Iba cruzando la avenida, con el semáforo a mi favor, cuando una moto casi me atropella.
¡¡Por Dios!! Frenó a dos centímetros de mí ¡¡Y casi me caigo al suelo!!
Obviamente, con mi carácter impetuoso y más sabiendo que yo tenía razón, el semáforo estaba a mí favor... ya lo dije...
Insulté de arriba a abajo al conductor de la moto... y cuando lo miré a la cara, porque se había sacado el casco... era él.
Cuánto tiempo había pasado....
-¿Pensabas pasar en rojo?
Estaba segura de eso, de lo que no estaba segura, era si él me había reconocido.
No, no estaba pensando que me reconoció y me quiso atropellar o que me quiso hacer un chiste, de muy mal gusto, por cierto.
No sabía, que cuando escuchó mis insultos y me miró, se había dado cuenta que era
yo.
Por mi parte, jamás me olvidaré de él.
Hasta al peluche de más de un metro, que mi hermana me regaló cuando cumplí 15 años, le puse su nombre.
No sé por qué, pero me acordé de mi ¿Burro?, ¿Oso?, No estaba segura, era anaranjado, eso sí.
Ni sé qué había pasado con el peluche, sé que se llamaba Willy.
Como el hombre que tenía delante mío.
¡Era un hombre!
Rápidamente saqué la cuenta, me lleva 2 años, yo tengo 25 y él 27, puede que ya tenga 28.
No es que lloré por los rincones, para ser sincera, en su momento sí lo hice, él fue mi primer Amor.
Fué más que eso...
Hace más de 10 años que nos conocemos.
Teníamos amigos en común, estábamos en el mismo grupo de adolescentes, nos encontrábamos en una plaza cercana, aunque eso pasaba pocas veces, mi grupo de amigos, no era su grupo de amigos más cercanos, pero alguna que otra vez, sí coincidimos.
-Hola, hermosa.
Me dice con esa sonrisa, la más sexi que conozco y por la cuál moría de adolescente, su sonrisa, de la que muy pocas veces fui su dueña, llenaba mi alma de luz y mi cuerpo de estremecimientos.
Estoy segura que me dijo hermosa porque no sabe mi nombre, puede que se acuerde de nuestra pequeña aventura, pero de allí no pasaba.
Duele pensar que no me registra totalmente, cuando yo lo soñaba todas las noches y su nombre lo tenía en mi boca todos los días.
Su nombre, en esa época, era mi obsesión.
Luego crecimos y pasó el tiempo, cada uno siguió con su vida, en realidad, creo que yo nunca fui parte de su vida...solo de una noche.
-Hola...casi me matas.
Digo yo, tratando de no parecer una adolescente idiota, perdida por su sonrisa, ni la loca que lo insultó hacía unos segundos atrás.
No le mires la boca, me dije.
Tampoco le tendría que mirar los ojos, me pierdo en ellos, son como caricias para mi alma.
¿Para dónde miro?
Él se ríe.
-No pensaba atropellarte, solo te vi y ...
-¿Me viste y no frenaste?
-Sí, lo hice.
Dice mientras me guiña un ojo y casi muero, no sé qué me sucede, pero mi corazón palpitaba fuertemente.
No tiene sentido discutir, él no lo pensaba hacer y yo, al darme cuenta de quién era, me olvidé de todo.
Por otro lado, estaba un poco apurada.
Dejé mi auto en el taller de un amigo, para que cambié el parabrisas y quería aprovechar el tiempo para ver a mi hermana.
-Me alegra de verte bien.
Le dije con sinceridad.
Hice un movimiento para seguir caminando.
Nos habíamos corrido a un costado y otra vez tenía el semáforo a mí favor.
-¿A dónde vas?¿Te alcanzo?
Dijo tratando de retenerme, a eso no le encuentra sentido.
-No, gracias, dejé mi auto en el taller de Ariel, creo que lo conoces, mientras espero, aprovecho mi tiempo, visitando a mi hermana.
-¿Podemos tomar un café?
¡Qué tentador! Pero Willy tiene la virtud de meterse en mi mente y no salir de ella, eso sucedía cuando éramos chicos, ahora que somos adultos, si llega a pasar lo mismo, sería muy difícil pasar de él.
Debe estar casado, recuerdo que tenía novia.
Después de eso ya dejé de verlo.
-No gracias, de verdad tengo que ver a mi hermana.
-¿Dónde vivís?¿Dónde siempre?
Mi corazón vuelve a latir de prisa, tiene recuerdos míos en su mente y hasta sabe donde vivía.
