"El amor es eso: cuando alguien, aún conociendo tus cicatrices, se queda para besarlas".
Benjamín Griss.
2003
La pequeña Lilly Beth Jones, hacía malabares arriba de dos banquitos apilados, trataba de alcanzar la mesada de la cocina para poder subir en ella y de esa manera llegar a los estantes de la despensa. Su mamá había salido muy temprano, o tal vez la noche anterior, Lilly no podía estar segura, su madre solía desaparecer sin decirle nada y volver con una sonrisa y las manos repletas de regalos, pero para eso pasaban horas, a veces días.
Su madre no era como la señora Davies, siempre atenta de sus necesidades, claro que ella no podía saber cuándo Lilly estaba sola de inmediato, dado que era la vecina y tenía a sus propios hijos a quien cuidar. Cuando las agujas del reloj daban una vuelta completa y su madre no había regresado, Lilly colocaba su banquito frente a la puerta y giraba la llave, salía al pasillo oscuro y tocaba a la puerta de la soñara Davies, ella siempre abría, la hacía entrar , le daba de comer algo caliente y sabroso, y luego la hacía dormir junto a Jean, un niño de cabello casi blanco y de enormes ojos celestes, él también era amable.
Muchas veces pasaban días hasta que su madre aparecía y la buscaba en casa de la vecina; para entonces Lilly estaba feliz imaginando que era la hermana de jean, que su amorosa madre era la suya y que viviría con ellos para siempre. Entonces Cassandra Jones volvía y rompía todos sus sueños, la arrastraba hasta el departamento y luego la consolaba con muchos regalos, y promesas; sobre todo promesas, ella era experta en eso, además de una gran mentirosa.
Los días en que Cassandra estaba con Lilly, los dedicaba a lo que ella le llamaba "adiestramiento", pero que Lilly entendía como otra cosa. La señora Davies le había explicado lo que era bueno y lo que era malo, y su madre siempre le enseñaba lo malo, su adiestramiento era eso: un entrenamiento para hacer cosas malas. Lilly no entendía por qué su madre no podía ser diferente, incluso una vez le pregunto: -¿Mamá por qué no eres como la señora Davies?- , a lo que Cassandra le contesto: -Por qué tu madre no es una tonta. Si no, estaría igual que ella, llena de niños y arruinada.-
Lilly no logro comprender la respuesta, para ella la señora Davies tenía una vida perfecta, un marido que no dejaba de besarla, unos hijos que la adoraban. La señora Davies tenía lo que Lilly quería, por lo que en otra ocasión en la que su madre se ausento más de lo normal, fue a casa de la señora Davies y cuando Cassandra volvió por ella, le pidió que la dejara allí, le suplico que no regresará por ella, le dijo que quería que esa fuera su familia, le aseguro que allí la amaban.
Pero cómo siempre Cassandra rompió sus sueños, le dijo que la señora Davies solo hacía caridad con ella, que no la quería , si no que le tenía lastima. Ese día Cassandra le explicó algo que jamás olvidaría.
Escúchame bien Lilly Beth, las personas no son lo que parecen, debes aprender a juzgar sus intenciones, nadie le da a nadie algo sin pedir otra cosa a cambio. La señora Davies recibe un pago por cuidar de ti cuando yo no estoy, ella no te ama, tu eres un negocio para ella, sin ti , ella no podría alimentar a tantos niños; el pago se lo doy yo y cambio ella te da su caridad.-
Luego Cassandra se arrodilló para mirar a Lilly a los ojos y sujetándola por los pequeños hombros le dijo:
El amor no es algo que quieras en tu vida, solo va a traerte problemas y mucho dolor. Quiero que comprendas que lo que yo te enseño es lo mejor que vas a tener, yo te ayudo a enfrentar al mundo, y tú Lilly Beth vas a conquistarlo.-
Luego de eso Cassandra se llevó a Lilly, se mudaron a otra ciudad, y en los años venideros Lilly aprendería que no tenía un lugar al cual llamar hogar, que solo se tenía a sí misma y que nadie más que ella podría amarla.
París, 2023.
