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Pobre pero multimillonaria

Pobre pero multimillonaria

Autor: : CANDE MANOS
Género: Moderno
Todos se sorprendieron cuando estalló la noticia del compromiso de Rupert Benton. Fue sorprendente porque se decía que la novia afortunada era una chica normal, que creció en el campo y no tenía nada a su nombre. Una noche, ella apareció en un banquete, lo cual causó una sensación a todos los presentes. "¡Cielos, ella es tan hermosa!". Todos los hombres babeaban y las mujeres se pusieron celosas. Lo que no sabían era que esta supuesta pueblerina era en realidad una heredera de una fortuna de mil millones de dólares. No pasó mucho tiempo antes de que sus secretos salieran a la luz uno tras otro. Las élites no podían dejar de hablar de ella. "¡Dios mío! Entonces, ¿su padre es el hombre más rico del mundo?". "¡También es esa excelente pero misteriosa diseñadora que mucha gente adora! ¿Quién lo hubiera adivinado?". Sin embargo, un montón de gente no creía que Rupert pudiera enamorarse de ella. Pero les cayó otra bomba. Rupert silenció a todos los detractores emitiendo un comunicado. "Estoy muy enamorado de mi hermosa prometida. Nos casaremos pronto". Dos preguntas estaban en la mente de todos: "¿Por qué la chica ha ocultado su identidad? Y ¿por qué Rupert estaba enamorado de ella de repente?".

Capítulo 1 La familia Benton

Una mujer con camiseta blanca y jeans salió con una maleta de la estación de tren de Douburgh.

Su delicado rostro enrojeció ligeramente bajo la luz del sol, momento en el que se colocó un mechón rizado detrás de las orejas. Era una mujer de ojos brillantes, nariz delgada y labios color cereza que contaba con una belleza natural.

"¡Hola! Es usted Annabel Hewitt, ¿verdad? Soy el chófer enviado por la familia Benton".

Annabel asintió antes de seguirlo hasta el auto sin más, pues estaba agotada.

Durante el trayecto, el hombre lanzó miradas furtivas a la mujer, quien cerró los ojos mientras descansaba en el asiento trasero.

Esta era la prometida de Rupert Benton.

El soltero más codiciado de la ciudad tenía solo veintiún años y ya era el CEO del Grupo Benton, lo cual le hacía destacar entre sus iguales. Además, era una persona vigorosa, ingeniosa y sensata, lo que provocaba que mucha gente del mundo de los negocios le tuviese miedo.

Su abuelo, Bruce Benton, fue quien se encargó de buscarle una esposa, y eligió a Annabel, una chica de campo.

Con las manos en el volante, el chófer echó otro vistazo al rostro inocente de la joven y chasqueó la lengua, imaginando lo mal que lo pasaría como miembro de la familia Benton.

Annabel abrió lentamente los ojos y observó la extraña ciudad con una expresión tranquila.

Muy pronto, el automóvil llegó a la residencia de la familia Benton, y el chófer se encargó de su equipaje.

Annabel apenas puso un pie dentro de la casa cuando apareció una mujer bien vestida que la examinó de pies a cabeza con una mirada de absoluto desdén.

"¡Tracy!".

"Sí, señora Benton".

Nada más recibir la señal, Tracy comenzó a rociar el desinfectante sobre Annabel.

La elegante mujer era Erica Benton, madre de Rupert. "Sus zapatos y cabello", ordenó con las manos apoyadas en su cintura. "Rocíalos también".

El rostro y cuerpo de Annabel quedaron cubiertos con gotas de desinfectante, y el fuerte olor hizo que le picase un poco la nariz. "¿Pero a ti qué te pasa?", le espetó con frialdad.

Erica casi enloqueció.

"Sabía que eras una chica de campo, pero esperaba un mínimo de modales. Está claro que eres la típica mujer grosera y malhablada que crían por allí. Hago esto porque no quiero que traigas ningún virus o bacteria a esta casa. ¿Acaso pretendes infectarnos con alguna de sus enfermedades?".

Annabel no era de la clase de mujer que aguantan mierdas de nadie, y se habría largado en ese mismo instante si no hubiese hecho un trato con su abuelo.

"¡Pues rocíate un poco en tu apestosa boca!".

Acto seguido, Annabel empujó a la sirvienta a un lado y entró.

"Serás... Yo...". Erica señaló en su dirección con mano temblorosa mientras Tracy trataba de calmarla.

En la sala de estar, una joven que parecía ser de su misma edad estaba sentada en el sofá. Vestía ropa de marca, llevaba maquillaje brillante y mostraba una expresión mucho más condescendiente que la de Erica. Se trataba de la prima de Rupert, Cathy Benton.

