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Princesa por Accidente

Princesa por Accidente

Autor: : Miss Whispers
Género: Romance
Elisa se enamoró perdidamente de John Hammond. Sabía que jamás tendría nada con él puesto que él era un príncipe y ella solo una doncella del palacio. No era tratada como una "Cenicienta", la reina Portia era bastante buena con ella y cada miembro de la familia real, en especial la hermana del príncipe la tenían como su igual. ¿Y el cuento de hadas? No existe. Su amado John estaba enamorado de alguien más. Sin embargo, cuando las cosas se tuercen un poquito y la noche de un baile, John es culpado de mancillar la virtud de una mujer inocente, y con los problemas del pueblo y el dinero que no saben a dónde ha acabado, para no aumentar la rebelión y las guerras, John accede a pagar lo robado y a salvar el honor de Elisa casándose con ella. Puede que Elisa lo amara pero era claro que John no la amaba y odiaba como se había visto envuelto en tan indecorosa situación. Una vida de matrimonio sin amor, malos entendidos y peleas, no sería capaz de soportarlo sin la fuerza de su propio corazón. John por su parte no había pensado nunca en casarse con Elisa, pero obligado, lo hizo. El mismo día de su boda la escuchó decirle que sería una esposa excelente, que siempre lo iba a respetar. Él fue muy severo al dejarle en claro que solo era un matrimonio de nombre, que lo hizo solo para no dejarla en la ruina. Estaba molesto por como se había tornado todo. Una separación de parte del príncipe dejó en claro para todos que su matrimonio era falso y trataban a Elisa con desdén, incluso en bailes seguían dejándola de lado. Ella con el corazón destrozado, juró no volver a permitir que aquel sinvergüenza decepcionante compartiera su lecho. Ahora, tras años de matrimonio fingido, John necesita un heredero, por lo que se enfrentará a un desafío delicioso, intrigante: seducir a su propia mujer. Debe persuadir a Elisa, su princesa, pero esta vez, será él quien pierda el corazón.

Capítulo 1 Un príncipe y una plebeya

Para reinos prósperos y pacíficos, Darmid es presentado como un paraíso perfecto. Con paisajes hermosos que dejan abierto un puerto al turismo, una economía estable que se basa mayormente en la exportación de gemas gracias a la gran cantidad de estas en las canteras. Los cultivos y la ganadería bien administrados, y una monarquía que ha sido de las más sesgadas de toda Europa. Nunca ha habido guerras porque sus líderes han resuelto los conflictos, tanto internos como externos, con diplomacia. Los darmidenses son ciudadanos felices.

Siempre han estado en un gobierno justo y jamás les ha faltado nada.

Al menos ha sido así hasta el último año de la reina Portia de la casa Hammond. Tras la muerte de su esposo las cosas se han vuelto un tanto caóticas. En Darmid ha decaído bastante la economía y sus técnicas de modernización no han dado resultados. El dinero se estaba perdiendo aunque todo se estuviera haciendo con inversiones de Darmid, empresas del lugar y mano de obra directamente del país. Por eso la reina había concertado dos matrimonios por conveniencia para sus hijos, el príncipe heredero, John Richard Hammond con la princesa Amber del reino de Ekistan, y su hija, la princesa Viola Emily Hammond con el príncipe Damon Hewitt del reino de Bolgheri.

Al menos el saber que habría formas de salvar al país hizo que las huelgas se frenaran un poco y la temporada de bailes de caridad dadas por la aristocracia se abrieron. Los impuestos para los miembros de la nobleza subieron y hubo una breve época de paz.

Elisa Moore comenzó a vivir en el palacio de Darmid desde hacía dos años, pues su padre, Leopold Moore, un antiguo profesor del príncipe en su niñez fue tomado como consejero de la reina Portia y ella era una amiga muy cercana de la princesa Viola.

