En aquel momento en el que Abril firmó su consentimiento en el acuerdo, nunca imagino el mundo oscuro en el que iba adentrarse, las cosas que iría a conocer, todo aquello que podría experimentar en el campo de lo sexual y por sobre todo lo difícil que se le iba dar el poder cumplir con esas tres clausulas infrangibles.
Luego de que ella puso su firma en ese papel, él le ordenó acompañarlo a un lugar "para estrenarla" la manera tan frívola que tenía ese hombre, a veces le generaba curiosidad ¿le habrá pasado algo para ser tan despectivo con las personas? Y algo que rondaba por su mente desde que lo conoció y comenzó a tratar ¿le habrán roto el corazón alguna vez? Porque para ella, la única explicación que le encontraba a su trato para con las mujeres era esa. El resentimiento de haber experimentado el desamor. Aunque la verdad estaba muy lejos de ser esa.
En cuanto llegó al lugar, quedó sorprendida al ver tantos "juguetes" colgados en la paredes y sobre escritorios, pero lo que más le llamaba la atención, era aquella silla y la mesita ratona que la acompañaban. La misma se ubicaba en medio de la sala y sobre aquella mesa reposaban varios consoladores de diferentes tamaños y color. También pudo ver un aparato que podía identificar como un vibrador de mano estimulador. Él solo imaginarse qué iría hacer con eso, su bajo vientre comenzaba a sentirse excitado.
- Desnúdate. – le ordenó y ella quedó inmóvil.
¿Desnudarse?
¿Frente a él?
¿Y que la vea?
- ¿Y bien? ¿O prefieres empezar con los castigos? - ¿Castigos? Si eso era el premio ¿Cómo serían los castigos? Abril comenzó a desvestirse en tanto él buscaba en unos cajones un manojo grande de cuerda.
- ¿Vas atarme? – preguntó tomándolo por sorpresa.
En ese momento en el que él se volteo para verla y encontrarla desnuda, no pudo evitar cautivarse por el cuerpo perfecto que tenía. Sus pechos eran de un tamaño bastante grandes, pero se notaban que eran naturales. Su vientre no era tan delgado pero iba perfecto con ella. Su pubis completamente depilada había logrado encenderlo y sin mencionar el pequeño corazón tatuado en ese sitio con una leyenda que decía "vive, ama y siente. Por sobre todo siente" sonrió sin darse cuenta y ese gesto provocó en ella que una extraña sensación comenzará a viajar por todo su cuerpo. Nunca la habían morado con tanto deseo, si quiera Mauro, su novio y una parte de ella está disfrutando esto del papel de esclava.
- Siéntate de espaldas a la silla, coloca tus manos sobre el respaldo uniendo los brazos lo más que puedas al pecho. Encorva tu espalda de modo tal que me dejes a la vista tus Zonas íntimas, para ello deberás separar tus piernas y colocar tus pies en esas tarimas a cada lado de la silla.
Abril hizo exactamente lo que él le ordenó y al sentirse así, tan expuesta, provocó que sus zonas íntimas comenzarán a contraerse inmediatamente. Una acción involuntaria que él podía visualizar perfectamente.
Cuando se posó por sobre tras de ella, creyó que iría a penetrarla inmediatamente, pero no, se agachó y comenzó a atarle los tobillos a la madera. Primero uno luego el otro. Su cercanía con sus partes íntimas provocaban que esos movimientos se habían cada vez más visible y por unos instantes el se detuvo a verlos.
- Presiento que esto lo disfrutaras más que yo. – ella no dijo nada producto de la vergüenza, pero a él ya se le había puesto duro.