"¿Tú eres Annabel Hewitt, la prometida de Rupert?". Cathy entornó los ojos cuando vio su forma de vestir. "Dios, el abuelo tiene el gusto en el culo. Me parece increíble que haya elegido a alguien como tú. ¿Es cierto que viniste en tren? Si nos hubieras dicho que eras tan pobre, te habríamos comprado un boleto de avión. Espera, en el campo no tienen aeropuerto, ¿verdad?".

Annabel miró a Cathy con una ceja levantada.

Se preguntó si todos los miembros de la familia eran tan arrogantes.

Era cierto que no había ningún aeropuerto de donde venía, pero su abuelo había reservado un tren de alta velocidad a Douburgh solo para ella. Ninguno tenía ni idea de que ella viajaba tan lujosamente como alguien que volaba en primera clase.

Además, podría haber volado en jet privado si hubiese querido.

Aunque podía aclararlo todo en ese mismo momento, se limitó a subir las escaleras.

Cathy la siguió enojada, pues no estaba acostumbrada a ser ignorada.

"¿Cuál es mi habitación?", le preguntó a una criada.

"¡Es esta!", intervino Cathy, señalando una puerta en el pasillo antes de que la criada pudiese responder.

"Nunca has visto una habitación tan grande en tu vida, ¿verdad?", añadió con condescendencia tras empujar la puerta. "Deberías darnos las gracias por acogerte en nuestra familia. Yo soy la prima de Rupert, Cathy, y más vale que me...".

Annabel entró en la habitación y le cerró la puerta en la cara, lo cual solo hizo enojar aún más a la joven.

"¡Ah! ¿Cómo se atreve esa desgraciada a tratarme así? ¿En qué demonios estaba pensando el abuelo?".

"Señorita, ¿no es esta la habitación del señor Benton?", preguntó la criada tras acercarse con cautela.

Cathy lanzó una mirada de disgusto a la puerta.

"¡Calla! No digas nada. Rupert odia que la gente invada su espacio. Cuando se entere de que ella está aquí, dile que fue ella quien insistió en hacerlo".

Los ojos de Cathy brillaron con picardía.

Capítulo 2 Un abrazo que duró toda la noche

Annabel no se dio cuenta de que esa habitación le pertenecía a otra persona; cuando vio que en el baño únicamente había productos para hombres, supuso que los Benton solo estaban tratando de ponerla nerviosa.

"¡Jamás creí que realmente existiera una familia así!", murmuró sarcásticamente mientras caminaba hacia la ducha.

Solo tenía que soportar esto durante tres meses; ella hizo una apuesta con su abuelo, y si aún no sentía nada por Rupert después de permanecer en esa residencia durante tres meses, su matrimonio sería cancelado.

Una sirvienta le llevó la cena una vez que Annabel salió del baño; ella comió los alimentos y se quedó dormida casi de inmediato.

Ya era medianoche cuando Rupert finalmente regresó a casa después de tener una cena de negocios.

Él sabía que Annabel llegaría ese día; Bruce le pidió que fuera a recogerla, pero se negó con el pretexto de que tenía muchas cosas que hacer en el trabajo.

A decir verdad, no tenía ningún interés en su prometida; para Rupert, el compromiso tarde o temprano sería cancelado.

El hombre estaba agotado, pero de alguna manera se las arregló para tomar una ducha e irse directo a la cama.

Como estaba muy borracho, no se dio cuenta de que había alguien más en su habitación, o así fue hasta que se acostó en la cama; el gran bulto debajo de las sábanas lo sobresaltó tanto que no pudo evitar alejarse abruptamente. La habitación estaba tenuemente iluminada, por lo que él no podía ver con claridad el rostro de la mujer. Antes de que pudiera ordenar la tormenta de ideas en su mente, ella se dio la vuelta y murmuró mientras lo abrazaba: "Teddy, no seas travieso. Ya deberías dormirte".

Estas palabras dejaron a Rupert completamente paralizado.

Esta mujer tenía un aroma muy familiar, igual al de la chica de aquella vez... Era un olor tan hipnotizante, que él sintió la necesidad de presionar la nariz contra su cuello. Por alguna razón, el hombre le devolvió el gesto y se quedó dormido entre los brazos de Annabel.

Extrañamente, a pesar de sufrir de insomnio, el hombre no se despertó en ningún momento durante toda la noche; durmió como un bebé bien alimentado.

Esa noche tuvo un sueño relacionado con las cosas que le sucedieron diez años atrás. En medio de una habitación oscura, una chica lo abrazó con fuerza y le dijo con voz dulce: "No tengas miedo. Nada ni nadie te lastimará. Yo te protegeré".

Más adelante, dentro del mismo sueño, volvió a encontrarse con esa chica; se sintió demasiado real.

