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Prohibido Amarte

Prohibido Amarte

Autor: : M. T
Género: Adulto Joven
Ella cree qué los ricos son unos odiosos, pero debe trabajar para uno. Él piensa que puede tener a toda chica que él desee porque es un rico heredero. Una noche de copas podría cambiar la percepción que uno tiene del otro y por supuesto, despertar sentimientos que ninguno creyó sentir por el otro. Aidan está a punto de casarse, por lo que decide festejar su compromiso con lo mejor que el dinero puede comprar, pero durante la celebración se ve involucrada una sirvienta. Ciara está ahí por culpa de muchas situaciones, pero no esperaba que la obligaran a beber por diversión. El asunto se sale de control cuando ambos rozan sus labios, la sensación es increíble por lo que se dejan llevar por el momento y la pasión. Al día siguiente, al despertar, ambos se dan cuenta de que pasaron la noche juntos y peor aún lo disfrutaron. Mientras los días transcurren, Aidan y Ciara tratan de olvidar el incidente, pero es imposible para ellos controlar el deseo que sienten uno por el otro, sobre todo porque se ven la cara todos los días. Después de que un joven le presta atención a Ciara, Aidan no podrá evitar sentir lo que estaba tratando de evitar, pero su próxima boda, su familia y sus círculos sociales serán un impedimento que le prohíben tener un romance con Ciara, aunque dicen que lo que es prohibido tiene el mejor sabor.

Capítulo 1 Prefacio

-¿Crees poder llegar sola?-pregunta Moira con voz ronca, por como se escucha su voz es evidente que no está bromeando al decir que está muy enferma como para poder venir por mí.

-Eso creo- digo no muy convencida de mis propias palabras, es la primera vez que viajo a Stone sola-¿Los taxis aquí son confiables?

Escucho un resoplido en el auricular del teléfono, supongo que es un quejido por el dolor en su garganta.

-No sé como fui a enfermarme sabiendo que vendrías-se quejó regañándose a sí misma-espérame ahí, tardaré un poco, pero creo llegar antes del anochecer.

-No te preocupes, creo que ya estoy lo bastante cerca.

-¿Estás segura?-insiste-puedo levantarme de la cama e ir enseguida.

-No, estaré bien. No te preocupes, puedo llegar por mi cuenta, ya llegué hasta aquí sola-justifico, ya no soy una niña pequeña, pero después de lo que he pasado supongo que ella desea protegerme en medida.

-De acuerdo-suspira-volveré a llamarte en un rato, espero que tengas señal, a veces falla.

-Está bien, te veré en un rato.

Cuelgo la llamada y después doy un largo suspiro. Levantó la vista y observo el panorama a mi alrededor, me he preparado mentalmente para esto, es un cambio radical en mi vida, pero lo necesito, aunque es difícil asimilarlo una vez estando aquí.

No tengo más opción que seguir adelante. Me encamino arrastrando mi maleta por las calles antiguas de la pequeña ciudad de Galway hasta encontrar una terminal de taxis que pueda llevarme a Kylemore, por supuesto, tengo en cuenta que el viaje me costara un ojo de la cara, pero no importa si con ello puedo alejarme de todo lo malo que dejo atrás.

-D-disculpe-expreso tratando de ser firme, pero vacilo bastante al pararme frente a un hombre apoyado sobre un taxi, tiene apariencia de ser el dueño-necesito un servicio...

-Adentro-interrumpe señalando hacia el interior de la estación, el tipo no parece ser muy amable, pero aun así le agradezco.

En el interior descubro que debo formarme en una pequeña fila que solo está conformada por tres personas delante de mí, después de quince minutos de espera finalmente me atienden.

-¿En qué podemos ayudarla, señorita?-pregunta un anciano alegre mostrando una sonrisa, lleva puesto un uniforme azul y sobre su pecho se puede leer su nombre en una placa dorada: Fionn.

-Necesito un traslado a Kylemore-digo algo nerviosa porque no sé cuánto tendré que pagar, no llevo mucho en efectivo, pero espero que tengan una terminal bancaria en caso de que no cuente con el dinero suficiente.

El hombre frunce el ceño ocasionando que sus arrugas se noten aún más, luego se coloca unos anteojos para poder revisar en lo que parece ser una agenda sobre su escritorio.

