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Por siempre Noviembre

Por siempre Noviembre

Autor: : Lu Fabiano
Género: Romance
No lo esperaba, quizás estaba escrito en mi destino que me tenía que cruzar con él. Este hombre era arrogante, seguro de sí mismo, intimidante, atractivo cruel y frio... Todo lo opuesto a mí. ¿Por qué tenía que conocerle? ¿Por qué yo?

Capítulo 1 I

Es noviembre, el día esta frío y nublado con una ligera llovizna, se puede sentir la melancolía en el aire, pero eso no va a impedir que salga a divertirme con mi amigo Leo.

Saliendo del Tecnológico, fui directo a mi casa, me metí a bañar, me vestí, me empecé a arreglar cuando sonó mi celular.

– ¿Diga? – Dije al tomar la llamada.

– Ana Laura soy Leo, no te escucho bien. Amiga ¿Tú me escuchas? – Hablaba mi amigo del otro lado de la línea.

– Si, te escucho, ¿Oye cuál es el plan para ésta noche? Ya casi estoy lista – Manifesté emocionada.

– Ana Laura, para eso te llamaba. Se canceló el plan, llegó mi tía de visita – Dijo mi amigo apenado.

– No es justo. Ya habíamos quedado Leo – Respondí muy triste.

– Lo sé amiga, pero podemos reprogramarlo. Por no salir hoy no será el fin del mundo. Además aparte de hoy ¿Cuándo te he quedado mal?

– Nunca Leo y sí podemos reprogramarlo. Pero yo no me arreglé en vano, para quedarme en casa hoy por la noche, con el trabajo que me costó que me dieran permiso.

–Ana Laura... Espérame. No cuelgues por favor.

Esperé en la línea y después de un rato Leo, retomó la llamada y me dijo:

– Ya, listo. Irá mí jefe en mi lugar, así no es en vano tu arreglo y sales a divertirte un rato. Siempre encuentro la solución amiga mía. Yo arruiné tu noche, pero yo mismo ya la he arreglado – Afirmó mi amigo con suficiencia.

– No voy a salir con un viejito, amigo mío. Está bien que no me quiera quedar en casa hoy, pero sabes que no me gustan los señores grandes – Lancé una carcajada.

– No es un viejito, es alguien joven como de nuestra edad – Mi amigo seguía queriendo tapar el sol con un dedo, lo cual me hizo enojar.

– No inventes Leo. Espero que no sea una broma y de muy mal gusto. Creo que mejor me quedó vestida y alborotada a ver televisión en mi casa – Acepté con resignación.

– No es ninguna broma Ana Laura. Aquí está él conmigo, es más te lo paso – Seguía insistiendo mi amigo.

– No, no me lo pases. Sólo dime algo, ¿Cómo aceptó tu jefe salir conmigo si no me conoce? – Quise saber al menos de qué se valió mi amigo para meter a su jefe en todo esto.

– Bueno, físicamente no te conoce, pero le mostré las fotos que tomé de la fiesta de Irene – Reconoció mi amigo un poco nervioso.

– Al menos en esas fotos, no me veo mal.

– Nunca te ves mal, eres muy guapa Ana Laura.

– Gracias Leo, ¿Qué te sirvo de tomar? – Pregunté de forma sarcástica.

– Un tequila –Respondió riéndose – No pero ya en serio amiga, ve con mi jefe, no es tan mala onda.

–Está bien, pero sólo porque ya me arreglé. Dile que sí, saldré con él y espero por tú bien amigo mío que nada vaya a salir mal o quién me las pagará serás tú.

– Dice que te ve hoy a las 10 pm afuera del Tecnológico, él lleva un carro Volvo negro con placas de vehículo oficial. Además no saldrá nada mal, te lo garantizo Ana Laura.

– De acuerdo y gracias. Entonces, ahí lo espero.

– Oye, perdóname, en serio. Te prometo que después salimos, ¿va?, no quiero que sigas enojada conmigo, sabes que eres mi mejor amiga.

– No pasa nada y por supuesto que después saldremos o no te lo perdono. Espero que te vaya bien con tú tía.

– Bueno, me voy. Espero que mi jefe y tú se diviertan.

–Eso no te lo puedo garantizar, pero lo voy a intentar. Adiós Leo.

– Nos vemos, Ana Laura.

