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Placeres, amores prohibidos

Placeres, amores prohibidos

Autor: : DaniM
Género: Romance
Quien diría que los amores prohibidos son los mejores, que desear a la persona que no debías se volvería una obsesión. Hay un secreto que he descubierto y prometo que aprovechare este secreto al máximo a mi favor, solo espero que las cosas no se me salgan de las manos y termine enamorándome.

Capítulo 1 El encuentro: un destino sellado

Ronald Wilson era conocido por su encanto irresistible y su reputación de casanova. Siempre se mantenía fiel a dos simples reglas: no involucrarse con mujeres casadas y no dormir con su secretaria. Aquella noche, sin embargo, un giro del destino lo llevaría a romper una de sus reglas no escritas, aunque aún no lo sabía.

El Evento y la Atracción-

En una lujosa gala benéfica, donde todos los asistentes debían usar antifaz, Ronald vio a una mujer que le arrebató el aliento. Era morena, delgada, con unos ojos color avellana que destellaban como si guardaran secretos, y unos labios carnosos que prometían un beso inolvidable. Sabía que debía acercarse a ella.

Elena Rodríguez había asistido al evento por insistencia de su mejor amiga, Jacqueline Díaz. Jacqueline le había asegurado que su padre, a quien Elena no conocía, estaría presente. Lo que Elena ignoraba era que Jacqueline le tenía envidia y había preparado una trampa para ella. Sin que Elena se diera cuenta, Jacqueline deslizó un afrodisíaco en su bebida, asegurándose de que sus impulsos sexuales se desataran sin control.

El Primer Contacto-

Ronald, vestido con un elegante esmoquin y su habitual aire de confianza, se acercó a Elena. "¿Te gustaría bailar?" le preguntó, extendiendo su mano. Elena, sintiendo una repentina e inexplicable atracción, aceptó sin dudar. Mientras bailaban, la música y el ambiente creaban una atmósfera de intimidad. Cada vez que sus cuerpos se rozaban, Elena sentía una oleada de deseo que no podía controlar.

Un Viaje a lo Prohibido-

A medida que la danza se volvía más apasionada, Ronald sintió que su atracción por Elena se intensificaba. Decidido a pasar la noche con ella, la llevó a una habitación privada. Elena, bajo el influjo del afrodisíaco, no puso resistencia. Su cuerpo, habitualmente recatado, ahora actuaba por instinto, deseando más de Ronald con cada segundo que pasaba.

Dentro de la habitación, la tensión era palpable. Ronald la besó con una mezcla de hambre y ternura, sus labios explorando cada rincón del rostro de Elena. Ella respondió con igual fervor, sus manos recorriendo el cuerpo de Ronald, memorizando cada músculo, cada curva. Ronald, deseoso de mantener el misterio, no retiró el antifaz de Elena, pero sí comenzó a desvestirla lentamente, disfrutando de cada revelación de su piel.

La Desnudez de los Cuerpos-

Ronald desabrochó el vestido de Elena, dejando al descubierto sus hombros suaves y sus pechos firmes, coronados por pezones oscuros que se erguían al contacto con el aire fresco. Sus manos se movieron con seguridad y deseo, acariciando cada centímetro de su piel. Elena, liberada de su vestido, reveló un cuerpo esbelto y bien definido, con curvas que parecían hechas para ser admiradas.

El propio cuerpo de Ronald era una obra de arte masculina. Su pecho ancho y musculoso se destacaba bajo la luz tenue de la habitación, mientras sus abdominales marcados se movían al ritmo de su respiración acelerada. Sus manos grandes y firmes desnudaron a Elena con una mezcla de delicadeza y urgencia, disfrutando de cada momento.

La Unión de los Cuerpos-

Ronald se despojó de su ropa con la misma rapidez controlada. Sus manos recorrieron el cuerpo de Elena, desde el cuello hasta sus muslos suaves. La besó con más intensidad, dejando que sus labios y su lengua exploraran cada rincón de su boca. Elena, ahora completamente desnuda, respondió con la misma pasión, sus manos recorriendo la espalda de Ronald y clavando sus uñas suavemente en su piel.