-Usualmente, un viaje tan largo debe agendarse-explica retirándose los anteojos que le hacen lucir un tamaño de ojos más grande-así que veamos si tengo alguien disponible.

Se hace a un lado y toma un teléfono fijo, de esos que aún tienen un cable pegado al auricular y al que se le debe girar los números. Mientras tanto desvío la mirada y observo a mi alrededor, el sitio es pequeño y algo rústico.

-Bien-dice el hombre al volver a prestarle atención-¿Quince minutos? ¡Perfecto!

Luego cuelga y vuelve la vista hacia mí.

-El viaje tendrá un costo de 30 euros-anuncia con una sonrisa confiada. Encorvo los labios, es demasiado dinero, de hecho, es todo lo que llevo encima, pero no veo otra opción, sé que están estafándome, pero ya no quiero seguir arrastrando mi maleta por la ciudad para encontrar un servicio de taxis que sea más conveniente y económico.

-De acuerdo-saco mi dinero, no muy convencida y luego se lo entrego.

-Por favor, tome asiento. Enseguida vendrá su transporte- y me señala un par de asientos que tienen vista hacia una ventana por la que se puede apreciar el pasar de la poca gente que transita.

Saco mi teléfono del bolsillo y tal y como lo había mencionado Moira, la hermana de mi mamá, no hay señal telefónica.

Después de quince minutos de espera, me atrevo a preguntarle al anciano sobre mi transporte, no quiero seguir esperando ahí.

-¿Tardará mucho?-le cuestionó, no obstante, un segundo después me arrepiento, no quiero que piense que tengo prisa por irme, sobre todo porque puede aumentar la tarifa del trayecto.

-No, no, no-dice ladeando la cabeza.

Un segundo después escucho el sonido de un motor y posterior a eso un auto amarillo con la leyenda "taxi" sobre el techo aparece estacionándose frente al local.

-Ahí está-expone el hombre como si no me hubiese dado cuenta, le dedico una media sonrisa, algo molesta por la espera y voy por mi equipaje, una maleta color azul que compre de segunda mano, no es la mejor, pero me funciona bien.

Mientras alisto mis cosas, el conductor del taxi baja de su vehículo y entra al lugar haciendo sonar la pequeña campana colocada sobre la esquina de la puerta.

-¡Hey Fionn!-expresa emocionado, aunque prácticamente gritó-¿Y mi cliente?

El anciano me señala, pero instintivamente doy un paso hacia atrás, no esperaba que el conductor fuese tan joven, de hecho demasiado joven, incluso más que yo.

-¿Qué tal?-se acerca a mí y toma mi maleta del suelo.

"Por el amor de dios no la vayas a tirar" grito para mis adentros.

Estoy tentada a regañarlo al ver como toma mis cosas como si fuesen una caja de cartón sin la leyenda "frágil"

Sé que en su interior no hay nada de valor que pueda romperse, sin embargo, no quiero que mi ropa termine desparramada a media acera por su falta de cuidado. Lo sigo hasta afuera, donde baja bruscamente mis cosas hacia el suelo para abrir el porta equipaje.

-Oye-finalmente abro la boca-¿Podrías tener más cuidado?

Mi voz suena más severa de lo que pense. Los hombres que conversan a la orilla de la calle, apoyados sobre el otro taxi se me quedan mirando y el taxista que se supone me llevará, gira hacia mi, alza una ceja y sonrie.

-¿Llevas algo de valor que pueda romperse?-niego con la cabeza avergonzada-¿Entonces porque te quejas?

-Mi maleta puede romperse-expongo al ver que la toma nuevamente, pero esta vez tiene algo de cuidado al introducirla en el interior del auto.

-Jamás he maltratado, roto o quebrado algo en mis cinco años manejando-impugna azotando el porta equipaje, tal vez molesto por mi actitud-suba, señorita.

Da la vuelta al auto y se sube sin volverme a dirigir la palabra, los taxistas que nos observan solo sueltan una pequeña risa antes de volver a sus asuntos. Hago lo mismo, pero tal vez en un intento de desquite, arranca el auto antes de que logre acomodarme sobre el asiento del pasajero. Respiro hondo y suelto un sonoro suspiro, sé que esto no me ayuda aminorar mi molestia, pero sé que quejarme solo empeorara la situación y no quiero que me baje cuando ya he pagado tanto por mi viaje.