Al día siguiente, Cathy se despertó a primera hora de la mañana. Ella esperaba ansiosa la noticia de que Annabel había sido expulsada de la habitación después de que Rupert regresara a casa, pero la criada le dijo que nada de eso sucedió.

¿Por qué las cosas no se desarrollaron de la manera que esperaba? ¿Acaso Rupert no volvió a casa anoche? Pero su auto estaba aparcado en el garaje.

Dicho hombre odiaba que alguien invadiera su espacio personal; era imposible que estuviera dispuesto a compartir la cama con una desconocida.

Consumida por la curiosidad y la incertidumbre, Cathy fue a la alcoba de Rupert y llamó a la puerta: "¿Hola? El desayuno esta listo. ¿No tienes una reunión esta mañana? ¡Ya es hora de levantarse!".

El ruido despertó al mismo tiempo a las dos personas que dormían profundamente. Annabel de inmediato sintió el calor de otra persona; su cabeza no estaba sobre una almohada, sino sobre un pecho firme.

Cuando miró hacia arriba, se encontró con los penetrantes ojos de un hombre; esto la hizo incorporarse de inmediato y la dejó completamente despierta.

"¿Quién eres?". Los ojos de Rupert se tornaron sombríos cuando le respondió con otra pregunta: "¿Annabel Hewitt?".

Dado que el individuo sabía su nombre, la mujer supuso que se trataba de Rupert, su prometido. Pero ¿por qué él estaba en su habitación?

Estaba a punto de interrogarlo nuevamente cuando Rupert pronunció: "Viniste a mi habitación y dormiste en mi cama en tu primer día en esta casa. ¡Debo decir que eres realmente atrevida!".

"¿Qué?", Annabel se veía bastante confundida. ¿Él acababa de decir que esa era su cama? ¿Cómo era eso posible?

¿Por qué todos los miembros de esta familia estaban locos y eran problemáticos?

"¡Oh, Dios mío!", exclamó ella mientras pensaba en todos esos productos para hombre que vio ayer en el baño. Al parecer Cathy le había tendido una trampa.

Annabel se levantó a toda prisa de la cama y le respondió mientras lo miraba con frialdad: "Para que te quede claro, no tenía la intención de dormir aquí. Cathy me dijo que esta era mi habitación. No te ofendas, pero no estoy interesada en ti de ninguna manera. Ahora que lo pienso, anoche me fui a dormir sola, no había nadie más en la cama. ¿No te diste cuenta de que alguien más estaba durmiendo aquí cuando regresaste? ¿Y por qué me abrazaste toda la noche? ¿No me digas que te enamoraste de mí en cuanto me viste?".

Una pizca de vergüenza nubló el rostro de Rupert cuando escuchó estas palabras; no podía negar que la había tenido entre sus brazos toda la noche.

Por lo que había sucedido anoche, el hombre se quedó atónito cuando se encontró con los ojos de Annabel; sus hermosos ojos eran como los de esa chica de aquella vez.

Annabel lo miró con una sonrisa y espetó:

"¿Qué? ¿Por qué me miras así? ¿Ahora estás obsesionado conmigo?".

Tras lograr volver en sí, el rostro de Rupert volvió a tornarse sombrío y le ordenó con frialdad: "¡Largo de aquí! ¡Y nunca más vuelvas a entrar a esta habitación!".

Annabel solo hizo una mueca y posteriormente se marchó con sus pertenencias sin siquiera dudarlo.

A pesar de ser su primer encuentro, desde ahí ambos se enemistaron.

Cathy, quien seguía del otro lado de la puerta, se sorprendió al ver salir a la mujer.

Forzando una sonrisa, Annabel le dijo: "¡Buenos días! Tal como querías, tu primo me tuvo entre sus brazos y durmió conmigo toda la noche. De hecho, nos llevamos bastante bien. Deberías estar feliz por eso".

"¡No digas tonterías!". El rostro de Cathy se puso rojo de la rabia; ella se negaba a creerlo.

En su opinión, no había forma de que a Rupert le agradara Annabel, y ni hablar de tenerla entre sus brazos durante horas.

Sim embargo, todo apuntaba a que habían dormido juntos durante toda la noche.

Capítulo 3 Nueva secretaria

Annabel se apartó con una sonrisa falsa.

Cathy perdió el control. "¡Tú, pueblerina! ¡Alto ahí! No he terminado de hablar. ¡Déjame decirte que Rupert nunca se casará contigo!".

En ese momento, él salió de la habitación.

"Emm... Rupert...", tartamudeó Cathy mientras retrocedía con miedo.

El hombre tenía el rostro oscurecido. Era obvio que estaba enojado, por lo que ella no se atrevía a decir nada más.

Annabel le pidió a una criada que la llevara a su habitación, desempacó sus pertenencias y luego bajó a desayunar.