Los cuerpos de ambos se encontraron en una unión apasionada. Ronald se posicionó sobre Elena, sus labios besando su cuello y descendiendo hacia sus pechos, donde sus besos se volvieron más insistentes. Elena arqueó su espalda, sintiendo el placer recorrer su cuerpo. Sus piernas se enredaron alrededor de Ronald, acercándolo más a ella.

El Momento Culminante-

Ronald, con una mezcla de deseo y cuidado, guió su miembro hacia el interior de Elena. Ella soltó un suave gemido cuando él la penetró, sintiendo una mezcla de dolor y placer. Ronald se detuvo un momento, permitiéndole adaptarse a la sensación antes de comenzar a moverse lentamente. Cada empuje era medido, cada movimiento hecho con la intención de darle el máximo placer.

Elena, aún bajo los efectos del afrodisíaco, sentía cada movimiento de Ronald como una explosión de sensaciones. Sus cuerpos se movían en perfecta armonía, sus gemidos llenando la habitación. Ronald aceleró el ritmo, impulsado por el deseo de hacer de esa noche un recuerdo imborrable.

El clímax llegó con una intensidad que los dejó exhaustos. Ronald colapsó sobre Elena, ambos respirando con dificultad mientras el sudor cubría sus cuerpos. Se quedaron así, disfrutando del postorgasmo, sintiendo la conexión que se había formado entre ellos, aunque efímera.

El Despertar del Engaño-

Ambos quedaron exhaustos y satisfechos. Ronald se vistió y dejó a Elena dormida en la cama, su respiración suave indicaba que no despertaría pronto. Salió de la habitación con una sonrisa de satisfacción, sin saber que su encuentro desencadenaría una serie de eventos que cambiarían su vida para siempre.

Jacqueline, siempre atenta y manipuladora, había estado observando. Al ver salir a Ronald, se apresuró a entrar en la habitación. Lo que vio la complació: Elena desnuda, el antifaz aún en su rostro, y la evidencia de su virginidad perdida. Rápidamente tomó fotos con su celular, capturando cada detalle comprometedor.

El Plan de Jacqueline-

Jacqueline, no satisfecha con solo la evidencia, decidió llevar su plan un paso más allá. Vio a un camarero pasando y le ofreció $10,000 dólares por una simple sesión de fotos. Aunque el camarero dudó, la oferta de dinero fácil fue demasiado tentadora.

-Desnúdate y acuéstate con ella -le ordenó Jacqueline.

El camarero, aunque incómodo, aceptó tras la promesa de $10,000 dólares. Al quitarse la ropa, reveló un cuerpo atlético y bien formado, con un miembro prominente que llamó la atención de Jacqueline. Por un momento, Jacqueline se sintió tentada, su deseo despertado por la visión del camarero desnudo. Sin embargo, se mantuvo firme en su plan y dejó que él continuara.

El camarero, sintiéndose más seguro, se acostó junto a Elena y comenzó a tocarla. Sus manos recorrieron su cuerpo, despertando una respuesta instintiva en ella. Jacqueline tomó fotos rápidamente, capturando cada momento comprometedor. Cuando el camarero penetró a Elena, los gemidos de ella llenaron la habitación, mezclados con el sonido de los clics de la cámara.

La Interrupción del Placer-

Justo antes de que el camarero alcanzara el clímax, Jacqueline intervino.

-Suficiente -dijo con frialdad-. Puedes detenerte ahora.

El camarero, frustrado por la interrupción, se separó de Elena con evidente renuencia.

-¿Dónde está mi dinero? -preguntó, todavía respirando con dificultad.

Jacqueline sonrió con malicia.

-No hay dinero. Tengo evidencia suficiente para demostrar que te aprovechaste de ella. Puedo enviarte a la cárcel si lo deseo.

El Acto de Venganza-

El camarero no perdió tiempo. Colocó a Jacqueline en la cama, sus manos recorriendo su piel con una mezcla de furia y deseo. Jacqueline, aunque seguía intentando luchar, no podía negar la parte de ella que disfrutaba del contacto.