A Elisa siempre se le había dado bien ser astuta y mentir. Si eso era un defecto o una virtud iba a depender de quien lo viera. Para ella, era algo bueno, y más cuando se encontraba delante de un guardia del palacio que le impedía disfrutar de la noche que había planeado. Como plebeya que era no era posible que estuviera en una fiesta donde la realeza y la nobleza se reunía para celebrar el compromiso del príncipe con su futura reina. El pueblo estaba en fiestas y ella tenía intenciones de divertirse. -No puede estar aquí, señorita Moore. Vuelva a su habitación.

Se había metido por una de las alas del palacio para salir y pasar una noche fuera. -Lo lamento. No podía dormir por todo el ruido que hay en el salón de baile. He pensado que podía leer un poco. -Siempre llevaba un libro en la mano por si alguien la atrapaba. En los internados de Londres siempre había aprendido que un libro siempre era una buena excusa para justificar una escapada nocturna y a su padre no le hacía gracia que rompiera las reglas impuestas por la reina. Pero aún así, ella tenía el valor para desafiarlas. -Voy ya a mi habitación.

-Señorita Moore, su habitación está en la otra ala. -Ella giró la cabeza un segundo y volvió a mirarlo un tanto coqueta.

-¿En serio? -Preguntó mientras fingía no haberse dado cuenta. -Habría jurado que estaba hacía allá. -Dijo señalando con la mano el pasillo de mármol con brillantes espejos y jarrones ming del siglo XV. Ella sabía exactamente que había tomado el camino equivocado a propósito. Era el ala que solía llevar a la terraza y ya lo había preparado todo para salir justo por el jardín trasero del palacio. -Es todo tan confuso de noche, siempre me pierdo. Hay tantos pasillos iguales... -moduló la voz para parecer inocente y confusa, y luego sonrió. Sabía que su sonrisa podía derretir a cualquier hombre y era un arma que utilizaba siempre que era preciso.

Y aquel guardia era un hombre que no era inmune a sus encantos.

-Es comprensible, señorita Moore. -Dijo el hombre mientras le devolvía la sonrisa. -entiendo que no pueda dormir. Pero sabe que no puedo dejarla deambular por los pasillos.

Elisa sabía que aquella decisión se había tomado después de un escándalo donde una de las hijas de una condesa que pertenecía a la corte tuvo un amorío con un soldado y se escapaban durante la noche para encontrarse. -No estaba deambulando. Ya le he dicho que no podía dormir. -le dijo Elisa un tanto compungida al guardia. -Es solo que me equivoqué.

-Estaré encantado de acompañarla hasta su habitación. -Puede que aquel hombre no fuera de piedra pero tampoco era un idiota. Elisa suspiró y permitió que la acompañara un tanto resignada. Sabía que solo era un retraso temporal en sus planes. De nuevo en su habitación pensó en otra manera de salir. Estaba bien cubierta y su vestido no se veía en lo absoluto, esperó un poco, sería lo mejor. A oscuras volvió a salir y buscó otra salida para dirigirse a la terraza. Esperó a que el guardia de patrulla doblara la esquina y se deslizó suavemente por los pasillos para probar suerte con otra ruta de escape.

La luz de la luna iluminaba los pasillos por las ventanas, y también con la fiesta en el país, los fuegos artificiales también llenaban el cielo nocturno. La música y el jolgorio eran por el compromiso de la princesa Amber y el príncipe John.

Cuanto más se acercaba a los lindes del palacio, más fuerte le llegaban los sonidos de las fiestas, pero justo cuando iba a sacar las escaleras escondida tras los materos de la terraza para bajar al jardín fue interrumpida de nuevo.

Saltó asustada al sentir una mano en el brazo, pero al dar media vuelta, se encontró con la persona que había planeado encontrarse. -John. ¿Qué haces aquí?

-Estaba en el salón principal tomando una copa, y noté algo muy curioso.

-¿Algo curioso?

-Sí -Dijo él con una risita. -te he visto atravesar el pasillo corriendo, así que he decidido seguirte. ¿A dónde vas hoy?