Estoy asombrada con ese descubrimiento.
-No, me mudé hace años.
Le contesté con retardo.
-Te llevo adonde vayas.
No podría subirme a su moto y abrazarme a él.
Mi mente tenía luces rojas que me decían PELIGRO.
Me negué y me despedí de él con una sonrisa, no quería tentarme con alguna propuesta que me pudiera hacer ni hacerme ilusiones.
Caminé 6 cuadras, me arrepentí de no haber aceptado la oferta que me lleve, eran cuadras largas.
Viví, hasta mis 19 años, en éste barrio, conozco a la mayoría de los vecinos, de hecho, mi hermana vive en la casa que fue de mis padres.
Cuando ellos murieron, ella se quedó a vivir allí, yo hacía rato que vivía en un departamento que compartía con mi amiga Ludmila, que era precisamente, la hermana de Ariel, por eso le llevé el auto a él, le tengo confianza y hace rápido el trabajo.
Pensando en todo eso llegué a mi antiguo hogar.
-Hola hermanita.
Le digo con cariño, tratando de esconder el dolor de verla tan desmejorada.
Tiene cáncer, está muy avanzada su enfermedad y no sé cuánto le queda de vida.
Tiene 35 años y es madre de dos hijos de 14 y 15 años.
Se casó jovencita, lo hizo porque quedó embarazada.
Sigue con su marido y se adoran, le fue bien en el amor.
Por eso me duele tanto, no le queda mucho tiempo, lo sé.
Es muy triste la vida.
Charlamos un poco y le cuento mi fortuito encuentro, sonrió, escuchándome con atención.
Ella sabe todo sobre mí, a pesar de llevarme más de 10 años, siempre fuimos muy unidas.
Claro que no compartimos salidas, ni siquiera teníamos amigos en común, pero siempre fue mi confidente.
De adolescente la volvía loca, hablándole de Willy y ella siempre me escuchaba.
Le pregunté por su tratamiento, me estaba explicando eso, cuando llegó mi cuñado con mis sobrinos, los había ido a buscar al colegio.
Any y Lito me abrazaron y estaban muy felices al saber que estaba de visita, los veía poco, trabajaba mucho y la verdad, yo, había sido bastante egoísta.
Hablaba todos los días por teléfono con mi hermana.
No es que me había desentendido del tema, en más de una ocasión la pasé a buscar y la llevé a quimioterapia.
También tengo que decir que estoy asustada, adoro a mi hermana y tengo pánico porque sé que la estamos perdiendo, la muerte de mis padres no me traumatizó, no es que sea fría, me dolió, pero lo normal.
No éramos muy cercanos, tal vez por eso, desde los 19 años vivo sola, bueno, con Ludmi.
A mi hermana le afectó, bastante más que a mí, la muerte de ellos.
Es raro, porque es más grande, tiene a Luis, su marido, que es su amor, su apoyo y su todo.
Pude ver el dolor en los ojos de mi cuñado, al mirar a Naty.
La sonrisa que le dedica a mis sobrinos no es tranquilizadora, aunque pretende serla.
-¿Quién es Willy?
Me pregunta Any, mi sobrina, que llegó a escuchar su nombre.
-Mi primer amor.
-¿Fue tu novio?
-No precisamente.
-Contame.
Yo me reía sola, recordando cuando lo conocí.
Fue muy loco todo.
-Hacíamos mil y una travesuras con Ludmi.
Le digo con una sonrisa melancólica, recordando esa época.
-¡Tía contame!
Ya estaba muy intrigada, porque Naty y yo nos matábamos de la risa.
-Siempre fuimos muy amigas con Ludmila, tenemos la misma edad y éramos compañeras de colegio y amigas, estábamos siempre juntas.
-Qué lindo una amistad así.
-Es verdad, compartimos todo, también las travesuras.
-Contame.
-Un día llegó efusiva, para contarme que un chico que no conocíamos había abierto una pollería nueva en el barrio.
-¿El que te gusta?
-No, ese le gustó a ella, creo que se llamaba...Pedro y ella le decía Peter, porque le molestaba el nombre, le parecía un nombre antiguo, aunque le encantaba el chico.
-Qué loca.
-Si, imaginate, que para hacerle el favor, le pedía a tu abuela, comer pollo todos los días, íbamos a cada rato al negocio para que ella lo pudiera ver, un día, Pedro estaba con un amigo, ese sí es Willy, recuerdo que tenía una motito chica.
-¿Te llevó a dar una vuelta?
-No, ni se enteraba que yo existía.
-No puede ser, sos hermosa.