Para olvidar lo sucedido me colocó mis auriculares y pongo una canción al azar, no estoy de humor para detenerme a elegir algo que me agrade, posteriormente dirijo la vista hacia el panorama, a donde sea que observo veo un paisaje verde, kilómetros y kilómetros de bosque, pero en cierto punto del viaje, una gota cae sobre el parabrisas y a esta le siguen muchas más, pronto el paisaje verde es de una tonalidad grisácea, apenas puede distinguirse la carretera, pero el conductor no se detiene aunque si reduce la velocidad. A nuestro paso encontramos algunos autos estacionados a la orilla de la carretera.

-¿Por qué se detuvieron?-pregunto, en un intento de disminuir la tensión entre los dos. Retiro mis auriculares para escuchar su respuesta.

-La lluvia es demasiado densa para continuar-explica, pero a diferencia de los demás él continua con el trayecto.

-¿Y nosotros porque no nos detenemos?

-¿Tiene mucha prisa no es así?- su tono de voz me suena a burla,

-No, no tanta como para continuar bajo una lluvia así-expongo algo molesta por su actitud petulante, supongo que estaba tomando represalias por como le hable antes-oye si te ofendí, por favor no lo tomes a mal, es solo que acabo de mudarme y estoy algo nerviosa.

-¿Y se desquita conmigo?-reclama mirándome por el espejo retrovisor, me ataca alzando la ceja reprobando mi comportamiento.

-Amm no, disculpa, si lo hice.

Súbitamente suelta una carcajada y limpia de su rostro una lágrima imaginaria.

-No hace falta que se disculpe, señorita. No ha sido la primera vez que alguien me grita y tampoco creo que sea la última-dice entre risas.

-¿Entonces eso significa que...?

-Estaba jugándole una broma, disculpe.

Perpleja me limito a cruzar los brazos, caí en la broma de un taxista. Divertido para él, molesto para mí, así que, aunque él se anima a recomendarme lugares para visitar, quizas para hacerme olvidar mi molestia, apenas lo escucho. La poca luz del día desaparece con la noche y después de una hora el taxista se detiene

-Llegamos-dice con orgullo, pero al mirar alrededor no veo más que campo, una autovía que lleva algún lugar del bosque y un camino de terracería que se ha vuelto fango gracias a la lluvia.

-Esto no es Kylemore-protesto casi al borde de las lágrimas creyendo que me ha estafado.

-Claro que si, esta es una sección de Sterling Falls, pero ya no puedo continuar más.

-¿Qué? ¿Porque no?-me quejo, pero él sale del auto y extrañamente me abre la puerta trasera.

-Los dueños de este lugar no permiten que los taxis entren más allá de este camino, si quiere continuar debe ir a pie por allá-y señala el camino lodoso el cual esta completamente oscuro y de no ser por las luces del taxi no se distinguiria nada.

-Pero voy a ensuciarme los zapatos y son los únicos que traje-revelo sin querer.

-Lo siento mucho, pero ya no puedo ayudarla, además no creo que un poco de lodo la vaya a matar, si se mantiene firme puede que llegue sin una macha en su ropa antes de que vuelva a llover-sugiere tomándome el pelo, es un insensato por permitir que vaya sola por ese camino en medio de la oscuridad y peor aun con lodo alrededor. No es que el fango me moleste, sino que soy una completa idiota al caminar en suelo inestable, es seguro que caiga y termine con una mascarilla de lodo en el rostro.

-Por favor, al menos ayúdeme a cruzar el camino.

-Disculpe, ya es demasiado tarde y debo volver a casa-va al porta equipaje y saca mis cosas, mi maleta y mi bolso en el cual llevo algunos documentos oficiales y mi cartera, la cual ahora está vacía gracias a ese viaje. No tengo más opción que bajarme, tomo mis cosas, aunque por su peso es imposible llevarlas cargando, deben ensuciarse si quiero trasladarlas por ese camino-que le vaya bien.

Me parece que ese deseo no es exactamente lo que quiso decir. Camino hasta la orilla para poder sacar un abrigo, se siente mucho frio después de la lluvia, pero al ponérmelo encima, escucho el pitar del claxon de un auto no muy lejano, al buscar con la mirada el origen de ese sonido, veo un par de luces, al principio son distantes, pero no tardan mucho tiempo en aproximarse hasta donde yo me encuentro.