El camarero la penetró primero vaginalmente, sus movimientos intensos y desesperados. Jacqueline, con la mordaza impidiendo que gritara, gemía de placer y lucha, sus ojos llenos de una mezcla de desafío y rendición. Sin detenerse, el camarero cambió de posición, girando a Jacqueline para que estuviera boca abajo y penetrándola analmente. El dolor inicial de Jacqueline se mezcló con una ola de placer, olvidando por completo su objetivo.

Capítulo 2 Pasante

El lunes en la mañana, Martin Rugama estaba terminando de seleccionar a la nueva secretaria para su jefe. Quién había despedido a la última secretaria por intentar insinuarse.

Su jefe respetaba la regla de no involucrarse con su secretaria ya que una vez hizo esto y luego se creía la dueña de la empresa, la terminó despidiendo y desde entonces la mujer no ha conseguido otro trabajo.

Trás una exhaustiva revisión de cada una de las candidatas, Martín encontró a una que creería no cometería ese error, así que hoy haría el último proceso de la entrevista.

-Señora Elena, cómo sabrá ha sido escogida de entre muchas mujeres, en el puesto que usted va a desempeñar el aspecto físico es importante, es la cara antes del señor Wilson.

-Lo entiendo.

-Pero antes de culminar el proceso de contratación debo saber, ¿está usted casada o con hijo?

Elena se sorprendió por esa pregunta, sabía que su futuro jefe tenía fama de ser un mujeriego, pero no sabía que pasaban por un proceso tan riguroso.

-No, soy soltera, sin hijos, pero centrada en lo que hago -lo que menos quería Elena era ser una más de la lista de su futuro Jefe.

Martin le explicó los detalles sobre su uniforme y le dijo que cualquier rastro de coqueteo sería despedida.

-Tengo una duda, si yo coqueteo con el jefe seré despedida, pero ¿que pasa si es al contrario?

-El señor Wilson busca una secretaria que no intenté soprepasarse, ya que las relaciones amorosas en la oficina no conlleva a nada bueno, dicho ésto, las secretaria que se han contratado ninguna ha denunciado acoso por parte del señor Wilson, al contrario, esperan un tiempo antes de empezar a seducirlo.

-¿Me está tratando de decir que su jefe es víctima de sus secretaria?

-No, lo que le quiero decir es que mientras usted no intente nada tendrá su trabajo asegurado, firme aquí y comenzará inmediatamente.

La afirmación de Martin no fue suficiente para Elena, pero el pago era lo suficientemente alto para el puesto de secretaria.

Después de firmar todos los papeles correspondientes a la contratación, Martin llevó a Elena a su escritorio.

-Este será tu escritorio, en el computador encontraras tus asignaciones, están las fechas en que debes de entregar y las que debes de hacer diarias, ahora iremos con el jefe.

Elena siguió a Martín.

-Nunca entres sin haber golpeado, aunque creas que el Señor Wilson este solo, debes de avisar tu entrada.

Martín entro sin previo aviso, Ronald estaba concentrado en su computadora.

-Señor, he traído a la nueva secretaria.

-Puedes retirarte -ordenó Ronald.

Martín salió de la oficina y dejó a Elena con el jefe.

Martín despego su vista del computador y observó a Elena, quien estaba con la cabeza agachada. Observó su vestimenta, un poco conservadora, nada revelador.

-Deberás de cambiar tu imagen, los que vengan a mi oficina será a ti que te vean primero, así que prácticamente eres una imagen para la empresa.

-Buscaré algo más apropiado.

-No, estoy seguro qué no lo tienes, irás a este lugar y encargarás vestido de tu talla, ellos te darán una mejor imagen, si quieres continuar aquí debes de cumplir esta orden.

Elena se sintió menospreciada por su forma de vestir, pero necesitaba al menos seis meses con este salario para poder continuar con sus estudios.

-Esta bien, iré al salir del trabajo.

-Es ahora, todo lo que yo te diga será de forma inmediata, no quiero verte con esas fachas.