Corté la llamada y me seguí dándole los toques finales a mi arreglo, mientras pensaba en quién podría ser el jefe de Leo, pasó una hora y llegó mi amigo Manuel por mí.

– Ana Laura, vamos por unas bebidas – Me invitó mi amigo apenas abrí la puerta de mi casa.

– No puedo, tengo una cita. Sí me hubieras hablado antes, hubiera salido contigo.

– Te ves muy guapa – Aseguró Manuel mientras me miraba – El hombre con el que salgas ésta noche será muy afortunado.

– Muchas gracias, pero podemos ir por un café tengo algo de tiempo, mi cita es a las 10, en el Tecnológico – Sugerí a mi amigo.

– Bueno en ese caso vamos.

Nos fuimos en su auto un Bettle azul, muy bonito y llegamos a una cafetería en el centro de la ciudad, después de pedir nuestras bebidas buscamos una mesa para sentarnos.

– ¿Tu cita es con tu amigo Leo? – Preguntó Manuel directamente.

– No, es con otro chico.

– Pobre Leo, se ve que le gustas.

– No lo creo Leo y yo sólo somos mejores amigos. Más bien a tí te gusta alguien y no me lo has dicho.

–Ana Laura, ya sabes que me gusta Elena pero me da miedo declarármele y que me rechace. Ahora me gustas más tú – Se rio él ante su propio descaro.

– No te creo, eres un mentiroso – Reí divertida.

– Claro que es cierto. Es más hoy planeé una noche para nosotros –Puso una cara triste – Pero ya tienes planes, así que te llevaré que se te hace tarde.

– Vaya qué considerado –Me fijé en la hora sin darme cuenta de que ya se me había hecho un poco tarde – ¡Vamos!

– Pues vámonos. ¿Te dejo en el Tecnológico? – Me preguntó Manuel.

– Si por favor –Le respondí con una sonrisa.

Llegamos al Tecnológico, me despedí de mí amigo y me bajé de su auto. Miré alrededor en busca de un hombre, pero sólo había un auto negro estacionado en frente. Empecé a caminar, cuándo la ventana del auto negro se abrió y escuché una voz decir:

– ¿Ana Laura?, buenas noches.

– Hola, ¿qué tal? buenas noches – Dije sorprendida porque él sabía mi nombre pregunté – ¿Quién es usted?

– Soy el jefe de Leo –Me miró desconcertado –Sube, por favor.

– ¡Oh!, así que es usted. Mucho gusto.

Me subí a su auto y me quedé impactada, jamás había estado en un auto tan hermoso y tan lujoso, a pesar de que en mi familia había muchos de ellos, por estar mirando el auto no le presté atención a él.

– ¿Te gusta mi auto? – Me preguntó sacándome de mis pensamientos.

– Si, es muy bonito –Entonces lo miré – Disculpe, pero ¿Cuál es su nombre?

– Perdón, se me había olvidado presentarme –Me lanzó una sonrisa que me dejo sin respiración– Soy Marco Antonio.

–Mucho gusto soy Ana Laura – Dije golpeándome mentalmente –Pero tú ya sabes mi nombre.

– Si, así es. ¿Quieres ir por unos tragos? –Propuso él con esa voz seductora y varonil.

– Si claro, vamos.

Nos dirigíamos hacia nuestro destino. Yo iba mirando furtivamente todo de él. Era un hombre muy guapo con facciones muy marcadas que lo hacía ver masculino, y lo que me encantó es que desprendía un delicioso aroma que me provocaba querer retorcerme en mi asiento. Y yo que pensaba que era un viejito y no éste atractivo hombre.

Entonces como si me leyera la mente me dijo:

– Y ¿Qué fue lo que te animó a salir con un viejito Ana Laura?

– ¿Te lo dijo Leo? –Lo miré sorprendida.

–No hacía falta, te tenía en altavoz –Me miro, sonrió y volvió su vista al camino.

– Perdón – Me ruboricé –No sé porque dije eso.

– No te preocupes, quizás porque soy un jefe.

– Si por eso fue –Respondí avergonzada.

– Espero no te arrepientas de nada esta noche –Lanzó una sonrisa burlona.

– No para nada.