Lilly entro en su pequeño departamento, el día había sido agotador. Desde que trabajaba en aquella cafetería, hacía seis meses, las horas del día no le alcanzaban, vivir de manera honesta no era nada fácil, sobre todo cuando se había inventado una nueva vida, ahora era Susan Davies, una sencilla y simpática mesera en un café popular de París, había enterrado a Lilly Beth Jones para siempre.
Prendió las luces y se sacó los zapatos, se tiró en el sofá, levanto la vista e inmediatamente se dio cuenta de que algo andaba mal. En la mesa había una bolsa de color plateado, varios de sus marcadores habían sido movidos, le llamaba marcadores a diferentes objetos que colocaba en lugares específicos, este hábito se lo había inculcado su madre , de esa manera ella podía saber si alguien había entrado en la casa. Cuando se era una estafadora, siempre se vivía alerta, esperando a cualquier cosa que pudiera pasar.
Se paró despacio, muy atenta se movió con sigilo y reviso la única habitación, la diminuta cocina, todo sujetando la navaja que llevaba siempre con ella. No había nadie, pero sin duda habían estado allí, se acercó a la mesa y desde la distancia distinguió que la bolsa plateada, estaba acompañada de una caja del mismo color, el logotipo de la tienda, pertenecía a una de las boutiques más renombradas de París; encima de la caja había un sobre blanco.
Para Lilly Beth aquello solo podía significar una cosa: Su madre. Habían pasado exactamente seis meses desde la última vez que había sabido de ella, Cassandra siempre fiel a sus principios y a su profesión, la había dejado en la estacada; luego de dar un gran golpe juntas, su madre había huido con todas las ganancias dejándola a ella sin un solo centavo. Fue entonces cuando Lilly decidió que aquel era el final para ella y su madre, vivir estafando gente no le había traído nada bueno, y al final ella misma había terminado siendo la estafada, dado que el golpe lo había planeado y ejecutado ella y fue su madre quien obtuvo las ganancias.
Por razones que ella misma no podía entender, se acercó a los paquetes con una sonrisa. Para ser sincera extrañaba a Cassandra, era una mala persona, pero era su madre, la única que tenía y tal vez había cambiado, el dinero del último golpe le permitiría retirarse para siempre de esa vida, a lo mejor ahora quería que fueran por fin una familia.
Lilly abrió el sobre y extrajo la tarjeta, todo esperando ver la letra de su madre, pero lo que encontró fue muy diferente.
Te espero en "Le Ciel" a las 22:30 p.m. Ponte el vestido que está en la caja y sé "buena", y lleva puesta la ropa interior que está en la bolsa. Ninguna es una opción, si no te presentas lo lamentaras. Será un placer conocerte, mi querida estafadora.
L.B
Lilly dejo caer el sobre y se llevó la mano a la boca, se mordió la palma y maldijo entre dientes; se sentó en la silla junto a la mesa y abrió la caja, dentro había un vestido de encaje ajustado y corto, algo que ella jamás usaría, con solo ver el vestido , le basto para no querer ver la ropa interior que acompañaría a eso. Sabía quién había enviado la nota, o al menos lo suponía, las iniciales concordaban con las de su último objetivo, un magnate francés que tenía fama de ser mujeriego, despiadado y cruel.
Al pasar una hora cavilando que haría, Lilly se decidió por lo que le parecía la mejor opción: iría a la cita esa noche. Si algo había aprendido de su madre, era a qué es mejor conocer al enemigo que no saber a qué atenerse. Ella era una estafadora y sabía muy bien como jugar sus cartas, ése hombre no podría con ella, pero a pesar de sentirse segura un escalofrío le recorrió la nuca, al recordar los datos que había recabado anteriormente sobre él. Era conocido como "The Gentleman", tanto por sus socios como por sus mujeres, las cuales eran muchas, de hecho su madre había sido una de ellas, así habían logrado acercarse lo suficiente para investigar más, claro que solo había sido cosa de una noche y Cassandra jamás le dijo que había sucedido entre ellos, pero ella podía suponerlo, su madre era una mujer bellísima y seductora cómo pocas.