Me reí, mi sobrina me adora y me mira con ojos llenos de amor, claro que en realidad sé que soy hermosa, sin ser pedante, me considero una mujer bella.
-Sí, soy hermosa, pero hay hombres estúpidos y mucho más, los varones adolescentes.
-Tía, ¡Estoy acá!
-Vos no, me refiero solo a..algunos o a la mayoría.
-¡¡¡Tia!!!
Nos reímos todos.
-El tema, es que íbamos a cada rato a la pollería, yo tenía 14 años y Willy 16, su amigo... Peter, 18, Ludmi tiene mi edad, nos ignoraban a las dos.
-Que mal.
-Lo encontré en el cumpleaños de 15 de una amiga y ni me miró, pero yo babeaba por él, y me seguía ignorando, un día, Ludmi, fue a comprar dos milanesas de pollo, y luego pasó por casa para avisarme que Willy no estaba en el local, para que no vaya a comprar en ese momento, él siempre iba a visitar a su amigo al negocio, ese día era viernes, yo fui a tu casa, vos eras chiquita y me encantaba visitarte, me quedé a dormir dos días, era verano, cuando volví el domingo, las milanesas que Ludmi había comprado y se había olvidado en mi dormitorio, estaban podridas y en mi habitación el olor era nauseabundo.
Todos se rieron.
-Tu abuela casi me mata, pasaron unos meses, con Ludmi nos hicimos amigas de un grupo de chicos y chicas que siempre estaban en la plaza que está acá a 6 cuadras y él una vez se paró a saludarlos, casi muero, estaba cerca mío... pero seguía ignorándome.
-Lo odio.
Dice Any.
Yo me reí, los recuerdos me llevan a pensar como lo soñaba todas las noches, parecía obsesionada, debía ser porque él me ignoraba totalmente.
-Con Ludmi, nos hicimos amigas de una compañera del colegio, que vivía para el lado de la ruta y un día, mientras íbamos y veníamos, porque primero ella nos acompañaba 4 cuadras, luego nosotras la acompañamos dos cuadras a ella y después ella, una a nosotras y cada cual seguía sola.
-Qué locas.
-Sí, el tema es que en ese ir y venir, descubrí donde vivía Willy.
Recuerdo ese momento y las señas, sin disimular, de mis amigas y como palpitaba mi corazón al verlo.
-Desde ese momento no dejaba de pasar por la puerta de su casa todos los días y hasta varias veces por día.
-Que pesada.
Dice Lito, mi sobrino.
-Es verdad, pero estaba loca por ese chico.
-Estás loca.
Aclara mi querido cuñado.
El que más le festejó el chiste, fue Lito, es siempre así, guerra de sexos, mujeres contra hombres.
-En ese momento, ya lo había cruzado varias veces, en la casa de unos amigos, en la plaza donde nos juntábamos, en una discoteca, pero para él no existía.
-Ya le tengo bronca.
Dice Any.
-Lo estaba acosando.
El punto de vista de Lito, es muy distinto al de su hermana y nada romántico.
Me doy cuenta que lo que sigue, es cuando tuvimos sexo, no creo conveniente contar eso.
-Cuando cumplí 15 años tu mamá me regaló un inmenso peluche, de más de un metro.
-Un oso -dice mi cuñado.
-Un burro -dice mi hermana.
De ahí la confusión...
-No recuerdo el animal que era, solo sé que le puse de nombre Willy, para mi cumpleaños de 15 vino un ratito, porque era parte del grupo de amigos que había invitado, pero él enseguida se fué, iba a bailar a una discoteca.
-Era malo.
-No era malo, simplemente no le gustaba lo suficiente o me veía chica o le gustaba otra clase de chica, una novia que tenía que era inmensa, mediría cerca de 1,75 o 1,80, era muy linda.
-Seguramente vos eras más linda.
Que divina es Any, siempre fiel a su tía.
Me sonó el celular, leí el mensaje y luego me despedí.
-Bueno chicos, otro día sigo con la historia, me mandó un mensaje Ariel, que ya le cambió el parabrisas a mi auto y son 8 cuadras las que tengo que caminar.
-Te quiero.
-Yo también.
Mi cuñado me quería acompañar, Any también quería venir, creo que él necesitaba hablar conmigo, sobre la salud de mi hermana, pero con Any adelante no lo iba a hacer.
Yo pienso que tendría que preparar a los chicos, él dice que hay tiempo, a mí me parece que es más una ilusión suya que tiempo real.
Fuí sola, mi cuñado se quedó, para no dejar tanto tiempo sola a mi hermana.