Llegamos a un lujoso bar al que nunca había venido, sin darme cuenta, él ya había bajado del auto y tenía la puerta abierta para qué yo saliera. Con una sonrisa me bajé del auto y el cerró la puerta y se quedó mirándome fijamente de arriba a abajo y después de soltar una carcajada me dijo:

– ¿Tus zapatos son de plumas? –Preguntó incrédulo.

– Si, ¿Están padres no? – Le sonreí con timidez.

– Están raros. Espero no haya muerto ningún ave para hacerlos – Respondió brindándome una encantadora sonrisa que dejaba ver sus dientes perfectos.

– No lo creo – Le devolví la sonrisa, él me miró por un momento y yo dejé de respirar.

– Bueno vamos – Me tomó de la mano y empezamos a caminar.

Entramos al bar, tenía una pinta de ser muy caro. Me sentí fuera de lugar, entonces lo miré y me sorprendió lo guapo que era, con su traje de vestir y sus zapatos que brillaban igual que el piso o más. Mientras que yo simplemente vestía una blusa escotada, unos Jeans y mis zapatos de plumas que tanta gracia le causaron.

Un señor se acercó a nosotros y con un movimiento de su mano nos indicó que lo siguiéramos. Nos llevó hacia el rincón donde había mesas privadas y nos indicó cual era la nuestra. Entonces cuando le iba a dar las gracias él ya se había ido y en su lugar se encontraba una delgada mujer.

– Buenas noches, soy Lorena y seré su mesera de esta noche, aquí está la carta –Nos entregó una a cada quién – En un momento vuelvo para tomar la orden.

Por más que miraba la carta no sabía que pedir. Nunca había visto nombres tan raros para una bebida. Es más nunca había tenido una carta de solo bebidas.

– ¿Ya sabes lo que vas a pedir Ana Laura? – Me preguntó él sobresaltándome.

– Aún no –Le respondí un poco apenada.

– Te recomiendo algo, claro si me lo permites –Me miró esperando mi aprobación, así que sólo asentí.

Marco Antonio hizo una señal con la mano y Lorena se acercó inmediatamente para tomarnos la orden.

–Le encargo de favor 2 Alfonso XIII – Le dijo a Lorena, sin dejar de mirarme.

– Enseguida caballero – Respondió ella, retiró las cartas y se alejó.

Me le quedé mirando extrañada, ¿un Alfonso XIII? ¿Qué diablos es eso? Pensé para mis adentros queriendo encontrar una respuesta.

Capítulo 2 II

Él me miraba divertido al notar que yo aunque no lo dijera, no tenía ni la menor idea de lo que esa bebida era. Mantuvimos ese contacto visual por unos minutos y después él se atrevió a cuestionarme.

– ¿Qué pasa Ana Laura? – Contuvo la carcajada, mientras seguía mirando mí cara – Noto cómo que te has quedado pensativa ¿Te pasa algo?

–No es nada, no te preocupes – Respondí mientras el calor se acumuló en mí ser, haciéndome que me sonrojara.

Me sentía intimidada bajo su mirada y entonces él descaradamente se empezó a reír. Yo no entendía por qué ¿Acaso se estaba burlando de mí? El solo hecho de pensar que eso era en realidad, terminó por encenderme y entonces lo confronté.

– ¿De qué te ríes? – Cuestioné un poco irritada.

– De que no sabes lo que es un Alfonso XIII Ana Laura –Me guiñó un ojo e inmediatamente me puse a la defensiva –Sigo teniendo mi toque y no me equivoqué contigo.

– ¿Equivocarte? – Me reí con los dientes apretados – No me digas, no creo que me conozcas, apenas estamos hablando.

– Tienes razón, te conocí gracias a la foto que tu amigo me mostró – Respondió en voz baja, para que solo yo lo escuchara – Pero solo necesité éste tiempo para comprenderte. Sé que bebes, pero sé que no conoces las bebidas que se sirven en lugares como estos. Tu respiración es fuerte y pausada ¬–Miró mi pecho y sonrió – Me deseas.

–Eso no es cierto –Resoplé y miré hacia otro lado.

–Estás mojada –Eso me sorprendió y lo miré a los ojos – Veo tu lucha interna, estás moviendo tus piernas y apretando tus muslos para que se vaya el dolor –No podía dejar de verlo, me tenía hipnotizada – Te ves asustada –Su voz se volvió ronca y su mirada se oscureció –Pero estas intimidada y excitada por mí.