Dejo de pensar y se dispuso a arreglarse, esa noche jugaría el papel de la inocente, le echaría toda la culpa a Cassandra y juraría que no tenía el dinero, que además era cierto, y mucho menos idea del paradero de su madre. No sabía cómo iba a terminar todo aquello, pero si estaba segura de que ella saldría vencedora, la habían educado para ello y por más que ahora estuviera retirada y quisiera vivir una vida honesta y normal como todos los demás, podría representar un último papel para salir bien librada.
Arreglarse le resultó sencillo, no necesitaba de nadie que le dijera o indicara cómo debía maquillarse o peinarse, para llevar aquel atuendo. En realidad siempre representaba papeles, por lo que sabía qué es lo que esperaba ése hombre de ella; sin duda quería humillarla obligándola a usar el vestuario que usaría una acompañante pagada, pero ella le sacaría el mayor provecho a eso, se presentaría representando el papel de la pobre niña inocente, una víctima al igual que él, lograría que él se sintiera avergonzado de haberle pedido ir vestida de aquella manera. Sonriendo por el plan que llevaría a cabo, Lilly llegó a las puertas de Le Ciel, respiro hondo y se dijo a si misma:
- Vamos Susan Davies, es hora de enfrentar a éste idiota.-
Lucien Bonnet observaba la puerta de cristal de la entrada del restaurante, en cualquier momento la mujer que había osado robarle entraría y él esperaba que se llevará una pequeña sorpresa, sí aquella chiquilla incauta creía que podía robarle y no habría consecuencias, descubriría que se equivocaba, él la haría pedazos.
La reconoció apenas ingreso en el lugar, llevaba el atuendo que él había elegido para ella, se veía absolutamente hermosa, su melena larga y pelirroja acentuaba su aspecto felino con aquel vestido negro; solo algo no concordaba, caminaba con pasos inseguros, cómo si no estuviera acostumbrada a llevar tacones altos, su rostro reflejaba inseguridad, y miraba alrededor cómo si estuviera perdida, parecía una chiquilla asustada, y él sabía perfectamente que no lo era. El camarero la guío a la mesa que él había elegido, una en la que él podría verla, pero ella no a él, no quería que supiera que él la observaba; entonces puso inicio a su plan.
Lilly se sentó en la mesa, el salón estaba repleto de comensales, en la mesa había un celular, no tuvo que preguntar nada, pues el camarero le dijo.
-El señor Bonnet la llamara en breve. Por favor dígame cuando esté lista para ordenar.-
Luego se retiro y la dejo allí confundida. El celular sonó, y de acuerdo a su plan Lilly contestó con una voz temblorosa y asustada.
-Hola, soy Susan Davies...-
-Nunca hemos hablado, pero sé quién eres Lilly Jones; y desde luego sabes perfectamente quién soy. Tienes algo que me pertenece pequeña ladrona.-
-Yo... yo no soy una ladrona. Si tan solo usted me permitiera explicarle...- dijo tratando de acentuar el tono dulce y temeroso, sin que se notará la sorpresa que se llevó cuando él dijo su nombre real.
-Vaya que sí lo eres, al igual que tu madre.-
-Puedo explicárselo señor, ella me mintió...- dijo con tono desesperado.-
-Tu eres su cómplice.- dijo él con voz seca. Podía ver a Lilly y sabía que sus gestos no concordaban con su voz, la muy infeliz estaba actuando.
-Usted no lo comprende, ¡No sabía lo que mi madre estaba haciendo!... Yo le juro que soy inocente- dijo con voz chillona y llorosa.
-Y sin embargo, no lo eres. Pues me faltan 3 millones de dólares.-
-Yo, yo no tenía idea. ¡Si tan solo pudiera verlo y explicarle!- dijo tratando de sonar más desesperada.
-Te estoy viendo querida, y déjame decirte que el vestido te sienta de maravilla, lo que no te sienta es la actuación.-
Lilly cerro los ojos y se maldijo a sí misma, por no haber previsto que el tipo podría estar viéndola, se acomodo el cabello, era momento de cambiar de plan. Así que con su verdadera voz le dijo.