Esa noche no pude dormir, mi hermana estaba muy desmejorada, yo tenía ganas de llorar.
Puse música para tratar de tranquilizarme.
Hasta que mi mente viajó a lo lejos en el tiempo, se remontó 10 años atrás.
Era un sábado a la noche, sería octubre o noviembre, recuerdo que hacía calor, porque estaba en mangas cortas, yo tenía puesta una remerita color turquesa, ajustada y pantalones blancos, aún más ajustados.
Estábamos Ludmila, Andrea, y otra chica más que no recuerdo quién era y algunos chicos de nuestro grupo, cuando pasó Willy.
Ese día nos saludó a todos, yo casi muero, juro que tenía taquicardia.
-¿Te quedás acá?
Me preguntó.
-Sí.
Dije atragantándome.
-Esperame en la puerta, que ya vuelvo.
Preguntó si podía entrar su moto.
Andrea le contestó que sí.
Esperé como 10 minutos, ya todos habían subido y estaban en la terraza, era un edificio de 4 o 5 pisos, sin ascensor.
Había dos o tres departamentos por piso, eso no lo recuerdo con exactitud, solo recuerdo el color de las escaleras, eran de granito bordo.
Era un edificio en donde vivía mucha gente mayor, por lo cual, siempre que no hiciéramos mucho escándalo, la terraza, por la noche, era para nosotros y la madre de Andrea estaba tranquila que no salíamos a la calle.
Cuando por fin él llegó, yo pensé que ya no volvía, subimos las escaleras, pretendimos llegar hasta la terraza, en las escaleras del primer piso se estaban matando a besos una chica, vecina del edificio, con su novio, en el segundo piso, estaban una chica del grupo, con otro de los chicos, en el tercer piso no había nadie, yo estaba subiendo delante de él.
De repente, me tomó de la cintura y yo me frené en seco, juro que temblaba como una hoja, era él, el chico de mis sueños.
No sé porqué, tengo tan frescos esos recuerdos en mi mente, cierro los ojos y pareciera que estoy viviendo ese momento.
Giro y quedamos a la misma altura, porque estoy un escalón más arriba, él era alto.
Me mira a los ojos y me acaricia la boca, baja su mano y me besa.
Dios, creí que había muerto y que estaba en el cielo.
Luego de ese beso, vinieron infinitos besos más, nos sentamos en los escalones y sus manos no paraban de tocarme, yo me debatía entre dejarlo seguir o frenarlo.
Mi pecho terminó por arriba de la remera, mis pantalones desabrochados, los suyos también, llevó mis manos a su miembro, estaba durísimo, era grande, bueno, a mí me pareció eso, nunca había visto uno en vivo.
Y entre tantas caricias y luego de insistir y besarnos por dos o tres horas, lo hicimos, sí, hicimos el amor, ahí, en las escaleras, debo confesar que se escuchaban gemidos, que provenían del piso de abajo y otros del piso de arriba.
Esos gemidos, también me insitaban a hacerlo, a tener relaciones sexuales.
Creo que en algún momento, nuestros propios gemidos también eran escuchados por ellos.
Era tanta la pasión y el ardor que sus besos y sus caricias me provocaban, que ya no me importó nada, estaba con él, el chico más lindo del mundo y me besaba y me pedía tener sexo, ahora que lo pienso, se comportó como un reverendo hijo de puta, pero en ese momento, yo estaba feliz, me importaba más lo que me hizo sentir, que lo poco que sentía él por mí.
Me usó, pero yo disfruté, sarna con gusto no pica.
Me dolió, estuve incómoda, pero la pasé súper bien, lo hicimos dos veces más, sin enjuagarnos, en los escalones duros y si lo pienso ahora, no tan limpios.
Yo estaba completamente enamorada.
Lo hicimos sin protección y no quedé embarazada de casualidad.
Hoy pienso que es una locura.
Cerca de las seis de la madrugada y antes que se despierten los vecinos y usen las escaleras, era gente grande y se levantaba temprano, no sé porqué esa manía de los adultos mayores de madrugar tanto sin ser necesario, los chicos y chicas se fueron yendo, antes de llegar a cada piso, iban avisando que estaban bajando.
Me subí los pantalones, que estaban manchados de sangre, producto de haber perdido mi virginidad, tenía gotas enormes en la tela, que al ser blanca, se notaba a una cuadra.
Los chicos me miraron ¡Qué vergüenza que pasé!
Willy me guiñó un ojo, me besó y se fué.
No hubo promesas, ni un te quiero, ni siquiera un me gustás.
Tampoco me dijo, te veo mañana, nada de nada.