Me sorprendió su seguridad, sí en efecto, todo lo que dijo era cierto. Me tenía intimidada y excitada como nunca, pero yo no quería que pensara que estaba desesperada.

– ¿Eso para ti es conocerme? Pues déjame decirte que lo que has dicho es erróneo –Sentencié molesta.

– No lo creo –Me lanzó una sonrisa engreída – En verdad te conozco, más allá de lo que te he dicho hasta el momento.

Fruncí el ceño, ¿Más allá? ¿A qué se refiere con eso? Pensé preguntándome ¿Cómo es que éste hombre al que apenas conocía me pudo leer tan fácilmente? Estaba a punto de decir algo cuando ví a la mesera acercarse con nuestras bebidas, así que permanecí callada.

– ¿Desean algo más? –Preguntó ella con una sonrisa.

– No, muchas gracias –Respondimos al unísono.

– Bueno, pues prueba y conoce un Alfonso XIII, Ana Laura.

–Ya lo conocía Marco Antonio.

–Sí, claro –Él buscaba mi mirada, pero yo lo evité a toda costa –Pues eso no te lo crees ni tú, salud Ana Laura –Me gustaba como pronunciaba mi nombre.

– Salud Marco Antonio.

Le di un trago a la bebida y quedé asombrada. Estaba delicioso, le di otro trago saboreándolo y dejé el vaso en la mesa. Cuando levanté la mirada, noté que él me miraba fijamente, con sus pupilas dilatadas, nunca había sentido algo similar, sentía que me quemaba, quería que me dejara de ver y al mismo tiempo que no lo hiciera. Quería que me tocara desesperadamente.

– Te daré el gusto Ana Laura – Se levantó y se acomodó a un lado de mi – No porque tú lo estés pidiendo, es porque yo quiero hacerlo.

Acarició mi rostro con sus manos, tiró de mi cabeza hacia él duro, pero sin lastimarme y me besó, su mano agarró un puñado de mi cabello asegurándose que no fuera a ningún lado que no fuera hacia él, en un exquisito movimiento, sus labios rozaban los míos con un hambre voraz, podía sentir la bebida en él, mordió mi labios forzándolos a abrirse, sentí su lengua dentro de mi boca excitándome, tuve que agarrar sus antebrazos para no irme hacía atrás. Quería que me besara más pero antes de poder devolverle el beso, él lo terminó. No sabía qué hacer, puse mis manos en mis piernas y el quitó sus manos de mí. No podía verlo a los ojos, tomé mi bebida y le di un largo trago mientras trataba de recuperar mi aliento.

– Y ¿Qué hace de su vida Ana Laura? –Me preguntó como si nada hubiera pasado, se estiró y acercó su bebida a él.

– Vivir, Marco Antonio, – Suspiré y lo miré rápidamente, él no parecía afectado por el beso.

– Dime – Demandó – ¿A qué te dedicas?

– Trabajo en una florería.

– Florista, muy interesante.

– ¿Tú a qué te dedicas? – Respondí ignorando su comentario.

– Soy periodista y algún día seré corresponsal de MVS.

– Bien por ti – Respondí pensando lo engreído que era –Aunque eso no es seguro.

– Lo es Ana Laura. Yo siempre consigo lo que me propongo y por cierto, ya es hora de retirarnos.

Se levantó para sacar unos billetes de su cartera. Después tomó mi mano y nos retiramos del lugar. Pensé que era el final de nuestra cita, pero él me sorprendió diciendo:

–Te llevaré a otro sitio, te encantará.

El valet parking llevó a la entrada del bar el auto de Marco Antonio y él me abrió la puerta para subir, yo me preguntaba, ¿A dónde iríamos?, Marco Antonio, iba callado y encendió el aire acondicionado, yo iba observando las luces de la calle y que casi no había gente a esa hora de la noche, después de un rato en el auto, Marco Antonio lo estacionó y nos bajamos. Caminamos a través de un parque pequeño, cuándo nos dimos cuenta de lo hermosa que estaba la luna esa noche, él me miraba con esos ojos que me gritaban mil cosas, me tomó de la mano, me besó, suavemente y después, me guió hacia dónde íbamos.