-Bueno supongo que ya no jugaremos más.-
-Al contrario mon amour, el juego acaba de iniciar.-
Lilly lo vio ,cuando estaba a escasos metros. Lucien Bonnet era un hombre que resaltaba de entre todos los demás, con un metro noventa, cabello rubio pálido, y los ojos más celestes que jamás había visto, se veía idéntico a las fotos de las revistas; todas las mujeres volteaba a verlo, caminaba con tanta seguridad que nadie dudaría en decir que él era poderoso.
Se sentó en frente de ella, y sin decir una palabra le hizo una seña al camarero, que estuvo al instante en la mesa.
-El chef ya sabe que comeremos.-
El camarero asintió y se retiró al instante. Lilly observo mejor al hombre que tenía en frente y entonces decidió que ella daría el primer paso.
-Señor Bonnet, entiendo su enfado, pero...-
-No, tu no comprendes nada ma chère, pero lo harás al finalizar la noche. Por ahora disfruta de la comida.-
Durante la cena Lilly era consiente de como la miraban las personas del salón, todos suponían que era una acompañante, el vestido de encaje negro, con transparencias, el maquillaje y los zapatos lo decían a gritos, y aquello empezaba a molestarle. No tolerará más de aquel espectáculo, por lo que dijo.
-Realmente disfruta de humillar a los demás, ¿Verdad?.-
Él levanto la mirada, pues anteriormente estaba concentrado en su comida, cómo si ella no existiera.
-No, la verdad no. Solo disfruto de la buena comida, cómo de todos los lujos, pero si lo que quieres es que te diga que es lo que pretendo, lo haré. Tú y tu madre me robaron, quiero mi dinero de vuelta, pero sé que no tienes como devolverlo, puesto que tú propia madre se llevó todo; así que tengo dos maneras de cobrarte: La primera es enviarte a la cárcel y hacer que termines allí tu vida, en una celda miserable, y luchando por las sobras que te den. La otra es que me entregues a tu madre.-
Lilly estrujaba la servilleta con ambas manos, la rabia la superaba, odiaba estar en la posición de perdedora, pero esa era la realidad, ella había perdido. Lucien Bonnet tenía la sartén por el mango, y ella más que nunca estaba odiando a su madre por haberla dejado en aquella situación.
-Créame, con gusto le entregaría a mi madre, pero no sé dónde está. Por otro lado usted es un hombre de recursos y la conoce, podría hallarla en un instante.-
-Mon chere tienes razón, soy un hombre de recursos, pero no tengo idea de cómo se ve tu madre, ella jamás se acercó a mí. Y a ti , no te creo ni una palabra.-
-Pero ella y usted estuvieron... yo creía... ella me dijo que se acercaría a usted y que lo conquistaría para...- dijo realmente sorprendida, su madre le había mentido de nuevo, jamás se acercó a Bonnet.
-¿Creías qué?. Mon chere no dudo que tú madre sea encantadora, teniéndote a ti como hija, pero te aseguro que no la habría mirado, en cambio a ti, sí que te abría mirando.- Lucien empezó a reírse con ganas, al ver la cara de sorpresa de Lilly.
-Si no sabe cómo se ve mi madre, ¿Cómo llego a mi?, ¿Cómo me encontró?.-
- Muy simple, tu nombre apareció en el desvío de los fondos que realizaron. Fue fácil enterarme de quienes eran y de lo que venían haciendo, pero tu madre parece ser más lista que tú, puesto que te dejo expuesta y ella jamás apareció en escena.-
Lilly tenía ganas de llorar, su madre había vuelto a dejarla en la peor de las condiciones, y ella no tenía idea de dónde estaba, ojalá que dónde estuviera la pasará igual de mal que ella.
-No sé dónde está, ni como hallar a mi madre, ella siempre me... siempre se sale con la suya.-
-Muy bien, supongo que la cárcel es la opción ganadora. Prepárate, vas a pasar el resto de tus días allí, y si fuera tu comería todo, puesto que está es tu última cena.-
Lilly sintió náuseas, la sola idea de ir a prisión le daba horror, no sobreviviría en aquel lugar, no podía ir a la cárcel, cualquier otra cosa sería mejor, cualquiera.