-Tú deberías volver a tu baile. Todos están ahí dentro esperando por ti, celebrándote a ti y a la princesa Amber.

-¿Sabes? Desde que vives en el palacio las cosas aquí son muchísimo más divertidas. Los últimos dos años han sido perfectos, Elisa. -Lo que sabía Elisa Moore de John es que desde el momento en que lo vio quedó completamente enamorada de él. Le sonrió y agachó la mirada. -¿Ibas a la fiesta del reino?

-Es por tu compromiso. La princesa Amber y tú... -Saber del compromiso del príncipe le había roto el corazón. -Y sí quería ir a ver toda la fiesta. Sabiendo de este compromiso las personas han estado más felices.

-Tengo suerte, sí. Creí que Amber y yo no seríamos compatibles. Pero me equivoqué, al conocerla a ella descubrí que teníamos mucho en común y tengo que decirte, creo que estoy enamorado de ella.

Que le dijera aquello le rompía más aún el alma pues ella amaba realmente a John, sabía que nunca sería de ella pues era una plebeya, hija de un profesor y que aunque había tenido una educación igual al resto de las mujeres de la realeza y la nobleza no era realmente una de ellas. Jamás estaría a la altura de un príncipe. -Estoy feliz por ti, príncipe John. -Dijo dándole una reverencia.

-¿Príncipe John? ¿Ahora usas mi título? Eres mi amiga ¿No es así?

-Siempre seremos amigos, John. Siempre. Serás feliz en tu matrimonio, lo sé.

-¿Lo sabes?

Ella asintió y luego se abrazaron. -Sé que sí. Estás enamorado y es la cosa más maravillosa que podría estar pasando. Y es mucho mejor que esta boda sea la solución de muchos problemas del reino. Estoy orgullosa de ti, y algún día cuando subas al trono serás un magnífico rey.

-Gracias por creer en mí.

Capítulo 2 Novia solitaria

Cuando se hablaba en sociedad del príncipe y la princesa de Darmid, John Hammond y Elisa Hammond, había una conclusión sobre ambos herederos a la corona y nadie lo podía refutar: No se soportaban.

Este hecho se mencionaba en todas las conversaciones de la aristocracia, fiestas de té y bailes de salón con la misma certeza incuestionable con la que el pueblo hablaba de la lluvia inglesa o el problema irlandés. Y es que los rumores especulaban que la realidad por la cuál la pareja se había separado luego de su boda y que en la actualidad, tres años después, la princesa Elisa Hammond de Darmid no hubiera proporcionado un heredero a la corona. Los príncipes vivían vidas totalmente separadas y hasta el anfitrión más inexperto sabía que nunca debía invitarlos a la misma cena.

Elisa había pasado de amar a John en exceso a odiarlo con cada fibra de su ser y todo había pasado justo el día de su boda, y es que, ninguna novia debería pasar sola la noche luego de dar el "sí, acepto".

De hecho, ninguna novia debería haber sido obligada como ella a casarse. Todo era una farsa y lo que debió ser uno de los momentos más felices de su vida y con el que había soñado desde que conoció al príncipe John se había vuelto una pesadilla. -Elisa Hammond, princesa de Darmid. -Dijo ella mientras se veía en el espejo y dejaba que su criada la terminara de vestir y peinar para ponerle su tiara. El peso de la plata y los diamantes eran simbólicos a sus responsabilidades que había adquirido por un accidente.

-¿Le gusta el peinado, alteza real? -Ella miró las trenzas y los adornos que brillaban en su cabello bajo las luces y asintió.

-Sí, Nancy, gracias. -En cuanto la criada terminó, Elisa se levantó y salió de su habitación para enfrentar al mundo, así había sido desde el día de su boda, y mientras caminaba por los pasillos del palacio sintiéndose totalmente fuera de lugar a pesar de que ahora sí era su hogar, recordaba como hace tres años había pasado de ser una plebeya a una princesa.