Llegamos a un bar, más relajado donde tocaban música en vivo, no cabía duda de que Marco Antonio, sí que era sorprendente, jamás pensé que alguien como él pudiera estar en un lugar como ese, un bar del tipo rodeo, con música norteña. Jamás encajar con él vestido así. Me dije en silencio.

Nos acercamos a la barra el pidió mezcal y yo whisky. Con nuestras bebidas en la mano buscamos una mesa donde pudiéramos estar tranquilos y donde podíamos conversar a gusto. Los músicos empezaron a tocar "Bandido" de Ana Bárbara. Me emocioné y empecé a cantar junto con ellos. Olvidando con quién estaba.

– Vaya, vaya, veo que te gusta éste ambiente. Eres una cumbianchera, Ana Laura.

– Por supuesto, me encanta Ana Bárbara.

– No cabe duda, mis gustos son extraños.

Fingí no escucharlo y tomamos las bebidas. Después de terminar nuestras bebidas se levantó y nos retiramos.

Caminamos al auto y en el camino, vimos una fuente que ambos ignoramos, cuando íbamos al bar, a la orilla de la fuente me senté y Marco Antonio me abrazó y era increíble cómo el sólo sentir su cercanía y su aroma delicioso envolviendo mis sentidos, me hacían desearlo, de una forma desmedida, en medio del abrazo, volteé al cielo, y vi las muchas estrellas y sólo pensaba, que romántico escenario, donde el único techo sobre nosotros eran las estrellas, después de unos momentos, Marco Antonio, rompió el encanto y llegamos al auto, nos subimos y nos dirigimos a otro sitio.

Ésta vez llegamos a un antro, entramos tomados de la mano y buscamos una mesa, no había muchas opciones ya que estaba lleno y terminamos en la barra.

– Mira Ana Laura, éste es más mi estilo.

– Que bien, me gusta ésta música, también.

– Y a mí me gustas tú –Me lanzó una sonrisa preciosa.

– Creo que ya estás ebrio Marco Antonio –Le devolví la sonrisa.

Después de un largo rato, nos fuimos del antro. De pronto estábamos en el estacionamiento cuando él se detuvo al instante y me jaló hacia un callejón, me alzó y me sentó en una baranda que estaba en la pared.

– Estoy más sobrio que nunca. Me atraes Ana Laura, lo digo de verdad, desde que te vi en las fotos de Leo, me impresionaste –Levantó mi cara para que lo mirara.

– Gracias, pero soy solo una mujer – Le dije un poco triste.

– Exacto, una mujer simple, que usa zapatos de plumas, una mujer desaliñada, una mujer fascinante, que es ella misma y no tiene miedo a responderme. Por eso es que me gustas.

– Marco Antonio... –Quise decir pero él puso sus dedos encima de mis labios callándome.

– Apenas te vi, me sentí extraño, solo sabía que tenía que besarte – Declaró desarmándome por completo.

Él retiró sus dedos de mis labios y se acercó a ellos mirándome a los ojos en busca de mi consentimiento, cuando vio que yo quería eso igual que él me besó, esta vez más intenso que la primera vez, abrió mis piernas de un jalón se colocó entre ellas, me tomó por la cintura, lo rodeé con mis piernas y lo jalé hacia mí, estremeciendo centímetro a centímetro de mi piel. Lo quería dentro de mí. El rompió el contacto, me bajó y empezó a caminar.

– Te llevaré a tu casa Ana Laura, ¿Por dónde vives? – Preguntó cómo si no hubiera pasado nada.

Confundida por lo que acababa de pasar lo alcancé y le respondí.

– En el centro, es de aquí. Todo en línea recta.

Él se fue conduciendo a mi casa tan rápido que me tuve que agarrar al asiento, se detuvo a unas cuadras de mi casa y empezó a besarme de nuevo, como un loco desesperado, se pasó al asiento de atrás y le seguí, me recostó en el asiento y empezó a acariciarme las piernas, sus manos empezaron a subir acariciando mi cintura, me ayudó a alzarme para quitarme la blusa, una vez fuera él dejo salir un silbido de admiración y desabrochó mi sujetador dejando al descubierto mis pechos entonces empezó a masajearlos, dejé salir un gemido. A tientas empecé a desabrochar su camisa mientras él me besaba en todas partes, pero sin dejar de masajear mis pechos, empezó a succionarme el pezón jadeé, sin querer le clavé mis uñas en su pecho y el jadeó. Se acercó más y me empezó a besar mientras su mano empezaba a desabrochar mi pantalón.

