Un café
Llevaba varios días encerrado en mi habitación fría y oscura, un pequeño rayo de luz atravesaba la ventana, decidí salir a tomar aire, el día era lluvioso, mi mente en blanco efectuaba por instinto el movimiento en mis piernas; me dirigí al café más cercano, tome asiento y solo pedí mi orden, mi mente volvió por un momento, sentí una sensación incómoda; al levantar mi rostro note como unos ojos me observaban al otro lado de aquel lugar, una joven quien se encontraba sola con su taza de té de la cual aún el aire caliente emanaba de ella, sostenía un libro en sus manos pero su mirada estaba puesta en mí, la mesera entonces llega con mi café y mis ojos se apartaron de los suyos. No pasó mucho cuando el movimiento de la silla vacía en mi mesa llamo nuevamente mi atención; aquella joven estaba frente a mí...
Sonrió – ¿está libre? –pregunto.
Volví a mi taza, como si hubiera sido afirmativa mi respuesta tomo asiento, cruzo sus brazos y solo me miraba.
–Y... ¿hay algo que quiera decirme? –pregunté.
Alzó su ceja con una sonrisa leve, no dijo nada... no sé qué quería aquella joven de este hombre tomando un café... pero me interesaba saberlo.
–Perdone que interrumpa su momento de paz y tranquilidad –dijo en tono alegre–, mi nombre es Amy, leía un poco para distraerme y cuando entro llamo mi atención, y supe inmediatamente que tienes una historia que aún te atormenta.
– ¿Cómo llego a esa conclusión? Es la primera vez que me ves y no estoy angustiado... bueno, no me siento así...
– ¡Ves! Sabía que algo te agobiaba –alzo su voz y su expresión era eufórica–, hoy estas de suerte porque justo acabas de encontrar una amiga para escucharte –tomo su bolso y saco entonces una libreta café algo nueva y un lápiz–, y bien, cuéntame –sus ojos brillaban.
– ¿Quién es esta chica? –Pensaba–, ¿y porque ha sacado esa libreta? –Me preguntaba–, No sé porque quiere que le cuente mi historia, lo que quiero es olvidarla para que mi corazón este sereno.
–Bueno, la única forma para olvidar es contar aquello que te ocupa los pensamientos, porque así tu mente cerrara ese capítulo de tu vida.
Esas fueron las mejores palabras de consuelo que he recibido hasta el momento; me sentía inseguro de revelarle un fragmento de mi vida a una completa extraña, pero no es la primera vez que lo hacía ya que en mis cuadros siempre expreso mi dolor, mi angustia, mi alegría, contarle solo sería cambiar mi método de expresarme, intercambiar mi pincel por mis palabras.
–Bien, me has convencido, espero tenga tiempo porque no es tan corta.
–El tiempo no es un problema –sonreía.
¿Cómo puede decir eso? El tiempo es el más grande de los problemas, odio el tiempo; porque me ha quitado momentos que nunca volverán transformándolos en recuerdos, ha acortado aquellos encuentros que deseaba fueran eternos; cada segundo que pasa convirtiéndose luego en minutos, horas, días hacen que la vida sea tan corta y no la disfrutamos plenamente por las ocupaciones del día, odio al tiempo.
–Bien, ya imaginara cual es mi aflicción.
–Sí, amor... siempre es amor la angustia de las personas.
–Sí, lo has dicho, amor, el tesoro más hermoso y doloroso de la humanidad, antes de comenzar permíteme tu libreta y lápiz, aún tengo en mi memoria aquellas palabras que con lágrimas plasmaba en aquella carta de despedida.
Tomo entonces la libreta y comienzo a escribir, mis pensamientos eran quiénes guiaban mi mano a través de la hoja, una a una las palabras se escribían, sin tiempo de espera una de otra hasta que la última fue escrita.
–Bien, este fue el último fragmento que tengo de ella– estire mi mano entregándole la libreta.
Toma entonces la libreta y comienza a recitar aquel texto, su voz cálida me llevaron nuevamente a viajar en mis pensamientos a aquel recuerdo, poco a poco se dibujaba el paisaje de aquel día, una sonrisa leve asomaba en mis labios, y allí estaba, nuevamente frente a ella, viendo como en sus ojos la tristeza emanaba convertida en lágrimas turbias de dolor muriendo de a poco entre sus mejillas pálidas y sus suaves labios tersos; aquellos que nunca me cansaba de rosar con los míos.
Te amo
Un día me preguntaste ¿Por qué me amas?
La verdad no supe que responder en aquel momento...
Mi vida era aquella típica donde te levantas, comes, haces quehaceres y duermes; no había nada de especial en ella... Hablarte fue sin lugar a dudas lo mejor que he hecho en mi vida, conocerte, escucharte, poco a poco fui enamorándome de ti; aunque inseguro me sentía aquel sentimiento hacia ti crecía sin pensar en detenerse...
Los días pasaban y mi despertar acompañado de tus buenos días ya me hacían falta, estar al lado del teléfono para escucharte era lo que quería hacer siempre... mi vida contigo comenzó a tener sentido...
Me preguntaste porque te amo... pues bien...
Te amo por ninguna y por todas las razones existentes y sin existir...
Te amo porque te preocupas por mí, por como estoy, como me siento, en que pienso...
Te amo porque te interesas por mí, que quiero, que hago, que espero...