Repentinamente un automóvil se hace visible, por lo que alcanzo a ver no es uno cualquiera, llego a observar que se trata de un deportivo, pero ese mismo auto logra ensuciarme con el lodo que trataba de evitar cuando pasa a mi lado, me cubre por completo e incluso mi equipaje.

Atónita miro mi cuerpo, cierro mi puño cuando el conductor del taxi se echa a reír burlándose de mi desgracia, solo puedo mirarlo con desdén, dirijo mi vista hacia el camino por donde se fue el automóvil, no sabia como, pero de alguna forma, aquel que habia convertido mi primer dia en una miseria me las pagaria.

Capítulo 2 Fiesta de compromiso

-¡Mira lo que hiciste, estúpida criada!-protesta la pelirroja, aunque el incidente ha sido su culpa. Dio un paso atrás mientras coqueteaba con otro invitado sin darse cuenta de que yo estaba pasando con una bandeja con varias copas llenas de champán.

-Por favor discúlpeme, señorita. Déjeme ayudarla-me veo obligada a decir, finjo estar apenada porque de no ser así puede que me echen de aquí. Saco un pañuelo que cuelga de mi cinturón para limpiar la mancha antes de que esta se impregne totalmente en la tela de su vestido.

-No seas tonta, acabas de arruinar un fino vestido, un estúpido pañuelo sucio no le quitará la mancha-me acusa alzando la voz ocasionando que los demás invitados giren en nuestra dirección para presenciar el incidente. La música se detiene e inmediatamente los susurros comienzan.

-Tal vez podamos quitar la mancha-sugiero tratando de dar una rápida solución-el personal es muy diligente cuando se trata de cosas así.

-Se ve que no eres más que una limosnera cualquiera, mira esto-alza la parte del vestido blanco que ha sido empapado-lo van a arruinar aún más de lo que ya hiciste.

-Pero es que usted chocó contra mí-me excuso, aunque bien sé que no servirá de nada, personas como ella no entienden de razones.

-¿Estás diciendo que fue mi culpa?-cuestiona haciéndose la ofendida, su estúpida pregunta solo pone en evidencia lo hueca que está su cabeza, pero en aquel lugar no puedo más que ser sumisa ante su estupidez, aunque puede que por el escándalo que está armando quizás ya he perdido mi empleo.

-No, pero...

-Pero nada. Ahora vas a pagar el costo de este vestido-chasquea la lengua y luego se burla-por supuesto, lo que cuesta este vestido es una cantidad que jamás en tu vida verás junta.

El hombre con el que ha estado coqueteando solo se ríe, aunque trata de disimularlo.

-¿Qué sucede aquí?-escucho la voz de mi tía Moira, como siempre el tono que usa es elegante y sereno, nada logra perturbarla.

-Sucede que está muerta de hambre, derramó vino blanco sobre mi vestido y ahora tiene que pagar por el.

Mi tía Moira asiente, mira el vestido y el caos que la loca invitada ha creado en cuestión de segundos.

-Entiendo, señorita-dice en tono sereno-el costo de su vestido le será remunerado y si así lo desea podemos arreglar la macha para que pueda seguir disfrutando de la celebración.

-Muy bien-me mira con desdén.

-Por favor sígame-le señala el pasillo donde la afluencia de invitados es menor que en ese lugar, ella le sonríe al tipo detrás de ella y él, como un perro en celo, le toma la mano y va detrás de ella-recoge este desastre y cuando termines ven a mi oficina- se dirige a mí, ir a su oficina solo significa problemas y de los grandes.

Asiento e inmediatamente ella se retira para guiar a la pareja qué, sospecho, solo han usado la excusa del vestido para follar a gusto en una de las habitaciones de invitados. ¡Qué asco!

Las personas que han presenciado el pequeño espectáculo que la pelirroja ha protagonizado, por supuesto, con mi pequeña, aunque imprevista colaboración, se giran volviendo a lo suyo como si aquello no fuese relevante y sí, agradezco que no lo sea porque en ese sitio una sirvienta como yo no debe serlo.

Me agacho sobre el piso y tomo los pedazos de las copas que se han esparcido por todo el suelo, los colocó en la misma bandeja que aún tengo en las manos, pero justo antes de terminar la recolección, el filo de un pedazo me corta el dedo, la herida es fina, pero extrañamente brotan gotas considerables para el tamaño de la herida.