-Por favor, no lo haga. Debe haber alguna manera de...-
Lucien sonrió satisfecho, verla rendida y sin aquella mirada altiva , eso lo complacía sobre manera.
-Puede que halla algo más con lo que puedas pagarme. Acompáñame a mi habitación.-
Lilly frunció el ceño, no creía que ese tipo estuviera pensando en que podría cobrase con otra clase de cosa. Se paró de un salto de la silla y con ambas manos en la mesa le dijo.
-¡No soy esa clase de mujer!-
-¿Dices que prefieres la cárcel a ir a mi habitación y negociar?- pregunto el tranquilamente.
En eso el camarero se acercó y le pregunto a Lucien si querrían el postre, para ese momento Lilly estaba tan furiosa, que ella le contesto entre dientes.
-¡No quiero postre!-
Ni el camarero, ni Lucien le hicieron caso.
-Envía el postre y el café a mi habitación por favor, solo para uno.- dijo Lucien.
Luego se paró y empezó a caminar hacia la salida, la sujeto por el brazo y la llevo a rastras con él. Cuando estuvieron en el vestíbulo del hotel, le dijo.
-No estás obligada a subir conmigo, pero si sales de este hotel sabré que tu decisión es ir a prisión. Y a mí, sí, que debes creerme cuando te digo que no habrá lugar en el que puedas esconderte, haré que cumplas tu condena.-
Lilly tenía ganas de golpearlo, pero no estaba en posición de hacerlo, así que optó por la única salida que tenía, seguirle el juego a Lucien Bonnet e ir a su habitación. Una vez allí lo manejaría y vería la forma de voltear la situación a su favor. Camino delante de él y entro en el ascensor, él la siguió sin decir nada, hasta que llegaron a la suite presidencial del hotel, una vez allí el abrió la puerta y la invitó a pasar.
Nada más poner un pie en la habitación, Lilly supo que había sido un error, aquel hombre tenía la mirada de un depredador y la presa era ella.
A pesar de que tenía miedo, Lilly se rehusó a demostrarlo. Muy tranquila se sentó en la pequeña mesa de la habitación y dijo.
-Negociemos señor Bonnet.-
Lucien no entendía la atracción que le provocaba una mujer a la que debería aborrecer, ella lo había hecho quedar como un idiota al robarle; y sin embargo verla allí sentada con las piernas cruzadas y con la melena roja cayendo sobre su escote , hacía que quisiera devorarla, eran las mismas ganas que había tenido durante la cena, mientras la observaba pasar de un estado de ánimo a otro, era una mujer fácil de leer. Pero a pesar del deseo que le provocaba, llevarla a su habitación no tenía otra intención más que la de humillarla, por lo que le dijo
-Te dije que soy un hombre que disfruta de lo bueno de la vida, de los placeres; y Mon chere, no habría nada que me gustaría más que ver un baile. Un espectáculo siempre es estimulante después de la cena.-
Lilly se bajó de la mesa e instintivamente, tironeo del vestido corto para cubrirse las piernas. Ella había querido que él se sintiera intimidado con su actitud, no que la viera como a cualquier mujerzuela.
-Ya le dije que no hago esa clase de cosas señor Bonnet.-
-Por está noche dime Lucien, y no, no es una opción, debes hacerlo. Y el baile tampoco lo es, quiero ver si llevas puesto el conjunto que elegí para ti, aunque sé que es de tu talla. No pongas esa cara , te hice vigilar durante días y tengo tanta información sobre ti, que es lógico que sepa hasta tu talla de brasier, por lo que puedes suponer que es imposible que puedas escapar de mi, cómo lo hizo tu madre.-
Por primera vez desde su infancia, Lilly se sintió desprotegida, indefensa, Lucien Bonnet la tenía a su merced y si ella se negaba él terminaría con su vida al enviarla a prisión. Él la estaba mirando sentado en una silla y con gesto tranquilo, aguardaba a ver su respuesta; sin duda era el hombre más guapo que había visto, pero también era temible, y frío. Su belleza no lograba engañarla, ella también lo conocía, lo había investigado, sabía que era un hombre que acostumbraba a obtener lo que quería, por las buenas o por las malas, y sinceramente no quería ver su lado malo, prefería el frío, su mirada profunda que le provocaba un vuelvo en el estómago, era de lo más extraño porque a pesar de saber quién era él, y cómo la estaba tratando, era imposible no sentirse atraída, encantada.