Elena levantó su rostro al sentir la humillación de su jefe. Ronald quedó viendo el rostro de Elena y era perfecto, pero esos labios, sabía que había visto alguna vez esos labios.

-¿Ya nos hemos visto antes? -pregunto Ronald.

Elena se quedó viendo a su jefe directamente, pero esa mirada era tan tenebrosa que agachó de nuevo el rostro.

-No recuerdo haberlo visto antes, señor, de ser así estoy segura que lo recordaría.

Ronald quedaba viendo a Elena, podía observar como tenia miedo en verle.

-Sal de aquí, ya sabes que hacer, en la tarde te quiero ver diferente.

-Sí.

Elena se levantó y salió de la oficina, Ronald presionó un botón y Martín entro inmediatamente.

-¿La has investigado?

-Estamos en eso, pero no hemos encontrado nada malo, estuvo estudiando un año en la universidad, se retiró porque no podía continuar pagando los estudios y ha buscado trabajo para poder continuar estudiando.

-¿Relaciones?

-Ninguna, está enfocada en ser profesional.

-Estoy seguro que la he visto antes.

Su asistente no dijo nada más, conocía la mayoría de las mujeres con que su jefe se ha acostado, pero no recuerda a Elena en su lista, de lo contrario no la hubiera considerado para el puesto.

***

Elena se dirigió al lugar que su jefe le indicó, era una de las tiendas más exclusivas que existía en la ciudad, al entrar todos los vestidos valían al menos ochenta mil dólares, una suma que ella no se puede dar el lujo de gastar.

-Creo se ha equivocado de tienda -dijo una dependienta-. La tienda de descuento se encuentra a tres manzanas de aquí.

Elena quedó viendo a la dependienta, vestía con un traje elegante, todo negro, un maquillaje esplendido y la joyería que usaba era costosa.

-He venido aquí porque...

-Porque quieres tomarte fotos con nuestros trajes, muchas de tu tipo han venido aquí a presumir lo que no son, no toques nada que puedes ensuciarlo con tus manos mugrosas.

Elena quería abofetear a la chica.

-¿Tratas de esa manera a todos tus clientes? -dijo una voz en la entrada.

Elena y la dependienta quedaron viendo la entrada, era Martín. la dependienta al ver quien era cambio su actitud, sabia que era el asistente de Ronald Wilson.

-Señor Martín, no es así, solamente estoy sacando a esta mujer que pretende pasarse por cliente, pero ya la sacaremos y lo atenderemos.

La dependienta tomó a Elena del brazo y la empezó a empujar.

-¡Suéltame! -dijo Elena.

-¡Suéltala! -dijo Martín-. Si la ofendes a ella estas ofendiendo al señor Wilson, parece que no quieres seguir trabajando en esta ciudad.

La dependienta quedó viendo a Elena, ¿Como esa mujer podía ser de importancia para el señor Wilson?

El encargado de la tienda salió de su oficina al ver a Martín.

-Señor Martín, su presencia nos ilumina, ¿en que podemos ayudarle hoy?

-Esta mujer ha maltratado a la secretaria personal del señor Wilson, no sabe tratar a los clientes, sino quieres conocer la ira del señor Wilson ya sabes que hacer.

El encargado se quedó congelado al escuchar las palabras de Martín, quedó viendo a Elena y luego a la dependienta.

-Sal de mi tienda inmediatamente, te he dicho muchas veces como debes de tratar a los clientes, estas acabada, no habrá lugar en esta ciudad que te vaya a contratar.

La dependienta se lanzó a llorar, no pensó que esa mujer fuera tan importante.

-Por favor, perdone mi atención, ayúdeme a recuperar mi empleo, le prometo que no sabia quien era usted.

El encargado llamó a los de seguridad para que la sacaran, había dañado el nombre de la tienda.

-Les pido disculpa por lo sucedido, tomaremos acciones con lo sucedido, ¿en que podemos ayudarle? -le preguntó el encargado a Elena.

-El señor Martín necesita que le busque un vestuario apropiado para el trabajo, necesita al menos dos trajes de negocios para ahorita y luego requiere vestidos de diferentes ocasiones, trajes de negocios, joyas, calzado y bolsos.

