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Problemas con el champán

Problemas con el champán

Autor: : Rik Toedtling
Género: Moderno
Kaylee tenía grandes esperanzas para su futuro. Sin embargo, después de haber vivido durante muchos años con su familia adoptiva, los Hadley, se vio obligada a casarse con el infame hijo de la familia Stephen en lugar de su hermana. Elijah, el novio, era conocido por ser mujeriego. Era guapo y rico, pero estaba lejos de ser un esposo ideal. Él era el único heredero de los Stephens, pero no no contribuyó nada al negocio familiar. Sus parientes lo odiaban mucho. Presionado por su abuelo, Elijah no tuvo más remedio que casarse con Kaylee. La impresión que tuvo Elijah de su futura esposa fue mala desde el principio. Sin embargo, pronto descubrió que Kaylee no era tan desagradable como la gente la hacía parecer. Fue una verdadera dulzura. Tenía un rostro hermoso a pesar de la horrible cicatriz en él. Su alegría no conoció límites después de descubrir que Kaylee era en realidad la chica que amaba cuando era muy joven. ¿Fue el destino? ¿O el comienzo de algo hermoso? ¡Tal vez ambos! Con el tiempo, Kaylee comenzó a descubrir los secretos de Elijah. Era más capaz de lo que la gente creía. ¿Por qué entonces fingía ser un heredero inútil? ¿Qué estaba escondiendo realmente?

Capítulo 1 Expulsada

Las noches de invierno en Atheton eran extremadamente frías, pero una pobre chica, Kaylee Hadley, había sido expulsada de su casa en una de esas noches sin nada más que ropa ligera.

Ella solo tenía trece años y era muy delgada para su edad. El frío penetró a través de su delgada ropa y la hizo estremecerse. Era imposible que una chica como ella sobreviviera a una noche tan cruda sin un refugio.

Kaylee estaba temblando de frío.

Su madre, Josie Hadley, estaba parada junto a la puerta y, mirándola enojada, le gritó: "¡Vete de aquí! ¡Me niego a albergar a una chica tan malagradecida como tú! ¿Cómo te atreviste a intimidar a tu hermana?".

Kaylee se puso a llorar de impotencia y le explicó entre sollozos: "¡Gemma tomó mi collar sin permiso! Ese collar es como mi tesoro...".

Mientras Kaylee hablaba, miró a su hermana menor, Gemma Hadley, quien estaba de pie junto a Josie, con las manos en la cintura.

Gemma miró a su hermana con desdén, se guardó el hermoso collar de zafiros en el bolsillo y le dijo: "Me gusta este collar también. ¿Por qué no puedo usarlo por unos días?".

Josie se puso del lado de Gemma y le gritó a Kaylee: "¡Ella tiene razón! ¿Por qué eres tan egoísta? Gemma es tu hermana y, si quería tu collar, deberías habérselo dado. ¿Por qué la acusaste de robar tu tesoro? ¡Además, esta es la casa de los Hadley y todo lo que hay aquí le pertenece a cada miembro de la familia! ¡Por lo tanto, ese collar también es de Gemma!".

Los ojos de Kaylee estaban rojos de tanto llorar y contrastaban con su rostro pálido. "Pero mamá... ¿acaso yo no soy también tu hija? ¿No soy parte de la familia?", le preguntó la muchacha.

Al escuchar eso, Gemma la miró y le gritó enojada: "¡No, no lo eres! ¡Eres una huérfana! ¡Mis padres solo te adoptaron para reemplazarme! ¡Pero ya regresé, así que no tienes nada más que hacer aquí!".

Gemma era la hija biológica de los Hadley, pero había desaparecido poco después de su nacimiento.

En un esfuerzo por sobrellevar su dolor, el matrimonio había decidido adoptar a Kaylee, una niña del orfanato.

Los primeros doce años de Kaylee con los Hadley fueron maravillosos. Ellos la trataban muy bien y la muchacha era muy popular en la escuela. Sin embargo, todo cambió cuando encontraron a Gemma hacía un año.

Los Hadley dejaron de tratar bien a su hija adoptiva. De hecho, ellos comenzaron a golpearla y a regañarla. Cuando Gemma llegó a estudiar a la misma escuela, reunió a un grupo de alumnos para intimidar a su hermana.

Al principio, Kaylee no entendía por qué sus padres la trataban a ella y a Gemma de manera tan diferente. No obstante, en ese momento, ella obtuvo la respuesta.

Asombrada, la chica negó con la cabeza y balbuceó: "No... No es cierto".

Gemma resopló con complacencia y exclamó: "¡Mamá, dile! ¿Estoy diciendo la verdad?".

Josie asintió sin dudarlo, como si todo lo que estaba pasando fuera culpa de Kaylee, y le gritó: "¡Kaylee, no eres mi hija!".