Cuando acabo de atar sus tobillos y el largo de sus piernas, paso a posicionarse frente a ella. Al ver su rostro rojo de la excitación y la vergüenza no pudo sentirse más excitado, porque si había algo que lo hacía desear más o que lo hacía sentir imponente, era el doblegarlas, hacer que se arrodille ante él, ante sus deseos oscuros. Comenzó atar sus muñecas, primero una luego la otra, para seguidamente unirlas entre si. Paso el largo de la cuerda sobre el contorno del tórax para inmovilizar la a la silla. Luego, colocó una mordaza de esas que extienden su boca para practicar el sexo oral, la misma que llevaba una cuerda hacia arriba, y se amarraba a una máquina que podía elevar su cabeza. Para ajustar él tuvo que subirse a la tarima donde estaba la silla con ella atada y le puso su miembro duro en la cara, que si bien seguía cubierto por la fina tela del pantalón, se evidenciaba el gran tamaño.
Ella sintió deseos de llevarlo a su boca e hizo un movimiento involuntario que el sintió.
- No te preocupes, ya te lo meteré en la boca. – él no es de mucho diálogo, pero cada grave ponía más caliente a Abril.
Cuando finalizó de atarla, ella ya no se podía mover y solo escuchaba los pasos de él tras suyo, que le provocaba mucha ansiedad. De pronto siente que algo cae sobre sus nalgas y luego entre medio de ellas, bañando su zonas íntimas y provocando que visiblemente se contraigan.
Con su mano comenzó a esparcir el líquido por sus glúteos, logrando un tono grasoso y muy brillante. De vez en tanto él daba una palmada fuerte en cada uno y lo hacía hasta que quedarán rojos. Ella no podía moverse, pero por primer aves en su vida, experimentaba el dolor más excitante.
De repente los golpes se detuvieron y él se alejó de ella para tomar algo de la mesa. Ella comenzó a sentir un ruido vibrante y enseguida se dio cuenta de lo que era.
- Bueno, comencemos el juego. – dijo el con el aparato vibrador en la mano.
- Declaró, al sr. Carlos Albertos Sáenz inocente de culpa y cargo, debiendo el Estado pagar una indemnización por la suma total de 250.000$ dólares los mismos que deberán depositarse en el término de 30 días empezando desde hoy. ¡Eh dicho!- y el fuerte sonido del martillo sobre esa pequeña tarima De madera dando por finalizada la sesión.
Santino Rivas ganaba un nuevo caso una vez más. En doce años de carrera, nunca había perdido un solo caso y eso lo había llevado a ser considerado el abogado más exitosos y mejor remunerado de los últimos tiempos. Por ello, no cualquiera tenía el poder adquisitivo para pagar sus servicios y este era uno de esos casos.
El Sr. Carlos Alberto Sáenz había sido inculpado de un homicidio, pero resultó ser inocente y gracias a Rivas pudo, no solo conseguir su libertad, sino una gratificación por haber sido inculpado injustamente.
- Felicitaciones Dr. Rivas. – le habla uno de su equipo de abogados, él simplemente le hizo señas con su cabeza en agradecimiento y siguió sin decir más nada.
Si bien pertenecía a un bufete de abogados "vip" él no buscaba hacer sociales con nadie, definitivamente cumplía su horario laboral y con sus colegas a penas si contestaba sus saludos.
No había mujer, en el edificio, que no se quedará embobada al verlo pasar y la indiferencia con la cual se comportaba con ellas, lo hacían más deseable ante sus ojos.
Sus años, exitosos por cierto, de carrera que llevaba en ese bufete le habían dado uno de los lugares más privilegiados de todo el edificio y ese era la oficina de junto del jefe. Simplemente Santino era sinónimo de éxito. Pero lo que todos se preguntaban era sobre la vida personal de él, si en doce años no había siquiera mencionado una pareja, de echo no parecía amigable con nadie, directamente los ignoraba. Pero su vida privada era todo un misterio.
Algunos creían que era homosexual, otros afirmaban que una mujer le había roto el corazón y por eso era frívolo con todos. La verdad solo él la sabía.
Santino nunca se había enamorado, de echo no sabía ni como se siente amar a alguien, incluso tener algún tipo de emoción por algo, aunque sea insignificante.