Capítulo 3 Mentiras

Elena se quedó sorprendida por todo lo que Martín estaba ordenando, al menos en todo eso gastará una gran cantidad de dinero. Ella se acercó a Martín.

-Disculpe, pero yo no puedo pagar por todo eso, no tengo ahorros y para pagar todo eso deberé de pasar trabajando al menos 10 años.

-Siempre y cuando sigas trabajando con nosotros no debes preocuparte por el vestuario, la empresa asume eso como gastos de representación.

El encargado cuando escuchó el pedido de Martín fue en búsqueda de la diseñadora de imagen.

Tomaron las medidas de Elena y fueron en búsqueda de dos trajes, éstos quedaban perfectos a la medida de ella.

Tras coordinar todo, Martín llevó a Elena a un salón de belleza, aquí inmediatamente al ver a Martín lo trataron con respeto.

-Quiero que arreglen el cabello de esta chica, además memoricen bien su rostro.

Todos quedaron viendo a Elena, cuando Martín traía a alguien era porque trabajaría directamente con el señor Wilson.

Elena fue atendida por el mejor estilista del salón. Martín dió unas instrucciones al encargado y luego se retiró. Elena nunca había sido atendida con tanta atención, los salones que ella visitaba eran la casa de su amiga.

Tras dos horas de estar ahí se sorprendió del resultado, era muy diferente a lo que antes se había hecho.

Un chófer entra al salón y se acerca a Elena.

-Debemos irnos, el señor Wilson la espera antes de su regreso a la oficina.

Elena quedó viendo el reloj, marcaba las doce del medio día. Había perdido toda la mañana y aún no ha almorzado.

La llevaron a la empresa y al entrar fue recibida como si fuera una celebridad. Todos se mostraban muy amables con ella, pensaban que era alguna actriz que venía a conquistar al dios griego Ronald Wilson.

Al llegar a su escritorio ella toma asiento y enciende su computadora, pero Martín se acerca a ella.

-Es hora de almuerzo, ve al comedor en el tercer piso, usa este pase temporal, pronto recibirás tu carnet, tienes que estar aquí a las doce con cincuenta, habitualmente debes de traer un café, pero hoy no vendrá temprano.

Elena bajó al tercer piso, se encontraba una gran cantidad de empleados, algunos estaban haciendo fila mientras llegaba su turno.

Alguien del personal de cocina fue directo a Elena.

-Disculpe, está área no es para visitas, solo el personal del grupo.

-No soy visitante, soy la nueva secretaria del señor Wilson, este es mi pase temporal.

La mujer quedó viendo a Elena, su porte realmente demostraba que trabajaba en un cargo superior, pero efectivamente su pase era de presidencia.

-No es necesario que hagas fila, ven.

La mujer llevó a Elena hacía otra parte del comedor, aquí comúnmente comían los cargos superiores y eran atendidos por meseros.

-Toma asiento, le muestras esto al mesero y el tomará tu pedido.

La mujer se retiró y envío a un mesero.

-Me muestra su pase por favor.

Elena mostró nuevamente su pase y fue escaneado, verificando su autenticidad.

El mesero levantó el pedido de Elena, pero estaba preocupada de que no pudiera pagar el almuerzo. Cuando él mesero llegó a dejarle la comida Elena preguntó con disimuló:

-¿Esto no los descuentan o se paga en efectivo?

-Ninguna de las dos, el servicio de comida es asumido por la empresa, lo único que no puede hacer es sacar comida de la empresa.

Elena se quedó sorprendida al escuchar eso, efectivamente este lugar era muy diferente a otros lugares a los que ella aspiró.

Cuando regresó a su escritorio al fin empezó a revisar sus asignaciónes, pero el ascensor se abrió y salió su jefe.

Ronald quedó viendo a su secretaria que era muy diferente.

-Buenas tardes señor Wilson, pensé que vendría más tarde, no tengo listo su café.

-Olvidate de eso, recoge tus cosas.

Elena se quedó quieta al escuchar esa frase, apenas tenía medio día y ya la estaban despidiendo, gastaron en trajes, salones para nada.