Gemma sonrió satisfecha y le gritó a la muchacha: "¿Escuchaste eso? ¡No perteneces a esta familia! ¡Largo de aquí!".

Gemma siempre había odiado a Kaylee porque esta última había recibido todo el amor y el cuidado que le pertenecían a ella, disfrutando las ventajas de ser la hija de una familia acomodada. Ella también la odiaba porque era una excelente alumna, tenía muchos amigos y era hermosa.

Kaylee tenía solo trece años y, mientras todas las otras chicas de su edad subían de peso y tenían acné, ella era cada día más linda. Cada vez que Gemma veía su rostro delicado y su figura perfecta, hervía de rabia.

Por eso, ella estaba decidida a arruinar la vida de su hermana, hablando mal de esta última frente a sus padres todos los días para que comenzaran a odiarla y finalmente la echaran de la casa.

Después de mirar por última vez a Kaylee, Gemma hizo que su madre volviera a entrar a la casa y cerró la puerta con un fuerte golpe.

Kaylee se quedó afuera, sola en el frío y llorando sin parar. El viento gélido la hacía temblar sin control.

Ella se acercó a la puerta y gritó para que le abrieran: "¡Mamá, por favor!".

Sin embargo, antes de que la muchacha alcanzara a decir algo más, alguien arrojó un vaso desde la ventana del segundo piso, el cual cayó en uno de sus pies.

Kaylee retrocedió de inmediato sobresaltada. Como ella se dio cuenta de que ya no era bienvenida en su casa, no tuvo más remedio que vagar por las calles.

Los Hadley la habían estado matando de hambre gradualmente durante los últimos días, por eso la muchacha estaba tan delgada. Kaylee siguió caminando con mucho esfuerzo, a pesar de que tenía mucho frío y se sentía débil y mareada.

De repente, ella vio que un transeúnte había arrojado una hamburguesa a la calle y sus ojos se iluminaron de emoción. La muchacha corrió sin dudarlo hacia la hamburguesa, pues tenía miedo de que alguien más la agarrara. Sin embargo, antes de que ella alcanzara a tomarla, un auto de lujo dobló repentinamente en la esquina.

Sobresaltada, Kaylee se hizo rápidamente a un lado del camino y escuchó el chirrido ensordecedor de los frenos del auto.

Como ella no esperaba que eso sucediera, no logró mantener el equilibrio y se cayó al suelo, hiriéndose las manos y las rodillas. El dolor punzante la hizo estremecerse y sollozar.

Sin embargo, lo que realmente le afectó fue ver la hamburguesa aplastada debajo de las ruedas del auto.

El conductor del vehículo lujoso no esperaba que alguien cruzara corriendo la calle, pero cuando vio que se trataba de una adolescente con mal aspecto, le gritó enojado: "¡Quítate del maldito camino, mendiga!".

En realidad, el auto no había alcanzado a atropellarla, pero Kaylee estaba tan adolorida que no podía moverse. Exasperado, el conductor volvió a su auto y la esquivó.

La desgracia nunca venía sola.

Tirada en el suelo, Kaylee ni siquiera tenía fuerzas para ponerse de pie.

La nieve siguió cayendo sobre su cuerpo y pronto la dejó enterrada.

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Nueve años después.

"Kaylee, tienes tanta suerte de casarte con un miembro de la familia Stephens. ¡No seas desagradecida!", le dijo la mujer.

Con un impecable vestido de novia, Kaylee se estaba mirando en el espejo de vestidor cuando esa voz aguda rompió el silencio.

Era Josie, quien había irrumpido en el lugar para mirarla de pies a cabeza con el ceño fruncido.

Al escuchar su regaño, Kaylee se rio entre dientes.

Los Stephens eran una de las familias más poderosas de Atheton. Ellos y los Hadley tenían un acuerdo, en el cual se suponía que Gemma debía casarse con Elijah Stephens, el segundo hijo de la familia.

Sin embargo, todos en la ciudad sabían que él era un mujeriego y nadie en su sano juicio quería casarse con alguien como él.

Gemma no era la excepción y se había negado rotundamente a contraer matrimonio con ese tipo.

Sin embargo, los Hadley no se atrevieron a romper el acuerdo con los Stephens, por lo que no tuvieron más remedio que encontrar a Kaylee, la hija adoptiva que habían expulsado de la casa hacía muchos años, para que ella reemplazara a Gemma como novia.

Capítulo 2 Novia sustituta

Kaylee sonrió y dijo con frialdad a Josie: "Tienes razón, pero es una pena desperdiciar una oportunidad tan grande. ¿Qué tal si me quito el vestido y dejo que Gemma lo lleve en mi lugar?".