No era del típico hombre que miraba una película de acción y se mimetizaba con el personaje masculino. Él siquiera encendía su LED de 57' pese al haberlo comprado hacia cinco años, jamás le sacó el plástico, ni mucho menos lo ha encendido. Pensándolo bien, tampoco sabía si funcionaba, simplemente lo tenía y ya.
Por dónde pasará, las mujeres se volteaba a verlo y en cada semáforo que frenaba, no había persona que no se sintiera intimidada por su porte de hombre serio y soberbio, pero esa mañana todo cambiaría.
Seis meses atrás
Abril Evans, se preparaba para rendir una materia más de su carrera y poder pasar a segundo en la universidad de derecho. Toda la semana había estado leyendo y releyendo, porque soñaba con tener ese título en mano y darle a sus padres la alegría y el orgullo de tener runa hija que pese a la adversidad, al entorno de necesidad en el cual vivía, había podido tener su título con mucho esfuerzo y poder comprarle una casa, así sea pequeña, una casa al fin. Pero el destino tenía preparado otra cosa.
Luego de darles un beso a Catalina, su hermana de 13 años y a sus padres, ingreso al edificio para ser la última vez en la que veía a sus padres vivos y a su hermana de pie.
Cuando el reloj dio las once de la mañana su celular sonó y al fijarse en la pantalla del mismo decía "mamá" y un frío helado la atravesó haciéndola sentir inquieta. Un presentimiento espantoso la invadió y temió el tomar la llamada, pero lo hizo porque tal vez su madre se había olvidado de decirle algo y solo se sentía inquieta por haber pasado las últimas semanas durmiendo poco por el examen. Sin más tomo aire y contesto la llamada.
- Hola ¿Mamá? – pese a decirse que todo estaba bien, algo en su pecho andaba mal. Podía respirar una atmósfera pesada.
- ¿Hablo con la hija de la señora Susana Williams de Rivas? – en ese momento sintió un dolor en su pecho y dejo caer la lapicera de su mano.
- Si ¿Qué pasó con mi mamá? ¿Mi papá? ¿Mi hermanita? – comenzó a ponerse histérica y ante el silencio de la persona quien le hablaba más nerviosa se sentía. – por favor señorita, ¿Qué sucede con mi madre? – entonces puso atención a los sonidos de fondo. Ambulancias.
- Lamento informarle que el auto en el que venía la señora acompañada de un señor y una menor ha sido participe de un accidente y ambas personas adultas están muertas. – ella no pudo seguir escuchando, su llanto salió acompañado de un grito desgarrador que tomo por sorpresa a todos en el aula, a sus 187 compañeros incluyendo a docentes y asistentes.
- ¡¿Qué sucede Señorita Rivas?!- indagó el profesor pero ella solo se tapaba la.boca y gritaba entre sus manos mientras arrodillada realizaba movimientos involuntarios hacia atrás y hacia delante. En ese momento su mejor amiga, Erika, toma su celular que estaba en el suelo y se entera el motivo por el cuál u amiga se había descompuesto entre lágrimas en el suelo.
- ¿Y dónde está internada la niña?.-
Los médicos le informaron que la ingresaron a su dependencia hacia una hora y que la niña estaba en gravísimo estado, que se encontraba en sala de operaciones y que debían apersonarse a la clínica para que pueda, Abril, firmar los papeles de la autorización de operación para Catalina que era menor.
- Inmediatamente estamos allí. – cuelga el teléfono y ayuda a Abril a levantarse. – vamos amiga, te acompañaré, debemos ir a la clínica el Sol para que puedas firmar unos papeles. –
Erika y Abril se conocían desde la secundaria y pese al haber tenido un enfrentamiento por el desgraciado que tenían por novio y que le había mentido a las dos, habían entablado una hermosa relación de complicidad para vengarse de él, lo que terminó de consolidad su amistad y a ella le tocaba la dura tarea de decirle qué sucedía con su hermana.
Los docentes le habían permitido la salida y le habían brindado todo su apoyo. Por si necesitaban algo ella y su hermanita, pero Abril solo tenía algo en su cabeza ¿Quién había echo eso?