EL DÍA DE LA BODA

-Y los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia, alteza real.

Y John le dio un beso rápido y muy frío. Elisa jamás se imaginó que el primer beso de ambos sería así, como mujer que era soñaba con pasión y cariño, no con contratos y convenios, que a fin de cuentas fue lo que pasó.

La noche del baile de compromiso del príncipe John con su prometida de otra nación, se habían encontrado mientras ella intentaba huir del palacio. Estaban juntos, y solos, y luego de haberle dicho que creía en él le dio un abrazo que los dejó muy cerca y estaba segura de que lo pudo haber besado de no haber sido interrumpidos. Sin embargo, ella le había dicho que era escandaloso que estuvieran juntos y solos y que se volvería un horror si alguien los veía y ALGUIEN los vio. El primer ministro los encontró y hubo reclamos, gritos, y cuando su padre sugirió la boda, la reina Portia accedió y John accedió a ese cambio brusco de planes.

Aunque ella dijo que no. -Su majestad, no.

-Es una tontería negarse, Elisa. -Dijo su padre mientras le presionaba con fuerza el brazo. -Has sido deshonrada.

-¡No pasó nada! -Gritó ella un tanto desesperada por salir de aquella situación pero el primer ministro, Jack, era testigo de todo lo que había sucedido -o más bien, de todo lo que inventó que sucedió. -y regó la información de que el príncipe John Hammond mantenía un amorío con una plebeya. La mentira se supo, pues se regó como pólvora y se encendió. Luego de que el consejo se reuniera y buscara la mejor manera de salvar al príncipe, llegaron a la conclusión de que debía desposarla...

A ella.

Y la boda fue una farsa. Tres días después de aquel incidente estaban casados. La celebración no duró ni una hora, la familia real estaba enojada con ella y ella misma estaba enojada con su padre. Recordó cómo al salir de la iglesia y subirse al carruaje con él trató de aplacar un poco el enojo de John, ya que él fue quien se quedó con ella esa noche y tuvo parte de la culpa. -Quiero que sepas que no quería que las cosas terminaran así para ninguno de los dos. -Dijo ella mirándolo. -¿John?

-Su alteza real. Es el trato que debes darme y yo tampoco quería que las cosas terminaran así. Pensé que éramos amigos.

-Lo somos. Bueno, ahora no. Soy tu esposa, y prometo ser una buena esposa, seré dedicada y aprenderé todo lo que deba aprender.

Aunque hasta ese momento parecía ignorarla, su mirada fría fue directa y cortante. -Lo que hagas, Elisa, no me importa. -Sus ojos azules lucían tan helados que podían congelar la sangre de cualquiera. Ella sintió la severidad de su mirada en todo su cuerpo y el miedo la hizo sentirse mucho más pequeña de lo que ya se sentía. -Escúchame atentamente porque solo lo diré una vez. Solo me casé contigo para no dejarte en la ruina debido al escándalo que provocó el primer ministro y tu padre mismo. Nuestro matrimonio no existe, llevas mi apellido y protección y deberá bastarte con eso. Los deberes me exigen que me acueste contigo para procrear un heredero, y cuando yo quiera hacerlo te buscaré, porque nunca seremos "marido" y "mujer" ¿Quedó claro? Ahora eres princesa, nadie va a cuestionarte nada.

-Así que solo voy a ser un recipiente donde lanzar tus hijos ¿Es eso?

-Háblame con respeto. Soy tu superior ¡No voy a tolerar que me trates con condescendencia! -Dijo con un grito y Elisa quedó paralizada. No tuvo respuesta para eso más que asentir. Era horrible que la tratara como culpable cuando al igual que él era una víctima. Su amistad se había ido al infierno y todo por un error.

-Yo dije que no. -Dijo en un hilo de voz.