Estaba tan excitada y mojada solo quería que él me tomara y me hiciera suya. Su mano estaba dentro de mis pantalones tocando mis bragas cuando alguien tocó, los vidrios del Volvo. Nos quedamos congelados, él me dejó de besar y me miró, se abrochó la camisa, se acomodó el cabello, se pasó al asiento del piloto y se bajó del auto.

Escuché que hablaba con alguien, era la policía, yo me puse mi blusa asustada, miré por la ventana y me sorprendió al verlo hablando tranquilamente con alguien por teléfono. Después de unos minutos el oficial nos dejó ir sin decir nada, ¿Quién era ese hombre?, ¿Cómo logró evadir la ley?, y cuando quise preguntarle me di cuenta que ya estábamos enfrente de mi casa.

–Buenas noches Ana Laura. Permíteme, te abriré – Se bajó y rodeo el auto para abrir mi puerta.

– Gracias Marco Antonio – Apenas me bajé, me besó apasionadamente.

– Hasta mañana. Paso por ti a las 5 pm, vamos a ir al cine –Entonces se alejó de mi mientras decía Buenas noches, más bien madrugadas, sin querer amanecimos juntos.

– Nos vemos mañana – Sonreí, me di la vuelta, abrí la puerta de mi casa y entré.

En la sala estaba mi madre furiosa, discutimos y por primera vez, no me importó. Subí a mi recámara, a soñar con él y con qué me hacía maravillas. Pero sin dejar de pensar si él, ¿Sería un error? O ¿Sería un acierto? Estaba a punto de irlo descubriendo.

Capítulo 3 III

Mientras me desmaquillaba y me cambiaba no dejaba de pensar en todo lo que sucedió. Nunca había tenido una noche como ésta, una llena de pasión, Marco Antonio, definitivamente estaba en otro nivel. Pero no importa lo que pase más adelante, sin duda esa noche siempre la recordaría como la más loca y hermosa de mí vida.

Apagué las luces y me acosté en mi cama lista para dormir, podía sentir las manos de Marco Antonio aún en mí, sé que aunque no era una inexperta en esos temas, no sabía cómo seducir ni cómo hacer que alguien se excite, pero junto a este hombre pude sentirme atrevida y emocionada, lo que nunca había llegado a sentir con mis anteriores conquistas. Pensándolo bien no sabía nada de él, ni siquiera sus apellidos, ni su edad. Sólo sé que es jefe de Leo. Pero no me importa, le deseo más de lo que jamás había deseado a nadie.

Bien, dejemos de pensar en cosas y vayamos a dormir, me dije a mi misma. De pronto mi celular sonó, era un mensaje de texto.

"Buenas madrugadas Ana Laura, ojalá que te la hayas pasado bien conmigo como yo me la pasé contigo, espero que ésta no sea la última vez, si no nuestra primera de muchas veces, te veo en unas horas. Te envió un beso. Marco Antonio".

Quise responderle, pero preferí no hacerlo, ¿Acaso Leo le había dado el número de mi celular?, traté de no pensar más en eso y me dormí.

Ese día más tarde, en la mañana estaba bajando las escaleras sabiendo que me esperaba la segunda parte de la discusión con mi madre, pero no le daría motivos para que siguiera molesta, llegué al comedor y todos estaban sentados esperando por el desayuno.

– Buenos días – Saludé a mi familia con una sonrisa.

– Buenos días – Respondieron mi papá y mis hermanas.

– No son buenos – Mi mamá tomó asiento y todos empezaron a desayunar – ¿Qué te da derecho a llegar en la madrugada? Te llamé muchas veces, no tuviste ni la decencia de responder, estaba preocupada. En ésta casa hay reglas y más te vale respetarlas, no volverás a comportarte así Ana Laura, te lo prohíbo – Me lanzó una mirada retadora, la cual por supuesto iba a ignorar.

– Vale mamá. Perdóname ¿sí? – Le pedí con una cara triste.

– Disculpa aceptada – Suspiró – Pero lo lamento, pero no saldrás por lo que queda de la semana.

– Pero, mamá ya hice planes con un amigo –Rebatí indignada.

– Lo siento. Tendrás que cancelarlos – Miró a ver a los demás, como si se estuviera dando cuenta que estaban aquí y cambió el tema de conversación.