Cuando llegó a la clínica y pregunto en recepción, antes de tener que ir a ver a Catalina, le pidieron reconocer los cuerpos de sus padres y pese a que Erika pidió , Abril se sentía fuerte, dentro de todo, para ver. A sus padres y jamás se olvidaría de sus rostros.
En el momento en el que el doctor la interceptó, le explicó la realidad de su hermana, quien había sufrido una terrible lesión en su columna vertebral y en su cabeza, pero que si llegaba a sobrevivir, no volvería a caminar nunca más. Escuchar esto provocó que en la chica todo se derrumbara, porque de un segundo a otro perdía todo. En la mañana era la chica más feliz del mundo y horas más tarde, estaba pensando de dónde sacaría dinero para enterrar a sus padres muertos.
Cuando vio a unos policías, le informaron que fueron víctimas de un loco que viajaba a toda la velocidad por una calle que no podía circular a más de 40 km por hora y lo pero del caso era que el tipo venía alcoholizado y que se trataba de un diputado de la Nación ¿Qué probabilidades existía que una personalidad poderosa como él se lo condene por el crimen de gente pobre y humilde sin poner sus influencias en juego? Ninguna, eso era una batalla perdida. Pero eso nos reía todo lo que debería enfrentar Abril, pro qué a los dos meses, había perdido la casa, ya que la misma estaba hipotecada y sus padres eran los únicos que podían abonarla. Por eso, al morir ellos y no percibir la cuota rigurosamente el banco paso con el remate de la misma, por lo que además de no tener padres y quedar huérfanas, ahora estaban en la calle. Pero por suerte Erika, quien vivía sola le había prestado una parte de su departamento y allí es donde estaban viviendo.
Ella la ayudaba con Catalina, dado que ésta se manejaba en silla de ruedas y pese a tener que asistir a un colegio especial por su condición, la realidad era que no tenía el dinero para hacerlo y apenas podía pagar las sesiones de kinesiología con el miserable sueldo que ganaba en la tienda de alimentos dietéticos y encima el doctor le había dado esperanzas a Cathy, como ella llamaba a su hermana, de volver a caminar si se pudiera operar en los estados unidos, pero el monto que debía juntar eran nada más ni nada menos que 250.000 dólares ¿Y de dónde los sacaba? Ella no quería romper la ilusión de la niña, pero jamás podría costear esa operación, pero una mañana, seis meses más tarde, su vida cambiaría.
En la actualidad.
Santino viajaba en uno de los autos más caros de todo América, el mismo que solo tenía tres ejemplares y solo él tenía uno de ellos.
Mientras él viajaba desinteresado por las calles de buenos Aires, Abril había cogido un trabajo a contra turno y realizaba repartos de correspondencias en una bicicleta que cada dos por tres denle pinchaba la rueda y la dejaba a pie maldiciendo al tipo que se la había vendido.
Ella se sentía tan frustrada de haber tenido que dejar sus estudios para poder darle a su hermana esa operación que tanto necesitaba, con la que tanto soñaba que se sobre exigía para que la niña pudiera volver a usar sus piernas, aunque ella se iba hundiendo en un pozo del cual sabía que no iría a salir tan fácilmente. De echo dudaba que alguna vez pudiera hacerlo, pero esa mañana, las cosas iban a dar un vuelco en la vida de Abril.
En el momento en el que el semáforo se puso en rojo y le da el paso a Santino de avanzar, no vio venir a Abril en su bicicleta, que cruzaba rápidamente para poder llegar con los horarios y él la envistió. Gracias a Dios a penas le tocó la rueda de adelante provocando que se cayera y le provocará un pequeño rasguño en sus rodillas que iban desnudas por estar usando un short por el calor.