-Esta bien señor Bonnet, usted gana.- dijo mirándolo a los ojos.
-Lucien, dí mi nombre.-
-Dime, qué quieres que baile Lucien.-
El sonrió, y mostró su dentadura perfecta, el corazón de Lilly latió desbocado, no supo si por el miedo, o por otra cosa. Ése hombre era magnético, tenía "ese algo", que hacía que fuera incapaz de poder dejar de mirarlo. Lucien sujeto un pequeño control remoto y apretó un botón. La habitación se llenó de música, una melodía sensual y lenta que hacía que tuviera ganas de bailar.
-Muéstrame cómo te mueves Mon amour. – dijo con voz grave y sensual.
Sin quererlo, Lilly comenzó a bailar, cerro los ojos y se dejó guiar por la música, olvidándose de que lo hacía bajo presión. En algún momento dejo de pensar pero él la volvió a la realidad diciendo.
-Ahora sácate el vestido.-
Ella abrió los ojos y lo miro con expresión espantada.
-No.- dijo con voz temblorosa.
-Solo quiero verte.- contesto él.
Jamás sabría si empezó a sacarse el vestido, porque él lo había ordenado o por la manera en la que la estaba mirando, parecía estar viendo algo que le encantaba , que le fascinaba y esa era la primera vez que alguien le dirigía una mirada así. Cuando estuvo sin el vestido, con el conjunto de ropa interior del color de su piel, supo que había perdido el control de la situación, era él, el que dominaba.
Lucien se paró de la silla, se acercó a ella y rozo su cabello con la mano, luego se lo aparto del escote y la miró sin ninguna reserva.
Eres hermosa. Admito que me sorprendiste.- se colocó detrás de ella y le susurró al oído.- Te ofrezco otro trato, tú a cambio del dinero.
Lilly se puso tensa, la desfachatez de Lucien la puso en guardia nuevamente.
- No comprendo. Ya hice lo que pediste, baile para ti, me humille. ¿Qué más quieres?-
-Ya te lo dije.-
- No me obligaras a acostarme contigo. Si esa es la estrategia que usas con otras mujeres para que hagan lo que tú quieres, conmigo no te saldrá igual.-
-Claro que no lo haré, jamás hice tal cosa. Tú me rogaras que lo haga.-
Lilly se dio la vuelta con la intención de empujarlo, pero él la sorprendió besándola ferozmente. Fue un beso que jamás imaginó, él la sujeto por la nuca suavemente, introdujo su legua en el interior de su boca y sin quererlo ella perdió la noción de todo, aquel beso la dejo desconectada de la realidad; se dejó llevar por él, en algún momento un gemido escapó de su boca y Lucien mordisqueo su labio inferior provocándole un escalofrío. Después se deslizó por su cuello y acaricio su escote mientras susurraba.
-Dime que sí.-
Ella no atinaba a decir nada, no comprendía la reacción de su propio cuerpo, pero no podía detenerlo, las caricias que él le prodigaba la hacían perder el sentido. Pero cuando el se apoderó de uno de sus pezones, todo pensamiento desapareció, se entregó de lleno a sus caricias, él la beso, y la acaricio hasta que ella quedo blanda entre sus brazos, y deseosa de más; entonces él le dijo.
-Pídemelo, di que quieres ser mía.-
-Si.- dijo casi sin aliento, he incapaz de pensar en nada más que en él y en sus caricias.
-¿Si qué mon amour?-
-Quiero ser tuya Lucien.- lo dijo sinceramente, en aquel momento no había otra cosa que quisiera más, que tenerlo a él.