Josie no pasó por alto la amenaza subyacente de la chica. Sus cejas se alzaron incrédulas mientras gritaba: "¿Cómo te atreves a amenazarme?".

Entrecerró los ojos ante el rostro desfigurado de la chica y arrugó la nariz con desdén. "Si no te aceptáramos de nuevo, ¿de verdad creías que una mujer fea como tú se casaría alguna vez? Eres tan desagradecida".

El vestido de novia aún no estaba completamente abrochado, dejando al descubierto la delicada marca de nacimiento en forma de rosa en la espalda de Kaylee.

Desde atrás, se veía agraciada, lo cual hacía que la gente se preguntara cuán hermoso sería su rostro.

Por desgracia, una cicatriz le atravesaba la mitad.

Los insultos de Josie no lograron hacer que Kaylee se enojara. Al contrario, fingió estar triste, tocando con delicadeza la terrible cicatriz. "Lo siento, señora Hadley, no debí haber dicho eso".

La supuesta cicatriz no era real. Kaylee la había usado a propósito ya que su verdadero rostro era tan llamativo que le causó problemas en el pasado. De modo que fingió ser poco atractiva para evitar complicaciones innecesarias. En realidad, no estaba desfigurada.

El bufido complaciente de Josie cuando Kaylee se disculpó hizo que la chica se burlara de ella en silencio a su vez.

Al contrario de lo que pensaban los Hadley, la chica accedió a reemplazar a Gemma y unirse a la familia Stephens no porque estuviera bajo el control de ellos, sino porque tenía sus propios planes.

Años atrás, cuando Kaylee fue expulsada de su casa y estuvo a punto de morir en la calle, una anciana barrendera llamada Diana Byrd la encontró y la acogió. Desde entonces, la chica trataba a Diana como si fuera su propia abuela. Por desgracia, la anciana había sido envenenada recientemente y Kaylee no podía hacer nada para curarla. Sin embargo, se enteró de que el origen de la intoxicación podría estar relacionado con la familia Stephens.

Además, otra persona que la había salvado en alguna ocasión, pertenecía a esta familia, por lo que ella quería verlo después de unirse a la familia.

Llegó la hora de la boda.

Como era de esperar, el lugar había sido decorado con gran belleza. Aunque la novia ya se encontraba en el altar, el novio aún no aparecía.

Tras diez minutos de incómoda espera, los invitados empezaron a murmurar.

"¿Habrá renunciado el señor Stephens a la boda? ¡Quizás pensó que la señorita Hadley es demasiado fea!".

"¡Dios mío! Si yo estuviera en su lugar, ¡me moriría de vergüenza!".

De pie en el escenario, Kaylee se mostró tranquila e ignoró los comentarios de los invitados.

Transcurridos veinte minutos, un camarero entró corriendo, jadeando mientras intentaba entregar un mensaje: "El señor Stephens me pidió que les dijera que él... él...".

Dudó aparentemente avergonzado de terminar la frase. "El señor Stephens dice que ahora está con una hermosa mujer en el hotel, así que no tiene tiempo para casarse hoy".

En cuanto terminó de hablar, los invitados comenzaron a burlarse o a compadecerse de Kaylee.

Josie se sintió tan avergonzada que gritó furiosa: "¡Si fuera Gemma la que se casara hoy con Elijah, no la habría dejado plantada en el altar! ¡No vino porque Kaylee es demasiado fea!".

Para nadie era un secreto que Elijah Stephens era un mujeriego sin escrúpulos. Viendo cómo ni siquiera se molestó en aparecer en su propia boda, los invitados se dieron cuenta de que los rumores sobre él eran ciertos.

Incluso tuvo la osadía de engañar a su novia y estar con otra mujer el día de su boda.

En medio de la discusión de los invitados, Kaylee se acercó al camarero y le preguntó con amabilidad: "¿En qué hotel se aloja?".

Él se quedó atónito por un momento. "Aquí mismo...", balbuceó.

Entonces Kaylee indagó con calma: "¿Qué habitación es? ¿Podría indicarme el camino?".

Capítulo 3 Cásate conmigo

Kaylee se levantó el velo sin cuidado, revelando por completo su horrible rostro con la cicatriz. Al instante, todos jadearon impresionados.

"¡Oh, Dios mío! No esperaba que fuera tan fea".

"¡No me extraña que el señor Stephens no quisiera casarse con ella!".

"¡Preferiría casarme con una pordiosera apestosa que con ella!".

Pero Kaylee no pareció oír estas duras palabras. Se limitó a seguir tranquilamente al camarero hasta la puerta de la habitación de hotel en la que se encontraba Elijah.

No golpeó la puerta de forma histérica, como todos esperaban; al contrario, parecía muy tranquila.