Una chica, mal intencionada, me preguntó por la sangre en mis pantalones.
-Me indispuse y no tenía las llaves del departamento de Andrea.
Era una excusa perfecta, hasta para la madre de Andrea.
Ludmila, Andrea y yo, supimos que era mentira, pero ninguna de mis dos amigas dijo nada.
Esa noche, ya madrugada, nos quedamos a dormir en su casa.
Se los conté muy bajito, Andrea había debutado, por decirlo de alguna manera, unos días atrás, con Fabian, su novio, y lo había hecho en la terraza del edificio.
Ludmila lo había hecho con un chico que no era de nuestro grupo, era algo más grande que nosotras.
Éramos precoces, claro, es que los celulares no tenían internet o era muy caro, no había mucha más diversión...
No, mentira, nos moriamos por tener sexo.
Con eso nos sentíamos totalmente adultas.
Mujeres libres y sexis.
Teníamos una libertad que tal vez no merecíamos.
Al día siguiente, cuando nos despertamos, Andrea me prestó unas calzas, mi madre no se dio cuenta que tenía ropa distinta, ya que esas calzas, eran del mismo color del pantalón y si me preguntaba, le diría lo mismo que a mi grupo de amigos, me indispuse.
Vuelvo al presente, porque la música pasó de un tema tranquilo a uno muy movido.
Él estaba tan cambiado, se veía más hombre, eran más anchas sus espaldas, hasta me pareció más alto.
Puede ser, los hombres siguen creciendo y creciendo y las mujeres desarrollamos y ahí nos quedamos, con nuestra altura.
Gracias a Dios por los benditos zapatos de tacones altos y las adorables plataformas.
Al menos, en mi caso con mi escasa altura, mido apenas un metro sesenta y tres, me venían excelente las plataformas.
Andrea medía exactamente lo mismo que yo, pero ella decía que medía un metro sesenta y cinco, recuerdo que me daba mucha bronca.
Tonterías de adolescentes.
Ludmila es más alta, debe estar por un metro setenta y dos y era más corpulenta, su busto llama la atención de muchos hombres.
Yo, en cambió, era normalita, al igual que Andrea, pero en mí, llamaba y llama todavía, la atención, mi cola, ahora que lo pienso, éramos muy parecidas físicamente con Andrea.
No sé cómo ella se verá en este momento, porque luego se mudó y la amistad se desvaneció.
Vuelvo de nuevo a mi realidad, al día de hoy.
Ludmila no está en el departamento, debe estar en el departamento del chico con quién sale, según ella no es nada serio, pero creo que está bastante metida y no lo quiere reconocer.
Con la cara de Willy del día de hoy, por fin, me quedé dormida.
Cuando me desperté, tenía la misma sensación en mis partes íntimas como la vez que le entregué mi virginidad a Willy.
Recordando ese momento, estaba excitada y lubricada al máximo.
Sin embargo, creo que Willy nunca supo mi nombre, no le interesó saberlo.
Yo deliraba por él.
El celular me devolvió a la realidad, me perdía en mis recuerdos continuamente.
Era Ludmi, diciendo que nos veíamos directamente en la empresa.
Teníamos nuestro propio emprendimiento, tal vez era más que un emprendimiento, y la verdad, es que nos íbamos muy bien, tenía ahorros suficientes para comprarme mi propio departamento, Ludmila también, aunque ella era más gastadora que yo, no es que yo fuera tacaña, pero no deliraba por cada cosa que se cruzaba en mi camino, queriendo comprarla, como ella que sí lo hacía.
Cada uno gasta el dinero que gana, como le dé la gana.
Estábamos pensando en comprar un departamento a medias y dejar de pagar un alquiler, pero nunca nos decidimos.
El departamento en el que estábamos era muy cómodo y los dueños no lo querían vender.
No era muy moderno, pero sus ambientes eran muy grandes y cómodos, estaba muy bien cuidado y nosotras, que no estábamos en todo el día, lo mantenemos limpio y ordenado, bueno, yo más o menos, eso volvía loca a Ludmila, ella es la señorita perfección y yo soy todo lo contrario.
Pero por lo demás, teníamos gustos parecidos.
Era indudablemente un departamento decorado muy femenino.
Con detalles en animal print en todos lados.
Parecía casi un bulín, o un departamento de chicas acompañantes, por no decir prostitutas, Alguna vez, cuando traíamos algún chico por primera vez, desconfiaba de nuestra actividad, eso nos divertía.
Si a nuestro departamento, le sumamos como nos vestíamos, no es que dudarían, sino que afirmarían que lo somos.