-¡Coño!-digo sin recordar en donde me encuentro, sin embargo, al levantar la vista me doy cuenta de que sigo siendo solo un fantasma que pasa desapercibido para personas como esas, además de que el grupo musical toca a un tono que puede considerarse medio alto por lo que nadie me ha escuchado. Me levanto de mi sitio y esquivo a los invitados hasta llegar al pasillo de servicio, el único lugar en donde me siento una persona normal, por así decirlo, al menos ahí, el personal si nota mi presencia.

-¿Oye qué paso?-me pregunta Anna, otra sirvienta a la que han usado como camarera, al igual que a mí- una invitada me hizo tirar las copas.

Me dirijo hacia la esquina donde se encuentran varias bolsas negras de basura, mucho de lo que hay ahí son desperdicios de comida y alguno que otro utensilio roto que llega a romperse accidentalmente ya fuese por un invitado o por alguien del personal. Dejo caer los pedazos de vidrio en el interior y vuelvo con mi bandeja vacía.

-Me corté el dedo-le muestro mi herida a Anna y ella la examina un momento. Ella es dos años menor que yo, estudia enfermería, por lo que es muy buena aliviando heridas laborales que un trabajo como el nuestro provoca, por suerte ese trabajo es únicamente por el verano, por lo que faltan tres semanas para que ella se vaya y me deje sola.

-¿Qué sucede? -cuestiona, desde su lugar de trabajo, Brian, un chef que lleva trabajando más de tres años en la mansión de los Mitchell y que, además de Anna, es muy cordial conmigo. Él luce un hermoso cabello rubio cenizo debajo de su gorro de chef, es alto y algo fornido, además es un experto en la cocina y solo con eso ya es el tipo ideal para mí, pero el único problema es que todas las chicas están enamoradas de él por lo que mi papel para acercarme a él es únicamente de amiga, sobre todo por la competencia que tengo, es lo mejor si quiero evitar problemas con las demás chicas.

-Ciara se cortó-le informa Anna.

-¿Pero está bien?

-Si no es nada, aunque no sé si sobreviva al regaño de la señora Moira-se burla. Brian se limpia las manos con un trapo de cocina y se aproxima a nosotras.

-¿Qué paso?-cuestiona intrigado.

-Una loca me hizo tirar las copas y algunas se derramaron sobre su vestido- explico encogiéndome de hombros, no es algo que me enorgullezca, pero tampoco tengo de que avergonzarme porque en primer lugar ha sido esa loca la culpable de todo- y ahora seguro que me van a despedir.

-No exageres-dice Brian animándome- no creo que tu tía te despida por un algo tan estúpido como eso.

-Es mi tía, pero es el ama de llaves y antes que nada debe cumplir con su deber o al menos eso fue lo que me dijo cuando me contrato, tal vez su palabrería si va en serio.

-Vaya, no pensé que de verdad fuese tan fría como dicen que es- expresa Anna. Lo dice porque ella no tiene nada que temer, ya que es muy diligente en su trabajo y además de eso es hermosa, a pesar de que debemos sujetar nuestro cabello, ella es la única que puede usarlo suelto, por supuesto, porque su cabello es corto, pero ese corte le hace lucir fresca y juvenil, además de que sus ojos verdes aportan mucho a su encanto.

-No lo es-alega Brian abriendo los ojos para reprender a Anna, me toma por los hombros y sonríe-solo explícale lo que paso, es tu tía, lo entenderá.

-Hablando del rey de roma-musita Anna alejándose de nosotros para volver a su trabajo, Brian y yo giramos hacia el pasillo y efectivamente, ella nos observa desde el pasillo por el que varias personas vienen y van con platillos y copas con diferentes tipos de bebidas.

-Ciara, ven a mi oficina-ordena con severidad en su tono de voz. Algunos de mis compañeros de trabajo se quedan paralizados ante su presencia, es igual que ver a un fantasma, otros ni siquiera se atreven a detenerse de sus labores para evitar ser regañados por ella.

-No te preocupes, ve-indica Brian dándome un empujón hacia el pasillo, mi tía ya ha desaparecido, lo que me hace sospechar que la situación es más grave de lo que yo creí.