Terminé mi desayuno, llevé mis trastes a la cocina y me subí a mi recámara. No podía cancelarle, no podía dejarlo plantado, pero lastimosamente en mi casa vivíamos en un matriarcado así que si desobedecía a mi madre tal vez me dejaría un mes sin salir. Lo único que me quedaba era no ir y cancelarle. Solo de pensarlo me enfurecía, pero no tenía de otra. Tomé mi teléfono y le mandé un mensaje a Marco Antonio.

"Buenos días. Perdón, pero hoy no puedo salir contigo. Mi madre anda un poco enojada."

Su respuesta fue inmediata.

"¿Qué pasó?"

"Llegué muy tarde a casa. Eso pasó" –Escribí esa respuesta.

"No te preocupes. Yo lo arreglo. Paso por ti a las 5." –Finalizó él ignorando por completo lo que acababa de decirle.

¿Arreglarlo? ¿Cómo se suponía que lo iba a arreglar? Seguro que apenas llegara a la puerta de mi casa mi madre no dejaría que hable y le dirá que no saldré por ningún motivo y que se vaya. Y en ese momento él no querrá verme más.

Bajé a la sala y me puse a hacer los deberes de la casa, luego subí a mi recámara y continué haciendo mi tarea. Cuando terminé bajé a la sala para ver que hacía mi madre, pero ella aún seguía molesta, no importa cuánto le hablara ella siempre me ignoraba. Y lo peor es que sólo estábamos ella y yo, porque mis hermanas se fueron con mi papá a no sé dónde.

Volví a subir mi recámara. A las 4, me metí a bañar, cuando terminé me puse mi bata y me acerqué a mi armario, me puse un vestido corte A de color negro, tacones decorados con flores. Me dejé el cabello suelto colocando un broche con forma de moño, me rocié un poco de mi perfume favorito (360 grados de Perry Ellis) Y con un poco de maquillaje, sin exagerar, terminé.

Mi hermana Katy entró a mi recámara dándome una sonrisa cómplice.

– ¿Acaso mamá no te ha castigado?, ¿Para qué te arreglaste? ¿Acaso te vas a escapar? –Cuestionó mi hermana preocupada.

– Katy, ya lo sé y no te preocupes que no me pienso escapar, simplemente espero que mamá cambie de opinión – Respondí con algo de esperanza.

– Lo dudo – Katy se rió – Mamá es difícil y lo sabes, Ana Laura.

El timbre de la casa sonó y mi corazón empezó a latir muy rápido cuando me di cuenta de que faltaban 5 minutos para las 5, sin duda era él.

No tenía idea de si bajar o quedarme, Katy no lo pensó dos veces y bajó a ver quién era él que había venido. Salí de mi recámara y me dirigí a las escaleras. Pero no tenía ninguna intención de salir al próximo campo de batalla.

– Buenas tardes, mucho gusto – Él le tendió la mano a mi madre y luego a mi padre – Soy Marco Antonio.

– Mucho gusto – Contestó mamá – ¿Qué se le ofrece?

– Vine a pedirles perdón – Él se inclinó haciendo una reverencia– Por haber traído tarde a Ana Laura, el día de ayer, fue mi culpa.

– Querrás decir el día de hoy – Contraatacó mi mamá.

– Sí y lo siento. Lo que pasó es que nos detuvo la policía por que se me fundió un foco del auto y yo no me había percatado de eso – Tenía una cara triste – Entonces traté de solucionarlo rápido, pero me tomó más tiempo del que creí. Ana Laura me había dicho la hora que tenía que estar en su casa, y aun estábamos como a 15 minutos en auto, así que ella me dijo que iba a caminar hacia su casa, pero no la dejé. Le dije que de todos modos iba a llegar tarde y era mejor esperarse unos minutos más y que llegara a salvo. Pero no sabía que eso le iba a traer problemas a ella.

Si no hubiera estado con él esa noche le hubiese creído todo. Al mirar a mi mamá sabía que le había creído, porque a veces se me ocurren ideas un poco locas.

– Está bien. Te acepto tus disculpas – Suspiró mi madre –Aun así Ana Laura no puede salir.

– Cariño, ella no tuvo la culpa – Intervino mi papá defendiéndome – Te acaban de decir que ella no tenía más remedio que esperar. No seas tan dura con ella Leticia.