- ¡¿Pero eres idiota?! – grita abril al darse cuenta que todas las cartas se habían entreverado al caer al suelo. - ¡¿Piensas quedarte ahí o vas ayudarme?! –
Ni bien impacto su auto con la bicicleta, él bajo inmediatamente, pero al ver que la chica estaba bien y que no le había sucedido nada, posó toda su atención en la "trompa" del auto que al parecer tenía un ratón. Cuando se da cuenta de lo que le decía Abril, el solo se paró a mirarla desde lo alto. No había sido su culpa, ella cruzó mal ¿Por qué debía ayudarla y ensuciarse el traje? Después de todo su bicicleta le había provocado un rayón a su auto carísimo y tendría que hacerse cargo él.
- Ay, Dios estos tipos no saben si quiera lo que es la humildad. – la escucha decir en tono enojada y sintió que ese comentario fue para él.
- ¿Perdón? ¿Se refirió a mí persona como "estos tipos"? – cuando Abril consiguió juntar todas las cartas y ponerlas en el canasto, para poner en pie su bicicleta, le dedicó toda su atención.
- Si ¿Algún problema? – pregunta desafiante. Si había algo que ella detestaba era la falta de empatía de las personas y la falta de caballerosidad. Pero a él había dos cosas que le molestaban más que nada.
1 – Qué se dirigieran a él con los términos en los que ella lo estaba haciendo Porque sostenía que era una total falta de respeto.
2 – que se metieran con su bien más preciado, su auto.
- Tienes que disculparte. – le ordena serio y tajante y ella comienza a mirar a ambos lados suyos y al advertir que su expresión no cambiaba en lo absoluto, le pregunto a quién le estaba hablando. – a ti. Debes disculparte inmediatamente. – ella puso sus manos en la cadera y soltó una gran carcajada.
- Usted si que está mal de la cabeza. – él sintió como ofensa sus dichos e insistió en que se disculpe, pero si había algo que detestaba Abril eran los hombres como él que se creían tener el control de todos y de todo, pero ella no sería parte de ese "todos" sin más, se acercó más a él y este puso su mano e extendida provocando que ella se pare en seco.
- Está invadiendo mi espacio personal. Exijo una disculpas inmediatamente. – entonces, cansada de la arrogancia de este hombre es que ella da por terminada la conversación.
- ¿Sabe que? – le dice sonriendo mientras él espera paciente esas disculpas. Disculpas que ni en sus sueños llegará. - ¡Púdrase! Y se fue para continuar con su trabajo, en cambio él quedó parado sin comprender, como, por primera vez le decían que no a algo.
Ni bien Abril llegó hacia la oficina, explicó lo sucedido, dado que algunos clientes habían llamado a la agencia y se habían quejado de la tardanza. La verdad que solo había estado 20 minutos varada en el tránsito. Tiempo suficiente para que le costará su trabajo ¿Qué iría hacer ahora? Había perdido su segundo sustento y con él las ilusiones de juntar cuanto antes el dinero para que Catalina pudiera volver a caminar.
- ¡Grandísimo imbécil! – entro al departamento a los gritos y tirando su morral al suelo.
- ¿qué sucedió, por qué estas tan temprano en casa? – indaga sorprendida Erika quien aparece desde la cocina con un delantal de chef y toda llena de harina y detrás de ella, Cathy, toda enharinada y conteniendo la risa. Aunque claramente la imagen era divertida y las tres estallaron en carcajadas.
- ¡qué te pasó hermana? – y fue entonces que recordó por qué estaba tan enojada.
- Por culpa de un imbécil, perdí el trabajo. – eso fue suficiente para que la sonrisa se borrara del rostro de la niña por completo. – no... no... amor que cómo sea conseguiré ese dinero para que podamos viajar.
- Sí y yo la voy ayudar. – dice Erika, aunque, a decir verdad, juntar esa suma y encima en dólares era casi imposible. Pero no podían romper las ilusiones de la niña, porque solo ella sabía lo que se sentía estar postrada en esa silla de ruedas. De repente, el teléfono de la casa, sonó y las tres se miraron fijamente y Cathy al mismo tiempo que Erika gritaron.
- ¡otra vez ese pesado! – y concluyeron con risas.