Nada más lejos de la realidad.
Somos dos chicas muy trabajadoras, con título universitario, con un emprendimiento que se convirtió en una empresa mediana.
Teníamos nuestra propia marca de ropa y se estaba haciendo muy conocida.
La llamamos Ludiva.
Era como comenzaban nuestros nombres.
Tratábamos de mejorar día a día la calidad.
Ninguna de las dos estudió diseño de modas.
Yo soy licenciada en relaciones públicas.
Ludmila es Licenciada en administración de empresas.
Pero las dos teníamos un sentido muy activo de la moda.
Nos estábamos haciendo conocer y abriendo camino a pasos adelantados.
Teníamos un galpón inmenso donde se cortan y confeccionan todas las prendas.
En dos oportunidades viajamos a Estados Unidos para ver prendas, para comparar lo que fabricamos nosotras.
Vale decir que nos trajimos las valijas llenas de prendas para nosotras y también para sacar ideas de algunos modelos.
No, no copiamos los modelos.
Solo, en base a algunas prendas, discutimos sobre cómo lo haría cada una de nosotras, la mayoría de las veces nos ponemos de acuerdo.
Teníamos varios locales, algunos en los shoppings más prestigiosos de Capital Federal y del Gran Buenos Aires.
Éramos, las dos, muy adictas al trabajo, debe ser por eso que no teníamos pareja, al menos no fija, porque una pareja siempre requiere tiempo, nosotras no lo teníamos, salvo estos últimos meses, que Ludmina estaba quedándose bastante seguido en el departamento de Walter.
Tenía que contarle sobre mi encuentro con Willy.
Al final no fue nada, solo una aceleración de mi corazón y un sueño donde me desperté húmeda por pensar en él.
Es que hacía bastante que no tenía una relación, ni formal ni pasajera.
Hacerlo porque sí tampoco era lo mío.
Ludmila era un poco más liberal que yo en ese sentido.
De todos modos, si conocía a alguien y decidía hacerlo, no lo llevaba a nuestro departamento.
Alguna vez, a mí me pasó de conocer a alguien y quedar encantadísima, pero en ese momento, tanto ella como yo, optamos por ir a un hotel alojamiento, nunca íbamos a la casa de un desconocido y menos llevarlo a nuestro departamento.
Tampoco éramos unas locas desquiciadas por el sexo.
Nada que ver.
Pero que no nos vengan a decir que una mujer, por salir es una puta y un hombre tiene derechos que la mujer no.
Cuando llegué a la fábrica tuve un día lleno de reuniones, teníamos que decidir la colección primavera verano.
Ya sé que estábamos en abril, pero ésto funciona así.
Al final nos saltamos el almuerzo y a las seis de la tarde ya estábamos famélicas.
Ni siquiera habíamos hablado del día anterior.
A las ocho estábamos entrando en un McDonalds.
Nos atragantamos, del hambre que teníamos.
Luego, tranquilas, en el departamento, le conté sobre la salud de mi hermana.
Eso me tenía muy mal.
Es un momento de mierda, donde la vida te pone a prueba y parece que el universo se está burlando de uno.
Creo que nadie está preparado para despedirse de un ser querido, menos cuando es joven,
A eso se le sumaba el dolor que iban a tener mis sobrinos.
No sé cómo íbamos a hacer con ellos.
Tengo que hablar con mi cuñado, no puede no decirles a los chicos que a mi hermana le quedaba poco tiempo.
Por otro lado, mis sobrinos no son tan chicos, se dan cuenta y vivir en la incertidumbre es peor.
Lo tengo que convencer, porque el día de mañana se lo van a reprochar.
De repente le digo Ludmila.
-Lo vi.
-¿A quién?
-Es mucha casualidad, pero después de dejarle el auto a tu hermano, en su taller, cuando estaba cruzando la avenida, se me vino una moto encima, casi me atropella... y era él...
-¿Quién?
Me dice, ya perdiendo la paciencia.
-Willy
Se me queda mirando, sabe que fue mi primer hombre, que él nunca me registró demasiado y que yo moría por él.
Ludmila no decía ninguna palabra, estaba muda, totalmente.
-Me reconoció, en realidad no sé que tanto me reconoció, se acordaba de mí, no sé si recordó las circunstancias, estoy segura que mi nombre no lo recordaba, en realidad pienso que nunca lo supo.
-Sos muy dura con vos misma.
-No, esa es una realidad, aparte, no podemos obligar a alguien a que te quiera o a gustarle, si no le gustás, ya está.