-Apúrate, no tenemos todo el día, debemos realizar varias gestiones.

-¿No me está despidiendo? -preguntó Elena.

El rostro de Ronald se torno frío, cualquiera que estuviera cerca sentiría que esa pregunta le ha incomodado.

-¿En qué momento te he dicho que estás despedida?

Elena prefirió no responder y tomó sus cosas.

En el auto.

Todo estaba muy callado, Elena desconocía hacía donde se dirigían, pero cuando el auto iba avanzando, otro vehículo pega en el costado izquierdo del auto de Ronald, en el costado que iba Elena.

El cuerpo de Elena salió empujado hacía Ronald y calló encima de él.

Estuvieron algunos segundos muy pegados, cuando Elena se percató que había ocupado el cuerpo de su jefe como amortiguador, su rostro estaba a excasos centímetros que al de él.

Ronald pudo sentir su aroma y nuevamente sentía algo familiar, ese aroma era tan embriagante y lo había sentido anteriormente.

-Lo siento -dijo Elena y se quitó de encima de su jefe.

El chófer salió a discutir con él conductor, pero este venía ebrio.

Ronald sacó su teléfono y llamó a Martín.

-Envia otro auto.

Aunque Martín no supiera dónde estaba su jefe, tenía que seguir sus instrucciones.

-¿Cómo se llama el perfume que usas?

-Yo... yo no uso perfume, ¿es mi olor desagradable?

-No he dicho eso -Ronald esperaba que vinieran pronto por ellos.

El chófer estaba resolviendo el asunto del choque, el auto en que viajaban era un Rolls Royce Phanthom Personalizado, la reparación no saldría nada barata.

El otro vehículo que llegó fue un Rolls Royce Amethyst Droptail. El chófer se bajó y Ronald subió en el asiento del conductor. Elena se sentía un poco incómoda al ir en el asiento del copiloto, pero el vehículo no tenía más asientos.

Elena pensaba que Ronald no conducía sus propios coches, pero al parecer se equivocó, ya que en cuanto arranco el coche aceleró a gran velocidad. Elena estaba preocupada de que tuvieran otro accidente.

-Señor Wilson, ¿no va demasiado rápido? -preguntó Elena.

No hubo respuesta de parte de Ronald, en cambio el vehículo aceleró más, en pocos minutos llegaron hasta su destino.

-¿Tienes miedo? -preguntó Ronald a Elena.

Ella realmente si tenía miedo, pero negó a su jefe.

Entraron a un edificio, Ronald no se anuncio en la recepción y simplemente fue directo a un ascensor privado, todos los que le veían se apartaban.

Llegaron al piso treinta y uno, la secretaria simplemente se acercó a la puerta de la presidencia y abrió la puerta.

-Señor Wilson, sea usted bienvenido.

-Se directo, ¿firmaras el acuerdo de cooperación o no?

-Yo... Firmaré el acuerdo -el hombre en frente simplemente agachó la cabeza, tomó una pluma y firmó el acuerdo, pero este acuerdo le cedió a Ronald el 40% de la compañía. La empresa estaba en ruinas y Ronald invertirá una gran cantidad de dinero.

Ronald y Elena salieron de esa oficina y se dirigieron de nuevo al ascensor.

Cuando ya estaban adentro Ronald presionó el botón de pausa.

-Señor Ronald, ¿Sucede algo?

-¿Me has estado mintiendo? -preguntó Ronald acercándose a Elena, llegando a estar a escasos centímetros de ella.

-No se a que se refiere señor Ronald.

-Ese olor, esos labios, se que ya los he visto antes, dime, ¿dónde nos hemos visto?

-Señor, yo... yo nunca he estado con ningún hombre, tal vez se está equivocando.

Elena no confesaría que su primera vez estuvo con un hombre y sin poder controlarse, además de que no recordaba nada de ese incidente.

Ronald acercó su rostro al rostro de Elena y suspiro. El olor era muy familiar, pero si no ha estado con él ¿cómo es que ese olor lo embriaga con facilidad?

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