"El pesado" no era otro más que Mauro, su novio con quien llevaban 1 años y medio de relación y tenían planes a futuro juntos.
Desde que había pasado todo aquello de los padres de Abril, siempre estuvo predispuesto ayudarla, hasta trabajaba el doble para poder juntar algo de dinero y ponerlo "en el pozo" de dinero para que Cathy pudiera volver a caminar. Ella merecía poder cumplir su sueño de ser una gran bailarina y sabía cuan importante eran sus piernas para lograrlo.
- Hola amor. – habla del otro lado de la línea.
- Hola mi vida ¿cómo estás? – le pregunta ella tratando de que no se le notara el malestar por haber perdido el trabajo.
- Bien, por suerte bien. Pero gracias a Dios que pude comunicarme con vos, quiero invitarte a comer a un lugar muy lindo. – él llevaba un mes en su segundo trabajo como cajero en un banco y quería invitarla a cenar a un lugar lindo donde ella pueda sentirse cómoda sin preocuparse por nada. Llevaba seis meses alterada por las circunstancias y era momento de respirar un poco.
- No lo sé amor, tengo que cuidar a Cathy y ayudar a Erika con la cena. – dice, pero de fondo él podía escuchar los gritos de ambas mencionadas que desestimaban su escusa.
- Por favor mi amor, te juro que no te vas arrepentir. Además, tengo muchas ganas de tí. – era increíble como él, refiriéndose a sexo, podía sentirse tan intimidado. Será por eso que le gustaba tanto y lo quería tanto. Se sentía enamorada, nunca antes se había sentido así.
- Bueno, esta bien. – dice poniendo los ojos en blanco.
Esa misma noche, había elegido ponerse un vestido blanco que resaltaban muy bien sus pechos grandes y turgentes y cómo sería una noche especial y fogosa, se había elegido un escote prominente, pero a la vez sugestivo porque ya que llevaba un encaje color piel que te daba a creer que no solo le cubría sus pechos esa tela blanca, cuando era un todo.
Eligió ponerse unos zapatos taco aguja de color plateado y para el cabello, se lo dejó suelto en tanto el flequillo, negro como la noche, estaba colocado hacía un costado. Como maquillaje, se puso pestañas postizas, un delineado de gato que resaltaban sus ojos cafés oscuros y un rojo fuego en sus labios que podría encender ideas a cualquier hombre o mujer que pasara por la calle.
Una vez que estuvo lista, el timbre sonó y cuando ella abrió la puerta, se encontró con su novio, vestido casi de gala, por el lugar donde iban, y con una flor en la mano. Una rosa roja como sus labios.
- Awww. – dijeron al unísono Cathy y Erika. Lo cierto era que se estaban burlando de lo cursi que podía ser a veces ese hombre, pero aun así le encantaba para ella. Por qué, además, él había sido muy importante para las dos cuando murieron sus padres.
- Basta. – dijo ella riendo a sabiendas de que ese tipo de comentarios lo hacían poner rojo a Mauro.
- Hola amor. – dice por lo bajo y deposita un beso en sus labios.
- Hola vida mía. – contesta ella mirándolo con ojos de enamorada. - vamos porque estas dos dicen cualquier estupidez. – y se van al compas de las risas de su hermana y su amiga que los miran desde la puerta.
- ¡usa condón cuñado! – le dice Cathy y Abril se dio la vuelta para hacerle señas de que cierre la boca conteniendo la risa.
- Igual traigo uno en el bolsillo. – suelta él avergonzado.
- ¿sólo uno? – y ríen. Si había algo que le gustaba a ella, era el sexo y si era con él, mucho mejor.
Cuando llegaron al lugar, ella quedó enamorada de la ambientación. Las luces eran de colores cálidos que daban la impresión de ser un lugar amplio, cuando en verdad no lo era tanto. Cuando la chica de recepción se acercó a ellos, él dijo su nombre y entonces los acompañó hacía una de las mesas que daban a la ventana que, a su vez, daba a una fuente llena de luces con ángeles tirando agua de sus bocas. Un sueño realmente.