-Olvídalo, Elisa. No tenemos por qué hablar. No tenemos porqué convivir. Ya está hecho. Vivirás en el palacio de Blueberries y yo en algún otro que considere conveniente. -Al llegar al palacio que sería la residencia de Elisa lo vio abrir la puerta del carruaje y luego mirarla. -Entra a la casa.

-¿No vienes conmigo? -Ella había pensado que esa noche sería una de las noches que él tomaría y aprovecharía su cuerpo para darle el tan precioso heredero que todo el reino quería.

-No. -Ella terminó bajando sola, al estar fuera del carruaje vio como la puerta se cerró de un golpe y el coche comenzó a andar. Fue dentro del palacio, no habían muchos sirvientes, y ya tenían instrucciones de qué habitación darle a ella. Se sentó en la cama, miró el anillo en su dedo tratando de convencerse de que todo lo que estaba pasando no era real. Pero ahora era princesa de Darmid, esposa del heredero a la corona y futura reina consorte. Toda su vida había cambiado por un accidente.

Sabía que en cualquier momento, John iría a consumar su matrimonio porque era su deber pero una vez hecho, si tras una sola vez ella quedaba embarazada ¿Qué iba a pasar? Sea lo que fuera no estaba preparada para eso, estaba nerviosa, se moría por dentro.

Esperó sentada en su cama.

Pasaron horas hasta que escuchó voces fuera por los pasillos y salió a investigar de qué se trataba. Seguía con su vestido de novia y asomada por las escaleras vio a John impresionantemente ebrio siendo traído por uno de los guardias. -¡YO NO QUERÍA CASARME CON ELLA! ¡JAMÁS HABRÍA PENSADO EN CORTEJAR O COMPROMETER A UNA MUJER COMO ELISA MOORE! ¡¿LA HAS VISTO?! ¡ES CORRIENTE!

-Su alteza. Lo llevaré a su habitación.

-No, debo consumar esto. -Elisa se quedó de piedra al verlo subir hasta donde estaba y se tensó. -Elisaaaa...

Ella tuvo que fingir como si no hubiera oído nada de lo que había dicho John y fingir más que no había dolido. -Está bien ¿Me encargo? -Dijo al guardia.

-Su alteza real.

-Llévelo a su habitación. Será mejor que el príncipe descanse.

-Que fácil das las órdenes ahora. -Dijo él con desdén. Zafándose del guardia tomó a Elisa del brazo. -Tenemos que cumplir con un deber.

-No quiero hacerlo.

-Y yo tampoco. Pero eso no me interesa y a ti tampoco porque es el precio que viene con la corona. -Ella se volvió dócil bajo sus manos, intentado esperar que todo pasara rápido. Siguió cada orden que él daba y se quitó su vestido de novia. Lo demás, fue un tanto incómodo porque el hombre que amaba apestaba a alcohol, y era rudo con ella. Tener el desprecio de John había sido el precio al casarse con él. No podía culparlo, él estaba enamorado de otra mujer y se había visto obligado a casarse con ella.

-¿Ya está? -Se cubrió hasta el pecho con las sábanas una vez él terminó y lo vio levantarse, tomar una copa más de un licor que había en uno de los estantes y vestirse. -¿No te quedas?

-No. -Se sintió como una estúpida, él se lo había dicho horas antes. Lo vio terminar de vestirse y salir de la habitación como si le doliera estar cerca de ella.

Una vez John se fue, Elisa rompió a llorar quebrándose por toda su mala suerte.

Capítulo 3 Reclamos y Separaciones

Elisa desde el día que se casó se sentía una extraña en el palacio de Blueberries. Se suponía que era su casa y ahora era una extraña. Antes, cuando solo era una plebeya no se sentía tan mal. Al día siguiente de su patética noche de bodas, y recordando que su esposo debía estar con una resaca terrible, lo buscó hasta encontrarlo y entró a la habitación en la que se había quedado. -¿Qué haces aquí? -Se sobresaltó al oírlo porque lo creía dormido, pero no era así. Sus ojos azules se veían rojos, él estaba rojo. Supuso que había bebido más de la cuenta. -Elisa te hice una pregunta.