Me encamino hacia la oficina de mi tia, ese único pasillo es exclusivamente para los servicios de la mansión, además tambien se encuentran algunas habitaciones en donde viven los empleados más importantes y de los que prácticamente la familia dispone a todas horas como el chef principal y sus ayudantes, asi como los tres mayordomos y el ama de llaves, pero como mi tia Moira dispone de una pequeña propiedad no muy lejos de la mansión no es necesario que viva aqui, además de que ella tambien tiene dos asistentes que aprenden de mi tia para cuando vaya a jubilarse y exista alguien de confianza que la sustituya cuando su turno termine.

Al estar frente a la puerta doy tres golpes, tal y como ella me había indicado que hiciera al entrar a trabajar ahi.

-Adelante-su voz suena igual de cruda que antes. Es la primera vez que ingreso ahi para ser regañada-cierra la puerta.

Doy un par de pasos y me quedo parada a mitad de la oficina, no veo el caso de sentarme.

-Es una insensatez sermonearte cuando sé que tú no tuviste la culpa-pronuncia más relajada, pero sin apartar la vista de un documento en su escritorio-no es la primera vez que ocurre algo semejante, pero de igual forma debes tener cuidado con esas personas, a veces ocasionan este tipo de incidentes apropósito solo por diversión, sin embargo, para lo que ellos es diversión para personas como nosotros significa problemas, no debes fiarte de ninguno de ellos ¿De acuerdo?

Suspiro, al menos no me ha regañado, no obstante, sé que el costo del vestido saldra de mi salario.

-¿Y el vestido?-cuestiono apenada.

-Por suerte para ti, la señora Mitchell es precavida y conoce muy bien al tipo de personas que invita, por lo que cualquier incidente dentro de su propiedad es remunerado gracias al seguro que contrató, así que no tendras que pagar nada, sin embargo, no puedes irte de aquí sin un castigo adecuado o pensarán que tengo favoritismo hacia ti solo porque somos familia-advierte alzando la vista hacia mi.

-Pero no hice nada-me quejó.

-Claro que no, pero te vieron la cara de tonta y eso es más que suficiente para poder castigarte. Haber si con eso aprendes a ser mas lista que ellos.

-Dale-suspiro-¿Cual será mi castigo?

Se lleva la mano hacia el menton, un gesto que utiliza siempre que reflexiona.

-Limpiaras el salon de juegos-ordena satisfecha-el señor y su hijo jugaron hasta tarde el dia de ayer y debido a los preparativos del compromiso, aun no se ha limpiado el desastre que dejaron, asi que ese sera tu castigo.

El salon de juego es grande o al menos eso es lo que Anna me ha mencionado, ese lugar no pertenece a mi área de limpieza por lo que yo no conozco su interior, pero sé como llegar alli.

-¿Es todo?

-Si. ¿Acaso quieres más?

-No-niego con la cabeza.

-Cuando termines debes reunirte con toda la servidumbre, le daremos las felicitaciones al joven Aidan por su compromiso.

-De acuerdo-sonrio feliz de que las consecuencias de tirar las copas no pasaran a cosas mayores.

Para agradecerle me acercó a ella y hago lo que sé que le molesta mucho, la abrazo y le susurro al oido "Gracias" para después darle un beso en la mejilla.

Luego de mi atrevimiento me separo de ella entre pequeñas risas, Moira hizo lo que cualquier niño hubiese hecho al recibir un beso, limpiar su mejilla con un pañuelo al alcance de su mano.

-Pareces una niña-se queja-vuelve al trabajo antes de que me arrepienta.

Capítulo 3 Escondite

Al salir de la oficina me topo con varias personas que me dirigen un gesto de desconcierto y al recordar que todos piensan que mi tía es un monstruo sin corazón tengo que aparentar tristeza, tomó un kit de limpieza de uno de los cuartos de servicio y salgo de ahí.

Tomó el camino largo para no tener que cruzarme con algún invitado. La mansión es más bien un bonito museo del que me gusta apreciar su arquitectura, sus pinturas y sus reliquias, tal vez la mejor palabra que puede describirla es "Castillo" porque tanto su fachada como sus habitantes son como se supone es un castillo.

En irlanda las familias más adineradas gozan de la dicha de decir que poseen un castillo, aunque la mayoría son ruinas, sin embargo, existen unos pocos que siguen en pie y son tal y como se habían edificado, aunque con ciertos arreglos.