Después de mirar a su alrededor, se acercó al carrito de la limpieza del hotel y tomó una sábana blanca recién lavada.

Cuando volvió junto al camarero, preguntó despreocupada: "¿Tiene un encendedor?".

El camarero no tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero sacó enseguida un encendedor de su bolsillo y dijo: "Tenga".

Una sonrisa se dibujó en los labios rosados de Kaylee mientras lo agarraba. Ya no era inexpresiva e indiferente, y los ojos le centellaban.

A pesar de la cicatriz que dominaba su cara, parecía inexplicablemente encantadora, y sus orbes claros eran muy atractivos.

Sin decir palabra, Kaylee encendió la sábana blanca y arrojó la tela ardiendo a la puerta de la habitación. Al ver esto, el camarero se sobresaltó.

El espeso humo hizo saltar el detector de humos, que a su vez activó la ensordecedora alarma de incendios.

En cuanto saltaron los aspersores de la habitación, un grito y una ronca maldición procedieron del interior.

Unos segundos más tarde, la puerta se abrió, revelando a un Elijah empapado.

Al ver que estaba bien vestido, la muchacha levantó las cejas, sorprendida. "¿Todavía no empiezas con la mujer? ¿O ya terminaste?".

Él no esperaba que ella hiciera semejante pregunta. Se miró la camisa empapada y contestó: "Acabo de terminar".

En cuanto dijo esto, vio que había lástima en los ojos de la chica.

"Oh, bueno... Eso fue rápido". Kaylee lo miró de arriba abajo con una sonrisita, e incluso el camarero tuvo que reprimir su risa.

Frunciendo el ceño, Elijah lanzó una mirada fría al empleado, quien guardó silencio enseguida y se quedó inmóvil.

Reprimiendo su descontento, el hombre se pasó los dedos por el pelo mojado. "¿Fuiste tú quien provocó el incendio?".

Como si no se hubiera dado cuenta de la ardiente ira en sus ojos, Kaylee lo miró con calma y asintió. "Sí. Por favor, ve al salón de banquetes en el tercer piso y cásate conmigo primero".

Su tono era de lo más indiferente, como si estuviera hablando del clima.

Elijah enarcó las cejas, sorprendido, pues no esperaba que su novia reaccionara de esa forma. ¿No estaba molesta porque él se acostase con otra mujer el día de su boda?

"¿Y si digo que no?", preguntó con una media sonrisa, mirando fijamente su rostro lleno de cicatrices.

Elijah era bastante guapo. Tenía rasgos marcados, y su pelo mojado aumentaba su encanto. Su atractivo rostro debía de haber hecho desmayarse a innumerables mujeres.

A Kaylee se le ensombreció la expresión al verlo así, lo agarró del brazo y espetó: "Tenemos que casarnos hoy".

Luego se giró hacia el camarero con una sonrisa y le dijo con dulzura: "Mi esposo pagará la sábana. Gracias".

Su sonrisa habría sido encantadora, pero la terrible cicatriz de su cara daba miedo.

Kaylee no era el tipo de persona que dejaba que la gente la insultara. Aunque no pudiera vengarse de ellos al instante, sin duda encontraría la manera de hacerlos sufrir. Como Elijah la había dejado plantada en el altar, estaba decidida a avergonzarlo.

Su voz era muy agradable. Ante la mención de la palabra "esposo", Elijah se sintió un poco aturdido y ridículo, incluso un tanto excitado, pero... Por muy agradable que fuera su voz, solo con mirarla a la cara era suficiente para que él perdiera por completo el interés.

El joven quiso apartar su mano, pero, antes de que pudiera hacerlo, vislumbró vagamente una pequeña marca de nacimiento escarlata en su espalda.

¿Podría ser que...? Se parecía mucho a la marca de nacimiento en forma de rosa de la espalda de aquella chica...

Aquel descubrimiento lo dejó helado. Entrecerró los ojos y quiso mirar más de cerca, pero entonces Kaylee se ajustó el velo para cubrirse esa zona.

Ella lo sujetó del brazo y avanzó con paso firme, mientras él la seguía de cerca como una marioneta obediente.

Al final, Kaylee se volvió hacia él y le dijo: "Gracias por cooperar, señor Stephens".

La agradable voz de Kaylee devolvió la cordura a Elijah, solo para percatarse de que ya habían llegado al salón del banquete, entonces él no actuaba de forma tan frívola como de costumbre, al contrario, su rostro estaba inusualmente serio, y no pudo evitar mascullar: "Tú...".

Pero, antes de que pudiera decir otra palabra, fue interrumpido por la chica. "Acabemos con esta boda lo antes posible. Luego podrás volver a hacer lo que quieras".

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