía pesado y el hecho de no recordar absolutamente nada la abrumaba mucho más.

Ella intentó moverse, pero sus manos y piernas estaban atadas, su cabeza dolía, todo su cuerpo dolía.

-¡Ayuda! -gritó creyendo que alguien la podía sacar de allí-. ¡Alguien que me ayude!... por favor.

El silencio era perturbador, estaba en medio de cuatro paredes que no dejaban que ni un rastro de sonido saliera de ahí.

Sus mejillas se llenaron de lágrimas, la desesperación la estaba carcomiendo totalmente.

Ella perdió la noción del tiempo, no sabía cuántos minutos u horas habían pasado desde que despertó.

Sus manos dolían de la fuerza que estaba haciendo para intentar soltarse. Ella se sobresaltó cuando escuchó el crujir de la puerta avisando que alguien estaba acercándose.

Se llenó de valor, sin importar lo que fuera a pasar. Necesita recuperar su libertad a como diera lugar.

Un hombre alto, vestido completamente de negro apareció. Era joven y lo suficientemente apuesto como para descrestar a cualquier persona.

Él se acercó de forma peligrosa a ella, el pecho de Aurora comenzó a subir y a bajar con rapidez, su presencia generaba un torbellino de emociones dentro de ella.

-Quiero que me suelten, ya les dije que pagaré todo -espetó.

Él negó moviendo su cabeza, soltó una sonora carcajada, su voz gruesa y ronca hizo que ella se erizara por completo. El olor amaderado que emanaba de él, entró por las fosas nasales de Aurora.

Luciano sacó un pequeño cuchillo y le puso muy cerca de ella.

-Son unos cobardes, esto es un delito, me tienen en contra de mi voluntad, esto no se quedará así. Tú y tu jefe se pueden ir al infierno. -Ella escupió, él movió su rostro y limpió su mejilla.

-Soy el jefe niñita y sí, seguramente allí iré. Pero no me molesta... el infierno es mi lugar favorito. -Él la agarró con fuerza de sus mejillas haciendo que lo mirara-. Y si no quieres ir a hacerme compañía más te vale pagar hasta el último centavo de lo que me debes..

-Lo haré, lo prometo que lo haré.

-Por muchos días envíe a mis hombres, pero no pudieron hacerse cargo de ti. -Él curvó la comisura de sus labios con una sonrisa-. Ahora seré yo quién se encargará de cobrarte tu deuda... y ya no me interesa que me pagues con dinero.

Capítulo 2 Bienvenida al infierno.

La mirada de Aurora cambió por completo cuando escuchó las palabras de Luciano. Muchas cosas comenzaron a pasar por su cabeza.

Él mantuvo una sonrisa cargada de victoria, se separó de ella y la miró de arriba a abajo, era una mujer hermosa, y seguramente trabajando para él le produciría suficiente dinero como para recuperar lo que invirtió en ella.

-No entiendo -ella dijo con su voz temblorosa.

-No tienes porque entender, me debes dinero y debes pagarme. Trabajarás para mí el tiempo necesario y si intentas escapar, iré por tu enferma abuela y tu indefensa hermana... tú decides -él dijo entre sonrisas.

Ella bajó su rostro mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas.

-No te metas con mi hermana y mi abuela, ellas no tienen nada que ver. Soy yo quien tiene la deuda, no ellas -Aurora alzó la voz.

Él la sujetó de las mejillas con fuerza haciendo que ella lo mirara. Su rostro quedó muy cerca de ella, tan cerca que sus respiraciones cálidas se mezclaron.

-Entonces no hagas preguntas tontas, la deuda es tuya, tu la pagas... y mírate, eres perfecta para trabajar para mí.

Sus miradas se conectaron, él con su mirada fría y penetrante y ella con su mirada cargada de temor.

-Vendrán por ti en la noche. Espero que hagas bien tu trabajo, tienes una última oportunidad y no me gusta repetir las cosas. Quiero que pagues todo.

Él la soltó con brusquedad y luego de darle una última mirada salió de ahí.

Aurora gritó con fuerza, si hubiese corrido más rápido, si hubiera salido con más tiempo... todo sería diferente.

Se lamentó por su mala suerte.

Se lamentó una y otra vez, porque sabía que su vida iba a cambiar y no sería para bien.

Luciano salió de aquel sótano en donde la tenía, sonrió instintivamente, una sonrisa agria.

Por lo general no solía hacer que sus deudas se pagarán de ese modo, pero su belleza lo había cautivado, una belleza exótica que no estaba acostumbrado a ver con regularidad, una belleza que adornaría a la perfección el infierno.

Él hizo unas cuantas llamadas, para que tuvieran todo listo en su bar, pero sobre todo para dejar claro que ella era intocable..

Nadie más que él podría tocarla.

Aurora comenzó a moverse con desesperación intentando soltarse, su piel estaba completamente rasgada ante la fuerza que estaba ejerciendo, las cuerdas la apretaban con fuerza.

Unos cuantos segundos bastaron para que el agotamiento hiciera que se detuviera, ella suspiró agotada, Por más que intentara soltarse le era imposible.