Luego de veinte minutos de camino finalmente me detengo frente a las puertas del salón de juegos, está situado en el segundo piso por lo que no hay nadie alrededor, todos están atendiendo a los invitados o disfrutando del evento.

Doy varios golpes a la puerta anunciando mi presencia, sé que nadie responderá, por lo que después de unos segundos ingreso al salón y efectivamente, al entrar no hay nadie, el ruido y la luz que se puede ver, proviene del exterior.

Aquel lugar es increíble, me recuerda mucho a un casino estilo Monte Carlo, aunque claro, esta nunca he estado en uno, sin embargo, he visto una película que se asemejaba al estilo del lugar. Alfombra roja, dos mesas de billar y otra al estilo de las apuestas o algo así, pero lo mejor de todo es que tiene una increíble vista hacia el lago donde se refleja la luna.

Después de tocar alguno que otro objeto que me maravilla por lo ostentoso de su apariencia, decido que es tiempo de ponerme a trabajar.

Tal y como la tía Moira dijo, encuentro varios vasos, copas llenas y semi vacías o simplemente sucias, además de algunos puros a medio usar y muchas colillas de cigarrillos en ceniceros de diferentes formas y colores.

El lugar no está muy sucio, pero las cosas yacen regadas por todo el lugar, así que me demoró un poco hasta que finalmente todo queda limpio, al menos la limpieza se me da bien. Antes de salir desato las cortinas para oscurecer el sitio y apreciar aún más la vista, quiero ver una vez más la hermosa, el reflejo de la luna sobre el agua, pero repentinamente escuchó ruido que proviene de la entrada, asustada y sin saber exactamente que hacer doy un paso hacia atrás, hasta chocar con el cortinaje, me envuelvo en uno de ellos y espero un segundo mirando la puerta antes de ocultarme.

Una pareja entra sin apartar sus labios el uno del otro, puede sentirse la pasión que sienten el uno por el otro. El tipo al que no puedo ver muy bien desde mi sitio conduce a su pareja hacia una de las mesas de billar, una vez que logra apartarse de sus labios, la gira y la empuja sutilmente hacia la mesa para que su cuerpo o mejor dicho sus glúteos queden expuestos.

El cuerpo de la chica se nota delgado y sensual, por lo que al dejarse caer sobre la mesa toma una postura digna de una bailarina de pole dance.

El hombre se agacha para poder meter mano dentro del vestido y en un hábil movimiento retira de sus glúteos una delgada tela que deduzco es su ropa interior. El sujeto desliza su delgada tanga por sus largas piernas y al retirarlas por completo guarda el pedazo de tela en el interior de su chaqueta del traje azul marino que lleva puesto

Segundos más tarde se acerca a la chica y comienza a besar su piel desnuda, supongo que después de eso él encuentra lo que buscaba porque aquella mujer suelta un sonoro gemido, a mi parecer muy al estilo de las películas porno, pero el acto continúa por varios segundos hasta que súbitamente se detiene.

La escena me provoca cierto asco y repulsión, siento que mi estómago se ha revuelto, pero mi curiosidad no me permite apartar la vista de la candente escena, además de que posiblemente ver aquello me ha excitado en cierto punto, no puede ser más humillante.

-Debo regresar preciosa-se excusa el hombre, su voz es suave, pero al mismo tiempo varonil, de hecho me resulta muy familiar, algo me dice que ya la he escuchado con anterioridad.

-No por favor-le suplica la chica girándose hacia el hombre para después sujetarlo por el cuello de su camisa-solo un poco más.

-Lo siento, hoy no preciosa-la besa apasionadamente para después separarse unos centímetros de ella-regresa a la fiesta.

-Está bien, pero no te salvarás esta noche-le amenaza en tono sexi. Las manos del hombre se apartan de su cintura y la joven se dirige hacia la puerta para después mandarle un beso antes de salir.

Oculta tras la cortina puedo ver como se arregla la camisa y el traje que la chica ha desacomodado en cuestión de segundos, pero al hacerlo no se va de inmediato, de hecho se quita la corbata que está envuelta en su cuello para rehacer el nudo, supongo que después de eso se irá, pero no es así.

-Oye tú-exclama al aire, mi cuerpo se paraliza al pensar que me está hablando a mí.

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