– Sí, miré – Marco Antonio sacó una tarjeta de su cartera y se la entregó a mi mamá – Aquí tiene mis datos, en donde trabajo y mi número de teléfono. Si no puede contactar a su hija, usted puede contactarme. Pero no tiene por qué preocuparse yo cuidaré a su hija y la traeré a la hora que ustedes me digan.

Mamá se sorprendió, nunca le habían dado una tarjeta de presentación. Entonces vi su cara antes de que ella dijera algo. Así que tomé mi bolsa, mi celular y mis llaves.

– Por favor no más tarde de las 11:30 –Sentenció mi madre.

– Perfecto. A esa hora la tiene aquí – Accedió Marco Antonio.

Katy, subió por mí y me hizo una señal, para qué bajara. Por supuesto mi hermana ya sabía de sobra que yo, estaba más lista que nada para salir.

– Hola Ana Laura – Él sonrió apenas me vio y no pude evitar sonreír de vuelta.

– Hola Marco Antonio – Miré a ver a mis padres.

– No lleguen tarde – Dijo mi mamá y se fue a la cocina seguida por mi padre.

– Hasta luego y gracias, con permiso – Respondió Marco Antonio.

Salimos de mi casa y Marco Antonio se adelantó para abrirme la puerta del auto, cuando llegué a él me robó un beso y me guió hacia dentro, nos dirigíamos al cine y Marco Antonio, tomó mi mano todo el camino, sin decir palabra.

Llegamos al cine, había mucha gente mientras esperamos por nuestra función nos dirigimos a la dulcería del cine. Me quedé haciendo fila para entrar a la sala mientras él iba a pedir nuestras bebidas y palomitas.

Él nunca me decepcionaría. Estaba guapísimo con sus jeans y su camisa gris sin duda él parecía un modelo. Atrás de mí están 4 mujeres que se comían con la mirada a Marco Antonio, mientras hablan acerca de que tan sexy es. Fingí no escucharlas, mientras avanzaba la fila.

– Te ves hermosa – Dijo él desviando mi atención – Sólo cambiaría tus zapatos.

– ¿Por qué? – Respondí con una sonrisa mientras él se colocó a mi lado – Éstos zapatos no son de plumas.

– Te compraré unos – Me dijo con una sonrisa y me robó un tierno beso.

La fila avanzó y por fin entramos a la sala. Cuando la película terminó, empezó a sonar una canción romántica "Amante del Amor de Luis Miguel". Marco Antonio, me tomó de la mano y me miró a los ojos justo antes de preguntarme algo.

– ¿Ana Laura, quieres ser mi novia? – Enseguida besó mi mano.

– Sí, sí quiero – Respondí emocionada y él me besó.

Eran apenas las 7:30 pm cuando llegamos al departamento de Marco Antonio. Entramos me hizo sentarme en el sofá mientras él iba a buscar algo en la cocina.

Su departamento estaba bien ordenado y tenía pocas fotos de él en su sala. Marco Antonio, salió de la cocina con una botella de vino y dos copas en una mano y en la otra con un plato de fresas. Los colocó en la mesita de centro y sirvió el vino. Me puse de pie y tomé la copa que me estaba ofreciendo.

– Brindemos Ana Laura – Él levantó su copa hacia mí sonriendo.

– Salud Marco Antonio, por nosotros – Choque mi copa con la de él.

– Salud, hermosa – Respondió.

Cuando terminó su vino, se me acercó, me quitó mi copa y la dejó en la mesita. Me atrapó la cara con ambas manos y me empezó a besar, así de pie como estábamos, luego me metió las manos abajo del vestido y me acarició las piernas y más arriba, yo sentía volverme loca, nos seguíamos besando y me quitó el vestido, después me acostó en el sillón y se colocó encima de mí, para besar mi cuello y mis pechos, cerré los ojos disfrutando del momento.

– ¿Tomas alguna precaución Ana Laura o uso condón? – Preguntó mientras me daba dulces besos por mi cuerpo.

Por supuesto que no estaba tomando nada. Sí había tenido parejas pero hacía mucho tiempo así que no había tenido necesidad de tomarlo últimamente. Ahora sólo tenía que buscar la manera de decírselo sin parecer una completa estúpida.

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