Necesitaba ver a su hermana y a su abuela garantizar que estuvieran bien. No podía estar ahí encerrada y completamente expuesta ante él.

De pronto alguien entró de nuevo a donde ella estaba, Aurora se puso a la defensiva.

No sabía lo que le esperaba.

Ella vio al hombre que la atrapó en el callejón, lamiéndose los labios mientras la miraba.

-No sé cómo hiciste para que el jefe no haya querido matarte -él hizo una pausa-. Una rata como tú debería estar muerta... ¿Ves la cicatriz que tengo aquí?

Aurora bajó su rostro, el miedo se estaba apoderando por completo de ella. Él la tomó con brusquedad del mentón haciendo que lo mirara.

-Te pregunté ¿si ves esa cicatriz que tengo aquí? el jefe me la hizo por tu culpa -dijo el hombre agarrándose grotescamente el rostro-, me hizo esto porque te dejé escapar más de una vez... pero te aseguro que eso no sé quedará así, me lo pagarás muy caro.

El cuerpo de Aurora comenzó a temblar, sus labios se movían insistentemente como si tuviese frío, toda ella cargada de terror.

-Te juro que me la vas a pagar, puede que en estos momentos no, pero te aseguro que te dejaré una cicatriz igual o peor a está. Te juro que ese lindo rostro quedará marcado con mis propias manos.

Él lo sujetó con fuerza de su rostro y luego la lanzó hacia atrás.

Aurora comenzó a sudar, su corazón latía con rapidez y su pecho parecía que tuviera un nudo atorado, sentía una opresión desgarradora sobre ella.

Él sacó su arma y le apuntó evitando que ella pudiera escapar.

Le soltó las ataduras y vendo sus ojos, para luego subir las escaleras junto con ella.

Luego de subir a un carro se detuvieron después de unos cuantos minutos. Ella intentaba pensar en su familia para que de ese modo, olvidara parcialmente lo que estaba viviendo y tuviera la fuerza para poder salir de ahí.

Aurora tenía zozobra ante todo lo que estaba sucediendo a su alrededor... solo quería volver a ver a su hermana y a su abuela e irse lo más lejos posible.

Ella cerró los ojos con fuerza cuando sintió como el suelo la recibió luego de un empujón y le quitaron las vendas de los ojos.

Los ojos de ella tardaron un poco en acoplarse ante la luz intensa del lugar.

Ella intentó ponerse de pie tal vez para escapar o quizá creyendo torpemente que todo había acabado.

Escuchó las risas frente a ella provocando un escalofrío en todo su cuerpo.

-Arréglate, vístete y báñate... eres el show principal de la noche -escuchó buscando comprender palabra trás palabra.

-¿El show principal? -Aurora cuestionó como si todo fuese un sueño... un maldito sueño.

-Sí, así es, eres el show principal del infierno y más te vale hacer las cosas bien porque al jefe no le gustan los errores.

Aurora apretó sus labios, debía intentarlo... al menos una sola vez.

-Ayúdame por favor... no quiero meterte en problemas, pero en verdad necesito salir de aquí, ayúdame por favor dime ¿cómo lo hago? te garantizo que te estaré eternamente agradecida.

-No sé por qué crees que te voy a ayudar. Más te vale que te acostumbres porque luego de entrar al infierno nadie puede salir.

-¿El infierno?

-Sí, más te vale estar lista. Porque no importa como, te sacaré de aquí, estés como estés, no voy a dejar que el jefe se moleste.

Aurora miró la diminuta ropa y sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. No había otra opción, no había nada más que hacer, este era su destino y lastimosamente había que afrontarlo.

Ella se arregló lo mejor que pudo sin ganas de hacerlo y con sus ojos completamente hinchados de tanto llorar, la mujer con la que había hablado anteriormente apareció y la miró de arriba abajo, hizo una mueca y finalmente asintió.

Aurora caminó detrás de aquella mujer por unos pasillos, detrás de ellas había hombres evidentemente armados.

Ella comenzó a escuchar a lo lejos música a alto volumen, y al ver todo, sintió que el miedo de nuevo se apoderó de ella.

Mujeres bailando prácticamente desnudas, hombres observándolas como si fueran trofeos.

Un ambiente tosco y tenso al que Aurora no estaba acostumbrada.

Pero que a partir de ahora, sería su único destino.

-¿Qué esperas para seguir? Es tu turno Aurora.

Aurora sintió como un frío la recorrió, estaba en manos de Luciano y ya no había forma de huir.

Capítulo 3 ¿A salvo

-Yo... no puedo hacer eso. No soy esta clase de mujer -confesó Aurora tartamudeando.

-"Esa clase de mujer" si estás aquí es porque el jefe así lo quiso, adicional seguramente vio potencial en ti. Lo único que debes hacer es bailar de manera sensual y ya. Te aseguro que puedes ganar mucho dinero.

-No creo que sea solo bailar. Puedo ver como esos hombres asquerosos tocan a las que supuestamente solo están bailando -dijo ella entre pánico.

-Querida, tú tienes suerte. Nadie te puede tocar por orden del jefe. Al parecer eres una joya para él.