-Vine a ver como estabas.

-No tienes por qué.

-Me dijeron en la cocina que te sentirías mejor luego de comer algo. Les mencioné que debido a las celebraciones bebiste un poco de más. -Fue cuando él se percató que ella llevaba una bandeja con frutas, tostadas de mantequilla y un jugo de naranja. John volvió a verla a los ojos y la miró con la misma frialdad del día anterior. Elisa puso la bandeja en la mesita y agachó la mirada. -Solo quería ser útil.

-Sal de aquí.

-Intento ayudar.

-Me ayudas más si te vas de mi habitación, Elisa.

-No debiste excederte bebiendo. ¿Por qué lo hiciste, John? No vale la pena hacerse daño así, te puedes enfermar.

-Salte. ¡QUE TE SALGAS YA DE MI HABITACIÓN, ELISA!

-No tienes por qué gritarme. -Dijo ella un poco alterada alejándose rápido de la cama tras sobresaltarse por el hecho de que él le hubiera gritado. -Somos amigos ¿No? Respétame al menos en eso.

-¡¿Crees que podría ser amigo de la mujer que dañó mi compromiso con Amber?! -Al verlo levantarse y mirarla con todo el enojo acumulado en sus ojos supo que él solo la culpaba por todo lo que había pasado. -Escuché todo lo que planeabas, como estabas enamorada de mí.

Sus sentimientos siempre habían sido un secreto, por lo que se sorprendió mucho cuando él lo mencionó. -¿Quién te dijo qué...?

-¿Me crees tan imbécil, Elisa? Me embaucaste, engañaste a la corona y es una traición al estado el que hayas manipulado toda la situación para casarte conmigo y ser princesa. ¡No puedo creer que me hayas atrapado en este matrimonio!

Elisa se sentía pequeña incluso estando de pie delante de John. Pero a pesar de eso no iba a dejarse humillar. -Yo no te atrapé en este matrimonio. Quería escapar del palacio la noche que todo se volvió un asco.

-No hables como pueblerina, me molesta mucho. ¡Compórtate como princesa!

-¡Hasta ayer yo no era una princesa! Y te recuerdo que dije muchas veces que no. ¡Dije que no! Pero todos insistieron en este error.

-¡Fue el peor error que cometí! Jamás debí llevarte aparte para contarte. –Elisa no quiso decir que nunca le dijo nada. -Sal de aquí, no quiero verte.

-Puedes salir de esto, solo debes pedir la nulidad del matrimonio en lugar de gritarme.

-¿Y luego qué? ¿Tú humillas de nuevo a mi familia pero ahora vendiendo las historias a los magazines? ¿Me haces ver como un monstruo y me hundes? ¿Es lo que quieres, Elisa?

Ni siquiera se le había pasado por la cabeza. No lo había pensado. -Te estás portando cruel. No lo haría. Yo no te humillaré.

-Lo hiciste. ¡Lo hiciste! Rompí mi compromiso por ti, por salvarte el cuello. Todo lo que querías era el poder de la corona. Creí que eras diferente, Elisa, alguien leal. ¡Sal de mi habitación, ya!

Y tras asentir dio media vuelta y se fue cerrando la puerta, se sobresaltó aún más al escuchar cómo caían al suelo algunos cristales dentro del cuarto, suponiendo y acertando que John había lanzado al suelo la bandeja que ella le llevó.

El hecho de que la tratara así de cruel la hacía sentir fuera de lugar. Intentó buscar una solución a su recién empezado matrimonio. Le había dicho que podía divorciarse pero sabía que eso supondría un enorme escándalo para la familia real y no era posible. Ya todavía seguía siendo material de primera plana y trending topic en redes sociales. Todos los noticieros hablaban acerca del horrible escándalo que estaba protagonizando la familia real en esos días.

Apagó la televisión del estudio de los reyes en cuanto volvió a ver su cara. -Dios, que pesadilla.