- Es hermoso y debió haberte salido una fortuna. – dice ella mirándolo con amor.
- Nada es mucho para ti. – entonces ella, sintiéndose afortunada extendió su mano y la tomó.
- No sé que haría sin ti. Te quiero tanto. – y se levantó para tomar sus mejillas y acercarlo a su rostro. Quería besarlo.
- Te amo. – dijo él entre sus labios.
- Y yo a ti. – concluyo con una sonrisa.
Se habían pedido unas pastas con salsa y para beber vino tinto. No era el más caro, pero por era lo que podía pagar.
Durante la cena hablaron de todo tipo de cosas, especialmente sobre la operación de Catalina y pese a que él le ofreció darle la mitad de su sueldo ella no lo aceptó. No era mucho lo que ganaba y no quería que terminara por pensar que se aprovechaba de su buen corazón. Ella debía sacar sola a su hermana.
Le contó también, el incidente que había tenido esa mañana, aunque no le mencionó que la despidieron de su trabajo dado que no quería darle más preocupaciones, ya era suficiente con que su hermanita estuviera desanimada con sus ilusiones rotas de volver a caminar. Ella no sabría cómo, pero conseguiría ese dinero.
- Voy al toilette. – dice ella y el ríe. Es que Abril no era de esas mujeres refinadas, pero si hacía un buen papel cuando debían ir a lugares como en el que estaban cenando.
- Te amo. – le dice y ella se acerca a su oído para decirle algo que provoco que se pusiera duro.
- No veo la hora de estar entre tus piernas. –
Abril era dos mujeres en una. De repente era una mujer tranquila, dulce y romántica y por que no tímida, y por otro lado, era una apasionada de la vida y amante del sexo como ninguna otra que había pasado en la vida de Mauro y amaba el sexo oral por sobre todas las cosas. "por amor al arte" decía siempre que se arrodillaba a sus pies y él no podía dejar de perderse entre el negro de sus pupilas dilatadas.
Ni bien se dirigió al baño, el teléfono, que guardaba en su cartera de mano sonó, y cuando lo atendió se distrajo llevándose por delante a una persona que volcó una copa de vino entre sus pechos.
- Lo siento se.... – y no pudo terminar la frase porque ambos, al unísono dijeron los mismo.
- ¡¿me estás siguiendo?! – él no pudo evitar llevar sus ojos a sus pechos, que estaban empapados del vino que llevaba en su mano y el vestido blanco, se torno de un color rosado. Lo quería matar.
- ¿Puedes dejar de mirarme los pechos? – le dice ofendida mientras intentaba secarse con las manos el desastre que le hizo. – y darme una mano. – en ese momento ella se dio cuenta de lo que dijo y elevó su mirada. – no, me malinterpretes. Me refiero a que me des algo para secarme ¿pero a que idiota se le ocurre venir a los baños con un vaso de vino? – dice muy molesta, pero a todo ello, no había recibido siquiera una disculpa. - ¿y bien? – él la mira sin expresión alguna. - ¿vas a fingir que no me estas mirando los pecho o por lo menos te vas a dignar a pedirme disculpas? –
- Tu me la debes a mí. – dice tajante.
- Que soberbio que eres. – dice con rabia y no puede evitar morder su labio inferior.
- Eso que acabas de hacer fue excitante. – en ese momento ella levanta su mirada y nota que las pupilas de sus ojos toman gran dimensión en ellos. – hazlo de nuevo. – ella lo miro extrañada y lo empujó para adentrarse al baño.
- Lo que una tiene que aguantar de hombres degenerados como usted. –
Algo había pasado dentro de ella, al igual que en él. Ese gesto fue tan excitante que el solo cerrar los ojos e imaginarla haciéndolo de nuevo ya sentía como su miembro se iba despertando. Pero Abril era muy diferente a las mujeres con las cuales estaba acostumbrado a relacionarse íntimamente, ella era rebeldía pura y no se dejaba intimidar por él y eso, en cierta forma, le atraía.