Erica, Cathy y Rupert ya estaban en la mesa del comedor.

En cuanto Annabel se sentó, Erica empezó a criticarla. "¿No te enseñaron modales? No solo te levantaste tarde, sino que tampoco te tomaste la molestia de preparar el desayuno. ¿Crees que ya eres la dueña de esta casa?".

Annabel se volvió hacia ella. "No soy una sirvienta", contestó rotundamente.

No pensaba prepararle el desayuno a esa familia.

Aunque Rupert permanecía callado durante la discusión, era evidente que tampoco le gustaba Annabel.

El ambiente era tan tenso que la mayor parte del tiempo comieron en silencio. Después del desayuno, Erica le entregó una tarjeta bancaria a Annabel.

"Aquí hay unos cinco mil dólares. Cómprate ropa decente antes de que vayas a la empresa. Recuerda que debes portarte bien. No le causes ningún problema a Rupert".

Para que la relación de ambos mejorara, Bruce propuso que Annabel trabajara en la empresa como secretaria de Rupert. Leonard Hewitt, el abuelo de Annabel, estuvo de acuerdo inmediatamente. Ella tampoco se negó, ya que solo sería temporal.

No pensaba que su nuevo empleo fuera para tanto, ¡pero sí su tarjeta bancaria! Era evidente que Erica la menospreciaba. "Gracias, pero no", respondió con sarcasmo.

No creía que hubiera nada de malo con su ropa, pues había sido confeccionada especialmente para ella. Por eso los Benton pensaban que no era ropa de diseñador. Sin esperar a que Erica o alguna otra persona respondiera, subió las escaleras para alistarse e irse a trabajar.

Acababa de entrar a su habitación cuando sonó su teléfono. Era una notificación del banco. Cincuenta millones de dólares habían sido transferidos a su cuenta.

Luego, recibió un mensaje de texto de Leonard.

"Querida, espero que te estén tratando bien. Transferí dinero a tu cuenta para que compres lo que quieras. No olvides informarme si alguien te intimida. Te amo".

"No soy feliz aquí, abuelo", respondió ella sonriendo. "Me están intimidando y no es gracioso".

"Me alegra", respondió Leonard casi de inmediato. "Bueno, ahora me iré a pescar. Hablamos más tarde".

Annabel no podía creerlo.

Con un suspiro, se puso un traje profesional y salió de la casa. El conductor le abrió la puerta; y en cuanto se subió al auto, descubrió que Rupert también estaba adentro.

"¿No dijiste que no estabas interesada en mí? ¿Por qué aceptaste trabajar como mi secretaria?". Su encantadora voz sonaba irónica. También había una sonrisa en las comisuras de sus labios.

"No te hagas ideas ridículas solo porque acepté. Le prometí a mi abuelo que me quedaría durante tres meses. Una vez que expire el plazo, anularemos el compromiso", respondió Annabel con una mirada indiferente.

"¿Eh?", murmuró Rupert burlonamente. "¿No te preocupa enamorarte de mí en los próximos tres meses? Apuesto a que no querrás irte".

Annabel lanzó una risa.

"¡Qué gracioso, Rupert! Claramente tienes un ego muy grande. Para tu información, yo jamás me enamoraré de ti. Bájate del pony".

Annabel sabía que él era guapo, pero no le importaba. Tenía ese carácter repulsivo que ella odiaba en los hombres.

Rupert puso una cara larga.

¿Jamás se enamoraría de él?

"Ya lo veremos, Annabel. ¡No olvides lo que acabas de decir!".

Pensaba que ella se estaba haciendo la difícil. ¿Por qué venía a su casa si no sentía nada por él ni quería ser su esposa?

"Está bien, lo tendré en cuenta", coincidió Annabel con una sonrisa. "No te preocupes, en tres meses, nos iremos por caminos separados. Por cierto, en la empresa, tenemos que fingir que no nos conocemos. No quiero dramas innecesarios".

Rupert se mantuvo callado.

Sin embargo, Annabel no sabía que sería imposible evitar el drama en el trabajo. La noticia del compromiso de Rupert ya se había extendido como pólvora. Todos sabían que su prometida venía del campo.

Los empleados del Grupo Benton estaban en una acalorada discusión.

"Chicos, ¿han escuchado la última noticia? La prometida del señor Benton trabajará aquí. ¡Será su secretaria!".

"¡Oh, Dios mío! Escuché que es fea y que viene del campo. Como es pobre, debe haber estudiado en una mala universidad. ¿Podrá siquiera entender los documentos?".

"¡Ja, ja! ¡Repite eso! Yo creo que ni siquiera podrá operar una computadora".

Pero los chismosos se callaron en cuanto llegó Rupert con Annabel. Todos se quedaron boquiabiertos mientras los observaban.

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