-Su alteza real. -Se sobresaltó al escuchar otra voz en el lugar y volteó. -Me disculpo, alteza real.

-Nancy... Eres tú. ¿Podrías llamarme solo Elisa? Aún no me acostumbro al título.

-No es lo apropiado, alteza real. -Dijo la doncella manteniendo una respetuosa distancia. Elisa había hecho buenas migas con ella cuando llegó al palacio pero luego de su matrimonio muchas cosas habían cambiado en poco tiempo. -La buscaba porque su Alteza, la Princesa Real Viola la vino a visitar, espera por usted en el salón rosa.

-Voy. -Elisa fue a ver a su amiga y la encontró ahí, rubia, perfecta y de ojos azules. Usaba un vestido impecable color durazno y joyas de la nación de su prometido. -Viola. Hola.

-Elisa. -La princesa hermana de John se acercó y le dio un abrazo fuerte. -Que locura todo esto. No imagino todo lo que estás pasando. En el palacio de Dennover, la nueva residencia de mi madre, todo es una locura. Intentan controlar lo que dice la prensa.

-Estoy bien. Supe que hoy renegociaron el tratado con el reino de Ekistan. La princesa Amber volvió ayer ¿No es así? -Viola asintió y Elisa sintió como si se derrumbara el mundo bajo sus pies. -Por eso John se embriagó entonces.

-Se repondrá de esto. No es el motivo de mi visita.

-¿Qué sucede? -Elisa vio a Viola quien la miraba con algo de tristeza. -¿Hay algo que no sé?

-Los embajadores de Darmid y Bolgheri adelantaron la boda con el príncipe Damon. Parto para el reino de Bolgheri ahora mismo. Mi carro espera afuera y el avión está listo para despegar en cuanto llegue al aeropuerto. -Elisa escuchó y su mundo se volvió un poco más oscuro. Su amiga, la única que le mostraba un poco de apoyo en el palacio se iba.

-Viniste a despedirte. -Viola asintió y Elisa dio un largo suspiro. -¿Y la reina?

-Mi madre irá a la boda en dos días.

-¡¿Dos días?! -Eso sí que era pronto. -Apenas conoces al príncipe Damon.

-Lo sé, y siento nervios pero es mi deber. No quieren que te diga esto, pero el reino pierde dinero y no saben por qué. Mi matrimonio con el príncipe de Bolgheri es para enviar fondos. Es una alianza económica muy lucrativa, lo que te pido ahora es que mantengas los ojos abiertos. Algo me dice que no todo es como parece y ahora tú eres la princesa de este reino.

-No, no, no soy la princesa de nada.

-Te casaste con John. Eres valiente, inteligente y tú puedes descubrir qué es lo que pasa en el país. ¿Puedes? No confíes en nadie, Elisa. Creo que tu matrimonio fue planeado, te usaron como chivo expiatorio pero puedes voltear las cosas a tu conveniencia. ¿Lo harás?

-No. Santo Dios, ¿Por qué me dices todo esto?

-Porque la vida de mi hermano podría estar peligrando y tú lo amas, no lo niegues, lo veo en tus ojos. Por favor, sálvalo. -La despedida de Viola era más una advertencia. La princesa se fue en su limusina y Elisa comenzó a tener miedo. Su esposo la odiaba y ahora estaba en medio de un complot. ¿Qué podía hacer ella?

La respuesta fue casi inmediata pues al día siguiente su esposo decidió irse del país. Le pareció la mejor solución, aunque a plazos largos ¿Por qué la dejaba atrás?

El príncipe John no estaba en el palacio de Blueberries, todos los que debían saber su paradero recibían los mensajes de su alteza real. Todos menos Elisa. A pesar de que ella buscaba la manera de saber si él estaba bien y la amenaza de complot seguía latente, después del primer año decidió que no era más que un rumor muy mal infundado y se acostumbró a aquella separación.

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