Él la tomo en sus brazos y la llevo a la cama. Lilly jamás espero que él se comportará así con ella, pensó que solo quería humillarla, pero ahora él estaba siendo suave, haciéndola sentir como nunca antes se había sentido; hacía de lado el odio que le tenía para disfrutarla como si ella fuera un oasis en medio del desierto y él estuviera muerto de sed. Él la coloco boca arriba y le abrió las piernas, la beso en los labios y se deslizó por su cuerpo repartiendo besos por su abdomen, hasta que llegó a su centro, entonces el corrió sus bragas y le introdujo dos dedos mientras le besaba el ombligo, ella arqueo su cuerpo gimiendo, y él hizo lo que jamás habría esperado, introdujo su lengua en su interior, la beso y la succionó hasta que ella suplico. Solo entonces él se enderezó, y saco del cajón de la mesa de luz un preservativo que se colocó rápidamente, luego se puso encima de ella y mientras la besaba en los labios se deslizó con un firme empujón dentro de ella.
Lucien jamás supuso que estaba con una virgen, pero cuando su miembro se cruzó con la barrera de resistencia, y vio que Lilly se quedaba quieta y pálida, lo entendió. Despacio se deslizó fuera de ella y reanudó las caricias, hasta que la sintió soltarse, y solo así continuo, ella era exquisita, una mujer maravillosamente receptiva a las caricias, y muy dispuesta, y era por ello que no habría adivinado jamás que era una inexperta y que solo había sido suya. Aquel pensamiento hizo que la amara durante más tiempo del que él habría querido, cuando por fin termino ella tenía una sonrisa en los labios y él supo que aquello debía terminar de una vez, las cosas no resultaron como él lo había planeado; se levantó de la cama y fue al baño.
Lilly respiraba despacio y profundo, se sentía de maravilla, pero luego volvió a la realidad, cuando él se levantó de la cama, ella se sentó, se miró y supo que aquello había sido un error, ajusto las sábanas a su alrededor y sintió ganas de golpearse a si misma , había caído en las garras de él, y lo peor de todo era que lo había disfrutado , que se lo había suplicado, tal y cómo él se lo dijo, pero no pudo evitarlo y no era porque él la acaricio maravillosamente, si no porque quería sentirse deseada por una vez en su vida, no fue el sexo lo que deseo, sino la atención. Miró hacía la puerta del baño, lo vio salir vistiendo su traje , estaba impecable cómo si nada hubiera pasado, cómo si no hubiera echo algo especial, cómo si ella hubiera sido un simple trámite, un negocio.
Mon chere, has estado maravillosa. Eres una mujer muy candente y realmente sorprendente, no imaginé que me lo pondrías tan fácil, pero lo hiciste, y me gustan las mujeres complacientes, desde luego eres la mejor que he tenido en mucho tiempo. Pero me haces preguntarme si valiste o no los 3 millones, creo que no.
Lilly lo miró sin ser capaz de decirle nada, la vergüenza y la rabia la dominaban, apretó sus dientes para no gritar. Él había conseguido lo que quería, humillarla por completo y dejarla allí como si no valiera nada, era un infeliz y ella una idiota por haber dejado que ganara, él consiguió su venganza a costa de ella.
Puedes quedarte toda la noche, pero por la mañana debes irte. No me mires así, me encantaría repetir pero voy tarde a una cita. Hasta aquí llego esto, no volverás a saber de mi, y no quiero volver a saber de ti, tú deuda está saldada a pesar de que sigo considerando que tú me estafaste y que te llevaste más de lo que yo obtuve.- Luego Lucien salió de la habitación.
Lilly se tiró en la cama y pataleo y grito durante un rato, luego se sentó, acomodo su cabello, se paró, trato de no ver las manchas de sangre en la sabana, un recuerdo de que había perdido su virginidad y de que había dejado que alguien se acercará lo suficiente como para dañarla, tomo el teléfono y llamo a recepción.
-Hola, estoy en la suite presidencial, necesito que me envíen un pantalón en talla 38, una blusa talla mediana, y unas zapatillas del 36 y medio. Cargué todo a la cuenta del señor Bonnet.- Él ya la había humillado demasiado y ella no pensaba salir de aquel lugar pareciendo una zorra, no le daría ese gusto. A partir de ese momento se olvidaría de él y de lo que había sucedido, volvería ser Susan Davies y todo volvería a estar bien, ya no más estafas, había pago un precio muy alto por la última, y al contrario de lo que Lucien le dijo, era ella quien había salido perdiendo.