Te amo porque me escuchas, eres mi pilar, mi compañía, mi abrigo...
Te amo porque me hablas, me aconsejas, me peleas, me confrontas...
Te amo porque mi vida contigo se complementa, se llena, es plena...
Te amo porque mi vida contigo es mejor, aprendo, me levanto, sigo...
Te amo porque eres mi amiga, mi compañera, mi prometida...
Te amo porque Dios te puso en mi camino, para caminar juntos de la mano...
Te amo porque no deseo otra cosa más, que estar en tus brazos y sentir tus cálidos labios...
Te amo porque sin ti... me siento vacío...
Te amo porque me amaste primero y aun lo sigues haciendo...
Si esto aún no te responde...
Te amo porque simplemente eres, fuiste y serás... mi primer y único amor...
Te amo.
Carta
–Esas fueron las palabras que escribí en aquella carta el día que me di cuenta que la perdería... fui tonto al pensar que siempre estaría en mis brazos, pero cuando más seguro te sientes de las cosas es donde la vida siempre te dará ese golpe que desestabilizara todas las grandes bigas que creías haber construido...
–Te entiendo, pero... y ¿qué paso con ella?
–Sonrió– un brasileño alto de ojos claros me la quito...
–Ella algo confundida e incrédula–, ¿enserio?
–Es claro que eso no pasó, no soy tan desafortunado, déjame contarte como termine aquí tomando este café...
Todo comenzó hace aproximadamente dos años, me encontraba con mi mejor amigo estábamos algo aburridos ya que aquel día no había sido bueno por diversas situaciones poco alentadoras, toda mi vida he sido del tipo de persona que se divierte con las bromas y dado el momento decidimos hacer una, era sencilla y no hacía daño alguno, tomamos el teléfono y comenzamos a llamar primero fueron números inventados con las diferentes empresas telefónicas que conocemos, nos divertimos con todas aquellas personas que no sabían quién les llamo...
Guarde silencio unos segundos, sentí nostalgia y mis ojos comenzaron a entristecer, recordar aquel día no era lo mejor que podía hacer y más aún luego de salir de aquel encierro de depresión y angustia por aquella mujer que iluminaba el más oscuro día solo con una hermosa curva dibujada en sus labios...
–Y bien... ¿Qué sucedió entonces? –la intriga se reflejaba en su rostro.
–Sabes... siempre el destino juega con nosotros, nos toma como un muñeco de pruebas...
– ¿A qué te refieres?
–Una casualidad solo es el plan del destino... nuestro encuentro ya estaba escrito en las páginas del largo camino que tenemos que recorrer en la vida, recuerdo que en un principio entre el nuevo grupo de amigos que formamos era el más sarcástico, siempre lo he sido solo que allí superaba mis límites, unos reían otros hacían lo mismo y ella... ella me odiaba; dicen que del amor al odio hay un paso pero del odio al amor solo hay un pequeño salto, lo primero que me atrajo de ella fueron sus labios –suspiro–, hice un pequeño halago:
–Allison tienes labios muy lindos.
–Te los vendo si quieres, tuyos y míos si me los compras –sonreía.
– ¿Me los vendes? ¿Cuánto cuestan? Estoy dispuesto a pagar caricias infinitas, abrazos donde te sientas protegida, mantener siempre su humedad estable, besarlos lentamente y no morderlos muy duro para no lastimarlos... ¿me los vendes?
una tierna sonrisa se reflejó en su rostro y sus mejillas tomaron aquel tono rosado como los pétalos de las rosas floreciendo en el invierno.
– ¡Más que vendidos!
–Eres un romántico empedernido– dijo Amy sonriendo.
–No, solo a veces digo cosas que hacen parecer que lo soy...
Continuo, Ese fue el inicio de lo nuestro, no compre sus labios en realidad, llame fue su atención... comenzamos a hablar más seguido y mi boca siempre tenía alguna frase, alguna palabra que le generará una sonrisa y sus mejillas se ruborizaran...
–En sus inicios debió ser un amor muy lindo, como sacado de un novela. – dijo Amy.
–Si... pero no fue solo en sus inicios, diría que fue hasta que mi inseguridad me consumiera totalmente y me apartara de ella.
– ¿A qué te refieres?
En ese momento la mesera interrumpe diciendo que el lugar cerrará, y ella me mira algo desconcertada.
– ¡Debes terminar de contarme tu historia! –dijo mientras sostenía mi brazo.
Nos levantamos entonces, pague mi café y salimos... la lluvia aun cubría las calles, toma su cartera y anota algo en un papel.
–Te dejo mi número, debes terminar de contarme –lo dijo muy alegré, entusiasmada–, por cierto me llamo Amy –me dio su mano.
–Sí, ya lo habías dicho –sonreí levemente.
– ¡Oh sí! Es cierto, pero tú no me has dicho tu nombre –alzo su ceja mientras me miraba fijamente.
–Patrick...
–Es un placer Patrick, no te olvides de llamarme –hiso el gesto con la mano y llamo un taxi–, adiós, que tengas buenas noches –se despidió mientras subía al coche.
Solo sonreí y el taxi se alejó por aquella calle bajó la lluvia, mire el papel que me había dejado y unas gotas cayeron en el corriendo la tinta, borrando los dos últimos números... solo seguí sonriendo y lo guarde en mi bolsillo.