Aurora puso la mano en su pecho sentía que su corazón se iba a salir de su cuerpo.

-No me importa si no te sientes preparada, debes salir quieras o no... y si no lo haces, te aseguro que no durarás mucho tiempo viva.

Aurora sintió como su vida estaba pendiendo de un hilo.

Ella escuchó como anunciaban a la nueva bailarina. Reaccionó en ese momento, necesitaba pagar la deuda que tenía con Luciano y todo volvería a ser como antes... todo sería como antes.

Se armó de valor y salió a la pista, no sabía qué hacer, era torpe para bailar, y estar al frente a muchas personas le generaba ansiedad.

Por unos cuantos segundos que parecieron eternos evaluó el lugar, y al fondo, en una silla que parecía un trono estaba él. Luciano sentado como si fuera el rey de todo el lugar, con un puro en una de sus manos y una copa en la otra.

Luciano tenía su mirada fijamente en ella, una mirada que la penetraba por completo. La observada de arriba a abajo, con algo más que deseo en su mirada.

Aurora no pudo evitar sentirse intimidada ante ese par de ojos oscuros que la atravesaban con una intensidad indescifrable.

Todo su cuerpo tembló, cuando las luces se tornaron tenues, sin embargo, una gran luz se posó sobre ella que prácticamente la dejó enceguecida.

Ella cerró los ojos y comenzó a moverse por inercia, por simple supervivencia sin saber que era lo que estaba haciendo, si lo estaba haciendo bien o toda ella era un caos.

De pronto, todo se tornó borroso, se escucharon algunos gritos y muchas personas armadas ingresaron al lugar. Todo se llenó de caos, pero en Aurora lo único que apareció fue su valentía.

Había llegado el momento de escapar, sin importar nada se iría de ahí buscaría a su abuela y a su hermana y escaparía muy lejos de las garras de Luciano, tan lejos que él no volvería a dar con ellas.

En el lugar, todos se apuntaron, unos contra otros. El hombre que lo estaba vigilando rápidamente se fue a proteger a Luciano. Mientras que él mantenía una tranquilidad impenetrable, mirando a cada uno de ellos directo a los ojos.

Las mujeres y clientes allí, taparon su cabeza o se escondieron. Era claro que estaban ahí dispuestos a atacar a Luciano.

Aurora se agachó y comenzó a correr directo a la salida. No le importaba nada, solo quería salir con vida y escapar de Luciano.

Antes de pasar la puerta, giró su cabeza hacia el lugar en donde estaba Luciano. Él tenía un arma apuntando a los hombres que ingresaron, sin embargo, su mirada no estaba con ellos en ese momento, su mirada estaba fija en Aurora.

Sus miradas se cruzaron, él con una clara advertencia y ella con una promesa de no volver.

Aurora se atravesó en la mitad de la carretera, las miradas lujuriosas por parte de los hombres que pasaban por allí le provocaba náuseas, al ver que ningún carro le paró, ella comenzó a correr. Corrió lo más rápido que sus pies le permitían.

Su cuerpo omitió el cansancio que sentía, solo quería evitar pisar ese lugar de nuevo en su vida.

A pesar de que la suerte no estaba del todo de su lado, una mujer en un carro paró y al verla, decidió ayudarla. Eso fue un alivio inmediato para ella, miró hacia atrás observando si alguien la estaba siguiendo, respiró por fin con tranquilidad al ver que afortunadamente nadie la siguió.

Aurora cubrió su cuerpo con algo de ropa que la mujer le prestó mientras se dirigía hasta la casa de su abuela.

Ella no dudó en agradecer, no solo a la mujer sino también a la vida por haber terminado con una parte de su pesadilla.

Al bajar del carro corrió y tocó la puerta con insistencia, tenía un mal sentimiento en su pecho irrevocable, sentía incertidumbre, no obstante, todo eso se alivió al momento en el que la puerta se abrió.

Su pequeña hermana abrió y al verla se lanzó sobre ella para abrazarla mientras que sus mejillas se mojaban con sus lágrimas.

-¿Estás bien hermana? -preguntó Aurora mirándola de arriba a abajo-. Dime por favor que estás bien.

-Sí, sí estoy bien y tú... ¿te hicieron algo? -Aurora movió su cabeza negando.

-Ahora que estás frente a mí te aseguro que estoy muy mucho mejor. Escúchame algo, nos iremos de aquí lejos, las tres empezaremos una nueva vida y viviremos bien. Te juro que no volverás a pasar por nada así -habló Aurora mientras se le formaba un nudo en su garganta.

-Pero hay algo que quiero decirte.

-Sé que estás asustada. Te juro que te protegeré con mi vida si es necesario, iremos por la abuela para irnos lejos de aquí. No te preocupes por nada -musitó y juntó su frente con su hermana en símbolo de promesa.

Ella miró a Aurora completamente asustada, creyendo que eso era suficiente como para alertarla por lo que estaba pasando adentro de esa humilde casa.

Cuando Aurora entró quedó paralizada al ver a su abuela completamente sometida ante un hombre que le apuntaba con un arma.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022