-Eso es verdad, pero sos una mujer hermosa, siempre fuiste preciosa, con ese aire de princesa, rubia, con ojos celestes, a veces medios indefinidos, con buen cuerpo, ¿Cómo no le vas a gustar?
-Puede que le guste otro tipo de mujer, más grandota, como la novia que le conocí, más tirando a tu cuerpo, a lo mejor le gustaste vos.
-No creo, nunca me tiró onda, solo creo que es muy arrogante, que sabe que tiene a muchas mujeres atrás, tiene una personalidad arrolladora, aparenta ser simpático y a la vez te mira por encima del hombro, es raro.
-A ese rarito lo metería en mi cama sin dudar.
-¡Ivana! Sacatelo de la cabeza, todavía me acuerdo que no dejabas de llorar por él, porque no te daba bolilla, era muy idiota ese hombre, desde chico, a lo mejor ahora está peor.
-Me invitó a tomar un café.
-¿Y?
Pregunta con voz de pito, parece aterrada.
-Nada, tuve terror de involucrarme de nuevo con él, de involucrarme yo sola y estaba apurada, quería ver a Naty, me negué a aceptar su habitación.
-Todo se da por algo.
Seguimos hablando, me habló de Walter, aunque ya está dudando, analiza demasiado cada relación, yo, por mi parte, hago lo mismo.
No creo que esté considerando tener algo más importante con él, como pensé con anterioridad.
Tal vez por eso seguíamos solas, dudamos bastante antes de dar cada paso, somos jóvenes, pero ni un candidato, como la gente, a la vista teníamos.
Por fin le pude hacer entender a mi cuñado que tenía que hablar con los chicos, me ofrecí a estar presente.
Fue un verdadero drama, es muy fuerte para ellos, por más que tengan un padre que los acompañe y que me tengan a mí, yo no era mucho más valiente que ellos, pero al menos ya era adulta.
El dolor existía igual.
El tema es que no podían llegar del colegio un día y enterarse que su madre estaba muerta.
Dios quiera que viva mil años más.
Sabemos que eso no era posible, tiene cáncer y se lo descubrieron tarde y Natalia, siempre negaba los síntomas, hasta que ya no hubo nada que hacer, ni la pudieron operar, tenía metástasis en todo su frágil cuerpo.
Esa noche llevé a mis sobrinos a dormir a casa, estaban demasiado mal y no quería que mi hermana los vea en ese estado.
Seguimos llorando allí.
Nos dormimos los tres abrazados, aunque sé bien que lo único que querían ellos, era estar con su madre.
Cuando los llevé a su casa, al día siguiente, aproveché para tocar un tema legal, quería poner la casa a nombre de los chicos, yo le cedía mi parte y mi hermana los nombraba herederos a ellos solos.
Tenía un amigo abogado, Fernando, que se ocupaba de esos temas y me asesoró.
No desconfiaba de mi cuñado, pero el día de mañana, podría conocer a otra mujer que quisiera quedarse con esa casa y así nos aseguramos que solo mis sobrinos tuvieran acceso a esa propiedad.
Al fin y al cabo mi cuñado es un hombre joven y con el tiempo puede conocer a otra persona, aunque él piense que eso es imposible, ama a mi hermana, ahora se ve avejentado, sé que está sufriendo muchísimo.
Todos estamos igual.
Esa semana, con mi amigo y junto con un escribano amigo suyo, hicimos todos los trámites, llevan unos meses, pero ya dejamos todo firmado.
Mi hermana, que no era nada estúpida, supo bien porque yo hacía todo eso.
Luis estuvo de acuerdo, es un buen hombre y no le importa para nada sacar provecho de la situación.
Él amaba a sus hijos y a mi hermana la adoraba, eso me consta.
Pero en la vida todo cambia, no se iba a quedar soltero el resto de su vida, era joven, buen mozo, con un buen trabajo y es un excelente ser humano.
Natalia había sido tan bonita, que no era de extrañar lo perdidamente enamorado que siempre estuvo de ella.
Ella también era trabajadora, excelente madre, siempre abnegada por sus hijos y su marido.
Eran, o al menos habían sido, una pareja tan feliz, algunas veces me he quedado con mis sobrinos y ellos iban a bailar o a cenar, siempre alimentaron el amor de su matrimonio.
Yo quería tener una relación así, tal vez era apuntar muy alto, pero ese era mi parámetro y estoy segura que también era el de Ludmila.
Siempre vimos en ellos a la pareja perfecta.
Natalia y Luis nos llevaron a las dos a nuestro primer recital, por más que a ellos no les gustaba la música que nosotras escuchábamos.
Eran dos genios.
Ya estaba tranquila en cuanto a los papeles de la casa.
Porque nunca se sabe con qué tipo de mujer se podía cruzar mi cuñado.
El creía que mi hermana iba a seguir viviendo, se auto engaña.
Dos meses después terminó internada, acababa de cumplir 36 años.
Yo hablé con mis sobrinos, traté de hacerme cargo de todo lo que pude.
Por suerte, la madre de Luis era un amor y también se ocupaba de ellos, junto con una prima de él que era psicóloga y también los contenía.
Mi hermana ya estaba con respirador, nos encontrábamos en la antesala de la sala de espera, ella estaba en terapia intensiva.
Con mis sobrinos, estábamos los tres llorando, abrazados, tenía a uno de cada lado, Luis estaba adentro con ella.
Cuando levanto la vista veo a un hombre con traje que tiene clavada su mirada en mí.
Tardé en darme cuenta de quién se trataba.
Era Willy.
Yo no registraba a nadie, tenía los ojos hinchados de tanto llorar, el cabello revuelto y los chicos abrazados a mi ropa arrugada.
Era la peor versión de mí.
-¿Qué haces acá?
Me pregunta, sin un hola, como si seríamos amigos de toda la vida y nos hubiéramos visto el día anterior.
También llamó la atención de mis sobrinos.
-Está internada mi hermana ¿Y vos?
-Mi mamá está bastante grave, también está en terapia intensiva.
Me paro, ya me sentía insignificante al lado de él, con mis fachas me sentía peor, pero en ese momento no me importaba, solo quería que mi adorada Natalia siguiera viva.
Yo estaba en zapatillas, apenas le llegaba a los hombros.
Cuando lo miro a los ojos, no eran los de siempre, no tenían esa mirada aterciopelada e increíblemente seductora.
Se notaba que también había llorado.
Debe estar muy mal su madre.
-Tía ¿Quién es?
Me pregunta Any, tirando de mi remera.
Creo que ya lo adivinó, aunque el estado mental que tenía mi sobrina no era mucho mejor que el mío, es decir, era un desastre.
-Un conocido de cuando era chica, se llama Willy.
En ese momento, los dos lo miran.
Lo estudian.
Dejan de llorar por un momento.
-Lo lamento mucho.
Le digo.
-Yo también lamento lo de tu hermana.
Sale mi cuñado de terapia intensiva, ni registra que estoy hablando con alguien.
-La llevan a la sala común.
Me informa.
-¿Está mejor?
Pregunto sin esperanzas.
Me abraza con las lágrimas que no dejan de salir de sus ojos y me dice al oído, para que no escuchen los chicos.
-No, es para despedirnos.
Mi lágrimas no cesan, Willy me miró y creo que entendió lo que me dijo mi cuñado.
-Espero verte en una mejor situación.
-Lo mismo digo.
-¿Se murió?
Pregunta llorando con desgarro, Lito.
Willy se da vuelta y lo observa, tal vez sintiendo el mismo dolor por su propia madre, pero con más resignación.
Nosotros no podíamos contener a Lito.
-Escuchame, no se murió, no lo hizo, cielito, por favor.
Que momento de mierda estamos pasando.
Llevaron a mi hermana a una sala común, pero individual.
Nos permitieron pasar la noche con ella, eso fue una muy mala noticia, si estaría bien no tienen tantas consideraciones.
Le quedaba muy poco tiempo de vida.
En un momento, mi hermana, retomó la conciencia y sus palabras, apenas sin fuerza, fueron de paz, despidiéndose de cada uno, a mi me dijo que me deseaba lo mejor, las lágrimas caían por mis mejillas, sin poder controlarlas, estábamos todos igual.
Se despidió de sus hijos pidiéndoles que vayan a la facultad y que se porten bien, que nos hagan caso a Luis y a mí, le dijo que los amaba y a mi cuñado le pidió que no esté demasiado tiempo solo, que rehaga su vida.
Así era ella, siempre tan generosa, abnegada, maravillosa.
Poco después cerró los ojos y entró en un coma profundo del que ya no despertó.
A la mañana siguiente vino Ludmila, a quién le había informado que ya era casi el final.
También estaban la madre de Luis, su hermana y su prima.
Fue el día más triste de mi vida.
Nos informaron que falleció, era cerca del mediodía.
Mis sobrinos gritando, yo llorando, desesperada, la cara de dolor de Luis, era terrible.
Me senté sola, alejada, quería pensar, aunque no sabía muy bien en qué.
Quería acomodar mis pensamientos.